Ghost Love: Confabulados contra Yuki
- ¿Lord Shuichi?- se preguntó llevándose un dedo a los labios en señal de pregunta- Supongo, algunas personas solían llamarme así- Tatsuha suspiró profundo: Ahora tenía una prueba fehaciente de la existencia de los fantasmas y, además, había comprobado que Lord Shuichi era quien penaba en la casa. Miles de preguntas concurrieron a su cabecita, había tantas dudas, tantas cosas que necesitaba preguntarle, que no fue capaz de formular pregunta alguna, pues, aún se encontraba inmóvil por el susto y la impresión- Los estaba esperando, tenía muchísimas ganas de conocerlos. Tu padre me hablaba mucho de ustedes…- Shuichi flotó hasta la cama y allí se sentó. Tatsuha lo siguió con la mirada, estando aún sentado en el suelo frente a la puerta. Desde allí contempló la traslúcida figura del niño.
Shuichi no parecía medir más de un metro sesenta y su figura era delgada y delicada. Tenía un aspecto aniñado, juvenil y femenino, más bien, algo ambiguo. Tenía unos ojos de un brillante azul-violeta y su cabello tenía un color entre cobrizo y rosado. Vestía una especie de camisa de dormir, cuyas mangas le llegaban hasta el codo y, en cuanto al largo, no alcanzaba a tapar sus huesudas rodillas. En una de las muñecas se enroscaba un brazalete de hierro del cual colgaba una cadena que le llegaba hasta los tobillos y, en ellos también había unos brazaletes del mismo material pero sin cadenas.
Todo él daba la impresión que había estado secuestrado o en una especie de cautiverio donde lo tenían apresado y esposado, donde seguramente había encontrado el fin de su vida. Tatsuha parpadeó al notar que Shuichi estaba sentado en la cama como si fuera un ente material ¿no se supone que los fantasmas traspasan las cosas? Pero otra pregunta surgió en su mente al mismo tiempo: ¿por qué podía entender lo que el niño le hablaba?
- ¿Hablas japonés?- preguntó incrédulo poniéndose de pie, tras estar seguro que el niño era confiable.
- Tu padre me enseñó. Como él vivió mucho tiempo en casa, yo le ayudaba con sus cosas y él, a cambio, me enseñaba japonés
- ¿Qué es lo quieres? Si no quieres asustarnos ¿por qué lo haces?
- ¡Porque me aburro!- exclamó- No es entretenido estar muerto y, menos, estar solo. Además, asustar es entretenido, pero si juegas conmigo, quizás podría dejar de asustarte
- ¡Tatsuha!- se escuchó la voz del rubio desde afuera, por lo que el menor abrió la puerta inmediatamente y, así comunicarle a su hermano mayor su descubrimiento.
- ¡Aniki, mira! El fantasma está aquí- exclamó apuntando en dirección a la cama en donde estaba Shuichi. Sin embargo, ya era demasiado tarde, Shuichi había desaparecido.
- ¿De qué fantasma me hablas? ¡Allí no hay nada!- fastidiado con la tontería del fantasma, Eiri entró a la habitación y se encaminó hasta la cama para sentarse. Tatsuha, por su lado, recorrió con la mirada toda la habitación buscando algún indicio del pelirrosa, pero no encontró nada, se había esfumado. Siguió a su hermano hasta la cama y allí se atrevió a preguntar.
- ¿Nii-chan?- Yuki le miró frunciendo el ceño- Si te dijera que el fantasma es Lord Shuichi y que se acaba de comunicar conmigo… ¿me creerías?
- ¡¿Me estás tomando el pelo?! Ya te dije que dejaras de decir estupideces, no te voy a creer- respondió cabreado, metiendo una mano en su pantalón para sacar la vieja libreta, extendiéndosela al moreno- Mira lo que encontré
- ¿Qué es esto?- preguntó cogiendo el cuaderno con cuidado al notar el mal estado de éste. Eiri no respondió y, Tatsuha interpretó este hecho aludiendo a que Yuki deseaba que lo viera con sus propios ojos. Abrió lentamente la tapa y, asimismo, ojeó las primeras hojas. No era un libro cualquiera: estaba escrito a mano- Es un diario de vida…- concluyó
- ¡Así es! Es el diario de vida de Lord Shuichi, lo encontré en la biblioteca del cuarto piso.
- ¡¡¡Hay una biblioteca!!!- Exclamó incrédulo sentándose junto al rubio. Yuki asintió
- La encontré por casualidad mientras husmeaba en el tercer piso. Hay muchas cosas interesantes allá arriba, pero se necesita tiempo para buscar bien. No quise leer el diario hasta que tú lo vieras. A lo mejor nos puede servir de algo
- Tal vez… Pero yo no lo necesito, puedo preguntarle directamente a Shuichi cómo murió…- esta afirmación descolocó completamente al mayor. Tatsuha seguía convencido de su contacto con el más allá
- De acuerdo, como tú digas…
- Hoy hablé con el mayordomo sobre Lord Shuichi…me dijo que no se sabía cómo había muerto porque nunca se encontró su cuerpo…yo creo que Shuichi intenta que alguien le ayude a encontrar su cuerpo para descansar en paz…
- Vas a seguir con eso?!- exclamó fastidiado
- Pero, Eiri, es verdad!! Los fantasmas existen, Shuichi se me apareció!!
- Entonces, pruébalo!! Pruébame que los fantasmas existen y te creeré. Por ahora, cuando dejes de lado tus alucinaciones con supuestos fantasmas… Búscame. No quiero seguir escuchando tus estupideces- le arrebató el libro a Tatsuha y salió de la habitación algo enojado dando un fuerte portazo. Tatsuha suspiró al ver que de nuevo estaba solo, pero ahora que su hermano se había ido, sentía que alguien le miraba
- ¡Qué incrédulo es el pequeño Eiri¡- exclamó Shuichi detrás de Tatsuha
- ¡¡¡Kyaaaa!!!- gritó dando un brinco- ¡¡Deja de asustarme!!
- ¿Eh? Lo siento, Tat-chan, no era mi intención asustarte, pero debes acostumbrarte a mi
- ¿Por qué desapareciste?- Preguntó enojado- Necesitaba demostrarle a Yuki que si existen los fantasmas
- Pero yo no desaparecí- exclamó- Estuve aquí todo el rato. Yuki no puede verme porque no cree en mí ni en fantasmas ni en nada de eso
- ¿De verdad?- Tatsuha estaba algo sorprendido. Si lo que el pelirrosa decía era cierto, entonces, él podía verle porque creía en fantasmas, por lo tanto, necesitaba que su hermano creyera en fantasmas para que pudiera ver a Shuichi
- Oye, Tat-chan. Tu hermano es muy guapo
- ¡Nani! ¿Te gusta mi hermano?- preguntó con tono de burla
- Sólo un poquito… Es que Eiri-chan se parece mucho a la persona que amé…
- Mmm… Eso me da una idea… Hagamos un trato. Tu me ayudas para que mi hermano crea en fantasmas y te pueda ver y, yo te ayudo para que conquistes a mi hermano
- ¿En serio? ¿Me ayudarías a que Yuki se dé cuenta que existo?- exclamó emocionado con los ojos vidriosos.
- ¿Trato hecho?- preguntó extendiéndole la mano
- Trato hecho- Shuichi intentó estrechar la mano de Tatsuha para cerrar el trato, pero como era de esperarse sólo pudo traspasarla
- No importa, igual somos socios. ¿Tienes un plan de acción para comenzar con el primer intento?
- Mmm…- Shuichi se detuvo a pensar llevándose un dedo a los labios- ¡¡No te preocupes de eso, yo me encargo!!- dijo entusiasmado, para después salir atravesando la muralla.
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"Querido Diario:
Hoy es primera vez que escribo. Me siento emocionado pero en realidad no estoy muy feliz. Hoy, se cumplen dos años de la muerte de mis padres…Me siento triste y solo… Ser heredero de esta enorme casa parece no servir de mucho. No tengo amigos y la gente que conozco es adulta en su mayoría…A veces me pregunto ¿por qué no morí junto a ellos? Me odio por eso…
Sir Winchester vino a visitarme ayer. Él es tan guapo, creo que me estoy enamorando. Su nombre es Claude, pertenece a los Marqueses de Irlanda, pero he escuchado que su familia está en quiebra. Deben ser sólo rumores, porque él siempre ostenta mucho lujo, además es elegante y muy educado ^////^ ¡Creo que de verdad me gusta! Pero tengo un problema…Él es 15 años mayor que yo, no creo que se pueda fijar en un niño. De todas maneras, a partir de ahora, le mostraré todos mis encantos, así algún día se fijará en mí y ¡¡¡me pedirá matrimonio!!! Aunque primero deberé hablar con la reina para que nos deje casarnos…
¡Kya! A penas lo conozco y ya estoy hablando de casarme, ¿te imaginas? Ay, creo que de verdad estoy enamorado…
Ya es tarde, creo que iré a dormir, mañana Sir Winchester y su familia vendrán a comer… Mañana te cuento cómo me fue.
Love, Shuichi"
Así versaba la primera hoja escrita en el roñoso diario. Eiri leyó rápidamente sin encontrar algo emocionante o interesante, nada que sirviera para rebelar el secreto del castillo. Aunque le llamaba la atención la letra ordenada y cuidadosa del chico. Cuando terminó de leer, pensó que Lord Shuichi era un verdadero idiota, pues sus palabras se parecían a las de las quinceañeras enamoradas de hoy, esas que piensas que el amor es color rosa y creen en la llegada de su príncipe azul. Si mal no recordaba, el taxista dijo que ese tal Winchester era el posible asesino del Lord, aunque no estuviera comprobado, tenía el presentimiento de que era así.
Aburrido de tanta cursilería junta, avanzó varias hojas y llegó a una que tenía una fotografía pegada. Allí pudo reconocer a Shuichi y a su lado un hombre que nunca había visto. Era más alto que el Lord, aparentaba tener más edad, tenía los cabellos claros y vestía un frac negro. Lord Shuichi se veía muy feliz, agarrado del brazo de aquel hombre… Volteó la hoja restando importancia a la foto y en ella se extendía un largo escrito.
"Querido Diario:
Ayer fue el gran día: me casé. Fue todo tan lindo… Vino mucha gente a nuestro matrimonio, inclusive, la reina nos vino a felicitar. Claude es todo un caballero y debo confesar que con su traje se veía más guapo de lo que es. Estoy tan contento que quiero gritarlo, pero ya es de noche y Claude está durmiendo, no quiero que descubra que estoy escribiendo un diario. No se lo he querido contar porque es algo celoso y no quiero que te arranquen de mi vida, quiero que mis nietos (si es que los tengo) puedan leerlo y saber sobre mí.
¡Mi noche de bodas estuvo increíble! Bueno, el sexo no era lo que esperaba pero…me gustó un poquito…Por sobre todo, Claude fue muy bueno y paciente conmigo…"
Apartó su vista del escrito con algo de rechazo. No deseaba saber las fantasías sexuales de un mocoso, de hecho no le interesaba. Sin embargo, le apareció una horrible duda: ¿no se suponía que Lord Shuichi había muerto antes de casarse? Recordó las palabras del taxista y se dio cuenta de la terrible contradicción. Esto indicaba lo poco confiables que eran los rumores, siempre terminan distorsionados con el paso del tiempo y cada persona le agrega algo distinto a la historia para hacerla más emocionante. Ahora bien, no le cabía duda que la información dada por el hombre tenía cierta calidad de falsa y, más valía guiarse por las propias palabras del Lord
Cambió de página una vez más, pero ahora, para ahorrar tiempo, se fue directamente a la última hoja del diario. Allí también se extendía un largo escrito de dos hojas, pero la tinta estaba levemente corrida por culpa de algo que parecían gotas de agua en ciertos lugares de la hoja. Yuki examinó las gotas con cuidado. No entorpecían mucho la lectura, pero… "¿Eran lágrimas?", se preguntó extrañado. Curiosamente, el texto no comenzaba con el típico "Querido Diario", la letra era desordenada y tenía muchas abreviaciones. ¿Acaso Lord Shuichi escribió esa hoja en un momento de desesperación? Intrigado por la cantidad de pistas que allí podía haber, comenzó a leer lentamente.
"Tengo miedo…Claude es un monstruo…jamás pensé que llegaría al extremo de golpearme… Claude no me ama, él mismo me lo dijo, pero yo lo amo…no sé que hacer…por qué a mí…No puedo más…no quiero más…que alguien me ayude…tengo miedo…
Mi vida se ha vuelto un infierno…yo que pensé que sería feliz junto a él…estaba muy equivocado…Anoche me violó, me pegó, me trató peor que a una puta…me dijo que lo único que le interesaba de mi era la herencia de mis padres…tengo que aparentar ante todos que soy feliz, que es el mejor hombre del mundo…me gustaría gritar y decirle a toda Inglaterra la clase de monstruo que es…pero qué puedo hacer? No tengo pruebas de lo que él me hace…debo seguir aguantando…podría suicidarme y acabar con esto de una vez…pero…él conseguiría lo que quiere de mi…por qué no lo pensé antes? Era obvio…un hombre como el jamás se interesaría en un crío como yo…él mismo lo dijo…sólo soy un niño ingenuo…
Tengo miedo…puedo escuchar sus pasos en la escalera…viene por mi…ayuda…no quiero que me toque…que alguien me ayude, por favor…ya viene…no quiero…se acerca, lo puedo sentir…tengo miedo de lo que pueda hacerme…si me mata?... tengo que hacer algo…si me mata…buscaré la forma de vengarme…
Tengo miedo…por qué nadie me socorre?... habiendo tantos sirvientes en este lugar…todos son mudos testigos de mi sufrimiento…nadie me ayuda…por qué?... Mamá, papá…auxilio…ahí viene, Claude ya se acerca…viene por mi…no quiero que sepa de tu existencia... escóndete para que no te vea y no pueda leerte jamás…adiós para siempre…"
Consternado y atónito eran las únicas palabras que podían describir el estado mental de Yuki en ese momento. Lo que había leído lo había dejado helado. Definitivamente no daba crédito a lo que estaba escrito allí. Las sospechas de todos eran ciertas. Sir Winchester era el indiscutible asesino del Lord. Ahora todo concordaba. Trató de imaginarse el momento en el que Shuichi habría escrito lo que acababa de leer y he ahí que una profunda angustia le invadió. Sintió revivir en carne propia aquel horrible momento. Podía imaginar los pasos del hombre, podía ver a Shuichi escondido en alguna parte de su habitación, podía notar las marcas de los golpes en su cuerpo y sentir sus lágrimas resbalar por sus mejillas hasta caer en las hojas del diario.
Cerró la libreta de golpe. Se sentía raro y confuso. Guardó el diario en su velador y se dispuso para salir de ahí. Necesitaba urgente tomar un poco de aire para despejar su mente. Salió al jardín sin que nadie lo notara. Afuera hacía un día impecable, preciso para pasar lo que quedaba del día allí. Encendió un cigarrillo para tratar de calmar sus nervios, esperando que el humo nublara sus pensamientos respecto a cierto escurridizo Lord. Tenía pensado mostrarle a Tatsuha su descubrimiento, pero ya estaba harto de que cada vez que hablaban, el menor le salía con el cuento del fantasma.
Tomó asiento en la orilla de la pileta y dirigió momentáneamente su mirada hacia el castillo. Roseville en realidad parecía de esos castillos de películas habitados por tenebrosos seres de fantasía. No lograba entender cómo su estúpido hermano podía creer semejantes historias, pero si no mal recordaba, su madre decía hablar con los muertos, sin contar que durante su juventud se ganaba la vida siendo tarotista y bruja. Definitivamente, el gran Yuki Eiri no podía creer en fantasmas, ni menos pensar en almas en pena que vagaban en busca de ayuda para terminar lo que dejaron pendiente.
Sin embargo, la determinación que su hermano mostraba y aquella seguridad que tenía de poder demostrarle lo contrario, sencillamente, le daba miedo. O su hermano era realmente un estúpido o tenía la razón. Existía la posibilidad de que su hermano menor había heredado de su madre aquella extraña habilidad de ver muertos, pero ¿por qué él no podía hacerlo? Miró hacia el cielo con la esperanza de encontrar la respuesta, pero lo que halló a cambio lo dejó paralizado.
Lentamente dirigió su mirada hacia la ventana de la torre, aquella que estaba en la biblioteca y por la cual se acercó a mirar cuando estuvo allí. En ella podía ver el rostro de un niño, no, de un joven, que miraba con tristeza hacia donde él estaba.
Por la altura de la torre no podía ver los rasgos de la persona, pero estaba seguro que era un chico. Pudo divisar vagamente unos desteñidos cabellos rosados y esto le indicó una sola cosa, su hermano tenía razón: aquel muchacho era Lord Shuichi… Puso un poco más de atención a lo que veía… Aquella persona le estaba viendo y… ¿se reía?
Eiri se quedó paralizado por unos momentos, sin dejar de mirar la ventana del cuarto piso. Su cuerpo no reaccionaba antes los intentos por moverse, pero lo único que logró fue pestañear. Cerró los ojos, respiró profundo y los volvió a abrir. En la ventana no había nadie. Respiró aliviado. Dio unas cuantas caladas a su cigarrillo. Lo tiró al suelo y lo pisó, para luego adentrarse en el enigmático Castillo Roseville.
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- Tat-chan- gritó Shuichi saltando alegremente por toda la habitación- ¿te cuento? ¿te cuento? ¿te cuento? ¿te cuento? ¿te cuento? ¿te cuento? ¿te cuento?
- ¿Qué paso?- Tatsuha se incorporó sentándose en el borde de la cama
- ¡¡¡Te lo perdiste!!! ¡¡Hubieras visto la cara de tu hermano!!- Shuichi imitó la expresión del rubio graciosamente, para después largarse a reír.
- Jajaja, ¿de verdad?-Tatsuha se tiró en la cama revolcándose de risa- ¿Qué le hiciste?
- Nada- respondió secamente con voz de niño
- ¿Eh? O_o
- Yo sólo hice que me viera desde una ventana. No sé que cosas habrá pensado al verme, pero no se veía bien
- Mmm… ¡qué raro¡ Pero de seguro ahora debe creer lo que le dije
- Etto…Tat-chan, hay una cosa más…
- KYAAAAAAAAAAAAAAA!!!!!!- un grito proveniente de la habitación del frente se escuchó en toda la casa. Tatsuha pudo reconocer el grito como la voz de su hermano. Si Shuichi estaba allí con él, ¿qué le había pasado a Yuki?
Tatsuha salió inmediatamente en busca del rubio para saber qué pasaba, paro grande fue su sorpresa al ver que su hermano sólo estaba en la entrada de su habitación observándola. El menor se acercó cautelosamente para ver lo mismo que su hermano: Desorden. No pasaron ni cinco minutos para que el mayordomo junto con las sirvientas llegara al lugar de los hechos. ¿Quién se veía atrevido a entrar en su habitación y dejarla patas arriba?
Tatsuha miró sorprendido el interior del dormitorio. Todas las cosas estaban revueltas en el suelo como si alguien estuviese buscando algo. Era una escena digna de un robo, parecía como si un huracán hubiese arrasado con todo a su paso.
Eiri entró a la habitación y miró su alrededor sólo para comprobar que todo estaba en su lugar, sólo que en el suelo. Abrió el cajón del velador y corroborar que el diario estaba allí, pero… "el diario…desapareció... no está aquí…entonces, quien haya hecho esto fue para recuperar el diario"…, pensó con horror, pero ¿quién lo había hecho?
- ¿Quién entró a mi habitación?- miró enojado a los sirvientes. Las mujeres negaron y el mayordomo se le acercó
- Ninguno de nosotros ha entrado aquí, Señor. Tal vez, el fantasma del que su hermano habla tenga algo que ver- Eiri miró a Tatsuha comunicándole así el enorme enojo que sentía. Dudaba que su hermano menor hiciera eso, pero tampoco podía ser el dichoso fantasma. ¿o sí? Tatsuha miró a sus espaldas y observó a Shuichi apoyado en el barandal, mirando el cielo con cara de yo no fui. "Fuiste tú", susurró el moreno apuntándole. Shuichi sólo sonrió y movió su mano como si lo estuviera saludando.
- Arreglen este desorden- ordenó tajante a lo que las sirvientas asintieron inmediatamente. Eiri salió de la habitación cogiendo a Tatsuha por un brazo para luego arrastrarlo hasta el dormitorio de éste. Debían tener una conversación muy seria y privada. Tatsuha tendría que escucharle a la fuerza y pobre de él que se atreviera a mencionar al puto fantasma que comenzaba a jorobarle la vida.
- Aniki, yo no he hecho nada, te lo puedo asegurar- se excusó a penas entraron a la habitación
- ¡Lo sé! Tú no serías capaz de hacerme algo como eso- Eiri se acercó a la cama para sentarse- Olvídate de lo que acaba de pasar. Tenemos algo muy importante de qué hablar. Es más, tengo que contarte algo que no vas a creer.
- ¿Sucedió algo?- se acercó al rubio con evidente curiosidad.
- El diario de Lord Shuichi. Estuve leyéndolo y corroboré lo que todos sospechan- Tatsuha le miró entre confuso y sorprendido- Sir Winchester es el asesino de Lord Shuichi. No está escrito en el diario, pero es deducible.
- ¿Y el diario? ¡Quiero leerlo¡
- Eso va hacer imposible. Desapareció- sentenció- La persona que entró a desordenar mi habitación estaba buscando el diario. Y lo encontró. No está en donde lo deje
-Entonces…Shuichi lo tiene- susurró
- ¿Qué dijiste?
- No, nada- se excusó rápidamente. Después le preguntaría a Shuichi qué hizo con el diario.
- Al final del diario hay una nota escrita sin fecha y con una caligrafía muy mala. Lord Shuichi debió haberla escrito antes de morir o algo así. Por lo que él dice en la nota, Sir Winchester sólo estaba interesado en el dinero de Shuichi, incluso llegó a golpearlo.
- Pero entonces… ¿Qué hizo con Shuichi? ¿Dónde está su cuerpo?- Eiri negó señalándole que no sabía.
- Hoy vi una aparición- confesó de improviso, dejando a Tatsuha sorprendido, tratando de contenerse las ganas de reír y de sacarle en cara a Yuki que el gran Tatsuha Uesugi tenía la razón- No fue la gran cosa, ni siquiera estoy seguro de lo que vi-mintió- Pero me pareció que era Lord Shuichi. Estaba hacia el jardín desde la biblioteca, o eso me pareció. De seguro estaba soñando.
- ¿NANIIIIII?- exclamó- Yo pensé que me dirías algo así como "¡Oh! Tatsuha, tenías razón los fantasmas existen"- dramatizó
- ¡¡¡NUNCA!!!- exclamó golpeando al menor en la cabeza, para después salir hacia la sala de estar.
Llegó la noche. Después de cenar cada uno de los hermanos se fue a sus respectivas habitaciones. Era hora de dormir y Roseville se sumía lentamente en el silencio de la oscuridad. Tatsuha llamó a Shuichi para hablar con él, pero no recibió respuesta alguna. Eiri por su lado decidió escribir. Aún no tenía sueño y durante todo el día ni siquiera había tocado su laptop. Yuki desde niño se había interesado por la literatura, le encantaba leer. Soñaba con ser escritor y desde hace un tiempo estaba escribiendo una novela que pensaba vender a alguna editorial. Desde que llegó a Roseville se había olvidado completamente de escribir, por lo que ahora aprovecharía para avanzar un poco.
Encendió la computadora y abrió el archivo. Leyó las últimas líneas que había escrito y lentamente la inspiración fue llegando y las palabras se fueron tecleando mágicamente sin tregua. Escribió un párrafo, varios diálogos y más párrafos. Se ensimismó tanto en su tarea que parecía volar entre las nubes del cielo, aparentemente nada lo detendría. Aparentemente…
El reloj péndulo de la sala de estar sonó estruendosamente anunciando la llegada de la medianoche. Eiri miró una esquina de la pantalla para corroborar la hora. El tiempo había pasado muy rápido, ni siquiera se había dado cuenta de la hora. Apagó la máquina y la cerró, guardándola en una gaveta del armario. Abrió la cama, sacó su pijama y se dispuso a desvestirse. Unos pasos ajenos en el pasillo llamaron su atención. Por un momento, pensó que el mayordomo estaba haciendo su última ronda antes de dormir, pero algo en su mente le dijo que no era así.
Dejó el pijama sobre la cama y se abrochó la camisa. Se acercó a la puerta para escuchar mejor. "Yuki", escuchó su nombre siendo susurrado por una voz suave y desanimada. Posteriormente, la misma voz se puso a ¿cantar? El rubio se quedó escuchando tras la puerta el extraño susurro. No lograba entender la letra de la canción y por más que se esforzaba, el murmullo se hacía cada vez más débil. Se alejaba.
Decidido, abrió lentamente la puerta para asegurarse que el pasillo estuviera vacío. Salió al corredor en busca de la extraña voz. Aún podía escucharla, pero ¿de dónde venía? Vio una sombra subir por las escaleras. Curioso, mirando para todos los lados, comenzó a subir escalón por escalón, tratando de no hacer ruido. Llegó al final de la escalera y no vio más que las puertas de las habitaciones y una luz que salía de una de ellas. Recorrió el pasillo silenciosamente acercándose a la puerta de la cual venía la luz. Era la habitación que conducía a la biblioteca.
La voz se escuchaba un poco más fuerte, pero no lo suficiente para entender lo que decía. Se adentró en el estrecho pasillo, abrió la gran puerta al final y se adentró en la oscura biblioteca. Adentro todo estaba tal como lo había dejado, aparentemente nadie había entrado allí a parte de él. Recorrió el lugar buscando algún indicio de la voz. Podía escucharla cerca, pero aún no podía encontrar su origen. Observó la mesa al centro de la habitación. Allí, tal como la última vez, había de todo, pero algo llamó completamente su atención. Una libreta muy parecida al diario de Shuichi estaba colocada arriba de varios libros.
Extendió su mano para alcanzarla, mas una fría brisa recorrió su espalda de tal manera que lo hizo voltear el rostro. Pudo ver una especie de luz subiendo fugazmente por la escalera de caracol. Esto lo hizo desistir de alcanzar el libro y caminar indeciso hacia la escalera. Se detuvo a los pies de ella para mirar hacia arriba. No podía ver mucho por la oscuridad, así que sacó su encendedor del pantalón y lo prendió. Su corazón comenzó a acelerarse, señal de que el miedo le invadía lentamente. Subió escalón por escalón, firmemente sujeto al pasamano, pues los escalones eran algo estrechos para sus pies y el fuego del encendedor no alumbraba mucho.
La voz se iba haciendo intensa, más fuerte. La angustia sentida cuando leyó el diario de Shuichi volvió a oprimirle el corazón. Una fuerte tristeza le inundó e inexplicablemente, los ojos se le llenaron de lágrimas. Llegó al final de las escaleras con el corazón hecho trizas. La susurrante y afligida voz colmó toda la estancia. Se trataba de una Torre circular, con varias ventanillas abiertas y rodeado de armaduras de acero inoxidable. Caminó hasta el centro de la torre, miró a su alrededor y ahí lo vio. Ahí estaba frente a sus ojos el origen de la voz.
Continuará…
