Mis mas grandes disculpas por la tardanza el motivo no es otro que la uni, pues mi querido profesor de Diseño nos adelanto el trabajo final (íbamos adelantados en el verano) y decidió terminar temprano. Apenas era para este lunes y por fin ya terminamos con eso. Bien aquí el siguiente cap. Por cierto, el siguiente está listo solo que quiero revisarlo, ya saben detalles, así que el sábado lo tendrán aquí sino preparen los tomates, las shurikens y kunais, tienen carta blanca para tirar jeje. Lean, opinen y disfruten.
Disclaimer: Naruto no me pertenece
Cursiva: Pensamientos, recuerdos, lectura
-*-: Cambio de escena
Tu otro tú: una gran cita
Un tenue rayo de luz se colaba entre la pequeña brecha que se producía entre las cortinas de aquella habitación; la noche anterior estas habían sido cerradas con el fin de que la claridad no molestara a la habitante de aquel lugar en su día de descanso. Y estaban logrando su cometido, solo que el cuerpo que reposaba en la cama, no contaba con el insistente sonido de su teléfono móvil que si logro sacarla del mundo onírico en el que se encontraba. ¿Quién se atrevía a interrumpir su descanso?
Perezosamente saco su mano debajo de las mantas hasta alcanzar su teléfono móvil, que reposaba vibrando en la mesa de noche, y no paraba de sonar – ¿Desconocido? – se dijo mentalmente aun con la cabeza en la almohada. Suspiro y se digno a contestar – Podría ser del hospital – pensó luego - ¿Diga? – su voz sonaba adormilada y algo ronca.
—¿Aun dormida? Pensé que ya estarías lista – escucho mientras se removía en la cama. Muy distante de sonar molesta, la voz detrás del teléfono parecía… burlona.
—¿Cómo… Quien me…? – Se restregó la cara con la mano libre, ya boca arriba en la cama, luego apoyó el codo en la almohada y su cabeza en la palma. — ¿Uchiha? – mencionó confundida. Luego escucho una suave risa al teléfono - ¿Por qué me lla…? – pero él la interrumpió.
—No me digas que Sakura Haruno ha olvidado nuestro compromiso de hoy – supuestamente ofendido. De que estaba hablando él, no entendía hasta que – ¡Oh! – emitió la peli rosa enderezándose en la cama hasta quedar sentada. – Creo que ya recordaste – dijo algo burlón. Acaso ¿Se estaba burlando de ella? Si, definitivamente lo hacía, confirmando esto al escucharlo nuevamente reír.
Ofendida y algo molesta solo contestó – Estaré lista para cuando llegues – y colgó sin darle tiempo a rebatir, burlarse o contestar. Se dejo caer nuevamente en la cama. En verdad lo había olvidado, su salida con el Uchiha la había olvidado. Pero es que el día anterior había sido agotador; terminó saliendo tarde luego de cubrir dos turnos completos. Al llegar a casa solo se le ocurría descansar toda la noche y hasta muy tarde el día siguiente, pero olvido ese detalle de la salida. Ni modo, no le quedaba otra opción que cumplir. Ya le había dicho al Uchiha que estaría lista para cuando él llegase.
Con algo de pereza se levanto de la cama, dejando sus suaves y cálidas sabanas a un lado para irse al baño a asearse no sin antes voltear a ver el reloj de su mesa de noche – 9:21 aun tengo algo de tiempo – pensó la peli rosa al pasar por la puerta.
Veinte minutos después una peli rosa salía del baño envuelta en una toalla al igual que su cabello; debía apurarse si quería estar lista a tiempo pues solo faltaban veinte para las diez y no quería darle más motivos al Uchiha para que se burlara ahora de su tardanza. Comenzó abriendo algunas cortinas para que entrara la luz a la habitación, que se encontraba prácticamente en penumbras, y observo el cielo a lo lejos. El día se presentaba perfecto, pocas nubes y un sol radiante. Dando media vuelta se dirigió al vestidor eligiendo la ropa para cambiarse y terminar de arreglarse.
A las once en punto el timbre de su casa resonaba en forma de sutiles campanadas, anunciando la llegada de alguna persona – Uchiha – se dijo ella aun frente al espejo. Consciente de que alguna persona del servicio abriría, utilizó sus últimos minutos para revisar que nada le faltara. Él le había indicado que utilizara ropa cómoda por lo que ella opto por unos jeans azules, una blusa sin mangas verde militar (tipo franelilla) y zapatos tipo bailarinas de color negro; un cómodo bolso del mismo color de la blusa, pendientes pequeños, muy poco maquillaje (a decir verdad solo gloss y rímel) y con una chaqueta en mano salió de la habitación hacia la sala donde supuso estaría.
—Muy puntual – exclamó la chica cuando entro a la habitación.
—Parte de mis encantos – dijo con un deje de arrogancia.
—¿Tienes? – rebatió la chica mientras que él solo sonreía. Ella lo había escaneado superficialmente cuando entro a la habitación, traía puesto pantalones de mezclilla azul marino con una camiseta blanca debajo de una camisa igualmente blanca totalmente abierta, las mangas estaban envueltas casi hasta los codos. Los zapatos eran deportivos y aun llevaba en la mano sus llaves.
—Supongo que los descubrirás a su tiempo – dijo sonriendo y ella solo rodo los ojos.
Un rato más tarde ambos de encontraban en el auto del moreno rumbo a quien sabe dónde. La Haruno apenas podía reconocer que se dirigían a la autopista. Los cabellos de ambos eran batidos por el viento, y como no si el auto que el Uchiha había llevado en aquella ocasión era un convertible; al parecer también se había dado cuenta del hermoso día que hacía. Lo del tipo de auto no le molestaba a la Haruno, ella traía el pelo recogido en una coleta y eso de la velocidad y el viento en la cara le encantaba por lo tanto estaba disfrutando el viaje, pero esto no quitaba el querer saber a dónde se dirigían.
Ya tenían casi una hora de camino y aun no decían ni media palabra, algo común en el Uchiha pero no en la Haruno. A estas alturas ya debería haber preguntado a donde la llevaba el azabache, pero este imaginaba que no lo había hecho solo porque estaba distraída con el paisaje. Apenas y tenían la radio encendida con música suave. Por su parte la Haruno mantenía su vista en el lado derecho del camino. Estaban en la autopista que salía de la ciudad ¿A dónde se dirigían? Aun no lo sabía. También le causaba curiosidad que el Uchiha después de salir de su casa no haya dicho nada, sabía que no era muy hablador y que cuando lo hacía era para mostrar su tremendo ego o molestarla pero, aun estando ahí solo con ella no había abierto la boca. Volteo a verlo acto seguido de sus pensamientos, él parecía absorto en el camino; su cabello se removía en diferentes direcciones debido al viento y la velocidad a la que iban. No parecía tenso más bien se veía relajado, tranquilo. Si no fuera por los lentes de sol que llevaba puestos, juraría que si mirada no mostraba ese brillo de superioridad que muchas veces había visto en ellos – ¿Qué planeas Uchiha? – pensó mientras lo veía.
Se había dado cuenta que ella lo observaba, y contrario a su forma de actuar la dejo tranquila, se abstuvo de decir cualquier comentario cínico que pudiese salir de su boca solo para no incomodarla. Pues aunque ella se mostrara segura de sí misma sabia que atraparla infraganti la avergonzaría un poco, pudiera ser divertido verla y ese era el detalle ¡verla! ya que conduciendo no podría disfrutarlo.
—¿A dónde vamos? – preguntó volviendo su vista al frente observando el camino de manera desinteresada. Silencio, el silencio fue lo que obtuvo por lo tanto se vio obligada a mirarlo nuevamente, esta vez de manera más inquisitiva.
—Es una sorpresa – le dijo él con una media sonrisa en los labios. Ella bufo y él continúo con la mueca pintada en el rostro.
Media hora después se encontraban andando por un simple camino bordeado por un lado de arboles, específicamente del lado de Sakura, del otro lado también habían algunos árboles pero aun se podía distinguir la autopista a lo lejos. Un poco mas de camino y unas cuantas vueltas, el automóvil del Uchiha aparco en un claro bien cuidado, al parecer no eran los únicos que acudían a ese lugar. Él bajo al tiempo que lo hacia la peli rosa, no sin antes subir la capota del auto y sacar las cosas que traía en el asiento trasero: una canasta y una neverita pequeña. —Tenemos que caminar un poco – la chica asintió y lo siguió. Se adentraron por el pequeño bosque que se alzaba frente a ellos, grandes robles se mostraban ante ellos mientras caminaban por el sendero marcado. La fresca brisa de ese lugar lo hacía perfecto para permanecer mucho tiempo ahí. Caminaron unos sesenta metros hasta un área llana y libre de troncos pero donde la sombra del bosque llegaba. Decir que estaba sorprendida era poco, ella estaba impresionada. A sus espaldas estaba un tranquilo bosque que envolvía a cualquiera en una atmosfera pacifica y en frente tenía una vista increíble. Al parecer estaban en una pendiente a varios metros de la orilla, la cual estaba protegida por un barandal, desde donde se tenía una vista panorámica de la playa que se encontraba a unos kilómetros de allí.
El agua se mostraba del más bellos azul que pudiera imaginar y la arena blanca que parecía sal, brillaban en todo su esplendor debido al sol de medio día, bueno casi medio día, acompañadas de las olas que se rompían leves contra las rocas de aquel, un poco lejano, faro. El Uchiha había dejado las cosas al pie de uno de aquellos robles y se acerco un poco a donde se encontraba la chica. Lo que en un principio fue orgullo poco a poco se convirtió en satisfacción al ver que a la peli rosa no solo le había impresionado el lugar sino que le había gustado, en verdad le gustaba el lugar pues tenía una sonrisa de niña pequeña que no cambiaría por nada. A pesar de todo no se resistió – Te gusta – y la peli rosa asintió lentamente hasta que reacciono y se alejo unos pasos del Uchiha. Él había dicho eso muy cerca de ella, más bien en su oído y en un susurro cálido que por más que dijera, le erizo sutilmente la piel. Por eso se alejo, aunque se encontrara hipnotizada por el lugar sus defensas se mantenían activas 24/7, mas aun cuando él estaba cerca. Volteo y se dirigió hacia donde estaban las cosas que el moreno había traído. —No imagine que me traerías de picnic – dijo para romper el silencio. El Uchiha caminaba detrás de ella sonriendo levemente.
—Te dije que era una sorpresa – se adelanto a ella y comenzó a sacar cosas de la canasta: un mantel que iba a extender cuando la peli rosa hablo – Podemos colocarnos más hacia allá – señalando un poco mas delante de ellos. Quería estar más cerca de todo, de la orilla. El pelinegro asintió y tendió el mantel de cuadros unos pasos más adelante, volvió por la canasta y la peli rosa le ayudo con la neverita. Termino de colocar las cosas y se sentaron. La peli rosa veía como el pelinegro servía todo lo que había traído, cabe decir que era un abundante almuerzo, con elegancia. Su mente por un momento se quedo en blanco mientras lo veía mover las manos y sacar cosas de la canasta.
De un momento a otro se vio descubierta por unos ojos negros, brillantes sin razón aparente, pertenecientes al Uchiha el cual no dijo nada pues él solo sonrió. Ella por su parte se sonrojo un poco, esa acción la tomo desprevenida por lo que volteo el rostro.
Por su parte Sasuke estaba complacido, esa sería una interesante tarde.
—La comida está servida – le dijo y ella asintió. Se acomodo mejor y comenzó a comer en silencio, nuevamente nadie decía nada y eso a ella la estaba incomodando. Después de haber sido capturada viéndolo no quería estar en silencio no fuera que se le escapara algo indebido.
—¿Como sabias de este lugar? – pregunto para romper el hielo, además de que le causaba curiosidad. El lugar era hermoso y bastante tranquilo, apacible mejor dicho, y a su parecer no concordaba con la imagen prefabricada que ella tenía del Uchiha.
—Siempre vengo a este lugar a despejarme, mis padres nos traían a mi hermano y a mí a este lugar de vez en cuando – respondió antes de tomar de su copa aquel líquido tinto.
—¡Oh! – Exclamo – Es un hermoso lugar – dijo recorriendo el lugar con la mirada.
—A mi madre le encanta. Pero lo encuentro mejor al atardecer, es hechizante – le dijo. Cuando volteo a verla sus miradas se encontraron. Al parecer de los jades, los carbones se mostraban sinceros y tranquilos, lejos estaban la arrogancia y el cinismo que lo caracterizaba. En aquel lugar parecía otra persona. Por un momento paso por su mente el querer disfrutar de aquella persona que apenas estaba conociendo, y pensó que quizás… quizás aquella imagen prefabricada que ella misma había creado con la ayuda del propio Uchiha podría cambiar al conocerlo un poco más.
Eran ya las dos de la tarde y ella ya estaba lista, solo era tomar su bolso. Justo cuando llego al último escalón la puerta de la entrada era abierta, dejando ver a un guapo rubio de expresivos ojos azules y sonrisa contagiosa que la veía fijamente desde que la reconoció en el lugar. —Buenas tardes Hinata – saludo y la chica sonrió. El joven rubio aun se encontraba en la puerta cuando la chica le dio alcance.
—Hola Naruto – dijo en su usual tono suave. Sin darse cuenta la chica del servicio había desaparecido.
—¿Nos vamos? – le dijo ofreciéndole el brazo a la peli azul la cual acepto gustosa al salir de la casa, todo esto bajo la atenta mirada de otra peli azul que sin querer había visto todo.
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—Y ¿A dónde vamos? – dijo la peli azul después de estar en marcha.
—Jeje – reía algo nervioso – debo admitir que no tenía ni la mas mínima idea de dónde ir contigo…
—¡Eh! – dijo algo confusa la chica. Era acaso que…
—No me lo tomes a mal Hinata, es solo que quería que fuera un lugar donde te sintieras cómoda. Quiero que en verdad te diviertas. – la miro por un momento mientras estaban detenidos en un semáforo. Sus azulados ojos mostraban la sinceridad con la que hablaba. La Hyuga sonrió y él se puso en marcha nuevamente.
—Gracias – exclamo bajo la chica.
—Porque si aun no hemos llegado – dijo con su típico tono alegre.
Casi media hora después se encontraban en una boletería. Hinata veía todo feliz, hacia mucho que no iba a un lugar como esos, en verdad mucho tiempo. Ya quería estar adentro y recorrerlo por completo aunque no se animara a subir a todos los aparatos, pero – ¿Cómo sabia Naruto que este tipo de lugares me gustan? – se preguntaba a sí misma la peli azul. Y como si se tratara de arte de magia o telepatía Naruto a su lado le respondió.
—Tuve que preguntarle a Ino que lugares te gustaban y a cual hace mucho que no vas, ella me dijo que hacía mucho que no ibas a uno y que te encantaban, así que… – se rascó la nuca con algo de nerviosismo –… ¿Qué tal? ¿Te gusta la idea? – sus ojos claros estaban fijos en el dulce rostro de aquella muchacha en el cual se mostraba la más bella sonrisa que pudiera mostrar.
—Me encanta la idea – y sin esperar más el rubio la tomo de la mano y se adentraron al lugar. La haría pasar la mejor tarde que haya tenido en mucho tiempo – Nos divertiremos `ttebayo – pensó mientras caminaban hacia una atracción.
Las horas habían pasado rápidamente, tanto que ni cuenta se dio que faltaba como una hora para el anochecer. ¿Cómo había pasado todo ese tiempo? Pues después de comer y reposar un rato, decidió caminar un poco por los alrededores; Uchiha le dijo que no había problemas, lo más que podía encontrar eran ardillas y aves aun así no se alejó mucho. Regresando de su paseo encontró ardillas, como él le había dicho, corriendo de un lado a otro lo que la hizo sonreír. Ese lugar era tan tranquilo que hasta el Uchiha había caído preso de todo, pues cuando regreso lo encontró sobre el mantel que anteriormente habían utilizado tranquilamente dormido. —Parece un niño – pensó la peli rosa después de verlo por un rato. Luego ella también quedo dormida.
¿Cuánto tiempo paso? No lo sabía. Solo estaba consciente que Sasuke ya estaba despierto y se encontraba sentado con los brazos sobre las rodillas flexionadas observando el horizonte – ¿Qué hora es? – le pregunto luego de sentarse ella también.
—Pasan de las cuatro – le dijo suavemente y sin mirarla. Por un momento ninguno de los dos emitió palabra alguna – has dormido como una hora – le dijo luego.
—Como… – se extraño, él estaba dormido ¿no? Él volteo a verla y le sonrió.
—Tengo el sueño ligero – justifico antes que nada y nuevamente se mantuvieron en silencio. Se mantuvieron unos minutos más ahí, sin decir nada solo viendo el horizonte hasta que él se levanto y le tendió la mano. —Vamos, te mostrare algo – ella lo miro un momento y luego acepto. Recogieron todo poniendo en cada cosa en su lugar dentro de la canasta y emprendieron el viaje de regreso por el sendero hacia el auto. Todo dispuesto se pusieron en marcha hacia un nuevo destino.
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Caminaban por unas escaleras de caracol en piedra para poder subir hasta su destino. ¿Cuál era? El mirador del faro. Si, allí había llevado Sasuke Uchiha a Sakura para terminar la tarde. Él ya le había dicho que el ocaso era hermoso desde donde estaban pero la vista que tenia del lugar era mejor desde ahí. El faro era un lugar más alto que donde estaban y por lo tanto tenía una vista más panorámica por estar despejado, un lugar perfecto. Quizás muchos no apreciaran la belleza y la complicidad que ofrecía aquel lugar pero ella se sentía bien al estar ahí, y agradecía que alguien mas también compartiera su opinión. Aunque él no lo había dicho, prefería imaginar que era así.
Lo que apenas había visto por los pequeños huecos que hacían de ventana en esa
torre, no se comparaba en nada con lo que ahora veían sus ojos: el mar en toda su extensión ya de un tono más oscuro que hace unas horas, el reflejo del sol en este y la ya un poco más alta marea arremetiendo contra la base rocosa donde se elevaba el faro.
Como si fuera una pequeña curiosa deslumbrada por la magnificencia del lugar, se acerco hasta el muro de piedra que bordeaba el pequeño espacio desde el foco del faro hasta el límite de este, un metro y medio aproximadamente, para ver un poco más de cerca. El Uchiha se mostraba sereno ante todo respirando profundamente la brisa marina y observándola a ella que se mostraba feliz. En una de sus manos traía lo que quedaba de la botella de vino que hacia unas escasas horas estaban tomando, junto a un par de copas. Se acerco un poco a donde ella estaba pues se había quedado en la entrada, mientras ella se maravillaba con la vista. Un hermoso la escucho susurrar al viento.
Si dijera la verdad no creía que las cosas saldrían así. Había pensado en llevarla de picnic e impresionarla, mostrarle que podía ser otra clase de persona a la que ella estaba acostumbrada a ver pero termino abriéndose más de lo que creía. Le había dicho cosas que a ninguna otra mujer le había o hubiera dicho. Estaba disfrutando tanto su compañía que no noto como el tiempo volaba; se había sumergido en disfrutar la paz que ella profesaba solo con estar ahí mirando el horizonte. Sonrió negando la cabeza, era increíble lo que esa mujer había logrado en un par de horas. Y ahora la había llevado al lugar al que jamás pensó llevar a nadie: el faro. Ese lugar era su rincón personal, mucho más personal que aquel claro que siempre compartía con su familia. Allí, en aquel alto lugar veía el sol caer y a las estrellas adornar el cielo solo para él. Tal vez uno que otro día vio el amanecer pero este era sin duda una de esos días que no serian fáciles de borrar de su memoria.
—Este lugar es hermoso – dijo en voz alta la chica. De su mente borro las preguntas de ¿A cuántas chicas habría llevado a ese lugar? ¿Siempre hacia lo mismo con todas? ¿A caso se dio cuenta que quería venir aquí? Todas esas y muchas más se las llevo el viento junto a cualquier comentario no deseado en esos momentos.
—Solo espera un poco mas y veras – le dijo desde atrás mientras su brazo se extendía hacia delante, cerca de la cintura de ella, y mostraba una copa con vino la cual ella acepto al darse cuenta de lo que era. Había bajado un poco su cabeza al sentirlo demasiado cerca solo para encontrarse con la copa. Volteo ligeramente y lo vio sentado en el muro con la copa en una mano y la botella en otra, mirando hacia el mar.
Qué imagen para una portada de una revista. Era hermoso así como estaba, con el sol de la tarde dándole en el rostro mientras tenía una pierna flexionada sobre el muro y el brazo sobre su pierna. Su cabello ondeando por el viento de la tarde.
—Sabias que una foto dura mas – dijo con una media sonrisa volteándola a ver.
Ella se sonrojo levemente pero recupero la compostura con un sorbo de vino – No te podías resistir ¿Cierto? – ahora se escucho su risa tenue. Ella le hizo compañía sentándose en el muro frente a él mirando hacia el océano. Pasaron un buen rato en silencio y mientras él rellenaba su copa y la de ella el cielo empezó a teñirse lentamente – Observa – le había dicho a la chica que fijo su mirada en el horizonte. El sol comenzaba a ocultarse dando a su verde mirada el mejor espectáculo que podía haber visto. El mar se coloreaba al igual que el cielo, adquiriendo tonos anaranjados, rosas y rojos. Lentamente iba perdiéndose el astro allá donde el mismo se juntaba con el mar.
Un suspiro se escapo de los labios de la peli rosa, el moreno solo sonrió. A él le había pasado lo mismo cuando lo vio por primera vez y quizás desde ese momento tuvo una gran revelación. ¿Decirla en voz alta? No, eso quedara como una incógnita mas no como un sueño, pues a partir de ese momento haría lo posible y nadie sabe si hasta lo imposible por hacerla realidad.
—¿Cómo es que tienes acceso a este lugar? – pregunto ella aun mirando hacia el frente. Y de la misma forma él le contestó.
—Mi familia se encarga del mantenimiento –.
En la ciudad dos jóvenes se encontraban observando el mismo cielo aunque desde otra perspectiva. Ellos estaban en lo alto de la rueda de la fortuna, en un cómodo silencio compartido por los dos. Había sido un día estupendo. El rubio la había llevado casi a rastras por todo el parque, ganándole peluches y acompañándola en cada atracción por más tonta que fuera. Más parecía un niño que un hombre adulto. La traviesa sonrisa que siempre tenia no se borro en ningún momento. Ahora agradecía el haberse visto obligada a participar en aquella subasta, tantos nervios habían tenido su beneficio. Ahora que se encontraba en aquel lugar se regocijaba.
Hacia unos pocos minutos que había desviado su mirada del cielo y la había fijado en el cristal. Allí el rostro dulce de Hinata se reflejaba. Ella se veía tan frágil y delicada que hasta daba miedo acercársele solo por miedo a quebrarla. Sin embargo era decidida. Aunque pocas veces, al menos las que las ha visto, la había visto mostrar carácter pero si lo tenía. Sonrió al recordar como la chica utilizo su más seria mirada para que la dependiente los atendiera y dejara de coquetear con otros chicos. Aunque no sabía por qué puso esa mirada después que la chica los miro, si ya tenía ella un tiempo haciéndole ojitos a los otros. Bueno, en ese momento no lo entendió pero ya tendría tiempo para descubrir las manías de la Hyuga, mas adelante habría muchas tardes. Y quien sabe…
La tarde se esfumo lentamente frente a sus ojos y la luna brillaba en todo su esplendor. Aun sentados en aquel muro se encontraban aquellos dos, habían intercambiado algunas palabras más pero la mayor parte del tiempo la pasaron en silencio. Solo que la brisa marina hacía rato que había dejado de ser cálida para calarle los huesos y hacer titiritar a la peli rosa.
—Vámonos – su voz sonó seria, ni siquiera se había dado cuenta cuando él se levanto y paro a su lado – ya no hay mas vino y tienes frio – destacó lo obvio. Asintiendo esta se levantó lamentando el haber dejado su chaqueta en el auto, al menos no tendrían que caminar mucho para llegar allá.
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Viajaban ahora a una velocidad moderada, considerando a cómo iban esa mañana. Ella estaba casi acurrucada en su asiento mientras oía la suave música instrumental que había puesto el chico. No se podía quejar, según ella, pues por más que quisiera negarlo – cosa que no haría – lo había disfrutado todo, desde el viaje por la autopista hasta el frio que hacía rato la hacía titiritar. Sobre todo la inolvidable vista mañanera de aquel acantilado y el atardecer en el faro. Uchiha si sabia como impresionar a una chica sin la necesidad de mostrar grandes lujos, y eso le había gustado. Tal vez y si ambos se dieran una oportunidad, se podrían conocer mejor y nadie sabe, aunque siempre cabe la posibilidad de que el príncipe se convierta en sapo, hoy no quería escuchar el croar de ninguno y por lo mismo prefería el silencio.
El Uchiha conducía con más calma, pues inconscientemente quería estar más tiempo con ella ahí, embriagándose con su aroma, disfrutando de la calma. A cada minuto que pasaba más se convencía de que su decisión sería la correcta. Al verla ahí con los ojos cerrados y la calma dibujada en sus facciones, quedaba más que claro que así era.
El lunes había llegado para dar inicio a una nueva jornada, aunque muchos hubiesen deseado que ese fin de semana no acabara el tiempo corre. Muchos aun soñaban con todo lo acontecido en aquellos días, otros se carcomían pensando en cómo actuar o esquivar a ``otros´´. Como si fuera tan fácil en algunos casos, sino pregúntenselo a Tenten que en su vano intento se esquivar al Hyuga en toda la mañana – que según ella había funcionado – ahora se topaba con una nada grata noticia…
—¿De viaje? – dijo extrañada a la chica frente a ella. Su secretaria le acababa de informar que Neji Hyuga había tenido que viajar esa misma mañana muy temprano. Con razón le fue tan fácil esquivarlo ¡si no estaba! Pero ahora… ¿Qué significaba aquello para ella? Él no había dejado dicho el motivo por el cual tuvo que irse, y ahora ¿Por qué a ella le importaba tanto? ¿Sera acaso que aquel beso le había afectado tanto? No, no era eso. Aquello solo fue un beso nada más.
A quién demonios engañaba, ese beso le había encantado. Le había aturdido todos los sentidos y qué decir del cuerpo. Se había dormido pensando en él, y ahora sentía una gran decepción al saber que él no estaba. Porque se sentía así si entre ellos no había ni habrá nada. Si había intentado esquivarlo ¿Por qué ahora sentía las ganas de verlo? Al parecer ese beso movió más que las hormonas…
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¿Y? me van a querer matar, no lo creo porque si lo hacen no habrá conti y si no hay conti no sabrán que pasa después (que lógica más loca). Y que me dicen de Sasuke y su idea para una cita. A veces las cosas no salen como las planeamos, salen mucho mejor.
