-Buenas noches y bienvenidos, ¿para cuantas personas su mesa?- una hermosa chica les abrió la puerta, ataviada con un elegante uniforme les sonreía amable.

-Para dos-la muchacha asintió aún sonriente y les guió a su mesa, el escritor suspiró aliviado, al fin tendría una cena normal y podría estar tranquilo. Observó al genio, quien iba a su lado con una expresión extraña, no parecía ser el mismo emocionado niño de momentos atrás.

Se trago su curiosidad y esperó a que llegaran a la mesa, la amable colocadora había escogido un lugar bastante apartado, suponiendo que necesitarían privacidad. Después de guiñarle el ojo seductoramente al pelirosa, se retiró con elegancia.

-¿Te pasa algo malo, baka?-

-Nada, sólo me sentí algo extraño estando en este lugar, hay muchos humanos-

-No importa, estamos en un lugar alejado así que nadie nos molestará, ahora podemos ordenar- el pelirosa asintió y empezó a revisar el menú que le había entregado la amable muchacha. Los ojos violetas recorrían con duda todas las cosas ahí escritas, sin lograr entender la mayoría de ellas, sin embargo no quería molestar a su amo con más preguntas y se abstuvo de abrir la boca.

-¿Qué quieres ordenar?-

-No lo sé- el rubio dirigió su mirada al chico, encontrándose con que le miraba intensamente pero con una atisbo de duda o pena, tal vez las dos.

-¿No te gusta nada del menú?- él se encogió en su asiento, se sentía observado por los integrantes de las mesas aledañas, algo que definitivamente le quitaba la fuerza para preguntar.

-La verdad….no entiendo lo que significa nada- y justo cuando el escritor iba a ponerse a explicar las cosas en la carta, una sorpresa inesperada apareció frente a su mesa.

-Vaya, pero si mi hermanito se decidió a salir de casa esta noche-la conocida voz de su hermano le sacó de balance al instante, parecía que ese día todos los dioses estaban en su contra.

-Tatsuha- el pelinegro sonrió complacido mientras atraía más hacía si el cuerpo de su pareja, quien miraba distraído hacía otro lado.

-Pues claro, ¿acaso tienes otro hermano?-

-Gracias al cielo no, no imagino lo desgraciada que sería mi vida si tuviera otro como tú- el moreno amplió su sonrisa, le encantaba fastidiar a su hermano mayor.

-Pero que grosero eres, pero bueno, ya que nos hemos encontrado sería bonito si pudiéramos cenar juntos ¿no crees?-

-No lo creo, será mejor que….-

-Buenas noches caballeros, ¿desean compartir la mesa los cuatro?- una exuberante pelirroja vestida de mesera apareció de pronto frente a ellos, con una encantadora y seductora sonrisa, su mirada estaba enteramente posada sobre el pelinegro que se la devolvía con la misma intensidad.

-Claro preciosa, nos encantaría cenar juntos- la mujer se sonrojó ligeramente ante el caballeroso gesto del moreno, quien de pronto le besaba la mano sin despegar sus ojos de ella, claro que el acompañante de Tatsuha había quedado abandonado con una ligera expresión de molestia.

-Eh….pues bien….acomódense por favor- la muchacha tomó el abrigo de los dos nuevos integrantes de la mesa y se retiró aún sonrojada.

-No cambias, Tatsuha, ni siquiera frente a tu noviecito- el peliverde que acompañaba a Tatsuha salió de su letargo y dirigió su azul mirada al escritor.

-Eiri-san, que gusto verle de nuevo, la vez pasado no pudimos presentarnos como es debido- el genio había estado callado en todo el rato, estudiando los movimientos de todos, tratando de comprender todo pero sin lograrlo por completo, vaya que esa época era distinta a su antiguo hogar.

-Mi hermano parecía entretenido en otras cosas ese día, Yuki Eiri- extendió su mano al peliverde quien la tomó con gusto.

-Sakuma Ryuichi, un gusto- fue entonces que los ojos violetas del genio de abrieron de par en par y prestó atención a los recién llegados, descubriendo al famoso cantante que había visto en la televisión y del que había quedado completamente prendado.

Con una gran sonrisa tomó la mano del vocalista y le miró con emoción, no sabiendo que decir, era la primera vez que se sentía entusiasmado de conocer a un humano.

-Sakuma-san, hola, mi nombre es Shindou Shuichi y me gusta mucho su estilo y como canta- Ryuichi dirigió su mirada al chico, sinceramente no se había percatado de su presencia antes, pero ahora que podía apreciar ese bonito rostro se arrepentía enormemente de no haberle prestado atención.

-Shindou Shuichi- el genio asintió emocionado, aún sin soltar la mano del otro, aún sintiendo como su corazón palpitaba más y más rápido.

-Vaya, veo que ya conseguiste uno nuevo hermanito, y debo admitir que está de lo mejor- el escritor solo le lanzó una mirada fulminante y siguió concentrado en su menú, no dejaría que aquella pequeña interrupción le arruinara el apetito.

-¿Así que te gusta como canta Ryu-chan?, parece que no tienes mal gusto pequeño- el genio casi ni prestó atención a lo que el moreno le decía, estaba aún emocionado por la presencia de Ryuichi en la mesa.

-¿Cuantos años tienes Shu-chan?- el peliverde le miraba intensamente, de pronto se sentía tan atraído a ese chiquillo, esa aura que emanaba le hacía sentirse tan a gusto, definitivamente tenía que saber más de él.

-Yo tengo veinte mi…..- la mano del escritor de repente estaba sobre la boca del pelirosa, el chico estuvo a punto de meter la pata.

-Tiene veinte años y vive conmigo, ¿cierto Shu-chan?- el genio le miró confundido pero decidió hacerle caso, después de todo él era su amo, Yuki le soltó y le dejó responder.

-Así es, Yuki y yo somos novios, ¿cierto Yuki?- la sonrisa en el rostro del genio se amplió mientras que la expresión en el rostro de su amo se transformó en una de incredulidad, pero antes de replicar Tatsuha le interrumpió.

-Vaya, pero si sólo unos días antes nos vimos y no estabas con este lindo pelirosa, tu no cambias en serio-

-Cállate Tatsuha, no te metas en donde no te llaman-

-¿Están listos para ordenar?- la misma mujer pelirroja de antes había llegado a la mesa, sin quitarle los ojos de encima al moreno sostenía una libreta en sus manos.

-¿Qué nos recomiendas preciosa?- el pelinegro dejó la carta a un lado y respondió la provocativa mirada de la chica.

-Les puedo recomendar como entrada nuestro delicioso paté de hígado de ave Maison, con tostadas de pan focaccia y hojas verdes al aceto balsámico acompañado de un Chardonnay ond de Cave. Cómo plato fuerte está la especialidad del chef Pato en dos cocciones, aromatizado con naranjas y cerezas acompañando de un Malbec Fabre Montmayou. Y tenemos una amplia variedad de postres aunque mi favorito no es otro que Crème brûlée con cornet de frutos rojos- tres de los integrantes de la mesa se mostraron complacidos con la recomendación, obedeciendo a su apetito y aceptando la sugerencia, mientras que el genio tan solo les miraba con una expresión de duda.

-Bien, yo tomaré tú consejo- Tatsuha le entregó la carta a la chica que asintió sonrojada mientras esperaba que los otros se decidieran.

-A mi también me sonó delicioso, yo quiero lo mismo na no da -

-¿Señor?- la pelirroja le habló al escritor quien tan solo asintió como dando a entender que estaba de acuerdo con la elección, ahora sólo faltaba Shuichi.

-¿Y para usted joven?- el genio se vio en una situación demasiado vergonzosa, la verdad no tenía ni la menor idea de que había significa aquella palabrería y no le hallaba ninguna relación con una comida deliciosa. Suspiró resignado, pasaría más ridículo si ordenaba otra cosa así que era mejor seguirles la corriente a sus acompañantes.

-Pues…yo…creo que…quiero lo mismo….por favor- la muchacha asintió complacida, hizo una pequeña reverencia y se retiró de la mesa.

-¿Ya habías venido antes a este restaurante Shu-chan?- el chico negó con la cabeza mientras miraba con pena a su amo, éste tenía plasmada una expresión de burla contra él.

-No, es la primera vez-

-La comida es deliciosa así que no te preocupes, ya verás que te gustará, ¿cierto my honey?- el peliverde de pronto tenía un conejo rosa entre sus brazos y cantaba una canción en murmullos.

-Tat-chan me trae mucho aquí, es delicioso todo lo que cocinan, a Kumagoro le gusta también na no da- Shuichi se acercó emocionado al conejo.

-Kuma-chan, pero que bonito eres- el cantante sonrió ampliamente y entre los "tres" empezaron una conversación algo ridícula, Yuki tan solo miró a otro lado sin prestar mucho atención vaya que ese niño era un personaje extraño.

-¿De dónde sacaste a esa ricura Eiri?-

-Eres un pervertido Tatsuha, sólo alguien como ese imbécil del conejo podría andar contigo-

-No es un imbécil, ha sido todo un maestro para mí, si supieras como se comporta en la cama no dirías eso. Por eso me gusta, es tan cambiante y enigmático, no podría haber conseguido a alguien mejor para compartir mi soledad-

-Ja, te has convertido en un poeta Tatsuha, lo que sucede es que eres tan imbécil como él-

-Piensa lo que quieras, aunque si me lo preguntas creo que ese nuevo juguete tuyo tiene las mismas facciones mi Ryuichi, se parecen muchísimo- el rubio miró a los otros dos, la verdad había notado el parecido pero ahora que les observaba con más detenimiento, eran casi idénticos, si tuvieran el mismo color de cabello y ojos pasarían por gemelos.

-Tal vez son dos hermanos perdidos y gracias a mi se han reencontrado, aunque no me has dicho de donde viene, eso nos podría ayudar a saberlo-

-No son hermanos perdidos, eso tenlo por seguro, y no pienso decirte como está ese mocoso conmigo ya tengo suficiente con sus pláticas estúpidas como para darte explicaciones a ti y luego Mika me llame para reclamarme de mis relaciones sin sentido. Se que eres un chismoso- el pelinegro se rió, le encantaba hacer enojar a su hermano.

-No es eso hermanito, lo único que quiero es proteger a tus amantes de la decepción que se llevaran cuando estés felizmente casado con ese bombón de Kyoto, la dulce Ayaka- el escritor entonces amplió una sonrisa en el rostro como burlándose de su hermano, claro que el moreno no se iba a quedar con la duda de lo que podría significar aquella expresión.

-¿Aceptaste al final el compromiso?, vaya que estás más loco que nunca Eiri-

-No seas idiota, claro que no acepte el compromiso con esa chiquilla mimada, y parece que tú no has enterado de un pequeño cambio que tuvo lugar recientemente-

-¿Un cambio?- la pelirroja mesera entonces interrumpió su plática, llegando con sus entradas y el vino, cosa que Yuki agradeció enormemente al estarse muriendo del hambre. Por un momento la conversación quedo en el olvido cuando el escritor empezó a degustar el delicioso paté.

Shuichi miró su plato con algo de desconfianza para luego decidirse a darle una oportunidad, no podría ser tan malo. Pero cuando iba a tomar un cubierto, se presento otro pequeño problema. ¿Por qué demonios había tantos?, miró a sus acompañantes y trató de deducir cual estaban usando, pero eran todos tan parecidos que no tenía la menor idea.

Ryuichi comía con gusto mientras Kumagoro descansaba a su lado en la mesa, el cantante era la persona más cercana a él y la verdad no quería molestar a Yuki con sus preguntas de nuevo, así que optó por su única opción.

-Sakuma-san- el peliverde dejo su comida y volteó a verle.

-No me llames así Shu-chan, dime Ryuichi o Ryu-chan-

-Bien, Ryu-chan, lamento molestarte pero ¿por qué tengo tantos cubiertos?-

-Ohh, pues este lugar es muy elegante y por eso ponen tantos, pero no preocupes, empieza de afuera hacia adentro y toma este para poder comer lo que nos acaban de traer na no da- el pelirosa suspiró aliviado y recibió el tenedor que ofrecido para empezar a comer de su plato, quedando totalmente prendado del delicioso sabor de aquella comida.

-Mmmm, esto está muy bueno- el cantante asintió sonriente y siguió disfrutando, definitivamente había sido una buena idea el acompañar a su novio a cenar, ese chico pelirosa era encantador.

-Termina lo que contabas, quiero saber de que cambio hablas- el escritor dejó su plato limpió y volvió a hablar con su hermano, era algo bastante alentador poder presumir tus logros o satisfacciones y para Yuki lo era más cuando lo compartía con su hermano menor.

-Hubo un cambio, padre me llamó hoy por la mañana y me dijo que el compromiso con Usami ha terminado, Usami-sama estaba molesto por mi actitud de rebelde y despreocupado- el moreno dejó su comida de lado, vaya que esa era una noticia que no esperaba escuchar, especialmente porque sabía el carácter del padre de Ayaka y estaba seguro que ese hombre haría todo lo que su hija pidiera, cosa que incluía a Eiri en un altar con la consentida castaña.

-Guau, eso si es extraño, sabes que Ayaka es una chica muy consentida, creo que en parte la decisión de su compromiso fue por esa obsesión que tiene contigo-

-Quien sabe Tatsuha, sólo te puedo decir que está mañana me sentí muy bien al escuchar las noticias, al fin soy libre de esa niña malcriada y su odioso padre-

-De cualquier forma no te habrías casado con ella, eso está claro, aunque debo admitir que debe ser un gran alivio el no tener que lidiar con padre o con Mika- el moreno terminó su copa de vino y se recostó cómodamente en la silla, vaya que la noticia le había dado una gran sorpresa.

-¿Le has visto últimamente?- Tatsuha se mostró confuso.

-A Ayaka, supe que tenía planeado venir a fastidiarme la vida-

-Pues no lo sé, desde que vine a Tokio a estudiar no he tenido contacto con el templo o con los Usami, y créeme que aprecio mucho no tener que hacerlo-

-Por cierto, mañana tienes una invitación de parte de Tohma y Mika, me dijeron que te avisara ya sabes como son-

-Como que me importara, no creo que pueda ir tengo cosas que hacer con el mocoso- la expresión del moreno cambió a una pícara, el escritor se la devolvió con una venita saltando de su sien.

-No digas nada, imagino que es lo que está pasando por tu cabeza y eso no tiene nada que ver con lo que haré con ese chiquillo-

-Claro, claro, como tú digas, y que quede claro que yo tampoco haré nada con Ryuichi-

-No puedo creer que andes de novio con ese loco, es mayor que tú por mucho y actúa como un crío, deberías llevarlo con el psiquiatra no salir con él-

-Pues sabes que no me importa nada de lo que dices, primero porque en el amor no existe la edad y segundo porque mi relación con él es mucho más seria de lo que te puedes imaginar-

-No tengo ganas de discutir más sobre esto, ahí viene la mesera con la comida-

Disfrutaron de la cena sin más conversaciones innecesarias, sólo uno que otro comentario de parte del cantante o el genio además de la demostración de las diferentes identidades que habitaban en el cuerpo de Sakuma Ryuichi.

Casi dos horas después estaban las dos parejas en el parqueo del restaurante, despidiéndose.

-Ha sido un placer cenar con ustedes na no da, espero que podamos vernos de nuevo Shu-chan- el pelirosa asintió complacido mientras veía como la pareja se subía a su automóvil.

-Adiós cuñadito, nos veremos luego, mantén entretenido a mi hermano lo bastante como para poder conocerte mejor- el moreno le guiñó el ojo de forma seductora, ambos se subieron al auto y el hiperactivo cantante sacó la mano por la ventana, blandiéndola emocionado hasta que se perdieron de vista.

-Tu hermano es muy extraño también, amo-

-No me digas amo enfrente de los demás-

-Lo siento, pero es cierto que tu hermano es hasta más extraño que tú-

-Mira quien lo dice, será mejor que nos vallamos, no me gusta estar en lugares públicos- el rubio no esperó respuesta, jaló al genio de un brazo hasta estar frente lujoso mercedes negro.

-¿A donde vamos ahora amo?-

-A casa- la cara de decepción del genio le llamó la atención, parecía como que el chico esperaba algo más esa noche y sinceramente no le gustaba ver esa carita tan triste, aunque claro nunca lo admitiría.

-¿Querías ir a otro lado?-

-Pues no conozco otro lado, pero me hubiera gustado que fuéramos a dar una vuelta por ahí para que pudiera conocer mejor tu mundo- el genio caminó hasta el auto y espero que el rubio llegara a su lado.

-No hay nada interesante que conocer, todo aquí es muy aburrido, especialmente la ciudad, todo es igual-

-No importa, yo quiero saber todo de ti y eso incluye el mundo donde vives, siempre ayuda saber más acerca de tu cultura-

-Eres irritante, súbete al auto- el pelirosa asintió aún cabizbajo, cosa que removió la conciencia del escritor, quien suspiró resignado y se odio a si mismo por hacer lo que iba a hacer.

-Creo que podríamos ir a dar una vuelta por ahí-Shuichi se emocionó tanto que se abrazó de piernas y brazos a su amo.

-¡Eres genial amo, por eso te quiero tanto!- la reacción impresionó algo a Yuki, quien cerró los ojos molesto y dejó salir una simple palabra.

-Bájate- no gritó ni mínimamente, pero el genio al instante obedeció, claro que esto sorprendió bastante al escritor que tan solo le miró confundido.

-Perdóname, no lo vuelvo a hacer- Yuki no dijo más, pero era claro que su sorpresa era duradera, y es que nunca nadie le había obedecido tan rápido y sin decir nada. Recordó la de veces que Tatsuha le había molestado de alguna forma parecida y como tardó horas en poder deshacerse de su molestia o las tantas amantes que había tenido que eran muy molestas y necias. Ese genio parecía vivir para obedecer sus órdenes y eso le causaba una ligera molestia.

-Vamos, súbete al auto- el pelirosa lo hizo al instante y se encaminaron a su destino, una feria cercana que seguramente sería bastante divertida y entretenida para el pequeño genio.

Emprendieron camino y el chico comenzó de nuevo con sus expresiones de sorpresa y sus movimientos exagerados, y a los ojos del observador novelista esto era extraño porque no le había visto hacer ninguno de esos gestos cuando estuvieron en el restaurante. Posiblemente se debiera a que había más gente y el chico tal vez no estaba acostumbrado a tantas personas.

-¿Te gustan los humanos?- Shuichi se dejó caer en le sillón y miró a su amo confundido, como no entendiendo por completo a que se refería con aquella pregunta.

-¿Por qué me preguntas eso?

-Curiosidad, no parecías muy emocionado en el restaurante y mírate ahora pareces un niño pequeño.

-No es mi culpa, me gustan todas estas cosas nuevas que puedo ver, la última vez que desperté no había tantas luces o estás máquinas que tu llamas automóviles, es tan nueva esta experiencia-

-Entonces, ¿no te gustó nada del restaurante?-

-Oh claro que sí, el restaurante era muy bonito, la comida estuvo muy buena, también la compañía y hasta pude conocer a Sakuma-san-

-No te mostrabas muy entusiasta- ni siquiera el mismo sabía porque insistía en el tema, tal vez por el simple hecho de que esa faceta extravagante y extrovertida del genio le agradaba más de lo que desearía y no le agradaba la idea de que el chico estuviera triste. El escritor trato de despejarse, nunca antes alguien le había hecho perder el aliento con simples gestos y ese chiquillo venia a poner su mundo de cabeza en tan solo dos días.

-No me gustan mucho los humanos, a decir verdad- dejó de divagar y regresó su atención al chico, de inmediato esa confesión le había sorprendido y ahora no estaba seguro si quería preguntar lo siguiente.

-¿Por..qué?- las palabras salieron de su boca sin pedirle permiso, era una de las primeras veces que experimentaba ese hablar sin pensar.

-Porque son malos, y no lo digo solamente por los amos que he tenido, puedo darme cuenta de su naturaleza destructiva y su busca de un mundo mejor a veces les lleva a cometer atrocidades. Las peores cosas se hacen con las mejores intenciones, y los humanos aplican muy bien esa regla-

-Vaya, para ser un mocoso dices cosas muy profundas- Shuichi sonrió.

-Sólo no me gustan los humanos Yuki, aunque se que hay excepciones y que muchas personas son buenas de corazón y eso pero no me parece buena idea intentar socializar con todos, aunque contigo me da mucho gusto hacerlo-

-Eres extraño, eso es todo- de pronto el pelirosa se fijó en la enorme rueda de la fortuna que se alzaba a unos metros de ellos, seguramente de la feria, con sus hermosas luces de colores que formaban diferentes figuras que llamaron fuertemente la atención del genio, quien dejo su conversación de lado y señalo el enorme aparato.

-WAAAA, mira amo pero que bonita rueda, y tiene tantas cositas brillantes-

-Se llaman luces- Yuki le siguió la corriente, aunque estaba dispuesto a indagar más en el tema de los humanos, quería saber más acerca de las cosas que habiá vivido el chico en ese montón de años, sería interesante saber más acerca de las culturas perdidas.

-Luces, vaya, la hacen ver hermosa. ¿Podemos ir a verla de cerca amo?- Yuki no dijo nada, tan solo siguió su camino hacia la feria, iba ser interesante ver como el chico se emocionaba con todas las cosas que ahí se encontraban.

Llegaron al concurrido lugar y los ojos violetas se abrieron aún más al ver la entrada a la feria, también iluminada y adornada, con varios payasos recibiendo a los visitantes mientras hacían boberías.

-Mira amo, esos hombres son muy graciosos, ¿por qué tienen tantos colores en sus rostros?- el genio se había salido del auto y casi corría hasta acercarse a los payasos, claro que el escritor le detuvo a tiempo y lo arrastró para que le esperara mientras terminaba de asegurar su mercedes.

-No te alejes de mí mocoso, te podrías perder y con tu capacidad no será fácil encontrarte y no me quiero meter en líos- el chico obedeció y se quedo quietecito junto a su amo, impaciente por empezar a recorrer aquel lugar tan excitante.

-Listo, ahora sígueme y no te separes de mi- el genio casi no hizo caso a la advertencia de su amo, pero estuvo muy atento de perderle de vista porque la verdad a él tampoco le gustaría perderse.

-¿Podemos subirnos a esa enorme rueda que tiene esas luces?-

-Claro, si quieres-

-Eres genial amo, vamos entonces- pero justo cuando corrían hacia la rueda, una extraña carpa llamó la atención del rubio, quien detuvo su andar y arrastró al genio con él.

-¿Qué pasa amo?, dijiste que podríamos subirnos a la rueda-

-Luego iremos, ahora quiero ver algo- Shuichi frunció el seño molesto mientras miraba con tristeza como se alejaban de la hermosa rueda, ojalá pudieran subirse luego.

-¿Qué quieres ver aquí amo?- Yuki examinaba la carpa, encontrándose con esos extraños símbolos que había visto en la casa de la mujer que le entregó la caja donde estaba la lámpara de Shuichi.

-¿No te parecen conocidos esos símbolos?- la violeta mirada se posó sobre la extraña carpa, sorprendiéndose al observar los mencionados símbolos.

-No estoy seguro, pero me da la impresión que los he visto en algún lado aunque…-

-Los has olvidado- de pronto una blanca mano se posó en el hombro del genio, haciéndole sobresaltarse y que volteara con extrañeza. Sus habilidades como el poderoso genio de la lámpara le daban sentidos sobre desarrollados, dándole magnificas habilidades como detectar presencias a pesar de estar muy lejos, habilidades que funcionaban con todos menos con sus amos. Pero esa persona que le había tocado no era su amo y aún así no pudo percibir su presencia.

-¿Quién eres tú?- la mujer sonrió complacida mientras señalaba la carpa que había llamado la atención del escritor.

-¿Por qué no pasan y así te podré decir más acerca de mi?- a pesar de la extraña sensación que causaba la dama en él, una pequeña voz en su interior le gritaba que fuera con ella, que en algo ayudaría el acompañarla.

-¿Amo?- el escritor no cabía en si de la sorpresa, esa mujer era la misma que le había entregado la caja con la lámpara y a Shuichi.

-Vamos- le jaló rumbo a la carpa, la mujer ya les esperaba en la entrada, con la misma sonrisa enigmática y esa mirada que pretendía no significar nada.

-No teman, les prometo que esta visita valdrá la pena- les cedió el paso al interior mientras entraba detrás, dentro de la carpa estaba casi oscuro solamente una pequeña vela iluminaba una mesa sobre la que estaba la misma bola de cristal que Yuki había visto el día en que le conoció.

-¿Por qué no toman asiento?- dos extrañas butacas estaban frente a la mesa, la mujer ya se encontraba detrás de la bola, contemplando la oscura profundidad que se reflejaba.

-¿Quién eres tú?- la mujer sonrió mientras tomaba la mano del pelirosa entre las suyas.

-Se que no me recuerdas Shindou Shuichi, pero hace mucho tiempo yo te cuidaba, es más, cuidé de ti hasta que te encerraron en esa horrible lámpara-

-¿Sabes de la lámpara?-

-He sido yo quien le dio la lámpara a tu nuevo amo, el aclamado Yuki Eiri- soltó al pelirosa y volvió su atención a la bola, Yuki le miró con el seño fruncido, si juzgaba sólo su belleza le parecería una potencial candidata para amante. Esa mujer era hermosa, con el cabello rubio y los ojos azules a contraste con su blanca piel, tenía una belleza bastante enigmática de aquellas que te encantaría descubrir.

-No me has dicho tu nombre- el escritor no se dejaría asustar de nuevo por ella, la primera vez le pudo haber funcionado pero ahora no estaba dispuesto a escucharle decir toda esa sarta de incoherencias acerca de él, creyendo conocerlo mejor que nadie.

-¿Quieres saber mi nombre entonces?- Yuki mostró su molestia con la expresión de su rostro, si había hecho aquel comentario era porque quería saberlo.

-Ni siquiera intentaré contestar esa pregunta- la mujer sonrió, complacida de ver aquella actitud evasiva y poco amable, definitivamente era todo lo que esperaba que fuera y eso podía ser muy malo o muy bueno.

-Me llaman África y me pueden llamar así si lo desean, la verdad hace mucho tiempo me llamaban de otra forma pero ya no es conveniente tener ese nombre, hay secretos que deben permanecer en silencio- el pelirosa le miraba confundido, aún sin recordar a la dama y mucho menos el nombre por el cual solía llamarla.

-¿Y cómo te llamaban?- la mujer se acercó con su curvilínea figura contoneándose, hasta estar de rodillas frente al genio.

-Freya- el rubio analizó las palabras de la rubia, no era experto en mitología pero estaba seguro que había una diosa nórdica que se llamaba así, una diosa que tenia que ver con el amor y esas cosas.

-¿Por qué te llamaban así?- una de sus finas manos se posó sobre una mejilla del pelirosa, acariciándola y haciéndolo sentirse bastante bien.

-Ese era mi nombre en aquel tiempo, el nombre que mis padres escogieron para mi, tu decías que iba bien conmigo, después me nombraste tu diosa personal del amor y todos me conocían como tal - el rubio entonces analizó algo bastante curioso, algo a lo que no le había puesto cuidado pero que ahora le parecía tan importante.

-¿Entonces ustedes sabían de mitología hace veinte mil años?, eso es imposible porque en ese tiempo los hombres vivían en cavernas- y hasta ese momento su mente ataba cabos, ¿como podría ser el recuerdo del genio cierto si en ese tiempo ni siquiera sabían que significaba la palabra "libro" o tal vez ni existían?

-¿Qué quieres decir con eso Yuki?- el pelirosa dejó de prestar atención a la mujer, posando su hermosa mirada sobre su amo, las palabras de éste le habían dejado sorprendido.

-Definitivamente algo está mal aquí, primero no hay personas que vivan tanto como para que esta farsante estuviera viva antes de que te convirtieras en genio y segundo es imposible que hayas vívido en un mundo como el que describes hace veinte mil años porque estaban en la prehistoria o la edad de piedra- el escritor se levantó de su asiento y se dispuso a salir de ahí, tomando al genio del brazo, claro que su extraña acompañante se los impidió.

-Si me dejas puedo explicarte todos y cada uno de los detalles de nuestro mundo, el porque de nuestra tan avanzada cultura y también puedo ayudar a Shuichi a descubrir más de su pasado- el genio no podía apartar su mirada de la hermosa dama, definitivamente le parecía bastante familiar.

Yuki por su parte estaba confundido, no sabía si seguir escuchando todas aquellas cosas o largarse de una vez por todas y subir al baka a la rueda de la fortuna. Sus razonamientos eran lógicos, de seguro el genio estaba equivocado luego de vagar sólo en esa lámpara y ahora se creía más viejo de lo que en realidad era. Esa mujer tal vez quería alejarles, quedarse con Shuichi pare recibir sus propios deseos, pero de ser así, ¿por qué le había dado la lámpara?

Todo era muy extraño y no tenía sentido, no quería seguir en esa carpa y el aura que emanaba aquella hermosa mujer le empezaba a molestar, como si fuera un repelente contra él. Jaló con más fuerza el brazo del pelirosa, dispuesta a olvidarse de todo aquello y seguir con su vida, con el genio a su lado cumpliendo sus deseos.

-No temas Yuki Eiri, no es mi intención hacerte daño, sólo quiero ayudarles a ambos a recordar su pasado- una nívea mano se poso sobre el brazo del escritor, haciéndole escuchar una frase que no tenía ningún sentido para él.

"No llores más mi querida Freiya, deja de derramar ese oro rojo de tus hermosos ojos"

No esperó nada más, se soltó de forma grosera del agarre y salió corriendo de la carpa, llevándose al pelirosa con él, aunque el chico tuviera esa expresión desconcertada lo mejor era irse y despejar la mente.

África les miró, con su hermosas pupilas azules expresaba la pena que le causaba aquella tan inesperada reacción. Se llevó una mano al rostro, eso iba ser más difícil de lo que pensó.

-Te lo dije, ese hombre está perdido, no comprendo porque sigues insistiendo- un apuesto caballero había aparecido de pronto a su lado.

-No tengo opción, no quiero ver a Shuichi perdido para siempre, Yuki Eiri vivirá en el abandono si eso llega a suceder-

-Tú no cambias, definitivamente eres la misma siempre- ella sonrió.

-El tiempo se acaba, aunque él pareció recordar algo-

-Tal vez no está tan perdido entonces, sólo hay que trabajarlo un poco-

-Haré lo que pueda para convencerle, por algo me llaman la diosa del amor y la guerra, no me doy por vencida-

-Bueno Freiya, al menos debo admitir que no hay nadie mejor para el trabajo-

-¿Te sientes bien amo?- el rubio asintió perturbado, esa especie de visión le había sacado de balance, esa hermosa cara cubierta por lágrimas de sangre o lo que fueran.

-Subamos a la rueda, eso me despejará- Shuichi asintió, no sabía que pensar y algo le decía que esa extraña mujer era importante, que le ayudaría, algo le decía que debía confiar en ella.

Llegaron frente a la enorme rueda, los hechos con la adivina habían quedado de lado por un instante y ahora sus mentes estaban concentradas en la grata compañía y el relajante paseo en la gigante estructura.

No había mucha gente, por lo que subieron sin ningún inconveniente, sentados frente a frente en la cabina. Shuichi miraba con emoción todo a su alrededor y señalaba cada cosa que le llamaba la atención.

-Gracias por traerme aquí amo, este paseo ha sido muy bonito-

-Dijiste que querías conocer mi cultura, creo que éste es un buen inicio- el pelirosa asintió sonriente mientras regresaba su vista al hermoso paisaje de la ciudad, aunque de reojo prestara atención a las reacciones del rubio, quien en ese momento tan solo observaba el paisaje pensativo.

-Te quiero mucho amo- Yuki no dijo nada, atrajo el menudo cuerpo del genio hacía si, quedando éste sentado sobre sus piernas.

-Extraño mocoso, te ves muy tierno cuando haces esos gestos- y sin esperar ninguna respuesta, le beso, dejándose envolver por ese delicioso y atrayente aroma, tan incitador. Pero aunque no quisiera admitirlo, también dejando que su corazón sintiera esa tibieza tan característica del estar enamorado…