Hola, niñas!

Lamento la tardanza, pero aquí les dejo el nuevo capi ^^ Ya queda poquito para que acabe el fic, así que este vendría a ser el ante penúltimo capi ^^

espero que les guste y dejen sus comentarios!


Ghost Love: Regreso/Una boda ficticia

En la oscuridad de una habitación, iluminada tan solo con la blanquecina luz de la luna que se colaba juguetonamente por la ventana, dos cuerpos desnudos y sudorosos danzaban armoniosamente sobre las sábanas de la cama. Suaves gemidos inundaban el lugar generando una armoniosa música al compás del rechinar de la cama, mientras algunos suspiros cargados de placer, entibiaban el aire que los rodeaba.

Las anchas manos del moreno recorrían el cuerpo delgado de cierto cazafantasmas, palpando su tersa piel a medida que aumentaba el calor corporal. Sus caderas se movían ágiles, ayudándole a penetrar aquel frágil cuerpo que sentía que se partía en dos con cada arremetida, mientras susurraban tímidas palabras de amor.

El muchacho de cabellos verdosos, se aferró a la espalda de su amante dando suaves gemidos cargados de placer, buscando desesperadamente, el rostro de su acompañante para poder atrapar sus labios.

Ryuichi…— gimió el moreno, dando una profunda estocada, abriéndose paso en la tibia cavidad de su amado.

Ya no… puedo más…— dijo con voz entrecortada, aferrando sus manitas a la espalda del menor.

Sin embargo, antes de alguno de los dos pudiera siquiera, lograr el tan ansiado orgasmo, un insistente golpeteo en la puerta los interrumpió.

¡Abre la puerta, Tatsuha!— La voz de Eiri resonó en las paredes del dormitorio, alertando a Tatsuha de la inesperada visita de su hermano.

¡Ya voy!— exclamó desesperado revolviendo las sábanas para tapar su intimidad, no vaya ser que su hermano mayor se diera cuenta de que estaba en la mejor parte de su fantasía.

¿Qué tanto haces allá dentro, mocoso?— preguntó en tono "cariñoso", mientras que con su mano daba vuelta la manilla para abrir la puerta, dándose cuenta de que estaba abierto.

Espe…— Iba a decir, pero la entrada triunfal del rubio lo interrumpió, pillándolo justo cuando intentaba envolverse la sábana en la cintura, dejando al descubierto su esplendorosa erección.

¿Te estás masturbando, pervertido?— preguntó sabiendo de antemano la respuesta, pues no había que ser adivino para darse cuenta de lo que estaba haciendo el menor.

No es tu problema— respondió avergonzado, sintiendo su rostro arder.

Deberías buscarte una novia, pervertido— le regañó—. Te espero en mi habitación. — Hizo ademán de salir, pues claramente no tenía la intención de quedarse allí después de haber pillado a su hermano in fraganti—. Y más te vale que hagas algo con eso— dijo indicándole su entrepierna, para luego abandonar la habitación, bajo la mirada atenta de un sonrojado Tatsuha.

Unos minutos más tarde, el menor de los Uesugi ingresaba con sigilo a la habitación de su hermano, muriéndose de la curiosidad por saber qué era lo que quería. Al entrar contempló a su hermano sentado frente a un petrificado Shuichi, mientras hacía gestos con las manos frente a su rostro inerte y a veces lo zamarreaba con suavidad en busca de despertarle.

¿Qué le pasó?— preguntó el moreno acercándose a su hermano.

Eso quisiera saber. Se quedó así cuando le dije que se casara conmigo. Supongo que se quedó en shock por la emoción o algo parecido— le comentó.

La vez que vino el cura a hacer el exorcismo le pasó algo similar, pero… salió por sí sólo de ese estado— recordó, mientras hacía su intento por despertar a Shuichi, pero para variar y por razones que aún no podía explicar, su mano traspasó el cuerpo blanquecino del fantasma.

Entonces, ¿crees que sea pertinente dejarlo así?— preguntó con tono inseguro.

Pues ni modo, hermano. No hay nada que podamos hacer— le dijo en tono resignado, con toda la intención de volver a su habitación y seguir con su indecorosa fantasía de cogerse a Ryuichi. Al parecer, Tatsuha Uesugi necesitaba una novia o un novio de forma urgente, así que a partir del día siguiente haría todo lo posible por conquistar al escurridizo conejito.

¡Kyaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!— El enorme grito que pegó el fantasma después de una larga letanía, prácticamente dejó sordos a los dos hermanos, quienes de un puro salto se volvieron a mirar, con cara de espanto, al espíritu—. ¡Yuki, te amo!— exclamó de forma enérgica, arrojándose a los brazos del rubio tumbándolo en la cama, mientras restregaba su cuerpecito en el del rubio

Creo que mejor los dejo solitos— Tatsuha aprovechó el momento para escabullirse fuera del dormitorio y, así dejar a los tortolitos para que hicieran sus travesuras, aunque de ser por el menor, le hubiera gustado quedarse para ver cómo le hacía su hermano para tirarse al apetecible fantasmita.

¡No lo puedo creer, Yuki! ¡Me haces tan feliz!— exclamó con los ojitos brillosos de tanta alegría, separándose de su ahora novio, para contemplarle con devoción. Ahora más que nunca, podía decir con total convicción que aquel mortal que tenía ante sus ojos, le había robado el corazón que hace años había dejado de latir. Así es. Lo amaba, amaba a Eiri con locura y, sin duda, era el fantasma más feliz del mundo.

Entonces, ¿Te casarás conmigo?— preguntó dedicándole una hermosa sonrisa a su niño, pues debía admitir que esa pelusa rosada le había embrujado con sus locuras y desplantes, con su voz y bella sonrisa, pero por sobretodo, esos inmensos ojos violetas lo tenían hipnotizado.

Por supuesto, mi amor— le dijo con un tono de voz cargado de amor, cogiendo entre sus manos el fino rostro del rubio, para fundirse con él en un largo y tierno beso— Te amo, Yuki.

Te amo… Shuichi…

Con un apasionado beso, sus bocas se fundieron dejando que sus lenguas se exploraran mutuamente, mientras las manos del rubio comenzaban a acariciar el traslúcido cuerpo del menor por sobre la ropa. El roce entre sus cuerpos fue aumentando la temperatura de ambos, llevándolos directamente a aquella danza llena de placer que tanto disfrutaban. Sin embargo y, a pesar de la enorme calentura que se acumulaba en sus cuerpos; Shuichi se separó de Yuki y le miró de forma seria.

No podemos hacerlo— le dijo con seriedad.

¿Qué? ¿Por qué?— preguntó incrédulo, dirigiéndole al fantasma una mirada confundida

Porque no está bien, Yuki. Debemos casarnos primero, sino la noche de bodas será aburrida. Además, no es bien visto que la "novia" tenga relaciones con el novio antes de casarse— explicó en tono apenado, causándole gracia su amante, quien se largó a reír.

¿Es una broma, Shuichi? No me vengas con esos discursos de castidad, porque, que yo sepa, de virgen no tienes ni el pelo y, entre tú y yo ya ha pasado de todo. ¿Qué hay de malo?— dijo en tono burlón, sonriendo.

No digas eso, Yuki. Dejémoslo así, ¿está bien?— pidió avergonzado

De acuerdo— respondió sin ánimo, tratando de ser "comprensivo", pues ya se había hecho la idea de montarse a su fantasmita, pero en vista de lo ocurrido, tendría que quedarse con las ganas y aguantar hasta la noche de bodas. Menos mal que ésta era al día siguiente, sino dudaba el poder aguantarse las ganas por más tiempo.

Así, los futuros esposos, se recostaron en la cama para, por fin, poder dormir, después de un largo día en el cual habían sufrido tantas emociones juntas que, sin duda, se sentían abatidos, cansados. Shuichi se acomodó entre los brazos de su amado, intranquilo por la presencia de una extraña energía que sentía muy cerca y que se le hacía muy familiar. Intentó no tomarla en cuenta, pero se le hacía casi imposible. Le incomodaba, pero no de mala manera, sino que más bien, le causaba curiosidad el saber de dónde provenía esa energía que él conocía tan bien. ¿Será que…?

"No, no puede ser él… Es imposible… Yo lo vi irse… ¿Habrá olvidado algo?", pensó el pelirrosa mientras intentaba quedarse dormido. Tal vez sólo era imaginación suya, así que tras unos minutos de constantes movimientos destinados a acomodarse entre las sábanas, por fin se quedó dormido junto a su amado. Seguramente, al día siguiente tendría tiempo para investigar el origen de la extraña energía.

Al día siguiente, a eso de las ocho de la mañana, comenzaron los primeros atisbos de movimiento en la mansión. Como todos los días, las empleadas eran las primeras en levantarse junto al mayordomo, pero como era un día especial, todo el castillo se levantó temprano, excepto, claro, Yuki y Shuichi, quienes fueron los últimos en bajar a desayunar.

El pequeño Tatsuha acompañado del equipo de cazafantasmas, se alistaron prontamente para llevar acabo los preparativos de la boda, consistentes principalmente en adornar el salón de baile, pues era el único lugar en el cual podrían aspirar a realizar una ceremonia. Estaba más que claro que todo eso del casamiento era una farsa, pero como había que hacer feliz a Shuichi, harían cuenta de que todo era real y por ello, todos estaban dispuestos a dar lo mejor de sí para tener listo el salón de baile antes del almuerzo, ya que según los planes del moreno, la boda debería realizarse al medio día.

Mientras la mansión era objeto de un intenso ajetreo, Noriko había estado gran parte de la mañana en la biblioteca, analizando unos libros de brujería y de alquimia que había encontrado por casualidad. Para su fortuna y de acuerdo a las órdenes de Yuki, la muchacha había encontrado unas pociones que apuntaban precisamente, a revivir muertos, aunque su criterio y lógica le decían a gritos que esas cosas no funcionarían. Sin embargo, y como no tenía nada que perder, intentaría preparar la poción y luego, vería que sucedería.

Así, la mujer había emprendido la búsqueda de los materiales necesarios para la poción, los cuales no eran muy extraños ni menos difíciles de encontrar, pero que de todas maneras, la habían obligado a ir de compras a la ciudad, de manera tal, que la poción estaría lista para después de la boda.

Por otro lado, Shuichi y Yuki abrieron sus ojitos a esos de las 10 de la mañana. El mayor se dio un baño de forma rápida y se vistió, para luego, bajar junto a Shuichi a desayunar, quien le seguía para todos lados con una boba expresión de adolescente enamorado.

¡Yuki, soy tan feliz!— le dijo, mirándole emocionado, mientras el rubio se llevaba una rebanada de pan a la boca—. Aún no puedo creer que nos casaremos. —Sus ojitos brillaron de forma intensa. Yuki respondió con una suave sonrisa.

Tatsuha me dijo que al mediodía tendrían todo listo, así que sólo restan un par de horas para que estemos "casados"— le informó en tono amable, sorbiendo un poco de café.

¡Genial!—exclamó—. ¡Soy el fantasma más feliz del mundo!

Me alegro. Espero hacerte más feliz todavía— le dijo de forma tierna, estirando su brazo para así alcanzar el rostro platinado del menor y acariciarlo suavemente.

Muchas gracias, Yuki. Yo…No sé cómo agradecerte todo lo que has hecho por mi— Su voz se entristeció.

No tienes que agradecerme, yo lo hago con mucho gusto… Porque te amo, Shuichi…

¡Yuki!— exclamó embelesado, admirando a su amado como si fuese un dios. Sus ojitos violáceos brillaban intensamente y su rostro se había iluminado inexplicablemente, mientras a su alrededor las hadas cantaban felices y los corazones con alitas revoloteaban por su cabeza.

Yuki no pudo evitar esbozar una hermosa sonrisa, enternecida por las curiosas reacciones que podía tener su amante. Así, terminó de devorar su desayuno y, consiguientemente, fue junto a Shuichi a inspeccionar las "faenas". Sin embargo, cuando llegaron al salón de baile, se encontraron con un roñoso papel estampado en la puerta con una gran advertencia: "NO ENTRAR". Lo anecdótico es que debajo de ello y escrito con letras pequeñitas, se leía: "en especial, Yuki y Shuichi".

La mirada del rubio se descolocó ante el mensajito, pero ni modo, no tenía más opción que esperar hasta la hora de la boda y, ahora que lo pensaba, sólo quedaba una hora para ello y él ni siquiera tenía previsto qué se pondría. Por otro lado, el fantasma miraba el papelito con la decepción a flor de piel, haciendo pucheritos y poniendo cara de cachorrito con la esperanza de que su amado no hiciera caso a la dichosa advertencia y entraran a investigar qué tanto estaban haciendo allí dentro.

¡No es justo!— se quejó—. Yo quiero ver cómo está quedando—lloriqueó.

Lo sé, Shuichi, pero no se puede. Hagámosle caso al cartelito y esperemos a la ceremonia. De seguro los chicos están haciendo un gran trabajo—trató de convencerlo.

Pero ¿por qué lo están haciendo en el salón de baile? ¿No hay otro lugar?

Mmm… Parece que no. Recuerda que la sala de música está destruida— le recordó.

Es cierto. Todo por culpa de Klaude— rememoró con cierto dejo de tristeza, aunque en sus palabras se podía notar cierta rabia contenida. Jamás olvidaría que su preciada sala había sido cruelmente masacrada por ese fantasma destructor.

Mejor vamos a alistarnos— sugirió, haciendo ademán de irse.

¡Pero, Yuki! Yo quería que practicáramos el vals de los novios. —El rubio se atragantó con su propia saliva ante la ocurrencia de su pequeño espíritu errante—. Tenemos que ensayar, sino terminaré pisándote o nos caeremos o qué sé yo— continuó.

Shuichi… ¿Eres consciente de lo que me estás diciendo?— El pequeño le miró confundido, sin entender a qué se refería el rubio— Recuerda que tú flotas, hay cero posibilidades de que me pises y viceversa. Además, tendría que estar loco como para pretender bailar "vals". ¡Ni siquiera sé bailar! Así que mejor, olvídalo.

Pero, Yuki— exclamó, amenazando con armar un berrinche.

Nada de peros. ¡Olvídalo!

Un tanto airado, el mayor se alejó del lugar dispuesto a subir por las escaleras hasta su habitación. En poco más de media hora se casaba de forma ficticia con su lindo fantasma de cabello rosa y, por lo tanto, no estaba dispuesto a seguir discutiendo por un estúpido "vals". ¡Ni siquiera sabía que existía un baile llamado así!

Suspiró resignado adentrándose en su habitación, cerrando la puerta tras de sí, sin advertir que el pequeño fantasma venía detrás de él haciendo pucheritos, pero como no habían posibilidades de que el menor chocará con la puerta, simplemente la traspasó.

¿Qué harás, Yuki?— le dijo abrazándole por la espalda.

Voy a cambiarme para nuestra boda, así que deberías hacer lo mismo— le informó con tranquilidad—. Ya no queda mucho tiempo para ello.

Bueno… me voy…— dijo apenado devolviéndose, mientras se desvanecía camino a la puerta, sin darle tiempo a Yuki para detenerlo

Pero ¿qué le pasa a ese niño?— se preguntó confundido, pero luego, prefirió ignorar las palabras del niño y dedicarse a ponerse guapo para su boda ficticia.

Así, llegó el medio día. Todo estaba listo para celebrar la grandiosa "boda", incluso, la servidumbre tenía listo el banquete que se serviría a los "invitados". El salón de baile estaba hermosamente decorado con ramilletes de flores por doquier, sillas dispuestas de forma horizontal dejando un pasillo al medio, una mesa al final del pasillo con un mantel blanco y un libro y, por última, otras cuantas mesas por lo alrededores, con champaña, vasos y canapés.

Los invitados, o bien, los cazafantasmas, Noriko, Tatsuha, Ayaka y las sirvientas; estaban en sus puestos respectivos esperando a que ingresaran los novios, mientras Williams estaba tras la mesita, pues sería quien oficiaría la boda.

Yuki ingresó elegante y soberbio, vestido con un fino traje negro y una camisa blanca. Sus cabellos rubios caían de forma ordenada y parsimoniosa, mientras sus ojos gatunos observaban el trabajo hecho por su hermano. Llegó junto al altar con un poco de nerviosismo, esperando impaciente a que su pequeño llegara, rogando que no demorara tanto para dar comienzo a la ceremonia.

Hermano, te ves genial— exclamó el moreno a modo de recibimiento, dándole un fuerte abrazo como felicitación—. ¿Estás nervioso?

Un poco… Me transpiran las manos—comentó

Tranquilo, de seguro Shuichi ya debe estar por venir. Noriko dijo que estaba listo para bajar— le informó

Quiero que esto termine pronto— contestó observando su alrededor con ansiedad— Hicieron un buen trabajo

Gracias, ni te imaginas todo el jaleo que armamos para que quedara decente, además, tuvimos que "sobornar" a Williams para que oficiara como ministro de fe— comentó con gracia, riéndose al recordar todo lo que habían pasado para preparar la ceremonia.

Un suave murmullo junto a algunos gritos y risas, alertaron a los hermanos dándoles a entender que el novio hacía su gran entrada. Ambos herederos voltearon a mirar y la sorpresa que se llevaron, por lo menos para el rubio, fue bastante impactante, más bien, desagradable. ¡¿Qué diablos hacía Shuichi metido en un vestido de novia?

La mirada de Eiri se descolocó y su quijada prácticamente se desencajó. ¿Era un sueño, cierto? ¿O tal vez, una mala broma?

Shuichi volaba radiante y a paso lento por el largo pasillo hasta el altar improvisado, mirando todo con los ojitos emocionados, irradiando una felicidad tan grande e indescriptible, que inundaban la habitación completa. Si había algo que Eiri debía aceptar, era que, a pesar del vestido, Shuichi se veía hermoso, parecía un ángel, pero no, eran un fantasma dentro de un vestido de novia, bromeó para sí de forma mental, mientras en sus labios se formaba una mueca de desagrado.

Ni pienses que me casaré contigo vestido así— le advirtió una vez que el pelirrosa llegó a su lado, apuntándole de forma despectiva.

¿No te gustó mi sorpresa?— le preguntó con los ojos llorosos amenazándole con hacer un berrinche de proporciones colosales, mientras hacía pucheritos y su cara mostraba decepción.

¡Quítate eso de inmediato, Shuichi! Te lo advierto.

Pero Yuki… Yo pensé que te gustaría…—lloriqueó.

¡Pensaste mal! Yo no me voy a casar contigo si no te sacas ese estúpido vestido de novia. —La voz del rubio sonaba realmente molesta.

Pero…— intervino con la voz quebrada, suspirando suavemente para luego dejar escapar un sollozo.

Pero nada. ¡Olvídame!— le gritó molesto, dispuesto a irse del salón. Sin embargo, la mano del pequeño lo retuvo.

Está bien… Ya vengo…— susurró entristecido, quedando cabizbajo, para luego, desvanecerse.

Las miradas de odio de los invitados se posaron sobre el rubio, generando un aura negra y pesada a su alrededor, como si se tratara de una densa nube oscura cargada de lluvia. Todos le recriminaban su fría actitud hacia el fantasmita, quien, sin duda, lo único que pretendía con el dichoso traje, era agradarle a su novio. A más de alguno se le cruzó por la mente que Yuki debería arder en las llamas del infierno por toda la eternidad, por hacer a llorar a la pobre alma vagabunda.

Ignorándoles olímpicamente, Eiri se hundió en sus pensamientos esperando que su niño recapacitara y decidiera usar un traje de novio más decente, porque el modelito que el fantasma se había puesto no le había gustado para nada. Debía admitir que el vestido era lindo, pero Shuichi era un niño, un hombre y, por ende, debía vestirse como tal. Yuki acababa de descubrir que odiaba a los travestis.

¿Te gusto más así?— se escuchó de pronto la voz de Shuichi, quien posteriormente, apareció de la nada en medio de la sala, modelando un traje de novio de color blanco.

Yuki quedó estupefacto. Shuichi se veía realmente hermoso, pues el traje resaltaba aún más su belleza natural. Es decir, si desnudo ya era lindo, con ese trajecito que destacaba perfectamente su fina figura, se veía simplemente apolíneo. Eiri se había quedado mudo ante aquella visión casi celestial.

El traje consistía en unos pantalones cortos de color blancos que le llegaban a la rodilla; una camisa blanca con vuelos en las mangas que dejaba al descubierto casi la mitad de su pecho y; sobre ella, se ceñía una chaqueta, la cual formaba una especie de vestido a la altura de las caderas, llegando hasta el suelo. Tenía dos filas de 3 botones plateados cada una, portando en el borde de la solapa tres rosones blancos. Sus pies estaban cubiertos por unas botas con tacones que le llegaban a media pantorrilla y, por último, sobre su cabeza, había un sombrero tipo fedora- también de color blanco- con tres rosas blancas de tela dispuestas a un solo costado y, además, un pequeño velo de tul que le cubría la mitad del rostro.

¿Ya podemos empezar la boda?— preguntó el mayordomo, cansado de estar de pie. Eiri salió de su sopor de inmediato y, así, medio nervioso asintió. Shuichi se acercó a su lado, sonriendo satisfecho debido a la gran impresión que le había dado a su novio, pues el traje de novia que había utilizado era sólo una broma que le tenía preparada.

Yuki, soy feliz— le susurró, cogiendo con suavidad la mano de su novio. Éste sólo sonrió.

Bien, daremos comienzo a la unión en matrimonio del señor Eiri Uesugi y el señor Shuichi Roseville— anunció Williams, improvisando.

Williams— llamó Yuki— ¿Podrías adelantarte todo el sermón y pasar directamente a la parte en que decimos "sí, acepto"?— preguntó inquieto

Pero Yuki. ¿Cuál es el apuro?—reclamó el menor— Deja que Williams haga la ceremonia. Por último, deja que pregunte si alguien se opone a nuestro matrimonio

Sí, claro, como si alguien se fuese a oponer— dijo con ironía. Shuichi bufó.

Entonces—prosiguió el mayordomo—, si alguien se opone a esta unión, que hable ahora o calle para siempre—sentenció.

Un silencio algo incómodo se apoderó la sala, pero no por las palabras del anciano, sino que porque una extraña fuerza escalofriante y, curiosamente, conocida por todos, había inundado el salón. Los invitados y los novios se miraban confusos, buscando el origen de aquella energía y, por supuesto, mirando por si alguien se atrevía a interrumpir la boda. Al ver que nadie decía nada, Williams se dispuso a continuar, sin embargo, fue interrumpido por una voz.

¡DETENGAN ESTA FALSA BODA!—exigió la voz de un hombre, la cual, por alguna razón, se le hacía muy familiar a Shuichi

¡Pero qué rayos!—exclamó el rubio volteándose a ver quién había sido. Y allí lo vio, a la entrada del salón de baile.

¡¿Klaude?— articuló el fantasma estupefacto— ¿Klaude eres tú? Pero, ¿cómo?— preguntó. Los invitados se voltearon a ver al recién llegado, quedando tan sorprendidos como Shuichi ¿Qué hacía el fantasma de Klaude de regreso? ¿No se había ido?

My Lord, no te cases con Mister Yuki—le pidió, acercándose al otro fantasma

Pero, Klaude ¿Qué haces aquí? ¿Creí que te habías ido?— preguntó el pelirrosa

Es una historia muy larga, pero en parte, no podía perderme vuestra boda— dijo dedicándole una sonrisa a Shuichi

¿Eh? Decídete, Klaude. ¿Quieres que me case o no con Yuki?— preguntó notando la evidente contradicción.

Pues, acabo de decidir que dejaré que te cases con Mister Yuki, al fin y al cabo, lo nuestro se acabo y tanto tú como yo, ya tenemos nuevas parejas— reflexionó, guiñándole un ojo a Hiro, quien, de inmediato, se sonrojó.

Bien, reanudemos la ceremonia.

Williams ignoró lo sucedido y continuó con el discurso y, así, tras la repentina interrupción de Sir Winchester y, luego de que ambos novios dijeran "Sí, acepto", sellaron su unión con un apasionado beso, el cual fue abiertamente ovacionado por los presentes.

Tras la emotiva ceremonia, las sirvientas se dispusieron a servir el banquete, repartiendo bocadillos mientras se preparaba la mesa para almorzar.

Shuichi no cabía en sí de la emoción y daba vueltas por la habitación diciendo un montón de cosas difíciles de entender. De tanto en tanto se arrojaba a los brazos de Yuki y daba vueltas con él, pero en vista de que al rubio no le hacía mucha gracia, el pequeño decidió dejar de hacer eso y se quedó tranquilito junto a su novio.

Todo era felicidad en el castillo Roseville, pero demás está decir que pronto las cosas darían un nuevo vuelco y, por ahora, lo que más incomodaba a los personajes era el porqué Sir Winchester había vuelto. Como era de esperarse, no se quedarían con la duda, así, apenas terminó el banquete, Shuichi-con la ayuda de los cazafantasmas- amarraron a Klaude a una silla, empezando con una suerte de interrogatorio, en medio d el sala de música.

Explícame qué rayos está pasando, Klaude. ¿Por qué volviste?— preguntó Shuichi en tono enojado

¿No te alegra verme, My Lord?— inquirió en tono dramático—. Y yo que tenía tantas ganas de volver a verte después de todo lo que dijiste frente a mi tumba—continuó.

¡¿Qué? ¿Escuchaste todo lo que dije?

Por supuesto, My lord. Por eso volví— respondió

No me mientas, Klaude— bufó molesto

Está bien, les contaré lo que pasó—dijo resignado, mientras Shuichi daba un bufido en señal de aprobación—. Yo no tenía intenciones de volver, pero cuando llegué a la sala de espera del cielo, el ángel me negó la entrada y me dijo que no podía entrar porque aún tenía algo pendiente. Así que me envió de regreso. — Los presentes le miraron perplejos, en especial, el pequeño de pelo rosa, quien no podía creer en lo que Klaude había dicho.

¿No puedes inventar algo mejor?— le preguntó de forma acusadora, presuponiendo que el rubio le estaba mintiendo.

Pero esa es la verdad, My Lord. Me dijeron que debo ayudarte a encontrar tu cuerpo, porque yo puedo servir mucho en la búsqueda— dijo en tono serio, demostrándole a su ex esposo que no se trataba de ninguna broma.

La sala se sumió en el silencio y un frío intenso los envolvió de forma inexplicable, produciendo un escalofrío en cada uno de los presentes que aún tenían la suerte de conservar sus vidas.

¿Qué les parece si dejamos a los novios solos?— sugirió Noriko— De seguro quieren pasar un rato solitos. — Shuichi se sonrojó ante el comentario de la mujer.

Si, es verdad. Al fin y al cabo, ya es tarde. — Tatsuha se dispuso a retirarse a su habitación y, así, uno a uno, los invitados se iban yendo, mientras Shuichi seguía discutiendo con Klaude por el asunto de su "nueva misión".

Jefecito— llamó la pelilila dirigiéndose al rubio—, ya tengo listo lo que me pidió.

Perfecto, ¿crees que funcione?— Yuki le miró un tanto indeciso.

Lo dudo, pero no perdemos nada con intentarlo. Además, he estado averiguando diversas maneras y he encontrado muchas cosas, pero hasta ahora no hay registros de hayan funcionado— le informó

Sigue buscando, Noriko, porque tengo que el presentimiento de que Shuichi se irá pronto

Descuide, haré todo lo que pueda. — Noriko sonrió de forma fraternal, para luego entregarle al rubio un pequeño frasquito que contenía un líquido verdoso—. Suerte— le dijo antes de marcharse también.

Shuichi, ya deja a Sir Winchester y vamos a dormir— le ordenó viendo con una gotita en la frente cómo Shuichi estrangulaba al rubio fantasma para sacarle la verdad del porqué y cómo había vuelto.

¡Ya voy, mi amor!— respondió en tono meloso, tras soltar y empujar al otro fantasma.

Así, bajo la mirada de un aturdido Klaude debido a los constantes zamarreos a los que fue sometido, la parejita de recién casados -aunque de forma ficticia- subió hasta su nido de amor, para disfrutar de lo que sería su magnífica noche de bodas.

Con Shuichi en brazos como es la tradición, Eiri ingresó a su dormitorio admirando sorprendido la decoración que las sirvientas habían hecho a pedido de su hermano menor. La habitación estaba iluminada sólo con velas aromáticas, en el suelo se apreciaba un camino de pétalos rojos y blancos y, por último, sobre la cama, se dibujaba un corazón con pétalos rojos.

El fantasma observó su alrededor totalmente maravillado con lo que veía, sus ojitos brillaban de forma intensa con evidente emoción, conmovido por todas las molestias que su actual esposo se había tomado, con el único objeto de hacerlo feliz. Lo cierto, es que lo había logrado satisfactoriamente, con lo que el fantasma le estaba muy agradecido, tanto así que creía que después de tener un día tan lindo como aquel, podría subir al cielo en completa paz.

Gracias…— susurró aferrándose al aterciopelado cuello de su rubio esposo—. Hoy me has hecho muy feliz…

No tienes que agradecerme. Soy capaz de hacer muchas cosas más por ti— expresó sin pensar siquiera en lo que estaba diciendo. Esas palabras salieron de lo más profundo de su ser. Shuichi le contempló emocionado, mientras el rubio lo depositaba sobre la cama.

Yuki…—susurró sonrojado.

Quiero que esta noche sea inolvidable para ti, para que te lleves un lindo recuerdo de mí…

No, no digas eso, Yuki. Yo no me quiero ir… No quiero irme ahora que soy tan feliz…— dijo en tono de ruego, aferrándose a la camisa del rubio, mientras el bello traje de novio que traía Shuichi desparecía y, la camisa de dormir que siempre llevaba, reaparecía—. Yo quiero quedarme a tu lado para siempre…

Shu…— Eiri se sentó a su lado y le miró con lástima— Tú no eres de este mundo y, lo mejor para ti es que te vayas, aunque me duela…

Pero… Yo no quiero dejarte… Entiendo que debo irme porque no pertenezco a este lugar, pero yo te amo. Quiero estar contigo para siempre…— le suplicó

Lo sé. Yo también quiero estar contigo, pero no se puede. Y aunque no quieras volver, yo haré todo lo posible para que vayas al cielo— le dijo con suavidad, mientras acariciaba la mejilla del fantasma— Te amo…

Los finos labios del rubio se unieron a los dulces labios de Shuichi, mientras sus brazos se entrelazaban tras sus espaldas. Sus lenguas se rozaban juguetonamente haciendo que el beso fuera cada vez más profundo, mientras que un agradable calor invadía sus cuerpos, subiendo por sus pechos para luego bajar hasta sus zonas íntimas. Sin embargo, Eiri detuvo el roce de improviso y su mirada se unió a la de Shuichi.

Espera, hay algo que quiero que tomes— dijo de forma seria buscando en sus bolsillos el frasquito que Noriko le había entregado.

¿Qué es, Yuki?— preguntó mirando con reticencia el líquido verdoso, haciendo una mueca de desagrado.

Le pedí a Noriko que investigara sobre la posibilidad de revivirte o algo parecido y, ella encontró una poción. No sabemos si funcionará, pero de todos modos, ¿quieres intentarlo?— explicó resumidamente, para terminar entregándole a su pequeño el dichoso frasquito con la poción. El fantasma le miró poco convencido, desviando sus ojos desde el frasco hasta el rostro expectante del rubio, en repetidas ocasiones, antes de por fin ingerirlo.

¡Qué asco!— exclamó arrugando la nariz en señal de rechazo. Eiri sonrió con gracia al ver que el líquido simplemente terminaba desparramado sobre la cama—. ¿Ya reviví?— preguntó tras unos segundos, como si esperara a que la poción surtiera efecto.

Creo que no— dijo en tono de decepción, aunque aquel resultado era más que esperable— Mejor sigamos en donde nos habíamos quedado…— insinuó acercándose peligrosamente al muchacho, hasta conseguir atrapar los carnosos labios del espíritu.

Eiri… Hazme tuyo…— susurró un tanto agitado, dejándose caer de espaldas sobre la cama, mientras el rubio recorría su cuello dejando un imperceptible camino de saliva.

¿Dónde quedó el virginal doncel que se negó a hacer el amor conmigo la noche anterior?— preguntó sarcástico, esbozando una sutil sonrisa, sin dejar de lado su tarea de besar y morder la aterciopelada piel expuesta.

Ahora… es… distinto. Somos esposos… Puedes… hacerme… lo que… quieras…— dijo con dificultad, debido a que respiración comenzaba a ser más errática.

¿Lo que yo quiera?— preguntó, deteniendo sus labores para encarar al de pelo rosa. Shuichi asintió tímidamente, logrando que Eiri sonriera con cierto dejo de malicia.

Su pervertida cabecita ya había maquinado toda un sesión de tortura y, ya que el fantasmita se le ofrecía en bandeja, lo aprovecharía a toda costa. ¡Manos a la obra!

Eiri se separó del pequeño indicándole que se quedara tal cual, mientras él, revolvía el cajón de la mesa de noche, buscando algo que le pudiera ser de ayuda. En vista de que no encontró nada que le sirviera, se decidió a quitarse la chaqueta, la corbata y la camisa, utilizando la fina tira de tela para amarrar las muñecas del pequeño al respaldar de la cama.

No va a funcionar— le advirtió percibiendo las intenciones de su esposo, sin conseguir que el rubio le hiciera caso—. Puedo "desatarme" si quiero— le dijo una vez que sus manos quedaron bien atadas a la cama—. Mira.

Como si nada, Shuichi traspasó la tela de la corbata y sus manos quedaron libres, demostrándole a su esposo, que sus advertencias eran reales. Yuki bufó medio decepcionado, maldiciéndose mentalmente por no recordar que la "cosa" frente a él era un genuino fantasma y no una persona de carne y hueso como él.

Entonces, procura no desatarte— le recomendó, mostrándole una sonrisa fingida y media malvada, a lo que el pequeño asintió asustado. Su Yuki a veces daba miedo.

Tras asegurarse de que su fantasma no se desatara de nuevo, el rubio continuó con su tarea. Besó apasionadamente los labios de Shucihi y, luego, bajó por su cuello con suavidad, mordiendo y chupando la piel a su paso. Con algo de brusquedad, se deshizo de la camisa de dormir de su pequeño, dejando al descubierto todo su frágil cuerpo y, enseguida, se abalanzó sobre él para atrapar con sus dientes una de las sonrosadas tetillas.

El fantasma se retorció arqueando suavemente la espalda, dando un quejido reprimido en muestra de excitación. El rubio, con su mano, jugueteó con una tetilla, dejando por mientras, que con sus besos, lamidas y mordidas la otra se pusiera erecta. Una vez que lo logró, bajó por el abdomen del muchacho depositando pequeños besos, deteniéndose en el ombligo para meter la lengua con la clara intención de causar a su niño un agradable cosquilleo. Shuichi soltó una risita tímida, moviéndose inquieto, tratando de que su esposo se alejara de su ombligo y siguiera adelante.

Las grandes manos de Eiri delinearon el fino cuerpo del menor llegando hasta los muslos, los cuales masajeó suavemente, repartiendo besos en toda la extensión, deleitándose con los suspiros que se escapaban de los labios de su fantasma.

Ah… Yuki… por favor…— pronunció con la voz entrecortada, moviendo sus caderas de forma sugerente para que su esposo atendiera a su semierecto miembro.

¿Qué es lo que quieres, "amor"?— preguntó de forma burlona, haciéndose como el que no había entendido el mensaje.

Yuki… No seas malo conmigo…— rogó notando los rastros de maldad que había detrás de la pregunta— Sólo hazlo…

Pero si no me dices qué quieres, no lo puedo saber— respondió de forma inocente

No lo diré…

Entonces, no lo haré— dijo, haciendo ademán de levantarse, pero Shuichi le detuvo, envolviendo sus piernas en la cintura del rubio.

Por favor, Eiri… Hazme… sexo oral…— pidió apenado, sintiendo sus mejillas arder. La vergüenza que sentía le obligó a esconder su rostro entre la almohada y su axila, para que así, su esposo no viera el rubor en sus mejillas.

Shuichi a veces podía ser tan adorable, que Yuki se creía incapaz de poder negarle algo a su fantasmita, por lo que aquella reacción que el niño había tenido al pedirle algo "indecente", había enternecido el corazón del rubio. Accedió en seguida, sonriendo con satisfacción, mientras bajaba lentamente hasta quedar frente a la prominente erección del chico.

Pasó su lengua por la punta, de forma juguetona, repitiendo el mismo acto varias veces, para luego atrapar la rosada punta con los labios y, así jugar con ella. Besó la extensión con delicadeza, disfrutando encantado los suaves gemidos que emitía el pequeño, metiendo el miembro en su boca hasta el tope, con una angustiante lentitud. Así, comenzó el vaivén, subiendo y bajando con agilidad, dejando un notorio rastro de saliva en la piel.

El fantasma se retorcía de placer, cerrando los ojos con fuerza para darse un mayor disfrute, procurando a la vez, no desatarse. Sus labios hinchados y entreabiertos dejaban escapar numerosos suspiros y gemidos sugerentes, pronunciando, a veces, cosas inentendibles, causándole gracia a su esposo. A Eiri le encantaba tener a su niño en ese estado de éxtasis, era algo adictivo.

Después de varias lamidas, la esencia dulce del fantasma, inundó la boca del rubio, escurriendo también, a través del pene, hacia las sábanas.

Relamiéndose los labios de manera seductora y lasciva, Yuki fue en busca de su presa, para cazar los labios sonrosados del pelirrosa, besándolos con pasión mientras sus manos recorrían con necesidad, cada centímetro de piel expuesta. Su miembro dolía y rogaba por una atención urgente, así que el rubio se dispuso a preparar la entrada de su fantasma.

Una de sus manos se coló por el trasero de Shu, mientras él se entretenía besando los labios del rubio y, así un dedo previamente ensalivado se adentró en el estrecho orificio, causándole incomodidad al pelirrosa.

Tranquilo— le susurró al oído al notar la inquietud del pequeño, depositando un pequeño beso en sus cabellos rosas para distraerlo mientras metía un segundo dedo.

De este modo, la entrada del menor no tardó en dilatarse lo suficiente, por lo que tras unos cuantos segundos, Eiri ya estaba posicionándose entre las piernas de Shuichi. Éste, alzó las piernas para rodear al rubio por la cintura y así acercarlo a él, momento que su nuevo esposo aprovechó, para dirigir su miembro hacia el orificio del otro, empujando suavemente.

Ahh… Yuki…— gimió al sentir el duro miembro de su esposo abrirse paso dentro de él.

Tranquilo, Shu… Ya casi entra toda— avisó, acercándose para besar los labios de su niño y, así poder entrar completamente.

Una vez que el espíritu se hubo acostumbrado a la invasión, Eiri comenzó a moverse lentamente de forma que su miembro entrara y saliera de aquel orificio, disfrutando plenamente de la calidez que le envolvía. Shuichi gemía con los ojos entrecerrados, conteniéndose las ganas de abrazar a su rubio debido a las "amarras" (inútiles) que apresaban sus muñecas. Sin embargo, le había prometido a Yuki que procuraría no "desamarrarse", así que no le quedó más opción que quedarse en esa pose.

Yuki le sonreía con lascivia admirando el bello cuerpo del chico, deseando por un momento- de forma casi inconsciente- que su niño fuese de carne y hueso. ¿Qué podría hacer para que su deseo se volviese real?

Sus embestidas suaves fueron aumentando en intensidad y rapidez a medida que el placer que le inundaba le indicaba que tarde o temprano llegaría al clímax, aunque si fuera por él, desearía quedarse unido a su pequeño para siempre.

Su mano izquierda viajó por el pecho del pequeño acariciando sus tetillas, para luego bajar por el abdomen hasta tomar entre sus dedos, el desatendido miembro de Shuichi. Masturbándolo de forma errática, con movimientos ascendentes y descendentes de su mano, el fantasma se sintió invadido por una ola de sensaciones placenteras, como por ejemplo, un pequeño calorcito que viajaba por su tórax hasta su vientre.

Yuki… más rápido— pidió entre gemidos sonoros, mordiéndose el labio inferior para reprimir sus gritos de placer.

Eiri le hizo caso y aumentó aún más las embestidas, adentrándose profundamente en esa caliente cavidad, pasando a llevar deliberadamente aquel punto en el que Shuichi tocaba el cielo.

Aaahh… Yuki…— gimió de forma estruendosa.

Olvidándose de que sus manos estaban "atadas", Shuichi estiró sus brazos para atraer al rubio y así darle un beso apasionado y profundo, sintiéndose en éxtasis. Su respiración agitada chocaba con la nariz de Yuki causándole cosquillas y, éste, totalmente fuera de sí, besaba sus labios entre gemidos roncos y cohibidos, adentrándose fuertemente en aquella cavidad con cada embestida.

El clímax se estaba acercando y ninguno de los dos deseaba que ese momento acabase, anhelando estar así para siempre, si se pudiera. Las embestidas fueron aumentando y Eiri también aumentó la rapidez de las caricias al miembro de su pequeño, sintiendo que en cualquier momento tendría su tan anhelado orgasmo.

Yuki posó su cabeza en la frente de su esposo y así, se quedó esperando a que el orgasmo llegara.

El ritmo errático de las embestidas pronto llegó a su fin, ambos derramaron en conjunto su semilla, dando un sonoro gemido, acompañado del nombre del otro.

El semen del pelirrosa, empapó el abdomen del rubio y la mano de éste, mientras Yuki, liberaba su semilla en el interior del fantasma.

Tras el orgasmo se quedó quieto por unos segundos esperando que los espasmos se calmaran, para después sacar su miembro y recostarse junto a Shuichi sobre la cama.

Te amo, Yuki…— susurró, acurrucándose entre los brazos del rubio.

Te amo, Shuichi…— Yuki besó la frente del menor y le abrazó con cariño, aspirando suavemente el aroma de sus cabellos

Quisiera que esto no se acabará nunca…— le dijo después de varios segundos— Pero he sido tan feliz estos últimos días que, si me tuviera que ir ahora mismo, no me importaría… Gracias Yuki

No me lo agradezcas, amor… Yo también he sido muy feliz contigo…

Se miraron por unos segundos dedicándose recíprocamente una cálida sonrisa. Se besaron una vez más, y luego, se rindieron al cansancio y al sueño, durmiéndose profundamente hasta el día siguiente, el cual les aguardaba una jornada llena de sorpresas.

Continuará…