-Que extraño, ¿no crees?-

-¿Extraño?-

-De pronto Usami-sama nos llama para cancelar el compromiso, luego de que él mismo dijo que no importaba la actitud de Eiri porque al fin y al cabo era el nombre y la reputación lo que estaba por delante-

-Pues Eiri no tiene una muy buena reputación que digamos-

-Tal vez tengas razón, aunque aún creo que debe haber una razón escondida en tan repentina acción-

-No sigas con esto Tohma, todo tiene una razón y estoy segura que la que le dieron los Usami a mi padre es valida. Lo mejor en este caso es dejar las cosas como están y esperar que Eiri siente cabeza, algún día deberá hacerlo- la castaña siguió bebiendo su trago despreocupada, al fin y al cabo Usami Ayaka nunca había sido de su completo agrado.

-Claro, tienes razón Mika, solo debo dejar que las cosas sigan su curso- el rubio también tomó un sorbo de su bebida, no estaba del todo convencido, aquel repentino cambió le había hecho sospechar, y definitivamente llegaría al fondo de ello…

Ahí estaba, frente a él, sin tapaduras exponiéndose en su máxima expresión ante sus hambrientos ojos. El rubio tan solo admiraba la belleza perfecta de su genio, esa escondida sensualidad que despertaba en él sentimientos que nunca antes había experimentado.

-Si que eres igualito a un humano- sin poder evitarlo deslizó los dedos por su piel, nívea y tersa como ninguna que hubiese visto antes. Había estado con tantas mujeres y nunca se encontró con una anatomía tan perfecta como la de ese chiquillo.

-Eres simplemente perfecto- sin resistirse a seguir con aquel minucioso examen, sus manos empezaron a tomar rumbos distintos. Exploraba con avidez todos y cada uno de los detalles del cuerpo. Sin proponérselo poco a poco una creciente excitación se apoderaba de sus pensamientos y se materializaba en su entrepierna.

Respiraba con dificultad, el dulce y delicioso aroma que el genio emanaba le estaba sirviendo también como un afrodisíaco. Nunca había sentido esa mezcla encajar tan perfectamente y mucho menos hacer reaccionar a sus sentidos de aquella manera.

De pronto se encontraba encima del genio, con las rodillas a ambos lados de la cintura del chico mientras sus manos ahora se desplazaban por el bonito rostro. Esos labios de fresa le incitaban a besarlos de nuevo, porque al fin se había dado cuenta por completo que aquello no era una fantasía sino una latente realidad.

Inclinó su rostro, quedando muy cerca del de Shuichi, de ese chiquillo que parecía tan lleno de vida a pesar de su precaria situación. Y ese dulce aroma le inundó de nuevo, nublando su razón e iniciando la reacción que le permitió unir sus labios en un beso.

Los orbes amatista se abrieron, el repentino contacto le había hecho volver a la realidad de golpe. Se encontró con la dorada mirada de su amo fija en su rostro mientras su cuerpo estaba aprisionado entre los brazos del rubio. Por un instante se sintió bien, mejor de lo que se había sentido en miles de años, inclusive mejor de lo que se había sentido con su anterior amo.

El beso fue correspondido, por alguna razón los labios de Shuichi se negaban a escucharle y se hundían en el infinito placer de saborear la boca de su amo. El sentimiento era mutuo, ese pedazo de gloria era probado y degustado por ambos, ese pedazo de lo prohibido les daba la misma jugosa satisfacción.

Pero la magia debía acabar, no todo dura para siempre, especialmente las cosas buenas. Una vez separados, Shuichi pudo apreciar como su amo estaba sobre él y también se percato de otro pequeñísimo detalle.

-PERO QUE…- la mano del rubio impidió alguna otra exclamación de protesta. Claro que los ojos del genio solo expresaban su total enojo y también esa aura rosa que de pronto les envolvía a ambos.

-Te soltaré si prometes no hacer un gran escándalo de todo esto- el chico asintió de mala gana, después de todo quería que esa mano dejara de aprisionar su boca, aura rosa también bajó en intensidad.

-Bien- retiró la mano mientras veía divertido como el pelirosa trataba inútilmente de bajarle de encima.

-Eres un pervertido, te has aprovechado de mí mientras estaba inconsciente, vaya que no eres diferente a mis otros amos. Me recuerdas a Kitazawa-

-¿Qué has dicho?- sin saber como, el escritor, se encontraba de rodillas en la cama mientras el pelirosa se tapaba con una bata que estaba junto a la cama, bastante lejos de él.

-Que te pareces a Kitazawa- la frase descolocó por un momento a Yuki, ¿Acaso ese chiquillo conocía a su sensei?

-¿Quién es Kitazawa?-

-El hombre que me encerró en la lámpara, era solo un estúpido pervertido que quería poseerme- Shuichi bajo la mirada al recordar aquella funesta noche en la que se había convertido en un genio.

-¿Quería poseerte?-

-Fue una noche hace más o menos veinte mil años….

FLASH BACK

-Pero que gran sorpresa que hayas llegado esta tarde, no me esperaba verte hasta dentro de unos meses- un apuesto castaño recorría con la mirada el menudo cuerpo del pelirosa, el chico lanzó asustado un libro que yacía en sus manos mientras se llevaba una al pecho.

-Kitazawa-san, me ha asustado- el castaño sonrió mientras echaba cerrojo a la puerta, cosa que paso inadvertida por el chico.

-Lo siento mucho, mi querido muchacho, no pretendía hacerlo, tu hermana no ha llegado así que quise venir a verte cuando los sirvientes me avisaron de tu llegada- se acercó a la ventana, cogió el libro del piso y se lo entrego al sobresaltado pelirosa.

-Es usted muy amable en molestarse por mí, es todo un gusto venir a visitarles y ya que mi hermana está en estado no podía aguantarme las ganas de verla-

-Si, este embarazo nos hace felices a ambos. ¿Qué tal te ha ido a ti lindo Shuichi?- el chico se sonrojó ligeramente mientras abrazaba el libro entre sus brazos.

-Pues de maravilla, no hay ningún problema en el reino y nuestros padres no podrían estar mejor-

-Con un hijo tan dedicado como tú, ¿Quién no lo estaría?- de pronto ya tenía al mayor frente a él, con una mano sobre su mejilla y la otra en su cintura.

-Ki…Kitazawa-san-

-¿Y qué tal de novias Shuichi?- el sonrojo en su rostro aumentó de pronto, sintiéndose incómodo por la exagerada cercanía de su cuñado.

-Pues muy bien, ya estoy comprometido con la princesa….-

-¿En serio?, entonces tu relación con él aún no ha sido revelado a tu amorosa familia- los ojos violetas se abrieron en sorpresa mientras empezaba a forcejear para soltarse del fuerte agarre del castaño, cosa que no parecía estar dando resultado.

-Suélteme-

-No, ahora me escucharás atentamente y harás lo que te diga si no quieres que vaya con tus padres para decirles de tu romance con ese….- las manos del pelirosa de pronto se posaron en los labios del castaño al tiempo que copiosas lágrimas empezaban a salir de sus ojos.

-No….por favor…no digas nada….yo….- los ojos del mayor reflejaron entonces su interna satisfacción. Tomó las manos de su pequeño cuñado y lo arrastró hasta la cama.

-Bien pequeño, por supuesto que no diré nada, pero este favor requerirá otro a cambio- sin esperar que el chico dijera o hiciera nada empezó a despojarlo de sus ropas. El pelirosa asustado empezó a pedir auxilió a todo pulmón, cosa que fue recibida por una cruel carcajada de su atacante.

-Nadie te escuchará niño, mandé a todos fuera de la casa con tu hermana, la pobrecita empezó con los dolores de parto hace algunas horas y como el doctor no podía llegar hasta aquí he tenido que mandarla con toda la servidumbre-

-No…..- las lágrimas no paran de salir de los hermosos ojos del chico, si no había nadie en el palacio, no había nadie en kilómetros a la redonda, el pueblo estaba demasiado alejado.

Y con el desolado pensamiento de estar completamente desamparado, dejó de forcejear, si lo seguía haciendo lo único que conseguiría era lastimarse más, ese maldito se saldría con la suya de todos modos. Cerró los ojos con fuerza mientras sentía como el resto de sus ropas eran arrancadas, sólo deseaba que su amante le perdonara por lo que iba a pasar.

-Así me gusta, que cooperes, después de todo no quieres que tu perfecta vida se vea afecta, jajajajajajaja- empezó a besar con ganas la dulce piel del chico, una de sus fantasías de siempre había sido el poseerle y ahora tenía la grandiosa oportunidad de hacerlo.

Claro que mientras el horrible cuñado del chico estaba tan concentrado en abusar de él, no se percató de la llegada de cierta persona muy importante para el pelirosa. El hombre había escuchado los gritos de su amante y ahora estaba frente a la puerta, esperando el momento indicado para entrar y hacer pedazos a ese desgraciado.

-No te preocupes precioso, te aseguro que lo disfrutarás, después de todo soy un experto para estas cosas- el castaño se disponía a quitarse la ropa cuando fue interrumpido por la repentina entrada de un muchacho.

-Pero que…..- sin darle tiempo de nada el recién llegado se abalanzó sobre el castaño, quien recibió el golpe y se topó con la pared contraría de la habitación. El misterioso hombre entonces corrió a abrazar al pelirosa, quien se aferró con fuerza a él mientras lloraba amargamente.

-Pensé….que….él….ohhhh- y mientras la pareja se abrazaba, el castaño recuperó la fuerza y se enfocó en lo que sucedía. El solo hecho de ver a su cuñado entre los brazos del otro, hizo que la sangre le hirviera, no iba a permitir que le arrebataran ese dulce manjar, eso nunca. Tomó su espada, que estaba junto a la chimenea, y desenvainó.

-Ahora morirás…..- claro que el otro fue más rápido y logró esquivar el golpe llevándose a su pequeño amante con él y cayendo los dos a un lado de la cama. El castaño enfureció ante su fallo y se abalanzó de nuevo sobre el mayor, logrando herir su brazo derecho.

-NOOOOOOOOOOOOO!- Shuichi se tiró sobre él malvado, tratando de arrancarle el arma de las manos, claro que el otro era más fuerte y le estaba siendo demasiado difícil. Sólo unos minutos duró la pelea, hasta que el olvidado amante del chico ensartó la espada en el pecho de Kitazawa.

El pelirosa cayó hacia atrás con el cuerpo de su cuñado sobre él, el hombre aún respiraba con dificultad a pesar de la mortal herida. El triunfador de aquella batalla se acercó al moribundo y le sonrió con superioridad.

-Nunca más le pondrás una mano encima a Shuichi, el es mío- el menor tan solo miraba la escena aún algo confundido, las cosas habían pasado demasiado rápido.

-Ja….eso crees tú….- ambos amantes se sorprendieron de la fuerza del otro, aún con la espada atravesando su pecho se atrevía a amenazarles.

-No puedes hacer más, estás acabado Kitazawa-sensei- el castaño sonrió y en un último suspiro tomó una muñeca del pelirosa y le puso un brazalete plateado, dijo algunas palabras en un idioma extraño para luego dirigirse al salvador del pelirosa.

-No será tuyo, ni hoy ni nunca, la maldición te perseguirá por siempre…..-

FIN DEL FLASH BACK

-No recuerdo más, ni siquiera la cara de mi salvador o su nombre. Shuichi es lo único que recuerdo de mi y es por eso que mi anterior amo decidió darme su apellido, Shindou. Él fue muy bueno conmigo y yo le acompañé hasta la hora de su muerte, a él también le conté la historia, es el único recuerdo que me queda de mi vida como humano-

El rubio estaba sorprendido, nunca imaginó que la vida de ese chiquillo hubiese sido tan trágica. Las palabras del pelirosa le habían calado hondo, haciéndole sentirse mal por tratar de aprovecharse de la inconsciencia del chico.

-Lo siento- los orbes amatistas se fijaron en el rubio, extrañados.

-Lo que hice, no era mi intención aprovecharme de ti así. Es solo que eres una gran tentación Shuichi- un sonrojo se apoderó de las mejillas del genio, su amo si que era extraño.

-Eres muy extraño, no había conocido a un humano como tú nunca, eres especial- el escritor observó como una sincera expresión de felicidad de apoderaba del bonito rostro de su genio.

-Mira quien lo dice, el genio que se desmaya luego de conceder un deseo- el aludido frunció el ceño molesto.

-No es mi culpa, mi antigua condición de humano me hace ser un poco débil cuando concedo los deseos, utilizo demasiado poder y parece que mi cuerpo no está muy acostumbrado a pesar de todo el tiempo que ha pasado-

-No eres más que un inútil, pero no importa, al menos has cumplido mi deseo-

-Claro, mi deber es concederte tus deseos y eso es lo que haré hasta que se te acaben los siete- el pelirosa cruzó los brazos a la altura del pecho y volteó la mirada.

-Mi padre acaba de llamarme para darme la noticia-

-¿Ya pensaste en que más quieres pedir?-

-No, aún no, aunque mi oferta de acostarme contigo sigue en pie- el genio se acurrucó en la cama y negó frenéticamente.

-No….a menos que…..- desvió su mirada a Yuki.

-Lo pida como un deseo- el chico asintió con la cabeza.

-No te preocupes, aún no pienso aprovecharme de un ser tan inocente- el escritor rió sarcástico y se paró de la cama, ya había sido suficiente de historias tristes además que su amigo aún no había tenido la diversión deseada.

-¿A donde vas?-

-A darme un baño, si quieres puedes acompañarme-

-No….gracias-

-Bien, en ese caso no toques nada mientras estoy en el baño- el chico asintió y observó a su amo hasta que se perdió de vista.

Suspiró, vaya que estar con ese rubio despertaba emociones prohibidas en él. Se miró a si mismo, aún llevaba la bata, que seguramente era del escritor. Escuchó el sonido de la ducha, al menos la cosa no había pasado a mayores. De un movimiento se paró de la cama y decidió que lo mejor era regresar al interior de la lámpara mientras su amo pensaba en los otros deseos, no quería caer en tentaciones.

Se levantó de la cama con cautela y justo cuando estaba por salir de la habitación, se topó con la entrada al baño, la puerta estaba entreabierta, seguramente el escritor estaba tan acostumbrado a estar sólo que no se tomaba la molestia de ponerle seguro. El genio dudó por un momento entre el echar una mirada al interior del recinto, o tan solo marcharse de regreso a la sala, su curiosidad le ganó y se asomó con sigilo. Empujó con suavidad y ante sus ojos se materializo la figura del rubio, aunque una puerta de vidrio a medio cerrar le impedía verle por completo.

Dudó por un momento antes de adentrase por completo al baño, pero después de recordar como se había encontrado completamente expuesto ante los ojos del pervertido rubio, continuó hasta estar en una posición que le permitir ver la desnuda espalda junto con ese perfecto trasero y las piernas fuertes. Un pronunciado sonrojo se apoderó de las mejillas del genio, quién en ese momento se perdió por completo entre aquella blanca piel empapada.

Mientras que la violeta mirada recorría gustosa toda la anatomía expuesta, el escritor se había percatado de su "espectador" y estaba dispuesto a terminar lo que había empezado en la cama momentos atrás. El genio no tenía de que quejarse, después de todo había sido él quien se dirigió a espiarle mientras se bañaba.

-¿Te gusta lo que ves?- la voz varonil y profunda de su amo le sacó de balance, y sin darse cuenta tropezó con la ropa de Yuki y calló sentado en el suelo del baño. El escritor mientras tanto se había dado la vuelta y se acercaba pausadamente hasta donde el pelirosa yacía con las mejillas coloradas y la boca entreabierta.

-Yo…..-

-Shhh, no te precipites, parece que has venido en el momento indicado para cumplir otro de mis deseos- el chico se quedó mudo ante las palabras del rubio, eso quería decir que estaba esperando que….

-A menos que estés dispuesto a hacerlo voluntariamente, Shuichi- sin medir otra palabra lo levantó del suelo y le atrajo hasta tenerlo entre sus brazos, buscó sus labios y los unió a los suyos en un demandante beso. Y el genio no pudo hacer más que corresponder, de pronto su corazón latía a mil, imponiendo un ritmo que nunca antes sintió o tal vez no recordaba haberlo hecho.

Se aferró al cuello del rubio, siendo arrastrado por la dulce tentación y cayendo en el sopor de lo desconocido. Las manos de su amo de pronto estaban en su cadera y de un movimiento le habían hecho engancharse a su cintura. Sabía que aquello estaba mal y que si hacían eso no habría vuelta atrás, porque si se enamoraba del escritor y luego este no cumplía su promesa de liberarlo todo quedaría en el olvido, él regresaría a la lámpara a esperar muchos miles de años más por su próximo amo.

-No….- se liberó del demandante beso y enfocó su vista en la dorada de Yuki.

-¿Qué pasa?-

-No podemos hacer esto-

-¿Por qué no?-

-Porque….creo que yo….- bajó la mirada, no podía dejar que esas palabras salieran de su boca porque si lo hacían, la realidad se materializaría y el estaría prendado de aquel apuesto escritor por el resto de su eternidad, aunque su corazón en ese momento le gritaba que las dijera.

-Tú que- se armó de valor, ahí estaba el rubio frente a él, con esos hermosos ojos dorados y esa expresión fría y calculadora, como deseaba quedarse a su lado para siempre, especialmente ahora que se había dado cuenta de que….

-Creo que yo….te…quiero…- esas palabras le calaron hondo al escritor, nunca había escuchado aquella frase dicha con tanta sinceridad. En su vida habían muchos "te quiero", de su hermana, de su cuñado, de su hermano y hasta alguna vez lo había escuchado de su padre. Claro que también estaban todas esas escandalosas mujeres que se hacían llamar sus fans, a menudo le enviaban regalos y tarjetas con la tan gastada fresa escrita por todos lados. Pero ese niño pelirosa, acababa de decirlo de una forma jamás presenciada.

-¿Me quieres?- el pelirosa asintió como avergonzado, aún estaba enredado al cuerpo de su amo y este aún no salía de su asombro.

-Entonces no habrá ningún problema- el genio le miró entonces confundido.

-¿Qué quieres decir con…..- sus labios fueron devorados de nuevo, ahora más intensamente mientras las manos del rubio le despojaban de la única prenda que llevaba puesta. Se separó un momento para mirar de nuevo el bonito rostro del chico.

-Cuando dos personas se quieres no está mal hacer estas cosas, es por eso que no habrá problema-

-Entonces, ¿Tú me quieres?- el rubio no respondió a la pregunta, era demasiado pronto como para decirle que le quería, en realidad no estaba siquiera seguro de hacerlo. Yuki era de esas personas que no creen en el amor a primera, a pesar de su condición de novelista romántico nunca había estado completamente seguro de como las cosas funcionaban en el terreno amoroso. Nunca había tenido una relación verdadera, y la única persona que alguna vez creyó amar terminó traicionándole.

Los pensamientos de ambos entonces eran confusos, el genio se debatía entre lo correcto y lo incorrecto mientras pensaba en las palabras del rubio acerca del querer. El escritor en cambio tan solo dejaba de lado al corazón y la cordura mientras pensaba con una parte más útil para esa ocasión, ya luego analizaría los sentimientos que ese chiquillo despertaba en él.

Se aferró con fuerza a las perfectas caderas del pelirosa, aún explorando su boca, el afrodisíaco aroma del chico de nuevo había inundado sus sentidos, haciéndole querer probar más de ese manjar. Shuichi tan solo se dejaba hacer, su mente también estaba nublada por el creciente deseo, ese deseo jamás experimentado que ahora le daba un tremendo placer.

La boca del rubio ahora recorría su cuello, dejando pequeñas marcas en la nívea piel del genio, sus manos no se quedaban atrás y una de ellas se había abierto camino hasta llegar a la estrecha entrada del chico. Un gemido de protesta de escuchó cuando un dedo travieso ingreso con cautela al calido pasaje, ensanchándolo con maestría.

De pronto de la boca de Shuichi empezaron a salir pequeño e incitantes gemiditos, una a cada entrada y salida de los, ahora dos, dedos de su amo.

-¿Te gusta?- el pelirosa asintió con la cara totalmente enrojecida.

-Entonces ya se que te gustará más- sin esperar otra respuesta, le tomó de la cintura y salió del baño, con dirección a la habitación, en donde lanzó al pelirosa contra la cama y empezó a besar con frenesí su hermoso cuerpo. Claro que Shuichi no sabia como reaccionar, tan solo gemía bajito, mientras una de sus manos estaba enredada en el rubio cabello de su amo.

Yuki disfrutaba de esa dulce piel, el sabor era tal y como lo había imaginado, a cada beso que daba probaba el cielo. Repasó cada parte de ese dulce manjar, memorizando su textura y abriendo caminos nunca antes recorridos por nadie, o eso quería creer. Lamió los pezones hasta que estuvieron duros y bajó por el abdomen hasta llegar al ombligo, jugó con esa parte hasta arrancar una ligera risa de los labios del chico. Satisfecho bajó el último tramo para llegar a la imponente erección.

La metió en su boca con gusto, arrancando de esa dulce boca un gemido más sonoro que los anteriores, las caderas del genio cobraron vida cuando el ritmo aumentó y lo marcaban con inexpertos movimientos. El escritor solo dejaba llevar, esperando probar el plato principal, la exquisita semilla del extravagante pelirosa.

-Ahhhhh…..Yuki!- y de pronto sus papilas lo sintieron, ese maravilloso sabor inundaba su boca dejándole experimentarlo por completo. Shuichi dejó caer sus manos a ambos lados de su cuerpo, exhausto y bastante contrariado, no recordaba haber experimentado aquella explosión tan sabrosa nunca antes.

-No te duermas, que aún falto yo- los orbes violeta se abrieron en sorpresa, ¿quería eso decir que su amo esperaba que hiciera lo mismo?, pero él nunca había hecho algo parecido y no sabría como hacerlo.

-Pero yo….- el rubio no le dejo terminar, le beso de nuevo con ganas mientras llevaba dos dedos, empapados con la esencia del chico, hasta la estrecha entrada de este. Al principio pareció molestarle, pero como lo había hecho en la ducha, su cuerpo se acostumbró a la invasión dejando que su amo metiera dos dedos más en su estrechez.

De pronto una erección se hacía presente de nuevo en el genio, quien tan solo atinó a mover las caderas de forma frenética, como buscando más contacto. El rubio supo entonces que estaba listo y con una sonrisa de autosuficiencia, metió de una sola estocada su palpitante miembro en el delicioso pasaje. Un grito de dolor y placer se escapó de la linda boquita de Shuichi, haciendo la excitación del rubio ser aún más grande y provocando que este empezara a salir y entrar con rapidez.

-Ahhhhhhhh…..amo….Yuki….-

-Eres delicioso….dios….si que lo eres- los brazos se Shuichi envolvieron el cuello del rubio, sus piernas se apretaron aún más fuertemente a su cintura y sus labios dejaron salir gemidos aún más fuertes.

La razón de ambos estaba nublada, el placer era nuevo para los dos, un placer que nunca antes había sido tan delicioso. La velocidad aumentaba mientras esa llama ardía con más y más fuerza, haciéndoles gritar de placer.

-Si….máaaaaaaas…Yuki…máaaaaaas-

-Tus deseos son….ahhh…ordenes- ambos sonrieron ante la frase, estaban llegando de a pocos a la tan esperada cúspide de aquel acto y ambos querían disfrutarlo al máximo. El escritor levantó con fuerzas el cuerpo de su genio y lo sentó sobre su aún despierto miembro, dejando que el chico se penetrara.

Shuichi gemí, todo cordura había sido abandonada y ahora solo estaba concentrado en ese ardiente fuego que le quemaba el interior, ansioso de salir. Grito sonoramente del placer cuando por fin llegó la explosión, una perfecta y sincronizada explosión que se materializó en la blanca semilla que escapaba por los muslos del pelirosa y bañaba sus vientres sudorosos.

Yuki se dejó caer hacia atrás, saliendo con cuidado de su genio, normalizando su respiración, dejando que se le pasara aquella deliciosa sensación de a pocos. Shuichi por su parte había cerrado los ojos, tratando de comprender por completo que era lo que había sucedido, aún encima del escritor podía sentir la errática respiración de éste.

Pasaron unos momentos en silencio, cada uno analizándolo todo a su propia velocidad. La confusión se abría paso en su mente hasta que el genio no lo pudo soportar más e hizo un cuestionamiento que lo estaba volviendo loco.

-Yuki- el rubio le miró.

-¿Qué somos ahora?-

-¿Qué quieres decir con eso?-

-Si yo te quiero, ¿eso me convierte en tu novio?- el escritor se rió.

-No lo sé, nunca he tenido a un genio de novio- el chico sonrió.

-Pero si cumples tu promesa de liberarme, podría ser un humano de nuevo y podríamos ser novios- Yuki se quedó en silencio un momento, la verdad no sabía que podría esperar del chico, después de todo sus relaciones generalmente eran de uno o dos noches.

-Podría ser, no lo sé-

-Porque…a mi me gustaría mucho quedarme a tu lado- los dorados ojos le miraron extrañados.

-Sólo me conoces de un día, no sabes nada de mí y aún así quieres quedarte conmigo, ¿Por qué?-

-Por que te quiero, uno de mis amos me dijo una vez que no importaba cuanto tiempo conocieras a una persona, sólo hacían falto unos minutos para enamorarte de ella- eso si que sorprendió al escritor, ni siquiera a él se le hubiera ocurrido decir semejante cosa.

-¿Estás enamorado de mí?- el chico se aferró más a su pecho y contestó sinceramente.

-No lo sé, pero el que te quiera es un paso importante para enamorarme de ti, si es que me dejas- el escritor no contestó, no tenía respuesta para aquello, no podría estar seguro de querer enamorarse de nuevo, no después de aquella traumática situación.

-Nos queda mucho tiempo juntos, aún me debes seis deseos- el chico sonrió.

-Cinco-

-¿Así?-

-Recuerda que él último me lo has prometido-

-Entonces esto también fue un regalo de tu parte, ¿cierto?-

-Sólo fue algo voluntario- una sonrisa apareció en el rostro de ambos.

-Bien, en ese caso creo que es mejor que descansemos- el genio asintió y se incorporó ligeramente, pero justo cuando iba a bajarse de la cadera del rubio, éste le detuvo.

-¿A donde crees que vas?-

-A mi lámpara, has dicho que debemos descansar-

-No, quiero que te quedes conmigo, así que- de un movimiento lo dejo nuevamente bajo su cuerpo, el pelirosa se sorprendió mucho por el acto y se sonrojó.

Un beso fue depositado en sus labios para luego sentir como su amo se acomodaba a su lado, invitándole a que se acurrucara entre sus brazos. Y con una sonrisa sincera obedeció, envolviéndose entre la reconfortante calidez de su amo, dejándose llevar al mundo de los sueños….