Disclaimer: Naruto no me pertenece
Cursiva: Pensamientos, recuerdos, lectura
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El lunes había llegado para dar inicio a una nueva jornada, aunque muchos hubiesen deseado que ese fin de semana no acabara el tiempo corre. Muchos aun soñaban con todo lo acontecido en aquellos días, otros se carcomían pensando en cómo actuar o esquivar a ``otros´´. Como si fuera tan fácil en algunos casos, sino pregúntenselo a Tenten que en su vano intento se esquivar al Hyuga en toda la mañana – que según ella había funcionado – ahora se topaba con una nada grata noticia…
—¿De viaje? – dijo extrañada a la chica frente a ella. Su secretaria le acababa de informar que Neji Hyuga había tenido que viajar esa misma mañana muy temprano. Con razón le fue tan fácil esquivarlo ¡si no estaba! Pero ahora… ¿Qué significaba aquello para ella? Él no había dejado dicho el motivo por el cual tuvo que irse, y ahora ¿Por qué a ella le importaba tanto? ¿Sera acaso que aquel beso le había afectado tanto? No, no era eso. Aquello solo fue un beso nada más.
A quién demonios engañaba, ese beso le había encantado. Le había aturdido todos los sentidos y qué decir del cuerpo. Se había dormido pensando en él, y ahora sentía una gran decepción al saber que él no estaba. Porque se sentía así si entre ellos no había ni habrá nada. Si había intentado esquivarlo ¿Por qué ahora sentía las ganas de verlo? Al parecer ese beso movió más que las hormonas…
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Las vueltas de la vida
Ese día lo bloqueo. Dejo de pensar en él y sus motivos para marcharse – vamos ni que fuera para siempre – pero después de lo sucedido entre ellos espero consciente o inconscientemente algo de parte de él, algo que ese día no llegaría. Al día siguiente se entero que el joven había marchado por asuntos de la empresa familiar a Brasilia, unos contratos con quien sabe quien cosa que según ella no le importaba por lo que no pregunto nada más sobre el asunto, ni siquiera a su amiga Hinata la prima del joven. ¿Cómo se entero? Su padre le había informado por teléfono. En los siguientes tres días no supo nada de él, ni una llamada, ni un mensaje… siquiera señales de humo para que supieran que estaba vivo, nada pero a ella eso tampoco le importaba o eso era lo que se decía a sí misma. Durante esos tres días siguió con su vida normal trabajando y de vez en cuando comunicándose con sus amigas, hasta aquel viernes. Había decidido consentirse un rato a sí misma y darse uno de esos gustos que solía darse cuando estaba algo estresada, llamo a su delicatesen favorito e hizo su pedido. En menos de treinta minutos allí estaban frente a ella y como no tenía nada que hacer se dispuso a devorarlas. Con maestría y tortuosa lentitud las zambullía en el pequeño envase que contenía aquella deliciosa y dulce sustancia marrón oscuro, aquella pequeña frutilla que tenia entre los dedos para después llevarse a la boca, deleitándose con la dulce combinación de su fruta favorita y el mejor chocolate. Las degustaba como si no hubiese nada mejor en el mundo que eso; una pequeña mordida para comenzar en la punta de esta, luego otra para alcanzar hasta la mitad seguido de un suspiro de satisfacción que dejaría sin aire a más de uno. Y así estaba ella, en su oficina, hacia las cuatro de la tarde recostada en su sillón reclinable detrás de su escritorio de perfil a la puerta, con las piernas extendidas y cruzadas en los tobillos, con los ojos cerrados y apenas unas hojitas en su mano derecha terminando de saborear lo que antes era una roja fresa cubierta de chocolate. Sin esperar mucho estiro nuevamente su mano derecha hacia el escritorio para dejar el residuo y repetir la acción: coger… mojar… morder… y disfrutar. Esos eran los momentos en los que en verdad se desconectaba del mundo y solo disfrutaba de la tranquilidad, mas aun en su oficina que más bien parecía centro de información pues a falta del Hyuga ella tenía que cubrir ambos flancos.
Y volviendo al Hyuga, el mismo estaba en ese momento idiotizado perdón hipnotizado por la visión frente a él. Fresas, chocolate y una castaña llevándoselas a la boca de la manera más sensual que haya visto jamás. ¿Cómo era posible que ver a una persona comer frutas pudiera resultar tan… agradable a la vista? Bien pues Tenten Ama lo había conseguido. Tenía ya un rato mirándola ¿Cuánto? Quien sabe solo era consciente de estar mirándolo como idiota mientras ella parecía que llegaría a una especia de clímax provocada por un dulce y una roja fruta. Incitante, era la palabra que recorría la mente del pelilargo.
¿Qué hacia ahí? La simple respuesta era verla. Hacia pocas horas que había llegado y en lo primero que pensó fue en verla, no era algo planeado mucho menos una treta, no quería decir que fuera añoranza pero inevitablemente cuando sus pies tocaron suelo japonés verla fue lo primero en lo que pensó. Había pedido que lo llevaran a la empresa y que su equipaje lo mandaran a su casa, calculando el horario de la oficina dedujo que estaría en la suya trabajando. Se imagino todo lo pendiente que tendría para los próximos días por su ausencia, y grata fue la noticia que recibió al saber por su secretaria que ella había estado cubriendo los pendientes que se presentaban y los que, claro está, podía cubrir. Sin preguntar nada más se había ido a la oficina de ella topándose con la puerta abierta y dentro la imagen mas erótica que había visto en la vida. Ella mordía con deleite algo que parecía rojo y marrón o algo así, no podía especificar bien, y saboreaba como si fuera lo mejor en este mundo. Después se dio cuenta de lo que era cuando ella estiro la mano para tomar otra fruta y hundirla en la crema que dedujo era chocolate. Aun así todo fue más lejos aun cuando una gota de chocolate se escurrió por la comisura izquierda de su labio, siendo este su lado visible para el Hyuga, y la traviesa lengua de ella lamia dicha mancha que resbalo un poco más debajo de donde estaba. Quien fuera esa gota. Ella rio tontamente pero para el Hyuga fue sexy, si sexy pues su risa era encantadora y a la vez le daba un toque inocente a la acción recién cometida. Si tan solo en vez de la lengua de la chica fuera la suya la que limpiara el rastro de chocolate…
Los perlados ojos estaban fijos en ella que parecía relajada nada que ver con lo arisca que se mostraba muchas veces, por no decir la mayoría de ellas, tan serena y despreocupada. La acción de las fresas se repitió una vez más, devolviendo al Hyuga al estado de somnolencia erótica en el que se mantuvo antes de reparar en lo tranquila que ella se veía.
Con paso lento se adentró en la habitación sin dejar de mirarla, ella por su parte estaba muy entretenida con lo que hacía que no se daba cuenta. La puerta la había juntado casi hasta cerrarla pues no quería espectadores pero tampoco quería que ella se diera cuenta. Se posó detrás del asiento de ella y la vio desde arriba, volvía a repetir la acción.
—Si continúas haciendo eso tendrás que atenerte a las consecuencias – susurro el Hyuga con su vos grave en el oído de la castaña. Había descendido hasta la altura de su oído y dejando escapar su aliento le susurro dichas palabras. Ella por su parte se quedo estática y sorprendida. Esa voz, ese aroma – porque ahora lo sentía – y los cabellos que acariciaban en esos momentos su rostro, era él —Neji – susurro. El esbozo una muy pequeña sonrisa al escucharla y sin pensarlo siquiera, se inclinó un poco más hacia delante y mordió la fruta que aun tenia la castaña a la altura de su rostro, casi frente a su boca.
Lo sintió, un escalofrío le recorrió el cuerpo cuando los mechones de Neji ocuparon más espacio de su rostro y la mejilla de él rosara con la suya cuando se inclino más, más cerca de sus labios, y paso más adelante hasta morder la pequeña fresa cubierta que aún conservaba en la mano. Pudo ver sus finos labios acariciar la fruta cuando la mordió, el chocolate adherirse a ellos, incluso sintió la presión ejercida en la fruta cuando él encajo sus dientes en ella. Y no lo pudo evitar, su boca se abrió dejando salir una muy leve corriente de aire que choco son el rostro del joven, y un casi imperceptible suspiro se escapo después al verlo lamerse los labios, retirando el exceso de chocolate que le quedaba en ellos. Él se retiro lentamente pero en su mente la sonrisa arrogante se dibujaba.
La verdad es que había hecho gala de su fuerza de voluntad y de su buen autocontrol para no besarla en ese instante, y que quizás no hubiera sido eso solamente quizás la hubiera tomado ahí mismo todo radicaba en que ella se hubiera dejado. Quizás con un poco de persuasión y caricias bien dadas ella hubiera accedido, quien sabe aunque con Tenten… con Tenten aseguraba que sería más difícil que eso, ella era orgullosa y por más caliente que estuviera casi podría jurar que si su mente decía que no, no cedería. Por lo mismo disfrutaba del momento de debilidad de ella. Aun estaba quieta y él detrás de ella, con aquel trozo de fruta en la mano que hacía que él ensanchara su sonrisa.
—Ne-Neji… ¿Cuándo llegaste? – logró decir mientras salía del estado en el que se encontraba. – No sabía que volvías hoy – dijo sin mirar atrás.
—¿Me estabas esperando?– respondió él desde atrás. Levemente nerviosa ella respondió creyendo que no lo notaria.
—¿Qué? – lo intento pero no le funciono muy bien, aun se encontraba algo atontada. El solo extendió la minúscula sonrisa que cargaba aunque ella no la pudiera ver.
—¿Qué si me extrañabas? – eso sí lo entendió perfectamente ¿Que si lo extrañaba? No, claro que no. Solo que no había avisado que se iría, al menos no a ella, y no la había llamado, y ella había pensado cosas de él y bueno había estado pensando en él. No lo extraño, bueno quizás un poquito pero él no tendría porque saberlo. —Eso quisieras – respondió con naturalidad – al menos ya estás aquí y no tendré que seguirme encargando de tu gente – y con eso se refería a los empleados que estaban a su cargo.
Esa no era exactamente la respuesta que esperaba pero tampoco distaba mucho de ella. Con lo poco que conocía de ella sabía que no admitiría algo así, al menos no a él.
—No parecías muy atareada hace un momento – e inevitablemente un tenue rosa se poso en sus mejillas. Por dios no era lo que había dicho era como lo había dicho, e independientemente de eso lo que había hecho él con la fruta.
—Todos merecemos un descanso – trato de sonar normal consiguiéndolo nuevamente. Un hueso duro de roer.
—Es cierto. Y contestando a tu pregunta llegue esta mañana – ni loco le decía que apenas tenía unas horas en el país. Rodeo el asiento hasta quedar frente a ella.
Sobre el escritorio aun quedaba el envase desechable con al menos tres fresas y el que contenía el chocolate. El Hyuga tomo una de ellas y se la llevo a la boca sin hacer el proceso de la castaña que no perdió detalle del asunto. La comió lentamente sabiendo que ella lo observaba, fue tal su osadía que al encontrar su mirada fijo la suya en la de ella mientras saboreaba la fruta. Segundos después habló.
—Deberías comértela – dijo y ella no entendió hasta que él le señalo con la cabeza la mano, aun tenia aquel trozo de fresa entre sus dedos los cuales se habían manchado un poco con el chocolate que tenía en un lado. Internamente se sintió avergonzada, tan idiota había estado que se le olvido ese pequeño detalle.
—Je, je – sonrió nerviosa – creo que ya no quiero mas – menciono mientras dejaba la fruta en el envase.
—Solo porque yo la mordí – dijo el Hyuga supuestamente algo ofendido aunque por dentro lo disfrutaba.
—No es eso – se levanto del asiento limpiándose la mano con una servilleta – es que ya he comido demasiado – si claro, lo que no que no iba a decir que la preferiría si la tuviera que tomas de sus labios. Esa sería una oferta por demás tentadora pero debía concentrarse, era Hyuga Neji de quien hablaba, el tipo que le regala una de las mejores veladas había tenido en la vida, el beso que la dejo atontada por varios días, aunque nadie lo notara, y que luego se marchara sin dejarle ni una nota (aunque fuera por trabajo). Ahora teniéndolo ahí frente a ella y después del espectáculo volvía a preguntarse ¿Qué quería Hyuga Neji de ella?
Por un momento el silencio reino en la habitación. Tenten se limpiaba las manos aunque no lo necesitara y él solo la observaba. Harta de eso se dirigió a su escritorio para acomodar todo y seguir trabajando. —Podrías… – le indico ella pues se encontraba sentado en un extremo encima del escritorio. El ignoro su comentario y ella bufo ligeramente pero antes de decir nada él hablo primero.
—¿Salimos mañana?
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La semana había sido un asco. Al parecer esa era la semana de los accidentes y por lo tanto el hospital estaba lleno de personas. ¿Qué la gente no comprendía que no debía manejar si había bebido? Pues al parecer no. Daba gracias que era viernes y la espantosa semana hubiese terminado, y quien no lo desearía después de todo lo que había hecho. Solo de lunes a miércoles había tenido que hacer cinco intervenciones quirúrgicas, cubrir turnos dobles y pasarse casi todo el día en emergencias recibiendo a los accidentados. Un auto que se volcó, dos idiotas que echando carreras se estrellaron, un camión que se paso una luz en rojo… daba gracias a Dios que no hubieran muertos después de todos esos desastres.
Apenas y había tenido tiempo para hablar con sus amigas. Ino la había llamado para invitarla a salir pero ella tenía turno nocturno, al menos se pudo enterar en cinco minutos que Sai la había llevado a una exposición de pinturas y dibujos del periodo Sengoku, al parecer el tipo era artista o aficionado al arte. El miércoles en la mañana daba su ronda cuando la llamaron, uno de los idiotas que había chocado se quejaba del dolor y lo hubiera dejado sufrir un poco más si no hubiera sido por la doctora Mikoto, que parecía haberle leído el pensamiento. Resignada le aplico un fuerte calmante al idiota para que dejara de aullar.
En ese momento y en la tranquilidad de su despacho podía relajarse un poco después de haber hecho su ronda matutina. Había hablado con Temari, que contrario a todo pronóstico si estaba de viaje con el Nara pero trabajando, encuentro de diplomáticos o algo así y le aviso que ya había vuelto. La llamaba para ver cuando se reunían.
Peor como la vida no era justa, atravesando la puerta sin avisar antes estaba cierto azabache altanero con su porte de soy el mejor. La pelirrosa suspiro cansinamente.
—No puede ser – dijo en voz baja mientras él sonreía de esa forma que solo sabia – ¿Qué haces aquí?
—Con un: Hola Sasuke ¿Cómo estás? Me hubiera bastado.
—No estoy de humor – dijo mirándolo fijamente mientras él se sentaba frente a ella.
—¿Cuándo lo estás? – murmuró. Ella lo fulmino con la mirada antes de ver hacia otro lado.
Recordó que después de ese domingo él la había llamado pero por todo lo que estaba pasando en el hospital no supo para que. Le daba el crédito de tener imaginación para una cita, pues a ella le había encantado el lugar al que la llevó, pero su conocimiento sobre el Uchiha la puso a maquinar el por qué la llamaba: quizás era para aumentar su ego porque creía que ella lo alabaría por la cita ó tal vez era para echarle en cara lo bueno que era en eso. Aunque también estaba la posibilidad de que solo llamara para preguntar como estaba. Si esta última era probable pero con el humor que se cargaba y todo lo que tenía que hacer en el hospital, dejo de pensar en ello y se concentro en su trabajo.
—¿Qué quieres?
—Haz estado muy ocupada. Eh sabido de los accidentes y de todo el ajetreo aquí por mi madre, dice que han tenido una semana espantosa – la chica asintió mientras echaba la cabeza hacia atrás.
—Hay demasiados idiotas en la calle.
—Y tu estado me lo confirma. Estas hecha un desastre – dijo burlón y ella lo fulmino. Y es que su aspecto dejaba mucho que desear, traía unas ojeras marcadas y a leguas se le notaba el agotamiento físico que sufría. —¿Sabías que si las miradas mataran, nunca me hubieras conocido?
—Es una lástima que no fuera así – por un momento el no dijo nada solo se escuchaba el ligero movimiento afuera de la oficina, personas caminando por el pasillo quizás, aun así era muy leve el sonido.
Sintió como unas manos se posaban en sus hombros y hacían algo de presión — ¿Q-Qué haces? Volteo un poco intentando mirarlo directamente pero él la hizo acomodarse de nuevo en su sillón – Relájate, estas muy tensa – mientras volvía a mover y a hacer presión sobre los tensos hombros de la peli rosada.
Debía admitirlo, eso se sentía muy bien y era justo lo que necesitaba en esos momentos. Olvidándose de todo se dejo hacer. Poco a poco sentía más relajada, al fin tenia lo que necesitaba. Él por su parte siguió con su labor más complacido al ver que ella ya no ponía pretextos mudos a lo que estaba haciendo, es mas ya hasta notaba que su cuerpo se destensaba y que lo disfrutaba. Pero esa boquita tenía siempre algo que decir.
—Esto es lo que hacen tus secretarias por ti. Ponérsete detrás y darte masajes en el cuerpo – ella había cerrado los ojos y su cabeza reposaba en el espaldar del asiento. No noto la sonrisa del azabache.
—Regularmente solo me sirven café, no llegan a acercarse tanto – ella hizo una extraña mueca como si no estuviera convencida, esto a él solo le causo gracia.
—Te daré el beneficio de la duda – y él volvió a sonreír.
Un largo rato paso y ellos aun estaban en las mismas, ella mas parecía que estaba dormida cuando en realidad estaba dormitando. Al ver el reloj en el escritorio se dio cuenta que tenía que irse, una tonta cena con unos exportadores a la que no podía faltar. Pensando que la peli rosa dormía escribió una nota avisándole que se tuvo que ir. Ella aun estaba en la misma posición que había adoptado cuando él le masajeo y la tentación fue mayor que él.
Ella estaba ahí, con su linda carita descubierta. Los mechones de pelo rosa estaban a cada lado de su rostro y el flequillo estaba más inclinado a la derecha permitiéndole al azabache ver su rostro completamente. Los labios entreabiertos fueron la mayor tentación. O si, la besaría y de eso no había duda.
Poco a poco se fue acercando al rostro de ella. Su mano derecha se apoyo en el brazo del sillón mientras que con la mano libre le acaricio levemente el rostro a la chica. Pero…
—Aléjate Uchiha – al parecer no estaba del todo dormida. Los expresivos ojos que hasta hace unos momentos se habían mantenido cerrados, se abrieron y lo miraban fijamente. La mano del Uchiha que reposaba en el brazo del sillón estaba siendo fuertemente sujetada por la mano izquierda de la rosada. El solo la miro y no cambio de posición. Ella al ver que no se movía hizo más presión en el brazo del azabache. Puede que pareciera una chica frágil pero tenía fuerza, bastante fuerza física por lo que hizo más presión en el brazo del Uchiha – A-le-ja-te – dijo pero este solo sonrió.
—Puedes romperme la muñeca Sa-ku-ra, como quiera te voy a besar – y no bien termino de hablar ataco sus labios y la beso. Sin derecho a réplica la beso de manera corta y sin mucha pasión, solo quería besarla y la falta de colaboración de ella no permitía algo más profundo aun así fue… satisfactorio.
Salió del lugar dejándola estática y sobándose la muñeca. Esa mujer si tenía fuerza.
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Ahora si mátenme
Nos seguimos leyendo.
