Hola, niñas! Aquí les dejo el siguiente capi ^^ Le agradezco a Mariohn, Esmeralda-chan, Itzel y a Chemical Bubble por sus comentarios ^^
Les dejo también una pequeña encuesta respecto a qué desean que pase con Sir Winchester. Tienen 3 opciones:
1) que se vaya y no vuelva
2) que vuelva y se quede como fantasma para siempre
3) que vuelva y reviva al igual que Shu
Bueno, ahoras las dejo leer! comenten! ^^
Ghost Love: Adiós a Sir Winchester
¡Eso sí que no se lo esperaba!
Eiri se quedó en shock, sudaba frío y su respiración se hizo errática. Estaba sorprendido y su cerebro se negaba a dar crédito a las palabras del fantasma. Sus manos dejaron de acariciar los sedosos cabellos rosas y su cuerpo se quedó inmóvil en un intento por procesar cada palabra que el pelirrosa había pronunciado. Lo que su niño había dicho no podía ser verdad… ¿O si?
¿Qué?- se atrevió a peguntar en tono incrédulo, agitando suavemente su cabeza esperando a que sus oídos hubiesen captado mal el mensaje; rogando para que no fuese verdad
Yo maté a Klaude…- aclaró en un suave susurró lo suficientemente audible para el rubio, mientras apretaba con fuerza y frustración la blanca camisa de su compañero.
Yuki se había quedado sin palabras, no sabía qué decir ante tamaña confesión y, ciertamente, su mente no lograba pensar con claridad. La confesión del fantasma lo había pillado totalmente desprevenido. ¿Qué harían? ¿Qué debería decir en un momento así?
¿Estás seguro?- susurró estando aún consternado por la confesión. No podía creer que Shuichi fuese capaz de hacerlo algo así, aunque no sólo eso era lo que le incomodaba sino que también le surgía una gran interrogante ¿Cómo pudo matarlo si él estaba muerto?
Yo… lo empujé… de la torre…- murmuró con la voz quebrada sin soltarse del agarre, mientras hundía su rostro en el pecho del rubio. Estaba tan arrepentido de lo que había hecho, que aún no lograba procesar al cien por ciento la realidad que se le presentaba
"…saltó desde la torre del castillo. Nadie sabe porqué" Las palabras del taxista resonaron en la cabeza del rubio, en una implícita invitación a recordar la historia del castillo que aquél día había escuchado de la boca del chofer. Si recordaba con detenimiento lo que el hombre les contó aquel día, todo empezaba a adquirir sentido, aunque también, de forma rápida, se comenzaban a distinguir las diferencias entre la historia real y el mito que circulaba en torno al castillo.
La realidad distaba bastante de la historia que contaban los pobladores y que había pasado de generación en generación, quienes modificaron el mito a su conveniencia hasta llegar a la versión actual. El verdadero relato del castillo y de la familia Roseville, había quedado completamente en el olvido…
Sin embargo, aunque Yuki le diera vueltas y más vueltas al asunto, no podía explicar el cómo le hizo Shuichi para empujar a Sir Winchester desde la torre, pues a esas alturas, el pelirrosa ya estaba a muerto. Entonces, ¿cómo lo hizo? Tal vez, el pequeño ya era un fantasma en ese momento, pero aún sonaba descabellado pensar y más, afirmar, que un espíritu fuese capaz de matar. ¿Se podía hacer eso?
Shuichi…- le llamó con voz suave- Tienes que hablar con Klaude y aclarar todo de una vez…-
No puedo…- logró pronunciar antes de echarse a llorar con más amargura, inundando la habitación del rubio con sus sollozos y suspiros.
Yo no creo lo que dijiste… No te creo capaz de matar a alguien… Y menos a Sir Winchester quien fue… el amor de tu vida…- le habló con cariño y voz calmada, haciendo uso de toda su paciencia y comprensión para confortar con sus palabras a la dulce alma que tenía entre sus brazos. No le gustaba ver llorar a Shuichi y, por ello, se sentía comprometido a aplacar su pena- Tú eres el ser más inocente, ingenuo y tierno que he conocido… Tu alma es pura… No te creo capaz de cometer una atrocidad como esa…-
Shuichi abrió sus ojitos empañados por las lágrimas y se dejó llevar por la suave y varonil voz de su amado Yuki. Por alguna razón siempre se sentía protegido y querido por aquellos fuertes brazos y, esa misma seguridad que el cuerpo del rubio le entregaba, le servía para calmar su angustia. Ser cobijado por esos brazos era una experiencia maravillosa que le inducía a olvidarse de los problemas y calmaba su ansiedad.
Tras escuchar sus palabras, pensó que el rubio tal vez tenía razón y él no era un asesino, que posiblemente se podía tratar de un malentendido o de una jugarreta de su traviesa mente, pero para saber y entender la verdad, debería recurrir a Klaude, su otrora esposo y, lamentablemente, no tenía las agallas suficientes para hacerlo. ¿Cómo miraría al rubio pelilargo a los ojos después de siglos de desprecio y odio? Sencillamente, no se sentía capaz de enfrentarlo.
No puedo, Yuki… Klaude debe odiarme…- dijo angustiado, levantando la vista para ver al rubio, recibiendo de su parte una mirada llena de amor y comprensión.
No creo que Klaude te odie. Si hizo todo esto para explicarte que en verdad él no fue tu asesino, es porque aún te ama… Y tarde o temprano tendrás que enfrentarlo. No podrás esconderte de él para siempre-
Yuki…- Shuichi miró a su amado con ojos brillantes y enamorados como forma de agradecimiento por apoyarlo. Su corazoncito empezó a latir con rapidez y sintió mariposas en su abdomen, siendo invadido por un gran sentimiento de admiración al bello adonis que tenía enfrente. Su Yuki era lo máximo.
Veo que ya te sientes mejor- dijo dedicándole una tierna sonrisa al pequeño, notándolo levemente más animado que al principio.
Sí, ya me siento mejor… Gracias, Yuki… No sé que haría sin ti- le dijo un tanto apenado a la vez que sus mejillas adquirían un intenso color carmesí. Aquel hombre que tenía frente a sus ojos era lo mejor que le había pasado en su años como fantasma, tanto así, que se sentía el fantasma más feliz del universo.
Eres muy tierno, Shu-i-chi- Yuki revolvió los finos cabellos rosados mientras le dedicaba a su pequeña alma, una hermosa y cálida sonrisa capaz de derretir hasta un témpano.
¡TE AMO, YUKI!- exclamó con entusiasmo lanzándose a los brazos de rubio para apretujarlo con fuerza, a la vez que le tumbaba en la cama- ¡Iré a buscar a Klaude para que resolvamos todo de inmediato y, así tu y yo podremos ser feliz por siempre!- exclamó con alegría.
Se alejó del rubio sin antes depositar un pequeño beso en sus labios, para luego, irse atravesando la pared, en busca de Klaude. Mientras antes resolvieran todos sus problemas, sería mejor para él y para su amado Yuki.
No muy lejos de la habitación del rubio heredero, Tatsuha había metido a Ryuichi y a Kumagoro en su dormitorio, con la excusa de "jugar". Por supuesto, los altos índices de ingenuidad del cazafantasmas peliverde, le ayudaron a caer en la trampa del moreno, pues se imaginaba que jugarían a algo entretenido… Jamás pensó que el menor de los hermanos tendría otro tipo de intenciones.
Recapitulando un poco, el pequeño Tatsuha había comenzado a sentir cierta atracción hacia el cazafantasmas. Se podría decir que le gustaba pero no tanto como para decir o afirmar que le amaba, aunque eso poco le importaba al moreno. Él sólo deseaba pasar una ajetreada y alocada noche de sexo desenfrenado, sin importarle las consecuencias. No obstante, el destino le tenía preparada otra cosa… Tatsuha jamás imaginó que domar a un "conejo" cazafantasmas, sería una tarea tan difícil que ni siquiera el sex appeal característico de los Uesugi, le sería de ayuda.
¡Tat-chan, na no da! ¿A qué jugaremos?- le preguntó emocionado, mientras sus ojitos verdes brillaban de alegría
Mmmm… Tal vez podríamos jugar al papá y a la mamá…- se le insinuó de forma seductora y para nada inocente, mientras tomaba a Ryuichi por la cintura y lo acercaba hacia él. Así, se acercó peligrosamente al rostro del peliverde con la clara intención de darle un beso, pero de la nada, apareció Kumagoro frente a él y terminó dándole un beso al conejo de felpa
¡Ya, pero Kumagoro será la mamá y Tat-chan será el papá! Y Ryu-chan será el lindo hijo de los dos- dijo de forma alegre disimulando su incomodidad.
Después de todo, el "conejito" cazafantasmas no era tan tonto como uno podría pensar, al contrario, era bastante inteligente y ya se había dado cuenta de las oscuras intenciones del moreno. Tatsuha bufó algo decepcionado. Su estrategia no estaba funcionando y, por lo visto, tendría que buscar la manera de deshacerse de Kumagoro para tener a Ryuichi entre sus brazos.
Pero Ryu-chan, la idea es que tú y yo seamos el papá y la mamá- se quejó, intentando convencer al esquivo "conejito"
¡Noooooo, Ryu-chan quiere ser el hijo!- le gritó amenazando con ponerse a llorar si no aceptaba
Pero así no es el juego- le replicó, mientras los ojos del peliverde se llenaban de lagrimones
Entonces, Ryu-chan no quiere jugar…- sollozó, para luego dejar salir su estruendoso llanto
Al parecer, la noche del pequeño Tatsuha sería muy larga…
Ajenos a la mini tragedia que le ocurría al menor de los herederos, Sir Winchester y el cazafantasmas se encontraban disfrutando de una romántica velada a la orilla del río Támesis, junto a una hermosa vista panorámica de Londres.
Klaude había planeado una romántica cena bajo las estrellas para su "Little Ghostbusters", con el objetivo de conocerlo un poco más y, así, por último, ver si sus horóscopos eran compatibles. El fantasma albergaba una pequeña esperanza de poder conquistar el corazón de Hiro y, para ello, iba a recurrir a todos sus encantos, pero como él era un hombre de clase, de buena crianza y, por cierto, un caballero, no se le iba declarar tan pronto, porque eso sería una bajeza tremenda para alguien de su estirpe.
Primero, debía conocer muy bien al objeto de sus deseos y, por supuesto, causar una buena impresión, aunque después de la destrucción de la sala de música, el pelirrojo ya tenía más o menos una idea de cómo era el temperamento del rubio fantasma.
Por otro lado, Hiro estaba encantado con la sorpresa que el rubio le había preparado. Era la primera vez que alguien se mostraba tan atento con él… Lástima que fuera un fantasma. Ése era un gran problema para Hiro, pero no era por el prejuicio de enamorarse de un fantasma lo que lo molestaba, sino que el hecho de que aquella alma tarde o temprano tendría que partir y lo dejaría solo. Por ello, tenía miedo de enamorarse, aunque no podía negar que el rubio era bastante guapo. Se podía decir que le atraía…
Brindemos, My Little Ghostbusters- le dijo, entregándole un copa con champagne
Gracias- la recibió con gusto- ¿Por qué vamos a brindar?
Mmm… Por esta mágica velada- le dijo de forma seductora- Para que ésta sea inolvidable…
Suavemente chocaron sus copas y bebieron de ellas, tratando de olvidarse por unos momentos, de sus distintas realidades.
Háblame un poco sobre ti- le pidió amablemente al pelirrojo, sin quitarle sus hermosos ojos azules de encima, mientras el líquido ambarino traspasaba su cuerpo como si nada y llegaba al suelo.
Bueno, pues soy huérfano. Mis padres murieron hace 5 años en un accidente y, desde entonces, vivo con mis compañeros
Vaya… Discúlpame, no quise hacerte recordar algo tan doloroso…
Descuide, Señor Fantas...- detuvo abruptamente sus palabras al recordar que el fantasma le había pedido que no le llamara así- Digo, Señor Klaude…
Jajaja, no te preocupes, pequeño Hiro. Puedes llamarme como más te acomode- pidió en tono divertido, dedicándole un amplia sonrisa. Hiro asintió apenado.
¿Aún amas a Lord Shuichi?- le preguntó de improviso, pues desde hace rato, aquella pregunta calaba hondo en su corazón, porque de cierta forma, le molestaba que el fantasma le coqueteara cuando él tenía un esposo
Jamás dejaría de amar a Shuichi, pero lo nuestro ya no puede ser. Digamos que el amor que siento por él ha derivado en un cariño muy grande… En este momento, estoy interesado en ti…- le dijo guiñándole un ojo de forma galante y, luego de la nada, apareció a su lado.
Señor Klaude…- susurró un tanto nervioso por la excesiva cercanía del fantasma, sintiendo que su cuerpo comenzaba a temblar y un calorcito indescriptible le recorría de pies a cabeza. Sentía que su cuerpo se derretiría si el rubio le tocaba.
Sin embargo, aquellos brillantes ojos azules eran hipnotizantes. Su hermoso color te llevaba a un mundo desconocido, en donde todo era felicidad… Hiro se dejó seducir por esos profundos ojos y cayó redondito a los pies del fantasma. Klaude aprovechó el momento y, así, pudo robarle un beso…
Después de varios minutos, en los cuales, Yuki se había puesto su pijama y se preparaba para dormir, un decepcionado y lloroso fantasma pelirrosa ingresó a la habitación atravesando la misma pared por la que se había ido. Ya no poseía el mismo ánimo con el que salió, de hecho parecía que tenía ganas de llorar.
Shuichi traía un aspecto terrible, como si un camión le hubiese pasado por encima. Sus cabellos estaban revueltos y su camisa de dormir estaba algo sucia, al igual que su rostro. Unos grandes lagrimones se agolpaban en las orillas de sus ojitos amatistas y la expresión que adornaba su cara reflejaba una profunda decepción… Todo indicaba que había fracasado en su búsqueda.
¡Yuki, no encontré a Klaude por ningún lado!- gimoteó dejando escapar un estruendoso llanto que era audible hasta en China, dejando que de sus ojos cayeran cientos de lágrimas en forma de cataratas.
Mmm… ¡Qué raro! ¿A dónde habrá ido?- se preguntó el rubio llevándose una mano al mentón
¡No sé! ¡Yo me pregunto lo mismo! ¡¿Klaude, dónde estás?- siguió llorando de forma exagerada, pero esta vez se echo a llorar entre los brazos del rubio- ¿Qué haré ahora, Yuki?- preguntó en tono dramático, dirigiéndole al rubio una mirada de cachorrito abandonado.
Ya es muy tarde, Shu-chan. Tal vez Sir Winchester tenía sueño y se fue a dormir. Tú también deberías descansar un poco. Ha sido un día muy largo- Yuki acarició la mejilla traslúcida para luego acercarse al rostro del pequeño y depositar un beso en su frente
Sí… Tienes razón… Mejor hablo con él mañana…- suspiró volviendo a estrechar al rubio. Necesitaba sentir la calidez de sus brazos para pensar con tranquilidad.
Ven, vamos a dormir. Acuéstate a mi lado- Yuki se acomodó en la cama y le hizo un espacio al fantasma, quien inmediatamente y con una alegría avasalladora, se recostó a su lado y se pegó al rubio como chicle.
Con calma, Yuki apagó la luz y se acomodó junto a Shuichi, abrazándolo por la cintura mientras lo acercaba a su cuerpo, para caer rendido en los brazos de Morfeo a los pocos minutos…
Un nuevo día llegó y el ajetreo dentro del castillo no tardó en comenzar. Como siempre, las sirvientas fueron las primeras en levantarse junto al mayordomo, quienes tenían una ardua tarea que cumplir. Por un lado, debían preparar el desayuno y por el otro, harían el intento de limpiar un poco el invernadero, por órdenes del amo Tatsuha, ya que durante esa jornada, pretendía dar comienzos a sus investigaciones respecto del lugar en el cual posiblemente estarían los restos del fantasma pelirrosa.
Así, la luz del sol fue penetrando lentamente por las diversas ventanas de la mansión y, con ello, los huéspedes comenzaron a abrir sus ojitos para dar comienzo al nuevo día.
Shuichi se movió algo inquieto al sentirse apresado por los brazos del rubio, aunque más bien se sentía sofocado. Se hizo impalpable para poder atravesarlos y, así, tras ser libre, se sentó a un lado del rubio para verle dormir. Sin duda era una visión angelical ante los ojos amatistas.
"Yuki se ve tan lindo cuando duerme", pensó emocionado, sintiendo cómo su corazón se hinchaba de alegría. Para él, Eiri era el hombre más hermoso que jamás había visto, una especie de héroe divinizado, el cual con un solo toque de sus manos, podía derretir su alma. Sus mejillas se tiñeron de rojo al pensar en él y en el rubio haciendo cositas pervertidas, pero inmediatamente recordó la misión que debía cumplir aquél día y, con ello, su alegría se esfumó.
Shuichi…- susurró el rubio con voz somnolienta, abriendo sus ojos ámbar con parsimonia, mientras se estiraba.
Lo siento, Yuki… No quise despertarte- se disculpó apenado, a lo que el rubio le miró confundido
Descuida… No me despertaste…- se apresuró a decir- ¿Por qué esa cara tan triste?- le preguntó mientras se sentaba en la cama. Acto seguido, Shuichi escondió su rostro para que su amado no viera las lágrimas que comenzaban a caer
No es nada- trató de seguir sin que se notará que tenía la garganta apretada.
Bien… Vamos a desayunar- dijo sin darle mucho importancia, pues prefería no ahondar más en el tema, para no lastimar a Shuichi.
Al fin y al cabo, ése día terminarían de aclarar todos lo secretos que rondaban al castillo y a ambos fantasmas, por lo que era de suponer, que posiblemente saldría a la luz otra terrible verdad.
Yuki trató de animar al pelirrosa con un beso, pues no le gustaba que aquella expresión de tristeza y dolor adornaran su rostro. A Shuichi le sentaba mejor una sonrisa y el rubio estaba muy consciente de ello, por eso, si con un beso podía entregarle al fantasma un poco de felicidad, él haría eso y mucho más. Ahora se podía decir con total seguridad que Yuki Eiri estaba dispuesto a todo con tal de ver una sonrisa en el bello rostro de su niño.
Shuichi se alegró enormemente con el dulce acto que el rubio había hecho, pensando con emoción en lo adorable que podía ser Yuki cuando se lo proponía. Así, quiso mostrar su mejor rostro para no seguir preocupándolo, pues amaba al rubio con todo su ser, aunque una parte de él siempre le hacía ver que no podía hacerse muchas ilusiones de estar con su amado. Le aterraba perderlo, pero tarde o temprano eso sucedería y, cuando ello ocurriera, tendría que ser fuerte. Si las cosas seguían a ese paso, muy pronto estaría lejos del rubio.
Mientras tanto, en el comedor, los huéspedes se estaban acomodando para comer. Varios de ellos no tenían un rostro muy agradable, haciendo pensar a los demás que habían pasado muy mala noche. Ryuichi, Hiro y Tatsuha tenían unas ojeras horrendas, pero claramente no fueron producto de un mal dormir, sino que provenían del recuerdo de la mejor noche de sus vidas.
Cuando Eiri y Shuichi asomaron sus narices por el comedor, los demás ya estaban devorando sus desayunos. Ryuichi y Tatsuha se dirigían miradas cómplices de vez en cuando, despertando en Eiri-de forma inmediata- una irresistible curiosidad. Algo le decía en su interior que el cazafantasmas y su hermano tenían una relación "especial" o, por lo menos, algo había pasado entre ellos durante la noche. Sin embargo, no se apresuraría a averiguar lo que había pasado entre ellos, pues esperaría a que el mismísimo Tatsuha se lo dijera, aunque tarde o temprano acabaría enterándose.
Oye, Shuichi- le llamó el moreno- ¿Ya te sientes mejor? Ayer nos dejaste muy preocupados e incluso salimos a buscarte y no te encontramos ¿Dónde estuviste?
Yo… Estaba en la habitación de Yuki…- respondió algo apenado, sonrojándose en el acto
¡Adorable! ¡Shuichi es muy adorable! ¿Verdad, Kuma-chan?- Ryuichi intervino con su usual buen humor, sintiéndose encantado con la tierna reacción del fantasma
Ya estoy mejor, Tat-chan. Gracias por preocuparte.
Descuida. De seguro mi hermanito cuida bien de ti- le dijo insinuando cosas pervertidas, imaginándose a Yuki y a Shuichi en la cama haciendo cosas para nada inocentes
Cállate, Tatsuha- Eiri le dio golpe en la cabeza, con enojo- No es momentos para que te pongas a imaginar perversiones- el moreno se llevó sus manos a la zona herida
Es cierto, Tat-chan. Debemos encontrar a Klaude- Shuichi intervino cogiendo las manos del moreno entre las suyas, para luego mirarle con ojitos de cachorro- ¿Me ayudas?
¿Para qué necesitan al "Señor Fantasma"?- preguntó Hiro con curiosidad
Shuichi necesita hablar con él ¿Lo has visto?- Yuki habló con cierta urgencia, llevándose a la boca una rebana de pan. El pelirrojo asintió
Me dijo que estaría en la biblioteca por si lo necesitaban- las palabras del cazafantasmas provocaron que el corazón de Shuichi diera un vuelco y comenzara a latir más rápido.
Ésa era la información que necesitaba y ahora que la tenía, no sabía qué hacer. Se había quedado paralizado. Su cuerpo no reaccionaba y, su mente se bloqueó por culpa del miedo. Una parte de él quería correr a la biblioteca y decirle a Klaude de una vez por todas cada una de las palabras que tenía atoradas en la garganta, pero la otra parte, le pedía a gritos que no fuera.
El comedor se sumió en el silencio y todas las miradas se posaron sobre el pasmado pelirrosa, quien yacía con la mirada perdida en un punto fijo de la pared frente a él. Expectantes, los huéspedes esperaron una reacción por parte del fantasma, pero Shuichi no se movía ni por si acaso. Su cuerpo sólo temblaba y su mente se debatía entre ir o no ir a la biblioteca.
Cansado de tanto silencio, Eiri golpeó la mesa y se paró de su asiento. Las miradas se posaron sobre él, pero el rubio sólo tenía una idea fija en la mente: coger al pelirrosa y llevarlo a la biblioteca, era lo único que podía hacer para que por fin, los fantasmas pudieran hablar. Sabía que Shuchi no contaba con las agallas suficientes para subir por sí solo y enfrentar al rubio fantasma. Así que si no iba por las suyas, irías por las de él.
Subamos, Shuichi. Yo te acompañaré- le dijo, cogiendo la fría mano semitransparente para luego, jalarla con suavidad y así caminar hasta la biblioteca.
Shiuichi no dijo ni hizo nada, sólo se dejó guiar por su amado, mientras los demás comenzaban a ponerse de pie uno a uno y, así unirse a la procesión. Ninguno de ellos quería perderse el desenlace de la historia, aunque más bien, los siguieron sólo para saber qué era aquello tan importante que Shuichi debía hablar con Sir Winchester.
Eiri subió las escaleras con agilidad y determinación, sintiendo cómo Shuichi temblaba tras él y, poco a poco, se apegaba a su espalda, transmitiéndole su nerviosismo.
Llegaron a la biblioteca en cosa de minutos y cuando ingresaron a ella, se encontraron con un lugar completamente diferente al de hace algunos días. La habitación estaba reluciente y ordenada. Ya no había polvo ni cosas tiradas. Todo estaba en perfecto orden.
Klaude estaba sentado en un sillón viejo de color rojo, leyendo un grueso libro sobre historia universal. Sus ojos azules se dirigieron con fastidio hacia los intrusos que interrumpían su lectura, pero al distinguir el cabello rosado de su esposo, su mirada se suavizó y dejó el libro de lado para acercarse a ellos.
My Lord…- susurró un tanto sorprendido. Eiri y los demás terminaron de ingresar a la biblioteca
Shuichi tiene algo muy importante que hablar contigo… Es hora de aclarar todo- habló el rubio, jalando al fantasma pelirrosa para que enfrentara al otro.
Klaude… Yo…- trató de decir, mas, su garganta estaba apretada.
Tranquilo, Shu-chan- Yuki le susurró para calmarle, al notar que temblaba de pies a cabeza
Klaude, perdóname por todo lo que te hice…- dijo de sopetón antes de largarse a llorar con amargura, dejando que su cuerpo cayera al suelo. La horrible opresión que sentía en su pecho no le dejaba hablar y tenía tanto miedo de la respuesta que Klaude pudiera darle, que sencillamente su cuerpo se paralizaba.
No fue tu culpa… Shuichi- la voz del rubio sonó apenada- Nada de esto fue tu culpa... No tienes que pedir perdón…- Klaude se agachó para quedar a su altura y así, alzar el rostro del pequeño para mirarle a los ojos.
Claro que fue mi culpa… Yo… Siempre pensé que tú habías sido… Y te hice pagar de la peor forma… Es mi culpa que tú estés así…- su voz sonaba afligida y se detenía entre frases para suspirar.
No es verdad… Yo jamás te he culpado de lo que sucedió.
¡PERO YO TE MATÉ!- le gritó con el alma desgarrada, haciendo que su llanto fuese más desconsolado. Sentía como si su corazón fuese arrancado sin piedad.
Al contrario de lo que Eiri esperaba, Sir Winchester no se mostró sorprendido ni nada, sólo le dirigió a Shuichi una mirada llena de amor, comprensión y tristeza. El rubio fantasma no le guardaba rencor a su esposo, es más, daba la impresión de que las cosas no fueron como el pelirrosa pensaba.
Los demás huéspedes se miraron confundidos con la inesperada confesión de Shuichi. Ninguno de ellos se esperaba algo como eso, porque sencillamente se hacía difícil pensar que un ser tan adorable como el pelirrosa pudiese cometer un crimen tan atroz.
Tatsuha se negaba rotundamente a creer en ello, aunque no olvidaría lo malo que había sido Shuichi con él, cuando recién habían llegado a la mansión. Pero una cosa era asustar y, otra, matar a alguien.
No, Shuichi. No me mataste… Fue un accidente…- le dijo en tono comprensivo, pasado su mano sobre los traslúcidos cabellos rosas.
¡Yo te maté! Yo te empujé de la torre…- vociferó casi sin fuerzas, cogiendo al rubio de la ropa, mostrándose arrepentido por lo que había hecho. Su mirada rogaba por ser perdonado.
El frío silencio inundó la habitación y la atmósfera se tornó incómoda y pesada. Sólo los suaves sollozos del pelirrosa hacían eco y generaban lástima entre los huéspedes. Eiri sólo mirada la escena sintiéndose morir al imaginarse el terrible dolor del cual era presa su amado pelirrosa y, lo peor, es que no podía hacer nada para mitigarlo. Estaba con las manos atadas y odiaba no tener el control de la situación.
Klaude miró a su esposo con una sonrisa en los labios. Era una sonrisa algo triste pero que expresaba con claridad que él no tenía nada que perdonarle a Shuichi.
Te contaré como sucedieron las cosas… Pero te digo desde ya, que tú no hiciste nada…- le habló con tono suave y calmado, sin dejar de acariciar la cabeza del menor. Shuichi asintió levemente y así, comenzó su relato.
"Yo estaba de viaje en mi tierra natal, Irlanda, cuando ocurrió la tragedia. Recuerdo que el viaje fue más corto de lo que había pensado y los trámites que debía hacer no tardaron mucho, así que en unos cuantos días pude volver a Roseville.
Llegué a los tres días después de tu muerte… Lo recuerdo como si fuera ayer…", hizo una pausa para tomar aire y sentarse en el suelo
"Recuerdo que James salió a mi encuentro cuando el carruaje se detuvo frente a la puerta… Parecía que hace días no dormía, porque no tenía muy buen aspecto. Supe de inmediato que algo malo había pasado durante mi ausencia. Lo podía ver en su rostro… Sus ojos mostraban duda y tristeza…
Durante todo el viaje tuve un mal presentimiento, pero jamás lo atribuí a una tragedia como aquélla. En un principio me pareció raro que estuviera la policía, pero cuando James me comentó que Yuki se había suicidado… Todo empezó a adquirir sentido… en especial… tus ruegos para que no me fuera de viaje…
El oficial, habló conmigo y me comunicó los detalles de lo sucedido. Dijo que mi jardinero se había colgado de la baranda de una escalera y que había dejado una carta confesando un crimen… Dijo que tú habías desaparecido y que ellos suponían que Yuki te había matado y había escondido en tu cuerpo en algún lado del castillo… Nunca lo encontraron… Pasaron meses buscándote… pero jamás te hallaron…
Yo… me sentí tan culpable de tu muerte… Pensaba que si yo no me hubiera ido, tú jamás te habrías ido de mi lado… Si hubiese hecho caso a tus ruegos en aquella oportunidad, nada hubiera sucedido. Y así, intenté seguir con mi vida, mientras la culpa y la tristeza me comían por dentro…
Con el paso de los días, todo volvió a ser normal… La reina me envió sus condolencias y en el pueblo se rumoreaba sobre tu desaparición… Los días se volvieron oscuros con tu ausencia y, aunque intentaba sobreponerme, me dolía no tenerte junto a mí… Me fui sumiendo en la depresión… hasta que un día… Te vi…", hizo una pausa para ponerle más misterio a su relato. Shuichi le miró sorprendido al escuchar la última frase, preguntándole con la mirada a qué se refería con eso de "Te vi"
"Te me apareciste, Shuichi… Fue una noche de invierno. Habían pasado tres meses desde tu muerte… era la época en que los rosales del invernadero florecían…
Recién me había acostado cuando escuché ruido en el pasillo…Alguien decía mi nombre… Y cuando le puse atención, pude distinguir tu voz… Tú me llamabas… No sé porqué, pero me levanté y salí al pasillo siguiendo tu voz… bajé las escaleras… y tu voz pronunciando mi nombre se hacía cada vez más fuerte. Cuando bajé, vi una sombra corriendo hacia el invernadero y la seguí… La puerta estaba semiabierta y tú estabas ahí en la entrada, mirándome…llamándome…", suspiró con pesadez, haciendo notar el gran esfuerzo que realizaba para poder contar su versión.
"Me sentí emocionado de verte… Te veías muy feliz y parecía que querías decirme algo… Pero cuando llegué al invernadero y entré… No había nadie. Eso se repitió durante varias noches… Me llamabas para que saliera tras de ti hacia el invernadero y desaparecías antes de que yo pudiera llegar… Creí que me estaba volviendo loco…
Con el paso de los días ya no sólo eran tus visitas nocturnas… sino que también, los sirvientes decían escuchar cadenas arrastrándose durante la noche e, incluso, James, llegó a aseverar que cuando yo no estaba en casa, el piano de cola sonaba por sí solo. Fue ahí que supe, que no podías descansar en paz… Así que, decidí llamar a un espiritista.
Era una persona muy conocida en el pueblo por sus habilidades especiales… Fue a la casa e intentó comunicarse contigo para saber qué necesitabas para irte de este mundo… Pero el espiritista sólo logró que le dijeras algo sobre un diario… un diario de vida…
Entonces, recordé que casi a diario escribías allí… y lo busqué… hasta que lo encontré debajo de la cama…"
¿Y qué hiciste cuando lo encontraste?- le preguntó con miedo, imaginándose lo que había sucedido después- Lo leíste…- se respondió a sí mismo, pensando en que era obvio.
"Lo leí… Desde la primera hasta la última hoja… Y mi corazón se destrozó…
Me di cuenta que ahí estaba todo lo que necesitaba y debía saber… Allí escribiste cada una de las atrocidades que Yuki te hizo, sin omitir detalles… Cosas de las que jamás me dí cuenta… Y la culpa volvió invadirme… Porque no fui capaz de interpretar todas las señales que me diste. Debí intuir que algo malo te pasaba, debí siquiera preguntarte si todo estaba bien… Pero nunca lo hice… Y ese día me arrepentí enormemente de mi error…
Tú creías que yo era aquel monstruo que abusaba de ti… Y la realidad me golpeó con un balde agua fría… Ahí, empecé a sumar todo lo que sabía… y aunque en un principio vinculé tus apariciones a tu necesidad de encontrar tu cuerpo… pronto caí cuenta de algo peor… Moriste pensando en que yo te agredía y no sólo eso, descubrí que tal vez pensabas que yo era tu asesino…
No supe qué hacer… Tenía toda la verdad en mis manos, pero no me servía de nada si no podía contártela. Así que empecé a buscar la manera de comunicarme contigo… Sentí la necesidad de demostrarte que estabas en un error. Tenías que saber que YO no te había matado…", la voz de Klaude fue subiendo de tono, liberando con ello, toda la rabia y el dolor que le causaba recordar aquellos instantes
"Después de intentar e intentar, sin tener éxitos… Caí en una profunda depresión de la cual ya no pude salir…
Sentía impotencia de no poder mirarte y decirte a la cara todo lo que sabía… Quería gritarte y hacerte entender de que yo era inocente y que toda la culpa fue de ese estúpido jardinero. Me arrepentí tanto de haberlo llevado a casa…
Me arrepentí tanto…", la voz del fantasma se quebró y dejó escapar unos cuantos lagrimones, mientras Shuichi le miraba con los ojos llorosos y el alma destrozada.
"Con el paso de los días ya no sólo fue el arrepentimiento y la tristeza… sino que también, sentí rabia… Rabia, porque te quedaste callado, porque en tu ciega creencia de que yo era tu agresor tuviste miedo de contarle a alguien lo que sucedía, porque no me di cuenta a tiempo de lo que pasaba…
Un día… Hice un último intento por comunicarme contigo… Hice una segunda sesión de espiritismo… y lo único que logré fue despertar tu enojo y tus deseos de venganza…
Y me sentí atormentado… soñaba contigo, te veía en cada rincón de la casa… Tú estabas en todos lados, atormentándome… demostrándome que tu odio hacia mí por algo que no había hecho era inmenso… Me estaba volviendo loco… Pero un día decidí acabar con todo…
Pensé que en algún momento tendría la oportunidad de hablar contigo… Siempre mantuve la esperanza de encontrarte y de decirte la verdad… Por eso, se me ocurrió una idea… Si no podía hablar contigo en esa vida, lo haría en otra… Y decidí suicidarme…"
Klaude… Eso no es verdad… Yo te maté…- le dijo Shichi haciendo un esfuerzo por recordar lo que había pasado aquél día.
No, Shuichi… Tú estabas ahí… Pero no me mataste…
Yo… Estaba ahí… Siempre estaba contigo…- dijo recordando vagamente sus primeras experiencias como fantasma- En un principio… Yo también quería saber la verdad y por eso, me acerqué a ti con la esperaza de descubrir algo… Pero… Cuando te tuve cerca, sólo pensaba en vengarme…- Shuichi se sintió algo confundido, debido a que no lograba recordar con claridad su pasado.
"Ese día, hablé con los empleados y les di instrucciones para que cuidaran el castillo. Escribí mi testamento y se lo entregué a James sin decirle nada, sólo le pedí que lo guardara… Pasé la tarde en el invernadero, tal como lo hacías tú, intentando hacerme del valor suficiente para cumplir con mi objetivo. Hubo un momento en que me arrepentí, pero cuando tomé el diario por última vez, supe que era mi última opción para acercarme a ti.
Sin decirle nada a nadie, subí hasta la biblioteca… Guardé el diario en un estante y contemplé desde la ventana el jardín… por última vez…
Después de eso, subí a la torre, allí donde tu padre solía guardar sus preciadas armaduras… Observé a mi alrededor para asegurarme de que ése era un buen lugar para darle fin a mi vida y, así, me acerqué a una de las ventanas para mirar…
Durante todo ese tiempo, dudé enormemente de lo que estaba por hacer. Si bien pensaba que era lo mejor, tenía miedo de lo que podría pasar después… Tenía miedo de morir… Como seguramente tú también lo tuviste… Pero el sólo hecho de saber que existía la posibilidad de encontrarte en la otra vida y lograr que pudieras saber la verdad de tu muerte, era el móvil que necesitaba para querer acabar con mi vida… Y así lo hice…
Me arrojé desde la ventana de la torre…"
No…- susurró el pelirrosa quedando en shock. ¿Cómo podía ser eso si él estaba casi seguro de que lo había empujado por la ventana?
Tú estabas ahí… Estabas frente a mí… Me extendiste tu mano y me dijiste que todo estaría bien… No sé si fue una ilusión o si en verdad eras tú… Pero te hice caso e intenté alcanzar tu mano…
Era yo…- dijo con la voz quebrada mientras sus ojos se llenaban de lágrimas otra vez. Había logrado recordar bien aquel momento y eso le destrozaba el alma- Yo te dije… Te dije que tomaras mi mano porque yo no quería que saltaras… Te dije que no era necesario que lo hicieras… Que podíamos hablar…
Pero salté… Y no alcancé tu mano…- la voz del fantasma se apagó y el silencio se apoderó de la biblioteca por varios minutos.
Todos los presentes habían quedado mudos, con un sabor amargo en la boca y un nudo en la garganta que no los dejaba hablar. Se sentían abrumados, consternados por aquel relato y, sus cuerpos se rodeaban de una fina aura de angustia que calaba sus huesos y los oprimía por dentro.
La tragedia que rodeaba al castillo por fin se había revelado por completo, pero nadie imaginó la envergadura que podría tener aquella catástrofe. Era una cruel verdad, cuyos protagonistas eran invadidos por un dolor indescriptible, tan inmenso, que impedía hasta el descanso de sus lánguidas y penosas almas… Pero ahora que ya todo se sabía, sólo podía suceder una cosa… Aquellas ánimas afligidas podrían gozar del descanso eterno… Por lo menos, una de ellas ya había cumplido su misión…
El estentóreo y desconsolado llanto del fantasma pelirrosa quebró el frío silencio que se había formado en la biblioteca e instó a los presentes a salir de su profundo letargo. Las miradas se posaron sobre la triste escena, pero el fantasma pelirrubio sólo podía pensar en la manera de acallar el llanto de su pequeño esposo.
Shuichi… Yo no te guardo rencor… Jamás lo he hecho y jamás lo haré… Yo te amo, nunca podría odiarte… y si necesitas que te perdone, lo haré… Pero no llores- Klaude cobijó al pelirrosa entre sus brazos bajo la celosa mirada de Yuki, quien vio sorprendido cómo Shuichi correspondía aquél abrazo con necesidad. Aunque ardiera en celos, Eiri sabía que no era el momento para berrinches.
Perdóname, Klaude… Perdóname…- clamó entre sollozos aferrándose al fantasma
Tranquilo, mi pequeño… Te perdono…- le susurró tiernamente acariciando con suavidad los rosados cabellos.
Tras unos minutos, los llantos del fantasma cesaron y se separó del rubio. Ya no tenía ganas de llorar, porque por fin había aceptado su triste realidad y, no había nada más satisfactorio que saber que el único amor de su vida era inocente de todos los cargos que él le imputaba. Su alma se sentía liberada de toda la duda, confusión y temor que sentía y, ahora sí, era capaz de darse una nueva oportunidad, sólo que está vez no sería con su amado Klaude.
Yo no recuerdo cómo fue que después fui presa de un miedo horrible que me impedía acercarme a ti… Pero… ¿Por qué tardaste tanto en decirme esto?- le preguntó mientras limpiaba su rostro
Por eso, Shuichi. Porque tú tenías miedo de mí y yo lo que menos quería era dañarte… Por eso le prometí a Uesugi-san que no me acercaría a ti hasta que perdieras aquel miedo que te inspiraba…
¿Uesugi-san? ¿Mi padre?- preguntó el rubio
Así es… Él sabía la verdad y al ver que Shuichi se negaba a hablar conmigo, me hizo prometerle que no me acercaría a él mientras viviera en la casa. Por eso cuando él murió, pensé que era el momento para acercarme a Shu…- explicó
Comprendo… él lo sabía y tampoco me lo dijo…- dijo Shuichi con un dejo de tristeza.
No lo hizo porque yo se lo pedí. Ésa era mi misión y no podía dejar que otra persona la cumpliera…- Shuichi sonrió con ternura
Parece que por fin todo acabo…- Yuki intervino en un intento por separar a su bola rosa del fantasma pelilargo- Te dije que sería buena idea hablar con Sir Winchester- le dijo a Shuichi
¡Sí, Yuki! Gracias- le sonrió volando hasta él para robarle un beso
¡Vamos a celebrar, entonces!- el moreno se acercó a la parejita, mientras lo presentes también se acercaban. Klaude se incorporó y sonrió con tristeza, pues lamentablemente no podría celebrar con ellos.
¡Señor fantasma!- Hiro se acercó a él- ¿Se encuentra bien?- le preguntó al notar que el fantasma no estaba feliz
Descuida, My Little Ghostbusters. Soy invencible- le sonrió de forma galante
La biblioteca se llenó de murmullos, gritos y risas. La tristeza había quedado atrás y ahora, todo era alegría. Sin embargo, aquella felicidad que embargaba el lugar se vería interrumpida por un hecho irremediable… Había llegado la hora de partir…
De pronto, una luz blanca e intensa, iluminó el cuerpo de Klaude sin que los demás lo advirtieran, pero los gritos de aviso del pelirrojo lograron alertar al resto, quienes enseguida se voltearon a ver que sucedía. El cuerpo de Klaude se elevaba y Shuichi al notar qué era lo que sucedía, sintió que su pecho se oprimía. ¿Por qué tenía que pasar esto justo ahora que las cosas se habían arreglado?
¡Klaude, no!- exclamó Shuichi acercándose con rapidez al rubio fantasma, en un vano intento por detener su partida. Cogió sus blancas manos y le miró con ojos llorosos y suplicantes- No me dejes, Klaude. Por favor, no te vayas
I'm sorry, My Lord. Pero ya no tengo nada que hacer en este mundo, cumplí con mi misión y, aunque me gustaría quedarme aquí, ni tú ni yo pertenecemos a este lugar. Debo irme… Y en algún momento también tendrás que hacerlo- le explicó con cierta ternura
¡No te vayas, Klaude!- le suplicó- Por favor…
Shuichi, déjalo…- Yuki intervino tomando al pelirrosa de la cintura y así tirar de él, para alejarlo del fantasma
Suéltame, Yuki- le dijo con tono suplicante, sin soltar las manos del otro fantasma
Te estaré esperando, Shuichi- le dijo mientras su cuerpo comenzaba a desaparecer, deshaciéndose como la arena, a la vez que Eiri lograba que el pelirrosa lo soltara.
Klaude, no…- suplicó de forma añorante, dejando que algunas lágrimas escaparan de sus amatistas. El rubio sonrió
Fue un gusto estar contigo, My Little Ghostbusters. No lo olvidaré- le sonrió al pelirrojo de forma coqueta y, luego agregó- Me hubiera gustado estar contigo un poco más, pero espero que podamos conocernos mejor en otra oportunidad- le dijo, guiñándole con un ojo a la vez que le tiraba un beso, lo que hizo sonrojar al pelirrojo.
Shuichi quiso rogarle una vez más que no se fuera, pero Eiri le detuvo y le abrazó de forma posesiva. El silencio se apoderó del lugar mientras uno a uno, los huéspedes se fueron despidiendo del fantasma que tantos problemas les había provocado y, que ahora que se iba, dejaría un gran vacío en la casa, que sería difícil de llenar.
Klaude le dirigió una última mirada a su amado pelirrosa y le sonrió con un suave "Nos vemos", para luego desaparecer por completo. La luz blanquecina también se esfumó y sólo dejó una suave estela que se fue apagando poco a poco, hasta confundirse con la oscuridad del lugar, mientras que el silencio era quebrado por los suaves sollozos de cierto fantasma.
Ahora, sólo quedaba Shuichi y Ayaka, aunque la segunda no importaba tanto como el dueño de casa. Sólo faltaba encontrar el cuerpo de Shuichi y darle una digna sepultura y, así, al fin, todo terminaría y, con ello el misterio del castillo embrujado sería historia…
Continuará…
