Capitulo 18: "Haciéndolo Funcionar"

'Vomitar la bilis por la boca', esa frase jamás había sido tan grafica para Yachiru. La teniente estaba en baño de su habitación mirando como su desayuno se iba por el desagüe, era simplemente asqueroso y desagradable, pero ella se decía que valdría la pena cuando en menos de cinco meses más tuviera a su bebé en brazos.

Salió del baño tras enjuagarse la boca y lavarse la cara, empezó a buscar la insignia de su división para colocársela en el brazo cuando su esposo entró en la habitación. Byakuya siempre le había parecido guapo pero desde hacía unas semanas lo encontraba particularmente irresistible, y es que la trataba mucho mejor, hablaban más y compartían paseos y comidas; él estaba pendiente de la salud y el bienestar de su la joven, de vez en cuando le hacía regalos y la complacía en cualquier capricho o antojo que quisiera.

Pero en la cama todo cambiaba, cuando llegaban a la habitación cada uno se ponía su pijama y tras darse las buenas noches se iban a dormir, eso frustraba de sobremanera a Yachiru puesto que uno de los cambios que le había traído el embarazo era que su libido había aumentado exponencialmente y cada vez que su esposo la rozaba ella se sentía morir de deseo y como no lograba aliviarlo el estrés se apoderaba de ella. Obviamente ella hablaba seguido con él sobre los cambios que traía a su cuerpo su embarazo, le habló de los cambios de humor, de los pies hinchados, de las náuseas, del cansancio y del asco que le había tomado a cualquier pescado que no se cocinase frito, pero jamás le habló de ese 'pequeño' problema que tenía entre las piernas cuando se tocaban.

— ¿Náuseas?-preguntó el hombre acercándose a ella con semblante preocupado.

— Sí, no pude retener esos bollos en el estomago. Me frustra que estoy en mitad del cuarto mes y aún tengo náuseas, ¡Ya deberían haberse ido!

— Quizá debamos preguntarle eso a la Capitana Unohana más tarde en la consulta de hoy.- le contestó Byakuya tomando la insignia de la Teniente de la cómoda y ayudándola a atársela en el brazo. La chica de los cabellos rosa contuvo la respiración mientras las manos de su esposo se deslizaban por su brazo, le frustraba que su cuerpo reaccionara de esa manera a su toque, no era justo- Quizá también deberíamos preguntarle por qué casi no se te ha abultado el vientre.

— ¿Vendrás conmigo?- fue todo lo que atinó a contestarle a su marido mientras intentaba ocultar de su vista su fuerte sonrojo y sus pezones erectos.

— Trataré de llegar a tiempo.

— Está bien…

No había culminado la frase cuando la joven corrió por segunda vez hacia el baño y devolvió lo que quedaba de su desayuno en el lavabo, de pronto sintió unas manos sujetar su largo cabello y al alzar la vista contempló a Byakuya a través del espejo. ¡Se había quedado! Él siempre se iba a trabajar antes que ella así que nunca había presenciado ningún episodio de náuseas desde que habían comenzado, ella creía que le iba a dar asco y se iría pero no. El señor cubo de hielo estaba ahí mismo, junto a ella en el baño sujetando su cabello y ayudándola a sostenerse. Sus ojos se llenaron de lágrimas cuando él le pasó una toalla con agua por el rostro luego de que ella se enjuagara la boca.

— ¿Te sientes bien?- la interpeló Byakuya, sus ojos negros la miraban directamente.- ¿Por qué lloras? No creo que debas ir a trabajar, Yachiru.

— No es nada, son las hormonas- respondió enjugándose las lágrimas- Estoy bien, no te preocupes.

— ¿Segura?

— Segurísima- contestó con una sonrisa de oreja a oreja- Ya vete, no quiero que llegues tarde.

— Bien, Adiós- y con naturalidad le dio un beso de despedida en la mejilla.

Yachiru se sonrojó violentamente.

*.*

Byakuya estaba preocupado por su esposa, no se podía concentrar en el papeleo que tenía en frente; últimamente Yachiru se ponía rígida y se roja de repente y él no sabía a ciencia cierta si era normal en el embarazo o si había problemas. Algo que él había notado era que el cuerpo de Yachiru se había vuelto más voluptuoso: sus senos se habían llenado y sus caderas se hacían más redondeadas aunque su vientre no se había hinchado tanto como él esperaba. Así mismo notaba que su esposa parecía brillar, sus ojos estaban más brillantes al igual que su pelo y cuando sonreía le daban unas tremendas de besarla…

Obviamente jamás lo hizo porque en el fondo sentía miedo de ese sentimiento que lo embargaba cada vez que miraba sonreír a Yachiru o cada vez que caminaban juntos y hablaban del bebé. No quería perder su esencia, estaba seguro de que si terminaba de derribar sus barreras ante su esposa se perdería a sí mismo, perdería esa imagen de fortaleza impenetrable que se encargó de construir tras la muerte de Hisana.

Fijó la vista en la foto de la boda donde Yachiru se miraba sonriente de su brazo. ¿Y si se daba una oportunidad de sentir nuevamente?

*.*

— ¡Teniente Kuchiki!- saludó Hanatarou al ver a Yachiru entrar a la antesala del consultorio de la Capitana Unohana- Que alegría verla, la Capitana Unohana la está esperando.

— Gracias, Hanatarou.

La muchacha entró en el consultorio un poco descolocada, aún no se acostumbraba a que la gente la llamase por su apellido de casada. Personalmente a ella le gustaba el apellido que le había dado Kempachi pero la gente no entendía razones y la llamaba por el apellido de su marido.

Al entrar en el consultorio la Capitana Unohana la saludó con una sonrisa y le indicó que se sentara con un gesto de cabeza mientras sacaba una carpeta de uno de los cajones.

— Bien Yachiru, ya vamos llegando al quinto mes- le sonrió la Capitana.

— Sí, es casi increíble.- pausa- ¿Cómo está Shunsui-chan?

— Aún en el centro de Cuidado y Spa, pero está muy bien. Solo tiene que descansar de sus situaciones de estrés. Pronto estará aquí en el Sereitei.

— Dele mis saludos.

— Por supuesto, ahora sería bueno que me hables de cómo va este embarazo, ¿Cómo te has sentido? ¿Te has pasado cosas nuevas?

— De hecho sigo con las náuseas- contestó arrugando la nariz- y a veces siento como si se me revolviese el estómago, además Byakuya y yo nos preocupamos de que mi vientre no haya crecido tanto.

— A ver… Primero que nada las náuseas deben están a punto de remitir, y en cualquier caso si te molestan mucho come una galleta salada o algo que te guste y sea saludable, como una fruta. –la joven asintió- en cuanto a lo que sientes en tu estómago es normal, lo que sientes son los primeros movimientos del bebé, quizá en un par de semanas más sentirás sus patadas con mayor nitidez.

— Eso sería maravilloso, no puedo esperar para sentirlo dentro de mí y para que Byakuya lo sienta también. ¡Se pondrá feliz!

— Exacto- la mujer sonrió- en cuanto al tamaño de tu vientre, quiero que sepas que generalmente el vientre crece alrededor del sexto mes de gestación pues es el momento en el que el bebé deja de utilizar los nutrientes para desarrollar sus órganos y comienza a emplearlos para crecer en tamaño y engordar. En poco tiempo no podrás mirarte ni los pies, Yachiru.

— No me importa, solo quiero sentirlo y que esté bien.

— Serás una excelente madre Yachiru, tú y el Capitán Kuchiki harán de ese bebé el más feliz.

— Gracias, Capitana.

— ¿Hay algo más de lo que me quieras hablar antes de empezar con el examen físico?- la joven asintió completamente colorada- Vamos, dímelo.

— Es que… - la Teniente no encontraba hacia dónde mirar, sentía muchísima vergüenza de contarle al médico lo que le sucedía- Es que… Últimamente me pongo de muy mal humor y me estreso tanto que comienzo a sentir mucha presión en el bajo vientre y dolor en la cabeza y el cuello.

— ¿Y eso te pasa cuándo…?

— Cuando Byakuya me toca- la mujer alzó una ceja en una muda pregunta- Es que… Es que siento muchas ganas de hacer el amor con él y me siento terrible físicamente porque no pasa nada.

— Debes hablar de eso con tu esposo Yachiru, ese estrés no es bueno para ti y a la larga puede repercutir en el bebé…

— No puedo, es que el está muy ocupado…- comentó sonrojada hasta el cuello y desviando la mirada.

— Tal vez puedas aliviar ese anhelo tú misma Yachiru, hay muchas opciones…

— De ningún modo- se oyó la voz de Byakuya desde la puerta del consultorio- Yachiru no tendrá que recurrir a ninguna opción de esas, para eso estoy yo.

La Capitana Unohana sonrió ante las palabras del hombre, Yachiru, sin embargo, no se atrevía siquiera a levantar la mirada del piso. En realidad lo que quería era que la tierra se la tragara. Lo único que escuchaba eran los pasos firmes de su marido en el piso aproximarse a ella, y cuando sintió su presencia justo atrás de su silla, quiso morir de la vergüenza.

— Ya sabía yo que no estaría ocupado para ayudar a su esposa en este 'síntoma' de la revolución de las hormonas en su cuerpo.

— En lo absoluto.

— Bueno, pasemos al examen físico.

Yachiru se dirigió hacia un biombo que se sitiaba en una de las esquinas de la consulta y cambió su vestimenta de Teniente por una sencilla bata de hospital, luego se recostó en la camilla que había del lado izquierdo de la estancia, todo bajo la mirada de Byakuya.

La Capitana Unohana se acercó a ella y le pidió que relajara su reiatsu para poder sentir al bebé, ella obedeció y miró como de la mano de la mujer salía una luz blanca que se posó en su vientre. Inmediatamente, como si de una pantalla se tratara, una imagen del útero de Yachiru se proyectó. Unohana pronunció unas palabras y los latidos del feto retumbaron en los oídos de la Teniente cuyas lágrimas corrían por sus mejillas, ella no supo cuándo Kuchiki se había puesto a su lado pero se alegró de sentirlo tomar su mano mientras miraba la imagen del bebé de ambos: su cabecita, sus manitas y piernitas… Era tan irreal.

Después de unos minutos la médico examinó al bebé a través de la imagen y les informó que todo estaba bien, que el bebé se desarrollaba con normalidad y que no sabía su sexo aún puesto que el feto 'no se dejaba ver'; al finalizar la explicación la mujer dejó de proyectar la imagen y caminó hacia su escritorio a registrar unos datos en la ficha médica de la esposa de Kuchiki. En ese instante Byakuya tuvo un arrebato y le dio un suave beso en los labios a la Teniente, luego la miró a los ojos y le susurró un suave 'Gracias' mientras la ayudaba a bajar de la camilla. Las lágrimas de felicidad volvieron a correr por las mejillas de la Teniente del Onceavo escuadrón mientras se dirigía al biombo a ponerse su uniforme nuevamente.

Continuará…

¡Hola!

Chicas se me cae la cara de vergüenza con ustedes por todo este tiempo sin actualizar. No tengo palabras para disculparme lo suficiente. Solo diré que les agradezco los reviews en el alma y que este Capitulo está dedicado a todas las que aún esperaban leer algo más de esta historia.

Espero actualizar pronto ya que terminaré un par de fics en proceso y me dedicaré luego a este con todos los hierros.

Saludos, y nuevamente disculpas:

Euni.