Ghost Love: Cita.

Después de una tranquila y silenciosa noche de luna llena, en donde cada huésped disfrutó apaciblemente su estancia en el castillo, los primeros rayos de sol se asomaron lentamente por el oriente, inundando con su luz el lúgubre aspecto del lugar.

Desde muy temprano, las jóvenes sirvientas salieron de sus camas para tener la casa reluciente antes de que los amos se levantaran, pero lo que ellas no sabían, es que un lindo niño pelirrosa andaba revoloteando por los pasillos desde hace rato, o mejor dicho… había pasado la noche en vela, pues la ansiedad por su cita con Yuki le impidió conciliar el sueño.

Cuando las mujeres entraron a la cocina, dieron cuenta del desastre que había en ella, era como si un tornado hubiese arrasado el lugar. Entre todas las cosas que estaban desparramadas en el suelo, divisaron una silueta platinada en calidad de bulto. Shuichi miraba la nada, echando a volar su mente en la órbita de Plutón, mientras fijaba su mirada en un punto cualquiera de la cocina. Tenía unas horribles ojeras bajos sus párpados inferiores y, curiosamente, su cuerpo estaba cubierto por un polvillo blanco. ¿Qué había pasado?

Una de las mujeres se acercó lentamente al bulto semitransparente y, al llegar junto a él, agitó una mano frente al rostro del niño. Nada, ni se inmutaba. Esperando que su letargo no durara mucho tiempo, las sirvientas empezaron a ordenar el desastre en la cocina cuyo responsable era aquel pelirrosa y, para cuando éste "despertó" el lugar estaba ordenado y reluciente. No había indicios del huracán que había pasado por allí.

Shuichi pestañó varias veces para enfocar bien la vista y así, contempló enojado y frustrado, cómo las sirvientas ya preparaban el desayuno para los huéspedes. Miró la hora en el reloj de manzana que descansaba sobre el horno y, a través de él, supuso que su Yuki no tardaría en levantarse. "Genial", pensó.

¡¡Y yo que quería hacerle el desayuno a Yuki!!- se quejó en voz alta sin darse cuenta de ello, a lo que las tres sirvientas que estaban ahí, voltearon a mirarle con cara de interrogación.

¿Qué sucede mi Lord?- preguntó una de ellas. Shuichi la miró con ojos llorosos y suplicantes para causar lástima, lo que conmovió a las tres mujeres.- ¿Podemos ayudarle en algo?- El fantasma pareció pensar la propuesta, poniendo una expresión seria a la vez que se rascaba la cabeza suavemente a modo de meditación. Tras unos segundos, una brillante ampolleta (N/A: o bombilla eléctrica) amarilla apareció inexplicablemente sobre su rosada cabeza, sus labios dibujaron una tonta sonrisa con aires triunfantes y, en seguida, golpeó su puño derecho contra la palma de su mano izquierda.

¡Ya sé!- exclamó rebosante de felicidad- Ustedes- comenzó a dar indicaciones moviendo sus brazos para explicar más gráficamente- Llevaran el desayuno a las habitaciones de los huéspedes, excepto a la de Yuki, porque yo le preparé el desayuno. Y, entonces, cuando él baje, yo le estaré esperando con su comidita y, se la podré dar en la boca; y él me dirá que está rico; y, entonces, nos miraremos; y yo me perderé en sus ojitos dorados; y él se perderá en los míos; y, entonces, él se va enamorar de mí; y nos daremos un beso; y seremos TAN FELICES ¡¡JOJOJOJOJO!!- Las mujeres se miraron algo confusas, pues no entendían muy bien que estaba pasando, pero de todas maneras debían cumplir las órdenes de Shuichi. Cuando éste terminó de divagar en sus planes y su risa algo enfermiza por fin cesó, se dispuso a preparar un rico desayuno para su amado Yuki.

Cuando todo estuvo listo y cuando se aseguró que su Yuki no daba señales de querer levantarse aún, Shuichi se dirigió a la habitación de Tatsuha para buscar asesoría de imagen, pero antes le pedió a una de las sirvientas que prepara la mesa del comedor para una persona y que, en caso de que Yuki bajara y él no hubiese vuelto, le fuera a buscar a la habitación del amo Tatsuha.

Así, el pequeño Shuichi atravesó la pared de la habitación y se sentó a un lado de Tatsuha, quién ya estaba disfrutando su desayuno. El moreno no se dio cuenta de la presencia de Shuichi, sino hasta que sintió algo así como un bulto junto a él, seguido de la ruidosa voz del fantasma.

¡¡LA LI HOOOO, Tat-chan!!- saludó alegremente al moreno, provocando que éste derramara el vaso de jugo producto del espanto.

¿Cuántas veces debo decirte que no me asustes?- preguntó enojado a modo de regaño, aunque más bien era la forma en que solía saludarlo por la mañana.

Lo siento, pero se me olvida – hizo un tierno pucherito acercándose a la copia de su Yuki

No importa, creo que empiezo a acostumbrarme. ¿Mi hermano aún no se levanta?- el pelirrosa movió la cabeza de un lado a otro en señal de negación- Entonces… ¿Qué es lo que quieres?

Quiero que me ayudes a buscar una ropa apropiada- Tatsuha le miró confundido preguntándose internamente si acaso era una broma, pero al mirar mejor al pequeño, se dio cuenta que llevaba el mismo camisón de siempre junto a las cadenas, sumado a un extraño polvillo blanco que lo cubría.

¿Por qué tu ropa y tu cara está blanca?- preguntó sin poder contener la curiosidad, consiguiendo como respuesta el que Shuichi se llevara una mano a la nuca para excusarse.

¡Je, je, je!- rió entre tonto y travieso, tratando de explicarse- Es que… intenté preparar un pastel y pues… explotó ^^U- eso tenía que ser una broma ¿cierto? Porque… ¿desde cuándo los pasteles explotaban? Bueno, eso explicaba porque estaba todo blanco, seguramente había vertido la harina sobre su ropa o tal vez en la explosión, le habría saltado algo.

¿Explotó? ¿Lo dices en serio?- el menor Uesugi estaba incrédulo, aunque ese extraño suceso habría las puertas a dos posibilidades: o Shuichi no sabía preparar un pastel… O sencillamente… era un inútil, bueno para nada. "Pobre de mi hermano", reflexionó con una gotita en la nuca, dando por hecho que el fantasmita sería la pareja de su hermano después de la cita.

¿Qué debería usar? ¿Qué crees que le gustaría a Yuki?- preguntó medio apenado o, más bien, avergonzado.- ¡¡No tengo qué ponerme!!- exclamó haciendo pucheritos

Tranquilo. No creo que a mi hermano le importe como estés vestido, pero coincido en que así, no puedes ir a una cita- le dijo indicando su atuendo haciendo hincapié en el polvo que lo cubría- Primero, date una duch…

¡Listo!- Tatsuha quedó perplejo. Ni siquiera había terminado de hablar y Shu había desaparecido y regresado en un abrir y cerrar de ojos, volviendo con su cuerpo y ropa limpia, aunque no habían rastros de agua en él.

¿En que momento te limpiaste?- inquirió incrédulo

En el momento en que pensaste que me haría bien un baño ^^U- Tatsuha suspiró pesadamente, mientras compadecía a su hermano por lo que le esperaba.

Entonces…Alguna idea de cómo quieres vestirte- Shuichi le miró pensativo, tratando de hacer conexión en alguna cosa que a Yuki y al él le gustaran.

Yuki siempre se viste un poco formal… ¿Crees que debería vestirme igual? Estaba pensando en un trajo como éste- Shu volvió a desaparecer y aparecer en unos cuantos segundos, pero esta vez estaba vestido de una manera bastante singular y, por qué no decirlo, anticuada o fuera de época. ¿qué más podía esperar de un Lord?

Tatsuha le miró de pies a cabeza, procesando en su mente cada detalle del antiguo atuendo que usaba el fantasma. No sabía muy bien cómo describirlo, pero sin duda le recordaba a los Lords de las cortes que salían en las películas sobre la realeza.

Se trataba más o menos de un traje de color negro, estilo victoriano. Vestía pantalones largos, algo entallados en las caderas; una camisa blanca con vuelos en las mangas y en el cuello y, sobre ésta una chaqueta igualmente negra, además de llevar en su cabeza un sombrero de media copa. Lucía altamente atractivo, sobre todo porque la felicidad que irradiaba era muy contagiosa. Sin duda, ese estilo "formal" le venía como anillo al dedo. De seguro a Yuki le gustaría, aunque Tatsuha hubiese preferido algo más actual y juvenil.

¡Me gusta! Creo que va acorde con Yuki

¡¿De verdad lo crees, Tat-chan?! *v*- el moreno le asintió pensativo, dudando de sus palabras, pues si a él le parecía raro verlo vestido así, no quería ni imaginar lo que Yuki pensaría…

Después de hablar con Tatsuha y mirarse al espejo varias veces para corroborar lo guapo que se veía, bajó a la cocina, sólo para constatar que todo estuviera en orden antes de que Yuki fuera a desayunar.

Había pasado casi una hora, ya tenía todo más que listo. Las cosas se estaban empezando a enfriar y aún no había señales de Yuki.

Aburrido de esperar, se dio un par de vueltas por el comedor, vagó por las escaleras y se miró unas cuantas veces más al espejo, hasta que a eso de las 11 AM., el rubio heredero se dignó a bajar.

Miró la hora en su reloj de muñequera, extrañándose por estar sólo en el comedor. Le parecía raro que no hubiera nadie y que, además, sólo hubiese un puesto preparado. ¿Sólo faltaba él que desayunara? Volvió a mirar la hora. No era tan tarde, según él, como para que todo mundo haya desayunado ya, ¿o sí?

Tomo asiento frente al único puesto preparado, tomó la dorada campanilla que había a un lado de los cubiertos y la hizo sonar suavemente, para avisarles a las sirvientas que le sirvieran su desayuno.

El "corazón" de Shuichi dio un vuelco cuando llegó a sus oídos el leve sonido de la campana. Había llegado la hora. Su Yuki le esperaba para desayunar, pero estaba tan nervioso que empezaba a dudar de todo esto: temía que Yuki lo rechazara o que no le gustara.

Miró de reojo a las muchachas, quienes esperaban expectantes que el pequeño Shu se decidiera a salir. Respiró hondo y juntó todas sus fuerzas para no desfallecer. Se armó de todo el coraje que pudo y, suavemente, empujó el carrito con la comida, hacia la entrada al comedor. Las puertas se abrieron lentamente y, por fin vio el rostro hambriento de su amado rubio, quien esperaba algo aburrido que alguien se dignara a servirle el desayuno.

Aquí está su desayuno, Eiri-sama- Yuki pareció reconocer la voz. No estaba seguro de donde la había escuchado, pero tenía claro que no pertenecía a ninguna de las sirvientas. Indeciso, se decidió a voltear para ver a su anfitrión y, así, se encontró cara a cara con unos bellos ojos violetas, que le miraban con evidente emoción. Shu se encontraba en éxtasis, pareciera que hubiese alcanzado el paraíso.

Yuki le miró extrañado, observándole de pies a cabeza, sin poder creer que el dichoso fantasmita se prestaba para servirle. Desvió la mirada por unos momentos y luego volvió a ver a Shuichi. Algo hizo clic en su mente y recordó con horror que ese maldito día, debía cumplir la "penitencia" que su hermano menor le había impuesto: la cita con Lord Shuichi. Respiró resignado tratando de calmarse para no decir algo hiriente y ser amable con la pobre alma en pena, por lo que se decidió a dedicarle una "bella y cálida" sonrisa.

Te estaba esperando- dijo con falsa galantería, recibiendo a gusto las cosas que el fantasma ponía sobre la mesa. Shuichi se detuvo al escuchar aquello. Se sentía desvanecer y estaba empezando a creer que definitivamente se estaba acercando al cielo

Etto… yo… esto…-titubeó tratando de controlar sus nervios- Yo… yo te preparé… yo te preparé esto. Espero…que te guste- se sonrojó tiernamente al terminar sus palabras, lo que causó en Yuki un raro sentimiento de agrado.

Se ve delicioso- exclamó admirando su desayuno, compuesto por una taza de café capuchino, tostadas con jamón y mantequilla, un plato de omelet y un posillo con fresas (N/A: o frutillas, como prefieran) con crema chantilly. Shu se sentó a su lado para admirarlo y ver con devoción como el rubio se llevaba una tostada a la boca y, luego tomaba un sorbo de café.

¿Tú no comes?- preguntó para entablar una conversación, aunque ya conocía o, más bien, intuía la respuesta. ¿por qué había hecho una pregunta tan tonta?, se recriminaba internamente por no habérsele ocurrido algo mejor. Ahora el fantasma pensaría que era un tarado.

¿Eh? Pues…Lo he intentado, pero no puedo. Aunque se me hace agua la boca verte comer… Me hace recordar cuando estaba vivo- dijo apenado- Recuerdo cuando iba a los banquetes que ofrecía la reina. Servían comida muy deliciosa *¬*- Yuki se sintió mal por haber hecho esa pregunta, suponiendo que a Shuichi le dolía hablar de su vida.- ¿Está rico?- preguntó de pronto al notar que el rubio se había quedado callado.

Sí, no está mal para que seas un fantasma- ironizó, para después recriminarse por no haber pensado sus palabras, al ver como Shuichi bajaba la cabeza con tristeza- ¿Quieres probar?- preguntó tratando de arreglar su pequeño desliz. Shu levantó la cabeza algo incrédulo, pues no pensó que el rubio le propondría algo así.

¡¡Claro!!- respondió entusiasmado acercándose al rubio para robarle una fresa: su fruta favorita- ¡Adoro las fresas! :3- exclamó llevándose una a la boca con cuidado.

Yuki observó con detenimiento cada acción del menor, viendo con estupor como la fresa era "triturada" por el ser invisible y, luego atravesaba el resto de su cuerpo como si nada, para terminar en el suelo; después llamaría a las sirvientas para que limpiaran. Las mejillas del pequeño se tiñeron de un adorable carmesí al terminar de saborear la fresa, para luego dedicarle al rubio una linda sonrisa en señal de gratitud.

Eiri sonrió complacido ante la actitud del fantasma, pero luego centró su mirada en su desayuno para terminar de comerlo, después de todo, tendría todo el día para admirar al menor y reírse de sus tonterías.

¿Qué quieres hacer ahora?- preguntó el rubio amablemente una vez que salieron del comedor.

Etto… Es la primera que tengo una cita, no sé que debería hacer- confesó apenado, juntando sus dedos índices a la vez que su rostro se teñía de un tierno color rojo. Yuki se sonrió ante aquel tierno acto que revelaba la inusitada inocencia de aquella alma, pero pensó que tal vez la época en que vivió influía notablemente en su forma de pensar y actuar. Había caído en cuenta que Shuichi era una persona muy educada, fina y correcta y, sus gestos siempre estaban fríamente calculados aunque a veces su actos exagerados constituían una evidente salida de protocolo producto de su hiperactiva y extrovertida forma de ser.

Entonces, salgamos a pasear por el jardín, ahí podríamos charlar un rato- sugirió en tono despreocupado mientras caminaba hacia la salida.

Buena idea, podré contarte muchas cosas- Shuichi voló hasta Yuki y lo jaló hacia la salida, acto que dejó al rubio completamente perplejo, pues estaba casi seguro de que no podía tocarlo. Yuki, más que sentir las manos de Shuichi, sentía una especie de energía o fuerza que tiraba de su brazo y lo empujaba en dirección a la salida, era una sensación inexplicable, pero ya tendría tiempo de preguntarle al pequeño.

En las afueras del castillo, el sol brillaba en lo alto del cielo brindando su calor a las bellas flores que se mecían al compás del viento. El día estaba radiante y el jardín mostraba una hermosura nunca vista, pues los árboles y las plantas en general, se vestían de radiantes colores para darle la bienvenida a la primavera. Shuichi condujo a Yuki a un costado del jardín donde las plantas se volvían espesas y formaban una especie de murallas conformando un enorme laberinto.

Sin mayores problemas, el pelirrosa recorrió cada pasillo y llevó a Yuki a un hermoso lugar que se encontraba al centro del intrincado paraje.

Allí, había una enorme pérgola de jardín con forma de cúpula, tallada en mármol blanco y con finos dibujos de flores también grabados en la reluciente piedra. La cúpula no era de mármol, sino que se trataba de un exclusivo modelo hecho en oro. Alredor de las columnas de mármol, una juguetona enredadera de rosas las envolvía tejiendo suavemente entre ellas una fina muralla de hojas y flores. Dentro de la pérgola, había una mesa y unos asientos también de mármol, hacia donde el rubio fue arrastrado por el fantasma.

¿Te gusta?- preguntó enérgico y ansioso mirándole con ojos esperanzadores y llorosos.

Es un lindo lugar- afirmó observando distraído su entorno, sin advertir el hilo de baba que caía por la comisura de los labios del pequeño fantasma, quien además, era rodeado por una extraña luz amarilla, como si estuviese entrando al paraíso- ¿Estás bien?- preguntó algo preocupado al notar el letargo del menor

¿Eh? No es nada- se apresuró a decir sacudiendo su cabeza como los perros- Ne, Yuki… Tú estuviste leyendo mi diario, ¿verdad?- el rubio asintió quedamente, a lo que el pequeño se ruborizó- Yo…

¿Te puedo hacer una pregunta? ¿Cómo es que no recuerdas cómo y dónde moriste?- preguntó fríamente sin tener la intención de causar daño

Yo… No lo recuerdo… Tengo imágenes borrosas de lo que pasó ese día… y el lugar… era una especie de calabozo, pero no recuerdo cómo llegué ahí. ¡Mejor hablemos de otra cosa!- exclamó animado- Cuéntame de ti

Mmm… No hay mucho que saber de mí… Me crié en Japón y estuve en Estados Unidos un par de años. Me gusta escribir y espero poder publicar alguna de mis novelas

Genial *v* ¡¡A mi me gusta cantar!! También escribo canciones, pero últimamente no lo he hecho… ¿Te gustaría escuchar una?

Claro, pero dejémoslo para después… Aún tenemos todo el día para estar juntos- sugirió fingiendo entusiasmo a la vez que posaba una de sus manos sobre las del pequeño, pero para su sorpresa, no pudo hacerlo- ¿Por qué no puedo tocarte?- inquirió algo consternado observando su mano como si hubiese algo malo en ella

Eso es porque soy energía y no puedes tocar la energía. Es algo extraño, pero digamos que yo tampoco puedo "tocarte", tú sólo sientes la fuerza que produce mi energía y da la ilusión de que puedo tocarte o coger las cosas. Pero… puedo materializarme para que me toques… solo que no sé cómo se hace XD- Shu sonrió apenado

Mejor, háblame de tu vida. En tu diario no pude leer mucho, sin contar que lo escondiste- Shu rió divertido al recordar cómo había "dado vuelta" la habitación del rubio buscando su diario

Mi familia pertenecía a la alta nobleza, eran casi familiares directos de la reina, por lo que, me crié en la alta sociedad y nunca me faltó nada. Mis padres murieron cuando yo tenía 15 años y como único heredero, me quedé con el castillo.

¿Y Sir Winchester?- preguntó distraídamente olvidando por completo el temor que causaba ese nombre en el fantasma

Él… lo conocí tiempo después de la muerte de mis padres- dijo con tristeza como si no quisiera recordar- Me casé con él poco después de conocerlo y el resto de la historia… Creo que ya la conoces…- Yuki asintió en silencio

Hace poco… leí que estabas enfermo…- Yuki puso cara pensativa, intentando recordar los pasajes del diario en los que había leído sobre eso. Shuichi asintió

Era una enfermedad hereditaria, mi madre la tenía. Tarde o temprano igual iba a morir… pero no pensé que sería a manos de mi esposo…- la voz de Shuichi se apagó por unos segundos y sus ojos amatistas se llenaron de lágrimas que se buscaban desesperadamente salir de sus ojos. Yuki sintió un nudo en la garganta y se sintió culpable por haberle hecho recordar, sin querer, algo muy doloroso.

Lo siento- se disculpó buscando acariciar el rostro de Shu para borrar la única lágrima que logró escapar, pero como era de esperarse, su mano lo atravesó como si intentara tocar el viento.

No importa, ya estoy bien- restregó sus manitas en sus ojos para secar las lágrimas y, así, continuar su relato- Recuerdo que, Claude contrató un jardinero, se llamaba Yuki, igual que tú. Él me preparaba unas infusiones para aminorar los síntomas de mi enfermedad. Sabía mucho de plantas y siempre llevaba rosas rojas a mi habitación.

Lo sé, leí sobre él en tu diario ¿Te gustaba?- preguntó inesperadamente sintiendo ¿celos? Imposible, no podía tener celos, porque sencillamente no sentía nada por el fantasma salvo cierta ternura… Lástima, tal vez… pero, pensándolo bien… ¿por qué sentía una ira inexplicable hacia el tal "Yuki"? Shuichi le miró confuso, dándole a entender que no había comprendido la pregunta- ¿Estabas enamorado de Yuki?

¡No! Yo... Yo amaba a Claude… Pero, ahora, yo…Yo te quiero a ti- confesó apenado escondiendo su rostro entre sus manos para que el rubio no pudiera ver su sonrojo.

Eiri quedó algo asombrado ante tamaña confesión, aunque por aviso de su "adorado" hermano, ya tenía una leve idea de los sentimientos que el fantasma tenía hacia él. Ahora, sólo tenía una duda que le inquietaba. ¿Era un sentimiento recíproco? Eso estaba un poco difícil de responder, pues llevaba poco tiempo conociendo a Shuichi, o más bien, hace tan sólo un día que se conocían en persona. ¿Podía surgir el amor en tan sólo un instante? Claramente, no estaba seguro de eso, lo que sí, debía aceptar es que, inexplicablemente, desde que tuvo conocimiento de la leyenda de Roseville se sintió atraído por la historia del fantasma e inconscientemente buscaba obtener más información de él. Por algo había leído su diario ¿o no?

El viento meció sus suaves cabellos rubios de un lado a otro, mientras él, internamente, trataba de dilucidar qué tipo o clase de emociones le inspiraba el fantasma y qué sentía por él. Tenía varias posibilidades, por ejemplo, podía tratarse de simple curiosidad; tal vez, era solidaridad; posiblemente se tratase de lástima; quizás, era obsesión; o bien podría ser ¿amor?

Shuichi, quien aún mantenía sus manos sobre su rostro, miró entremedio de sus dedos al rubio, esperando expectante que Yuki le diera una respuesta a su confesión, pero sólo logró ver al rubio sumido en sus pensamientos y con la mirada pérdida.

¿Yuki? ¿Estás bien?- llamó algo tímido y preocupado, al ver que el rubio ni siquiera pestañaba, aunque su inconfundible voz fue suficiente para sacarlo de su letargo.

Mejor volvamos- sentenció con voz molesta a la vez que se ponía de pie y comenzaba a caminar por el corredor del laberinto a paso rápido.

"¿Se habrá enojado?"- se preguntó Shuichi con un dejo de tristeza, pues el simple hecho de que el rubio no le comentara sobre su confesión, le hizo suponer que tal vez Yuki no sentía lo mismo.

Se quedó ahí solo, pensando en lo horrible que era su existencia, deseando encontrar la manera de dejar aquel mundo cruel que tan malos recuerdos le traía, sin poder evitar que unas cuantas lágrimas cayeran por sus mejillas. ¿Por qué era tan miserable su vida?

Yuki al darse cuenta que Shuichi no le seguía, volteó a mirarle y cayó en cuenta que éste seguía en la posición que cuando lo dejó, lo que le pareció raro. Decidió volver por él y, así averiguar qué le pasaba al pequeño, además, de que recién se había dado cuenta que no tenía idea de cómo salir del laberinto y, para ello, Shuichi era su única posibilidad…

Comenzaba a atardecer cuando decidieron volver al castillo al fin, pues, Yuki, tras haberse devuelto para buscar a Shuichi, decidió que era mejor disculparse por lo sucedido, quedándose allí junto al fantasma por el resto de la tarde. Hablaron de un millón de trivialidades y perdieron totalmente la noción del tiempo; cosa que a Yuki no le cayó en gracia, pues olvidó el almuerzo y sus tripas demandaban comida con urgencia.

Shuichi iba pegado como lapa al brazo derecho del rubio dejando detrás un largo camino de corazones. Todo para él era como un sueño del que jamás desearía despertar. Todo era perfecto ¡hasta el día!, aunque si tuviera la certeza o, por lo menos, una leve idea de los sentimientos del rubio hacia su persona, las cosas serían más fáciles y perfectas, pero como dicen por ahí "no se puede tener todo en esta vida".

Yuki se sentía terriblemente incómodo con la situación. Claramente no estaba muy acostumbrado a las demostraciones de cariño y, aunque el pequeño pelirrosa le inspirara un extraño sentimiento de "¿amor?", le costaba demostrarlo con acciones, además, el tener que tratar con un fantasma sólo complicaba más las cosas, pues si tan sólo Shuichi estuviese vivo, todo sería muy diferente e, incluso, aceptaría gustoso salir con él. ¡Lástima que las cosas no fueran así! ¡Si tan sólo pudiera tocarlo!

¿Yuki?-llamó el pelirrosa jalándole levemente la manga de la camisa, sacándole al instante de sus pensamientos- Después de que comas, ¿podemos ir al salón de música? Me gustaría mostrarte algo- preguntó en tono meloso ^////^

Lo que tu quieras, Shuichi- le sonrió amablemente, a pesar que en lo más profundo de su ser sentía unas enormes ganas de hacer puré de Tatsuha, aunque este no tuviera la culpa de que el fantasma se hubiese enamorado de él, le haría pagar por obligarlo a tener una cita con aquel ser intangible.

Con cada minuto que pasaba junto al pelirrosa, Yuki sentía que su mente se confundía más y más. No sabía como explicar lo que le pasaba, pero claramente su corazón se llenaba de contradicciones impidiéndole aclarar sus sentimientos, su ser se dividía entre el cariño/amor y el orgullo. Aquel orgullo era mucho mayor que el cariño que comenzaba a sentir hacia el pelirrosa, de tal manera que no le permitiría enamorarse del pequeño, o eso creía, pues si había algo que debía empezar a aceptar, era precisamente que Shuichi le gustaba y tarde o temprano terminaría enamorándose, pero… ¡¿POR QUÉ TENÍA QUE SER UN FANTASMA?!

Suspiró pesadamente al imaginarse el resto de su vida junto a Shuichi. Él como mortal envejecería irremediablemente y Shuichi siempre se mantendría igual, pero ¿qué pasaría una vez que se muriera? Así llegó a su mente la pregunta más estúpida que pudiese formular: ¿Existiría una manera de revivir a Shuichi?

Todos sus pensamientos fueron interrumpidos abruptamente una vez que llegaron a las puertas de la mansión. Curiosamente, todo el lugar estaba en completo silencio y se colmaba de una rara y electrizante calma que inspiraba un inquietante temor. Sin duda el extremo silencio era una mala señal para la gran cantidad de gente que ahora habitaba en el castillo.

Sin darle mucha relevancia a la extraña tranquilidad para no cortar la "magia" de la cita, se dirigieron directamente al comedor, pues igual terminarían enterándose de todo lo que sucediera con los cazafantasmas.

Después de comer, la "acaramelada" parejita se dirigió hacia la puerta del salón de música, donde Shuichi pretendía dedicarle una canción que había escrito hace unos días. Sin embargo, todos sus planes se vieron horriblemente arruinados cuando al llegar frente a la puerta, vieron un papel pegado en ella que decía con letras grandes "NO ENTRAR" y, más abajito y con letra pequeña se leía "clausurado".

Una venita empezó a palpitar en la frente del rubio, mientras Shuichi hacía pucheritos, ponía los ojos llorosos y se preparaba para armar un colosal berrinche. ¿Qué había pasado? Sin duda no había que pensarlo mucho para dar con los culpables o, por lo menos, Yuki tenía una leve idea de quién había sido: el trío de estrafalarios cazafantasmas. Ahora bien, por qué estaba el cartel, no tenía ni la más mínima idea, pero, de todas maneras, lo averiguaría más tarde.

Yuki le indicó al menor que sería mejor continuar la cita en la habitación del rubio, para así seguir con la charla que habían dejado pendiente en el jardín, claro que el joven heredero no tenía idea de los "planes" que Shuichi había creado para pasar una "linda velada", pues el pequeño ya tenía previsto pasar la noche con el sexy rubio.

Ya era de noche y todo el mundo dormía, exceptuando la linda parejita que hablaba animadamente mientras comían las frutas que Shuichi había mandado a pedir. Hasta el momento, Yuki y Shu se llevaban bastante bien aunque no tuvieran muchas cosas en común, pero se veían bien juntos.

Eiri seguía cuestionándose qué hacía con un fantasma en su habitación, sin embargo, fue algo que no tardó en descubrir al darse cuenta de las intenciones de Shuichi por pasar la noche con él. Por un momento no le encontró nada de malo a eso, pero al rato cayó en cuenta de algo MUY importante… ¿podría tener sexo con un fantasma? Lo meditó por largo rato, mientras fingía que ponía atención a las bobadas del pelirrosa, pero a pesar de cavilarlo tanto, no halló solución al problema, aunque todas sus respuestas llegaron cuando Shuichi lo tumbó a la cama y se sentó sobre él.

Yuki… Yo… ¿puedo darte un beso?- inocentemente y teniendo completamente acorralado al rubio, Shuichi acercó su rostro lentamente al de Yuki esperando alguna respuesta, pero Eiri quedó tan descolocado con la pregunta, que ni siquiera estuvo en condiciones de pronunciar alguna respuesta, dándole por hecho al pequeño que sí aceptaba su propuesta.

Shuichi posó sus labios lenta y suavemente sobre los del rubio, tratando de invadir su boca con su pequeña lengua y así tratar de sentir su sabor, pero, por otro lado, Yuki se sintió extraño al ser besado por el fantasma, aunque a eso ni siquiera le podía llamar beso, pues a lo más sentía un aire frío sobre sus labios y una extraña fuerza que le incitaba a abrir la boca. Cerró los ojos para dejarse llevar por la rara sensación y así olvidar que estaba siendo besado por un fantasma, cosa que le resultó bastante bien, pues ni siquiera alcanzó a percatarse de que las frías manos de Shuichi ya habían desabotonado su camisa.

Cuando abrió los ojos de nuevo, vio con estupor como el niño acariciaba su pecho con su lengua, a la vez que sujetaba sus brazos con sus manos traslúcidas. Ahora entendía por qué no podía moverse: la energía de Shuichi era tanta que le impedía ejercer movimiento alguno, lo que comenzaba a acrecentar el pánico su pánico: ¡estaba a merced del fantasma! Eso no lo podía permitir.

¡¿QUÉ CREES QUE HACES?!- vociferó enojado tratando de zafarse del agarre. Shuichi se asustó por el tono en que Yuki le había hablado e inmediatamente se alejó hasta el otro extremo de la cama

Yo…Yo pensé que te gustaba…- contestó apenado bajando su rosada cabeza para evitar la furiosa mirada del rubio- Lo siento…- sus ojitos se llenaron de lágrimas a las que no dejó salir.

No…no te disculpes…- algo arrepentido, se acercó al borde de la cama para quedar al lado del pequeño- Mírame- ordenó suavemente- Si quieres intentarlo, no hay problema- Shu asintió tímidamente, ruborizándose en el acto. ¿Había escuchado bien?

Yuki se quedó en silencio para meditar mejor que acababa de proponerle al pequeño, arrepintiéndose, luego, por haberlo hecho, pues era su primera cita, a penas se conocían y Shuichi era un ¡Fantasma! Sin duda DEBÍA pensarlo mejor. Dejar el sexo para la próxima cita era una muy buena opción, además que podría buscar la manera de poder tocar al pelirrosa, porque de lo contrario no tendría gracia alguna que uno disfrutara y el otro no. A eso debía agregarle el hecho de que ni siquiera estaba seguro de si podrían o no hacerlo.

Pensándolo bien, no tenía excusa para negarle a Shuichi una noche de "pasión", el problema radicaba en el simple hecho de no querer lastimarlo. Sabía de los sentimientos de Shuichi hacia su persona, por lo que imaginó que éste esperaría una noche llena de amor y dulzura, pero como él, el gran Yuki Eiri, aún no tenía claros sus sentimientos por el niño, se trataría sólo de una de las tantas noches en las que tuvo sexo con desconocidas: sólo sería sexo… ¿verdad?

Shuichi también pareció meditarlo. Amaba a Yuki con todo su ser, estaba bastante claro; pero tampoco podía hacerle las cosas tan fácil y comportarse como una vil meretriz, pues él era un niño educado, con clase, no una cualquiera. Tenía que guardar la compostura y no comportarse como una puta ¿verdad? "Al diablo con todo eso", pensó, "¡¡¡Quiero que Yuki me haga suyo ahora!!!", exclamó para sus adentros. Pero… ¡un momento! Shuichi acababa de caer en cuenta en un GRAN detalle, el mismo dilema que Yuki tenía: ¿Podrían tener sexo?

Cerró sus ojos y suspiró cansado. Habían pasado muchos años desde su muerte y desde ahí que no había incursionado en ese tema. Sino mal recordaba, en la "escuela de fantasmas" había escuchado una vieja leyenda de la edad media que hablaba de demonios adictos al sexo: los incubos, unos seres que le robaban la energía a los humanos teniendo sexo con ellos. No recordaba muy bien la leyenda pero si un demonio podía ¿por qué él no?

"Mmm… ahora que recuerdo… en el instructivo para fantasmas salía cómo materializarse… ¡¿Por qué nunca aprendí hacerlo?! ¡Justo ahora que más lo necesito! ¡QUIERO QUE YUKI ME TOQUÉ!", gritó para sus adentros, sacudiendo su cabeza como perrito, siendo observado incrédulamente por el rubio.

Una vez que se decidió por llevar a cabo la fantasía que tanto anhelaba, tumbó al rubio sobre la cama, otra vez. Se acomodó a horcajadas sobre él y, enseguida se acercó para besarle.

Como si fuera por costumbre, Yuki estiró los brazos buscando acercar más a Shuichi a sí mismo para profundizar el beso, pero antes de eso había notado que aquel beso era muy distinto al anterior, pues este se parecía más a un beso real y no era como si estuviese besando la nada. Así, rodeó el blanquecino cuerpo de Shuichi con su brazos, esperando inconcientemente atravesarlo igual que siempre, pero esta vez no fue así. Para su sorpresa, sus brazos se posaron en la fría espalda del menor y por primera vez pudo tocarlo.

Abrió los ojos para comprobar que sus sentidos no lo engañaban y pudo ver claramente como sus brazos rodeaban la fina cintura desnuda del menor. Cerró los ojos nuevamente y se dejó llevar por sus instintos.

Olvidándose por completo del niño bueno, educado e inocente que siempre solía mostrar, Shuichi dejó salir a la luz su lado más audaz y atrevido y, poco a poco fue despojándose de las prendas que cubrían su traslúcido y platinado cuerpo.

Yuki aún consternado por tanta "ansiedad", dejó que el pequeño "abusara" de él en cierta medida, pero ese lado osado que le mostraba el menor lo estaba asustando más de lo normal, pues siempre imaginó a Shuichi como un niño sumiso e ingenuo.

Se besaron una vez más tratando de olvidar por completo la condición en que se encontraba, dejando de lado la situación aberrante de la que eran partícipes: ¿Quién podría imaginarse algo tan insólito como esto? (N/A: Sólo yo, muajajaja!)

Las luces de la habitación bajaron su luminosidad inexplicablemente hasta apagarse, para que después, de la nada, un par de velas que estaban en el mueble junto a la cama, se encendieran. Esto le llamó la atención a Yuki, pero inmediatamente supuso que Shuichi era el responsable de aquel fenómeno paranormal.

El pelirrosa acarició extasiado el perfecto torso del rubio, mientras sus ojos se perdían en la profundidad de aquellas hermosas piedras doradas que le miraban con cierto dejo de extrañeza y cariño. Se sonrieron de forma cómplice y lentamente continuaron con aquel acto de "amor.

La erección del rubio ya era más que evidente y no había pasado desapercibida para el menor, quien después de posar un pequeño y casto beso en los labios del rubio, descendió hasta las piernas de éste para quitar el pantalón. Suavemente lo deslizó por sus piernas y asimismo, se acercó hasta la entrepierna de Yuki quedando frente a frente a su erección que ya empezaba a gotear.

- ¡Hazlo!- ordenó el rubio un tanto ansioso, recordando que no tenía sexo desde que salió de Japón, además de que su erección ya empezaba a doler y reclamaba alivio.

Shuichi admiró toda la extensión del rubio y, luego, acató la orden de su nuevo amante, saboreando con la lengua la rosada punta, hasta decidirse de una vez por meterla toda en su boca. Subió y bajó por ella en un lento y agonizante compás, pretendiendo que Yuki rogara más atención, pero el movimiento demandante de las caderas del rubio le obligó a aumentar el ritmo. Así, no tardó en lograr que Yuki alcanzara el orgasmo y su semen se esparciera por su boca, saboreando gustosamente aquella esencia aunque el líquido escurriera por toda su boca y varias gotas cayeran en la cama.

Shuichi terminó de desnudarse y esperó a que el rubio se recuperara de su orgasmo para continuar, dejando que en el acto, Yuki pudiera admirar su desnudez, sin poder evitar sonrojarse al sentir la mirada lujuriosa y llena de deseo que el rubio le dirigía.

Una vez que dejó de admirar el cuerpo desnudo del fantasma, se sentó apoyándose en respaldar de la cama, acomodando, primero, unos almohadones para quedar más cómodo. De esta manera, le indicó al pelirrosa que se acercara para que quedara sentado sobre sus piernas. Al acomodarse entre ellas, pasó a llevar intencionalmente el miembro del rubio, haciendo que éste emitiera un leve, pero audible gemido. Su pene comenzaba a despertar otra vez.

Sus labios se unieron apasionadamente, devorándose el uno al otro como si no hubiera mañana, tratando de fundirse, mientras sus manos recorrían el cuerpo de su compañero, acariciando, sintiendo y buscando memorizar cada rincón de él.

Yuki acarició la espalda del pelirrosa bajando lentamente hasta llegar a sus glúteos. Los estrujó haciendo gemir a Shu, y, luego acarició su entrada intentando meter un dedo, presionando suave y lentamente, sólo para deleitarse con los sonoros suspiros que el fantasma dejaba escapar de vez en cuando.

Sin llegar a invadirlo con su dedo, recostó a Shuichi sobre la cama para disfrutar su oportunidad de saborear aquel cuerpo platinado que sudaba y se excitaba con cada caricia que le daba. Besó al menor para distraerlo y sus manos viajaron hacia sus pezones para estimularlos. Bajó por su cuello mordiéndolo y lamiéndolo, dejando pequeñas marcas a su paso que se borraban casi instantáneamente. Se detuvo frente a las pálidas tetillas del fantasma y de forma pausada fue lamiendo y succionando cada una hasta dejarlas completamente erectas.

Shuichi estaba en éxtasis, hacía tanto tiempo desde la última vez que hizo el amor con alguien que ya había olvidado lo que se sentía. Su cuerpo pedía y necesitaba más, de hecho, sólo quería que Yuki lo penetrara luego, pero poco a poco si había hecho la idea de que prolongaría aquel acto lo más que pudiera. Se estremeció al sentir la lengua de Yuki saboreando su hombría. Su respiración se hizo más rápida y menos profunda y sus gemidos se fueron escuchando por toda la habitación.

Yuki lamió de punta a punta todo el pene del menor, el cuál estaba semi-erecto y que ante el contacto con la caliente lengua del rubio terminó de "despertar". Besó la punta con lujuria y la lamió varias veces, hasta que- incitado por las manos del pelirrosa que empujaban suavemente su cabeza- metió toda la extensión en su boca, subiendo y bajando al ritmo que el propio Shuichi le indicaba.

Siguiendo un ritmo bastante frenético, Shuichi no demoró en derramar su esencia en la caliente boca del rubio, quien degustó entusiasmado aquel agridulce líquido. Subió nuevamente para besar al pelirrosa y hacerle probar su propio sabor, mientras sus lenguas se entrelazaban en una pequeña batalla por obtener el control.

Suavemente, Eiri aprovechó la distracción de Shuichi para mover sus manos hacia su entrada, y así, ágilmente, meter un primer dedo.

¡Ah! ¡Yuki!- Gimió, arqueando la espalda e inconscientemente contrayendo su ano debido a la invasión

No aprietes, lo haces más difícil. Relájate- ronroneó suavemente en su oído mientras apartaba unos mechones rosados, para luego juntar sus labios con los del pelirrosa.

Metió un segundo dedo una vez que Shuichi se relajó, moviéndolos en círculos y como tijeras. La respiración del fantasma se hizo errática y sus mejillas se tiñeron de un adorable carmín y Yuki acariciaba la frente del pequeño buscando confortarlo.

Sus cuerpos perlados brillaban bajo la luz de las velas, la luna espiaba por la ventana y el inquietante silencio de la habitación era quebrado por los sonoros suspiros del pelirrosa.

Yuki sacó y metió sus dedos varias veces para asegurarse de que el ano de Shuichi estuviese bien dilatado y así no provocarle tanto dolor, pues lo menos que quería en ese momento era causarle algún tipo de daño al pequeño fantasma.

¡Yuki! Ya… no aguanto… ¡Métemela, por favor!- rogó entre gemidos, calentando aún más al rubio con las muecas llenas de deseo y regocijo que Shuichi le mostraba.

Se sonrió al ver las reacciones que su persona causaba en el fantasma, aumentando su ego al ser el objeto de deseo de aquel peculiar espíritu. Separó aún más las piernas del menor, elevándolas y apoyándolas en sus hombros. Se acercó para depositar un pequeño beso en sus labios y, luego de acomodarse entre las piernas del pelirrosa, le preguntó si estaba listo para recibirlo.

Shuichi asintió quedamente, afirmándose de las sábanas, mientras el rubio acataba su silenciosa orden, acomodando su miembro en a entrada del menor. Empujó suavemente logrando meter la punta, sintiendo como su pene era envuelto por una extraña frialdad, algo que su experiencia le indicaba que no era normal, pero el hecho de que su compañero fuera un fantasma, le daba explicación a muchas cosas.

Tratando de omitir ese pequeño detalle, terminó por dar una fuerte estocada e invadir completamente la humanidad del pelirrosa, sintiéndose raro no sólo por el frío que lo envolvía, sino también, por lo estrecho del lugar.

Shuichi gimió estruendosamente, tapándose la boca enseguida para evitar que el resto de la mansión se enterara. Sentía que se partía en dos, pues había olvidado que su sexy rubio tenía un miembro colosal en comparación al de él. Inconscientemente recordó la primera vez que fue poseído, pero aparte de ello, Shuichi se sentía, en realidad, como si fuera su primera vez.

¿Estás bien?- preguntó preocupado al ver que Shuichi no se inmutaba

Sí… Continúa…

Yuki comenzó a moverse lentamente, sacando y metiendo su miembro, hasta lograr que el interior de Shuichi se acostumbrara a la invasión. Continuó dando estocadas suaves y agonizantes, sólo para retardar el orgasmo, lo que más fuera posible. Shuichi, con la ayuda del rubio, quedó sentado sobre las piernas de éste y, asimismo se aferró a su espalda, gimiéndole en oído, escondiendo su sonrojado rostro en el cuello de su rubio.

Las embestidas fueron aumentando poco a poco conforme al paso del tiempo, siendo cada una más profunda que la anterior.

Yuki recostó al pelirrosa sin detener las embestidas y se acercó para besarlo profunda y apasionadamente, a la vez que Shuichi rodeaba el cuello del rubio con sus brazos, sólo para profundizar aún más aquel beso, deseando fundirse con el cuerpo de Yuki.

Sus agitadas respiraciones les impidieron continuar con el beso y, a cambio, Yuki tomó con su mano el olvidado miembro del menor, masturbándolo ágilmente al ritmo de las estocadas.

La habitación se inundaba con los gemidos de ambos, sumado al rechinar de la cama.

Shuichi sentía que pronto acabaría y, por ello, se aferró lo más que pudo a la ancha espalda del rubio, rodeando las caderas del rubio fuertemente con sus piernas y, así, dejó que Yuki terminara con su tarea.

Eiri buscó sus labios nuevamente, mientras las embestidas se volvían más y más frenéticas. Sentía que llegaba el orgasmo y a esas alturas no podía hacer nada para evitarlo.

¡AH! Yuki… no aguanto… me vengo…aaahhh…Yuki- Shuichi se estremeció exquisitamente, arqueando su espalda y contrayendo su ano, envolviendo con fuerza toda la extensión de su rubio. Eiri gimió roncamente al sentir que su miembro era comprimido por esa fría cavidad, impidiéndole seguir manteniendo la cordura e incitándole a derramar su miel dentro del fantasma.

Shu…Shuichi…- Shuichi alcanzó el orgasmo sintiendo un golpe de corriente recorrer todo su cuerpo de pies a cabeza, a la vez que el rubio, no resistiendo más la fuerte opresión, terminó por derramarse también.

Suavemente salió del interior del pelirrosa y se recostó a su lado, depositando un pequeño beso en su frente, para luego acomodarlo entre sus brazos. Shuichi le sonrió tiernamente y asimismo se aferró al pecho del rubio para escuchar su corazón latir rápidamente y así, quedarse dormido envidiando a su nuevo amor por poseer aún el milagro de la vida…

Continuará…

Hola, aquí está la cita. Espero que les haya gustado ^^ Les agradezco por dejarme sus lindos comentarios, me hacen muy felices. Este capi va dedicado a esmeralda-chan, quien siempre me deja sus ánimos para que lo continúe y pues porque la página no me deja responder sus reviews u.u Gracias!!!