Ghost Love:
De un momento a otro, el castillo en su totalidad, se vio embargado por una densa atmósfera llena de silencio. Una nube negra, invisible para todos los presentes, pareció formarse sobre sus cabezas para cubrirlos con una oscuridad electrizante y angustiosa. Aquellas devastadoras palabras que gozaban de total veracidad, habían calado hondo en las mentes de cada uno de los que se encontraban en ese momento, contemplando la singular confesión con tintes de tragedia griega, que se llevaba a acabo en la asolada sala de música.
Ninguno de los que allí estaban fue capaz de romper el angustioso silencio que llevaba minutos embargando con su frialdad la atmósfera que cubría la escena, pues se encontraban ensimismados, tratando de procesar y darle sentido a las determinantes palabras pronunciadas por Sir Winchester.
Así, todas las miradas se posaron sobre cierto pelirrosa, aquel que contemplaba con espanto a su supuesto verdugo, dejando ver en su rostro la enorme confusión que había desatado la simple frase "Yo no te maté". Su bellos ojos yacían perdidos en el horizonte, viendo la nada mientras sus oídos intentaban dar crédito a lo que había escuchado, a la vez que su mente le repetía constantemente "no lo creas, no le creas".
Sentía que su pequeño mundo de fantasía, en el cual había vivido tanto tiempo, se había derrumbado estrepitosamente en cosa de segundos gracias a la inesperada confesión que él se negaba a aceptar.
¿Cuántos años estuvo creyendo que aquel rubio frente a sus ojos había sido el culpable de su muerte? ¿Cuántas injusticias había cometido con él por culpa de su convicción? ¿Por qué nunca había tratado de corregirle y había esperado todo este tiempo en decirle la verdad? ¿Por qué no lo había hecho antes?
La cabeza del pelirrosa se llenaba de preguntas que no encontraban respuesta lógica y, a cambio, sólo surgían dudas y más dudas. Su cuerpo traslúcido se vio cubierto por una débil aura negra, mientras que la ropa con la cual se había vestido para la ocasión, desaparecía lentamente, dejando ver su usual imagen con la camisa de dormir y los grilletes en sus pies y manos.
La angustia que invadió su pecho fue tan grande que cientos de lágrimas cayeron incesantemente de sus ojos y, su cuerpo se sintió tan frágil que se dejó caer de rodillas al suelo, haciendo que el ruido estrepitoso de las cadenas chocando con el suelo, sobresaltara a los presentes.
Su llanto descontrolado inundó la sala y su aura se extendió por el castillo, haciendo sentir a los presentes toda la intensidad de su angustia.
¿Era verdad lo que había escuchado? Tal vez se negaba a aceptar la realidad, pero es que la versión del rubio no encajaba con lo que lograba recordar. Aquellos momentos en que su agresor se aprovechaba de su debilidad, se comenzaron a agolpar en su mente y sintió que ésta iba a explotar. Aquel aroma, aquella ropa, aquel cabello largo y rubio… Todo lo que lograba recordar sólo le indicaban que aquel fantasma frente a él, tenía que ser su agresor…
¿Por qué? Yuki era una buena persona… Siempre fue atento y amable. Él no sería capaz de hacerle daño… ¿Qué razones tendría para querer matarlo?
¡NO ES CIERTO!- gritó entre sollozos- ESTÁS MINTIENDO- los presentes miraron a Shuichi con lástima, intentando comprender el porqué le costaba tanto darse cuenta de que había vivido engañado durante tantos años- ¡TÚ ME MATASTE!
No…Tienes que creerme, Shuichi…- intentó convencerle
¡CALLATE!- agachado en el suelo, el pelirrosa se llevó las manos a los oídos para no escuchar la voz del rubio, sin dejar de lado su angustioso llanto.
Todo se había vuelto negro para él… Aquel sol que le iluminaba se había apagado, llevándose con él toda la felicidad, ilusiones y recuerdos que poseía, dejando a su paso, tristeza, soledad y desolación. Su pecho se oprimía con fuerza y la angustia que le invadía estremecía sus entrañas, impidiéndole aceptar su cruel realidad.
El llanto amargo y desolado no era suficiente para acallar todo el dolor que sentía. Su mundo ya se había derrumbado y la destrucción le había arrastrado a él también.
Yuki sintiéndose impotente por no poder ayudar a su pelirrosa, miraba desde lejos a su pequeño, pensando que tal vez sería buena idea acercarse a él y sacarlo de allí, para darle tiempo a reponerse de la noticia y así hablar las cosas más tranquilamente en otra oportunidad. Sin embargo, cuando llegó junto al fantasma e intentó tocarlo, su mano pasó de largo, dándole a entender que Shuichi no quería que lo toquen.
Shuichi… vamos a la habitación- habló el rubio con voz suave, esperando calmar a la agitada alma.
Déjame…- sollozó bajito con la voz quebrada- Déjame solo, Yuki…- Shuichi no necesitaba la ayuda ni la lástima de nadie, menos la de su adorado rubio. No quería que él le viera en ese estado, no quería que Yuki le tuviera lástima, sólo quería estar solo y sumirse entre sus propias lamentaciones. El heredero le miró con tristeza y, al ver que no conseguiría nada, se alejó.
My Lord- Klaude se acercó un poco más hacia el pelirrosa- Yo entiendo que le cueste creer en mis palabras. Pero… es la verdad. Yo no tuve la culpa de tu muerte…
No… No sigas… No es cierto… Yo lo recuerdo… Fuiste tú…Yo lo sé…- decía el pequeño entre los leves sollozos, escondiendo su rostro entre sus piernas, sin dejar de taparse los oídos con las manos, negándose a creer en la verdad.
Shuichi…Por favor… Yuki te drogó para hacerte creer que era yo… Tan sólo piénsalo un momento, My Lord… Cuando eso pasó, yo estaba de viaje. Es imposible que yo te haya matado ¡Entiéndelo!
¡CÁLLATE! No sigas… Fuiste tú… Era tu ropa, tu perfume…Eras tú, siempre fuiste tú… ¡NO LE ECHES LA CULPA A YUKI!- la voz entrecortada del pequeño se fue haciendo apenas audible para los presentes, quienes comenzaron a acercarse lentamente hacia donde los fantasmas mantenían su disputa, mientras que Ayaka ya se había esfumado de la escena.
Sir Winchester- Yuki llamó la atención del rubio pelilargo- Creo que es mejor dejarlo hasta aquí… Yo… Entiendo su necesidad por hacerle creer a Shuichi que usted no fue, pero no es fácil hacerlo cambiar de opinión tan rápido, después de creer durante tantos años que… usted fue su asesino.
Lo sé, Mr. Eiri…- Sir Winchester quedó cabizbajo, contemplando con tristeza la deprimente imagen de su amado- Cuando usted crea que es el momento más adecuado… Entréguele esto- el fantasma le extendió a Eiri un papel doblado en cuatro y cuando éste lo cogió y guardó, desapareció y luego, volvió a aparecer junto a Hiro- Nos vemos al rato- le susurró al pelirrojo, para después desvanecerse lentamente hasta no dejar rastros.
Un inquietante silencio volvió a reinar en la destruida sala de música. Los mudos espectadores se dirigían miradas confusas unos a otros, haciéndose preguntas que nunca llegaron a pronunciar. Los frágiles sollozos de Shuichi completaban el angustioso cuadro y actuaban como música de fondo, a la espera de que alguien dijera o hiciera algo.
Yuki se acercó a Shuichi y tocó su hombro. Esta vez, su mano no pasó de largo, sino que se posó suavemente sobre la tela semitransparente de la camisola. Al no ver respuesta por parte de su niño, se agachó para quedar a su altura y así, acarició los suaves cabellos de un color rosa desteñido, intentando que con ese simple acto, pudiera reconfortar su abatida alma. Aquel leve contacto había sido suficiente para que los lastimeros sentimientos del fantasma se transmitiesen al rubio, quien rápidamente, sintió una fuerte opresión en el pecho, mientras le invadía una angustia enloquecedora que le provocó un nudo en la garganta, impidiéndole realizar algún tipo de sonido.
Déjame solo…- susurró el pequeño sin dirigirle la mirada, para luego desvanecerse lentamente hasta desaparecer.
Shuichi- Yuki trató de detener su escape, pero cuando pudo hacerlo, ya era demasiado tarde: Shuichi se había esfumado.
Un tanto abatido, el rubio se puso de pie y volteó a ver a los demás, quienes también mostraban en sus rostros un estado de pesadumbre cuyo origen era claramente descifrable.
Pobrecito…- susurró Noriko
¡Sí, pobre fantasmita!- se lamentó Ryuichi mordiendo la oreja de su peluche
Es una lástima que haya estado sufriendo tantos años. Debe ser doloroso para él darse cuenta que su esposo no lo mató…- reflexionó Suguru
Es cierto… Pero ése Kitazawa, era un mal nacido, merecía morir, aunque mínimo debió dejar un indicio de dónde dejó el cuerpo del pobre fantasma para que podamos encontrarlo- se quejó el pelirrojo
Yuki…- Tatsuha se acercó a su hermano- ¿Qué fue lo que te entregó Sir Winchester?- preguntó curioso
No sé… Es un papel, pero no lo vi bien- dijo el rubio, buscando el dicho papel y cuando lo encontró, se lo entregó a su hermano. Con la curiosidad comiéndole las entrañas, el moreno desdobló el papel. Era una carta, escrita con una letra desordenada y cuyo autor, según ahí decía, era ni más ni menos que Yuki Kitazawa.
Esto es…- susurró el moreno totalmente sorprendido, tras leer el contenido de la nota
Una carta para Shuichi- completó el rubio arrebatándole la hoja para poder leer mejor- Esta es la prueba que Shuichi necesita para creer en las palabras de Sir Klaude
Pero puede ser que el otro fantasma lo haya escrito- dijeron al unísono Suguru y Hiro, quienes se hallaban a cada lado del rubio leyendo el mensaje, sin que ninguno de los dos hermanos lo advirtiera.
Aunque yo lo hubiese hecho, Shuichi sabría reconocer mi letra- el rubio fantasma hizo acto de presencia, demostrándole a los huéspedes que jamás se había ido de la sala de música, sino que sólo estaba escondido.
Klaude- Eiri se acercó al rubio con paso decidido- ¿Sabes dónde podría estar Shuichi? Él tiene que ver esto.
No lo sé. Hay muchos lugares en donde podría estar- se excusó
¡¿Dónde?- le exigió cogiendo al fantasma de los brazos, agitándolo con suavidad
Pues… En la torre, en la biblioteca, en el jardín, en el invernadero o… en el cementerio
¡CEMENTERIO!- exclamaron los huéspedes al unísono. Yuki soltó al fantasma
Claro. El panteón familiar. A veces va a dejar flores a la tumba de sus padres y… a la de Yuki…- explicó el fantasma.
¡Entonces, que esperan manada de inútiles!- Eiri regañó a los cazafantasmas- ¡Sepárense y busquen a Shuichi, debemos entregarle esta carta!
¡Sí, Señor!
Eiri suspiró con pesadez, llevándose los dedos a las sienes para masajearlas suavemente, mientras los demás se repartían ansiosos los diversos lugares de búsqueda. Así, Tatsuha y Ryuichi se fueron al invernadero, Noriko y Suguru subieron a la biblioteca, Sir Winchester y Hiro salieron a mirar en el cementerio y, Eiri fue a darse una vuelta por el jardín, con la esperanza de encontrar a su pequeño Shuichi en el bello lugar en donde habían pasado parte de su cita.
Por una parte, Ryuichi, Kumagoro y Tatsuha, se aventuraron a ingresar en el deshecho y olvidado invernadero, pero para ello, debieron ir en búsqueda de Williams, para que les indicara en dónde estaba. Así, el mayordomo los dirigió hacia la habitación contigua al comedor, aquella habitación oculta tras la famosa puerta sellada. Ayudado con un hacha, Williams rompió el candado que impedía la entrada y, luego, Tatsuha Y Ryuichi se dedicaron a quitar las tablas que mantenían sellada la puerta.
Tras varios intentos, lograron tener acceso hacia el otro y lo que vieron los dejó pasmados.
A sus narices llegó un desagradable olor a encierro y humedad que los obligó a retroceder unas pasos, mientras se apretaban la nariz con una mano para no oler el "ambiente".
Las luces fueron encendidas por el mayordomo y, el invernadero se iluminó mostrando una imagen desoladora, lejos de toda la majestuosidad y hermosura de la cual una vez gozó. El lugar estaba desecho y sucio. El polvo, los hongos, las plantas secas y las telarañas cubrían cada rincón, pero Shuichi no estaba ahí ¿En dónde estaría?
Debido a lo tarde que era y a la poco luz que entregaban las lámparas, Ryuichi y Tatsuha decidieron que era mejor explorar al día siguiente aquel lugar, para ver si encontraban algo que les sirviera de ayuda para encontrar el cuerpo del pelirrosa. Por ahora, verían si los demás lo habían encontrado y sino, mejor habría que ir a descansar.
Noriko y Suguru tampoco tuvieron suerte y al poco rato bajaban las escaleras mostrando en sus rostros una profunda decepción por no poder ser útiles en la búsqueda y así se juntaron con los demás sólo para comprobar que nadie había tenido suerte.
Hiro y Klaude, se perdieron por largo rato, y aunque tampoco lograron ver a Shuichi en las cercanías del panteón, si obtuvieron un poco más de acercamiento entre ellos, lo cual, claramente no tenía nada que ver ni con Shuichi ni con la dichosa pesquisa.
Por otro lado, Eiri salió al jardín en busca del pelirrosa, tratando de recordar el camino que habían tomado para llegar al lugar favorito del fantasma. Así, se fue internando en lo más profundo del laberinto, teniendo prácticamente que adivinar el camino que conducía hacia el centro del lugar. En varias oportunidades se había topado con pasajes sin salidas, viéndose obligado a volver sobre sus pasos, perdiéndose en el camino de regreso.
La noche caía lentamente y la luna en su cuarto creciente poco alumbraba, por lo que en vista de la falta de luz, Eiri tuvo que volver a la mansión, esperando que los demás tuviesen más suerte que él.
Sin embargo, cuando llegó, se enteró de que ninguno había tenido éxito en la búsqueda y que sólo había sido una pérdida de tiempo. Shuichi no estaba en ninguna parte y, aparentemente, no tenía intenciones de aparecer, así que, por mientras, los huéspedes decidieron ir a cenar y reanudar la búsqueda al día siguiente, aunque Klaude tenía la misión- encomendada por Yuki- de buscar al pelirrosa durante la noche.
Así, tras la sabrosa cena que las sirvientas habían preparado, cada uno se dirigió a su habitación completamente exhausto, pues prácticamente había dado vuelta la casa intentando dar con el dichoso fantasma, sólo para terminar sin encontrar rastro alguno de él.
Hola, lindura- susurró cierto fantasma pelirrubio, en la oreja de cierto muchacho pelirrojo
Se-señor fantasma…-articuló con voz entrecortada- ¿Qué hace aquí?- inquirió con tono de regaño
Don't call me "Señor fantasma", please. Call me Klaude- le dijo haciéndose el desentendido con la pregunta formulada
Está bien. Ahora dime ¿qué haces aquí?
Pues… ¡Vine para secuestrarte!- exclamó apuntando al pelirrojo con una pistola transparente, mientras su rostro se adornaba con una amplia y picarona sonrisa.
¡¿QUÉ?- Hiro no tuvo tiempo de reaccionar. Klaude lo cogió en sus brazos sin darle tiempo a resistirse y se lo llevó…
Hace un rato, Eiri había llegado a su habitación y se había instalado sobre la cama para leer con detenimiento la carta que Yuki había dejado para Shuichi. Antes de abrirla, suspiró con pesadez y dejó que su mente volara hacia lugares insospechados, pensando en cómo y en dónde estaría su adorado fantasma pelirrosado.
Después de todo lo sucedido y, aunque odiara tener que hacerlo, debía aceptar que aquella ternura e inocencia que emanaba de esa adorable alma en pena, había calado hondo en su corazón a un nivel tal, que cada vez que pensaba en él, su ritmo cardíaco se agitaba y por alguna extraña razón, una felicidad indescriptible le embargaba.
Shuichi se había convertido en una especie de sol que alumbraba su turbio camino y, ahora, él tenía en sus manos la única manera que existía para evitar que ese bello sol se apagara. Tenía que ayudar a Shuichi a encontrar el camino hacia la felicidad, tenía que devolverle todo el amor que el pequeño le había brindado en esos pocos días y, para ello debía ayudarlo a descansar. Aunque le doliera, aunque el alma se le partiera, debía aceptar que Shuichi no era de este mundo, tarde o temprano tendría que dejarlo partir, ¿verdad?
¿Qué haría cuándo Shuichi y los demás fantasmas abandonaran la mansión? Su corazón se estremeció por unos segundos tan sólo al imaginarse lo que pasaría cuando todos se hubieran ido, cuando su hermano y él, fueran los únicos habitantes de la casa. Volvería el silencio, volvería la soledad, volverían los días aburridos, volvería la monotonía… Con el paso de los días, se estaba acostumbrando al bullicio, a los intentos por atrapar fantasmas, a las locuras de Shuichi, a su compañía, a sus besos, a sus caricias, a sus gemidos… a su voz… a su amor incondicional… ¿Desde cuándo su vida había empezado a girar en torno a esa bola pelirrosa semitransparente?
Sonrío con ternura al recordar las ocurrencias del pequeño, pensando que tal vez no sería mala idea cumplir sus sueños, después de todo, Shuichi se iría para no volver… ¿Qué mejor que dejarle un lindo recuerdo de su estadía? Tal vez, podría planear una boda… ¿Pero cómo le daría un hijo a Shuichi? Eso ya era más difícil…
Y si… No… eso es imposible…- susurró mientras se acariciaba la barbilla. Su mente se había iluminado y había llegado a él una idea insólita, imposible e irreal… Según él, descabellada- Tal vez… Tal vez si se pueda… Mmm... Le preguntaré a Noriko, a lo mejor ella sepa algo…- continuó hablando para sí, pero una nube blanca se posicionó junto a él y fue tomando forma hasta que apareció ante sus ojos cierto fantasma femenino.
¡Hola, guapo! ¿Me extrañaste?- la castaña se acercó al rubio para depositar un rápido beso en su mejilla
¿Qué haces aquí?- preguntó con voz molesta.
Vine a verte… Aprovecho que el tonto de Shuichi no está para robarte- informó con voz emocionada, mientras sus ojitos marrones se iluminaban.
Ya le dije que entre usted y yo no puede haber nada- Yuki intentó ser amable. ¿Cómo podría deshacerse de esa mujer?
No digas eso, guapo. ¿Qué le ves al soso de Shuichi?- se quejó en tono dramático.
Shuichi no es soso- le defendió- Y ya te dije que no me interesas. ¡No insistas! Ahora, vete- oficialmente, Eiri Uesugi estaba enojado.
Esa fantasma no hacía más que molestar e insistir en ligárselo y, por supuesto, él no estaría dispuesto a "darle la pasada" a otro fantasma, menos ahora que su pequeño pelirrosa estaba desaparecido. Tenía muchas ansias por verlo y entregarle la hoja que tenía entre sus manos, pero por ahora sólo tenía algo en mente: deshacerse de la castaña. ¿Pero cómo?
Muy cerca de ahí, más bien, cerca de la ventana, un lindo fantasma contemplaba la escena con enojo, tristeza y felicidad… Tal vez parezca raro, pero lo que veía le causaba un mar de sensaciones contradictorias. Estaba enojado porque la castaña molestaba al rubio; triste, porque acababa de enterarse de que Klaude no era un asesino y; feliz, porque Yuki le amaba y le defendía.
Sus ojitos brillaron con intensidad al ver los vanos intentos de su rubio por hacer que su prima se fuera y, en vista de que la muy terca no se iba, él tenía que hacer algo. No podía dejar que la desabrida de su prima, le hiciera ojitos a SU rubio gruñón.
¡No te acerques a MI YUKI!- exclamó. El rubio y la castaña voltearon a ver al dueño de esa voz, encontrándose con la mirada furiosa de Shuichi. ¿En dónde había quedado toda la angustia y los llantos de hace rato?
Shuichi…- susurró el rubio
Sal de aquí- le exigió a la castaña- Déjame a solas con Yuki- su voz ya no se mostraba enojada sino que sonaba seria y un tanto deprimida
Esta bien, pero no demores. Yuki y yo tenemos una cita- la fantasma le guiñó un ojo al rubio con cierta coquetería, para luego tirarle un beso y desaparecer. Shuichi se acercó a la cama en donde estaba su rubio, ocultando sus ojitos para que éste no le viera llorar.
¿Dónde estabas?- le preguntó con voz suave, recibiendo como respuesta un largo silencio.
Siempre estuve aquí… Pero, Yuki…- pronunció por fin después de varios minutos. Su corazón comenzó a latir con rapidez. Por un lado, estaba triste por la noticia, pero por otro, se sentía feliz de contar con el amor de su rubio. Era como si su mundo se iluminara otra vez- Yo te amo- le dijo de improviso, mientras un sin fin de mariposas se agolpaban en su estómago- Desde que te vi entrar en la mansión, yo me enamoré de ti… No sé porqué pero… Sentí una fuerte conexión contigo…
¿De qué estas habando? ¿Por qué me dices esto?- estaba confundido.
¿Tú crees en lo que dijo Klaude? ¿Crees que él es inocente?- la voz del pequeño se quebró y las lágrimas comenzaron a caer otra vez, junto con los angustiosos sollozos del pequeño
Shuichi… Yo también… Te amo…- los ojos de Shuichi se abrieron sorprendidos- Y entiendo que no quieras creerlo…Pero piénsalo un momento. Klaude no tenía razones para matarte
No… No puede ser… Yuki tampoco tenía razones para hacerlo… ¿Por qué querría hacerme daño?- dijo entre sollozos, negándose a mostrarle su rostro al rubio
Porque Yuki te amaba… y no estaba dispuesto a compartirte con Klaude- Yuki cogió entre sus manos el helado y pálido rostro del pelirrosa, obligándole a que lo mirara, para depositar en sus labios un tierno y corto beso.
Yuki se me declaró… Pero…- Shuichi se limpió las lágrimas y abrazó a su rubio buscando refugio entre sus brazos.
Tú lo rechazaste… Por eso decidió matarte…- le ayudó a completar la frase, recordando lo que había leído en la carta.
¿Cómo sabes eso?- le preguntó alzando la mirada al tiempo que se separaba de él, preguntándose asimismo cómo era que su rubio estaba tan bien informado de su situación.
Porque Yuki te dejó una carta- Shuichi le miró a los ojos tratando de descubrir a qué se refería, pero todo cobró sentido cuando Eiri depositó en sus manos el papel que Klaude le había entregado.
Sin lograr entender del todo lo que el rubio se traía entre manos, cogió el papel y lo desdobló con cierta ansiedad y desesperación. Un nudo se formó en su garganta y miró a Yuki mostrándole con sus ojos la inseguridad que sentía, haciéndole ver que en realidad tenía miedo de aquello que pudiera estar escrito ahí. Si fuera por él, preferiría no saber la verdad.
Así, desvió su mirada hacia el papel y comenzó a leer para sí, con el corazón en la boca y el alma en un hilo.
"Mi querido Lord:
Desde que te vi supe que estábamos destinados a estar juntos y doy gracias al destino por brindarme la oportunidad de conocer a un ángel que lleno mis días de luz y paz. Tú, mi querido Shuichi… Tú eras el ángel que alumbraba mis días, haciéndome olvidar la soledad y tristeza que inundaban mi corazón.
Enamorarme de ti fue algo tan natural. Tu bella sonrisa y la enorme amabilidad con la que siempre me trataste, fue encantando mi corazón con cada día que pasaba a tu lado. Así, te entregué todo mi esfuerzo y mi amor a través de mi trabajo, sólo para verte sonreír. Pero tú… Tú nunca supiste valorar lo que hacía por ti. ¿Por qué? ¿Por qué no te enamoraste de mí?
Cada vez que te veía junto a él, la rabia me carcomía y me preguntaba porqué él podía gozar de tu compañía y no yo. Fue entonces que tuve una idea…Una gran idea
¿Quieres saber lo que hice? Te engañé… Te drogué para tenerte sólo mío y, así poder tenerte a mi lado y disfrutar de tu cuerpo… Pensé que así llegarías a quererme, pero…Cuando te dije que te amaba ¿Qué fue lo que dijiste?
"Lo nuestro no puede ser" Esas palabras retumban aún en mi cabeza… No entendía porqué me rechazabas… Pero eso ya no importa… Ya no importa, porque cuando decidí que si no eras mío, tampoco serías de él, tu suerte ya estaba echada…
Te maté…Te arrebaté de su lado para siempre… Tú me obligaste a hacerlo… Y aunque me arrepiento…Estoy feliz porque ya no estarás a su lado…
Ahora, estaremos juntos para toda la eternidad…Iré a reunirme contigo en el más allá y por fin, serás mío, MÍO y de nadie más…
Adios, Yuki K."
Shuichi arrugó la hoja entre sus manos y comenzó a llorar con una intensidad y un desconsuelo, que estremeció al rubio por el sólo hecho de estar cerca, sintiendo como un escalofrío le recorría el cuerpo y retorcía sus entrañas, sintiéndose invadido por unas enormes ganas de llorar junto a su pequeño fantasma.
Con amargura, apretó el papel y soltó todas las lágrimas que podía derramar, mientras su cuerpo se remecía en espasmos producto de la falta de aire.
Sin embargo, aunque su débil alma ya había aceptado la trágica verdad, su mente no se cansaba de negar todo lo que le habían dicho y leído, porque de ser verídico todo aquello, habría cometido una injusticia terrible e imperdonable, aunque para lo que había hecho, la palabra injusticia se quedaba corta… Eso era un pecado… Un crimen que lo condenaba al peor de los infiernos…
No puede ser… No…- gimió amargamente negándose a creer en la realidad
Shuichi, por favor…- Yuki trató de calmarle, acogiéndolo entre sus brazos para consolarle y ver si así, podría hacer entrar en razón a su pequeño.
¡NO, YUKI!- gritó entre sollozos- Tú no lo entiendes…- suspiró cogiendo con fuerza la camisa del rubio, mientras hundía su rostro en su pecho- No puede ser verdad…- sollozó.
¿Por qué? No es difícil de entender… ¡Acéptalo de una vez!- dijo con voz calmada, acariciando los rosados cabellos.
Es que… No puede ser porque… porque yo…hice algo terrible- dijo echándose a llorar con más fuerza, gimiendo por el dolor que sentía su alma al saberse el autor de un terrible delito
¿Qué puede ser tan terrible?- preguntó con la curiosidad a flor de piel, a fin de entender el porqué Shuichi se negaba a aceptar la verdad.
Yo… yo lo maté…- dijo con la voz entrecortada y casi en un susurro a penas audible, pero que fue suficiente para despertar la atención del rubio. ¿Había escuchado bien? ¿A qué se refería?
¿De qué estás hablando Shuichi?- preguntó algo indeciso, con el corazón en la mano, nervioso por lo que aquellas palabras podrían significar
¡YO MATÉ A KLAUDE!- gritó con el alma desgarrada sin soltar la camisa de su amante, dejando al rubio en shock…
Continuará…
Hola! lamento haber tardado pero he estado demasiado ocupada u.u Espero que les guste este capi y ojalá comenten, porq de lo contrario dejaré de actualizar el fic en esta pagina, ya que para mi supone una perdida de tiempo, tener que actualizar aquí y en amor-yaoi.
Bueno, cuídense!
saludos!
