Ghost Love: Exterminar al enemigo… Susto… Por fin nos conocemos
Un inquietante silencio se apoderó del lugar por varios minutos. La brisa que se colaba por las ventanas mecía suavemente el cabello de ambos. Unos cuantos rayos de luna alumbraban la torre y, con ello podían divisar tenuemente sus platinadas siluetas, pero aún así no podían advertir ni los pensamientos ni los sentimientos del otro. Shuichi permaneció cabizbajo por largo tiempo y Sir Winchester, por su lado, divaga ensimismado en lo que acababa de escuchar. Su Shuichi le había confesado que se había enamorado de un humano vivo, algo totalmente irracional y casi imposible, pero era verdad, podía verificarlo en su forma de actuar. Lo más paradójico de la situación tenía relación con que el pelirrosa se había enamorado precisamente del humano que quería mandarlo al otro mundo y estaba bastante claro que Yuki no iba a descansar hasta lograrlo.
Sin embargo, Claude sabía que a su niño no le importaba y, al contario, le encantaban los retos y encontraría la manera de que el humano diera cuenta de su existencia, sin poner en riesgo su estancia en esta dimensión, y, si le ponía harto empeño, tal vez hasta lograría enamorarlo. Claramente, él, Sir Winchester, no podía permitir que ninguno lograra sus planes y, haría todo lo posible por impedirlo. No estaba dispuesto a compartir ni a Shuichi ni a su castillo con cierto extranjero de ojos dorados por nada del mundo, pero tampoco estaba dispuesto a partir.
¡Quiero que te vayas! No quiero verte en mi castillo- dijo en tono serio con una mirada fulminante que caló en lo más hondo del rubio
What?! This is my castle, too! (¡¿qué?! ¡Este también es mi castillo!)- exclamó con cierto tono de sorpresa
¡No! ¡Dejó de ser tu castillo el día que me mataste!- dijo enojado sintiéndose angustiado al recordar que por su culpa estaba muerto
What are you saiying?? Are you crazy? I don't ki… (¿¿qué estás diciendo?? ¿estás loco? Yo no te ma…)
¡¡Basta!! Vete, no quiero verte- exclamó furioso dándole pequeños empujoncitos con las manos para que se fuera
Ok! I'm going, but I'll return… (¡está bien! Me voy, pero volveré…)- sentenció antes de desvanecerse en la oscuridad. Shuichi atravesó las murallas rumbo a la habitación de Tatsuha, pues sabía que le debía una buena explicación por la que había pasado. Cruzó sus dedos esperando que el moreno no se hubiese enojado con él, a la vez que se detenía frente a la puerta de su habitación.
"Maldición, Yuki está con él", maldijo mentalmente al escuchar la voz de su rubio al otro lado de la puerta. Avanzó sigilosamente atravesando la muralla, tratando de no advertir su presencia. Se hizo invisible a los ojos de Tatsuha y se acomodó en la cama junto a los hermanos para escuchar la conversación que sostenían.
Yo tampoco entiendo lo que sucedió- aclaró el moreno tratando de excusarse por lo sucedido
¡¡No te creo, mocoso!! ¡¡Dime lo que sabes!!- exigió en un tono nada amigable
Pero…- Eiri le miró con cara de "si no me lo dices, te mato", agudizando sus ojos para intimidarlo- Esta bien… Te contaré… Verás, yo ya te había dicho que podía ver a Shuichi y tú no me creíste. Pues, Shuichi no quiere irse y yo le prometí que le ayudaría a arruinar tus planes- Eiri le miró perplejo a la vez que Tatsuha aumentaba la velocidad de sus palabras para terminar rápido- Este lugar es su castillo y él murió aquí. Hay que ayudarlo a encontrar su cuerpo, pero ni siquiera él sabe donde está. Además, tú le gusta- explicó rápidamente olvidándose de hacer pausas, dejando a Yuki y a Shuichi sorprendidos con tamaña confesión.
"¿Le gusto a un fantasma o mi hermano definitivamente se volvió loco?"- se preguntó mentalmente aún tratando de procesar toda la información inverosímil que llegaba a sus oídos. Acaso, ¿los fantasmas podían enamorarse de alguien vivo?
"¡¡Maldito Tatsuha!! ¡¿Cómo se atrevió a contarle mi gran secreto a Yuki?! ¡¡¡Es un desgraciado traidor!!!"- Shuichi sintió unas enormes ganas de lanzarse sobre Tatsuha y darle una golpiza, pero se contuvo sólo porque su Yuki estaba ahí y no deseaba causarle una mala impresión de su persona.
¿Te sientes bien?- le preguntó Yuki a su hermano posando una mano sobre su frente para verificar que no tenía fiebre
¡¡¡¿Te estás burlando de mí?!!! ¿Crees que estoy loco?
¿Tatsuha? ¿Cómo esperas que crea esa estupidez?- preguntó serenamente aparentando seriedad cuando en realidad estaba a punto de reír
Pero… No puedes negar lo que pasó recién…No puedes decirme ahora que los fantasmas no existen después de todo lo que pasó…- Tatsuha comenzaba a desesperarse, pues ya estaba harto de que nadie creyera su versión de los hechos y, lo que es peor, le parecía increíble que Yuki siguiera negando los fenómenos paranormales después de todo lo vivido últimamente
No es que no te crea…Es absurdo
¿Absurdo? ¿Qué es absurdo? ¿qué existan los fantasmas es absurdo?
Tatsuha… Lo que ha pasado… También creo que es real, pero no puedo aceptar algo que no veo… ¿Quieres que crea que Shuichi merodea en el castillo? Si es así lo haré, pero aún así no puedo aceptarlo hasta que lo vea con mis propios ojos… Y si tu dices que hay que ayudarlo…Lo haremos
¿De verdad? ¿No estás bromeando conmigo?- Tatsuha le miró con ojitos de cachorrito, mientras que Shuichi hacía lo mismo pero con los ojitos brillosos, una enorme sonrisa, cara de bobo, y miles de corazoncitos a su alrededor *v*
Yo también quiero saber el secreto de este castillo…- Yuki desparramó juguetonamente los cabellos azabache de su hermano, levantándose para salir- Mañana continuaremos hablamos, es mejor descansar por hoy…- el rubio se encaminó hacia a la puerta
¡Ok! ¡Qué descanses, Aniki!- Eiri miró a su hermano por última vez antes de salir, cerró la puerta y se dirigió a su habitación, bajo la inquisidora mirada de unos brillantes ojos azules que no perdían de vista ni el más mínimo movimiento del rubio.
¡¡¡TAT-CHAN!!!- Shuichi le gritó en pleno oído al moreno una vez que verificó que su Yuki estaba muy lejos de allí, lo que provocó que Tatsuha diera un salto en la cama y terminara de pie frente a ella.
¡¿Por qué hiciste eso, baka?!- le regañó enojado apuntándole retadoramente
¡¡¡Eso te debería preguntar yo!!! ¡¡¡¿Por qué le dijiste a Yuki que me gusta?!!!- Shuichi se abalanzó sobre Tatsuha para luego comenzar a dar pequeños golpecitos en su pecho a la velocidad de la luz- Te odio, te odio, te odio, te odio, te odio, te odio, te odio, te odio, te odio- repetía una y otra vez a la vez que usaba el amplio pecho del moreno como saco de box.
Tarde o temprano se iba a enterar
¡¡¡Pero yo quería decirle!!! Yo me quería declarar- detuvo sus golpes para encarar a Tatsuha
¿Ah, sí? ¿Y cuándo pensabas hacerlo? ¿Cuando Yuki se vaya al otro mundo? Yuki no tiene toda la eternidad como tú- Shuichi bajó la cabeza apenado, dándose cuenta que Tatsuha tenía razón. Yuki era un mortal y tarde o temprano también moriría, pero a diferencia de él no se quedaría vagando en el mundo de los vivos. Además, Yuki ni siquiera podía verle y no tenía forma de decirle que lo amaba con locura.
Tatsuha… Yo quiero que Yuki me vea…Pero no sé qué hacer…
¿Y qué quieres que haga? Ya le dije a Yuki que existes, el me dijo que sí creía que existes, pero si él no puede verte ya no es mi problema. ¿Por qué no pruebas asustarlo como lo hiciste conmigo?
¡¡No quiero asustar a Yuki!! ¡Quiero que se enamore de mi, no que se asuste!- infló sus cachetes a modo de berrinche
Está bien, pero no puedo ayudarte con eso…
No importa, ya se me ocurrirá algo. A propósito… Lo de hoy…
¿Estás preocupado por que apareció Claude? ¿Le preguntaste qué quería?- Shuichi negó- Entonces…
Me dijo que quería quedarse aquí conmigo… Porque éste también es su castillo…
Pero ¿Por qué apareció ahora?
Porque ya no está tu papá… Él hizo prometer a Claude que me dejaría en paz mientras estuviera con vida… Y ahora que tu papá murió… Claude volvió
¿Mi padre? Pe-pero ¿Cómo lo convenció para que se fuera?
No lo sé…- su voz se quebró unos instantes tratando de reprimir las lágrimas que se agolpaban en sus ojitos- Tengo miedo de que les haga daño…
Shuichi…- susurró mirándole con tristeza a la vez que buscaba la manera de consolarle. Trató de tocar su traslúcido cuerpo, pero su mano lo atravesó como si no estuviera, por lo que sólo se limitó a sentir lástima por aquella alma perdida.
Yuki entró a su habitación tranquilamente. Sin duda, había sido un día largo y agotador. Tomó asiento en la cama suspirando pesadamente a la vez que rememoraba todos los extraños fenómenos vividos aquella anoche, preguntándose seriamente, qué diablos había en el castillo. Una extraña sensación le invadió de pronto. Su pecho se oprimió con fuerza y su respiración se hacía rápida. Se sentía incómodo… Algo le observaba…Podía sentir una mirada llena de odio hacia su persona, pero no podía ver de dónde. Extrañado, giró su cabeza a ambos lados en busca de aquella penetrante mirada que le hacía estremecerse de ¿miedo?
La ventana de su habitación se abrió de improviso de manera estrepitosa, provocando que Yuki se asustara por lo repentino del suceso y porque una fuerte ráfaga de viento entró por la ventana. Quitándole importancia al cómo se había abierto, el rubio caminó hasta a la ventana para cerrarla. Todo volvió a la calma y ya no se sintió observado.
Llegó hasta la cama y comenzó a desvestirse pausadamente. Bostezó, miró a su alrededor y se dispuso a recostarse. La luz de la lámpara pestañeó varias veces como queriendo apagarse y, antes de que eso pasara, Yuki la apagó. De regreso a la cama, tropezó con algo que no supo de qué se trataba, pero pensó que tal vez había sido la orilla de la alfombra o algún zapato olvidado. Para su alivio alcanzó a equilibrarse, de lo contrario, estaría de bruces en el suelo.
Se acostó por fin, acomodándose lentamente entre las sábanas, cerrando los ojos para dejarse llevar por el sueño. Pasaron varias horas en las que el rubio durmió profundamente, ignorante de la sombra que velaba su sueño, pero que lamentablemente no tenía buenas intenciones.
Sumido en el sueño, Eiri empezó a sentir que le faltaba el aire, como si algo presionara su garganta. Instintivamente llevó sus manos a su cuello, empezó a respirar agitadamente y sentía que poco a poco el aire se le iba. Abrió sus ojos y vio una sombra sobre él que envolvía sus frías manos en su garganta. Trató de gritar por ayuda, pero su voz no salía; trató de zafarse, pero su cuerpo no se movía. El aire le abandonaba, ya no podía respirar y sentía que se sumía en la inconciencia…
Asustado, abrió los ojos de golpe sentándose en la cama. Su pecho subía y bajaba rápidamente, sentía que el corazón se le saldría por la boca y transpiraba exageradamente. Llevó sus manos a su cuello masajeándolo suavemente, pues aún tenía la sensación de que algo había intentado asfixiarlo. ¿Había sido un sueño? ¡Pero era tan real! Se quedó pasmado pensando en ello. Todavía era de noche, pero ya no quería dormir ¿por qué? Acaso, ¿tenía miedo de que ese algo volviera y ahora sí lograra sofocarlo? Buscó sus cigarrillos en el velador, tomó uno y lo encendió, esperando que el humo le ayudara a aclarar sus ideas y a calmar sus nervios. Tras acabar el cigarro y convencerse a sí mismo que había sido sólo un estúpido sueño, se acomodó nuevamente en la cama y continuó durmiendo.
La mañana llegó otra vez y con ello comenzó la actividad en Roseville. Yuki se estiró perezosamente para luego salir de la cama. Tatsuha se restregó los ojos bostezando sonoramente y sin ánimos de levantarse. Y, por último, la inquilina se levantó temprano para investigar el castillo, pues debido a la sesión espiritista de ayer sentía mucha curiosidad por saber sobre los espíritus que vagaban en el castillo.
A la hora del desayuno, ambos hermanos se preguntaban qué hacía la médium aún en su castillo, pues se suponía que a esa hora la mujer no debería estar allí. Noriko se sentó a desayunar con ellos para explicarles a los hermanos las conclusiones a las que había llegado en la mañana tras analizar cuidadosamente cada detalle de la sesión espiritista.
Tatsuha le escuchaba atentamente, aunque en realidad la miraba embelesado por su belleza. Yuki, por su parte, no le prestó mucha atención y sólo escuchó atentamente aquellas cosas que le parecieron interesantes.
Noriko les explicó que el castillo era habitado por dos espíritus, insistiendo en que se trataba de almas humanas inofensivas, es decir, con buenas intenciones. Según ella, ambos tenían pendiente una misión en esta vida y por eso no podían descansar, recomendándoles a los hermanos buscar la manera de ayudarlos a cumplir su última voluntad. Noriko les dijo que una de las almas ocultaba una profunda tristeza, derivada de una vida llena de sufrimiento y soledad y, que la otra alma, por el contrario, era invadida por la frustración, la pena, el dolor y la rabia, producto de una acusación que jamás se pudo corroborar y que involucraba a la persona que más había amado.
Tatsuha y Yuki escucharon atentamente la descripción que Noriko dio de las almas sin poder distinguir cuál correspondía a cada uno. Así, llegaron a la conclusión que mejor sería dejar a la mujer vivir con ellos por unas semanas o por el tiempo que fuese suficiente para desentrañar el misterio de Roseville.
El desayuno culminó sin mayores precedentes y cada uno de los huéspedes siguió su camino por separado. Tatsuha salió al jardín a merodear por lo alrededores y a oler las flores; Yuki subió a la biblioteca y Noriko volvió a su casa para buscar ropa y otros accesorios importantes para pasar una larga temporada en Roseville.
Yuki subió las escaleras rápidamente hasta el cuarto piso. Todo estaba tal cual había quedado la noche anterior. Había miles de libros y papeles regados por todo el suelo, las ventanas estaban abiertas y en la mesa aún yacía la famosa tabla Ouija. Eiri miró a su alrededor como buscando algo. Caminó lentamente entre los libros tirados, recogiéndoles suavemente para luego acomodarlos en el librero, recriminándose por no pedirles a las sirvientas que limpiaran ese lugar.
Aburrido de recoger los libros, se sentó en una de las sillas cerca de la mesa y desde allí contempló toda la biblioteca. Así fue que divisó en la lejanía un libro que se le hacía familiar. Llegó hasta él, lo tomó y lo abrió. ¿Cómo llego allí el diario de Lord Shuichi?
Recordó cómo le fue arrebatado y supuso que el "fantasma" del que hablaba Tatsuha lo había tomado prestado y lo había dejado olvidado allí. Pasó las primeras hojas y accidentalmente uno de sus dedos rozó la orilla de una hoja, provocándose al instante un pequeño pero doloroso corte. "Ouch", exclamó a la vez que llevaba su dedo a la boca para lamer la sangre que comenzaba a salir. Volvió a la silla en la que estaba antes para seguir ojeando el dichoso diario en busca de algo que fuera importante.
"Querido diario:
Hoy llegó al Catillo el nuevo jardinero. Se llama Yuki Kitazawa. Es muy guapo. Claude lo contrató y creo que se puso celoso de él porque le dije que era lindo. No sé porqué pero tengo la sensación de que le gusto. Debe ser mi imaginación… No creo que te puedas enamorar de alguien con sólo verlo, pero a decir verdad me sentí incómodo cuando el mayordomo me lo presentó. Su mirada… era como si me desnudara con ella…lujuria…Eso vi en sus ojos.
Sólo espero que sepa hacer bien su trabajo, porque las flores del jardín están muy desechas y el invernadero de papá está seco.
Ahora que recuerdo, vino el doctor a revisarme. Como ayer me sentí muy mal y hoy no amanecí muy bien, Claude decidió que era mejor llamar a un doctor, así que hoy vino a verme. Me recetó unas pastillas y unas hierbas que debo tomar cada dos días por dos meses. ¿No crees que sea mucho tiempo? Aún tengo que hacerme unos exámenes para saber que tengo, pero por lo pronto deberé tomar estas cosas. No me gusta.
Bueno, mañana te sigo contando, Claude me está mirando feo porque aún no me acuesto y ya es de madrugada.
Love, Shuichi"
Eiri volvió a leer el fragmento poniendo atención al último párrafo del escrito, el que informaba de una aparente enfermedad que Shuichi padecía. ¿Podría ser que aquélla haya sido la verdadera causa de muerte?
Siguió avanzando, recorriendo rápidamente con la mirada varias hojas, dándose cuenta que en muchas ocasiones aparecía nombrado el tal Yuki Kitazawa. Entre otras cosas, Shuichi hacía halago del excelente manejo del jardinero con las plantas y, en especial, de las rosas del invernadero, haciendo hincapié en que toda las casa olía exquisitamente a flores.
Siguió viendo las hojas, una por una en busca de algo importante. En ningún lado salían las supuestas agresiones que Shuichi sufría, sino que sólo se hacía referencia a ellas casi en las últimas hojas del diario. El lord tampoco se refería a su extraña enfermedad, limitándose sólo a quejarse por tener que tomar hierbas y pastillas amargas, pero nada más.
Unos extraños ruidos, similares a unos pasos interrumpieron su lectura abruptamente. Cerró el cuaderno dejándolo sobre el escritorio, para salir a investigar. Miró a su alrededor algo confundido, trató de agudizar su audición y así pudo escuchar claramente que alguien caminaba por las escaleras, pero no eran las del pasillo… Eran las escaleras de la torre. Se acercó sigilosamente a la escalera de caracol, tratando de no hacer ruido, pero en el camino se tropezó con cuanta cosa había en el suelo. Llegando al pie de los escalones, alzó la mirada esperando ver algo o alguien pero a simple vista, la escalera estaba vacía.
Se disponía a subir cuando la opresión en el pecho que sintió la noche anterior, volvió con mayor intensidad y esta vez aquella mirada de odio y rabia le miraba descaradamente retorciéndole el alma. Se giró asustado buscando aquellos ojos que le envolvían, pero no vio nada más que la fría soledad de la biblioteca. Trató de reponerse apoyándose en el librero más cercano a la escalera, pero el mueble estaba tan maltratado que varios libros cayeron sobre él antes de que el librero se desplomara, dándole al rubio el tiempo suficiente para arrancar, pero entre la desesperación y la confusión que emanaba de él de forma misteriosa, tropezó con unos cuadros y cayó de bruces.
Alcanzó a apoyar las manos en el suelo antes de caer completamente, por lo que se repuso casi al instante, volteándose para observar el desastre que había dejado. Una risa macabra y de origen inexplicable, remeció sus oídos y le quito el aliento. ¿Era su idea o alguien intentaba matarlo?
Se paró como pudo y se dispuso a salir de ahí antes de que cierto ente lograra su cometido. Bajó hasta su habitación casi corriendo sin mirar atrás y se encerró en ella por el resto de la tarde, pues por lo menos allí se podría decir que estaría a salvo.
Una vez sentado en su cama comenzó a rememorar todas las cosas que le habían sucedido. Anoche se tropezó y casi lo asfixian; hace un rato, se cortó un dedo, se tropezó, le cayeron libros encima, el librero casi se desploma sobre él y, para rematarla se cayó de bruces. ¿Qué más le podía pasar?
No sólo era esto lo que le intrigaba, sino que además estaba la opresión en el pecho y la inquisidora mirada que no le dejaba en paz, sin contar la risa maléfica de hace unos instantes.
Caminó hasta la ventana para observar el jardín. Vio a Tatsuha cerca de la pileta hablando con una sirvienta, mientras el sol de la mañana los acogía tibiamente. Pensó en salir a fumar para calmarse un poco y arruinarle la mañana a su hermano pequeño, pero no pudo…Curiosamente, yacía encerrado en su habitación. ¡¿Pero cómo?!
Forcejeó con la puerta por varios minutos, pero era imposible, estaba cerrada. Golpeó y gritó para ver si alguien le escuchaba, pero nada.
¡Y pensar que estaría más seguro en su habitación! ¡Qué irónico!, pensó.
Apoyó su espalda en la puerta para mirar desde allí toda su habitación, mientras buscaba una explicación razonable para lo que estaba pasando. Bufó enojado y se encaminó nuevamente hacia la ventana para desde allí tratar de alertara a su hermano, pero en el camino, se detuvo frente al espejo, al mirar su patética expresión. ¿Estaba asustado? ¿El gran Yuki Eiri asustado? Tenía que ser una broma. Contempló detenidamente su rostro. Se notaba que estaba cansado y consternado, tal vez un poco preocupado, pero miedo no demostraba, o al menos eso creía él. Suspiró agotado cerrando los ojos por un momento y al abrirlos se llevó el susto de su vida…
Mientras tanto en el jardín de Roseville…
¿Tat-chan?- Shuichi le llamó mientras se acercaba a él. Extrañamente su voz sonaba preocupada
¿Qué sucede?
¿Haz visto a Yuki?- el moreno negó al instante- Estoy preocupado, Claude no ha aparecido desde ayer y tengo miedo que intente algo contra Yuki… Ya sabe que me gusta…-confesó algo avergonzado y afligido
¿Le contaste?- el pequeño sólo asintió, a lo que Tatsuha suspiró con pesadez- Yuki dijo que estaría en la bibliote…
No está ahí, ya lo busqué- le interrumpió
¿Y viste en su habitación?- Shuichi le miró con los ojos brillantes como si le hubiese sugerido una gran idea *v*
¡Gracias, Tat-chan! ¡¿Por qué no se me ocurrió antes?!- Tatsuha le miró entre enojado y divertido preguntándose como el fantasma podía ser tan…tan…tonto. Una gotita cayó por su cabeza mientras veía como el fantasma se alejaba y se perdía entre los haces de luz
Tenía que ser un sueño o alguna broma de mal gusto o, en el peor de los casos, estaba comenzando a alucinar. Lo que veía no podía ser real bajo ninguna circunstancia. Frente a él se reflejaba en el espejo la figura de un hombre que había visto en alguna parte y que además, por lo que veía, se encontraba tras él. Tenía el cabello rubio, largo y atado en una cola y, unos brillantes e instigadores ojos azules que mostraban un mar de sentimientos indescifrables. Pestañeó varias veces para asegurarse de que era real, pero con todas sus fuerzas se decidió a voltear y verificar si realmente esta detrás de él.
Para su alivio no lo encontró, estaba solo en la habitación. Miró el espejo y éste sólo mostraba su propia figura. ¿Qué había sido eso?
Un sonido proveniente de la puerta le sacó de su ensimismamiento. Volteó hacia ella y vio horrorizado como la puerta se abría lentamente sin que nadie lo hiciera ¿no estaba cerrada? La gran puerta de madera se abrió completamente dejando ver el pasillo, pero curiosamente no había nadie allí. Consternado por la inexplicable naturaleza del hecho, Yuki caminó hacia la puerta para salir de allí, pues ya no le quedaban ganas de estar en el castillo siendo víctima de esos "fantasmas" que él no veía en ningún lado.
No muy seguro de querer bajar, llegó a las escaleras y escalón por escalón, comenzó a bajar lentamente, pero no le sirvió de mucho, pues, de pronto, perdió el equilibrio, unas manos se posaron en sus hombros y cayó por las escaleras.
Yuki trató de afirmarse para no seguir cayendo, pero las escaleras eran tan amplias que prácticamente no tenía de donde hacerlo. Agradeció enormemente que las escaleras no fueran continuas, por lo que no tardaría en llegar al descanso, pero antes de que eso sucediera y antes de que el rubio pudiera darse cuenta, ya no caía… ¿estaba flotando?
Cerró los ojos y sintió que su cuerpo se elevaba lentamente. No entendía qué estaba pasando, pero en ese momento se sentía tan cómodo, que tampoco tenía ganas de saberlo.
Lentamente sintió que su cuerpo iba bajando y era depositado en el suelo. Se quedó quieto por unos segundos con los ojos fuertemente cerrados y, sólo una vez que se aseguró de estar bien afirmado al suelo, se decidió a mostrar sus bellos ojos dorados. Pero… ¡Sorpresa! Un bello niño de ojos violetas, cabellos rosados y cuerpo semitransparente, le miraba entre preocupado y divertido, con la cabeza ladeada en señal de pregunta.
Eiri pestañó varias veces para enfocar bien su visión y comprobar que lo que veía era real y no una alucinación. Observó detenidamente las facciones del niño, reconociéndolo enseguida y, luego se detuvo largo rato en aquellos profundos ojos que le transmitían una extraña mezcla de alegría y tristeza.
Shuichi se quedó absortó navegando en esas brillantes orbes doradas, pues era la primera vez que las veía de tan cerca y deseaba encontrar en ellas algún secreto que le permitiera adentrarse en lo más profundo de aquel bello ser que le había conquistado. Sus miradas se encontraron como si el destino lo hubiera predispuesto y, se quedaron flotando entre las nubes por varios minutos, tratando de acceder a la esencia más pura del otro, buscando conocerse profundamente sólo observando los espejos del alma.
Shuichi salió de su ensimismamiento al caer en cuenta que el rubio le estaba mirando con la misma cara de interrogación que él había puesto hace unos minutos. Sacudió sus cabeza de un lado otro, para despejar sus pensamientos, pues tal vez era idea suya y Yuki sólo estaba mirando la nada, después de todo ya se estaba resignando a que Yuki no pudiera verle.
El rubio, por su parte, mantenía una dura, cruenta y extenuante batalla en su mente. Una parte de él creía que lo veía era un sueño y, la otra, juraba ante los dioses que sólo era la pura y santa realidad. Ahora bien, ¿a quién debía creerle?
Cuando Shuichi volvió a mirar al rubio se encontró con la misma expresión, sólo que ahora tenía una ceja levantada y una expresión que denotaba cierta extrañeza. Ahora no cabía duda… ¡Yuki podía verle! Shuichi se quedó pasmado pensando en cómo entablar una conversación con ese sexy rubio que no paraba de mirarle, pero el joven heredero se le adelantó. Titubeante, nervioso e incrédulo, Yuki se acomodó en el suelo, quejándose disimuladamente al mover sus magullados brazos para alejarse unos cuantos centímetros del espectro. Luego, le apuntó y articuló dificultosamente algunas palabras que le permitieran verificar que no estaba loco, aunque su cerebro no estaba pensando cuerdamente en su totalidad. Seguramente, la caída le había afectado las neuronas o algo parecido.
Tú… Tú eres… Shuichi Roseville…-tartamudeó susurrante con el rostro pálido y casi desfigurado por la impresión, pues aún no podía creer lo que sus ojos veían… esto definitivamente tenía que ser un sueño… ¿o era real?
Continuará….
