Ghost Love: Dudas y Peticiones
El inquietante y angustioso silencio que había invadido la biblioteca tras la partida de Sir Wichester, fue abruptamente quebrado por los incesantes golpes en la puerta, que asustaron a los que allí estaban. Era el mayordomo de la mansión, quien había subido para buscarlos y avisarles que el almuerzo estaba servido. ¿Tanto tiempo había pasado? Lo cierto es que ni siquiera se habían dado cuenta de la hora. Ésta había pasado tan rápido y habían estado tan involucrados escuchando el relato de Sir Winchester, que nadie se percató de que ya habían transcurrido varias horas desde el desayuno.
Shuichi seguía aferrado al pecho de su rubio sollozando levemente, intentando calmar su angustia aunque sentía el alma desgarrada. Perder a Klaude en ese momento, había significado para él uno de los momentos más tristes de su vida después de la muerte de sus padres. Sin embargo, no sólo eso era lo que le inquietaba, sino que también aún seguía presente el sentimiento de culpa por haber estigmatizado al rubio como un asesino durante tantos siglos.
¿De qué forma podría expiar ese sentimiento de culpa? Ni él lo sabía, pero sí estaba consciente de que necesitaba tener a Klaude frente a él y estar juntos de nuevo… o, por lo menos, disfrutar un poco más su reconciliación. Hubo un instante en el que se sintió mal por pensar en estar junto a su esposo mientras Yuki lo abrazaba con tanto amor, siendo invadido abruptamente por un sentimiento de angustia mezclada con confusión.
Si bien ya había aceptado que su relación con el rubio fantasma no daba para más, no podía negar que lo extrañaba con todo su ser ni menos, podría decir con total convicción que no lo amaba, porque la verdad es que le seguía amando como si fuera ayer. Sin embargo y tras regañarse a sí mismo por pensar en eso, se puso como meta olvidarse completamente de Klaude y dar vuelta la página, porque aquel sexy rubio que lo envolvía con sus cálidos brazos, era su nueva realidad y, haría todo lo posible por ser feliz junto a él.
Amaba a Yuki tanto o más que a Klaude, pero la gran diferencia es que al rubio lo deseaba y lo veía como pareja, en cambio, al fantasma, sólo podía imaginarlo como un amigo a quien quiso mucho. Si tuviera que retroceder el tiempo, le habría gustado no ser tan ciego y haberle creído a su esposo desde el principio. Así tal vez no se habría enamorado de Yuki, pero ahora que lo tenía a él, sólo podía imaginar el resto de sus días como fantasma junto a su rubio heredero.
Shuichi…— susurró el rubio al notar que el pequeño no se separaba de él
Mfehamenf— balbució de forma ininteligible
¿Qué?— preguntó confundido mientras seguía intentando separarse del pequeño,
el cual estaba pegado a él como chicle.
No quiero…—murmuró aferrándose aún más al cuerpo del rubio.
Yuki suspiró con pesadez y observó con fastidio como todos los demás ya se habían ido a comer, mientras él seguía intentando deshacerse de aquella cosa pelirrosa con complejo de lapa. Con un suave "está bien", el mayor de los herederos se dio por vencido y decidió bajar junto a su "lapa". ¡Ni que fuera una roca!
Tratando de contener sus ganas de mandar al pelirrosa al carajo, llegó al comedor con cara de pocos amigos. Los comensales le miraron en silencio, aunque Tatsuha no pudo contener las ganas de reírse de su hermano por tener un "prendedor" en el pecho, pero la risa sólo le duró hasta que Yuki le dirigió una mirada híper encabronada.
Tras el almuerzo, los distintos habitantes de la mansión se dedicaron a realizar actividades de esparcimiento. Mientras algunos daban vueltas por el jardín, corriendo y riendo, otros continuaron sus investigaciones respecto al fantasma pelirrosa, pero sin él, ya que éste había salido a pasear con su amado Yuki.
Nadie supo a dónde fueron, sólo se enteraron de que Shuichi le había encargado a Williams un ramo de rosas rojas, pero nada más. El resto era un misterio para ellos. Así que, mientras Shuichi y Yuki tenían paradero desconocido, Tatsuha se había alejado del grupo de cazafantasmas para adentrarse en el invernadero, el cual estaba un poco más decente que la noche anterior, pues las sirvientas habían intentado limpiar un poco.
Las ventanas estaban relucientes y gracias a ello, los rayos del sol entraban con júbilo al lugar, iluminando cada rincón de él, para entregar una agradable vista de las cosas que allí había. Así, teniendo una excelente iluminación, el pequeño Tatsuha pudo recorrer el invernadero sin problemas, además de que éste, había sido ordenado prolijamente por las sirvientas, aunque de todos modos, aún habían partes sucias, llenas de polvo y telas de araña.
Aquella habitación, de por sí, no era la gran cosa. Por un lado, el evidente abandono del lugar había cobrado sus consecuencias, lo que hacía del invernadero un lugar poco agradable, sin contar además, que los años de encierro, eran fácilmente apreciables, debido al repugnante aroma que allí se respiraba, a pesar de los intentos de las sirvientas por hacerlo desaparecer.
A paso lento recorrió los pasillos mirando atentamente los alrededores como si intentara grabarse mentalmente cada rincón, como si se tratara de una fotografía.
Sin embargo, bastó con una simple panorámica periférica, para que el moreno diera con una enorme puerta de vidrio que daba a una especie de patio trasero y que se encontraba al otro lado del lugar.
Con intriga, se acercó a mirar y, desde allí pudo divisar dos figuras conocidas para él. Se trataba de Yuki y Shuichi, quienes se encontraban de pie entremedio de un mar de ¿lápidas? Tatsuha cayó en cuenta que aquel lugar tras la puerta de vidrio era ni más ni menos que el panteón familiar nombrado por Sir Klaude el día anterior. Lo anecdótico era pensar en qué hacían los "enamorados" en aquel paisaje poco romántico, pero lamentablemente, el pequeño moreno no conseguiría su respuesta quedándose allí.
Trató de abrir la puerta pero ésta ni siquiera se inmutó y, ante esto sólo cabían dos posibilidades: o estaba cerrada o, estaba abierta pero por la enorme cantidad de años en que estuvo cerrada, ahora no se podía abrir. Suspiró resignado dejando de lado la dichosa puerta, pensando que tal vez intentaría abrirla más tarde o, en su defecto, hablaría con Williams sobre el asunto para ver qué podrían hacer.
Así, se alejó para contemplar de cerca los deshechos maceteros, dedicándose a arrancar de raíz, de vez en cuando, las plantas secas que adornaban la tierra. Fue que entonces, llegó al macetero central del invernadero, un lugar que solía estar cubierto de hermosos y coloridos rosales, pero que ahora, sólo era un montón de tierra árida y sin vida.
Una suave brisa de origen inexplicable, meneó los negros cabellos del menor, quien un tanto asustado se volteó a mirar su alrededor para identificar el lugar de dónde provenía el viento, encontrándose con la horrible realidad de que las ventanas estaban cerradas. ¿Entonces, cómo era posible que apareciera viento de la nada?
Sus vellos se erizaron y su corazón comenzó a bombear sangre más rápido, preparando a su cuerpo para enfrentarse a una situación de peligro que nunca llegó. Su respiración se agitaró y empezó a sudar frío sin lograr explicarse el porqué, como si aquel lugar en el que estaba parado tuviera un "no se qué" que lo hacía distinto al resto de la habitación. ¿Qué sería?
Haciendo gala de unos nervios de acero a prueba de fantasmas impulsivos como Shuichi, se aguantó las ganas de salir arrancando y se quedó allí observando detenidamente el macetero de cemento, hasta que algo llamó su atención.
Entremedio de toda la tierra, al centro de la maceta, había un pilar de fierro de color dorado, como si estuviera bañado en oro y, de un costado, sobresalía una hermosa manilla que se asimilaba a un ramo de rosas. La pequeña escultura era simplemente admirable. Tenía pequeñas incrustaciones de algo que parecían ser diamantes y estaba exquisitamente forjada en oro puro.
Tatsuha se quedó embelesado admirando el diminuto artefacto, siendo víctima de la tentación de acercar su mano y palpar su textura. Lentamente, la acercó para acariciarla, pero antes de que pudiera hacerlo, una voz familiar le hizo detener su intento.
¿Qué haces, Tat-chan na no da? — Ryuichi se acercó al moreno, trayendo en brazos a Kumagoro, quien aún portaba la grabadora de sonidos.
Nada— mintió escondiendo las manos en su espalda, mientras se mordía el labio inferior para contener los nervios que le invadían. Estar tan cerca de Ryuichi le producía un sin fin de sensaciones que no podía explicar y, que ciertamente, le gustaban.
¿Por qué no vienes a jugar con nosotros, no da? Kumagoro y yo estamos en busca de más fantasma— le comunicó en un tono lleno de entusiasmo, dejando al moreno un tanto confundido ¿Acaso aún era necesario buscar más fantasmas?
Claro, yo te ayudo— le dijo, sonriendo.
Siendo sinceros, en aquel momento poco le importaba saber si habían más espíritus o no en Roseville; total, uno de ellos ya había pasado a mejor vida, la otra andaba desaparecida y la pelusa rosa volaba en su nube de corazones junto a su enamorado. Por lo tanto, ya era momento de que Tatsuha Uesugi se diera un poco de tiempo para él y, esta vez, el escurridizo "conejito" no se escaparía de su jaula…
Lejos de allí, el suave viento susurraba en los oídos de los amantes, meciendo juguetonamente los cabellos de ambos. Estaban ahí, de pie, respirando la dulce paz que embargaba al panteón familiar, contemplando con un dejo de tristeza la lápida grisácea en la que se leía: Sir Klaude Winchester.
Yuki tenía a Shuichi a su lado, bien cerca de él, apresando su cintura con un brazo como si estuviera tratando de que el pelirrosa no escapara, mientras el susodicho, sólo contemplaba con tristeza el lugar en donde yacían los restos del hombre al que tanto amó, oprimiendo contra su pecho, el ramo de rosas rojas que había traído para él.
El pequeño aún se sentía culpable por la muerte de su otrora esposo y, lo peor es que acababa de darse cuenta que jamás, en todos los años que llevaba siendo fantasma, había ido al panteón a dejarle flores a Klaude. Ahora sí, se sentía miserable, peor que una cucaracha. ¿Cómo era posible que nunca hubiese sido capaz de llevarle una rosa siquiera? Shuichi se sentía fatal, es más, le llegaba a dar vergüenza estar de pie frente a su tumba como si nada hubiese pasado.
Por supuesto, el pelirrosado fantasma no habría tenido el coraje de ir al panteón a dejarle flores a Klaude, si no fuera gracias a su amado Yuki, quien le había animado y aconsejado para que fueran a visitar la tumba del ex fantasma. La idea era intentar remediar todos esos años de indiferencia a través de unas cuantas flores, de las que, seguramente, Sir Winchester estaría muy agradecido.
El pequeño corazón fantasmal de Shuichi era invadido por una extraña mezcla de sentimientos, entre ellos: culpa, angustia y arrepentimiento. Porque sí, estaba muy arrepentido, tanto que sentía que no podría seguir viviendo en esas condiciones y, lo que más le afligía, es que a esas alturas, ya no podía hacer nada para remediar tantos años de sufrimiento. ¿Cómo podría seguir adelante con su rutina de fantasma sabiendo que se había comportado tan injustamente con la persona que tanto le amó y que él mismo amó?
Si bien se podía decir que Klaude le había perdonado, Shuichi no era capaz de perdonarse a sí mismo y, a través de aquel atado de rosas, intentaba deshacerse de una parte de su culpa o, por lo menos, esperaba lograr sentirse un poco mejor. Sin embargo, dentro de su lastimado corazón, sabía que la única manera de remediar todo aquello era viendo una vez más a Klaude y asegurarse de que en realidad todo estaba bien, porque de lo contrario, moriría de pena y ni todo el amor que su Yuki podía darle, le sería de ayuda para superar aquel impasse.
La partida de Sir Winchester le había afectado de sobremanera, más que nada porque había sido en el momento justo en el que por fin se había revelado toda la verdad. Shuichi habría deseado tener unos minutos más para hablar con su esposo, pero todo había sucedido tan rápido, había tenido que enterarse de tantas cosas al mismo tiempo, que no tuvo momento para procesar con detenimiento toda la información que había adquirido.
Es más, ahora que ya la calma había vuelto, su cuerpo transparente se había llenado de confusión y arrepentimiento. Ahora, llegaban a su mente, todas y cada una de las palabras que debió decirle a Klaude y que no tuvo tiempo de hacerlo. ¡Si tan sólo pudiera estar junto a él un par de minutos más!
¿Piensas quedarte ahí todo el día, mirando la lápida como estúpido?— preguntó Yuki con tono evidentemente molesto, pues ya llevaban varios minutos en el mismo lugar y en la misma posición y, el pelirrosa aún no se dignaba a dejar las flores sobre la tumba—. Ya sé. Las rosas son tan lindas que te las quieres dejar para ti— concluyó en el mismo tono de fastidio, pero el pelirrosa estaba tan abstraído de la realidad que no escuchaba lo que el rubio le hablaba.
Al ser ignorado de manera olímpica por su pelusa rosa, Yuki bufó con cierto enojo y se cruzó de brazos de la misma manera, lanzando improperios de forma mental, mientras sus ojitos dorados observaban con rabia y celos las letras que formaban el nombre del fallecido Sir. En sí, no es que odiara a Klaude, sino que lo que realmente molestaba al rubio, era saber que aquel hombre significaba una parte muy importante en la vida de Shu y, lo peor, era caer en cuenta que su niño aún guardaba sentimientos hacia él. Yuki Eiri era presa de los celos y, por si fuera poco, sentía celos de un muerto
¿Me hablaste, Yuki?— preguntó con inocencia, al cabo de un rato, pensando que tal vez, se había imaginado escuchar la voz de su rubio, pues su mente había divagado tanto en sus sentimientos que se había olvidado de su alrededor.
Tsk— masculló con rabia, volteando la mirada hacia otro lado
¿Qué? ¿Por qué te enojas, Yuki?— le preguntó sintiéndose extrañado por la reacción de su amado
¡Llevo rato hablándote pero parece que tú estás en Plutón!— le gritó airado—. Deja esas estúpidas flores ahí y, vámonos de una vez— le ordenó en el mismo tono, mostrando su enojo en su máximo esplendor.
Eiri ya estaba aburrido de estar ahí, aunque más bien, estaba harto de que Shuichi le siguiera dando vueltas al asunto de Klaude. Sí, estaba celoso, ¿y qué?
Shuichi no le hizo el más mínimo caso al rubio y, sólo se limitó a inflar los cachetes como niño berrinchudo. A su parecer, Yuki no tenía motivos para estar molesto o algo parecido, pues él había sido el que prácticamente lo llevó arrastrando hasta el panteón. Entonces, ¿Por qué quería irse? Trató de darle vueltas al asunto pero la actitud del rubio se había vuelto un tanto incomprensible para él, así que prefirió no hacerle caso y concentrarse en la tumba de Klaude. Sólo tenía que dejar las flores encima y listo… O eso creía…
Klaude…— susurró hincándose frente a la fría lápida, mientras el viento mecía sus rosados cabellos—. Ya sé que nunca te había traído flores, pero… nunca es tarde para hacerlo… ¿verdad?— continuó, haciendo notar su tristeza, depositando las rosas con sumo cuidado para que el ramo no se desarmara. Yuki se le quedó mirando, atento a cada palabra que pronunciaba su pelirrosa, intentando alejar de sí mismo los crecientes celos que le invadían—. ¿Por qué te fuiste tan pronto? Tenía tantas cosas qué decirte, Klaude… No me basta con tener tu perdón por todo el daño que te hice… Yo…Te necesito… Te necesito a mi lado…— Su suave voz se quebró y un leve sollozo escapó de sus labios.
Algo en el interior del pecho de Yuki, se oprimió con fuerza al escuchar aquella inocua frasecita, tanto así, que sintió que el aire le faltaba. Dolía… y mucho. Por primera vez, su alma de hierro se retorcía en un no muy agradable ni menos placentero, dolor. Era como si su alma fuese desgarrada lentamente. Y todo por culpa del amor…
Jamás creyó que se enamoraría completamente de esa pelusa rosada, al punto de sentir que le rompían el corazón en pedacitos, gracias a la frase que recién había escuchado: "Te necesito". Sin duda, a Eiri le habría encantado ser el receptor de esas simples palabras, pero no. No iban dirigidas a él, sino que estaban dedicadas y escritas con fuego, sólo y exclusivamente para Klaude Winchester. Donde hubo fuego, cenizas quedan ¿o no?
Shuichi siguió hincado frente a la tumba del ex fantasma, ajeno a los tortuosos pensamientos de su amado Yuki, dedicándose a sollozar de vez en cuando, entre cada palabra que pronunciaba. Un nudo en su garganta le impedía la misión de soltar todas aquellas dudas, preguntas y respuestas que iban dirigidas a Klaude, aunque hubiese sido ideal que el susodicho estuviera ahí materialmente para escuchar. Pero no, sólo tenía la fría y grisácea lápida de mármol frente a él.
Klaude… Gracias por todo… A mi me hubiera gustado mucho ser feliz contigo por siempre… Llegar a viejito estando a tu lado…Habría sido la vida ideal…Pero, la vida fue tan injusta con nosotros…— Hizo una pausa para desahogarse y, luego, volvió su atención hacia la tumba. En ese momento, sólo era él y la lápida, el resto no existía—. Siempre me he preguntado por qué las cosas tuvieron que ser así… éramos tan felices y nos amábamos tanto… Sin duda eras la persona que más amé en la vida…
De acuerdo. Ya había entendido el mensaje, o más bien, la indirecta. Sencillamente, el saber que él no era el gran amor de su cosa pelirrosa, le dolía de una manera insoportable y, ya había sido suficiente. Había aguantado demasiado y por fin, se había dado cuenta de que él sobraba en esa relación. Lo más lógico era que Shuichi fuese feliz junto a su esposo y, por tanto, Yuki Eiri estaba demás. Por lo menos, eso era lo que creía y, lo que el fantasma le había dado a entender. SU Shuichi, aún amaba a Klaude.
El vaso se había rebalsado con esas palabras y, Eiri comprendió de inmediato que lo mejor para su integridad emocional, era alejarse del panteón y dejar al pelirrosa allí. Tal vez, el menor sólo quería desahogarse un poco y, después, volvería a sus brazos como si nada.
Suspiró resignado y se alejó a paso lento, convenciéndose a sí mismo de que era lo mejor, aunque una parte de su cerebro le decía a gritos que agarrara al fantasma y lo sacara de allí, pues éste era suyo, suyo y de nadie más y, por supuesto, no iba a dejar que un muerto se lo quitara. Pero ni modo, esta vez le había tocado perder y, él aún tenía un poco de dignidad. Ya tendría tiempo para hablar con su pelirrosa.
Pero sabes… Ya entendí que lo nuestro no puede ser…— dijo por fin después de un largo rato de silencio y, para ese entonces, Yuki ya estaba lejos de ahí—. Yo me enamoré de otra persona… Amó a Eiri tanto o más de lo que te amé. Él es mi vida… Es lo mejor que me ha pasado durante todos estos siglos. Y quiero darme una oportunidad con él, aunque sé que lo nuestro no durará mucho…— La última frase la dijo con notoria angustia, pues tarde o temprano tendría que irse al cielo y, él no quería alejarse de Yuki.
Sus delgados labios formaron una triste sonrisa y, así, lentamente se incorporó y se alejó de la tumba para contemplarla desde lo alto.
Nos vemos en el cielo, Klaude…— murmuró con algo de resignación, para luego suspirar sonoramente. Ya había cumplido con su misión de dejar las flores, por lo que ahora podía irse en paz—. ¿Y Yuki?— se preguntó ladeando la cabeza de forma infantil haciendo notar su confusión, mientras daba vueltas sobre sí mismo, buscando a su rubio—. Debe haber regresado…— se respondió a sí mismo—. ¡Iré por él!— exclamó con ánimo, dándose impulso para volar rápidamente hasta el castillo.
Mientras tanto y, en vista de que la búsqueda de nuevos fantasmas, por parte de Tatsuha y Ryuichi, había terminado en un besuqueo candente sobre la cama del moreno, aunque sin pasar a mayores debido a la presencia de Kumagoro, se podía decir que todos los huéspedes de la casa, habían dado por terminada la historia de los fantasmas, pues al fin y al cabo, poco les importaba si Shuichi seguía siendo fantasma por el resto de sus días, ya que viendo lo muy enamorado que estaba del mayor de los hermanos, lo más lógico era que se quedara una buena temporada, para disfrutar su felicidad.
Después de todo, el misterio del castillo se iba descubriendo poco a poco y estaban casi seguros de que ya no les faltaba nada para encontrar los restos del pelirrosa, y de ser así, lo más probable era que el pequeño fantasma también partiera y abandonara por fin este mundo. Desde luego, eso sería muy triste para todos.
Dejando aquello de lado, Yuki había llegado maldiciendo a medio mundo a la sala de estar, en la cual estaban todos reunidos comiendo palomitas de maíz mientras veían una película de terror. El rubio se desplomó en un sillón de mala gana y miró con recelo el sangriento film que sus huéspedes observaban con gran devoción, quienes a apenas habían advertido la llegada del "jefe" del hogar.
Eiri estaba tan enojado consigo mismo y con Shuichi, que francamente, no tenía ganas de nada, es más, hasta se le habían quitado las ganas de hablar con Tatsuha sobre la preparación de una boda ficticia para él y Shuichi. Ahora que pensaba en ello, se había percatado de que ni su hermano ni el cazafantasmas del conejo se encontraban en la sala, lo que le llevó a preguntarse de forma inmediata, en dónde diablos se habían metido.
Con aire detectivesco y una curiosidad casi maniática, se escabulló fuera de la sala y subió las escaleras rumbo a la habitación de Tatsuha, imaginando que tal vez, el precoz de su hermano ya le estaba corriendo manitas al peliverde. Para no llevarse una desagradable sorpresa, golpeó la puerta por si acaso, y esperó pacientemente una respuesta hasta que su mismísimo hermanito, le abrió.
Tenía la esperanza de que habías desaparecido— le dijo de forma sarcástica apenas el moreno hubo asomado su cabeza por el espacio de la puerta.
Para tu desgracia, sigo aquí— le replicó con sorna— ¿Qué necesitas?
Tengo que hablar contigo. — Yuki empujó la puerta haciendo a un lado a su hermano, para poder entrar en la habitación y, así, se encontró con un sonriente Ryuichi y un sucio Kumagoro, sobre la cama desarmada— ¿Qué pasó aquí?— preguntó notando el desorden que había.
Tat-chan y nosotros estábamos buscando fantasmas, no da— exclamó con aire infantil, a lo que Tatsuha sólo pudo formar una boba sonrisa.
No importa— dijo el rubio suspirando—. Necesito que me ayudes en algo, Tatsuha. — El moreno le miró algo extrañado, mientras el mayor se acomodaba a la orilla de la cama
¿Qué genial idea se te ocurrió ahora, aniki?— preguntó tratando de no reír, aunque en su voz se notaba cierta ironía. ¿Qué idea estúpida tendría ahora su adorado hermano? Es decir, primero le dio por hacer un sahumerio; después, recurrió a un sacerdote para bendecir la mansión; de ahí, hicieron una sesión espiritista y, por último, contrataron a los cazafantasmas. ¿Qué le seguía ahora?
Me voy a casar con Shuichi y quiero que tú planees la boda "ficticia", para mañana— soltó de improviso sin darle mucho tiempo a su hermano para reaccionar y hacerse una leve idea de lo que le estaba diciendo
¡¿QUÉ?— exclamó incrédulo— ¡¿Estás loco?— le preguntó exaltado— ¡Ya sé, la estupidez de Shuichi se pega!— Eiri le dirigió una mirada llena de enojo, pero al moreno no le hizo ni cosquillas— ¡Tú no eres mi hermano! ¿Qué le hiciste a mi aniki?— dramatizó, apuntado el rubio de forma acusadora
¡YA BASTA! ¿Harás o no lo que te pedí?— vociferó en tono muy enojado, cruzándose de brazos y endureciendo la expresión de sus ojos.
Espera— dijo más calmado— ¿Qué te pasó?— preguntó, en un intento por comprender la insólita decisión de su hermano mayor, pretendiendo saber cuáles eran los motivos que lo habían llevado a eso
Sólo… Quiero que Shuichi se lleve un lindo recuerdo para su "otra vida"… Quiero que sea feliz mientras siga aquí… con nosotros…— Su voz se volvió seria y un tanto apagada—. Además, el quiere casarse conmigo y… me pareció buena idea, cumplir su deseo. Aunque sea una farsa— explicó un tanto desganado, sintiéndose aún afectado por las palabras que había escuchado en el panteón.
En ese caso, me parece buena idea. Shuichi necesita tener buen ánimo, porque quedó muy triste con la partida de Sir Klaude— reflexionó
¿Entonces, lo harás?
¡Claro! ¡Déjaselo a Tatsuha!— le dijo dándole una palmada en el hombre en señal de aprobación, mientras le dedicaba una amplia sonrisa.
Bien, encárgate de todo
Sin decir nada más, Eiri se puso de pie y salió de la habitación, para que su hermano pudiera comenzar a planear lo que sería su boda con Shuichi. De esta manera, el rubio heredero ya tenía listo una parte de su magnífico plan para hacer feliz a su bola rosa, aún sabiendo que el pequeño no le amaba o, al menos, eso era lo que creía.
Ahora, debía hablar con Noriko para llevar a acabo la segunda parte, aunque, más bien, Eiri sólo quería hacerle un par de preguntas y así, resolver unas dudas que le estaban dando vueltas por la cabeza desde hace tiempo; y la pelilila era prácticamente la única que le podría ayudar. Desde hace tiempo, el rubio se había estado instruyendo en las artes paranormales, gracias a los cientos de libros sobre aquel tema que habían en la biblioteca, con el deseo de saber más sobre ciertos fenómenos y de cómo ayudar a Shuichi a descansar en paz.
Entre todas las cosas que había leído, el asunto sobre la reencarnación había acaparado su total atención, tanto así, que se había leído varios libros sobre ello. Sin embargo, todo lo que había leído no le servía para nada, es más, todos decían lo mismo y la mayoría se trataba de meras especulaciones y unos que otros hechos reales que fácilmente podrían ser inventados.
Independiente de ello, la gran interrogante se refería a la posibilidad de que Shuichi reencarnara, poseyera otro cuerpo o simplemente, reviviera. ¿Podría ser posible o eso sólo pasaba en las películas y en los cuentos? Por supuesto, Eiri aún se mantenía escéptico en algunos temas, pues la existencia comprobada de los fantasmas no avalaba todos los fenómenos paranormales que había y, entre ellos, estaba la reencarnación. Se podía decir que el rubio creía imposible el que alguien pudiera revivir. Pero… No perdía nada si lo intentaba ¿verdad? Shuichi sería una suerte de conejillo de indias…
Noriko— llamó a la pelilila en un tono un tanto urgente. La muchacha en tanto, estaba disfrutando de los últimos minutos de la película de terror.
¿Qué sucede?— preguntó alejándose del "cine" para ir a hablar con Yuki.
Me gustaría hacerte unas preguntas. ¿Podemos ir a otro lado?— le comunicó de forma seria.
Claro. ¿De qué se trata?— le preguntó confundida, pareciéndole raro que el dueño de casa quisiera hablar con ella.
Así, salieron de la sala de estar y se encaminaron hacia la habitación del rubio para hablar de forma privada y a solas, mientras en el camino, Yuki introducía a la muchacha, al tema del cual hablarían.
Últimamente estuve leyendo unos cuantos libros respecto a un fenómeno llamado Reencarnación— le informó en un tono casual, mientras subían las escaleras
Es un tema muy interesante. Hay varios estudios importantes al respecto y, también, hay religiones que avalan este fenómeno, aunque no hay nada claro. Ni mucho menos comprobable.
Comprendo
Llegaron al pasillo del segundo piso y, así, caminaron hasta la habitación del rubio. Yuki le abrió la puerta a la muchacha de forma gentil, pidiéndole amablemente que entrara. Rápidamente, se sentaron en la orilla de la cama y, una vez ahí, continuaron con la conversación.
¿Por qué me sale con este tema, así de repente?— le preguntó con curiosidad.
Voy a ser directo contigo, Noriko. ¿Tú crees que podamos revivir a Shuichi?— Su tono serio, aunque algo vacilante, le indicaron a la muchacha que no se trataba de una broma.
Bueno… No sé que decirle… No tengo tantos conocimientos en ello, pero si quiere puedo investigar y consultarle a gente que conozco. Desde ya le digo, como opinión personal, que dudo muchísimo que algo como eso pueda ser posible.— Un leve suspiro por parte del rubio, le hizo ver a la mujer que había roto las esperanzas que tenía.
¿De ninguna forma?— preguntó intentando averiguar si siquiera existía una pequeñísima posibilidad
Conozco hechizos y pócimas antiquísimas con las que se intentaba revivir a la gente, pero no tengo antecedentes de que alguna vez hayan resultado— le informó para hacerle recobrar las esperanzas.
Haz todo lo que sea necesario. No importa lo que sea, pero quiero que hagas todo lo posible por revivir a Shuichi. Aunque sea… Inténtalo— le dijo en un tono que parecía ser una súplica.
¡Como ordene, jefe! Haré todo lo que pueda, aunque no le prometo que lo conseguiré, pero como usted dice, por último lo intentaré. — Noriko le sonrió con aire jovial y, así se levantó de la cama para irse.
Gracias…— susurró antes de que la mujer se fuera, haciendo que ésta, le dedicara otra sonrisa en señal de aceptación.
Sin que se dieran cuenta, había llegado la noche otra vez.
Recién habían terminado de cenar y cada uno de los huéspedes se encaminaba hacia sus habitaciones, aún con el alma oprimida debido a la triste partida de uno de los fantasmas. Ciertamente, ahora que Klaude se había ido, el castillo Roseville se sumía en una profunda tranquilidad y silencio, haciendo notar de forma evidente que poco a poco la soledad se iba a ir apoderando lentamente de todos sus rincones. En pocas palabras, se podía decir que extrañaban a Klaude, aunque ninguno de ellos se atreviera a aceptarlo o decirlo, abiertamente.
Shuichi, quien ya se había perdonado a sí mismo por todo el daño causado al pobre de Klaude, se había sentido muy mal, porque a su regreso, su amado Yuki le ignoró por el resto de la tarde, sin darle ninguna explicación. Su dulce rostro semitransparente lucía decaído, triste, por ser incapaz de adivinar lo que pasaba por la mente de su rubio y, en vista de que había sido ignorado de forma olímpica, decidió alejarse de Yuki y esperar a la noche para hablar con él.
Así, cuando Yuki se disponía a ponerse pijama, el pequeño fantasma se escabulló por la muralla y se sentó a los pies de la cama, mientras buscaba la manera de iniciar la conversación, sintiéndose nervioso al creer en la posibilidad de no ser tomado en cuenta.
Yuki… ¿Estás enojado conmigo? ¿Hice algo malo?— murmuró con tristeza y con miedo, más que nada, porque temía ser rechazado por su Yuki y que, de ser así, su frágil corazón se rompería en pedazos—. ¿Por qué me ignoras?— Volvió a preguntar, al no tener respuesta—. Respóndeme…— Su voz se quebró de forma casi imperceptible, sintiéndose dolido ante el prolongado silencio del rubio.
No quiero que te vayas— dijo de improviso— pero es algo que no puedo evitar… Tarde o temprano te irás igual que Sir Winchester… Y no quiero que ese momento llegue— dijo en tono reflexivo, sin atreverse a mirar al pelirrosa.
Por primera vez en años, Eiri temía perder algo que realmente apreciaba y, ese algo, era su amado fantasma de pelo rosado. No se atrevía a ver esos hermosos e hipnotizantes ojos violetas, por miedo a perderse en ellos y, asimismo, perder el control de sus actos. Tenía que mantenerse frívolo por unos instantes o el tiempo que fuese suficiente para controlar sus impulsos y, así, no terminar exigiéndole a gritos—al pobre fantasma—que le explicara con detalles, qué era eso de que aún amaba a Klaude.
La respuesta era tan obvia para Eiri, que aunque deseara con todas sus fuerzas escuchar la explicación de su Shuichi, no sería capaz de aguantar que aquellas palabras que no deseaba escuchar, salieran de la boca de su amado fantasma. En sí, quería una explicación; quería escuchar de esos dulces labios la afirmación de que aún amaba al rubio fantasma; pero a la vez, se rehusaba a aceptar una verdad que el rubio heredero ya daba por cierta.
Yo entiendo que estés así, Eiri…— susurró con voz vacilante, mientras su humanidad se acercaba lentamente al rubio—. Yo también tengo miedo… No quiero irme y dejarte solo…— Sus bellos ojitos, se llenaron de inmensos lagrimones que rodaron por sus mejillas de forma inmediata.
Shuichi…— susurró, observando, por fin, el rostro del menor, sintiendo una leve opresión en el pecho
Yo quiero compartir todo lo que me queda de "vida" junto a ti- dijo en un tono algo divertido, soltando entremedio una risita nerviosa—. Quiero ser feliz a tu lado
Pero… Tú le dijiste a Klaude que lo necesitabas…— reflexionó un tanto confundido, recordando lo que había escuchado en el panteón—. Dime, Shuichi, ¿aún amas a Klaude?— preguntó, logrando deshacerse por fin, de aquella angustia que oprimía su corazón.
Tenía esa pregunta atorada en la garganta desde hace un par de días, quemándole las entrañas por la incertidumbre de no conocer con exactitud, los sentimientos que el fantasma aún guardaba para el otro espíritu. Si bien Shuichi, en varias ocasiones le había dicho a Eiri que lo amaba, no había sido así, en cuanto a sus sentimientos por Klaude. Ello causaba cierta duda en el interior de Yuki, incitándolo a imaginarse una multiplicidad de razones por las cuales Shuichi no se había pronunciado al respecto.
Eiri necesitaba saber qué sentía su pelusa rosa por el rubio fantasma y, una vez que consiguiera eso, se podría decir que dormiría en paz. La duda le carcomía, pero lo que más atormentaba al rubio era el temor de no saberse totalmente correspondido. No estaba dispuesto a compartir el amor de su niño de pelo rosa, con un fantasma medio sádico.
Yuki… Yo…— intentó decir, dudando por un momento, de sus propios sentimientos. A decir verdad, aquella pregunta le había pillado desprevenido—. Creo que ya te lo dije. Yo te amo, Yuki. Y aunque amé a Klaude como no tienes idea, en este instante, él sólo me inspira un enorme cariño. Lo amaba, pero ya no— le dijo en tono serio y con plena seguridad, para sí darle confianza y credibilidad a sus palabras—, ahora eres tú la persona a la que amo…— El niño abrazó el cuerpo de Yuki para transmitirle con ese acto todo el amor que sentía por él, y así, lograr despejar las dudas que inundaban el corazón del rubio. Yuki sonrió con alivio.
Me alegra escuchar eso... Shuichi— dijo en tono pausado y serio, sintiéndose liberado del peso que arrastraba su alma. Ahora se sentía mejor y con fuerzas renovadas. Eiri estaba listo para confesarle a su pequeño, aunque más que confesarle, se trataba de una petición muy importante—. Yo quiero pedirte algo— continuó en tono de duda—, pero no sé cómo lo irás a tomar
¿Qué cosa, Eiri?— preguntó con cara de no entender, separándose del pecho del rubio para admirar con devoción los bellos ojos dorados de éste
¿Quieres casarte conmigo?— soltó de improviso, esperando ansioso una pronta respuesta, mientras cogía las manos de Shuichi entre las suyas.
¿Qué?— preguntó confundido pensando que tal vez había escuchado mal
No me hagas decirlo otra vez— se quejó, bufando sonoramente, para hacerse del valor suficiente y así poder repetir aquella petición—. ¿Te casarías conmigo?
Los ojos dorados contemplaron expectante la reacción del fantasma de cabellos rosas, mientras el cuerpo del rubio se dejaba llevar por la emoción del momento, expresando su ansiedad en el ritmo agilizado de sus latidos. Sentía que su corazón iba a explotar, pero con el correr de los segundos, Eiri se dio cuenta de que algo andaba mal. Shuichi no le respondía. ¿Será que el muchacho no deseaba casarse? ¿O quizás, se había quedado estupefacto debido a la confesión?
Mirando detenidamente los ojos violáceos de Shuichi, el rubio heredero cayó en cuenta de que el niño no reaccionaba. Al parecer la opción dos había ganado y el fantasma se había quedado pasmado por la impresión.
¿Shuichi?— llamó— ¿Qué te pasa, Shuichi?— Eiri zamarreó el frágil cuerpo semitransparente con delicadeza, buscando que con ese acto, el pequeño lograra reaccionar. Sin embargo, su intento fue en vano.
En seguida, movió una de sus manos frente a los ojos del niño para ver si así conseguía alguna respuesta ocular o de reflejo, pero nada. Definitivamente, Shuichi no reaccionaba. ¿Qué haría ahora? Tras un par de intentos más, sin obtener resultado, Eiri decidió ir en busca de ayuda. Tal vez así, lograría sacar al pequeño de su estado de estupefacción. Por ahora, la tan anhelada respuesta a su pregunta, quedaría en suspenso…
Continuará…
Hola, chicas! como están?
espero que les haya gustado este que capi, que por lo demás, yo lo encontré un poco aburrido xD
agradezco enormemente a las personas que me dejaron sus comentarios y, pues, para ustedes va dedicado este capi ^^
nos vemos!
