¡Holis! Acá les traigo otro capi de mi amado Pamisex :3 ¡Que lo disfruten!
Nos leemos en las notas del final :)
LINK DEL GRUPO: www facebook com / groups / ReturningToTrust
Capítulo beteado por Sool Pattinson (La mejor)
Betas FFAD: www facebook com / groups / betasffaddiction
Los personajes le pertenecen
a nuestra hermosa y única reina,
Stephenie Meyer.
La idea es de Sool, lo demás escrito aquí
salio de mi alocada mente.
Capítulo 3
.
"¿Encuentro Casual?"
.
.
.
El miedo al que más odio le tenemos, es a ese que nos impide hacer las cosas que realmente deseamos. Esa estorbosa vocecita que una y otra vez se reproduce en tu mente, recordándote los contras de lo que estás haciendo, impidiendo que disfrutes de la felicidad.
.
.
.
.
Dirigía mi mirada asesina del uno al otro encolerizada. La forma en que se habían saludado me hizo ver rojo, parecían amigos de toda la vida… demasiados amistosos. Ahora hablaban animadamente, ella con su mano sobre el hombro de él, como si yo no estuviese allí. Aclaré mi garganta haciéndome notar. Se suponía que habíamos venido juntos. Era nuestra cita. Ugh, este tipo estaba sacando mi escondido lado adolescente. Edward al ver mi cara pareció incomodarse.
Se avergüenza de ti. Se burló mi subconsciente, le dediqué un divino gesto con mi dedo medio mandándolo a las tierras lejanas de Narnia.
—Jessica, ella es Isabella... —comenzó resignado.
—Nunca me dijiste que tenías una hermanita menor. —Interrumpió por milésima vez la pelirroja "pechos falsos", guiñándole un ojo.
¿Qué pasaba que hoy en día las mujeres estaban repletas de siliconas? Podía apostar lo que sea que si se acercaba al fuego, alguna parte de su anatomía comenzaría a derretirse… Incluso su nariz parecía ser falsa… y mal hecha. Me golpeé internamente por mis muy pocos corteses pensamientos. ¿Qué me pasaba? Yo no era así.
—Jessica Vulturi. Mucho gusto, pequeña. —Se presentó, tendiéndome su mano con uñas largas en exceso y una insoportable voz chillona.
¡A la mierda los pensamientos corteses! El tucán se estaba ganando mi aborrecimiento a pulso. Sí, aún tenía algunos rasgos de niña, pero… ¿se notaba tanto? En el caso de que acordásemos tener una relación, ¿sería siempre así, sería vista como nada más que su hermana menor? Era algo que tenía que pensar. Necesitaba conocer sus intenciones, su tácita declaración del día de ayer no me bastaba.
Asentí hacia ella ignorando su mano aún tendida. Me mordí la lengua para no decir algo inapropiado como "lo siento, pero soy alérgica al plástico". Edward seguía visiblemente incómodo. ¿No pensaba aclararle quién era yo?
¿Y quién eres para él? Volvió a mofarse esa molesta e insegura vocecita en mi mente.
—¿No tienes nada que decir, Edward? —inquirí dolida por mis negativos pensamientos. Sin dudas, mi ánimo había quedado arrastrándose por los suelos. La adolescente, amante de los libros de romance que habitaba aún en mí, deseaba que dijera orgulloso, mínimo, que era la chica con la que salía.
—Yo... no... Bells... —balbuceó incoherentemente.
—Bien, ya no tengo nada que hacer aquí.
Me levanté de mi lugar y caminé hacia la salida. No estaba enojada con él, estaba enfadada conmigo por ser tan irracional.
Estaba a punto de llorar y no deseaba que me viese así, no quería mostrarme débil delante de un hombre. No otra vez. ¿Qué me había hecho Edward? ¿Qué tenía que me volvía débil? Apenas lo conocía. Por estas cosas no me gustaba entablar relaciones amorosas. No es que haya tenido muchas, pero la de Demetri me bastaba. El bastardo me había arruinado, obligándome a dejar mi sueño de cuento de hadas para ingresar de lleno al mundo real; donde los perfectos príncipes no eran más que parte de la fantasía y el "felices por siempre" una vil mentira. Nada es para siempre.
Continué caminando tan rápido como los tacones me permitían, rogando al dios de los descoordinados no terminar con la cara en el piso y arruinar mi "digna" salida. Escuché que me llamó cuando llegué a la puerta, pero no me volteé...
Salí fuera del restaurant con una sonrisa de suficiencia y dándome unas palmaditas mentales de orgullo en la espalda. Seguí con mi camino, apresurando un poco más mis pasos, no tenía idea de a dónde me dirigía, pero no me importaba. Pocos minutos después, sentí a alguien venir corriendo tras de mí.
—Isabella… —advirtió a pocos pasos de distancia.
En cuanto logró alcanzarme, con la respiración entrecortada, tomó uno de mis brazos haciéndome detener bruscamente. Giré mi cuerpo para poder encararlo y decirle unas cuántas cosas no tan lindas.
—¿Qué mierda quieres, Edward?
—¿A dónde crees que vas?
Sentía la ira fluir por todo mi cuerpo. Oh, Masen… acabas de cometer el peor error de tu vida. Que fuese quince años mayor no le daba derecho a actuar como mi padre. Lo fulminé con la mirada.
—A mi jodida casa. Deberías agradecerme, te dejo tiempo a solas con quien quiera que sea esa. —Escupí las palabras. Intenté soltarme de su agarre, pero fue imposible—. Suéltame.
—¿Todo este escándalo por un arranque de celos? —inquirió incrédulo.
—¿A ti qué te importa? —No, es porque creo que me pasan cosas fuertes contigo y me molesta que no le hayas aclarado qué o quién era yo para ti. Añadí internamente.
—No te comportes como una… —Se detuvo al darse cuenta de lo que iba a decir.
—¿Una qué, Edward? ¿Adolescente? Te recuerdo que soy una. Ese es uno de los motivos porque dejas que la gente me vea como "tu hermana", ¿no es así? Te avergüenzas de mí.
Nuevamente no dijo nada.
—Suéltame. Vuelve con ella.
—¡Mierda! —gruñó antes de soltar mi brazo. No me dio tiempo de siquiera voltear. Sus manos se apoderaron de mi cintura estampando con rudeza sus labios sobre los míos. Moviéndonos a ambos contra la pared del desierto pequeño callejón a nuestro costado—. ¿Por qué siempre sacas las conclusiones equivocadas, Isabella? —preguntó más para sí mismo, arrinconándome más contra la pared sin dejar espacio entre nuestros cuerpos.
Unió nuestros labios en un beso desesperado al cual, mi adolescente cuerpo con hormonas revolucionadas, respondió de inmediato llevando mis manos a su cabello, jalándolo y robándole un gruñido. Su lengua se abrió paso en mi boca luchando por el control. Una de sus manos que descansaba a ambos lados de mi cabeza, se aferró a mis caderas y la otra viajó a uno de mis muslos, levantándolo de modo que mi pierna rodeara su cadera y mi vestido se subiera a mi cintura. Su boca abandonó la mía, jadeamos en busca de aire, pero sus labios nunca perdieron el contacto con mi piel, succionando desde la extensión de mi cuello hasta el escote del vestido.
—Pídeme que me detenga —suplicó sin dejar de besarme.
—No quiero que lo hagas. —Pude decir entre jadeos.
Me importaba una mierda si alguien nos veía, lo deseaba en este momento. Esta vez fui yo la que inició el beso, volcando en él toda mi ira y sentimientos encontrados que este hombre provocaba. Me alzó colocando sus manos en mis muslos y cargando la mayor parte de mi peso contra la vieja pared de rojos ladrillos y volviendo a embestir contra mí. El roce de nuestros sexos a través de las telas se sentía jodidamente bien. Metí una de mis manos entre nuestros cuerpos aprisionando su erección por encima de sus pantalones logrando que siseara en mi oído.
—Ella era mi cuñada. —Largó de repente mientras me acariciaba por encima de mis bragas.
Woah. Eso no me lo esperaba. ¿Tenía que ponerse comunicativo justo en este momento?
—Parecían bastante cercanos… —comenté entrecortadamente mientras uno de sus dedos se abría paso en mi interior.
Gemí ante la placentera invasión, deseosa de más. Su pulgar comenzó a hacer círculos en mi clítoris y otro dedo se sumó al primero. Apoyé mi cabeza en su hombro y me aferré con mi vida a sus brazos suspirando por sus caricias.
—Fuimos muy amigos durante un largo tiempo. Ella me presento a Camille —explicó, mi ceño se frunció de confusión intentando comprender lo que decía, perdida en un mar de sensaciones—. Mi ex esposa… —Oh, ya comprendía… creo. Se separó de mí y oí el sonido de un cierre bajarse.
—Jessica es lesbiana, Bella. —Agregó al tiempo en que se posicionaba en mi entrada. Mi boca cayó abierta de la sorpresa—. No tienes por qué sentir celos de ella. No tienes que sentir celos de nadie, soy tuyo. —Sentenció mirándome intensamente, adentrándose en mí de una certera estocada. Mis ojos se cerraron y tiré mi cabeza hacia atrás inhalando bruscamente—. Tienes que ser silenciosa, ¿está bien? —preguntó retirándose un poco.
Asentí, imposibilitada de hablar. Sus labios reclamaron los míos con ferocidad y volvió a penetrarme. Me sentía en el jodido paraíso, piel contra piel, esto era nuevo para mí. Mis sentidos estaban nublados, solo era consciente de su agitada respiración y sus expertos toques. Mis gemidos eran acallados por su esculpida boca. Sus arremetidas comenzaron a ser más desesperadas, frenéticas, su erección tocaba los lugares correctos llevándome cada vez más cerca del borde.
—Córrete para mí, Bella.
Y como por arte de magia, exploté en un maravilloso orgasmo a su alrededor, aprisionando su miembro en mi interior, sintiendo, luego de tres estocadas más, cómo se derramaba en mí gruñendo una versión distorsionada de mi nombre…
Permanecíamos abrazados, reclinados contra el muro intentando regularizar nuestras respiraciones.
—No estaba celosa —dije cuando logré emerger a la realidad. Arqueó una ceja en mi dirección—. Bueno, tal vez un poco, pero ese no es el punto.
—Entonces, ¿cuál es el punto? —preguntó con voz ronca a milímetros de mi boca. Sus claros ojos grises brillando de manera especial.
—¿Qué soy para ti, Edward? ¿Qué somos? —indagué expresando mis dudas en voz alta, sin dejarme distraer por su cercanía. ¡Dios, Bella! ¿Acabas de tener alucinante sexo hace menos de cinco minutos y ya quieres más? Esa voz se estaba volviendo molesta.
—¿Aún no te ha quedado claro con lo de ayer? —preguntó, ¿dolido? Suspiró—. Vámonos de aquí. No es así como tenía planeado pasar la noche.
—Lo siento.
—¿Por qué estás disculpándote? —inquirió confundido.
—Si no hubiese sido tan… adolescente tal vez… —murmuré bajando mi mirada.
—Mírame, Bella.
Mi autómata mente obedeció.
—Entiendo tu reacción. Pero…. Yo no podía decirle a Jessica quién eras, al menos no aún. No cuando tú eres menor. —Mi ceño se frunció y mi subconsciente hizo otra estelar aparición. ¿Ves? Se avergüenza de ti—. Sé lo que estás pensando, para por favor. No tiene nada que ver contigo.
—No comprendo.
—No me siento cómodo hablando temas tan profundos en un callejón, ven a mi casa.
Asentí y tomé la mano que me tendía…
.
.
.
.
Cuando ingresamos, Kate estaba sentada en la sala leyendo una novela. Al sentir nuestros pasos, dejó a un lado su lectura para dirigirme una mirada con desdén. ¿Cuál era su jodido problema hoy?
—Kate —saludó cortésmente Edward—. ¿Tom está dormido?
—Buenas noches, señor Cullen —respondió, ignorando mi presencia y volviéndose hacia él—. El niño se durmió hace una hora. Si ya no me necesita, voy a retirarme.
—Está bien. Puedes tomarte libre mañana y pasado.
Asintió y se retiró tomando sus cosas.
—Me pregunto qué le pasará —dije más para mí misma en cuanto estuvimos solos.
—¿Qué quieres decir?
—Solo… ha sido algo brusca conmigo desde esta tarde —respondí encogiéndome de hombros.
—Tal vez ha tenido un mal día —comentó restándole importancia—. Ahora tú y yo tenemos una charla pendiente, siéntate conmigo —pidió sentándose en el amplio sillón, arrastrándome con él.
Cerró sus ojos un instante y respiró profundamente para luego volver a abrirlos. La intensidad de su mirada hizo que me removiera inquieta.
—Bella, voy a ser directo y espero que no salgas corriendo… —Me miró esperando alguna reacción de mi parte, asentí—. En tan poco tiempo siento cosas por ti que nunca he sentido por nadie. Durante días estuve intentando comprender qué era lo que me pasaba y cuando lo supe, lo único que quería era hacerme el idiota y no darle importancia. ¿En qué mundo una adolescente con toda una vida por delante dejaría de lado muchas cosas solo para estar con un tipo mayor? Nuestra diferencia es obvia, y sé que lo notaste aquella noche, realmente me sorprendió que no me rechazaras. No era razonable que irrumpiera en tu vida de esa forma, pero luego de ese sábado... Mis esperanzas crecieron solo un poco, ya sabes. El alcohol predominaba en nuestro sistema, sé que esperabas que fuese algo de una noche, no me conocías, por supuesto. No tenía idea de qué pasaría cuando me volvieras a ver… Y aunque me golpeé mentalmente una y otra vez para no buscarte no pude contenerme, me tragué mis miedos, tomé valor y aquí estamos. Tienes algo que me impide alejarme y ya no quiero luchar contra lo que siento.
Por el amor del sexy Flynn Rider, siente cosas por mí.
Isabella, soy un hombre serio, responsable, que sabe lo que quiere y lo que quiero es a ti. Y solo para que quede claro, yo nunca te follé, ninguna de las veces, yo te hice el amor. Y quiero seguir haciéndolo, no me malinterpretes, ya te lo dije ayer, no solo quiero sexo contigo. Lo quiero todo, aunque tal vez sea demasiado…abrumador para ti. Bella, creo que me estoy enamorando de ti y me importa una mierda irme al infierno por esto.
Mis ojos estaban repletos de lágrimas que no estaba dispuesta a derramar con tal de no mostrar un poco de debilidad. Yo no podía permitir bajar mis muros por nadie, era una chica sin suerte, a la que tarde o temprano la felicidad se le escapaba de las manos dejándola destrozada. No deseaba hacerme falsas ilusiones, no de nuevo.
Lo que Edward me provocaba era mucho más fuerte de lo que alguna vez creí sentir por Demetri y estaba segura como el infierno que, si no llegábamos a ningún lado, no iba a poder levantarme nuevamente. Sin embargo, a pesar de los negativos pensamientos, no había nada que quisiera más que estar con Edward y que fuera él quien derrumbara uno por uno mis muros. Sin duda alguna, con su sola aparición en mi vida, ya había tirado abajo unos cuantos.
Él se estaba enamorando de mí, podía ver en su abrazadora mirada que lo decía con sinceridad. Él no era como los demás, no solo por su edad, era distinto a cualquier otro hombre y, asumiendo todos los riesgos y cargas que una relación de nuestro tipo conllevaría, tenía que admitir que también me estaba enamorando y lucharía por lo nuestro con uñas y dientes.
—¿Estás bien, Bella? —preguntó preocupado abrazándome. Dejé que mi cabeza se apoyara en su pecho y le devolví el abrazo colocando mis brazos en su cintura, sollozando como idiota.
—Tengo miedo —vociferé con voz entrecortada—. No quiero salir lastimada, no de nuevo, no podría soportarlo.
—Bella… jamás te lastimaría. —Sentenció afianzando su abrazo—. No tengo idea de qué o quién tiene la culpa de tu temor, pero puedo jurarte que soy diferente. Lo dije antes, no deseo abrumarte, eres tan joven, tienes tanto por vivir… deseo una relación "normal", quiero conocerte mejor y que tú me conozcas, que vayamos despacio y al mismo tiempo quiero dejarte libre, que disfrutes al máximo y no ser un estorbo en tu vida. No miento cuando digo que me importas. Eres inteligente y estoy seguro de que sabes que, en caso de que quieras estar a mi lado como yo deseo estar contigo, será complicado. Tendremos que luchar para no dejar que lo que los demás digan nos afecte, las miradas extrañas… enfrentar a muchas personas, tu padre, mi familia. —Su serio gesto se transformó en una sonrisa antes de continuar—. Tom, él no es un problema, te ama y lo sabes, pero también hay otras personas…
Su gesto volvió a oscurecerse, lo miré curiosa.
—Tengo problemas con los abuelos de Tom, los padres de Camille intentaron poner al niño en mi contra y arrebatármelo cuando pasó lo del accidente, desde que eso sucedió, año tras año vuelven a pedir la tutela de mi hijo alegando que no estoy apto para criarlo, que mi situación económica no es tan buena como la suya, patéticas excusas tras excusas. Ellos quisieron inculparme de lo sucedido.
Inhalé bruscamente.
—Antes de que tu cabeza comience a ir a lugares incorrectos, voy a decirte que por supuesto no lo hice.
—No pensaba eso.
—Entonces me disculpo por malinterpretarlo.
—¿Dónde queda Jessica en todo esto?
—Bella, ella no es conocida por mantener la boca cerrada, mucho menos escatimar en detalles, si supieran que estoy contigo y de nuestra clara diferencia de edad tomarían eso como una excusa para venir contra mí. Antes de ir tras de ti le pedí que no dijera nada, pero en el momento en que se apareció frente a nosotros el pánico se apoderó de mí.
—¿Usando mi edad contra ti? Edward, en Chicago si la relación es consensuada no es un delito que estés con alguien menor.
—Lo sé. Pero son una familia muy poderosa y con contactos. Unos cuantos dólares y estaré tras las rejas y alejado de Tom sin importar ninguna ley. Para ellos yo soy el culpable de la muerte de Camille.
—Pero fue un accidente. —Se encogió de hombros.
—Nunca quisieron que fuera parte de su familia, que ella haya quedado embarazada sin que estuviéramos casados empeoró la situación. Vieron a Tom una vez mientras ella estuvo viva. Cuando supieron de nuestro divorcio y de la nueva relación de Camille con Michael parecían encantados, entonces todo se fue al carajo. Creyeron que la mandé a matar por celos, porque no soportaba verla con otro hombre, nada más lejos de la realidad. Jessica es caso aparte, ella sabe que no tengo nada que ver y entendería que rehiciera mi vida, tiene también un retorcido sentido del humor, obviamente sabía que eras algo más que mi hermana y el único motivo por el cual no le aclaré quién eras es porque ni siquiera nosotros sabemos qué somos. Todo está pasando tan rápido. Es como si nos conociéramos hace siglos, pero en realidad solo han pasado unos pocos días.
Parpadeé aturdida. Lindo sentido del humor tenía la perra. Sí, seguía sin agradarme, me había hecho pasar un genial momento mierda. Bufé.
—A lo que quiero llegar antes de aclarar lo que seremos, es que debes saber que mi hijo es una de las cosas más importantes que tengo y no soportaría perderlo… Me estoy enamorando perdidamente, pero mi hijo es mi prioridad y lo único que quiero es que sea feliz. Odio decirte esto, pero debemos mantener lo nuestro en secreto, al menos hasta que cumplas la mayoría de edad para evitar cualquier problema, para ambos.
—Entiendo eso. Quiero decir, no quiero ser un problema para ti ni mucho menos que Tom sufra, es el niño más brillante y adorable que conozco; le tengo mucho aprecio… —Tomé una profunda respiración antes de continuar—. Edward, tengo mucho que pensar sobre esto. Sé que eres sincero conmigo y me encantaría poder serlo contigo, pero no estoy lista para ello. No hay nada que desee más que poder estar contigo y, mierda, voy a empalagarme con mis propias palabras… no creí que algún día diría esto, pero estoy sintiendo cosas por ti, también. Cosas que me aterrorizan… me debilitas, haces volver a la vieja Bella, esa que soñó alguna vez con el jodido "felices por siempre". Me siento feliz de que te sientas de una forma similar y que, a pesar de mi edad, quieras arriesgarlo todo para estar conmigo sin conocerme completamente.
La sonrisa que se dibujó en su rostro podría iluminar el estado entero. Había pasado de estar temeroso y apesadumbrado, a radiante en un segundo.
—Entonces… —insinuó.
—Tengo que pensarlo, es bastante para procesar. No me gusta tomar decisiones apresuradas, he tenido malas experiencias… —Sus labios se curvaron más de ser posible—. ¿Qué?
—Tú. —Enarqué una ceja en su dirección—. Acabo de descubrir otra cosa que me gusta de ti —comentó con voz suave, haciendo que mi corazón diese un vuelco en mi pecho. Traidor—. Eres tan madura y racional. Me encanta eso.
Mi desaparecido amigo, el rubor, hizo su aparición después de un largo tiempo.
—Esto también es adorable —dijo acariciando tiernamente mi mejilla—. ¿Te quedarás esta noche conmigo? —Casi suplicó.
—No lo sé, Edward. Necesito tiempo… —Su gesto decayó—. Quiero quedarme, pero no siempre las cosas que queremos van de la mano con las que debemos hacer.
—Está bien. Te llevaré a casa —murmuró resignado.
.
El camino hasta mi hogar fue silencioso y tenso, él parecía muy sumido en sus pensamientos.
—¿Estás enojado conmigo? —inquirí tímidamente, mirándolo de reojo cuando detuvo el auto frente a mi casa. Incluso ahora, iluminado solo por las tenues luces de la calle, se veía hermoso.
—No. ¿Por qué dices eso?
—No lo sé. Estás algo distante…
—Solo estaba pensando. —Su ceño se frunció—. Bella, en el callejón no usamos protección.
—Tomo la píldora, no hay de qué preocuparse.
—Debí haber sido más cuidadoso. Lo siento. —Le resté importancia con un encogimiento de hombros—. ¿Te veo mañana?
Asentí. Sonrió levemente y se inclinó hacia mí, tomó mis mejillas entre sus manos y juntó nuestros labios en un dulce y corto beso. Se separó sin soltar mi rostro y me miró directo a los ojos, tan intensamente que sentía la necesidad de desviar la mirada, pero no podía. Luego de lo que parecieron horas, se alejó de mí con un suspiro y abandonó el coche para abrir mi puerta.
—Que tengas dulces sueños, preciosa —susurró contra mis labios antes de regresar al auto y marcharse.
Entré a la vacía casa y me despatarré sobre el sillón mandando a volar mi bolso.
Había sido un día largo y lo menos que quería hacer era analizar la situación.
Sabía que lo nuestro no sería fácil, y presentía que la familia de Camille iba a ser una molestia, no tanto para mí, sino para Edward. Los odiaba sin siquiera saber nada sobre ellos, los detestaba porque, tengo que reconocerlo, amaba a Edward y cualquier persona que quisiera perjudicarlo sería objeto de mi aborrecimiento.
En este momento me preguntaba, ¿por qué le había dicho que necesitaba pensar? Ahora estaba sola en la vacía casa cuando podía estar perfectamente durmiendo entre sus brazos. Por más que le diera vueltas al asunto siempre llegaría al mismo lugar.
Aceptaría estar con él a pesar de los miles de contras y podía asegurar que juntos le haríamos frente a cada uno de ellos.
Agotada mentalmente, caí en un profundo sueño.
.
.
.
.
¿Les gustó? ¿Lo odiaron? Háganmelo saber :) ¿Se esperaban lo de Jessica? Yo sé que no xD
AGRADECIMIENTOS:
Be, Mousse, saben que las amo. Gracias por estar SIEMPRE.
Las chicas del grupo de face, perdón por dejarlas con las ganas con los adelantos xD
A todas las que se animaron a darle una oportunidad a esta historia.
A las lectoras silenciosas, a quienes dejan su RR, me ponen en Favs y sus Alertas...
¡MILES DE GRACIAS!
Love for all.
SharinPattinson
Su apoyo es fundamental para que pueda seguir :3
