Nota: Lo puse ahora para poder dejar iniciada la historia. El tercero lo tengo a medio terminar y espero poder ponerlo durante la semana o a más tardar el domingo que viene. Los títulos y el nombre de la historia son versos del poemario de Neruda "Residencia en la tierra".
De un punto a otro, absorbo ilusiones
Habían destruido a un robot manejado a control remoto que intentaba llevarse de cuajo la bóveda del banco central. Tuvieron una ardua lucha, extendedida por el afán de Barnaby de encontrar los puntos flacos de su enemigo antes de usar su poder y la conciencia de Kotetsu de que si disponía de solo un minuto, debía hacerlos contar de verdad. Fue una danza de saltos y evasivas, más la ayuda de Fire Emblem que intentaba fundir el metal o por lo menos darle tiempo a sus amigos. Barnaby finalmente pudo estudiar el punto preciso donde golpear a la máquina para inahbilitar su chip. Sky High y Rock Bison se encontraban evacuando a las personas de los alrededores, Blue Rose apagaba el incendio provocado por el robot al hacer explotar una bencinera para generar distracción. Dragon Kid y Origami Cyclon daban caza a quien sea que estaba detrás manejando la maquinaria y tramando el gran asalto.
Fue una proeza agotadora y un gran show que marcó históricos puntos de rating. Agnes estaba eufórica y los esperó con bebidas y un banquete. Los hubiese besado a todos. Kotetsu hizo desaparecer dos latas de cerveza al instante, Barnaby lo observó intentando decidir si la conducta le molestaba o le divertía. Tal vez debería ser honesto consigo y reconocerse que ya nada de lo que hiciera Kotetsu le molestaba, a excepción de esas veces en que se ponía en peligro sin pensarlo y entonces el miedo le recorría como una víbora venenosa.
Y se maldecía, porque él entendía que eran héroes, que estaban en constante peligro, que era parte de su trabajo, que Kotetsu era un hombre mayor y que él podía decidir que hacía con su vida y cuando ponerse a sí mismo en situaciones de ese tipo. Pero en esos momentos en que el cable del viejo fallaba y caía inexorablemente, o cuando se ponía de escudo humano, o cuando intentaba levantar cosas pesadas sin importar que su poder era limitado, Barnaby perdía la racionalidad que intentaba poner como charada y salía como un loco a salvarlo, exponiéndose a si mismo, a los otros, comprometiendo la misión. Hasta el momento, como nunca habían fallado, no habían tenido mayores consecuencias. Pero llegaría el momento en que Kotetsu haría algo irremediablemente estúpido y Barnaby se viese arrastrado, obligado, llamado sin ninguna esperanza de negación, a seguirle y fallarían y todo caería sobre ellos.
Y era precisamente por eso que Barnaby no había querido al principio, ni toda su vida antes de entrar a esa locura de HeroTV, involucrarse con otras personas. Teniendo fresco el dolor de la pérdida de sus padres pensó que estaría a salvo de volver a herirse si no tenía nada – nadie – que perder. Cuando estaba aislado, cuando se engañaba a si mismo que podía vivir ensimismado y que no le importaba nadie, al menos estaba tranquilo. Desde que comenzó a relacionarse con su equipo – con Kotetsu – estaba constantemente al borde de una fractura interna. No solo estaba vulnerable, era dependiente. Cuando había desconfiado de Kotetsu, cuando el japonés le había escondido información, o cuando habían discutido por niñerías, Barnaby se mostraba orgulloso e independiente, pero en realidad se arrastraba a casa sintiéndose profundamente perdido.
Kotetsu recibió la llamada cuando estaba en el gimnasio al día siguiente. Barnaby tomaba un batido de proteínas, Karina hacía flexiones, Pao Lin practicaba kick boxing, Antonio había viajado a ver a su familia y Nathan se había excusado para pedir un día libre. Probablemente para seguir a Antonio.
Cada uno estaba concentrado en lo suyo y cuando Kotetsu contestó el teléfono nadie le puso especial atención hasta que comenzó a exclamar, a pedirle a su hermano que le dijese que era una broma y entonces se dejó caer de rodilla y en segundos todos estaban a su alrededor. Murmuró apenas que su madre, que Ka-chan, había muerto y entonces intentó decir algo más pero no lo logró. Barnaby sin medirse, sin pensarlo, se dejó caer a su lado, lo rodeó con sus brazos, en silencio.
Todos de alguna forma pusieron sus manos sobre sus hombros, pero fue Barnaby quien lo levantó y le dijo que iban a ir inmediatamente al pueblo y que iba alistar el auto y las maletas. Fue Barnaby con su pasado persiguiéndole a tajo abierto, su juramento de no acercarse a nadie sin cumplir y su dependencia hacia Kotetsu, su involuntaria incondicionalidad. Kotetsu simplemente se había dejado llevar como un niño y reaccionó en el auto, en el asiento del copiloto con la cabeza apoyada en la ventana y un tono suspirante.
-¿Qué vamos a hacer ahora?
Barnaby no apartó la vista del camino, pero sus oídos aguzados seguían con interés a su acompañante.
-¿Qué será de nosotros, de Kaede?
-Kaede te tiene a tí, ahora tendrás que estar ahí para ella-
-Y si no es suficiente... digo ¿ y si ella no quiere venir conmigo?, no la culparía, soy un desastre
-No digas eso...- Negó Barnaby sintiendo la mirada inquisidora de su compañero -... tal vez un poco, en el trabajo, pero no como padre, no hay forma de que hagas eso mal.
-¿Cómo lo sabes?
-Porque eres el mejor hombre que he conocido.
Porque eres un pilar para todos. Porque eres indispensable. Porque me hiciste mejor persona. Barnaby, si no fuera un poco cobarde, podría haber seguido en una lista enorme. Kotetsu, en otra situación, podría haber reparado en el cumplido que le habían hecho y en las múltiples connotaciones que podía tener lo que le acaban de decir.
-Entonces me tendré que mudar allí.
-Tal vez debas hacerlo o tal vez lo mejor para Kaede sería un cambio de ambiente – Barnaby no quería sonar egoísta, pero igualmente prefería que ambos, que Kotetsu se mantuviera en Sternville.
-Mi departamento es un desastre.
-Yo me encargo de eso – Barnaby afirmó y Kotetsu no lo puso en duda. - todo depende de lo que ella y tú prefieran, si quieren estar ahí entonces hablo con Agnes, para que te de un tiempo, si deciden venirse, yo intentaré que tu pocilga se vuelva habitable para una adolescente.
Kotetsu hizo un amago de risa amarga. Un mal remedo de su regular alegría.
Más tarde Barnaby mensajearía a Karina y Antonio pidiéndoles que se hicieran cargo de limpiar y preparar una habitación para Kaede en el departamento de Kotetsu, que lo cargasen a su cuenta. Y así todo el equipo se hizo cargo y compraron, decoraron, limpiaron, mientras Barnaby se hacía cargo del funeral, recordando sus dolores y sumiéndose en la impotencia de no poder evitarle esa herida a su amigo.
Kotetsu y Kaede ajenos a todo ese ajetreo estaban pegados de sus manos, unidos en la misma lágrima.
