Las energías habían sido repuestas, ahora se sentía mejor que nunca, y más aún porque se encontraba entre los fuertes y protectores de su amo. Podía sentir la pausada respiración del rubio, ese semblante pasivo que mostraba siempre que estaba dormido, era tan solo la segunda vez velaba su sueño y ya le parecía extraordinario.

Pero al pequeño y curioso genio no le pareció una buena idea quedarse viéndole hasta que despertara, después de todo, la vez pasada el rubio le había gritado después de llevarse un gran susto. Con sutileza se deshizo del agarre que tenía el escritor sobre su cuerpo, y con mucho cuidado se bajó de la cama, se vistió con su extraño atuendo y al fin se dirigió al baño. Antes, durante y después de su encuentro con el rubio, no se había fijado detenidamente en los detalles del lugar y algo llamaba fuertemente su atención.

Una vez adentro, su boca se abrió de sopresa, el chico observaba todas las maravillosas cosas que aquel baño contenía, recordando que su anterior amo no tenía ni la mitad. Se paró frente al espejo y se miró complacido, el no cambiaba nunca, luego concentró su vista en el lavamanos, como si fuera la cosa más extraordinaria que hubiera visto en su vida.

-Vaya, ¿qué será esto?- giró uno de los grifos y el agua fluyó con libertad, los ojos del chico se llenaron se emoción ante esto.

-Wa, el agua sale como por magia, tal vez mi amo sepa hacer magia y por eso tiene todas estas cosas geniales- el chico giró el otro y fue de testigo del cambio de temperatura en el agua, aplaudió complacido y siguió observando el lavamanos por un momento más. Con una sonrisa cerró los grifos, definitivamente debía haber cosas más geniales que explorar y el estaría feliz de hacerlo.

Sin perder más el tiempo contempló todos los utensilios de limpieza personal, deteniéndose en cada uno para contemplarlo y analizarlo. Del baño solo se podían escuchar los sonidos de sorpresa del genio, quien después de un rato ya había explorado casi todas las cosas, pero de pronto se dio cuentas que el espejo podía removerse.

-¡Un compartimiento secreto!- con emoción flotó para llegar con más libertad hasta donde el compartimiento se encontraba, dentro había muchos frascos de diferentes colores.

-¿Será mi amo un mago?, tal vez por eso tiene todos estos frascos, de seguro son cosas para hacer pociones- sin perder el tiempo tomó un botecito naranja, dentro se podía observar que habían varias píldoras. El genio trato de leer la inscripción.

-Dia….ze…pam- frunció el ceño e intentó abrir el botecito, claro que la tapa anti-niños no te permitió hacerlo, así que en un ataque de furias lo abrió con sus poderes. Complacido tomó una de las píldoras y se la llevó a la nariz, como no encontró ningún olor raro se la llevó a la boca, pero cuando sintió el amargo sabor la dejo tirada y volvió a tapar el botecito.

-Definitivamente deben ser cosas para hacer pociones, definitivamente mi amo debe ser un mago- pasó su vista de nuevo por el baño, no encontrando más que llamara su atención, así que decidió ir a ver el resto de la casa, de seguro habría más cosas geniales.

Con una sonrisota pintada en sus bonitas facciones, salió del baño y se dirigió a inspeccionar detenidamente las cosas que había en la sala, estaba seguro que debían ser más increíbles. Con paso sigiloso llegó al dichoso lugar, fijándose primero en el elegante centro de entretenimiento del escritor.

-Wa, pero que bonita caja- se colocó de rodillas frente al televisor, analizando todos los botoncitos que tenia, hasta que por fin se decidió a tocarlos, aunque tardó unos segundos en descubrir como se encendía el aparato.

La feliz expresión se convirtió en asombro al ver las imágenes que se movían, con curiosidad posó su mano sobre ellas sin poder llegar a tocar nada más que la pantalla. El aparato llamó tanto la atención del chico, que se acomodó en el suelo para seguir investigando más acerca de él.

En la habitación mientras tanto, Yuki se desperezaba en la cama, sin percatarse aún de la falta del menudo cuerpo del genio. Estiró sus brazos satisfecho y se volteó para ver como había dormido el chico, claro que su sorpresa fue grande al encontrarse con que su genio no estaba a su lado. Se levantó de la cama a paso sigiloso, tal vez se encontraba en el baño, sin embargo al entrar solo se encontró con un verdadero desorden.

-¿Pero que demonios?- todas sus cosas habían sido movidas de lugar, sin mencionar que el agua de la regadera caía sin cesar. El rubio frunció el seño, definitivamente el causante era el chiquillo pelirosa. Con molestia salió de ahí, dispuesto a encontrar al genio antes de que su apartamento terminara siendo un desastre.

Se puso un poco de ropa y salió a paso decidido, no fuera ser que Shuichi hubiera destruido todo mientras estaba dormido. Pero su sorpresa fue grande al encontrarse al causante del alboroto del baño, sentado frente al televisor con el control remoto en las manos y pasando los canales de vez en cuando.

El escritor sonrió, la imagen le pareció de lo más tierno, el chico parecía un niño pequeño con juguete nuevo, posó su vista en el ventanal de la sala y se percató que había anochecido, vaya que había dormido bastante, ahora estaría más que atrasado en la novela.

Dejó sus cavilaciones de lado y regresó la vista al genio, esta aún no se apartaba de la pantalla así que una idea malévola pasó por su mente. Se acercó con sigilo a la espalda del genio y lo tomó de la cintura.

-WAAAAAAAA- Shuichi dejó caer el control remoto y comenzó a patalear desesperado.

-ESPERA BAKA, SOY YO- al instante todo movimiento ceso, el pelirosa se había quedado mudo mientras analizaba bien la situación.

-Amo- el rubio se separó bruscamente y se dejó caer en su cómodo sofá.

-¿Pues quién más?-

-Lo siento, es que estaba muy entretenido con esta cajita tan bonita- se agachó y recogió el control remoto mientras seguía pasando los canales.

-No es una cajita, es un televisor-

-¿Un televisor?-

-¿Nunca habías visto uno acaso?- el chico negó con la cabeza.

-Claro que nunca había visto uno, la última vez que me despertaron no tenían cosas tan geniales, todo lo que había en tu baño también era genial-

-No deberías tocar las cosas sin permiso, mocoso, eso es de mal gusto-

-¿Eh?-

-Olvídalo, ¿quieres comer algo?- el chico sonrió mientras se abalanzaba sobre el rubio, quedando sentado sobre sus piernas.

-Si, tengo mucha hambre amo, ¿podrías hacer algo de comer?- el rubio frunció el seño, ese niño le sorprendía a momentos.

-Si te quitas de encima lo podré hacer- el chico asintió aun sonriendo y se bajó de su amo, el rubio tan solo se paró del sofá y se dirigió con paso decidido a la cocina. Claro que nuestro curioso pelirosa no iba a desaprovechar la oportunidad de ver lo que escondía el lugar donde su amo cocinaría, así que lo siguió.

-Vaaaaya, que bonito lugar- el rubio miró a su genio y sonrió, la expresión de felicidad mezclada con la sorpresa le daban un aire tan seductor al chico.

-¿Nunca habías visto una cocina?-

-¿Una cocina?- el pelirosa caminaba detrás del escritor, sus amatistas inspeccionaban cada detalle, buscando algo que llamara su atención.

-Así le llamamos a este lugar, es donde cocinamos, ¿no sabias eso?- el chico asintió con la cabeza mientras se sentaba en un banquito frente a la barra de desayuno.

-Si se que es una cocina, pero nunca había visto una como esta, se ve tan limpia y además está llena de cosas extrañas- de pronto descubrió que su asiento giraba, por lo que lo hizo girar con ganas mientas reía.

-¡Qué divertido!, tu cocina es muy divertida amo-

-No es muy diferente a todas las demás- el genio se detuvo y le miró con duda.

-¿A no?-

-Claro que no, hay cosas aquí que no pueden faltar en una común y corriente cocina- el escritor se dirigió al refrigerador y empezó a buscar algo para preparar comer. Suspiró resignado al encontrarse tan solo con todas las cervezas que el genio le había dado hacía la noche anterior.

-Me había olvidado de esto, parece que tendremos que pedir algo- el chico dejó de girar nuevamente, con la misma expresión curiosa.

-¿Pedir algo?- el escritor asintió con la cabeza mientras se llevaba una cerveza a la boca.

-No hay nada de comer en el congelador así que tendremos que ordenar algo a un restaurante-

-Congelador, ¿así se llama esa cosa?- señaló el aparato mientras se acercaba y lo abría, dentro encontró las cervezas que su amo le había pedido por lo que metió la mano para tomar una, su sorpresa fue grande al sentir el frió.

-AAAAAAAAA, ¡tienes un monstruo congelante ahí dentro Yuki!- el escritor escupió sus cerveza mientras empezaba a reírse con ganas, vaya que a ese chiquillo se lo ocurrían ideas muy locas.

-No hay ningún genio congelante jajajajaja es un aparato que genera frío jajajajaja- la cara del genio cambió entonces, en parte por las carcajadas del rubio y en parte por su infinita curiosidad.

-No te rías, mejor explícame como es que un aparato puede generar frío- Yuki se quedó callado por un momento, aún con una sonrisa en su rostro, vaya que hacía mucho tiempo que no reía con tantas ganas y no había sido tan malo.

-No lo sé baka, no soy un técnico- otra vez la expresión de duda en el rostro del chico, el escritor supo lo que estaba pasando al instante, pero aún así se le hacía difícil creer que ese chico no supiera de ninguna de esas cosas tan comunes para él.

-Mejor deja preguntar cosas tontas y salgamos a comer, así nos despejaremos un rato-

-¿Me sacarás a pasear entonces?-

-Sólo iremos a comer algo-

-Pero esta es tu cocina, ¿no se supone que las cocinas son para cocinar la comida?-

-No hay comida aquí para cocinar, así que mejor vamos a comprar- el chico asintió sonriente.

-Bien amo, entonces vamos- pero antes de que el genio saliera, fue interceptado por la mano del rubio, quien le sostuvo del brazo.

-No saldremos hasta que arregles todo el desastre del baño, además debemos darnos una ducha antes y tú no puedes andar por la ciudad con esa ropa tan extraña- el pelirosa contemplo su atuendo y miró al rubio, definitivamente la ropa que usaban era muy diferente.

-¿Quieres entonces que me vista como tú?, o tal vez cómo las personas de la televisión-

-Lo que quiero es que te cambies ese extraño atuendo por uno más parecido al mío, algo de esta época- el chico analizó lo que su amo decía y estuvo a punto de cambiar su ropa, pero su amo le interrumpió de nuevo.

-Primero tomaremos una ducha, tienes que arreglar tu desastre después de todo- sin más que decir, jaló a Shuichi al baño.

-Bien, ahora quiero que dejes todo como estaba antes- el chico solo se encogió de hombros, la verdad no encontraba nada malo en como estaba el baño, pero su amo había dicho que lo arreglara y lo haría. Juntó sus manos y en un instante ya estaba todo como antes.

-Listo amo, ¿nos vamos a bañar?- sin siquiera esperar la respuesta, el chico ya se estaba quitando la ropa, el rubio tan solo apreciaba ese perfecto cuerpo mostrarse tan tentadoramente frente a él, vaya que era irresistible.

-¿No te quitarás la ropa tú también?- Yuki se percató de su estupidez, nunca antes se había quedado embobado viendo a alguien, era un baka, sin responder al genio empezó a desnudarse él también.

Shuichi sonrió complacido y corrió a meterse a la ducha, después de haber pasado casi dos horas en aquel lugar, al fin había descubierto como servían varias de las cosas. Giró el grifo y al instante el agua cayó sobre su cabeza, mojándole casi por completo, el chico solo la graduó para que estuviera a una temperatura agradable. Yuki entró un rato después, con cara de pocos amigos, vaya que estar cerca de ese niño hacía estragos en su personalidad.

-¿Te gusta como está el agua amo?- el rubio asintió mecánicamente mientras se metía por completo bajo el agradable chorro, el genio mientras tanto flotaba en posición de loto a su lado, con una gran sonrisa en los labios.

-¿Nunca dejas de sonreír?- Shuichi se puso serio de pronto.

-¿No te gusta que sonría?-

-No importa, apresúrate que me muero de hambre- los ojos del chico se volvieron entonces acuosos mientras se abalanzaba sobre el rubio, éste no entendía nada por supuesto.

-¿Qué pasa?-

-No te mueras amo, yo te puedo traer todo la comida que quieras, ahora mismo termino de bañarme para que puedas comer- otra carcajada escapó de la boca del rubio, ese niño era más que ridículo.

-Eres un baka, no me voy a morir, eso decimos cuando tenemos mucha hambre. Sólo es una expresión-

-Entonces, ¿no te estás muriendo de hambre?- el rubio solo negó resignado, parece que tendría que enseñarle muchas cosas a ese pequeño genio.

-Mejor te apresuras, tengo mucha hambre- apartó al pelirosa de su cuerpo y salió de la ducha.

-Recuerda que debes cambiarte de ropa, no quiero tener que andar por la calle con alguien extraño- lo último que se escuchó fue el golpe de la puerta, Shuichi dejó de llorar y terminó de ducharse. Aunque en la mente del pelirosa una idea le estaba matando, algo que el definía como indiferencia.

Y es que el genio estaba preocupado por la actitud de su amo, no solo por el comentario de "me muero de hambre", sino porque aún no se había mencionado nada de su encuentro de esa mañana y se moría de ganas por saber como se sentía su amo después del sexo y la conversación.

-Seguramente solo quería aprovecharse de mí, no creo que busque quedarse conmigo- con el semblante deprimido salió del baño, el rubio terminaba de vestirse en ese instante, restándole importancia a la preocupación del pelirosa. Pero al ver la triste expresión en el rostro del chico, algo se removió en su corazón, algo que le obligó a acercarse, sujetar la bonita cara entre sus manos y tratar de descifrar que era lo que sucedía.

-¿Por qué lloras?- el chico negó con la cabeza, sinceramente no le apetecía hablar de sus sentimientos con el rubio, no ahora que le miraba tan indiferente a su relación, o lo que fuera que mantenían en ese momento.

-Por nada, ¿cómo quieres que me vista?- pero la sorpresa en el rostro de Shuichi fue grande cuando una de las manos de amo limpió con total cariño una de las rebeldes lágrimas que escapaba por su mejilla.

-¿Yuki?-

-No me gusta que llores, no está bien, una sonrisa te sienta mejor en ese rostro tan bonito- las mejillas del chico ardieron ante tal comentario, ¿entonces no le era indiferente su cariño al rubio?

-No te entiendo, eres tan extraño- el rubio sonrió, sutilmente.

-Ya me habías dicho eso- sin decir más se separó de su genio.

-Puedes vestirte como tú quieras, exceptuando ese traje extraño que usabas- el chico, con renovadas energías, flotó en aire mientras pensaba detenidamente en lo que se podría poner. Repasó en su mente las imágenes del televisor y recordó uno que había llamado fuertemente su atención, uno que utilizaba un hombre que cantaba muy bien.

Sonrió complacido, seguramente a su amo le gustaría, en la tele habían dicho que ese hombre era muy famoso y que su estilo era muy reconocido, además de un montón de cosas más que Shuichi no entendió muy bien. Dejó que la toalla en su cintura resbalara y cayera al piso, mientras tanto él concentraba su mente en los ajustados pantalones de cuero negro, esa camisa color carmín y la chaqueta a juego con el pantalón, sin olvidar las elegantes botas negras.

-¿Qué te parece así amo?- el escritor terminó de acomodarse el cabello y volteó a ver al pelirosa, encontrándose con la maravillosa y seductora imagen, definitivamente estaba como para comérselo, Sin embargo podía reconocer ese atuendo, lo había visto en algún lado, estaba seguro.

-¿De donde has sacado la idea de vestirte así?- el chico se acercó alegre a su amo y le tomó del brazo.

-En tu caja mágica, un chico estaba vestido así, la señora que le estaba haciendo preguntas dijo que era muy reconocido y que su estilo estaba de moda. Además ese chico cantaba muy bonito- en ese instante el escritor recordó a quien más había visto vestido así, ¿cómo se le iba a olvidar si era el chico con el que salía su hermano?

-Vaya, eres igual de baka que Tatsuha-

-¿Eh?-

-Nada, vamos que tengo hambre- jaló a Shuichi del brazo, definitivamente la televisión era una mala influencia. Llegaron frente al elevador y ahí fue cuando al genio le agarró otro ataque de sorpresa, al ver como el aparato abría sus puertas por si sólo mientras hacía el sonido característico.

-WA, mira amo esa cosa se movió sola- el rubio suspiró, vaya que era extraño estar con ese chiquillo.

-Es un elevador, sirve para transportarnos hasta abajo- la cara del chico entonces se mostró confusa, pero no pudo preguntar nada más porque el escritor le había arrastrado al interior. El silencio los invadió hasta que el pelirosa no aguantó la curiosidad y quiso preguntar.

-¿Qué quieres decir con que nos trasportará hasta abajo?, ¿acaso estamos arriba?-

-Estamos arriba, al menos diez pisos arriba, mi departamento está en el último piso del edificio- la cara confusa seguía ahí, Shuichi no lograba entender a que se refería su amo con eso.

-Luego lo entenderás, ahora solo quédate quieto mientras llegamos al estacionamiento- el chico asintió mientras se elevaba en el aire, la sensación de estar en esa cosa no le parecía nada agradable. Suspiró aliviado cuando las puertas se abrieron de nuevo, y es que su amo le había hecho irse como los humanos, parado a su lado.

-¿Está muy lejos el lugar a donde iremos a comer?-

-Un poco- el pelirosa suspiró como derrotado.

-¿No quieres ir muy lejos?-

-Mientras más lejos, más tendremos que caminar y tú no me dejas volar-

-No tendremos que caminar, ya verás- al escuchar aquello, miles de idea pasaron por la cabecita del genio.

-¿Tienes una alfombra mágica?-

-Las alfombras mágicas no existen, yo tengo algo mejor-

-Las alfombras mágicas si existen, donde yo vivía teníamos muchas y eran muy efectivas, no existe nada mejor que eso para viajar rápido- el escritor no dijo nada, definitivamente no ganaba nada discutiendo con el chico, era inútil.

-Bien, aquí está, no quiero que lo ensucies por dentro así que se muy cuidadoso- las amatistas se abrieron sorprendidas al contemplar el flamante auto del rubio, un hermoso mercedes negro que estaba estacionado justo frente a ellos.

-¿Hablas de esa cosa?- el chico señaló el automóvil con duda.

-No es una cosa, se llama automóvil e imagino que debe hacer lo mismo que una alfombra mágica y hasta más rápido-

-Pues a mi me parece tan solo un gran pedazo de meta con forma bonita, no creo que sea posible que vuele como una alfombra-

-No vuela, tan solo se desplaza por las calles- el chico le miraba, aún incredulo.

-Mejor súbete baka, no quiero discutir contigo mientras tengo el estomago vacío- sin más que decir abrió la puerta y espero que el genio entrara, claro que después de dos minutos esperando dentro se dio cuenta que algo debía andar mal para que el chico no entrara.

-¿Y ahora que pasa?-

-¿Qué pasa con qué?- el escritor se percató que el chico ni siquiera había intentado abrir la puerta del copiloto.

-Abre la puerta y métete al auto- otra mirada de confusión apareció en el rostro del pelirosa.

-¿Qué quieres decir con eso?- el rubio se pasó la mano por la cara en un gesto de cansancio, obviamente si Shuichi ni siquiera sabía que era un automóvil, mucho menos sabría como tenía que ingresar.

-Me lleva el diablo- rodeo al mercedes y le abrió la puerta al genio, quien tan solo se asomó al interior sin decidirse a entrar.

-Vaya, parece muy cómodo amo- Yuki se repitió su gesto desesperado de antes, en serio que ese chico le iba a volver loco. En un gesto de enojo empujo al pelirosa dentro del auto y cerró la puerta con fuerza, segundos después ya se encontraba del lado del piloto.

-Abróchate el cinturón- el genio aún seguía en mala posición pero eso no impidió que preguntara de nuevo.

-¿Qué es el cinturón y para que quieres que lo abroche?- la paciencia del escritor se estaba agotando, así que mientras se serenaba y pensaba en el fabuloso festín que le esperaba en el restaurante, acomodó al chico en el asiento y el mismo abrochó el cinturón.

-Ahora quédate quieto y no preguntes nada más, pronto llegaremos al restaurante- encendió el automóvil y la música de Nittle Grasper empezó a resonar, Shuichi aplaudió complacido y empezó a cantar la canción de la radio, parecía que había puesto bastante atención a la televisión cuando la veía en la tarde.

-Esa es la canción del chico que se viste bien, ¿te gusta su música Yuki?- el rubio no dijo nada, sinceramente no estaba en condiciones de discutir con esa bola rosa, porque sabía que terminaría gritándole o algo peor.

Claro que el pelirosa no podía quedarse quieto mientras tantas cosas nuevas pasaban por su ventana, especialmente porque era algo hiperactivo por naturaleza. Cada cinco segundos podía escuchar las expresiones de asombró del pelirosa sumadas a sus aplausos y movimientos exagerados.

Después de tortuosos treinta minutos para el rubio, llegaron al dichoso restaurante. El escritor suspiró con alivió, sin esperarse lo que se encontraría adentro…..