Holassss!

Aquí les dejo el último capítulo de este fic. Quiero agradecer sinceramente a cada una de las personas que siguió este fic y espero que les guste este final.

Muchísimas gracias a todas y nos vemos en otro fic!


Ghost Love: Epílogo

En una noche de invierno, en la habitación principal de la casa, un muchacho de cabellos rosados escuchaba ensimismado la fabulosa historia de amor que su amado rubio le estaba contando. Sus ojos de un color violeta contemplaban con emoción al hombre que, sentado en una orilla de la cama, acababa de terminar con su relato. Las manos del muchacho acariciaban por inercia su enorme panza de seis meses, mientras el otro hombre le observaba con cierto dejo de felicidad y ternura.

Desde que se enteraron del embarazo, el muchacho de cabellos rosas le había pedido a su esposo que le contara historias antes de dormir, porque había escuchado en un programa de televisión, que les hacía bien a los futuros bebés escuchar cuentos, pues eso los hacía más despiertos e inteligentes o, eso creía la "futura mamá".

Así fue como terminó inventando historias todos los días, sólo para complacer a su amado, aunque en realidad, él estaba tan contento con la llegada del bebé que no importaba lo que tuviera que hacer con tal de tenerlo pronto entre sus brazos.

Ahora que lo pensaba con detenimiento, prácticamente había sido obligado a realizar esas sesiones de Cuentacuentos. Su amado esposo lo había molestado tanto y durante tantos días, que había terminado por ceder a sus caprichos.

Y ahí estaba, con una nueva historia que acababa de relatarle, claro que ésta vez se trataba de algo especial: una historia real, cuyos protagonistas eran ellos mismos y, aunque fuera demasiado obvio, el rubio estaba sorprendido de que su esposo no se hubiese dado cuenta de ello. ¡Ni siquiera se había tomado la molestia de cambiar los nombres! Pero daba igual, su esposo no había reparado siquiera en que los había utilizado a ellos mismos para la historia.

—¡¿Y qué pasó después?—preguntó emocionado y con los ojitos brillosos, al notar que el rubio se había quedado callado por mucho tiempo.

—Ya te dije, vivieron felices por siempre—respondió de mala gana, mirando la hora de reojo. Ya casi era media noche.

—¡¿Y qué pasó después?—volvió a preguntar con la misma emoción, como si no hubiese escuchado la respuesta de su esposo.

—¿Fin?—dijo en un tono que parecía ser más una pregunta que una respuesta.

—¿Fin? ¡Ay, no! Invéntate algo mejor ¿Cómo vas a dejarlo ahí?—se quejó a modo de protesta, ya que la historia le había cautivado tanto que deseaba saber qué había pasado con los demás personajes, pues el final que su esposo le había contado le dejó con gusto a poco y con muchas dudas por responder.

—Ya es hora de dormir. Si quieres lo dejamos para mañana. —Su voz algo autoritaria no hizo disminuir los ánimos del muchacho, quien de forma amenazante comenzó a intentar caritas de cachorrito y pucheritos de diversa índole. Si no le daba el final que él le pedía, armaría un escándalo de proporciones descomunales. Para su mala suerte, su esposo era inmune a esos berrinches.

—Escúchame bien, Eiri Uesugi. Si no te inventas un final mejor en este preciso momento, ¡juro que arrojaré tu preciada laptop por la ventana!—amenazó.

—Hazlo—respondió despreocupado, pues tenía todos sus archivos cuidadosamente respaldados. Tratándose de su esposo, eran precauciones que debía tomar muy a menudo. El chico se indignó e, inmediatamente, inventó una amenaza mejor.

—¡Juro que cortaré en pedacitos "Mini Yuki"!— chantajeó haciendo referencia al miembro viril del rubio.

—No te atreverás…

—¡Juro que…que me haré un aborto aquí mismo!

—Ya déjate de estupideces—le dijo hastiado de tanto juramento.

—Entonces, ¿qué pasó después?—preguntó por enésima vez, saboreando dulcemente la victoria. Sabía que su esposo tarde o temprano se aburriría de su verborrea.

—Mmm...… Déjame pensar un poco—pidió meditando, pues si bien sabía perfectamente lo que había sucedido "después", necesitaba buscar una manera de narrarlo que fuera apropiada.

—Eiri, me está dando sueño, apúrate—le exigió bostezando exageradamente.

—Está bien, ¿por dónde quieres que empiece?—preguntó dándole a entender que no estaba muy dispuesto a continuar la historia y que, por ende, prefería sólo resolver sus dudas.

—¿Qué pasó con Klaude y Hiro? ¿Se enamoraron otra vez? ¿Qué pasó con los demás? ¿Siguieron viviendo allí? ¿Tatsuha y Ryuichi se casaron? ¿Arreglaron la sala de música? ¿Shuichi pudo recordar a Yuki? ¿Yuki pudo publicar alguna novela? ¿Qué pasó con el estudio que estaban realizando Shuichi y Klaude? ¿Dónde está Ayaka?

—¡SUFICIENTE! ¡No hagas tantas preguntas a la vez!—le gritó exasperado. Sabía que el pequeño tenía dudas, pero lanzárselas todas a las vez era demasiado. Shuichi le miró asustado, pero al menos había conseguido que el rubio siguiera con la historia…

"Los nuevos huéspedes de Roseville causaron revuelo entre los demás. Todos estaban contentos con el regreso de los fantasmas, aunque ahora eran de carne y hueso como ellos; e incluso las sirvientas habían celebrado la llegada. Claro está que los nuevos visitantes no se enteraban de nada y, con cada minuto que pasaban allí, se hacía mayor la convicción de que todos los que allí vivían estaban locos.

Las cosas en el invernadero volvieron a la normalidad gracias a Tatsuha y Ryuichi, quienes tardaron varias horas en descubrir cómo tapar la entrada a los calabozos, pues ninguno de los dos era muy "ocurrente" y, precisamente por ello, no se les pasó por la mente la idea de devolver la manilla con forma de rosa a su lugar original. Yuki tuvo que asomar su nariz a la habitación y sugerirles la idea.

La primera mañana de los turistas en Roseville, fue bastante agitada. Todos querían compartir con ellos, por lo que el pobre dúo anduvo de arriba a bajo visitando distintos lugares del castillo.

Con los primeros rayos del sol, Shuichi y Klaude salieron de sus habitaciones y desayunaron con todos los huéspedes, entre ellos, Yuki, quien de vez en cuando, le dirigía miradas furtivas y cómplices al muchacho.

Tras el desayuno, se dedicaron a recorrer los jardines con Noriko y los cazafantasmas como guías, mientras Yuki se contactaba con un albañil que pudiera ir a arreglar la sala de música. Por supuesto que, para ello, necesitaba dinero, por lo que Tatsuha había sido el encargado de viajar hasta la ciudad para sacar dinero del banco, pues la herencia que su padre les había dejado, también contemplaba una cuenta bancaria con millones de libras esterlinas.

—¿A qué se dedican?—pregunto Klaude a los guías mientras caminaban por el laberinto del jardín, pues si no mal recordaba, Williams le había dicho que los herederos sólo eran los hermanos Uesugi, por lo que concluyó que esas personas estaban ahí de allegados o algo parecido.

—¡Somos los England Ghostbusters, no da!—exclamó Ryuichi.

—¿Y qué hace un grupo de cazafantasmas aquí?—Shuichi miró al trío con cierto dejo de confusión y curiosidad, pues si bien había hablado con Eiri sobre el fantasma de Lord Shuichi, aún se mostraba incrédulo.

—Es obvio, ¿no?—intervino el pelirrojo—. Eiri nos contactó porque al parecer el castillo tenía huéspedes del más allá—explicó con un tono medio sombrío, para ponerle un poco de misterio al relato— y, pues, encontramos a tres "aterradores" fantasmas.

—¡¿Aterradores fantasmas?—exclamaron los primos al unísono con cierto tono de sorpresa y espanto. Suguru y los otros observaron a Hiroshi a modo de reproche debido a la evidente exageración.

—Bueno, no eran tan aterradores—rectificó rápidamente al notar la mirada recriminadora de sus amigos—. De hecho, el fantasma de Lord Shuichi era muy adorable, pero los otros fantasmas no eran tan simpáticos, aunque igual terminamos llevándonos bien—reflexionó, haciendo caso omiso a las expresiones atónitas de los turistas. Suguru optó por cambiar de tema y, así, los primos se quedaron con las ganas de saber sobre los dichosos fantasmas."

—¿Yuki, podrías apurarte un poco? Me das sueño—se quejó ante lo aburrido que comenzaba a hacerse el relato, exigiéndole al rubio un poco más de dinamismo. Eiri suspiró y, en seguida, continuó con la narración.

"Pasaron los días y, al final, los turistas terminaron quedándose en Roseville por dos semanas y, entre todos los habitantes del castillo, lograron hacer la investigación que necesitaban. Desde luego, durante todos esos días pasaron muchas cosas entre Shuichi y Yuki y, asimismo, entre Klaude y Hiroshi, claro que la relación de éstos últimos se dio de forma más lenta.

La sala de música seguía en reparaciones y, los albañiles calcularon que el lugar quedaría listo en un mes, así que la habitación seguía prácticamente clausurada. Afortunadamente, lograron rescatar varios instrumentos musicales y, debido a los trabajos, el amado piano de cola de Lord Shuichi, fue llevado a la sala de baile. Fue allí que un día de esas dos semanas, el joven de pelo rosa se topó frente a frente con el elegante instrumento.

—Ese piano perteneció a Lord Shuichi—informó la voz grave de Eiri, quien había entrado a la sala de baile al notar que la puerta estaba semiabierta.

—¿De verdad?—preguntó en tono incrédulo—, pero los pianos fueron inventados hacia el 1700, es casi imposible que él tuviera uno siendo que murió a los años después.

—Lo sé, pero su fantasma vagó por muchos años. En realidad, él nunca nos aclaró de dónde había salido. Sólo sabemos que le encantaba tocarlo y, en varias oportunidades nos deleitó con su talento musical. —Su voz suave y amigable se escuchaba con eco en la inmensa habitación, mientras Shuichi seguía sin entender cómo un fantasma podía tocar un piano.

—Cuando era niño solía tomar clases de piano. —Tomó asiento en el banquillo y se acomodó, para luego posar sus dedos en las teclas. Hizo algunas pruebas para ver la afinación y, luego, comenzó a tocar la primera melodía que se le vino a la mente. Eiri quedó impactado.

—Esa canción…—susurró mientras buscaba recordar dónde había escuchado aquella composición, hasta que, por fin, logró recordarlo: la melodía que el muchacho tocaba era exactamente la misma que el fantasma de Lord Shuichi le había dedicado hace unas semanas atrás—. ¿Esa canción la inventaste?

—¿Eh? Yo…No sé, sólo se me vino a la mente…¿Por qué?¿No te gustó?

—No, no es eso, es que…Lord Shuichi me dedicó esa canción…—El joven miró al rubio totalmente aturdido mientras analizaba sus palabras. Poco a poco, Shuichi comenzaba a convencerse a sí mismo de que él era la reencarnación del Duque de Roseville.

—¿Él te la dedicó?—preguntó confundido—. ¿Cómo puede ser eso?

—Ya te lo dije una vez. Lord Shuichi era un fantasma y vivía junto a nosotros en este castillo—explicó—. Él se enamoró de mí y, tuvimos una relación un tanto especial, incluso nos casamos "artificialmente". —Eiri miró a la nada con cierto dejo de nostalgia, añorando en silencio que el tiempo retrocediera para poder compartir otra vez con su amado fantasma.

—Los fantasmas no existen…—susurró consternado. Su corazón se retorcía de celos al notar la mirada enamorada del rubio. ¿Qué tan real era la historia que los huéspedes del castillo les habían narrado hace un par de días atrás?

—Yo creía lo mismo, hasta que le conocí…

—¿Aún lo amas?—preguntó con miedo, deseando que la respuesta fuera negativa, porque así, podría tener una oportunidad con aquel rubio que le robaba el aliento.

—Sí, te amo. —Eiri observó, con seriedad y atisbos de amor los ojos amatistas de su niño, quien, boquiabierto, le mostraba una expresión entre sorprendida y agradecida—. Aunque aún no lo creas, tú eres la reencarnación de mi fantasma y, ahora que eres de carne y hueso, no voy a dejarte ir…—susurró acercándose suavemente al muchacho que aún yacía pasmado.

Eiri cogió el rostro de Shuichi de forma tierna y, así lo elevó un poco, para poder darle un beso. Sus labios se rozaron con los del chico y, poco a poco, aquel tierno beso fue profundizándose más y más, hasta lograr que sus lenguas fuesen las protagonistas. El aire se les acababa, pero ninguno de los dos deseaba separarse, es más sólo se separaron breves segundos para poder respirar y, luego, continuaron besándose por largo rato.

—Espera…—pidió el muchacho mientras ponía sus manos sobre el pecho del rubio, buscando apartarlo—. No vayas tan rápido, apenas nos conocemos y, pues…Mínimo deberías invitarme a cenar o a salir por ahí, ¿no crees?—Shuichi se sonrojó y un tanto apenado, contempló el rostro desencajado del rubio, quien no podía creer lo que el menor le había pedido.

—¿Invitarte a salir o a cenar?—preguntó inconscientemente de forma incrédula, pero pronto, su expresión se suavizó y una dulce y tierna sonrisa, adornó su rostro. ¿La razón? Aquello le había recordado inevitablemente a su Shuichi fantasma, pues sólo a él se le ocurriría semejante idea. ¿Qué era eso de invitarlo a salir para poder besarlo o siquiera dar el siguiente paso?

—Claro… No soy un cualquiera para que me des besos y quieras intentar "otra cosa" sin antes conocernos bien. Por eso, al menos deberías invitarme a salir—explicó con cierto aire aniñado, mientras fruncía el entrecejo e inflaba sus mejillas infantilmente.

—Está bien, lo que tú quieras—dijo con tono resignado, curvando los labios en una sonrisa sutil."

—¡Qué lindo!—exclamó Shuichi apenas Yuki hizo una pausa—. Pero no entendí algo, Yuki. —Eiri le miró expectante, preguntándose qué rayos no había entendido—. ¿Shuichi sabe que es la reencarnación del fantasma?

—Claro, tonto. Eso fue lo que dije—explicó sin muchas ganas.

—No lo dijiste—rebatió.

—Sí lo dije. —Shuichi frunció el ceño con cierto enojo. Detestaba que Yuki creyera que siempre tenía la razón.

—Entonces, ¿cómo se enteró?

—¿Porque los demás se lo contaron?—respondió con cierta inseguridad en un tono de pregunta, esperando que ello contentara a su esposo. Sin embargo, en vista de que Shuichi le vio con cara de descontento, decidió contar detalladamente lo sucedido.

"Días antes de aquel encuentro en la sala de baile, en el que Shuichi inesperadamente conocía la melodía de una composición hecha por el fantasma, los turistas se embarcaron en la fabulosa aventura de conocer los misterios de Roseville. Para ello, dieron cita a todos los huéspedes para que en conjunto les explicaran todos y cada uno de los secretos que el castillo escondía; lo cual equivalía a contar toda la historia desde la llegada de Eiri y Tatsuha Uesugi.

Aquella noche y, tras la cena, los huéspedes de Roseville subieron a la biblioteca para dar comienzo a una sesión de historias de terror, o algo así se proponían hacer. Con el lugar iluminado por velas, varios platos con palomitas de maíz y sentados alrededor de la única mesa de la biblioteca, empezaron a relatarle a Shuichi y a Klaude todo lo que sabían sobre el Duque de Roseville y su fantasma.

—Entonces, según ustedes, ¿nosotros somos la reencarnación de ambos?—preguntó Klaude con sorpresa y cierto dejo de incredulidad.

—Así es—respondió Eiri—, no hay manera de que estemos equivocados.

—¿Y por qué no recordamos nada?—Shuichi se había quedado mudo hasta que decidió intervenir en la conversación—. Si somos ellos, deberíamos siquiera recordar algo…

—El ángel de la muerte nos dijo que para que ustedes volvieran a la vida, tendrían que perder sus recuerdos. Es por eso que no se acuerdan de lo que pasó—explicó Noriko.

—Me parece insólito—dijo Klaude aún incrédulo—. Es difícil de creer…

—Lo sabemos—dijo Tatsuha—. Pero para nosotros ya nada es difícil de creer. Después de todo por lo que hemos pasado estando aquí, ya nada es inverosímil.

—¿Tienen alguna prueba de lo que nos están diciendo?—preguntó Shuichi. Él creía gran parte de la historia a diferencia de Klaude, pero aún se le hacía un tanto fantástica. Los muchachos se miraron entre sí como preguntándose si acaso existían esas pruebas, pero Eiri se les adelantó.

—Sí, muchas—dijo de sopetón, mientras varios ojos sorprendidos se posaban sobre él. ¿En verdad existían esas pruebas?

—Entonces, muéstranoslas. —Shuichi le dirigió al rubio una mirada desafiante, la cual ni siquiera consiguió inmutar a Eiri, pero sí logró que éste se pusiera de pie y fuese en busca de algunas pruebas.

Bajo la atenta y estupefacta mirada de cada uno de los que allí estaban, Eiri rebuscó entre los cachureos abandonados de la biblioteca. Allí y, sin mayor esfuerzo, encontró el cuadro de Lord Shuichi, aquél que le había maravillado la primera vez que lo vio. Cogió el cuadro y volvió a la mesa, dejándolo caer en ella con cierto aire de impotencia.

—¡Míralo y dime a los ojos que no eres tú!—exigió con voz demandante, encarando al muchacho de ojos violetas, quien inmediatamente posó su mirada sobre el cuadro. ¡Era él! ¿Cómo podía ser posible?

—No puede ser…—susurró admirando estupefacto la pintura. En ella aparecía un muchacho igualito a él y, de hecho, hubiese creído que era él mismo sino fuera porque en una esquina yacía escrito el nombre de esa persona: "Lord Shuichi".

—Es igual a ti—dijo el rubio de pelo largo, mirando el cuadro y a su primo de forma alternada.

—¿Y bien? ¿Te convenciste?—preguntó Yuki con altanería. Shuichi no respondió, por lo que Eiri decidió ir en busca de otra prueba: la fotografía de su padre, aquélla en la que aparecía el fantasma de Shuichi.

—Es imposible…—dijo consternado una vez que la foto llegó a sus manos. Klaude también la observó sorprendido.

—Mi padre junto al fantasma de Lord Shuichi—señaló el rubio, mientras los primos miraban la foto.

—Pero…¿Qué hay de mí?—preguntó Klaude, clavando sus ojos azules en los dorados de Eiri.

—No tengo imágenes tuyas…pero es posible que los cazafantasmas hayan captado algo con las cámaras que estaban instaladas—explicó Yuki.

—¡Es cierto!—exclamó Hiroshi—. Aún tenemos las cámaras instaladas, de seguro captaron algo.

—¡Sí, no da! Estaban encendidas cuando peleamos con Sir Winchester—recordó con entusiasmo.

Fue así que tras revisar las grabaciones hechas por las cámaras, encontraron registros de lo sucedido en la sala de música. En las imágenes se podía apreciar perfectamente la figura del fantasma rubio e incluso, aparecía la otra fantasma cuyo paradero era desconocido.

Tras ver todas y cada una de las imágenes, no quedaron dudas de que los primos eran las reencarnaciones de los fantasmas."

¡Genial! Había olvidado completamente que estaban las cámaras—exclamó emocionado.

—Yo también…—susurró para sí, agradeciendo el haber recordado que las cámaras habían estado instaladas, pues de lo contrario, no habría podido probar la existencia del fantasma de Sir Winchester.

—Pero Yuki, ¿qué hay de Klaude y Hiro?—preguntó con interés.

—Pues… Klaude desde el principio se sintió interesado por Hiro, pero éste último era un poco escurridizo, por lo que empezaron por conocerse lentamente—explicó, acariciando suavemente una pierna del menor.

—Entonces… ¿se enamoraron?

—Claro, pero tuvieron un romance muy largo y, por supuesto, Klaude era el que siempre andaba detrás de Hiro…

"A los días después de aquella sesión en la biblioteca, Klaude decidió entablar una pequeña conversación con cierto cazafantasmas de pelo rojizo. El hombre tenía sus dudas acerca de sus sentimientos y de lo que había pasado entre ellos cuando él era fantasma, por lo que sentía la necesidad de saber de primera fuente lo sucedido. Lo que más le tenía intranquilo eran los motivos por los cuales, Hiro, había arriesgado su vida junto a Eiri para traerle de regreso, pues eso le hacía pensar, que algo había ocurrido entre ellos. Pero de ser así, ¿por qué el muchacho no le había dicho nada?

Si no mal recordaba, Eiri le había confesado su amor a Shuichi el primer día que llegaron—o eso le había contado su primo—, lo que llevaba a Klaude a dudar aún más, pero aunque el cazafantasmas no sintiera nada por él, no perdía nada con intentar conquistarlo o reconquistarlo. Debía admitir que Hiroshi le atraía…

Así, aquel día decidió "secuestrar" al muchacho y llevarlo a comer por ahí, claro que no fue tan fácil como pensó, pero de todas maneras, logró sacarlo a pasear, inventando la excusa de querer saber más acerca de su trabajo como cazafantasmas. Por supuesto que a Klaude poco le importaba aquél tema, pero no se le ocurrió nada mejor. Sin embargo, para desgracia del rubio, el joven era más astuto de lo que aparentaba y, pronto descubrió sus verdaderas intenciones.

—¿Para qué me trajo aquí, ex Señor Fantasma?—dijo el muchacho observando su alrededor, mientras sorbía un poco de jugo. Klaude lo había llevado a un pequeño restorán junto a una avenida bastante concurrida.

—Pues, ya te lo había dicho, ¿no? Quiero saber algunas cosas sobre tu trabajo—mintió con una suave sonrisa en los labios.

—Eso no es cierto, yo sé que usted no cree en fantasmas—dijo—. Además, ¿para qué se tomaría tantas molestias de traerme hasta aquí?

—Está bien—suspiró—. La verdad es que te traje aquí porque quiero hacerte unas preguntas…sobre nosotros

—¿Nosotros?—Hiro le miró confundido. Klaude asintió.

—Ya sabes…Tú y yo tuvimos "algo" cuando era fantasma, ¿no es así?—preguntó con voz casual, esperando no parecer ansioso.

—Que yo sepa, eso fue únicamente unilateral, esto es, de usted hacia mí—explicó suavemente, para luego darle otro sorbo a su jugo. El rubio le contempló confundido y, como no tenía recuerdos de cuando fue fantasma, no sabía si creer o no lo que el muchacho le contaba—. Era usted el que andaba detrás de mí todo el tiempo.

—Entonces, ¿por qué me trajiste de regreso? ¿Por qué fuiste al infierno junto a Eiri?

—Yo... —Hiro se quedó mudo. Eso había sido un golpe bajo. ¿Qué le respondería?—. Yo sólo quería ser útil...—mintió. Klaude alzó una ceja para hacer notar su incredulidad. ¡¿Quién podría creer eso? Es decir, nadie arriesgaba su vida en el infierno sólo por sentirse útil, ¿o sí?

—No seas mentiroso, my little ghostbuster. —Hiro alzó la vista con asombro. ¿Cómo le había llamado?

—¿Cómo me llamaste?—preguntó para asegurarse de que no había escuchado mal.

—My little ghostbuster—repitió, sin entender la sorpresa del muchacho—. ¿Por qué? ¿No te gusta?

—No es eso…Es que el fantasma de Sir Winchester me llamaba así…—susurró consternado—. Entonces, es verdad que tú eres su reencarnación…—Hiroshi observó los ojos azules del rubio con cierto dejo de felicidad. Klaude le sonrió complacido, entendiendo a la perfección los ocultos sentimientos del chico.

—Yo te gusto, ¿verdad?—preguntó de improviso, pero antes de que el pelirrojo pudiese contestar, agregó—. Si no fuese así, no te hubieras arriesgado, mi pequeño Hiro.

—¿Y qué pasa si digo que sí?

—Me harías muy feliz, porque tú me gustas mucho desde que te vi aquel día que llegué a Roseville y, estoy seguro de que el fantasma de Sir Winchester te amaba—dijo con voz conciliadora, mientras sus ojitos brillaban intensamente—. ¿Te gustaría "salir" conmigo?

—Yo…—dijo sin saber qué responder, pues si bien debía aceptar que Klaude le resultaba atractivo e, incluso, podía decir que le gustaba, le parecía demasiado pronto como para entablar una relación con este "nuevo Klaude". Es decir, ni siquiera podía estar seguro de cuánto se parecía el rubio al antiguo fantasma—. Está bien, pero vamos lento, ¿sí? Apenas nos conocemos. —El rubio asintió complacido, sintiéndose inmensamente feliz y, con enormes ganas de apretujar el fino cuerpo del muchacho. Así y, antes de que el pelirrojo pudiera advertir sus intenciones, Klaude atrapó su rostro y le dio un pequeño beso en los labios, haciendo que las mejillas de Hiro se tiñeran de carmesí."

—Ah…—suspiró embelesado—. ¡Qué tierno, Yuki!—exclamó—. Pero, yo esperaba algo más apasionado. Me faltó un beso con lengua—dijo en tono amurrado. Eiri se atragantó con su propia saliva ante semejante confesión, empezando a toser sonoramente—. ¡Yuki, no te mueras!—gritó en tono dramático, acercándose al rubio para acariciarle la espalda.

—No me muero, tonto; sólo me atraganté por tu culpa—dijo enojado.

—¡Mi culpa!—exclamó dolido—. Pero si no he hecho nada.

—Olvídalo—dijo resignado, para luego aclarar su adolorida garganta—. Si tanto quieres un beso con lengua, sólo tienes que pedírmelo. —La voz sugerente del rubio y su mirada lujuriosa hicieron que Shuichi se sonrojara.

Así, sus carnosos labios fueron atrapados y devorados por un hambriento rubio, quien olvidándose por completo de su narración se acomodó sobre su esposo procurando no aplastarlo. Sus lenguas empezaron rozarse con cierto ímpetu y necesidad, envolviéndolos en un apasionado y ardiente beso. Se separaron para respirar y, aunque el rubio tenía intenciones de seguir, Shuichi le detuvo.

—Espera, Yuki. Aún no terminas de cotarme la historia.

—Ay, Shuichi, dejemos lo que queda para mañana—le pidió un tanto molesto.

—No, yo quiero saber qué pasó—exigió con atisbos de berrinche.

—Bueno, en qué quedamos—preguntó de mala gana.

—Me estabas contando la relación de Hiro y Klaude—respondió entusiasmado—. ¿Qué pasó después de eso?

—Mmm… Que yo sepa…empezaron a salir. Varias veces se les vio solos, rondando por el castillo y, también se vio a Hiro saliendo de la habitación de Klaude—contó—. Pero no tengo más detalles de lo que pasó después, porque Klaude y Shuichi tuvieron que volver a Francia para finalizar con sus estudios.

—Oh, ya veo… Es una lástima—dijo un tanto decepcionado—, pero imagino que se volvieron a ver, ¿no?

—Por supuesto, tonto—dijo dedicándole una suave sonrisa—, sino, tú y yo no estaríamos aquí—agregó. Shuichi le miró por unos momentos en completo silencio, como si tratara de desentrañar el significado de esas palabras. Sin embargo, luego de comprenderlas, prefirió no hablar sobre el tema y seguir hostigando a Yuki para que terminara la historia.

—Yuki, ¿y qué pasó con Tatsuha y Ryuichi?—preguntó.

—Ja ja ja—rió—, hasta el día de hoy aún no pasa nada entre ellos. Ryuichi resultó ser un "conejito" bastante escurridizo. Tatsuha me da lástima, ja ja. —Shuichi comenzó reír, contagiado por la suave risa de su esposo—. Ese mocoso es un perdedor, hizo de todo para conquistar a Ryuichi y éste no le dio ni la hora.

—Pobre, pero no es su culpa—dijo.

—Mmm…Quizás… —Yuki miró a su esposo con un dejo de ternura mientras pensaba—. Ahora que recuerdo, como Klaude y Shuichi volvieron a Francia, los cazafantasmas y Noriko decidieron volver a sus respectivos hogares.

—¿De verdad? Entonces, ¿Yuki y Tatsuha se quedaron solitos?—preguntó.

—Sí, pero fue por poco tiempo. Durante ese lapso se dedicaron a arreglar el castillo con unos dineros otorgados por el gobierno inglés y, cuando todo estuvo listo, donaron Roseville a una fundación. Actualmente, el castillo es un museo y las piezas en exposición corresponden a los cachureos y cuadros de la biblioteca, así como también, los libros que allí había—explicó someramente, ante la atenta mirada de su niño.

—Entonces, Yuki y Tatsuha volvieron a Japón, ¿no? —Yuki asintió suavemente—. ¿Y qué hay de Ayaka? ¿No volvió a aparecer?

—No, jamás se volvió a saber de ella. Ni siquiera se pudo descubrir dónde vivía—dijo Eiri recordando la última vez que se vio a la fantasma.

—Qué raro… Tal vez ya no tenía motivos para estar ahí. —Shuichi se quedó pensativo, pues le parecía extraño que la muchacha hubiese desaparecido de un día para otro, incluso, se podía decir que estaba un poco preocupado, pues, al fin y al cabo, Ayaka era su "prima".

—Quien sabe…

—Yuki—le llamó—, ¿has sabido algo de los cazafantasmas? Después de que se fueron del castillo, ¿los volviste a ver?

—No, no los he visto—dijo en tono reflexivo—, pero sí he sabido de ellos. —Shuichi le vio con sorpresa—. Durante un tiempo siguieron con su trabajo de cazar fantasmas, hasta que un canal de televisión puso sus ojos en ellos y les ofreció hacer un programa.

—¿De verdad?—preguntó emocionado.

—Sí, no recuerdo en qué canal es, pero el programa es muy popular, ya que se dedican a investigar casas embrujadas y cosas por el estilo. Si revisas los canales de televisión pagada, tal vez los encuentres—explicó, intentando recordar el nombre de la televisora, pues hace unas semanas, había recibido un llamado de su hermano Tatsuha, quien le contaba emocionado que había visto a su Ryuichi en un programa de televisión.

—Genial, cuando tenga tiempo le echaré una mirada. Sería genial que todos se reunieran de nuevo…—dijo con nostalgia.

—Es cierto…Esos meses que estuve en Roseville fueron los mejores de mi vida…

—Y de la mía—agregó el muchacho acariciando su pancita—, aunque debiera decir "de mi muerte", ¿no? —Su rostro formó una extraña expresión, mientras ladeaba su cabeza de forma infantil. Eiri sonrió ante el comentario.

—¿Recuerdas aquel día en que decidiste hacerte una regresión hipnótica?—preguntó.

—Ja ja ja, sí—dijo animado—, fue toda una odisea. Lo mejor fue la cara del hipnotizador—rió vigorosamente al recordar el momento—. Pero, gracias a eso pude recordarte, mi amor. —Un suave sonrojo, que pasó inadvertido para Shuichi, adornó las mejillas del rubio ante la dulce mirada de su esposo—. ¡Cierto!—exclamó de pronto, tras varios segundos de silencio—. Aún no me respondes algunas preguntas. —Yuki le miró confundido—. ¿Eiri pudo publicar alguna novela?

—Claro, sino no sería novelista y mis libros no serían best seller—respondió con atisbos de ironía.

—¿Y qué pasó con el estudio que estaba haciendo Klaude?

—Eso deberías preguntártelo a ti mismo.

—Cierto…—Shuichi hizo mueca y, luego agregó—. Klaude está viviendo en Londres con Hiroshi, tal vez debería llamarlo e invitarle a que venga a vernos.

—Sí y, de paso, que se traiga a toda la "manada". ¿Tienes alguna u otra duda o ya podemos dormir?—preguntó con una voz algo somnolienta, para luego bostezar.

—Creo que no. Si se me ocurre otra, te la diré, pero por ahora, vamos a dormir. —Shuichi palmoteó la cama para invitar al rubio a acostarse a su lado, quien inmediatamente se quitó la ropa y se puso su pijama, para luego, acomodarse junto a su niño.

—Te amo, Lord Shuichi…—le susurró al oído con una dulce sonrisa.

—Yo también te amo, Yuki. —Shuichi se volteó para darle un pequeño beso en los labios y, luego se acomodó en sus brazos para poder dormir…

Han pasado cinco años desde que el fantasma de Lord Shuichi dejó de vagar por Roseville, pero su historia sigue viva entre las paredes del que fue su castillo. Son muchos los turistas que día a día llegan a visitar la mansión, sólo para informarse de la trágica historia de la familia y para encantarse con la leyenda de un amor imposible entre un fantasma y una persona viva, ignorando que sus protagonistas aún viven, pero lejos de aquel lugar que vio nacer su amor…

FIN