Amanecía, nuevamente el sol salía en el horizonte anunciando el inicio de un nuevo y excitante día. Claro, su perspectiva de la vida había cambiado, ya no era molesto recibir los cálidos rayos sobre su cara.
-Te ves muy lindo cuando duermes, amo- la conocida vocecita del chico lo trajo de regreso a la realidad, esa misma vocecita que escuchaba cada mañana desde hacía más de dos meses y que, extrañamente, le hacía sentir muy bien.
Abrió los ojos con pereza y se encontró con la animada expresión del chico de cabellos rosas, por lo visto se había pasado toda lo noche viéndole dormir. Claro, después de esas maravillosas semanas a su lado, ya estaba más que acostumbrado a empezar los días de esa manera.
-Te he dicho miles de veces que no me vigiles cuando duermo- un ligero sonrojo apareció en las mejillas del genio, quién al instante volteó la mirada a otro punto de la habitación.
-Lo siento amo, no era mi intención incomodarte, es solo que me gusta mucho verte dormir y me gustaría mucho saber que sueñas y como….-
-No empieces- el escritor se sentó en la cama para luego observar la hora, bufó al percatarse que ya era muy tarde.
-¿Quieres que te prepare el desayuno?- el chico lo contemplaba emocionado, desde que vivía con el apuesto escritor, se esforzaba por hacerlo sentir lo más cómodo posible.
-No, creo que hoy me apetece salir a comer, ¿qué dices?- el pelirosa sonrió emocionado y en menos de dos segundo estaba a horcajadas sobre las piernas del escritor.
-Me encantaría salir contigo a desayunar, eso sería genial amo- el observó el sonrojado semblante del genio, cada vez que se emocionaba ese lindo sonrojo aparecía en su infantil rostro. No admitiría nunca que esa expresión era adorable y por supuesto, no admitiría que le excitaba sobre manera hasta el punto de querer comérselo a besos.
Sonrió seductoramente, cosa que causó un sonrojo aún más pronunciado. El pelirosa quiso alejarse para que pudieran ponerse en marcha, pero el escritor lo detuvo a tiempo, fundiéndose en un beso demandante.
-¿No iremos a comer?- el chico se separó ligeramente de su amo para pronunciar aquellas palabras, él en serio quería salir a comer con el rubio y sabía que ideas pervertidas debían estar pasando por su cabeza en ese momento.
-Después- Yuki tomó las caderas del chico y lo acercó más, una prominente erección fue todo lo que pudo sentir el genio, una erección que golpeaba contra su trasero y que lo estaba excitando a él también.
-¿Te gusta cierto?- el chiquillo expuso su cuello al avorazado escritor, quién lo besó con ganas. Shuichi dejaba escapar gemidos excitantes mientras se frotaba, sin proponérselo, sobre la erección del otro.
-Amo…- el rubio sonrió con superioridad, ese lindo genio estaba a sus pies y estaba seguro que haría lo que fuera para mantenerlo feliz, y eso incluía una sesión de sexo matutino cuando se le antojara.
-Dime que me deseas- Yuki seguía besando el moreno cuello mientras los brazos del genio estaban aferrados a su cuello y miraba hacia el techo.
-Te deseo amo- no faltó más para encender por completo al escritor, en ese momento recostó al chico sobre la cama y empezó a desvestirlo. El genio gemía bajito, aún le era difícil acostumbrarse a todas las extraordinarias sensaciones que el rubio le hacía sentir.
-Pídemelo, ruégamelo, implora para que te haga mío- el pelirosa sonrió.
-Yo soy todo tuyo mi amo- la rubia cabeza se perdió entre los muslos del genio, quién ya se encontraba desnudo.
-Ahhh…amo…- las morenas manos del chico se aferraron a las hebras doradas mientras sentía como su miembro era devorado por la experta y húmeda cavidad, que era la boca de su amo.
Entre gemidos de placer y movimientos excitantes, el genio, se vino en la boca del escritor. Un fuerte grito resonó en la habitación, definitivamente Yuki era un excelente amante.
-Ahora me toca a mí- el genio asintió y abrió aún más las piernas, su entrada fue admirada por la gatuna mirada del escritor. Se llevó una mano a la boca, lamiendo sus dedos con intensidad, sabía que a su amo le gustaban las cosas perfectas y con respecto al sexo era muy exigente.
El rubio comprendió lo que haría su pelirosa y tan solo sonrió mientras empezaba a quitarse la ropa. Shuichi seguía con la tarea de preparación, solo que ahora dos de sus dedos se encontraban ensanchando su entrada. El escritor lanzó sus pantalones a un lado y se sentó en la cama, no faltó más para el genio comprendiera lo que quería. Sacó sus dedos del apretado pasaje y se colocó a horcajadas sobre él, sus rodillas apoyadas contra el colchón y su cadera rozando el imponente miembro.
-Hazlo como me gusta- el rubio lo jaló para fundirse en un demandante beso, uno de los mejores que habían compartido hasta el momento. El chico de cabellos rosas gimió cuando el hinchado miembro rozó su entrada.
-Yuki…hazlo ya…- el escritor sonrió mientras jugaba con sus labios, besándolos y mordiéndolos con deseo.
-¿Qué quieres que haga?- otro gemido se escapó de la boquita del pelirosa.
-No juegues…por favor…solo hazlo…-
-Quién iba a decirlo, eres un pervertido de primera- las mirada del genio cambió entonces, se aferró con más fuerza al cuello del rubio y de un movimiento atrapó el miembro de éste entre sus glúteos. El escritor se sorprendió ante esta acción, pero luego sonrió divertido, ese niño siempre lo sorprendía.
-Ahora si todo está bien- la ambarina mirada se mostró extrañada, y es que las hermosas amatista de su genio tenían un brillo extraño que nunca antes había observado. Sus pensamientos fueron interrumpidos al sentir como su pene era absorbido por la hambrienta cavidad del pelirosa, quien en ese momento dejó caer su cabeza hacia atrás.
Yuki dejó de pensar, lo mejor sería disfrutar de la inhibida faceta que le mostraba el pelirosa. El genio gimió alto al sentir toda la extensión dentro de él, su corazón latía a mil por hora y sus manos se aferraban con mucha fuerza a los hombros del rubio. Sin saber el porque, una aura rosa les cubrió a ambos, una aura que recordaba haber visto el día en que el chico le cumplió el primer deseo.
La voz del genio se dejó escuchar, entonaba una canción que el escritor recordaba haber escuchado en algún lugar.
Watching every motion in my foolish lover's game
On this endless ocean finally lovers know no shame
Turning and returning to some secret place inside
Watching in slow motion as you turn around and say
Take my breath away
Take my breath away
Mirando cada movimiento
En mi absurdo juego de amor
En este interminable océano
Finalmente los amantes
no conocen la vergüenza
Entrando y retornando
A algún escondite
Mirando en cámara lenta
Como tú te das vuelta y dices
Quítame la respiración
Quítame la respiración
Su miembro chocaba contra lo más hondo de ese calido pasaje, mientras experimentaba un placer más allá de lo que nunca antes hubiese sentido. Se aferró a la cintura del genio, ayudándole con las embestidas, la hermosa voz del chico lo estaba elevando más allá de los límites y se sentía muy bien.
Watching I keep waiting still anticipating love
Never hesitating to become the fated ones
Turning and returning to some secret place to hide
Watching in slow motion as you turn to me and say
My love, take my breath away
Take my breath away
Mirando quedo esperando
Aún anticipando amor
Nunca dudando
Para convertirnos
en los predestinados
Entrando y retornando
A algún escondite
Mirando en cámara lenta
Como tu volteas y me dices
Mi amor, quítame la respiración
Quítame la respiración
Aún no podía contemplar el bonito rostro del pelirosa y eso lo estaba volviendo loco. Su corazón amenazaba con salirse de su pecho y aún no comprendía porque se sentía de aquella manera, hasta parecía como si hubiera estada en aquel mismo lugar y haciendo lo mismo hace mucho tiempo. Tener al genio entre sus brazos le traía recuerdos que no existían ¿o solo estaban olvidados?
Tomó la rosada cabeza entre sus manos, la boca del chico se movía al pronunciar la letra de aquella canción tan conocida. Los ojos violetas se mostraban decididos y hasta más maduros, no parecía la misma persona con la que estaba momentos atrás. Shuichi sonrió ante la expresión confusa y a la vez de placer que mostraba Yuki, sin embargo no dejo que dijera nada y siguió con el delicioso vaivén de caderas.
Through the hourglass I saw you, in time you slipped away
When the mirror crashed I called you, and turned to hear you say
If only for today I am unafraid
Take my breath away
Take my breath away
A través del reloj de arena te ví
Al tiempo que te marchaste
Cuando el espejo se
rompió yo te llamé
Y giré para escucharte decir
Si solo por hoy
No tengo miedo
Quítame la respiración
Quítame la respiración
Sentía cerca el placer extremo, sabía que dentro de poco llegaría a la cúspide de su acto y por alguna razón no quería que eso sucediera todavía. La mirada del pelirosa ahora estaba posada sobre él y eso lo hacía sentir mejor que nunca, definitivamente ese hiperactivo personaje le había hecho cambiar demasiado.
Shuichi se aferraba cada vez con más fuerza al cuerpo del escritor, la canción que entonaba salía directamente de su corazón y ni él comprendía porque de pronto había sentido el deseo de cantarla. Aunque debía admitir que definitivamente ese rubio de mirada gatuna le quitaba el aliento, le arrebata la respiración y se apoderaba de su ser. ¿Acaso aquello era amor?
El escritor observó la sonrisa que de pronto se había formado en la faz de su genio, como si estuviera feliz por algo dentro de aquel acto placentero. Y por alguna extraña razón él quiso imitar el gesto de felicidad, quería expresarse por medio de una sonrisa a su adorado y ¿amado? Genio.
Watching every motion in this foolish lover's game
Haunted by the notion somewhere there's a love in flames
Turning and returning to some secret place inside
Watching in slow motion as you turn to me and say
Take my breath away
My love, take my breath away
Mirando cada movimiento
En este absurdo juego de amantes
Perseguido por la noción de que
En algún lugar hay
un amor en llamas
Entrando y retornando
A algún escondite adentro
Mirando en cámara lenta
Como das vuelta
mi camino y dices
Quítame la respiración
Mi amor, quítame la respiración
Se fundieron en un demandante beso y esperaron bajar de aquella montaña rusa de placer, el punto más alto había sido alcanzado y ahora se sentían conectados. Un gemido roncó escapó de la boca del rubio al separarse, aún sentía la descarga de placer, una descarga que permanecía y que no quería que se fuera. La cálida esencia del chico de cabellos rosas resbalaba por su abdomen, haciéndole sentir mejor que nunca.
El aura rosa desapareció casi por completo y Shuichi se abrazó al pecho de su amo, las respiraciones de ambos eran agitadas. Sus pensamientos eran confusos y ambos se preguntaban como era que aquel furtivo encuentro se había transformado en algo tan intenso. El rubio sacó su, ahora relajado, miembro del interior del genio, ya después pensarían en lo que acababa de suceder.
-Ahora si tengo hambre- Shuichi le sonrió, su expresión infantil había regresado y eso aliviaba al rubio.
-Entonces nos bañamos y vamos a desayunar- sin esperar ninguna respuesta, el pelirosa, salió corriendo al baño.
-Su energía es inagotable- sin pensarlo más se levantó también de la cama y al hacerlo se arrepintió. Un cansancio desconocido le había llegado de repente, haciéndolo sostenerse de la mesita de noche mientras trataba de controlar aquel malestar. Después de un rato toda la energía regresó a su cuerpo y pudo caminar con libertad a la ducha, en donde, se vio al espejo analizando todo lo que había pasado.
"No llores más mi querida Freiya, deja de derramar ese oro rojo de tus hermosos ojos"
El rubio cerró los ojos con fuerza y pudo observar la imagen de una bella mujer de cabellos rubios que derramaba lágrimas de sangre. Se llevó una mano a la cabeza y trato de calmarse, esas palabras y la imagen no podían ser nada bueno.
-¿No vendrás conmigo amo?- el escritor movió su cabeza, tratando de alejar todos los malos pensamientos y ese punzante dolor de cabeza que de pronto le había venido. No quería asustar a su pelirosa pero algo le decía que las cosas se pondrían graves si no hacía algo para encontrar a esa mujer que lloraba, algo que lo alejaría del genio. Negó con la cabeza, no debía ser negativo, sabía que Shuichi nunca lo abandonaría. Él se quedaría a su lado hasta terminar con aquel jueguito de los deseos, al final sería un humano y vivirían juntos hasta el final de sus días.
-¿Amo?- el curioso pelirosa de pronto estaba a su lado, con una expresión de preocupación en su bonito rostro.
-¿Ya terminaste de bañarte?- el chico asintió con la cabeza sin dejar de mirar preocupado al rubio.
-¿Te pasa algo malo?, ¿te duele algo?-
-No, pero hoy me agotaste demasiado baka- una sonrisa de superioridad apareció en el semblante de Yuki, eso tranquilizó al genio por un instante.
-Iré a vestirme, ¿seguro que te sientes bien?-
-Saldré en un instante- el chico asintió y salió del baño, parecía que su amo necesitaba tiempo para estar a solas y el se lo concedería.
Claro que Yuki en ese momento no se sentía nada bien, las visiones de esa mujer habían empezado desde que la mujer de la lámpara les había hablado. No quería parecer supersticioso pero luego de tener a un genio con poderes mágicos como compañero, no había mucho que dudar.
Observó su reflejo una vez más, una parte de si le decía que lo mejor era ir a buscar a la misteriosa y hermosa dama para evitar algún desastre. No quería admitirlo pero se sentiría vacío si de pronto ese hiperactivo muchachito desapareciera de su vida, ¿sería eso amor?...
-Está muy cerca- una hermosa rubia observaba una bola de cristal frente a ella, en la superficie cristalina se podía observar al escritor mientras entraba a la ducha.
-Yo creo que está igual que al principio, no hay esperanza con ese hombre tan terco y testarudo- un apuesto muchacho se sentó a su lado, también observando la bola de cristal.
-Yo debo tener esperanzas, no puede permitir que Shuichi sea alejado de nosotros. Ellos no pueden salirse con la suya-
-Te comprendo preciosa, pero el tiempo se agota y tú sabes lo que pasará una vez que los veinte mil años se cumplan-
-No quieres escuchar y se niega a aceptar que está enamorado, es testarudo y desconfiado. Si su actitud no cambia nunca podremos llegarle al corazón y Shuichi terminará en lo más profundo de la oscuridad-
-Y entiendo que eso te devastaría-
-Shuichi es parte de nosotros, gracias a él aprendimos muchas cosas nuevas y a pesar de que era un humano siempre nos dio esperanzas-
-Entiendo, pero esta vez no depende de nosotros el salvarle- el hombre colocó una mano sobre el hombro de la chica, tratando de transmitirle confianza y esperanza.
-Lo sé, pero eso no quiere decir que siga intentando convencerlo. Él debe escuchar mis palabras para poder entender, se que en el fondo no quiere que Shuichi se vaya de su lado y estoy segura que si me escucha entenderá como evitar esa desgracia-
-Freiya, sabes que confío en tu juicio, todos nosotros lo hacemos. Pero no te esfuerces más de la cuenta, no es nuestra responsabilidad salvar al muchacho, solo estamos aquí para darle una mano- el muchacho abrazó a la hermosa rubia y se levantó, la fina voz de ella lo interrumpió a medio camino.
-Horus- el aludido volteó a verla.
-¿Qué pasa?-
-¿A qué parte sería enviado Shuichi si él no logra cumplir con su misión?- el hombre suspiró.
-No creo que quieres saber- ella se levantó de su asiento y caminó hasta estar al lado de él, su mirada mostraba determinación y el otro comprendió que no lo dejaría en paz hasta obtener una respuesta. Trató de eludirla pero le fue imposible salir, así que solo suspiró antes de contestar.
-Al mundo de las fantasías, quedará atrapado en una pesadillo por el resto de la eternidad- ella bajó la mirada y se dio la vuelta, sin siquiera mirar al otro le habló en un susurro.
-Entiendo, gracias- el hombre no dijo nada, sabía como se sentía ella en ese momento y que seguramente necesitaba su espació, así que salió sin decir nada más. Freiya volvió a su asiento bastante afectada.
-Debes hacerlo Yuki Eiri, no dejes que Shuichi quede atrapado en ese horrible lugar por favor- escondió su rostro entre las manos y empezó a sollozar.
Del otro lado de la puerta, Horus, escuchaba el llanto de la rubia.
-Parece que ha llegado mi momento de intentar algo, no me gusta verte triste hermosa Freiya- levantó su mirada al techo y desapareció.
-¿Ya te sientes mejor amo?- el rubio asintió sin ganas, el baño no había sido tan reparador como esperaba.
-Estoy bien, ya deja de hacer la misma pregunta una y otra vez que me provocas dolor de cabeza- el pelirosa al escuchar a su amo tan molesto tan solo bajo la cabeza y apretó sus puños contra las rodillas.
-Lo siento- al instante, el escritor se sintió terriblemente mal.
-Estoy bien baka, solo un poco cansado pero ya se me pasará- el chico asintió aún algo triste.
-Sabes, estaba pensando en mi siguiente deseo y creo que ya lo tengo decidido- sabía que eso alegraría al pelirosa, quién al instante saltó en su asiento y le miró alegre.
-¿En serio ya tienes un deseo para mí?- el rubio asintió.
-Pero antes iremos a desayunar, ya en el restaurante te diré que es lo que quiero-
-Bien, entonces apresúrate por favor- el rubio sonrió de lado, en verdad no le gustaba ver al chico triste.
