¡Holis!
Sí. Al fin les traigo el capítulo 2 de esta locura. Estoy "wow" por el recibimiento que tuvo la historia y la gran cantidad de pedidos de que la siguiera, así que...* redobles, por favor* Ha llegado el día de comenzar a ver como se la apañan estos dos para seguir adelante con su relación con los problemas que traerá su notoria diferencia de edad.
Primero que nada, quiero darles mis infinitos agradecimientos para TODAS las que apoyaron el OS en "La batalla de los OS", gracias a ustedes fue posible que ganara. Todavía no puedo creer ese hecho. Sigo sonriendo :3 En verda, miles, miles de gracias.
Segundo, a la beta más top y a la pequeña Mousse más genial del universo entero por siempre estar ahí, por ayudarme, aguantarme y no matarme. Por levantarme el ánimo cada vez que se me pasó por la cabeza dejar todo. Sfjaijfgdfiashfisa Me puse tierna, saben que las amo.
En tercer lugar, cierro la boca y las dejo disfrutar de este nuevo capítulo lleno de calor, dulzura y muchos colores, digo y muchas cosas intrigantes (?
¡QUE LO DISFRUTEN!
Capítulo beteado por Sool PATTINSON (¿Ahora sí, Be?)
Betas FFAD: www facebook com / groups / betasffaddiction
Los personajes pertenecen a nuestra
única e inigualable reyna,
Stephenie Meyer.
Todo lo demás aquí salio de mi
MUY fallada mente.
"La edad es sólo un número
cuando dos personas
se aman."
"¿Encuentro Casual?"
Capítulo 2
Decir que tenía miedo era poco. Sentía pánico de que aquello fuese parte de mi imaginación. Me negaba a abrir los ojos por el simple hecho de temer que él ya no estuviera frente a mí mirándome como si fuera lo más importante en su vida…
—Bella, abre tus ojos. —Escuché aquella acaramelada voz llamándome a pocos centímetros de mi boca, su fresco aliento chocando contra mí, sus brazos a los costados de mi cabeza sosteniendo su propio peso y sus pulgares acariciando mis mejillas. Estaba aquí, esto no fue un sueño y la mullida cama en la que me encontraba no era la mía.
Poco a poco permití a mis ojos abrirse y allí estaba su precioso rostro en todo su esplendor con la mirada brillando de manera especial… Sonriéndole, aparté cariñosamente algunos mechones de su cabello que se adherían a su frente por el sudor. Recibí a cambio una de sus famosas sonrisas torcidas y un corto beso en la comisura de mis labios.
—Por un momento creí que estabas inconsciente —bromeó moviéndose de arriba mío para recostarse sobre uno de sus costados a mi lado. Me giré para enfrentarlo. Sus manos se apoderaron de mi cintura atrayéndome hacia él. Descansé mi cabeza en su pecho y lo abracé con todas mis fuerzas. Se sentía tan perfecto estar así, como si hubiese encontrado mi lugar en el mundo.
—Tenía miedo de que nada fuese real —confesé avergonzada en un susurro.
—Eso sentí cuando desperté y ya no estabas conmigo —murmuró sobre mi cabello afianzando aún más su agarre.
—Lo siento.
—No tienes que disculparte, pequeña.
—Iba a quedarme, ¿sabes? —comenté—. Lo deseaba tanto… me arrepiento de haberme ido.
—Yo deseaba despertar a tu lado, pero está bien, preciosa. Comprendo tu actitud. Supongo que era nuestro destino que las cosas ocurrieran de esta manera, ¿huh? Tú malentendiendo todo, gritándome, pegándome…
Me separé de su pecho para mirar directamente a sus ojos.
—Yo no te golpeé —lo contradije divertida.
—Lo consideraste, no puedes negarlo. —Su sonrisa se ensanchó al ver mi expresión.
—Bueno, puede que solo lo pensé por un segundo.
Ambos rompimos a carcajadas.
—Amo tu risa. —Edward se tensó y dejó de reírse al percatarse que de sus labios había salido aquella palabra que hacía que mi corazón diese un vuelco y miles de mariposas revolotearan en mi interior. Me separé de su pecho para poder besarlo brevemente, él pareció relajarse y volvió a reclamar mi boca.
—Edward… —murmuré sobre sus labios.
—Dime, preciosa —pidió repartiendo besos desde mi mandíbula hasta mi cuello.
—¿Tom? —pregunté. De repente me sentí culpable, no me había acordado de él en las… dos horas y media anteriores. Me observó con ternura antes de capturar mis labios entre los suyos.
—Kate —se limitó a decir sin separarse de mí. Cualquier pensamiento coherente quedó en segundo plano cuando él se cernió sobre mí y comenzó a acariciar uno de mis costados. Deseaba seguir, en verdad quería dejarme llevar, aunque por más que lo anhelara no podía. Tenía que darle señales de vida a Charlie y había olvidado mi celular. No estaba segura de que se encontrara en casa, pero no iba a arriesgarme a un interrogatorio.
—Debo irme… —dije apesadumbrada separándome de él—. Mi padre debe preguntarse dónde estoy.
—Puedes quedarte si lo deseas… ya sabes, eso de recuperar el tiempo perdido… —expresó levantando las cejas sugestivamente. Reí, parecía tan joven bromeando de esa forma.
—No puedo, Edward… —Mi padre me mataría, aunque dudo que le importe demasiado y se acuerde de mí mientras está con Sue. Debía ir a casa por las dudas de que haya decidido acordarse de que tiene una hija…
—¿Te encuentras bien? —preguntó al ver mi cara decaer—. Si quieres hablar estoy aquí para escucharte.
¿Cuán dulce era?
—Estoy bien, es... complicado de explicar. Desde el sábado no lo he visto ni hemos hablado. No quiero tener que dar ningún tipo de explicación en caso de que esté en casa.
—Si te quedaras no tendrías que hacerlo. Puedes llamarlo y decirle que estarás con Alice o algo así. —Era una idea demasiado tentadora.
—Olvidé mi celular.
—Puedes llamar del mío. —Hizo una mueca—. Suena como si no quisieras quedarte.
Él tenía razón, parecía que para todas sus sugerencias encontraba una excusa.
—No malinterpretes mis respuestas. —Aclaré empujándolo de arriba mío para hacerlo sentarse. Me puse a horcajadas suyo sin importarme mi desnudez cuando la sábana cayó a nuestro alrededor. Tomé su cara entre mis manos obligándolo a mirarme—. Me encantaría quedarme, no hay nada que desee más, pero mañana tengo instituto, genio. Además, sabe que Alice está de viaje.
—Con qué facilidad olvido tu edad —comentó—. Es tan fácil estar contigo. Siento que te conozco hace años y te comportas como toda una mujer… ¿En realidad tienes diecisiete? —Besé su mandíbula repetidamente hasta llegar a su apetecible boca tomando con mis dientes su labio inferior. Edward gimió.
—Eso dicen…
—Siento que soy un jodido corrompedor.
—Sí, definitivamente lo eres. Has corrompido a una pura y virginal adolescente —bromeé al tiempo en que me apretaba más a él.
—¡Joder, Bella! No te irás jamás si continúas —dijo entre dientes cuando tomé sus manos y las llevé un poco más arriba de mis caderas balanceándome sobre él una y otra vez. El no-tan-pequeño Masen Jr. estaba cobrando vida.
—Seré rápida. Lo prometo. —Iba a replicar, sin embargo, lo callé atrapando su boca con la mía. Pareció vacilar por un momento, pero luego me devolvió el beso con voracidad. Gemí cuando una de sus manos se posó en mi pecho apretando ligeramente a la vez que pasaba su pulgar sobre mi pezón.
Arqueé mi cuello para darle mejor acceso a él cuando su boca abandonó la mía, comenzando a descender dejando a su lengua hacer contacto con mi piel cada tanto. La temperatura en la habitación comenzó a subir nuevamente de manera considerable. Una de mis manos se perdió entre nuestros cuerpos tomando firmemente su prominente erección haciendo movimientos ascendentes y descendentes ejerciendo la presión justa. Edward siseó.
—Te necesito —suplicó con voz ronca.
Se estiró hacia atrás y tomó un condón de su mesa de noche. Me lo tendió con una sonrisa. Lo abrí con precaución y se lo coloqué lentamente haciendo que gruñese de impaciencia.
—¿Quién es el impaciente ahora? —inquirí divertida recordando nuestra primera noche donde la ansiosa era yo.
—Bella… —advirtió. Volví a tomar su miembro con una de mis manos y con la otra me sostuve de su hombro mientras lo guiaba dentro de mí. Gemí de gozo al sentirlo por completo—. Se siente tan putamente bien, nena —gruñó en mi cuello cuando comencé a moverme sobre él.
Nuestras caderas chocaban de manera frenética. En cuanto las mías bajaban, las suyas iban a su encuentro colisionando placenteramente. Una de sus manos se perdió entre nuestros cuerpos y comenzó a acariciar en círculos aquella protuberancia que me llevaba hasta lo más alto.
—¡Edward! —grité en cuanto exploté a su alrededor haciéndolo prisionero.
Jadeó y nos giró para quedar sobre mí. Tenía frente a mí la imagen más caliente que alguna vez haya visto. Su cuerpo estaba cubierto de una ligera capa de sudor, la vena en su frente tensa y algunos mechones adheridos en ella. Su boca se encontraba entreabierta al igual que sus ojos. Embistió contra mí unas cuantas veces antes de que su cuerpo se tensara y apretara los dientes encontrando su liberación.
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A pesar de que mi casa se encontraba a menos de quince cuadras del hogar de Edward, y podía haber vuelto caminando tranquilamente, él insistió en llevarme alegando que era peligroso que anduviese sola por la noche. El corto trayecto lo hicimos en un cómodo silencio y tomados de la mano. Mirándonos y sonriendo de vez en cuando.
—Es allí —murmuré señalando la casa—. Bueno… —comencé cuando aparcó. ¿Qué debía hacer? ¿Qué se supone que éramos? Lo miré y él parecía estar debatiéndose algo. Nuestras miradas se cruzaron y en el reducido espacio del auto la temperatura comenzó a subir.
Llevó una de sus manos a mi mejilla y la acarició lentamente.
Depositó un tierno y corto beso en mi boca y se retiró. Salió del coche y se apresuró a abrir la puerta tal y como lo había hecho en nuestra primera noche.
—Te veo mañana —susurró cerca de mi rostro—. Creo que tenemos que aclarar algunas cosas…
Asentí imposibilitada de hablar. Su cercanía hacía que mi cabeza diera vueltas dejándome aturdida. Sus manos sujetando mi cintura no ayudaban a mejorar mi estado.
Se inclinó hacia mí y apoyó su cabeza en mi hombro atrayéndome más a su cuerpo y afianzando su agarre.
—Bella, mi pequeña Bella… —murmuró con voz suave en mi oído. Mi corazón comenzó a latir desbocadamente amenazando con salirse de mi pecho. Solo pude sonreír como una idiota y envolver con fuerza mis brazos a su alrededor—. Que tengas dulces sueños, preciosa.
Y sin más, de mala gana, me dirigí al interior de mi hogar.
Sentí el sonido de la televisión en la sala. Mi padre estaba en casa. Planeé pasar desapercibida, pero fallé en el intento.
—¿Isabella? —Oh, genial. Estaba enfadado.
Caminé arrastrando los pies hasta allí.
—Hola, papá. —Intenté que mi voz saliera lo más suave y despreocupada posible.
Silenció el partido que estaba viendo y se giró en el sofá hacia mi dirección.
—¿Dónde estabas? —inquirió frunciendo el ceño.
—Trabajando.
—Son casi las diez. Sueles estar aquí antes de las ocho.
Me encogí de hombros tratando de no rodar mis ojos. ¿Desde cuándo le importaba o se fijaba en lo que hacía?
—Tom tenía bastante trabajo…
—Podrías haber llamado.
¿En verdad estaba preocupado? ¿Sería posible que el antiguo Charlie estuviese de vuelta?
—Olvidé mi teléfono y perdí la noción del tiempo.
—¿Has venido andando sola?
—No, Edw… el señor Masen me ha traído.
Pareció relajarse un poco.
—Eso es amable de su parte.
Oh, Charlie, no te imaginas cuán amable puede ser… comenté internamente recordando lo sucedido horas atrás.
—Sí, supongo —contesté de forma desinteresada—. Oye, estoy agotada. Si no te importa me gustaría ir a dormir.
No era del todo mentira. Mi cuerpo estaba algo adolorido y mi mente completamente agotada por lo sucedido.
Asintió y volvió a ponerle atención a la televisión.
Me dirigí por las escaleras rumbo a mi habitación. Luego de tomar mis elementos de aseo fui rumbo al baño a darme una larga y relajante ducha.
Ya lista para dormir, regresé a mi cuarto. La pantalla de mi celular llamó mi atención desde la mesa de noche. Tenía un mensaje de un número que no conocía.
Que duermas bien, preciosa.
Desearía que estés conmigo y darte un beso
de las buenas noches.
¿Te apetece salir a cenar mañana?
Tuyo, Edward.
¿Mío? Eso me gustaba demasiado. Las mariposas en mi estómago se volvieron locas. Me tiré en la cama con una estúpida sonrisa y tecleé una respuesta.
Me han regañado por tu culpa, pero
no me importa. Valió la pena llegar tarde ;)
Me gustaría estar contigo y que me beses.
Una cena suena bien…
Que duermas bien.
Tuya, Bella.
Me mordí el labio mientras me debatía si mandar o no aquellas últimas palabras. Todo estaba yendo muy rápido. Tenía que admitir que Edward me gustaba, mucho, y que despertaba sentimientos desconocidos para mí. No quería perderlo.
Manteniendo mis ojos fuertemente cerrados presioné el botón Enviar
Dejé nuevamente el teléfono en la mesa y me dispuse a dormir. La última imagen que pasó por mi mente fueron unos preciosos ojos grises.
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La alarma sonó a su horario habitual. 6 am. Gruñí y la apagué.
Mi cuerpo estaba ligeramente adolorido y no deseaba moverse de la cama, mi mente quería seguir soñando con Edward y no empezar con la rutina.
A causa de las mini vacaciones de Alice, tenía que ir andando hasta el instituto y comenzar mi día más temprano para poder llegar con tiempo.
Se podría decir que era la típica "come libros". A pesar de los cambios que había tenido mi vida, seguía siendo la mejor en mi clase y detestaba llegar tarde. Él era así también, era un buen chico… mi mejor amigo. La incertidumbre de saber el porqué de su cambio aún permanecía en mí. Empujé al imbécil de Demetri al fondo de mi mente. Era parte de mi pasado, no quería saber más nada de él.
Sacudí mi cabeza y salí de la cama con una sonrisa al recordar el mensaje de Edward de la noche anterior. Tomé mi teléfono con la esperanza de que me hubiese escrito nuevamente y allí estaba esperando ser abierto un hermoso mensaje de buenos días.
Luego de responderle y que mis latidos se normalizaran, bajé a desayunar encontrándome con un malhumorado Charlie.
—Esta noche no volveré a casa —anunció.
—Está bien. —Como si fuese algo nuevo…
—¿Tienes planes para esta noche? —inquirió. Negué—. Es viernes por la noche…
¿A dónde quería llegar?
—Alice no está, no me gusta salir sola. —No iba a decirle que saldría con Edward, ni en sus sueños.
—Tal vez con algún chico… —insinuó. Sentí el rubor cubrir cada rincón de mi rostro, incluso mi cuello. Últimamente estaba más perceptivo, su inquisición la pasada noche era la prueba de ello. Ahora me daba cuenta de que él no creía que fue el señor Masen el que me había llevado a casa. Si tan solo supiera.
—No hay ningún chico, papá. —Mentí a medias. Él definitivamente no era un chico, en ningún sentido. Un silencio incómodo se extendió entre nosotros.
—Ya no hablamos como antes, Bells —comentó apesadumbrado luego de unos segundos.
—Lo sé —me limité a contestar. Debía admitir que extrañaba la facilidad con la que hablábamos antes. Estúpido Demetri. Estúpida yo. Estúpido mi padre por no haberme creído en un principio y dejarme seguir sufriendo…
—Me voy, Bells —anunció levantándose de la mesa—. Si tus planes cambian, házmelo saber. —Asentí—. Solo estoy tratando de ser un mejor padre…
Y con eso se fue, sin darme lugar a decir algo. Una ola de culpa me invadió y mis ojos se llenaron de lágrimas. Charlie estaba tan arrepentido como yo, y si quería acercarse, ¿quién era yo para impedirlo? La esperanza comenzó a crecer en mí reemplazando a la culpa y angustia. Por primera vez en mis casi dieciocho años de vida creía que la felicidad existía para mí.
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Llegué al instituto unos minutos antes de que comenzaran las clases y cuando menos me di cuenta estaba haciendo mi camino hacia la casa de Edward. Se podría decir que fue un día tranquilo hasta el corto, pero desagradable encuentro en la hora del almuerzo…
—Así que… —comenzó Angela con sus ojos similares a los míos brillando de curiosidad. La miré interrogante—. ¿Quién es él?
—¿Qué me perdí? —Era imposible que supiera, ¿no?
—¡Vamos, Bells! No vas a decirme que esa sonrisa que no abandonó tu cara durante toda la mañana no es por nada. Sé que hay alguien, dime quién es el afortunado. —La emoción en su voz me daba miedo.
Ella era, además de Alice, una de las mejores amigas que pudiese pedir. Te escuchaba hablar durante horas hasta que te desahogabas por completo, sin interrumpirte ni juzgarte, pero no iba a contarle sobre él antes que a la enana, ella me mataría.
—No hay nadie, Ang. —Me sentía mal al mentirle, pero de todas formas tampoco quería hablar sobre Edward cuando no tenía en claro qué éramos, ni lo que sentía por él. Agradecí internamente que Alice estuviese lejos—. Mi papá quiere "enmendar" sus acciones y parece realmente dispuesto a hacerlo. —Parece que las mentiras a medias se estaban haciendo un hábito en mí.
—¡Eso es genial, Bells! —exclamó abrazándome. Esa era otras de las cosas que me agradaban de ella, era una chica amable por naturaleza.
—Lo sé.
—Hola, Bella. —Una molesta y estridente voz saludó. Me contuve de rodar los ojos en cuanto se sentó frente a nosotras—. Estás feliz hoy… ¿ya lo supiste?
—Lauren… —advirtió Ang. ¿De qué me estaba perdiendo? Fruncí el ceño desconcertada mientras ambas se comunicaban con sus miradas. Mi amiga con una mueca de reprobación y la "molestia viviente" con una sonrisa de suficiencia.
—¿Qué es lo que pasa? —exigí.
—Demetri y Victoria han terminado y… al parecer tú fuiste el motivo.
—¿Qué? —pregunté atónita.
—Lo que has oído. Así que lograste meter tus garras de nuevo en el grandote, ¿eh? —La muy perra estaba disfrutando esto. Si no estuviese tan perdida en mis pensamientos intentando comprender de dónde había salido ese estúpido rumor, le hubiese arrancado una por una sus falsas pestañas. Angela pareció notar como poco a poco la ira comenzaba a bullir en mi interior y le dio un apretón a mi brazo.
—Conociendo a Bella, antes de volver a enredarse con ese imbécil saldría con el idiota de Newton, así que si no estás aquí para otra cosa que no sea molestar, te invito a retirarte. —Wow, nunca había oído a Ang así. La miré incrédula—. ¿Qué? —preguntó en cuanto "la molesta" dejó nuestra mesa enfadada—. Ella fue quien inició los rumores en cuanto escuchó de su ruptura. Estuvo toda la mañana encargándose de dispersarlo.
—Voy a matarla —gruñí—. Gracias por deshacerte de ella, Ang.
—Fue un placer. Entonces… —insinuó. Sabiendo lo que quería saber, suspiré y le conté una distorsionada versión de los hechos.
—No me afecta en nada la noticia. Ese idiota es parte de mi pasado y lo que haga o deje de hacer me da igual. Yo… conocí a alguien el pasado fin de semana.
—¡Lo sabía! —gritó—. ¿Lo conozco?
—Lo dudo. Solo nos vimos dos veces y esta noche tengo una cita con él. No sé a dónde van las cosas y no quiero adelantarme.
—Está bien, si quieres mantenerlo para ti misma lo comprendo.
—Gracias. —Le sonreí.
Mi enfado anteriormente olvidado había regresado junto con el recuerdo de lo sucedido después. En cada intervalo las personas que pasaban a mi alrededor miraban sin disimulo alguno y más de una vez escuché mi nombre acompañado de un "zorra". Maldita Lauren y sus idioteces. Sentía mi rostro rojo, ardiendo de enfado. Apresuré mi paso, sabía que en el instante en que estuviese con Tom sería capaz de olvidarme de todo, aunque en cuanto me fuera posiblemente la ira volvería. No estaba molesta con lo que los demás decían, nunca me importó, lo que me sacaba de quicio era la desfachatez de Lauren para inventar cosas sobre los demás. Estaba furiosa con ella y conmigo. Conmigo por haber sido tan estúpida de seguir los juegos de Demetri cuando una gran parte de mí sabía que no le importaba y ahora, demasiado tarde, me percataba de eso. La primera vez que me insultó y degradó como lo hizo tendría que haberlo dejado, decirle a mi padre… pero no. Era ingenua y creía que lo amaba. ¡Cuán equivocada estuve!
Cuando llegué al umbral de la casa Masen, la gran parte de mi mal humor se había esfumado y fue reemplazado por la ansiedad y anticipación. ¿Estaría Edward en casa? Una enorme sonrisa se extendió en mi rostro y mi corazón comenzó a golpetear fuertemente. Cuando estuve a punto de golpear la puerta, esta se abrió revelando a un alegre Emmett que estaba tan distraído despidiéndose de Edward, supuse, que no se dio cuenta de mi presencia y su enorme cuerpo colisionó conmigo haciéndome caer sobre mi trasero.
—¡Mierda! Lo siento —se apresuró a decir mientras me ayudaba a levantarme—. ¿Está bien….? —Me observó por un segundo confundido—. ¿Bella? ¿Qué haces tú aquí? —Dio la vuelta y miró a Edward que observaba entretenido nuestro intercambio e intentaba contener la risa, ¿qué era lo gracioso? Le fruncí el ceño—. ¿Qué hace ella en tu puerta, Masen? —inquirió sin soltar su protector agarre de mis brazos y afianzándolo aún más cuando intenté liberarme.
—¿Puedes soltarla? —exigió Edward arqueando una ceja en su dirección. Emmett lo hizo perdido en sus pensamientos. Pude sentir los engranajes girar en su cabeza hasta que algo en su interior hizo "clic" y supe que logró encajarlos.
—¿Ustedes…? —insinuó. Pasó una mano por su rostro frustrado—. Edward, dime que no le tocaste un pelo —gruñó entre dientes. Al ver que no contestaba, le dirigió una mirada llena de furia, pude ver sus manos cerrarse en puños y sus brazos tensarse. No pensaba pegarle, ¿verdad?
—Emmett, tranquilízate —pedí al verlo avanzar un paso poniéndome entre ambos.
—¿Qué te hizo, Bells? —preguntó preocupado. ¡Qué no me hizo! Dije en mi mente—. ¿Qué haces aquí?
—Yo… —No sabía que contestar. Y así fue como la tercera mentira a medias salió de mi boca—. Soy quien ayuda a Tom con sus deberes escolares.
Y ver a Edward, por supuesto.
—Así que se trataba de ti… —murmuró más para sí mismo confundiéndome aún más.
Recordé que Edward había mencionado el día anterior que Emm le había hablado de mí… ¿él también le había mencionado a la chica que ayudaba a su hijo?
Para mi sorpresa, el grandote comenzó a reír de manera descontrolada. Pobre… ha perdido la razón, pensé.
—Eres un jodido abusador, Masen. —Logró vocalizar entre carcajadas—. Si no hubiese estado por semanas escuchándote hablar con verdadero aprecio de ella, probablemente estarías muerto.
Sí, tal y como había pensado. Edward me tomó de la cintura acercándome a él y depositando un tierno beso en mi mejilla. Suspiré relajándome y apoyándome en su pecho.
—Okay… yo… tengo que irme. —Wow nunca imaginé ver a Emmett incómodo—. Tendremos una larga charla, Masen… cuídala —añadió recomponiéndose antes de dar la vuelta y marcharse.
—Es la primera vez que lo veo incomodarse —murmuró Edward en mi oído cuando vimos el coche de Emm desaparecer al doblar a la esquina. Asentí—. Creo que no te he saludado correctamente —susurró seductoramente al tiempo en que me hacía girar en sus brazos para enfrentarlo. Sus grisáceos ojos se clavaron en los míos robándome el aliento—. Hola —dijo un segundo antes de estrellar sus labios contra los míos en un cálido y dulce beso haciéndome olvidar de todo.
—Hola. —Pude vocalizar cuando recuperé el aliento. Esbozó una de sus típicas sonrisas que te dejaban con la lengua colgando fuera de tu boca.
Ingresamos a la casa con nuestras manos unidas y radiantes sonrisas adornando nuestros rostros. En cuanto puse un pie en la sala, un borrón de cabello cobrizo la atravesó corriendo y se estrelló contra mí abrazándome.
—¡Bella! —exclamó el pequeño, emocionado.
—Hey, Tom —murmuré dejando un beso en el tope de su cabeza y devolviéndole el abrazo.
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Lo que restó de la tarde pasó tranquilamente, Edward había vuelto a su oficina a resolver algunos problemas y solo éramos Tom y yo, como era habitual. Kate me había mirado con mala cara cuando le acercó la merienda al niño para luego darse la vuelta y retirarse de la sala como si yo no estuviese allí.
Ahora estaba sentada frente al espejo en mi habitación arreglándome, (o debería decir intentando hacerlo sin la ayuda de mi mejor amiga) para tener una cita… una cita con Edward.
¿Qué debía vestir? No tenía idea de dónde me llevaría. A pesar de que no deseaba molestar a Alice, luego de pasar media hora revolviendo las cosas en mi armario decidí llamarla. Después de todo ella me había dicho que si tenía algún problema lo hiciese.
—¡Bells! —respondió varios tonos después.
—Necesito tu ayuda. —Fui directa.
—¿Está todo bien con Charlie? —preguntó preocupada.
—Sí, sí. Todo está bien… de hecho tengo varias cosas que contarte. Pero necesito saber que voy a vestir en menos de… —Miré mi reloj—. Mierda, menos de una hora.
—¿Vas a salir a cazar? — bromeó.
—No exactamente —dije entre dientes. Continué antes de que empezase con su indagación—. Voy a salir con el padre de Tom. —Escuché un grito ahogado al otro lado de la línea—. ¿Recuerdas al tipo con el que me fui la semana pasada?
—Joder —susurró.
—Sip, era él. Es una larga historia que prometo contarte otro día. Ahora, necesito de tus dotes "modísticos".
Suspiró.
—Supongo que no sabes a dónde irán, así que… creo que el vestido negro que has usado para la fiesta de mis padres es perfecto. No es elegante en exceso ni informal, será adecuado para donde sea que vayan.
—¡Gracias, Alli! Te amo.
—Sé que soy la mejor, también te amo y recuerda, lo quiero todo con lujo de detalles, Isabella.
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Gracias a la ayuda de la duende me veía presentable. El vestido se ajustaba a la perfección a cada curva de mi cuerpo, se ensanchaba desde la cadera hasta un poco más arriba de mis rodillas con mangas por encima de mis codos. Llevaba unos zapatos negros de tacón bajo. Mi pelo caía liso alrededor de mi rostro y me había maquillado levemente. Sí, me veía bien.
Luego de corroborar que todo estaba en su lugar, tomé mi cartera y bajé a la sala para esperar que él llegase. Minutos después, unos suaves golpes en la puerta hicieron que mi corazón latiese desbocadamente amenazando con salirse de mi pecho. Corrí a la salida, gracias a Dios no caí en el camino, y abrí la puerta de un tirón con una enorme sonrisa que hacía que mis mejillas doliesen.
Me encontré con Edward que llevaba puesto pantalones de vestir negros, un informal saco y una camisa blanca con los primeros botones desabrochados y que se adhería a la perfección a su esculpido torso. Me lo comí descaradamente con los ojos y me ruboricé a más no poder cuando mi vista se posó en su cara, sus ojos se movían por mi cuerpo de forma tan descarada como lo estaba haciendo yo con él y una de sus famosas sonrisas torcidas se extendió en su rostro.
—Hola —murmuró con voz ronca. Tenía el ligero presentimiento de que sería una larga noche.
—Hola —apenas pude musitar—, ¿no crees que es demasiado? —pregunté señalando mi atuendo. Sentí sus penetrantes orbes grises hacer otra recorrida por cada rincón de mi anatomía poniéndome nerviosa y tímida como solía pasar cada vez que estaba con él. Tenía un poder sobre mí que nunca nadie había tenido—. Puedo cambiarme si es demasiado… —añadí al ver que no contestaba— no tenía idea de dónde iríamos así que….
—Para nada, estás preciosa. Perfecta. —Me interrumpió—. ¿Vamos? —inquirió tendiéndome su mano que tomé sin vacilar. En el instante en que nuestras pieles entraron en contacto, la misteriosa corriente eléctrica se disparó desde donde estábamos unidos hasta cada lugar de mi cuerpo. Suspiré ante la maravillosa sensación.
Como era típico de él, abrió mi puerta para que pudiese entrar en el auto y se apresuró a su asiento. Me sonrió una vez más y puso en marcha el coche hacia el centro de la ciudad con nuestras manos unidas.
—No hemos tenido mucho tiempo de charlar hoy —habló con la vista concentrada en el camino—. ¿Qué tal tu día en el divertido instituto?
Solté una carcajada.
—He tenido días mejores… —respondí recordando el desagradable intercambio con Lauren.
—¿Estás bien? —Giró su rostro hacia mí, sus cejas casi se tocaban por su ceño fruncido de preocupación.
—Sí, solo… —No menciones a Demetri, no lo menciones. No aún—. Un intercambio de opiniones desagradable con una persona que lo único que sabe hacer es encargarse de esparcir estúpidos rumores. —El enfado amenazó con volver a mí, pero traté de controlarlo—. No quiero hablar de eso, no vale la pena. Entonces, ¿qué tal tu día?
—Te extrañé. Cada segundo. Fue un día agitado en la oficina y cada minuto deseaba estar a tu lado haciendo cualquier cosa antes que con la nariz entre miles de números.
Un suspiro se escapó de mis labios de forma involuntaria. Este tipo era capaz de dejarme sin aliento con unas simples palabras.
—También te extrañé. Aunque, para mí, el día se pasó con bastante rapidez…
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Aparcó frente a un antiguo edificio a unas pocas cuadras del Millenium Park. La fachada del lugar parecía sacada de un libro, era hermoso, predominaban anticuadas y grandes ventanas, la construcción era de ladrillos de color rojo intenso y por encima de una puerta doble de madera -que se encontraba abierta-, se podía leer el nombre del lugar en una delicada y estilizada letra con pequeñas luces que titilaban casi de forma imperceptible: "Belong With Me"*
Edward descendió del coche y se dirigió a mi puerta para ayudarme a bajar y luego de encender la alarma, me guió al interior del restaurant con su mano en la parte baja de mi espalda. Si por fuera era hermoso, no existe una descripción que le haga justicia a lo maravilloso que era por dentro. Las tonalidades de dorado predominaban en cada objeto, solo los manteles de color blanco rompían con el esquema. En el centro de cada mesa se hallaban tres velas circulares y la luz que irradiaban resaltaba gracias a la iluminación tenue, haciendo todo más romántico y acogedor.
—¿Te gusta? —preguntó, girándose hacia mí cuando nos detuvimos detrás de dos parejas esperando ser atendidos.
—Es… hermoso, Edward —respondí con un nudo en mi garganta. El miedo a la felicidad hizo su reaparición y el pánico a que todo sea solo un maravilloso sueño se apoderó de mí. De manera inconsciente, busqué su mano con la mía y me aferre a él con fuerza.
—Me alegra que te agrade. Pasé por aquí hace unos días y me imaginé trayéndote, solo que no había pensado que podía ser real…
—¿Por qué? —Quise saber. Después de todo, aunque no lo sabía, ya había "salido" con él con anterioridad. No lograba imaginarme rechazándolo.
—Bueno… sí tenía planeado hacerte saber de mí, pero no sabía cómo ibas a reaccionar cuando te contase de mi "acoso"…
Iba a continuar hablando, pero una mesera, demasiado amable con Edward, se acercó a nosotros para guiarnos a nuestra mesa. Quise matarla por haber aparecido en el que podría haber sido un "momento profundo". Rodé los ojos al verla contoneando sus caderas de forma exagerada mientras caminaba delante de nosotros. Se detuvo frente a una mesa apartada del resto en una de las esquinas junto a la ventana. Edward me ayudó a sentarme para luego hacerlo frente a mí. La -amable en exceso- mesera, dejó los menús y se retiró girándose cada pocos pasos para observar al hombre que parecía no percatarse de las miradas furtivas que había estado recibiendo desde el momento en que puso un pie en el local.
Durante la cena nos dedicamos a conocernos, y él no continuó lo que estuvo por decir antes de la interrupción. Al descubrir que ambos éramos amantes de los buenos libros y preferíamos pasar tiempo alejados del resto y en silencio, nos acercamos a un terreno peligroso para mí. No era como si no planease hablar sobre el tema con él, en algún momento si todo iba bien, pero este no era el momento.
—¿En verdad? —inquirió, ¿incrédulo? Cuando mencioné aquello. Enarqué una ceja en su dirección—. No me malinterpretes, Bella. Solo, bueno… no tuve esa impresión de ti ya sabes… esa noche.
—Sé a qué te refieres —lo interrumpí—, no suelo ser yo misma cuando salgo… —añadí ruborizándome. Últimamente lo estaba haciendo demasiado seguido. Algo me decía que Edward estaba sacando nuevamente a la Bella verdadera que estaba guardada por temor.
—Nadie lo es —añadió con una risa.
Si supiera… Hice una mueca y cambié de tema.
—¿Qué ibas a decir? Tú sabes… cuando llegamos.
Sonrió y tomó mi mano por encima de la mesa, mirándome intensamente directo a los ojos.
—¿Podrías recordarme qué estaba diciéndote? Soy un hombre mayor, Bella… tiendo a olvidar algunas cosas.
Si no estuviera viendo su cara completamente seria, probablemente estaría riendo a más no poder.
—¿Hablas en serio? Solo tienes 32, Edward, no 50 —argumenté.
—Nunca fui poseedor de una buena memoria —comentó encogiéndose de hombros.
—Okay, creo que estabas diciendo de que no estabas seguro de mi reacción sobre lo que para mí no es un acoso, ya que estabas en tu casa…
—Ah, sí. Bueno, tal vez haya algo que no te he mencionado. Yo también te seguía a tu casa.
—¿Qué? —demandé. Sonó más brusco de lo que planeé, él se encogió en su asiento—. Lo siento, no quise sonar de ese modo.
—Soy yo quien debe disculparse. Solo lo hacía para asegurarme de que llegaras bien, me ponía nervioso saber que ibas caminando sola a esas horas. —Me observó esperando mi reacción y asentí animándolo a continuar—. Ayer estuve aproximadamente veinte minutos en una lucha interna en si debía o no dejar que me vieras.
—Me alegro que lo hayas hecho.
—También yo. Una de las mejores decisiones que he tomado.
—Todavía no entiendo, si ya había… mmm… "estado" contigo antes, ¿por qué temías mi reacción? Quiero decir, creo que no había muchas posibilidades que te rechazara.
—No lo sabía. Esa noche ninguno estaba en sus cinco sentidos y…
—¿Edward? ¿Eres tú? —Una mujer alta de cabello rojizo casi gritó acercándose a nuestra mesa.
—¿Jessica?
¿Quién mierda era ella?
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¿Qué les pareció?; ¿Quién creen que es Jessica?, ¿De dónde se conocen con Edward? Escucho teorías.
Agradecimientos:
Gracias a:
Flor, Magui, MelLutz, Majuu, Jacquelinne, Lu: por sus inspiradoras amenazas :3
Al resto de las chicas del grupo de facebook (www facebook com / groups / ReturningToTrust (recuerden que pueden encontrar adelantos))
Andri de las diseñadoras de FFAD por la maravillosa portada que creó para la historia.
A todas las que se animaron a darle una oportunidad a esta historia.
Gracias a las lectoras silenciosas, a quienes dejan su RR, me ponen en Favs y sus Alertas...
¡MILES DE GRACIAS!
Maary Cullen - Esmeralda Cullen (Gracias por tu apoyo, nena!) - melworren - DANI DA - Eli Val - joiihtalaloquii - theparadise - freedom2604 - BABYBOO27 - Aliena Cullen - Maze2531 - Maiisa - Narraly - maya7783 - janalez - Barbyblue - Jhanulita - Sky TwiCullen - Sarai GN - valeskaisrobstenforever - Vero Grey de Cullen - zonihviolet - Mon de Cullen - cary - MONIELITA CULLEN - Izarys24 - CamBludi85 - Alizce - Vondy 21 - Yasmin(guión)Cullen - martuu341 - KikiMasenCullenSwanRobsten - Caniqui - Tecupi - Veronica - samyzoe - Letieuge - Deathxrevenge - Lulittai - Anvers(guión)vi24 - DiAnA FeR - Pao stewart - roxana(punto)gar - JOhana Manzanares - PEYCI CULLEN - Vane Cullen PattzStew - keimasen86 - LUZ(punto) C(punto) C - any0239 - Angel twilighter - Pixie Melrose - ilsa(punto)chavez - susana vazquez - linda(guión)swan - Carly n.n - Elizabeth Valero - dan(guión)lp - robsten(guión)pattinson - Nia Masen - CarlieS .
¡Nos leemos pronto!
SharinPattinson
