¡ESTOY CON VIDA! xD Aquí les dejo el cap, esta vez en un Outtake POV Edward :3
Espero les guste :)
Majuu, Lizzie, Shirlie: NO hace falta que tomen un avión y me secuestren. Las adoro :*
Los personajes son propiedad de
la autora más maravillosa del mundo,
nuestra amada reina Steph.
Sólo la trama y demás personajes
que no forman parte de la saga,
son salidos de mi fallada mente.
Capítulo beteado por Ivis Martínez, Beta FFAD.
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Lunes 16 de Agosto de 2010, Chicago, Illinois.
— ¿Te vas, Edward? — inquirió la pelirroja apoyada en el marco de la puerta observando a su pronto ex-esposo llenar su bolso de viaje con ropa. El cobrizo se sobresaltó, no la había oído llegar.
—Se complicaron las cosas con un cliente en Seattle —explicó cerrando la valija antes de dirigir su mirada hacía ella—. Lo siento, Cam. Sé que esta noche era importante para ti y prometí cuidar a Tom, pero requieren mi presencia para mañana a primera hora... Puedes hablar con Kate…
—Esa pobre mujer trabaja demasiado… No te preocupes —interrumpió soltando un largo suspiro y se encogió de hombros—. Hablaré con James, espero que lo entienda.
—Si es inteligente, lo hará, pero si no lo hace me encargaré personalmente de patear su trasero —bromeó.
Camille negó con la cabeza divertida por la escena. Parecían dos mejores amigos y no una pareja pronta a separarse. Incluso, se había sorprendido semanas atrás ante la reacción de Edward cuando ella entre lágrimas le contó que había alguien más.
Sólo quiero que seas feliz. Le había dicho. Ambos sabemos que, aunque nos queramos, lo nuestro no es amor. Pero si ese tipo te lastima… no se salvará de una paliza. Ella había sonreído agradeciendo a quién sea que lo puso en su camino para ser el padre de su primer y único hijo; ya que debido a una complicación durante el parto, había quedado imposibilitada de volver a ser madre.
Edward, por su parte, agradecía la sinceridad de la adorable joven. Hacía un tiempo atrás la idea del divorcio rondaba por su mente pero no sabía cómo plantear el tema sin herirla y, de cierta forma, ella se lo había facilitado. Ambos estaban felices al saber que terminarían en buenos términos por el bien de su amado hijo.
—Cuídense —murmuró dejando un beso en la frente de la madre de su hijo.
—Nos vemos pronto —susurró de vuelta la pelirroja, abrazándolo brevemente—. Ten mucho cuidado.
Antes de irse, pasó por la habitación de su amado pequeño y dejó un suave beso en su regordeta mejilla. Esos días, donde su trabajo requería que dejase la ciudad, eran los peores para Edward. Extrañaba a horrores pasar tiempo con su hijo.
Acomodándose en el para nada cómodo asiento turista del avión, Edward apagaba su móvil entre maldiciones. No había logrado conseguir lugar en primera clase y ahora se hallaba sentado entre una adolescente y una mujer de mediana edad que no le quitaban los ojos de encima, haciéndolo sentir incómodo.
Sólo serán cuatro horas. Se dijo a sí mismo para tranquilizarse. Eventualmente, la mujer dejó de mirarlo de reojo al darse cuenta de que este le era indiferente, pero la chica… era caso aparte.
¿Nadie le enseñó que darle codazos "sin querer" a las personas no servían para seducir? Se preguntó el cobrizo. De todos modos… no es como si a él se le ocurriera fijarse en una hormonada y malhumorada adolescente. Nop, jamás…
Un suspiro de alivio abandonó sus labios en cuanto se le permitió dejar el avión y salió disparado de este. Caminó a paso apresurado fuera del aeropuerto, agradecido de llevar sólo un bolso de mano y no tener que esperar por el equipaje.
No tardó en conseguir un taxi, al parecer era su noche de suerte, o eso pensó hasta que volvió a encender su celular.
Decenas de llamadas y mensajes hicieron que su corazón latiese a causa del pánico que se apoderó de su cuerpo. Eso sólo podía significar una cosa, malas noticias. Rogó que cada miembro de su familia estuviese bien.
Solo tuvo tiempo de revisar un mensaje de Cam en el que le decía que había salido con James y Tom estaba con Kate… segundos después de leerlo, el móvil vibró en sus manos. Era su padre, respondió la llamada sin vacilar.
— ¿Papá? —habló con voz tensa.
— ¿Dónde mierda te has metido, Edward? Todo el mundo lleva horas intentando comunicarse contigo —la desesperación en la voz de este lo paralizó. Algo muy malo había pasado.
—Acabo de aterrizar en Seattle —logró vociferar—. ¿Qué ha pasado? —el pánico era notable.
—Edward… —El viejo señor Masen vaciló. ¿Cómo le dices a tu hijo que su esposa fue víctima fatal de un imbécil ebrio? —. Es Camille…
— ¿Qué hay con ella? —exigió—. ¡Habla de una maldita vez! —gritó sin importarle la mirada de desaprobación del conductor.
—Está muerta, hijo…
Fue como si parte de su mundo se cayera a pedazos. Sus ojos se llenaron instantáneamente de lágrimas y su mente se negaba a creer que eso fuese cierto.
Ella no podía estar muerta.
— ¿Qué sucedió? — preguntó con voz temblorosa intentando mantener la compostura. No podía ser real.
Ella no podía estar muerta.
—Un accidente automovilístico, un maldito conductor sobrepasado por el alcohol… Hijo, hay algo más que debes saber…
— ¿Tom está bien, verdad? —se atrevió a indagar, rezando mil y una plegaria para que la respuesta fuera positiva.
—Tranquilo, él no estaba allí… —el cobrizo soltó el aire que estaba conteniendo sin percatarse, y las lágrimas de tristeza y alivio comenzaron a abandonar sus ojos.
—Bien —Respondió antes de colgar. No tenía las fuerzas para escuchar nada más y, ciertamente, no estaba en el lugar adecuado para dejarse romper.
Se dirigió al taxista.
—De vuelta al aeropuerto, por favor —este inmediatamente al ver el rostro del joven que parecía haber envejecido en segundos y al atar cabos de los retazos de la conversación que había oído de forma involuntaria, dio media vuelta sin quejarse.
El vuelo de vuelta a Chicago fue incluso más eterno que el de ida. Los minutos parecían pasar como horas. Su mente estaba hecha un completo lío.
Ella no podía estar muerta.
Seguramente no se trataba más que de una horrible pesadilla y que cuando despertara estaría en casa. Se levantaría con el típico dolor en el pecho que uno tiene luego de soñar la pérdida de un ser querido, pero este se esfumaría en cuanto la viese en la cocina, preparando el desayuno y dirigiéndole una sonrisa de buenos días. Él la molestaría como amaba hacerlo y ella lo golpearía juguetonamente, jugarían con Tom correteando en su patio trasero…
La realidad lo golpeó como una bola de demolición al verla en el ataúd, inmóvil y pálida. Su característico rubor en las mejillas ya no estaba allí.
No podía ser verdad. ¿Por qué de todas las personas en el mundo, ella? Estaba tan llena de vida.
—Despierta, por favor —pidió en vano. Su mente parecía no querer aceptarlo.
Su matrimonio no había funcionado, pero él seguía queriéndola. Quería verla feliz junto con James, sabía que el tipo hubiese podido darle todo el amor que él no podía darle.
Le dolía como si su pecho hubiese sido perforado… Ella había sido su compañera por años, estuvo para él en sus peores momentos, le había regalado el obsequio más preciado en el mundo que era su hijo y ella merecía ver crecer al niño, debía haberlo visto convertirse en un hombre de bien, formar su propia familia… pero no. El destino era cruel y le había arrebatado la vida.
Edward tenía enormes ganas de tener frente a él al maldito hijo de perra que había provocado el choque y golpearlo hasta la inconciencia. Deseaba verlo pudrirse tras las rejas ya que, por lo que le había dicho su padre al llegar, este solo había sufrido una leve contusión.
La vida a veces era muy injusta. Pero él mismo iba a encargarse de que el bastardo pagase por lo sucedido, no le deseaba la muerte, eso sería una salida fácil para él, quería que sufriera todo lo que estaba sufriendo y lo que su hijo sufriría por su madre.
Tom se encontraba en su casa, ajeno a todo lo que había pasado, y Edward no tenía ni la más mínima idea de cómo iba a decirle que su madre no volvería a casa.
— ¿Qué demonios haces aquí, maldito? —el grito de Susanah Volturi rompió el sepulcral silencio en la sala. Edward se giró confundido hacia ella—. ¡Tú hiciste esto!
No dejaba de gritar insultos hacia el cobrizo que la miraba perplejo y perdido en sus pensamientos, no oía nada de lo que la desquiciada mujer le decía. Agradeció con la mirada a Jessica cuando esta apareció y arrastró a su madre fuera del lugar.
—Edward, sé que no es el mejor momento pero necesito decirte esto… —el aludido asintió autómata. Padre e hijo, se encontraban uno junto al otro sentados en uno de los amplios sillones en la sala. Acababan de llegar a la mansión Masen, donde Tom se encontraba bajo el cuidado de su abuela Elizabeth, luego de depositar los restos de la pelirroja en el panteón familiar de la familia Volturi—. Ella estaba con otro hombre cuando pasó. También murió…
—Lo imaginé —fue la seca respuesta.
— ¿Presentías que te engañaba? —preguntó confundido.
—Sabía que saldría con James… ella me lo dijo —al ver la cara de su padre intentando comprender continuó—. Hace unas semanas que lo sé. Íbamos a divorciarnos en buenos términos. Ella merecía alguien que la amara como yo no podía hacerlo, obviamente la quería pero no era suficiente. Estábamos bien, más que bien —Una sonrisa melancólica se dibujó en sus labios—. Ella fue sincera conmigo siempre, me dijo que estaba viendo a alguien más y lo acepté, hacía un tiempo que nuestra relación había dejado de funcionar, parecíamos más dos mejores amigos que un matrimonio…
—Lo siento.
El cobrizo se encogió de hombros.
—Estoy bien… es Tom el que me preocupa. Era muy apegado a su madre.
En ese momento, un alegre mini-Edward hizo su aparición, corriendo torpemente a los brazos de su padre que lo recibió gustoso.
Elizabeth abrazó a su hijo brevemente dedicándole palabras de aliento en susurros.
Ahora venía la parte más difícil. Hacerle entender a un bebé de tres años que su mamá no volvería…
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Años después…
«Lo siento, Señor Masen, pero renuncio.»
Había oído esa frase infinitas veces en los últimos meses. Una tras otra, las maestras de apoyo de Thomas iban dejando su puesto a los pocos días de haber comenzado.
Tres años habían pasado desde la última vez que lo oí reír con ganas, la última vez que se dirigió a mí con más que monosílabos. La muerte de Camille lo había afectado demasiado. Con tan solo tres años perdió a la persona más importante en su vida y fue obligado a vivir un corto tiempo con personas completamente desconocidas para él. A penas hablaba, la mayor parte del tiempo se la pasaba perdido en su propio mundo. Cada vez que intentaba cerrar esa brecha que se había abierto entre ambos, él parecía agrietarla aún más. Decidí, reticente, seguir los consejos de su psicóloga y darle su espacio. A penas lo veía, me pasaba horas de más en la oficina intentando distraerme con el trabajo. Muchas veces funcionaba, otras no tanto. No deseaba nada más que tener a mi hijo, ese pequeño travieso y risueño, de vuelta.
Luego estaba nuestro problema más grande. Mis ex-suegros.
Era consciente de que el matrimonio Volturi no estaba interesado en ser los abuelos del año, que lo único que querían era hacerme daño quitándole a mi hijo como, según ellos, yo les arrebaté a su hija. Para la prestigiada familia nunca había sido digno del afecto de Camille y desde un principio se opusieron a nuestro noviazgo. El que ella quedara embarazada de Tom, sin que estar siquiera comprometidos, empeoró la situación y, de no haber sido por ellos, no nos hubiésemos casado. Tanto Camille como yo sentíamos cierta aversión al matrimonio y para ambos no era más que un pedazo de papel pero lo hicimos para complacerlos e intentar apaciguar las aguas. De nada sirvió, el último día que tuvimos contactos con ellos fue el día de la boda, no se molestaron en conocer a su nieto.
Hasta la muerte de Cam.
Intentaron inculparme de su muerte, alegando que el viaje a Seattle había sido mi perfecta coartada mientras el alcohólico contratado por mí, a causa de mis celos y furia de que estuviera "engañándome", hacía su trabajo. Nada más lejos de la realidad.
Para Aro y Susanah, sólo lo que ellos pensaban estaba bien. Y lo correcto era que el niño se criara con sus abuelos maternos. Luego de ignorar a Tom por tres años, de la nada, decidieron aparecer en su vida. Si tan sólo sus intenciones fueran buenas…
Las veces que intentaron quitarme la tutela la justicia comprobó que ninguna de las cosas que alegaban eran ciertas y falló a mi favor. Lo único que les fue concedido, fue que el niño pasara con ellos un fin de semana por mes. Cuando Thomas cumplió los cinco. luego del segundo fin de semana, sorprendiéndome, vino a mí y me pidió que no lo llevase más porque no se sentía cómodo… Lo que nos llevó nuevamente frente a un juzgado. Esta vez, tomaron en cuenta los deseos de mi hijo de no querer pasar tiempo con ellos y no habíamos vuelto a tener noticias de ellos. Pero estaba seguro, de que era cuestión de tiempo para que volvieran a la carga.
Un golpeteo en la puerta me distrajo de mis pensamientos. Katherine, supuse. El ama de llaves y la nana de Tom. Si no fuese por ella la casa sería un completo desastre en todo sentido. Le tenía verdadero afecto, era eficaz, confiable y responsable. Parte de mí sentía envidia de aquella mujer ya que pasaba más tiempo con mi hijo que yo mismo, aunque el niño era frío con ella como con la mayoría de las personas.
Sabía a qué venía… Habíamos hecho esto más veces de las que desearía, Tom era un niño inteligente, pero al comienzo de su segundo año, hace unos meses, su rendimiento había bajado en picada y su comportamiento había empeorado. Por ese motivo decidí debía retomar su terapia y que sería mejor que tuviese una maestra de apoyo. Así comenzó el dolor de cabeza.
La terapia parecía ir bien, o eso me aseguraba Tanya, la psicóloga especializada en niños, pero su profesora particular… las odiaba, a todas ellas. Se negaba a trabajar o se comportaba por un tiempo para luego volver a lo mismo. Una por una dejaba el trabajo alegando que el niño era imposible y yo tenía que comenzar nuevamente con el reclutamiento. El lapso de tiempo más largo que pasó con una fue de una semana. Todo un milagro. Tenía la esperanza de que esta vez por fin encontráramos a la adecuada…
—Adelante —vociferé elevando la voz.
—Con su permiso, señor Masen —murmuró entrando a mi despacho, temblando cual hoja de papel ¿Tanto miedo inspiraba en mis empleados? Hacía ya casi ocho años que ella trabajaba en la casa y seguía comportándose de la misma forma—. Estas son las solicitudes de las chicas que se presentaron hoy —continuó dejando sobre mi escritorio un sobre marrón.
—Gracias, Kate —asintió en respuesta y se dio la vuelta dispuesta a retirarse pero la detuve—. ¡Espere!
— ¿Sí, señor Masen? —Se giró nuevamente hacia mí clavando sus inquietantes ojos azules en los míos, haciéndome remover incómodo.
Aclaré mi garganta.
— ¿Podría darme los detalles de las entrevistas?
—Oh... —Su rostro se tiño de decepción, ¿qué pensó que le pediría? —. Claro, señor.
—Tome asiento, por favor —pedí señalando la silla frente a mí—. Dígame, señorita Jones, ¿Cuál de todas ellas cree que es la indicada para el trabajo?
—Bueno, en mi opinión, la señorita Swan es la correcta... es algo joven pero muy inteligente señor... —había algo más detrás de sus palabras, algo que no podía adivinar pero dudaba que me importase—. Parece ser una muchachita muy responsable y simpática. Debería revisar su solicitud…
—Bien. Puede retirarse —interrumpí, realmente estaba poniéndome algo nervioso por la forma en que no despegaba sus ojos de mí.
Asintió y dejó el despacho segundos después.
Abrí el sobre y busqué a la tal señorita Swan, iba a confiar en los instintos de Katherine…
Nombre: Isabella Marie Swan.
Edad: 17 Años.
¿Diecisiete?
Promedio: 9.8
Bueno, Kate estaba en lo cierto, era inteligente, pero su edad me inquietaba. ¿Qué adolescente de esa edad se tomaba algo enserio?
Trabajos anteriores: Jason Sports (Atención al público) Referencias: Sra. Jason – 586 987 342
Luego de leerlo varias veces decidí que lo mejor era llamar a la tienda y preguntar por ella. Todo parecía estar en orden pero su edad seguía siendo un problema para mí. Sí, suena prejuicioso pero estaba en busca de alguien que ayudara a la educación de mi hijo y no podía contratar a cualquiera así esa persona dure un día en el puesto…
Contestaron luego del cuarto tono.
—¿Hola?
—Buenas noches, ¿Sra. Jason? —pregunté.
—Con ella habla, ¿en qué puedo ayudarle señor…? —
—Masen —completé su oración—. Sólo necesito hacerle algunas preguntas sobre una antigua empleada, necesito referencias…
—Oh, está bien, ¿quién es ella? —¿Era un poco confiada, huh?
—Isabella… —comprobé su nombre en la solicitud—. Swan…
— ¡Oh, Bella! Una joven maravillosa. Responsable, muy responsable para una muchacha de su edad. Una persona increíble, es simpática y carismática… realmente la extrañamos por aquí.
—¿Puedo preguntar por qué ya no trabaja en el lugar?
—Bueno, ella tuvo un… ehm… problema personal que la obligó a dejar el empleo. Su padre no dejó que volviera luego de lo que sea que le haya pasado.
—Bien. Gracias por su cooperación, señora Jason.
—No hay de que, señor Masen.
Luego de la llamada, algunas dudas respecto a la chica seguían dando vueltas en mi cabeza pero me había tomado la molestia de revisar las demás solicitudes y, como había dicho Kate, ella era la mejor opción. En la mañana siguiente me ocuparía de que Katherine la llamara y le informase que el trabajo era suyo.
Rogaba que esta vez hubiésemos elegido bien…
Llegaba más temprano de lo habitual a casa, había aguantado lo más que pude en la oficina. Había dormido por tan solo tres horas, mis sienes latían horriblemente, el dolor de cabeza por haber salido de copas la noche anterior con el imbécil de mi mejor amigo, Emmett, era incesante e insoportable. Ya no era un adolescente para hacer esas cosas… ¿Por qué demonios había accedido? Bueno, en realidad sabía la respuesta a eso. Él siempre había estado para mí cuando lo necesité, era como el hermano que siempre quise y nunca tuve, el pobre había sido abandonado por su novia y necesitaba una de esas noches de "hermanos".
Mi humor no era el mejor y lo único que quería hacer era dormir. Ingresé a mi hogar, dando un portazo, del cual me arrepentí al instante cuando sentí el golpe resonar en mi cabeza.
Tiré el maletín en el recibidor y me encaminé directo a mi habitación pero algo me detuvo a medio camino. ¿Risas? ¿Tom estaba riendo con verdaderas ganas?
Con la felicidad recorriendo mi cuerpo, fui rumbo al lugar de donde provenían los sonidos con paso apresurado.
La enorme sonrisa en el rostro de mi pequeño fue lo primero en lo que mis ojos se posaron, sus ojos, copias exactas de los míos, brillaban como hacía tiempo no lo hacían. Garabateaba en un papel, su ceño estaba levemente fruncido por la concentración. Luego de unos segundos, tomó la hoja y se la pasó a alguien más.
Fue entonces cuando la vi por primera vez. Me paralicé en el umbral de la sala. Decir que era hermosa es quedarme corto, no había adjetivo que hiciese justicia a su verdadera belleza. El que fuese quien había logrado hacer reír de esa manera a mi hijo luego de tres años, la hacía aún más perfecta.
Su cabello rodeaba su rostro en forma de corazón en sedosos bucles color chocolate, su nariz era pequeña y ligeramente respingona, completamente adorable, sus pómulos estaban un poco ruborizados y sus carnosos labios curvados en una preciosa sonrisa mientras observaba con verdadero interés lo que Tom le había dado. Intenté desviar mis ojos de la blusa azul que llevaba, color azul que contrastaba a la perfección con su pálida tez y se adhería a su cuerpo como una segunda piel.
—Es perfecto — musitó con una melodiosa voz—. ¡Muy bien, Tom!
El niño la miró, aún con una gran sonrisa adornando su cara y luego de vacilar unos segundos, se paró de su lugar y abrazó a la joven quien le devolvió el gesto, tan sorprendida como lo estaba yo.
La esperanza de que por fin, gracias a esta joven, mi hijo fuera como cualquier otro niño de su edad, se apoderó de mí.
— ¿Señor Masen? —la voz de Kate hizo que me sobresaltase e inmediatamente di un paso al costado, fuera de la vista de la sala—. Lamento haberlo asustado, señor.
—Está bien, Katherine… ¿Necesitaba algo?
—Nada, señor. Me sorprendí al verlo tan temprano —me encogí de hombros.
— ¿Ella es Isabella? —pregunté ausentemente. Esa chica no podía tener diecisiete años, se veía más… mujer.
—Así es. Es buena, ¿verdad? Creo que fue una decisión correcta.
—Definitivamente lo fue… —murmuré.
—Así que… —comencé durante la cena, rompiendo el habitual silencio—. ¿Qué tal Isabella, hijo?
Tom levantó la cabeza y me miró sorprendido, pero la sorpresa en su rostro fue sustituida rápidamente por una sonrisa. Involuntariamente, mis labios se curvaron hacia arriba. Mi madre siempre dice que mi felicidad es su prioridad y ahora podía entenderlo perfectamente. Su felicidad era la mía.
—Ella es genial — luego de sólo intercambiar monosílabos durante años, esas tres simples palabras hacían que tuviese ganas de gritar de felicidad. Luego de la muerte de Cam le había tomado casi un año volver a vocalizar algo, con la ayuda de especialistas. En aquel entonces, esos monosílabos provocaban en mí lo mismo que esas palabras. Bendita sea Isabella Swan por eso—. No quiero que se vaya. Es muy divertida y… bonita.
No pude contener una carcajada.
— ¿Bonita, eh? —sus mejillas enrojecieron lo que provocó más risas de mi parte.
— ¡Papá! —protestó bajando la mirada. Algunas hebras de su cabello, rojizo como lo era el de Camille, cayeron sobre su cara. Necesitaba un corte…
—Me parece bonita también —murmuré con la intención de alargar lo más posible la conversación, rebosando de alegría al notar que las barreras entre ambos estaban bajando.
— ¿La conociste?
—Solo la vi esta tarde.
—Así que… Bonita, ¿huh? —Mis oídos no daban crédito a lo que oía. Mi visión se tornó algo borrosa a causa de las lágrimas sin derramar que se acumularon en este. Podía jurar que si Emmett estuviese presente haría medio millón de bromas acerca de esto pero no me importaría: mi hijo estaba bromeando conmigo, estaba dejando que me acercase a él—. ¿Papá, estás bien? —inquirió preocupado.
—Claro —murmuré con una sonrisa.
—Entonces, ¿Bella te parece bonita?
— ¿Te apetece ver una película juntos? —cambié de tema.
Asintió.
— ¿Te parece bonita sí o no?
— ¿No vas a dejarlo pasar? —negó—. Sí, lo es.
Más que bonita, mucho más. El recuerdo de su blusa azul aferrándose a la curvatura de su cintura y en lo suave que su piel parecía, me hizo removerme incómodo. Mierda. Era un viejo pervertido, ella era solo una niña. Además, ¿en qué universo paralelo una preciosa chica y joven como ella siquiera se fijaría en un tipo quince años mayor?
Estaba siendo idiota. Decidí mandar el asunto a volar y disfrutar del tiempo con mi hijo.
—Estás jodido, hermano —logró decir entre risas mientras ingresábamos en la casa. No entendía que era lo que le había hecho tanta gracia pero… era Emmett y cualquier cosa hacía que rompiese a reír—. Te has vuelto un maldito acosador.
¿A caso era chistoso el hecho de que había seguido a Isabella hasta su casa? Suena acosador, pero mis intenciones eran buenas. Las calles de Chicago no eran tan seguras hoy en día, mucho menos para una atractiva joven caminando sola en la noche. Acompañarla a la distancia, solo por si acaso, se había convertido parte de mi rutina diaria.
—Deja de maldecir en mi casa. Y sé que parezco un acosador pero lo hago por su seguridad. Las calles están llenas de imbéciles que no saben apreciar que no solo es una linda cara, Em. Es inteligente, responsable, Tom la adora y hay que ser ciego para no ver que ella también le tiene aprecio, es tan apasionada en lo que hace… deberías conocerla.
Me dejé caer en el gran sillón de la sala de estar y el que se hacía llamar mi mejor amigo lo hizo a mi lado.
—Y tú deberías ver la cara de idiota enamorado que pones al hablar de ella.
Rodé los ojos. Debía admitir que sentía una gran atracción hacia la muchacha pero, ¿amor? No lo creo.
—No estoy enamorado. Ni siquiera hemos hablado.
— ¿Y? Va a tu casa a diario, sal de tu escondite de acosador, preséntate y haz tu magia…
Para él todo era sencillo. A veces envidiaba su capacidad de no preocuparse por pequeñeces.
—No es tan simple —enarcó una de sus cejas en mi dirección—. Tal vez hay algo que no te mencioné…
— ¿Huh?
—Es menor… —contuvo la respiración.
—Mierda.
—Quince años menor —añadí.
—Doble mierda.
—Lo sé… —era más que consciente de que estaba jodido. No podía evitar verla como la preciosa mujer que era, no podía contenerme de apreciar cada una de sus curvas cada vez que tenía la oportunidad. Más de una vez terminaba con un problema entre mis piernas, sintiéndome realmente un viejo pervertido.
—Entonces, ¿te gusta? —¿para qué había abierto la boca? Largué un gemido lastimero—. Voy a tomar eso como un sí.
—Vete a la mierda.
— ¿Tú puedes maldecir?
—Es mi jodida casa.
—Alguien no está de humor —canturreó. Definitivamente mi buen humor se había ido al traste. Ver a Isabella interactuando con Tom hacía que olvidase todos los problemas. El cambio de ánimo, aunque no iba a admitirlo en voz alta, se debía a que me sentía… perdido y confundido. Por primera vez, después de Cam, me había sentido realmente atraído, no solo físicamente, por una mujer. ¿No podía haberme fijado en alguna de esas que no hacían más que insinuárseme cada vez que tenían la oportunidad?
Al parecer no. Tenía que ser ella. Alguien que nunca se fijaría en alguien como yo y ni siquiera me conocía porque jamás me había presentado ante ella.
—No te pongas depresivo. Tengo una propuesta que hacerte.
—Me gustan las mujeres y lo sabes.
—Cierra la boca, no eres mi tipo —ambos rompimos a reír—. Es sobre mujeres que quiero hablarte… Tú realmente necesitas de compañía femenina si sabes lo que quiero decir.
No iba a negarlo, pero en este momento no eran lo primero en mi lista. Mi hijo era la prioridad número uno. Había salido con Jane, la prima de la novia de Emmett, por un corto periodo de tiempo pero éramos demasiados incompatibles y Tom la odiaba, así que, se terminó luego de unas semanas.
—Tienes que salir más, sé que no quieres dejar a Tom mucho tiempo y eso pero, también eres un hombre con necesidades. Mi prima se va de la ciudad por un tiempo y me pidió que le hiciese el favor de hacer que ella, su novio y mejor amiga pasasen en el local de Peter…
— ¿Esa mejor amiga de la que hablas siempre?
—Sip. Esa chica es como mi hermana menor… y un imán para los hombres, en cuanto pone un pie dentro del local, todos los imbéciles babean por ella. Una verdadera belleza…
— ¿Puedes ir al grano y decirme lo que quieres?
—Vas a ir te guste o no, tengo que ir para cuidar que ningún idiota que no sea de su agrado intente aprovecharse de ella nuevamente… Y no quiero ir a caer en la tentación de bellas mujeres contoneando sus cuerpos sensualmente, Rosie y yo estamos solucionando nuestras diferencias y no quiero volver a meter la pata…
—No voy a ir de niñera. De ninguno —dije cortante. Su monólogo estaba volviéndome loco.
—No es eso lo que estoy pidiendo. Puedes ir y ligar con alguna rubia siliconada si quieres, seguramente la pequeña B también ligará con alguien de su agrado y cuando eso pase me iré a mi solitario departamento sin haber caído en las garras de una preciosa mujer, Rose volverá a mis brazos… todos ganamos.
—Está bien —mascullé entre dientes—. Me deberás una.
—El amor te hace gruñón, hermano —comentó aguantando la risa mientras se paraba para irse.
Lo acompañe, gustoso, hacia la salida y regresé a la sala.
— ¿Papá, estás enamorado? —preguntó Tom en cuanto puse un pie en la habitación.
— ¿Por qué preguntas eso?
—Te oí hablar con Em…
Gracias, Emmett, por esto.
—Sabes que no debes escuchar detrás de las paredes —lo regañé.
—Pero tú lo haces todo el tiempo cuando Bella está aquí —Touché. Sentí mis orejas calentarse de la vergüenza—. Sé que lo haces, pa… ¿te gusta Bella?
— ¿Qué te parece si le hacemos una visita a tus abuelos?
—Ella es muy, muy, muy linda e inteligente —el intentar cambiar de tema no servía con él… era bastante obstinado—. Sé que te gusta. ¿Por qué no le pides que sea tu novia? —insistió.
—Ve a prepararte, nos vamos en quince minutos.
—Seguro que aceptaría.
Qué más quisiera…
— ¿Podemos hablar de otra cosa? —se encogió de hombros.
—Solo si admites que te gusta…
Maldito sea Emmett.
—Me gusta, ¿está bien? Ahora ve a prepararte —Sonrió complacido y se retiró.
Se sentía raro admitir que me sentía realmente atraído hacia ella en voz alta, pero ayudó a que me diera cuenta de que estaba jodido hasta las manos. Estaba comenzando a sentir cosas por una persona que apenas conocía, menor de edad, que no sabía de mi existencia y podía asegurar jamás se fijaría en un tipo de mi edad.
Viernes 16 de Agosto de 2013
—Hola, campeón —saludé ingresando a su cuarto. La esperanza de que este año no pasase, gracias al progreso que había hecho desde la llegada de Isabella, se disipó luego de que recibí una llamada de Katherine diciéndome que no había querido abandonar su habitación hasta que Bella llegó pero su comportamiento no mejoró en nada, se negó a trabajar y prácticamente la echó.
Tal y como esperé verlo, estaba acostado en su cama con la mirada perdida. Había decidido no ir a la oficina ese día con la intención de brindarle contención a Tom y así evitar que, en ese día tan devastador para ambos, volviera a caer dentro de su propio mundo donde nadie era bienvenido.
Tres años habían pasado del fatídico día pero aún se sentía como si solo hubiese sucedido ayer. Su ausencia parecía notarse más, no solo en el silencio de la casa, si no en la actitud de Tom y la mía.
—Vete —gruñó antes de darse la vuelta y esconder su cara en la almohada.
—Hijo…
— ¡Vete! —Gritó—. No quiero ver a nadie y no quiero que Isabella vuelva.
—Habla conmigo, Tom —no respondió—. Sé cómo te sientes…
— ¡Tú no sabes nada! Fue tu culpa, perdí a mamá por tu culpa —Fue como si me hubiesen tirado un balde de agua helada. No podía creer que él estuviese diciendo algo como eso—. Ellos me lo dijeron. No querías que fuese feliz, no la querías.
— ¿Qué? —logré vocalizar en apenas un susurro. Salí de la habitación como autómata, herido por sus palabras, mi subconsciente sabía que parte de lo que decía realmente no deseaba decirlo, solo era su forma de canalizar su propio dolor, pero eso no quería decir que no dolieran.
Ellos me lo dijeron. No hacía falta preguntar a quién se refería.
Encontré a Katherine en la cocina preparando la cena.
— ¿Señorita Jones?
— ¿Sí, señor Masen? — preguntó girándose para encararme.
— ¿La familia Volturi se puso en contacto con Tom el día de hoy? —su rostro palideció.
—Ellos llamaron esta mañana, señor. Y… llegó algo para usted.
—Llévelo a mi despacho.
Katherine ingresó a mi despacho minutos después con una carta de citación en sus manos.
Los Volturi volvían al ataque. No solo pedían la tenencia del niño, si no que habían solicitado que volviera a abrirse la causa de Camille cuando ya estaba todo más que claro. El maldito ebrio se estaba pudriendo en la cárcel pero ellos no estaban satisfechos, seguían insistiendo con que alguien había alguien más detrás de todo… él. Era ridículo.
Emmett llevaba aproximadamente quince minutos llamando a mi celular
¿Acaso no podía comprender que no quería ver ni hablar con nadie? Luego del episodio con Tom y la carta de citación, me había encerrado en mi despacho haciendo algo que raramente se me daba por hacer. Bebiendo. Pensando con una botella de whiskey como compañera. No estaba ebrio… todavía.
Lo conocía desde los 14 años y era completamente consciente de que no dejaría de llamar hasta que me dignase a contestar el bendito aparato.
— ¿Qué es lo que quieres? —fue lo primero que dije.
Abrí bruscamente para encontrarme a un muy enfadado Emmett detrás.
— ¡Al fin! Hola, a ti también —exclamó—. Creí que tendría que organizar tu funeral.
—¿Eres idiota?
— Lo siento, lo siento, lo siento, fue un comentario fuera de lugar… me conoces y sabes que nunca pienso antes de hablar, no fue mi intención… —se apresuró a excusarse.
— ¿Qué quieres? —repetí cortando su verborrea.
— ¿No lo recuerdas? Prometiste acompañarme al local de Peter con mi prima…
—No voy a ir.
— ¡Joder, hermano! Sé que no la estás pasando bien pero necesitas salir y despejarte.
—Tom…
—Entiendo que el mocoso sea tu prioridad pero realmente lo necesitas —no iba a dejar de insistir—. Vamos, amigo…
— ¿En cuánto tiempo?
— ¿Treinta minutos?
—Okay.
— ¡Te debo una!
—Lo que sea.
— ¿Puedes cambiar esa cara? —preguntó con el ceño fruncido.
—Estamos esperando hace media hora, ¿no les han enseñado lo que es la puntualidad?
—Te has vuelto completamente gruñón. Necesitas un polvo.
En el momento que iba a contestar, un fuerte alarido hizo que me sobresaltara y me girara hacia dónde provenía y casi, literalmente, me desplomo en el piso.
Frente a mí había dos jóvenes, pero solo tenía ojos para una. Me tomó una fracción de segundo reconocerla, estaba despampanante. Era ella. Enfundada en un vestido rojo sin tirantes que se adhería perfectamente a su figura y dejaba a la vista un par de impresionantes e interminables piernas. Su cabello caía libre a los costados de su cara, no llevaba maquillaje en exceso, lo que la hacía aún más hermosa. Sus labios estaban pintados del mismo color que el vestido haciéndolos aún más apetecibles. Miles de indecorosas imágenes pasaron por mi mente.
Nuestros ojos se cruzaron por un corto lapso de tiempo y, por primera vez, pude apreciarlos en todo su esplendor. Eran de un profundo color chocolate, enmarcados en largas pestañas. Simplemente hermosa.
— ¡Bella! — el grito de Emmett me hizo volver al mundo real. ¿Bella? ¿Ella era "la pequeña B"? Sí que estaba jodido…La tomó en uno de sus famosos abrazos haciendo que su vestido se subiese unas cuantas pulgadas, lo suficiente para ver el comienzo de su trasero y me fue imposible retirar la vista.
En mi defensa, soy solo un hombre.
—¡Emmett! Bájame —chilló. Comencé a reír al verla intentar recolocar su ropa pero callé al sentir su mirada asesina sobre mí. Al parecer tenía carácter. Sonreí de forma inconsciente.
—Lo siento, pequeña… no los he presentado.
—Edward M… —comencé pero Bella interrumpió.
—Bella — se apresuró a decir estrechado mi mano. Tironeé de ella y deposité un beso en el dorso de la suya, claramente aunque no estaba ebrio, el alcohol actuaba por mí.
Isabella se estremeció apenas perceptiblemente.
—Mantenlo en tus pantalones, amigo —bramó Emmett rompiendo nuestro contacto. Sentía enormes ganas de golpearlo pero no lo haría, de todos modos, si no fuese por él no estaría frente a ella. Isabella se quedó mirando con el ceño fruncido a su amiga y, el que supuse que era, su novio. "Supuse", ya que parecían estar haciéndose un exhaustivo examen de amígdalas. Me acerqué lentamente a ella colocándome atrás suyo y me incliné hacía su oído.
—Es un placer conocerte, Bella — susurré.
—Lo mismo digo, Edward —murmuró girándose hacia mí demasiado cerca de mis labios para su propio bien. Nuestros ojos se encontraron y unas enormes ganas de besarla y no dejarla ir jamás de apoderaron de mi cuerpo. De forma inconsciente me incliné hacia su boca pero me retiré. No. Por más que ella estuviese dispuesta, no era como debían suceder las cosas. Esto estaba mal, muy mal.
—Ven —pedí tomando su mano, maravillándome por la electricidad que se extendió por todo mi cuerpo a causa del contacto de nuestras pieles. Me indagó con la mirada. ¿Me había pasado de la raya? —. Seguro está hablando con Rose —expliqué—, va a tomarse su tiempo —Su mirada buscó a mi amigo que se encontraba a unos metros con su móvil —. ¿Vamos? — insistí al verla vacilar. Asintió y nos dirigí a la entrada.
Al ingresar, Tanya prácticamente se abalanzó hacía nosotros y nos guío hacía el vip que utilizábamos habitualmente. Mi miró de forma sugerente haciéndome sentir incómodo.
Me senté junto a Bella en uno de los tres sillones, divertido por las miradas envenenadas que le dirigía a la voluptuosa (falsa) rubia. Se inclinó demasiado cerca de mí, invadiendo mi preciado espacio personal con sus pechos llenos de silicona que, para ser sincero, daban miedo, parecían estar a punto de explotar.
Miré a Isabella enarcando una ceja en su dirección y Tanya dirigió su mirada a ella con el ceño fruncido. Pagaría por volver a ver la cara de satisfacción de Bella.
—Un Cosmopolitan estará bien —dijo con voz débil.
—Un gintonic Hendricks, si tiene —se giró notablemente enfadada por mi falta de atención y nos dejó solos.
Mi mano cobró vida propia y se posó en uno de sus muslos acariciando de forma lenta su piel de porcelana. Acerqué mis labios a su oído nuevamente.
— ¿Qué edad tienes, Bella? —había decidido que haría como si no la conociese. Iba a disfrutar esta noche que probablemente sería mi única oportunidad con ella. En el fondo me sentía como una mierda por hacer eso pero el alcohol no me dejaba pensar con claridad.
—¿Acaso importa? —inquirió a la defensiva queriendo sonar desinteresada.
—A mí sí, no quiero tener problemas… —susurré.
— ¿Problemas? ¿Qué clase de cosas quisieras hacer en la que mi edad se vea involucrada? —Era buena coqueteando, ya estaba teniendo serios problemas en el sur. ¿Quién iba a decir que era la misma Bella que veía a diario? Esa tan correcta y dulce. ¿Cuál sería la verdadera Isabella Swan? ¿O era ambas?
—No tienes ni idea las cosas que tengo en mente —acerqué mi rostro al suyo dejando nuestras bocas separadas por míseros centímetros. Estaba a segundos de perder el control y besarla sin importarme nada cuando Tanya llegó con nuestro pedido y con ella nuestro grupo. ¿Qué hacía Rose aquí? Realmente me importaba muy poco. Emmett miró mi mano que seguía en el muslo de Bella y frunció el ceño haciendo que la retirara al instante…
Iba a tener problemas con él pero… después de todo me había aconsejado que debía tomar la iniciativa con Isabella… sin saber que era ella pero lo había hecho.
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Unas cuantas horas y cantidad de copas pasaron. No me había dirigido directamente a ella, Emm estaba demasiado atento a cada movimiento de mi parte. La había rozado de forma "accidental" varias veces disfrutando de sus estremecimientos, como su respiración se volvía irregular y regocijándome al saber que no le era indiferente.
Observé a Emmett y suspiré imperceptiblemente de alivio al ver a Rose en su regazo. Toda su concentración se encontraba en ella, no me prestaría atención.
Con decisión, volví a colocar mi mano en sus muslos e incliné hacia ella.
— ¿Bailas? —inquirí. Afirmó con la cabeza casi al instante haciéndome sonreír—. No creo que se percate —comenté al ver su mirada vagar hacia mi amigo.
El local estaba repleto. La guié al medio de la pista y al llegar la atraje hacia mí apoderándome de sus caderas.
—No me has dicho tu edad… —constaté.
—Veinte — era una pésima mentirosa. Si no lo supiera tampoco le creería.
—Mientes… pero no me importa. — susurré por lo bajo.
La música cambió y comenzó a moverse para luego girarse y restregarse sensualmente contra mí. Sin pensarlo dos veces, le seguí el ritmo pegándola más a mí haciendo que fuese consciente de mi evidente atracción hacia ella.
Tomándome desprevenido, se giró entre mis brazos y colocó sus manos en mi nuca mejillas pegando con fiereza sus labios a los míos. Salí de mi aturdimiento y le regresé el beso con la misma intensidad, mi lengua se abrió paso en mi boca degustándome del dulce sabor de sus labios. La suya no se quedó atrás y batalló con la mía volviéndome loco. Mis manos volaron a su trasero apretando levemente. Sonreí ante el gemido que abandonó sus labios. Rompí el beso a regañadientes debido a la falta de aire y porque la situación se me estaba yendo de las manos. Ella se merecía mucho más que una follada en el baño de un club.
Pegué su frente a la mía y mirándola intensamente. Gris sobre chocolate.Ambos cargados de deseo.
—Vamos a otro lado, preciosa. A un lugar más privado —casi rogué.
—Sí, vámonos de aquí —dijo luego de lo que pareció una eternidad.
Esta noche prometía ser una de las mejores. Tal vez para ella solo sería un polvo de una noche, pero para mí sería mucho más.
Le haría el amor en secreto.
¡Mil disculpas por la demora! Espero no demorarme demasiado con el siguiente. En el que viene vamos a ver una linda interacción Bella/Edward/ Tom y alguito de drama :B (Sharin AMA el drama (? )
¡UN MILLÓN DE GRACIAS POR LEERME!
SharinPattinson.
