N/A: Esto fue mucho mas rápido de lo que me hubiera gustado!.. pero reglas son reglas! jajaja espero que les guste!... Saludos a todos :)
El vaporoso vestido granate de Elena flotaba como una suave brisa de verano alrededor de la pista, al compas de los movimientos de Damon.
El tenía su mano en su cintura y ambos giraban y bailaban de aquí para allá con la preciosa melodía de un romántico vals de fondo.
-No puedo creer que realmente me hayas convencido de estar aquí- masculló el resignado con sus ojos fijos en ella. Realmente no había sido capaz de posar su mirada en nada más desde que la había visto bajar por las escaleras de su casa envuelta en aquel sensual vestido.
-Admítelo, soy irresistible- lo picó ella coqueta.
-Eso ya lo admití hace mucho- su mirada fue intensa y ella se puso algo nerviosa.
-¿Por qué aceptaste venir conmigo cuando podrías haber venido con la chica que se te antojara?- interrogó curiosa.
-Porque…¿Ves eso?- señaló Damon con un movimiento de cabeza a algún punto detrás de ella. La chica vio a Stefan rojo y enfurruñado.-Esa cara no tiene precio- rió él y muy a su pesar la chica lo secundó.- Es obvio que mi hermanito está muy molesto, porque eres sin lugar a dudas la más hermosa del lugar, atraes muchas miradas… y soy yo al que envidian por eso- el rió a un más y una carcajada escapó de los labios de Elena.
Varias horas después la fiesta estaba en su apogeo y la suave música había sido remplazada por una estridente música bailable. La gente en la pista se sacudía sin cesar y muchos de ellos ya estaban pasados de copas. Elena estaba sorprendida. Las fiestas en casa del alcalde solían ser elegantes y sobrias, pero el hombre estaba atendiendo un asunto importante fuera del pueblo y su hijo Tyler se había hecho cargo esta vez. Sólo tuvo que sobornar al DJ para que prendiera un poco aquella aburrida reunión. Ahora los jóvenes reían al ver a algunos de los más distinguidos ciudadanos de Mistic Falls perder el control por el alcohol y la música.
-¿No bailan amargados?- preguntó Damon acercándose a donde Elena estaba sentada, acompañada por Stefan.
-Esto se salió de control, no pasaremos vergüenza uniéndonos a ese montón de desquiciados.- afirmó Stefan con su tono profesional de siempre. Elena resopló.
-Pues parece que a tu chica si le apetece bailar- Se burló él.
Stefan le dirigió a Elena una mirada reprobatoria- No es cierto, ¿Verdad cariño?- preguntó.
-La verdad es que estoy un poco aburrida aquí sentada, ¿Vamos a tomar aire?- le ofreció zafándose de su pregunta.
El chico asintió y antes de alejarse la chica vio a Damon rodar los ojos molesto.
Una hora más tarde estaba sentada en uno de los pintorescos bancos de madera, que daban al pequeño lago que había a un lado de la mansión. Alejada de la fiesta y sola. Resopló molesta. Stefan la había dejado allí porque Giuseppe le había pedido que fueran a conocer a unas personas importantes que habían asistido a la fiesta.
Ahora no sólo se había quedado sin bailar, sino que su supuesta noche romántica a la luz de las estrellas también se había visto frustrada.
-¿Tan sola y tan cerca del bosque? Eres una presa fácil preciosa- Comentó Damon apareciendo de entre las sombras con mirada pícara.- ¿Por qué el idiota de mi hermano te ah dejado aquí?- interrogó al ver la mirada ofuscada que le dirigió la chica.
-Negocios- dijo ella poniendo los ojos en blanco.- Parece que siempre hay algo que atender- miró hacia abajo derrotada.
-Viene a la fiesta con Caroline, te priva del derecho divino de la diversión y ahora te deja tirada…- enumeró divertido- Cariño, creo que debes replantearte tus elecciones amorosas- rió y ella soltó una pequeña sonrisa.
-Supongo- dijo y luego sacudió la cabeza- Es bueno conmigo, todo un caballero, es el hombre ideal- Intentó convencerlos a ambos.
-Ya… pero no es lo que tú quieres- sentenció.
-¿Y qué es lo que quiero Damon?- le preguntó burlona por el hecho de que el creyera que lo sabía todo-
El no contestó simplemente alzó una ceja seductora y le hizo un giño de ojos.
-Hay por Dios- dijo Elena poniendo los ojos en blanco y con una risa se levantó y caminó en dirección al bosque.
Él la siguió y cuando estuvo seguro de que nadie andaba por allí, la atrapó contra un árbol.
-Eres divertida y alocada, aunque te esfuerces en ocultarlo, te gusta vivir la vida al máximo…-Luego se acercó a su boca susurrando- Eres más parecida a mí que a él- Sus ojos chocaron y ella supo que él tenía razón- Porque no haces por una vez algo alocado y prohibido- la provocó alzando las cejas, luego se acercó a su oído y acariciándola con su cálido aliento la retó- Hazlo Elena.
-¿Qué…Que cosa?- su susurró fue entrecortado por las mil emociones que la asaltaban en aquél momento.
-Hazme lo que realmente quieres hacerme- le dio un pequeño mordisquito en el cuello.
La chica no lo pensó dos veces, lo apartó y saltó a su boca. Él no tardo ni un segundo en posar sus fuertes manos en las caderas de la castaña para impulsarla fuertemente hacia arriba. Segundos después, Elena estaba aprisionada fuertemente contra el árbol, con sus piernas enredadas a la cintura de Damon y sus bocas peleando furiosamente por dominar la del otro.
La temperatura comenzó a subir, la ropa a estorbar, los gemidos y jadeos llenaron el aire. Y ya nada importó, ni la grandísima posibilidad de que alguien los viera, ni el hecho de estar en un tétrico bosque en medio de la noche, y por supuesto no recordaron la principal razón que convertía aquello en un imperdonable error. Eran cuñados.
Aquella noche todo cambió, se dejaron llevar, se entregaron el uno al otro, sólo hubo pasión, algo que los consumió, gimieron sus nombres cuando tocaron el cielo y se dejaron caer al suelo uno en brazos del otro. Así pasaron la siguiente hora, hasta que les tocó regresar la realidad.
