¡TARAN! ¡Sorpresa!
Después de TAAAAAAAANTO tiempo, aquí nuevo capítulo de Pamisex
Es un cap de transición, espero que les guste :*
-Sin betear-
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Capítulo 4: ¿Encuentro Casual?
—No sirves para nada. Eres un completo fracaso. — escupió las palabras.
—Lo siento. — musite bajando la mirada avergonzada. No había sido mi intención tropezar y en el proceso de mi caída arruinar el proyecto de ciencias en el que estábamos trabajando.
— ¿Y qué mierda gano con tu disculpa?
—No me hables así. — espeté tomando valor.
— ¡Oh, lo siento! Había olvidado que no eres más que una niña mimada. — dijo con sarcasmo. — No te molesta que no te hable con palabras duras mientras te follo, ¿no es así?
No lo pensé, la ira dominó mi cuerpo por completo. Mi mano se levantó y se estrelló con toda mi fuerza contra su cara. Para lo que no estaba preparada, era para su respuesta.
Sentir su pesada palma colisionar contra mi rostro, tirándome unos pasos hacia atrás, hizo que por fin me diera cuenta que la persona que creí que conocía desde que tenía uso de razón, se había vuelto un completo desconocido para mí. El escozor de mi mejilla era una prueba de ello.
Jadeé por la sorpresa y llevé una de mis manos al lugar del golpe en estado de shock.
Lo miré con los ojos enrojecidos, cargados con lágrimas de decepción, dolor y furia. Él me devolvió la mirada con desdén, como si no fuera más que una bolsa de residuos. Ni un rastro de arrepentimiento pasó por su semblante.
Había tomado una decisión, una definitiva esta vez. Todo estaba terminado. ¡Qué estúpida y ciega había sido! Me preguntaba cómo no me había dado cuenta tiempo atrás. Tuve que llegar hasta este extremo para reaccionar.
Con la poca dignidad que me quedaba, me giré y camine sin decir palabra alguna fuera de su casa. Me costó enormemente contener las lágrimas pero logré al menos caminar algunas cuadras antes de que se desbordaran de mis ojos sin control alguno.
Creía amar a Demetri pero ya no sabía que sentía. No sabía lo que era el amor y me juré que ni siquiera intentaría averiguarlo. Los cuentos de hadas con finales felices no eran más que ficción no pensaba perder mi tiempo buscando a un príncipe.
En ese preciso momento, me prometí a mí misma que no permitiría que algo como eso volviera a suceder, no volvería a intentar mantener una relación con otra persona ni mucho menos sería esa Bella idiota a la él engaño y manipuló a su gusto. Nunca más.
Unas molestas sacudidas en mi hombro me sacaron de mi perfecto sueño. ¡Joder! ¿Con qué necesidad me despertaban en la mejor parte? Sentí ganas de lloriquear.
— ¿Bella? — oí la voz de mi padre adormilada.
— ¿Mmm? — murmuré de forma incoherente.
— Despierta, Isabella.
Gruñí y dejé a mis ojos abrirse, parpadeando intermitentemente para acostumbrarlos a la luz. Mi espalda dolía y mi cuello estaba contracturado. Dormir en el sofá no había sido una buena idea.
— ¿Qué hora es? — pregunté con voz ronca, incorporándome para enfrentarlo.
—Casi las una. — respondió frunciendo el ceño. — Creí que no saldrías anoche. — comentó secamente observando mi vestimenta.
Mierda. Estaba enfadado.
—Cambio de planes a último minuto. — mascullé entre dientes.
— ¿Has salido con un chico?
Doble mierda. Mis traidoras mejillas se sonrosaron. Podría solo afirmar y continuar con mis habituales mentiras a medias, Edward definitivamente ya no era un chico en el sentido que seguramente Charlie pensaba.
Mi teléfono comenzó a sonar en el bolso a mis pies. Salvada por la campana.
Lo busqué como si mi vida dependiese de ello y atendí sin fijarme de quién se trataba soltando todo el aire que había estado conteniendo.
— ¿Hola?
— Hola, preciosa. — respondió una aterciopelada voz.
—Ehh, dame un momento... — pedí con evidente nerviosismo en mi voz. Mi padre miraba atentamente cada movimiento que hacía. Me puse de pie y caminé rumbo a la ventana para darle la espalda al Jefe Swan. Si me iba de la habitación, probablemente la idea de que le escondía algo se implantaría aún más en su mente.
— ¿Bella, estás bien? — inquirió con preocupación.
—Sí, Alice, te oigo mejor ahora. ¿Qué era lo que decías? — no podía verlo, pero me lo imaginaba con el ceño fruncido intentando comprender qué demonios me pasaba. Tuve que contener un suspiro, su cara cuando se concentraba era extremadamente adorable. Nuestra primera noche, entre las brumas del alcohol, me había contado algunas de sus anécdotas de cuando era joven y tenía que recurrir a todo mi autocontrol para no violarlo en cuanto olvidaba un detalle y se concentraba para recordarlo.
— ¿Tu padre? — preguntó conteniendo una risa adivinando lo que sucedía.
—Ehh, sí. ¿Podemos hablar luego? — pedí pasando una de mis manos por mi cabello.
—Está bien, preciosa… te llamaré en un rato.
—Adiós. — colgué sin esperar su respuesta y me giré hacia mi progenitor que me miraba especulativamente.
—Entonces, — comenzó. — ¿Saliste con un chico?
Me iba a ir al infierno por mentir tanto pero sabía que en cuanto supiera de mi, eh, relación, con Edward pondría el grito en el cielo y me haría las cosas realmente difíciles. Quería disfrutar algo de buen tiempo con él, ver hacia dónde íbamos con esto, antes de que todo se fuera a la mierda. Porque estaba completamente segura de que sucedería, que Charlie no comprendería que pretendíamos tener algo serio, juzgaría la clara diferencia de edad y acusaría a Edward de estar manipulándome. Hasta podía imaginarme las palabras que diría.
—No, papá. Salí con Ángela… fuimos a ver una película de chicas. Tú sabes…
Wow, sonó bastante creíble.
— ¿Película de chicas, eh? — por el amor a mis personajes literarios favoritos, ¿podía dejar el tema de una vez? Asentí exasperada.
—Mira, necesito una ducha, así que si terminaste con tu interrogatorio...
—Cuida tu tono, Isabella.- advirtió.
—Deja de comportarte como un policía conmigo. — espeté siendo poseída por mis hormonas adolescentes.
—Eres mi hija y me preocupo. — se defendió elevando la voz. Su rostro estaba volviéndose rojo, probablemente de ira.
—No tienes nada de qué preocuparte. Ya no soy la Bella estúpida de antes, me cuidé sola en ese entonces y podré hacerlo ahora. — expulsé entre dientes.
La ira hacia él que había estado suprimiendo había salido a flote. La contuve por el simple hecho de que gran parte de la culpa me correspondía a mí pero no me hubiese importado que en aquel entonces, cada vez que intenté pedirle ayuda en cuanto a Demetri, se hubiera puesto más sobreprotector e interesado más en lo que decía.
Traté de que su rostro dolido, estupefacto, no me afectase y camine rumbo a mi habitación en búsqueda de mis elementos de aseo…
Una vez limpia y ligeramente más relajada, volví a mi habitación para llamar a Edward.
— ¿Bella? — Contestó al tercer tono con evidente preocupación.
—Hola. — suspiré.
— ¿Estás bien, princesa?
—Discutí con mi padre.
— ¿Puedo preguntar por qué?
— Digamos que el que esté más observador, controlador e inquisidor que nunca sacó mi adolescente interior a flote y le dije algunas cosas que llevaba un tiempo guardadas…
—Lo siento.
—Está bien, era algo que necesitaba decirle y él escuchar… aunque solo puede que me haya sobrepasado y no fuera la mejor forma de decírselo.
—Si quieres hablar de ello… — dijo en un suave susurro.
—Lo sé, pero no quiero hablar ahora… — interrumpí su frase.
—Sabes que puedes contar conmigo. Cuando quieras, Bella.- continuó.
—Realmente estoy agradecida por eso. — dije con verdadero aprecio. — ¿Sabes? Anoche estuve pensando, sobre nosotros… — comenté, intentando cambiar de tema. Estaba consciente de que más temprano que tarde tendría que tocar el tema pero no hablaría con él sobre eso por teléfono.
Me mordí el labio esperando su respuesta.
— ¿Sí? — podía notar la ansiedad en su voz. Mi táctica de distracción había funcionado.
—Sip. — respondí reprimiendo una risa.
—Y llegaste a la conclusión que…
— ¿Por qué tan nervioso, Sr. Masen?
—No lo sé. No logro imaginar por qué será. — espetó con sarcasmo. Podía imaginarlo poniendo sus ojos en blanco. No pude contener una risa, dejando mi mal humor por el tema Charlie olvidado. ¿Tenía acaso alguna duda de que yo no iba a querer seguir con lo que sea que teníamos? — Bella, deja de torturarme. Soy un hombre mayor, mi corazón no va a resistir a tanto misterio.
— ¡Dios, Edward, ni siquiera estás cerca de los cuarenta!
—No te desvíes del tema. Me costó conciliar el sueño por estar pensando qué era lo que tu cabecita estaba maquinando, pensando que tal vez anoche fue nuestra última salida y dejarías de trabajar con Tom… tengo una imaginación fuerte y bastante negativa.
—Ed… — me quejé. Estaba siendo tan melodramático. — Jamás dejaría a Tom por lo que pase o no entre nosotros. Y… ¿No crees que si ya no quisiera saber nada más contigo te lo hubiese dicho?
—Entonces… — insinuó.
No creí que fuese una persona principalmente insegura. Pero, después de todo, a penas lo conocía.
— ¡Edward! — exclamé. — No es un tema para aclarar por teléfono, ¿no crees?
—Tienes razón. —murmuró apesadumbrado. —Veámonos, ahora.
Solté una risita.
—Mi padre está siendo un dolor de culo en este momento y prefiero no seguir presionando, aunque seguramente se irá en algunas horas…
—Voy por ti. — sentenció interrumpiéndome.
—Y qué se supone que voy a decirle a Charlie.
—Ya se me ocurrirá algo, te veo en veinte minutos. — Dijo antes de cortar y dejarme con la palabra en la boca.
Dudaba que me creyera si decía que tenía que trabajar un sábado pero no perdía nada con intentar.
Quince minutos después, estaba mordiéndome las uñas y fingiendo mirar un estúpido programa de televisión en la sala esperando por Edward e intentando no levantar sospechas. Creí que el corazón se escaparía de mi pecho cuando oí que llamaban a la puerta. Me levanté de un salto pero Charlie fue más rápido que yo.
—Buenas tardes, Señor. Soy Edward Masen. Quisiera hablar con Isabella — logré oír.
— Eres su jefe, ¿verdad? ¿Qué es lo que quieres con ella?
—Err… sé que ella no trabaja los sábados pero, mi hijo tiene un examen importante el lunes y realmente necesita ayuda… — mintió.
— ¿Isabella? —alzó la voz.
Tomé una profunda respiración y me dirigí a la entrada.
— ¿Sí? — inquirí entrando en el campo de visión de ambos. Pude ver un fugaz intento de sonrisa en el rostro de Edward. — Oh, ya veo. Buenas tardes, Señor Masen. — murmuré en forma de saludo intentando enmascarar los nervios enmi voz con la sorpresa.
—Buenas tardes, Isabella.
—Los dejaré hablar. — masculló entre dientes Charlie, y luego de fruncir el ceño y decir algunas incoherencias en baja voz salió de mala gana hacia la sala.
— ¿En qué pudo ayudarle? — inquirí formalmente, reteniendo las ganas de saltarle encima, por las dudas que mi padre estuviese espiando. No me extrañaría si así fuera.
—Lamento irrumpir su fin de semana pero Tom se niega a recibir mi ayuda y aún tiene varias complicaciones. Entenderé si no puede o tiene cosas más importantes que hacer…
—Iré por mi bolso. — interrumpí sonando demasiado desesperada lo que provoco que Edward soltará unas apenas perceptibles risas. Decidí por el bien de su vida ignorarlo
Charlie me interceptó antes de que saliera (huyendo).
— No se hubiese molestado en venir, podría haberte llamado. — espetó con enfado. ¿Cuál era su problema? —No es tu obligación ir.
Dudaba seriamente que sospechara que algo sucedía entre Edward y yo. No podría siquiera imaginarlo, ¿verdad?
—Nadie está obligándome. — contesté en su mismo tono. — Te veo después.
—Solo me preocupo, — susurró en modo de disculpa.
Asentí antes de seguir mi camino conteniendo las lágrimas
Mi lado racional, entendía su preocupación, sabía que había sido duro tener que criar a una hija solo y que le dolía tanto como a mí nuestro repentino alejamiento. Mi lado racional me pedía que dejase atrás lo sucedido y le permitiese volver a entrar en mi vida pero mi adolescente interior, hacía oídos sordos.
— ¿Segura que estás bien? — preguntó mientras aparcaba frente a su hogar como por décima vez desde que había subido a su auto. —Estás… algo roja.
El corto trayecto había repasado en mi mente el "enfrentamiento" con Charlie logrando solo enojarme más. No era de extrañar que mi rostro estuviese rojo por la ira irracional.
—Estoy bien, Edward. Solo sigo cabreada por el comportamiento de mi padre.
—Eres adorable cuando te enojas. — comentó con una sonrisa a la vez que acariciaba una de mis mejillas con su mano.
—Si hay algo que no soy cuando estoy irritada es adorable. — advertí no pudiendo evitar devolverle la sonrisa.
—Me gusta verte sonreír. — dijo acercándose peligrosamente a mi rostro. Acoté la poca distancia que dividían nuestros labios y silencie las risas que se escaparon de los suyos cuando mis mejillas se colorearon involuntariamente.
Nuestras bocas se movían en perfecta sincronía en un beso lento, sin segundas intenciones. Intentaba transmitirle cuán importante era para mí aun cuando apenas nos conocíamos, quería que entendiese que esto era más que sexo para mí.
Se separó de mí antes de lo que hubiese querido y apoyó su frente contra la mía.
— ¿Vas a decirme ahora a qué conclusión llegaste sobre nosotros o piensas seguir torturándome? — preguntó en un susurro.
—Dejar a las personas retorciéndose de intriga es uno de mis hobbies favoritos. — dije intentando contener una sonrisa.
—Bella — advirtió haciendo que mis labios se curvasen aún más.
—Te lo dije, si no estuviese dispuesta a intentar llevar adelante una relación contigo, te lo hubiese dicho. — comencé tomando sus mejillas entre mis manos, mirando fijamente sus preciosos ojos grises. — Solo voy a pedirte que nos tomemos esto con calma. Puede que conozcamos el cuerpo del otro a la perfección pero no lo sabemos todo. Hay cosas de mí que realmente necesitas saber para comprender muchas de mis actitudes.
—Tú no puedes tener diecisiete años. — dijo con incredulidad.
—A veces suceden cosas que obligan a una persona a crecer más deprisa. — comenté encogiéndome de hombros. — En tan poco tiempo te has convertido en alguien muy importante para mí y no estoy dispuesta a perderte. Realmente quiero intentarlo.
—Sabes que eres importante también para mí. No estaría arriesgándome si eso no fuera cierto, si no sintiera algo por ti. Eres excepcional, me tienes completamente cautivado y nada me gustaría más que conocerte mejor. — Sonreí una vez más antes de besarlo castamente. — Creo que tu padre no es el único curioso. — señaló mirando hacia la entrada de su casa.
Seguí el rumbo de su mirada para encontrar a Tom mirando en nuestra dirección con los ojos entrecerrados y una sonrisa idéntica a la de Edward, detrás de él, Kate nos observaba con una mirada… ¿hostil?
— ¿Has hablado con Tom sobre… nosotros? — pregunté de repente preocupada por su reacción. Una cosa era que el niño me quisiera como su tutora de estudios y otra muy distinta era que fuese la novia de su padre.
— Tuve una charla con él esta mañana y le expliqué algunas cosas…
—Entonces, ¿lo tomó bien?
Soltó una carcajada.
—Sabes que te adora, princesa y seguro te aprobaría… Además es bastante audaz, sacó conclusiones propias y básicamente me obligó a que admitiera que me gustabas hace unas semanas. Incluso, el que hiciera eso, contribuyó a que me diera cuenta.
Enarqué una ceja en su dirección. ¿Tom y Edward habían estado hablando de mí?
—Vamos antes de que peguen sus narices en las ventanas del coche… — sentenció omitiendo mi tácita pregunta y besando brevemente mis labios antes de bajarse del coche y rodearlo para abrir mi puerta.
— ¡Bella! — gritó el pequeño al verme, antes de correr hacia mí y envolverme en un cálido abrazo.
—Hola, Tom. — dije devolviéndole el gesto. — Kate — saludé con una sonrisa sincera a la rubia. Esta asintió con una rara mueca en sus labios antes de girarse e ingresar a la casa.
¿Qué demonios le pasaba?
— ¿Cuál es el problema de Kate? – pregunté expresando mis pensamientos en voz alta. No comprendía por qué su cambio de actitud para conmigo, ya que desde que había iniciado a trabajar en la casa nuestra relación no era excelente pero era buena. Su repentino cambio me desconcertaba, todo estaba bien hasta - casualmente- que Edward y yo salimos el pasado viernes. Y entonces, la realización me golpeó. No podría ser por eso, ¿verdad?
Edward se encogió de hombros.
—No te preocupes. — pidió Edward. —Ven, vamos dentro. — pidió. — Hablaré con ella luego.
— ¿Podemos ver una película con Bella, papá? — inquirió el niño jalando de una de mis manos hacia el interior de su hogar.
—Seguro. — respondió dedicándome una sonrisa tranquilizadora.
Estaba sentada entre ambos en el sillón central de la sala mientras veíamos (o al menos ellos veían) una película sobre un video juego de autos, me sentía… incómoda a falta de una mejor palabra. Mi postura era rígida y no lograba concentrar mi atención en lo que sucedía en la pantalla. Todo lo contrario a Edward, su rostro se veía hermoso bajo la tenue luz de la tv. Deseaba poder estar acurrucada contra él o solo tomar su mano pero temía que alguna de esas acciones molestara al niño.
Edward sintió mi mirada y frunció el ceño en mi dirección.
Al parecer logró notar mi incomodidad y pasó su brazo alrededor de mis hombros atrayéndome hacia su cuerpo. Un suspiro se escapó de mis labios antes de que pudiese detenerlo y me acurruqué contra él negando con la cabeza.
Él besó el tope de mi cabeza antes de volver su atención a la pantalla. Logré relajarme por unos minutos hasta que recordé que teníamos compañía y mi cuerpo volvió a tensarse. Intenté zafarme del abrazo pero Edward no parecía dispuesto a dejarme ir.
— ¿Qué sucede, Bella? — preguntó en un susurró. Dirigí una mirada preocupada al niño - que parecía no ser consciente de nuestro intercambio – intentando que Edward entendiese a qué me refería. — No te preocupes por él, te lo he dicho.
—Ed…— intenté protestar pero me acalló poniendo un dedo en mis labios.
—No tendrá problemas. —sentenció acercando sus labios a los míos en beso que le devolví gustosa.
— ¿Son novios ahora? — inquirió Tom sobresaltándonos a ambos.
Mierda. Mi boca se abrió y cerró varias veces sin saber que decir. No debí haberme dejado llevar.
— Tom… yo no… yo… — tartamudeé como una idiota. — Edward, no debimos… — comencé pero él no me dejó continuar.
— Tranquila, él no está molesto. De hecho, parece bastante divertido.
¿QUÉ? Me permití darle una mirada al niño para encontrarlo mordiéndose su labio, su rostro rojo y sus hombros temblando claramente conteniendo una carcajada.
Parpadeé confundida.
— ¿Tom, no estás molesto? — pregunté aún con el nerviosismo evidente en mi voz lo que hizo que esta vez riera sin miramientos.
Tierra, trágame. Podía sentir mi rostro pasar por distintas tonalidades de rojo.
—Por supuesto que no lo está, Bella. — contestó Edward divertido – seguramente – por mi expresión. — ¿No es así, hijo?
El niño asintió aun temblando por la risa. Solté un imperceptible suspiro de alivio.
—Te lo dije. — susurró en mi oído haciéndome estremecer antes de dejar un beso en mi sien.
—Lo sabía, papá te observaba todo el tiempo. — comentó como si nada. Interrogué a Edward con la mirada y sus orejas enrojecieron. — Y cree que eres bonita, incluso le dijo al tío Emmett que…
—Tom, por qué no le muestras a Bella la nueva colección de autos que te regalaron tus abuelos. — interrumpió lo que iba a decir el niño con voz nerviosa.
—Estoy hablando con Bella, papá. Puedo mostrárselos más tarde. — expuso con una enorme pícara sonrisa idéntica a la de su padre.
El rostro de Edward era todo un poema, por un lado, se notaba el regocijo que sentía al ver a su hijo bromear pero por otro, parecía nervioso de lo que Tom pudiese decir.
¿Qué sería tan… importante como para ponerlo en ese estado?
Mi curiosidad aumentó considerablemente. Amaba dejar a las personas mordiéndose las uñas pero realmente odiaba que me pasara.
— De hecho, Tom, me gustaría ver esa colección. Soy una amante secreta de los coches. — pedí a regañadientes, quería saber demasiado lo que Edward había dicho de mí, pero prefería oírlo de su boca.
Tom volvió minutos después con una gran caja entre sus brazos, en ese tiempo permanecimos en un no muy agradable silencio, la incomodidad de Edward parecía ser suficiente para cernirse también sobre mí.
El niño me enseñó todos y cada uno de sus mini autos de colección explicándome con lujo de detalle sus características. Yo permanecía asintiendo y sonriendo. Siendo sincera, no entendía ni un cuarto lo que decía, realmente no era una aficionada de los autos pero me agradaba verlo explayarse de esa forma comportándose como un niño de su edad y olvidándose por un momento de las complicaciones que tenía a su corta edad a causa de sus abuelos maternos y la falta de una madre. Esperaba realmente que Edward pudiera resolver pronto los problemas con sus ex-suegros para que Tom pudiera disfrutar de lo que le quedaba de infancia feliz y sin preocupaciones.
En cuanto a lo segundo, sabía cómo debía sentirse.
Renée nos dejó a Charlie y a mí cuando yo apenas tenía cinco años. Fue un tremendo golpe para ambos, un día estaba perfectamente y al otro, de la nada misma, se había desplomado frente a mí en el piso de la cocina. Por lo que fui capaz de entender años después, ella sufría de un problema en el corazón el cual desconocía tanto ella como papá.
Charlie había sido un buen padre, siempre hizo todo a su alcance para que la pérdida no fuera demasiado para mí pero de todas formas, nunca pudo llenar completamente el lugar de mi madre. Nadie nunca podría reemplazarla.
Y Estaba segura de que a pesar de que Edward fuera un padre fantástico, había un vacío en Tom que era imposible de llenar. Aunque yo me encontraba dispuesta a hacer todo lo posible porque el niño no sintiese tanto la irreparable pérdida. Quería que fuese feliz, y no soportaba la idea de sus abuelos maternos intentando perturbar su vida.
¡Joder! Estaba realmente involucrada con ambos. Esperaba que esto no terminara con tres personas lastimadas.
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GRACIAS a quienes siguen leyendo! :*
Gracias por sus comentarios, favoritos y follows :)
SharinPattinson
