Piernas largas, mallas negras agujereadas, tacones altos, un vestido negro muy atrevido. Camina lenta y elegante, los vuelos del vestido se contonean al compás de su cadera. El cabello le sigue el paso, de un inusual y chillón color rosa va recogido en una cola alta.

La expresión en su rostro es neutral, sus bonitas pupilas violetas destellan algo más que emoción. Detiene su provocativo caminar al llegar frente a una puerta, una puerta con el número cuatro grabado en negro.

Levanta una mano de uñas largas y negras, da dos toques ligeros sobre la superficie maderosa. Espera sólo un momento hasta que un anciano abre la puerta, sonriéndole con simpatía.

-Vaya, y yo que pensé que no volvería a verte- ella sonríe también, arrugando su respingada naricita y bajando un momento la mirada.

-No estaba segura si debía dejarme ver, pero la nota fue bastante convincente- saca un sobre amarillo y se lo muestra.

-Y no sólo para ti- el hombre se hace a un lado y la deja entrar, dos personas se encuentran dentro, reunidas en una mesa redonda. Un hombre con el cabello negro muy corto y una mirada penetrante la saluda y la invita a sentarse.

-Sabía que al final te convencería de venir, preciosa Keiko-

-No pensaba hacerlo, pero algo me dijo que tenías una buena razón para contactarme. Y espero que así sea- con la misma elegancia se deja caer sobre la silla ofrecida y cruza la pierna con paciencia. Hay otra mujer frente a ella, una mujer que la observa curiosa.

-Déjame presentarte. Ella es mi esposa, Mao- la de cabello rosa inclina la cabeza a forma de saludo, la otra imita el gesto. Lleva una gorra negra que oculta casi por completo su cabello, unos cuantos mechones castaños se salen por los lados.

-¿Podría traer una bebida para Keiko?- la castaña asiente y se levanta casi de un salto, viste ropa deportiva que deja ver muy poco de su figura. El hombre espera a que su esposa desaparezca antes de continuar.

-Bien, ahora me dirás por qué me has convocado, ¿cierto?- él sonríe justo antes de acercarle una carpeta negra.

-Primero quiero que veas algo, ábrelo por favor- ella duda un momento, no es que desconfié, pero algo le dice que no le va a gustar lo encuentre. Aprieta la mano que tiene bajo la mesa y descubre el contenido de la carpeta.

-Shuichi…-

-Así es, Shuichi- levanta la mirada, sus ojos muestran desconcierto, parece trastornada.

-Yo también me he sorprendido cuando me la ha enseñado, nunca imaginé que estuviese vivo- el olvidado anciano pone su mano sobre la blanca y delicada mano de Keiko.

-Pero…¿cómo supiste?- no aguanta más y se pone de pie, su corazón quiere salírsele del pecho.

-No lo supe hasta que regresé a Tokio, había escuchado rumores acerca de un grupo que estaba en la cima del j-pop, pero nunca me imaginé que Shuichi formara parte-

-Imposible, ellos me hubiesen dicho que estaba en Japón- el cabello rosa se alborota cuando comienza a caminar de un lado a otro.

-No podían, recuerda que te fuiste antes de saber que había pasado en realidad. Te fuiste sin confirmar que estaba muerto-

-Graso error- el anciano saca un cigarrillo y lo fuma con calma, ella aún parece demasiado sorprendida.

-Entonces, debo ir a Tokio- Keiko se detiene y pasa su vista determinada por quienes la acompañan.

-Debemos, seguramente ellos no tardaran en encontrarlo. Además, puede encontrarse con ella por accidente- una nueva expresión aparece en el refinado rostro, parecer haber recordado algo.

-¿Ella también se encuentra en Japón?- el de cabellos negros asiente, el anciano le imita.

-Dios, entonces es mucho más grave. Debemos ir ahora mismo- ella se acerca a la puerta pero es detenida a medio camino.

-Tómalo con calma, tengo el vuelo reservado, todo irá bien. Ahora quiero que regreses a tu casa y traigas todo lo necesario para nuestra inmediata partida. El vuelo sale en dos horas así que te espero en el aeropuerto- le entrega un boleto de avión. Aparta su rosada cabellera y lo toma, levanta su violeta mirada y asiente.

-Nos vemos en el aeropuerto entonces- sale apresurada, con la misma expresión desconcertada y esa sensación extraña. Se ha llevado la carpeta y al llegar al ascensor la abre. Ahí está él, con una sonrisa encantadora y guiñando el ojo derecho.

-Shuichi…-

El libreto se le escapó de las manos, su corazón comenzó a bombear con más fuerza mientras en su mente se formaban miles de cuestionamientos sin respuesta. El mundo había dado un giro inesperado y el destino se reía de ella mientras se acercaba a pasos apresurados a él, abriendo sus brazos grande, viendo como el gesto era correspondido y al final se fundía en un abrazo.

Lo escuchó susurrando el apodo que le había puesto desde el día en que lo conoció. "Bombón". Miles de recuerdos vinieron a su cabeza, incoherencias y enojos, paseos y abrazos, amor reprimido. Pero el entusiasmo no le duró mucho, un carraspeo y un suspiro general la hicieron regresar a la realidad de sopetón.

Se separó del pelinegro con rapidez y un sonrojo pronunciado en las mejillas. Pero ya era muy tarde para fingir demencia, todo el set había visto aquel abrazo precipitado. Y para colmo, el manager de Bad Luck no era muy discreto que digamos.

-Ahhh, el amor…- Usagi y Seiya voltearon las miradas avergonzados.

-Como sea, los presentaré con el resto del grupo- Minako había recogido el libreto que su amiga había arrojado hacía un momento y se lo entregó, ella también le lanzaba miradas extrañadas a los tres recién llegados.

-Bien, ellos tres conforman el grupo Three Lights. Algunos deben saber que se separaron hace ya algunos años pero han decidido volver al negocio y que mejor forma de hacerlo que uniéndose a NG Records. Pero por ahora no es lo importante- el manager se separó ligeramente y comenzó con las presentaciones. Nuevamente hubo muestras de simpatía y uno que otro comentario, nada fuera de lo normal.

Usagi se mantenía al lado de Seiya y Minako no les quitaba la vista de encima a los otros dos muchachos. Pero esto pasaba desapercibido para la mayoría de los presentes, sólo Shuichi parecía interesado en las reacciones de las dos chicas. O mejor dicho, en el repentino cambio de su co-protagonista, quien parecía en un mundo lejano.

-Ok, nuestro escritor debe darnos algunas instrucciones antes de comenzar así que necesito que todos se dirijan a sus camerinos y cambien sus ropas, la maquillista estará esperándolos cuando terminen-

Todos obedecieron casi al instante, Hiro y Suguro entraron juntos a una de las habitaciones, Ryuichi entró con Tatsuha, Noriko entró sola aunque compartiría el camerino con las otras dos muchachas. Pero Shuichi se quedó en la sala otro momento, parecía extrañado, desconcertado, aunque no entendía muy bien porque.

Tardó sólo un rato más hasta que un jalón lo hizo regresar al mundo de los vivos y provocó que casi cayera de espalda al piso. Yuki logró sujetarlo a tiempo y lo observó con una ceja levantada, nunca esperó que aquel simple jalón lo hiciese reaccionar de esa forma tan exagerada.

-¿Te encuentras bien?- el pelirosa sonrió nervioso y asintió de la misma forma, se incorporó en un instante y fue su turno de jalar al escritor. Entraron al camerino sin decir una palabra.

Usagi mientras tanto trataba de formar palabras, con la boca ligeramente abierta intentaba con todas sus fuerzas poder decir algo coherente. Pero tenía tantas cosas en al cabeza, tantas preguntas que hacer, tantas dudas, era demasiado. Su rubia amiga parecía estar en una situación parecida pero su mirada denotaba algo así como enojo. Los tres integrantes de Three Lights tampoco se atrevían a decir nada, la explicación y los porques eran demasiado para hablarlos en un momento como ese.

-Guys, necesito que entren a sus camerinos y terminen con su arreglo- K había captado la tensión entre ellos y estuvo a punto de sacar su querida mágnum, pero se lo pensó mejor, ellos no estaban acostumbrados a sus desplantes y locuras. A veces pensaba que sólo sus chicos eran capaces de soportar el ritmo de trabajo que les imponía.

Claro, no hicieron falta las amenazas con el arma ya que ambas chicas casi corrieron hacía el camerino que les correspondía y los chicos siguieron el camino al suyo con rapidez. El americano sonrió para si y se sentó en donde el escritor descansaba momentos antes.

Se sentó frente al enorme espejo del camerino, se sentía mal, un repentino malestar que no tenía antes de que Three Lights llegaran. Lo atribuyó a la falta de descanso, con una amante tan apasionado como lo era Yuki a veces le era difícil tener las ansiadas ocho horas de sueño, sin mencionar que su carrera artística a veces lo absorbía más de la cuenta. Y por supuesto, las constantes pesadillas debido a lo realista de la nueva novela de Yuki habían influido en su malestar los últimos días.

-Apresúrate, tenemos todo un día por delante- el escritor esperaba sentado en un sofá de dos plazas al lado de la puerta. Ahora comía dulces, no podía provocar la furia de Shuichi de nuevo, sabía que lo del ascensor no se iba a quedar así y que tarde o temprano le iba a arrebatar sus preciados tabacos.

Pero Shuichi no estaba prestando atención, su malestar parecía empeorar, unas ganas terribles de vomitar le habían llegado de pronto y estaba segurísimo que una fiebre bastante alta le estaba afectando los sentidos. Se pasó una mano por la frente retirando el sudor que se acumulaba y de paso comprobando si su temperatura era normal. No pudo determinar si estaba bien o mal…

-Shuichi- la mano del rubio se había posado repentinamente sobre su hombro, provocando un sobresalto parecido al de hacía un rato. Yuki ahora sí se preocupó, algo no iba bien.

-¿Está todo bien?- el pelirosa le observó como perdido, estaba pálido, como si de pronto estuviese muy enfermo, entonces, se aventuró a posar su mano derecha sobre la sonrosada mejilla. La sorpresa le llegó de golpe al comprobar que su amante debía tener una fiebre de más de 39 grados.

-Demonios Shuichi estás hirviendo- el aludido no dijo nada, aunque su boca se abrió por un instante, justo antes de que saliera corriendo rumbo al baño. El escritor tardó un segundo en seguirlo, encontrándoselo con la cabeza metida en el retrete. Suspiró si ganas, era de esperarse que el chico resultara enfermo luego de todas las noches en vela y las cantidades enormes de comida chatarra que consumía diariamente.

Se acercó con paciencia y colocó una mano sobre la frágil espalda, ahora debería llevarlo con el médico, y conociéndolo no iba a ser una tarea fácil. Recordaba que la última vez que habían decidido ir a hacerse un chequeo, el chico de cabellos rosas le había hecho un berrinche de proporciones titánicas.

-Lo siento…- el cantante se alejó del retrete y quedó apoyado contra el firme pecho de su amante. Al menos el malestar había dejado de ser tan intenso luego de aquel repentino vomito.

-No me puedo quejar, ¿cómo te sientes?-

-No lo sé, pero no me siento bien. La verdad no entiendo porque de pronto esto me ha sucedido. Pero estoy seguro que si me tomo una píldora estaré bien en un momento y podremos grabar tranquilos- contrario a su comentario, Shuichi, se acomodó más entre los brazos del rubio. Éste le pasó los brazos debajo de los hombros y lo levantó con facilidad, el pelirosa se mostró algo sorprendido.

-Vamos a casa, necesitas descansar. Le diremos a ese loco manager tuyo que grabe las escenas que corresponden a los otros artistas y dejamos lo demás para mañana- abrió los ojos de sopetón, ¿había oído bien? Su Yuki le estaba pidiendo posponer un día de grabaciones, después de haberle advertido que no le gustaba perder el tiempo y que por nada del mundo iba a retrasarse más de lo necesario.

-Eso no es necesario, me siento muy bien- ahora fue el turno del rubio para poner expresión escéptica, estaba seguro que el pelirosa no se encontraba en condiciones de terminar siquiera un escena. Sin embargo, el testarudo cantante se separó de él y llegó tambaleante al lavamanos, se enjuagó la boca y se acomodó el cabello.

Pero Yuki no iba a rendirse tan fácilmente, no le importaba lo mucho que el baka de su amante le dijera que estaba bien porque al final el sabía que no era cierto. La película era algo secundario, es decir, menos importante que la salud de Shuichi. De cualquier modo, en el estado en que se encontraba el pelirosa, no sería capaz de terminar una escena como Dios manda y luego el pagaría las consecuencias.

-Siempre dices que estás bien cuando algo va mal y el día de hoy no estoy dispuesto a arriesgarte sólo por una estúpida grabación. Así que deja de hacerte el difícil y ven conmigo de regreso al apartamento- el pelirosa paró sus movimientos y se miró en el espejo. Para ser sinceros, sí que se le antojaba regresar a casa, especialmente cuando se lo decían con ese tono preocupado. Pero…

-No lo sé, de verdad que no quiero decepcionar a todos. Hemos esperado tanto para el inicio de las grabaciones- rehuía a la dorada mirada, sabía que una vez posara sus ojos sobre los de su amante no podría negarse a sus peticiones.

-Vamos, no me hagas rogarte que sabes que odio hacerlo. Se que hemos esperado mucho para empezar pero un día más no hará la diferencia. Además, no estará del todo perdido si pedimos a los demás actores que graben la mayoría de escenas posibles-

-¿Estás seguro?- no quería decepcionarlo, especialmente cuando sabía que aquella película era una de las cosas que su amante había estado esperando. Algo que le interesaba bastante a pesar de no expresarlo debidamente.

-Vamos, baka- se acercó a él y le revolvió el cabello con cariño, el chico sonrió casi sin ganas.

-Gracias Yuki- no se dijo nada más, el escritor se apartó de su amante y salió a paso decidido del camerino, debía hablar con K antes que empezara a destrozar la puerta apurándolos. Shuichi lo observó salir con una mirada encantada, eran pocas las veces que el rubio se comportaba atento y cariñoso, y vaya que las disfrutaba.

Su sonrisa se desdibujó de pronto, sintió un ardor en la boca del estomago y unas tremendas ganas de vomitar, la horrible sensación no desaparecía. Se llevó una mano a la boca y corrió de regreso al retrete…

Terminó de ajustar el rosado vestido frente al espejo y sonrió nostálgica a su reflejo. Noriko había sido la primera en salir del camerino, algo apresurada, murmurando una que otra palabra que no llegó a captar. Debía ser porque las grabaciones empezarían en unos instantes. Aunque, para ser sincera, ya no estaba tan entusiasmada como al principio. Un nuevo sentimiento se había instalado en su pecho, algo cálido y agradable, algo que sin lugar a dudas no debía sentir.

-¿Usagi?- Minako la esperaba junto a la puerta, con un impecable vestido negro que le sentaba de maravilla. Apenas si se habían dirigido la palabra desde el repentino e inesperado encuentro. Ninguna de las dos estaba segura de que sentir exactamente.

-Ahora salgo…-

-En realidad, me preguntaba el porque de tu reacción de hace un rato- la chica paró de arreglarse y volteó al mirada a su amiga, ella mantenía la vista fija en sus manos.

-Es decir, luego de la última vez que los vimos tú parecías demasiado entretenida por tener a Mamoru a tu lado y ni siquiera entendiste completamente lo que quiso decirte. ¿Qué ha cambiado entonces?- las palabras de su amiga le llegaron al fondo, ya sea de forma inconsciente o no, había sido un golpe bajo. Nunca habló con ninguna de sus amigas acerca de todas las contradicciones que pasaban por su cabeza, no se atrevió a decirle a ninguna que su relación con Mamoru había terminado siendo un tremendo fracaso.

-Nada, sólo estaba sorprendida. Seiya siempre fue un buen amigo, fiel y protector. Nunca me abandonó en nuestra batalla contre el caos y creo que el verle de nuevo trajo consigo todos los buenos recuerdos. Es todo- se alejó del enorme espejo y caminó a paso apresurado hasta la puerta, la mano de su Minako la detuvo a medio camino.

-Promete algo- sus miradas se encontraron, una mirada determinada y la otra indescifrable.

-Dime-

-Si algo estuviese mal, si de pronto algo cambiara y las cosas no terminaran siendo como todos esperan… Promete que me lo dirás- el silencio indundó la habitación de nuevo, Usagi no podía prometerle eso, precisamente porque las cosas ya habían cambiado. Se mordió el labio y apartó la mirada, sólo una cosa podía prometer…

-Te prometo que cuando tome una decisión precipitada tú serás la primera en saberlo- dio dos palmaditas a la espalda de la inquisitiva Minako y abrió la puerta para salir. Respiró aliviada y casi corrió hasta donde Noriko se encontraba parada, practicando por lo visto.

Claro, su fingido entusiasmo pasó a segundo plano cuando el apuesto escritor salió apresurado del camerino que, seguramente, pertenecía a Shindou Shuichi. El hombre parecía preocupado, o tal vez esa expresión en su rostro tendía a ser malinterpretada, se acercó al manager y comenzaron una discusión.

-¿Usagi-san?- una voz la sacó de balance y la hizo voltear con prisa, suspiró aliviada al encontrarse con una menuda mujer de cabello castaño que parecía estar encantada de verla.

-¿Sí?-

-Soy su maquillista, mi nombre es Mao- alzó una mano delgada y algo descuidada, la rubia la estrechó con amabilidad.

-Debe empezar a maquillarla, las grabaciones empezarán en un momento- Mao la jaló con delicadeza, aunque debido a su tamaño no creía que hubiese algún peligro en que la jalara con todas sus fuerzas. De cualquier modo, llegaron hasta un cuartito al final de la hilera de puertas, Hiro y Suguro se encontraban sentados frente a un enorme espejo mientras otras dos mujeres terminaban con el arreglo de sus cabellos y rostros.

-Siéntese por favor- la castaña le ofreció una silla vacía y le sonrió con simpatía. No pudo más que agradecer la amabilidad y sentarse, la mujer comenzó a peinar su cabello al cabo de unos segundos, lo hacía con delicadeza, casi con devoción.

-Debe estar muy emocionada, Usagi-san- la rubia le miró sin comprender, su mente estaba volando por rumbos más altos en ese momento y aquella simple conversación con la maquillista no le apetecía para nada.

-Claro, el libreto es muy interesante y me muero de ganas por empezar- de nuevo las verdades a medias, porque aunque al llegar al estudio estuviese más que emocionada, ese sentimiento no era el mismo luego de haber visto a Seiya.

-Me imagino, las obras de Eiri Yuki-san son extraordinarias- terminó de acomodar el largo y rubio cabello de Usagi, comenzó entonces a poner pequeños adornos en él.

La actriz no dijo nada más, no le apetecía seguir hablando con la extraña Mao. Su cabeza seguía dando vueltas, su corazón no había recobrado su ritmo normal desde el avistamiento de Seiya y no creía que lo hiciera hasta que aclarara algunas cosas con el morocho.

Suspiró resignada, la conversación con Minako también se había quedado grabada en su cabeza. Odiaba mentirle, odiaba ocultarle las cosas, pero eso era preferible a ver su cara decepcionada si llegaba a saber la razón de sus preocupaciones. Era una cobarde, sí, pero cuando quieres a alguien tanto como ella quería a sus amigas piensas en como protegerlos del dolor innecesario.

-Bien, su cabello está listo- la chica levantó la vista y contempló su imagen en el espejo, la verdad se veía bastante diferente, ese peinado le sentaba bien.

-Gracias-

-Ahora sólo déjeme colocarle un poco de maquillaje y podremos empezar con las grabaciones- Usagi asintió y se aventuró a mirar a un lado, comprobando así que los dos muchachos que antes la acompañaban ya se habían retirado.

Se imaginó que dentro de poco los demás artitas acudirían a esa misma habitación para terminar con los preparativos previos a las grabaciones. Se le hizo un nudo en el estomago de sólo imaginarse a Seiya sentado a su lado, con esa sonrisa tan característica.

Sentía las suaves manos de la maquillista recorrer su rostro con paciencia, el característico aroma del maquillaje le llegó a la nariz. Pero su mente estaba de nuevo perdida por otros rumbos, atenta y a la espera de cuando el objeto de su más reciente obsesión se apareciera por la puerta.

-Bien, ya hemos terminado. ¿Qué le parece?- Usagi levantó la mirada y contempló su cambiada imagen en el espejo, muy distinta a la que estaba acostumbrada ver cada mañana.

-Me veo muy bien, gracias Mao-san- la castaña sonrió complacida y giró la silla para que pudiese levantarse.

-K-san me ha pedido que les recuerde que Eiri Yuki-san le hablará un momento antes de comenzar con las grabaciones- Mao se apartó y comenzó a ordenar varias de las cosas que aún continuaban desparramadas sobre el tocador.

-Gracias de nuevo- casi corrió fuera de la habitación, Seiya no se había aparecido en la sala, ni él ni ninguno de los otros artistas.

-Vaya, te ves muy bonita- Minako la esperaba al lado de Noriko, también había sido maquillada y peinada. El hecho la dejo algo sorprendida ya que no había visto a su amiga llegar a la habitación donde la habían arreglado a ella. Debía haber más de una.

-Gracias, tu te ves muy bien también- dibujó un intento de sonrisa que, por supuesto, provocó una extrañada mirada en la faz de su amiga. Pero ninguna dijo nada, no querían entrar en alguna discusión ahora que estaban a punto de comenzar las grabaciones.

-Todos están listos ya, dentro de un momento empezaremos- Noriko dejó a un lado el libreto y les sonrió, hasta ese momento se dieron cuenta que Three Lights se encontraban a unos pasos de ellas. Platicaban entre ellos, su expresión era neutra.

-Que bien…- no se dijo nada más, justo en ese momento el manager de Bad Luck se dispuso a hacer un anuncio.

-Ok guys, ahora que todos están listos debo anunciarles algo- todos se reunieron junto al rubio y esperaron para que empezara a hablar. Éste lo hizo luego de una breve pausa en la que parecía estar atento a la nada. Cuando habló su voz parecía aliviada.

-Bien, pues déjenme decirles que, lamentablemente, no podremos contar con Shindou Shuichi para este día de grabaciones, ha surgido un inconveniente y deberá regresar a su casa. Nuestro escritor hablará mañana con todos y mientras tanto grabaremos escenas secundarias. Así que por favor empiecen a seguir las instrucciones de los asistentes, ellos les indicaran todo lo que quieran saber- se alejó a paso apresurado y desapareció por una de las tantas puertas. Los asistentes empezaron a dar instrucciones mientras todos los artistas ahí presentes se miraban entre sí con extrañeza.

Había sido más fácil de lo que hubiese esperando, sobre todo tomando en cuenta que el manager de su amante era un demente. Aunque agradecía al cielo que el hombre hubiese entendido a la primera sin solicitar alguna prueba, era un alivio saber que el manager confiaba más en su palabra que en la del baka de su amante.

Siguió su camino con algo de dificultad, y es que llevaba al chico de cabellos rosas entre los brazos. Luego de haber regresado de su conversación con K lo había encontrado inconsciente, junto al retrete.

-Lo mejor sería que te llevara a un hospital- sintió como el chico se removía entre sus brazos. Hasta en la inconsciencia se negaba a cumplir con sus peticiones. Que testarudo podía llegar a ser Shuichi.

Llegó frente al ascensor y presionó el botón de llamada, luego se apoyó contra la pared. Era cierto que su amante pesaba muy poco pero luego de un buen rato cargándole cualquiera se cansaría. Al menos agradecía que ninguno de los amigos del chico hubiese salido como loco a ver que le pasaba, de seguro el loco del manager los había retenido con alguna de sus amenazas.

-Que más da- las puertas del aparato al fin se abrieron y el no pudo más que suspirar, no aguantaba más para llegar a su auto y dejar al pelirosa en el asiento de atrás. Se adentró en la cabina metálica y como pudo presionó el botón del sótano. Para su frustración el condenado botón no marcaba.

Soltó un bufido cuando recordó que el maldito ascensor no llegaba hasta abajo. Se resignó en presionar el primer piso y esperó a que las puertas se cerraran. Shuichi no daba señales de despertar en algún momento cercano y de seguro tendría que bajar los dos pisos hasta el auto con el chico aún en sus brazos.

-Vaya, las cosas en las que me metes baka- el chico se removió ligeramente entre sus brazos, sus mejillas estaban rosadas debido a la fiebre y de vez en cuando lanzaba ligeros suspiros. Yuki seguía debatiéndose entre la posibilidad de llevarlo a un hospital o llamar a un médico para que lo revisara…

-Creo que mejor te llevo a casa, el médico puede llegar y así no tendré que verme con tus berrinches luego- el ascensor se detuvo, el rubio suspiró y acomodó un poco más a Shuichi, salió con paso decidido. Pero estuvo a punto de caer de regreso en el aparato, si no es por su buenos reflejos hubiese terminado estampado contra la pared con el cantante en el suelo.

Levantó la mirada hecho una furia, buscando al responsable de su repentina falta de equilibrio y se encontró con una guapa mujer que lo miraba apenada.

-Perdone por favor, no ha sido mi intención molestarlo- la mujer vestía extraño, o al menos eso le pareció al rubio, la verdad tenía toda la pinta de ser una prostituta. Una persona decente no saldría con semejante atuendo.

-Sólo déjeme pasar- Yuki casi la tiró a un lado, podía sospechar la posición de la extraña y la verdad no le agradaba para nada. Ahora mismo tenía cosas más importantes por las que preocuparse que una mujer de la mala vida en su camino.

Le restó importancia a la repentina expresión de la desconocida y abrió como pudo la puerta de las escaleras. Bajó con el mayor cuidado posible y cuando llegó a su auto lo agradeció tremendamente. Ahora sólo debía llamar al doctor y averiguar que estaba pasando con su amante…