¡Hola a todos!, y, primero que nada, mil disculpas por haber tardado tanto, tanto. Lo reconozco y merezco que me lancen varias maldiciones. Sin embargo, espero poder justificar esto añadiendo que este mes que pasó ha sido agotador, pues estoy cursando mi último curso de secundaria, o enseñansa media, como decimos en Chile.

Espero que este capi les guste y ¡Ah!, antes que lo olvide. Muchas gracias por sus anteriores rewiers a...

Lunatipola, Kaito Seishiro, rugbyforlife, Geila Potter-Weasley, mundi, Ginny the Harry girlfriend, Vero, f1mesekeer, Belenchiss, Andre, GinnyScar, MysweetAngel, ginnyq, Nachan, Ed-san, Camilla, JOr.

Gracias a todos. Ahora a leer y no olviden dejar sus comentarios.

Capt. 4

Advertencia.

Harry avanzaba por la tercera avenida de Londres tan rápido que la gente que pasaba por su lado no podía verlo, aunque algunos, los más perspicaces, se quedaban algo perplejos cuando una fugaz sombra les rozaba el hombro o el brazo.

Con los ojos ensombrecidos por la rabia, Harry ignoró al muchacho que acababa de botar al suelo cuando lo pasó a llevar con demasiada fuerza. Se sentía irritado y sumamente enfadado consigo mismo por no ser capaz de llevar a cabo algo tan fácil. Demonios, si solo se trataba de una muchacha humana ¡Y además de una bruja!

¿Que es lo que debía hacer? ¿Y que pasaría en caso de que no completara su iniciación? ¿Debía hablar con su padre al respecto?

Aun recordaba vívidamente su anterior encuentro con Ginny. Por supuesto, el contacto con ella había exacerbado su sed, pero entonces le retenía el brillo vivo de sus ojos avellanas, su voz... su expresión temeraria.

Harry se debatía internamente, pues aunque la suave y nívea piel de ella le llamaba para que le mordiera... sus ojos...

Si tan solo no lo mirara con aquellos ojos. Esos ojos humanos que ejercían sobre él una fascinación hechizante que le impedía tocarla.

Ahora, sin embargo, lejos de Hogwarts y de la presencia de Ginevra Weasley, sentía como la rabia y la impotencia por su propia debilidad reemplazaba su anterior aturdimiento. Harry esbozó una sonrisa amarga: ¿que dirían los demás vampiros cuando supieran que su adorado príncipe no era capaz de acabar con la vida de una bruja de quince años?

Pero ahora tenía sed e iba a saciarla.

Desquitaría su frustración con la primera víctima que encontrara, ignorando que aquello en el fondo no se trataba de un pensamiento agradable, pues la mayoría de las veces prefería refrenar su sed antes que matar por el puro placer de hacerlo.

Harry se detuvo y contempló la luminosa fachada de un cine, atestado por escaparates y carteleras de los nuevos estrenos. Había una considerable fila de personas que se disponían a comprar entradas para ver una película.

Hambriento, Harry se pasó suavemente la lengua sobre los incisivos y entró al cine, dirigiéndose tranquilamente hacia donde se hallaba el encargado de recibir los boletos. Este alzó la vista y miró a Harry cuando el joven vampiro se detuvo ante él, pero antes de que pudiera decir algo sintió una repentina sensación de embotamiento cuando aquellos ojos verdes se clavaron sobre los suyos.

Déjame pasar.

-Por supuesto- asintió el hombre con voz inexpresiva.

Harry sonrió y pasó sin alterar su elegante paso, subiendo los escalones y entrando a una de las salas, en donde ya estaba comenzando la película.

Resultaba curioso lo fácil que era manipular la mente y la voluntad de los sinmagia. No era la primera vez que se aprovechaba de su habilidad, sin embargo, era realmente fastidioso que no funcionara con los magos.

Caminó tras los últimos asientos, mirando curioso a la gente que se acomodaba para disfrutar de la película. Hasta que olió algo que le gustaba.

Sintiendo una sed cada vez más potente, Harry avanzó tras la antepenúltima fila y sus pupilas se dilataron de entusiasmo cuando encontró la fuente de aquel olor dulzón para sus sentidos: una joven morena de cabello hasta los hombros, sentada sola y con los ojos concentrados en la enorme pantalla del cine.

Harry fue hacia ella sin apurar el paso, aunque se moría por beber la sangre de ella. Sin mirarla, se sentó a su lado, y cuando la joven lo miró algo ruborizada, con una media sonrisa, Harry le devolvió la sonrisa.

La joven volvió a concentrase en la película.

Entonces, muy lentamente, Harry acercó su rostro al de ella y sintió una oleada de satisfacción cuando la joven lo miró, pero no dijo nada, aunque enrojeció.

Siempre ocurría lo mismo: las víctimas, embelesadas ante la belleza de él, se quedaban paralizadas y muy quietas.

Harry estaba a punto de hundir los colmillos sobre su cuello cuando sintió que un brazo aparecía desde atrás de forma impetuosa. Levantando rápidamente la vista, enojado, Harry se topó con el rostro de un joven de tez pálida y ojos medio amarillentos, llamativos en aquella oscuridad inmune para la visión de Harry.

La sorpresa inundó las facciones de ambos y Harry, estupefacto, se dio cuenta de que estaba ante otro de los suyos.

Un vampiro.

La joven se había desmayado en el asiento y ambos la miraron con avidez, pero ninguno hizo algún movimiento.

-Era mi presa ¿Sabes?- susurró el vampiro desconocido con una siniestra sonrisa que enseñaba sus blancos dientes y realzaba sus hermosas facciones.

-También la mía- contestó Harry de forma amenazante.

-Pero que coincidencia- comentó el otro con una voz melosa- resulta que somos dos vampiros, en el mismo cine de la misma Ciudad intentando beber la sangre de la misma mujer.

Harry se levantó. Fue un movimiento sumamente rápido, debido a sus capacidades vampíricas, y el otro hizo lo mismo. Ambos se observaron con una mezcla de amenaza y curiosidad al mismo tiempo. Ambos con los miembros tensos ante cualquier intento de ataque.

El vampiro desconocido entrecerró los ojos y Harry se preparó para una reacción violenta, pero quedó absolutamente sorprendido cuando el extraño echó la cabeza hacia atrás y soltó una carcajada. Varias personas se giraron para hacerlo callar, pero él las ignoró y siguió riendo, aunque esta vez entre dientes.

-¿Que te parece tan gracioso?- le preguntó Harry.

Pero el desconocido se limitó a sonreír y saltó. Harry vio que estaba en la segunda planta de la sala, medio oculto por la oscuridad. Entonces el vampiro le hizo una seña con la mano, indicándole que lo siguiera.

Harry miró por unos momentos a la mujer, que aun estaba desmayada sobre el asiento. Luego, intrigado a su pesar, saltó también.

XxXxXxX

Ambos se detuvieron y se miraron.

Estaban en la azotea de uno de los edificios más llamativos de Londres, ambos con el cabello ondeando a causa de la fría brisa de la noche. Ahora, sin embargo, Harry podía observar mucho mejor los rasgos del vampiro desconocido. Era joven, de su mismo porte, y su rostro era terso y hermoso como el suyo. Tenía el cabello castaño hasta los hombros, ojos entre castaños y amarillentos y una expresión de astucia natural.

-Y bien- dijo Harry mirándolo co cautela- ¿quien eres tú?

El vampiro esbozó una sonrisa por un lado de la boca y contestó, con aquella inusual voz juvenil que a Harry le llamaba tanto la atención, pues no era uno de los rasgos característicos de los vampiros:

-Espera, espera. Creo que, teniendo en cuenta que fuiste tú quien intentó robarme a mi dama, deberías presentarte tú antes que yo.

-¿Y como sé que estabas primero?- terció Harry alzando las cejas- porque no te vi, y te aseguro que poseo una vista excelente.

El otro rió y luego contestó con tranquilidad:

-Mi nombre es Ian Passcolli, del clan Shekdral.

Harry parpadeó y frunció un poco el ceño:

-¿La raza Shekdral?

-Veo que has oído sobre nosotros.

-Pero...- Harry lo miró perplejo-... ¿no se supone que los vampiros de la Orden de Italia no se acercan a Londres?

Ian se encogió de hombros con un gesto elegante y repuso:

-Se supone.

-Pero...

-Ahora te toca a ti ¿Cual es tu nombre?

-Me llamo Harry- respondió.

El otro, para sorpresa de Harry, se limitó a asentir con una mirada de interés:

-Ya sabía yo que eras el hijo del rey Lorkan.

-¿Como lo...?

-Vamos. Los vampiros Shekdral somos instruidos y puedo nombrarte a los cinco reyes vampiros actuales, incluyendo a sus herederos. He visto todos sus retratos, inluyendo el tuyo. Aunque debo decir que en persona te ves menos inofensivo de lo que creía.

-Dime una cosa ¿Que hace un Shekdral aquí en Londres, y solo?

-Digamos que soy un vampiro exiliado- respondió Ian sin inmutarse. Harry alzó las cejas e Ian continuó:- de todos modos nunca compartí las reglas de mi pueblo. No le temo a los magos. Además, Inglaterra me ha parecido increíble.

-¿Porqué te exiliaron?

Ian lo miró fijamente, esbozó una ligera sonrisa y negó con la cabeza:

-Es una historia larga, príncipe Harry. Además, no me creerías

Harry miró a Ian por unos momentos y luego sonrió. Aquel vampiro le agradaba, después de todo. Aunque no se parecía a ningún otro que él hubiera conocido. Si no fuera por sus ojos, su piel pálida y su olor, Harry lo habría confundido con un alegre muchacho humano.

-Dime la verdad, Pascolli. Me seguiste ¿No?

Y tal como esperaba, Ian rió, asintiendo:

-Vi que tiraste a un humano al suelo y supe que eras un vampiro ¡Y que rápido ibas! Por otro lado, no es común ver a un vampiro joven como yo caminando por Londres, así que decidí seguirte. Además yo...- Harry vio que vacilaba-... yo, necesito... pedirte un favor.

-¿Cómo?

Ian lo miró a los ojos.

-Tú eres el príncipe de los vampiros, Harry. He escuchado los rumores. Dicen... que has venido a Inglaterra para impulsar la guerra entre vampiros y magos.

Harry estaba algo asombrado de que Ian supiera tanto. Sin embargo dejó que continuara:

-Como bien sabes, los Shekdral somos diferentes a los Vlad- Ian se levantó la manga y le mostró a Harry una cicatriz blanquecina que tenía en la muñeca.

Harry lo miró con curiosidad:

-¿Cuando fuiste convertido?

-Tenía quince años cuando me mordieron. Eso ocurrió hace veinte años.

Asintiendo, Harry esbozó una media sonrisa y adujo:

-Lo cual quiere decir que, en teoría, eres mayor que yo.

Ian sonrió.

-Puede ser. Pero a diferencia de los vampiros puros como ustedes, los Vlad, nosotros no alcanzamos tan pronto las capacidades esenciales. Podemos seguir siendo tan irreflexivos como cuando éramos humanos aunque en nuestra edad vampírica superemos los cien años. Al convertirnos no estamos ni muertos ni vivos, por lo cual es difícil que maduremos o cambiemos nuestra forma de ser- Ian sonrió otra vez, aunque fue una sonrisa melancólica cuando añadió- como decía la vampira que me convirtió: "Nuestra vida queda estancada en un tiempo muerto"

-Lo entiendo. Pero... no sé en que podría yo ayudarte.

-Deseo que me enseñes todo lo que hay que saber sobre poderes vampíricos. Quiero ayudarte a derrotar a los magos.

-¿Estás hablando en serio?- Harry estaba anonadado- ¿Sabes los problemas que podrían desencadenarse si tú, un vampiro del clan Shekdral, le pide ayuda a un Vlad?

Ian sonrió y Harry pudo entrever sus colmillos.

-¿Olvidas que soy un exiliado?

Harry entrecerró los ojos:

-¿Y que gano yo a cambio?

-Mi lealtad, príncipe- respondió Ian sin titubear- por favor. Déjame que te acompañe.

-Te veo muy decidido- comentó Harry con cautela- ¿Que es lo que en verdad buscas, Ian Pascolli?

-Venganza- sentenció Ian, y por primera vez su voz sonó tan fría como la de cualquier vampiro- quiero vengarme de la comunidad mágica.

XxXxXxX

-... maldito murciélago grasiento. ¡Ah!, pero ya va a ver. Algún día te juro que me las va a pagar... ehh... ¿y si convenzo a Peeves para que inunde su despacho de excremento de gusarajo?

-Sabrá que fuiste tú y te expulsarán, Ann- le hizo ver Ginny mientras ambas, después de haberse separado de Hermione, caminaban hacia el aula de Defensa Contra las Artes Oscuras.

Snape acababa de quitarle a Ann cincuenta puntos para Gryffindor cuando la pilló elevando unas bombas de pintura con la intención de lanzárselos a un grupo de Slytherin, incluyendo un desagradable castigo con Filch limpiando las mazmorras.

-Definitivamente, hoy es no es mi día- se lamentó Ann- ninguna de mis bromas ha funcionado. Me perdí el desayuno, Snape me castigó y por si fuera poco ahora tenemos que ir a aguantar al amargado de Butler.

Ginny apretó los labios. Desde que habían comenzado la clase de defensa, Ryan Butler no había dejado de criticar y hablar sobre lo malignos que eran los vampiros: que carecían de alma, que eran despiadados, sangrientos, que no tenían sentimientos etc. Aquello le incomodaba profundamente ya que dos noches atrás había tenido un encuentro con un auténtico vampiro, y que resultó ser nada menos que el "joven" de ojos verdes.

La pelirroja apretó los dientes, sin saber si sentirse enfadada, confundida o emocionada.

Enfadada porque, ahora que rememoraba aquel momento, el vampiro Harry la había estado espiando y siguiendo nada más porque quería matarla y beber su sangre. Además era un engreído.

Confundida porque, aunque debía de tener miedo de que en cualquier momento él entrara por su ventana y le hincara los colmillos en el cuello, no sentía miedo alguno. Confundida porque no dejaba de soñar con él, con su mirada adusta y su pose de superioridad, a pesar de que detestaba esas actitudes.

Y emocionada porque... bueno, porque en el fondo debía admitir que se sentía atraída por el peligroso vampiro. Más aun cuando este le había confesado que le costaba atentar contra su vida.

Y se estaba preguntando cuando lo vería nuevamente.

No se había dado cuenta de que estaba sentada ya dentro del aula de defensa hasta que Ryan, con su voz seca y fría, entró diciendo y logrando que se sobresaltara:

-Saquen sus varitas. No quiero ver ningún libro.

Todos obedecieron, algunos sin poder ocultar su entusiasmo. Podía ser que Butler fuera un hombre frío y duro, pero sus clases no dejaban de ser las más interesantes de Hogwarts.

Vieron como el profesor despejaba el centro la sala con un movimiento de varita y luego colocaba tres cajitas sobre uno de los pupitres, y con una nueva agitación de varita, una de las cajas se abrió.

Todos aguardaron conteniendo la respiración.

-¡Wow!- exhaló Ann cuando una silueta negra emergió de la caja. Todos soltaron exclamaciones de vehemencia y retrocedieron mientras veían como la silueta cobraba la forma de un licántropo.

-No es real, por supuesto, así que dejen a un lado esas patéticas expresiones de horror. Darek Potter- dijo Butler- da un paso al frente y usa el método que enseñé para aturdir licántropos.

El muchacho asintió, aunque algo pálido, y dando un paso ante el furioso licántropo blandió la varita. El hombre lobo lo miró amenazadoramente y se dispuso a atacarlo cuando Darek gritó:

-¡Focus!

Una bola luminosa salió de su varita y se dirigió hacia el falso licántropo, quien retrocedió, gruñendo por lo bajo y tratando de apartar inútilmente la luz que le cegaba. Entonces la silueta se distorsionó, se puso negra y regresó a la caja, que se cerró de golpe.

Todos aplaudieron, pero Butler solo se limitó a decir:

-Tal como lo ha demostrado el señor Potter, es la luz y el fuego lo que más teme un licántropo. Vuelve a tu lugar, Potter.

Ann le susurró a Ginny frunciendo el ceño:

-Maldito Butler. Otro ya le habría concedido a Gryffindor veinte puntos como mínimo.

La otra caja se abrió inesperadamente y de ella salió un dementor. Aunque sabían que era real, ninguno pudo evitar sentir una repentina desazón nublándole los sentidos.

-Carter- dijo Butler- al frente.

Una muchacha rubia avanzó empuñando la varita. Temblaba ligeramente. El dementor se giró hacia ella y alargó una de sus manos putrefactas. La muchacha retrocedió y balbuceó:

-Ex... expecto...

El dementor ya estaba sobre ella.

Ginny, que estaba lo suficientemente cerca para ver la angustia de Lucy Carter, alzó la varita y en su mente aparecieron unos ojos verdes brillantes. Sin remediar su repentino impulso, exclamó:

-¡Expecto Patronum!

Un hermoso e imponente caballo salió desde la punta de su varita para embestir al falso dementor, quien se desvaneció al instante, regresando a la caja de donde había salido.

Todos miraron a Ginny atónitos, y la pelirroja, perpleja al ver que aquel difícil hechizo que jamás había hecho había funcionado a la perfección, se sobresaltó cuando la glacial voz de Butler la sacó de su aturdimiento:

-¡Weasley!, ¿que se supone que pretendía hacer? ¿Presumir?

-Yo...- miró a Ann, quien le devolvió una mirada de intensa estupefacción...- yo no sé como...

-Muy bien- dijo Butler esbozando una dura sonrisa- si tantas ganas tiene de ufanarse, señorita Weasley, veamos como lo hace ahora.

Ginny obedeció y entonces la tercera caja se abrió. Sintió una oleada en el estómago cuando vio que la sombra negra adoptaba la forma de un vampiro. Sin embargo este no se veía como Harry, porque sus ojos, amarillentos, centellaban con malignidad. Su piel estaba hundida, tenía el cabello negro y largo y sus colmillos sobresalían amenazadores bajo sus labios anormalmente rojos.

Sin embargo, y para sorpresa de todos, la muchacha no retrocedió.

"Ellos no son todos así" pensó Ginny con firmeza "No todos pueden ser malvados"

Ella miró a su profesor, negándose a levantar la varita.

-¿Y bien, señorita Weasley?- le preguntó Butler con acritud.

-No sé como hacerlo.

Ryan Butler esbozó una desdeñosa sonrisa, apuntó al falso vampiro con su varita y pronunció:

-Piro.

El falso vampiro chilló cuando el fuego lo envolvió, y unos segundos después se distorsionó y su sombra negra regresó a la caja.

Todos miraron a Butler en silencio.

-De todas las criaturas malignas- explicó el profesor de defensa- el más difícil de exterminar es un nosferatu, y aunque les afecta mucho el fuego, eso no basta- sus ojos parecieron oscurecerse de pronto- para matar a un vampiro hay que debilitarlo con fuego o exponiéndolo al sol. Después hay que arrancarles el corazón y quemarlo. Solo así un vampiro muere completamente.

Ginny se estremeció ligeramente mientras Butler se giraba para mirarla con apatía y una repentina desconfianza.

XxXxXxXx

-... y como todos deberían ya saber de antemano, las restricciones en cuanto al uso de trasladores y objetos vinculados en el mundo mágico se han endurecido. Esta norma será especificada el 7 de Noviembre por el depto. de regulaciones internacionales. Lo mismo va para las apariciones. Espero que tomen esto con mucha seriedad, más aun en los actuales tiempos.

James apartó la vista de Fudge, el ministro de magia, y le susurró a Sirius, que estaba sentado a su lado en el lugar dispuesto para el departamento de aurors:

-Seguramente con eso bastará. No me extraña que Fudge no se haya convertido en una nueva víctima del Innombrable si realmente no supone ninguna amenaza para él.

-Ya sabes que todo este discurso es una simple apariencia- murmuró Sirius frunciendo el ceño- pero si Fudge pretende convencernos de que restringiendo las apariciones y los trasladores la seguridad se reafirma, es porque sigue siendo tan tarado como siempre.

James sonrió, deacuerdo con las palabras de Sirius.

La verdad es que a ninguno le agradaba el ministro en lo más mínimo. Desde que Voldemort había estado atemorizando a la comunidad mágica, y de eso ya hacían años, lo único que Fudge había hecho era poner defensas en el ministerio, controlar a sus empleados y tratar de convencer a los magos de que si no salían a deshoras y respetaban lo normativa del ministerio, nada malo podrá pasarles. Había sido siempre una ridícula defensa, pero nada de ofensiva.

Y por eso, el enemigo se había incrementado tanto como las mismas víctimas.

Fudge recorrió con la mirada a todos los que se hallaban presentes dentro de la cámara general del ministerio y continuó con su discurso:

-Muy bien. Como todos saben, la lista de desaparecidos ha... aumentado- hubo cierta inflexión en su voz, pero prosiguió- entre ellos se encuentra uno de los miembros mas antiguos del Wizengamont, Jeremías Pirgus, y también el famoso buscador del equipo de Inglaterra, Pierce Dalton. Por suerte, y gracias a las medidas impuestas por el ministerio, el colegio Hogwarts de magia y hechicería está en completa seguridad y puedo asegurarles que un incidente como el acaecido el año anterior no volverá a ocurrir.

-Debería agradecer que Dumbledore no está aqui para escucharlo- masculló Sirius- aunque ahora que lo pienso, seguramente se aprovecha de eso para adjudicarse toda la gloria.

James no contestó, recordando como varios mortífagos estuvieron a punto de secuestrar a un alumno el año anterior. Internamente agradecía la presencia de Dumbledore en Hogwarts, donde por lo menos se aseguraba de que sus dos hijos estuvieran a salvo de todos los horrores provocados por el dominio de Voldemort y sus vasallos.

-Respecto al tema del anterior asalto a Gringgots- dijo Fudge y entonces todos lo miraron con más atención que antes- resulta ser un gran problema que un no se haya atrapado a los culpables, presuntamente mortífagos. La cámara que fue vaciada, como bien se sabe, pertenecía a uno de los fondos más suculentos del ministerio de la magia de Francia. El ministro francés nos ha dado un ultimátum que, de no ser cumplido en los próximos diez días siguientes, nuestra alianza mágica con ese país podría romperse, lo cual sería algo desastroso para nosotros teniendo en cuenta la batalla que hemos estado librando por años con el Innombrable- Fudge miró la mesa de los aurors y se dirigió a Scrimgeur, jefe de la oficina de aurors- ¿Ha tenido señales de los sospechosos?

Rufus Scrimgeur se levantó, y con el semblante serio como siempre, dijo:

-Nuestras investigaciones apuntan a dos mortífagos: Bellatrix Lestrange y el hijo de Crouch, Barty Crouch.

Se desataron una serie de murmullos en la cámara. Fudge hizo silencio y volvió a mirar a Scrimgeur:

-¿Está seguro?

-Nuestras pruebas son contundentes- explicó Scrimgeur, circunspecto- porque ya hemos tenido que tratar antes con esos dos mortífagos, ambos muy peligrosos. Aunque en realidad el mérito es, en gran parte, de James Potter, quien se ha especializado en la investigación de los Lestrange y anteriormente libró un duelo con Barty Crouch.

James se levantó y asintió:

-Hemos encontrado en la cámara del ministerio de Francia algunos cabellos pertenecientes a Bellatrix. Como he tratado antes con ella y es evidente que el robo no la llevó a cabo ella sola, estoy absolutamente seguro de que su compañero se trata de Crouch. Ambos suelen trabajar juntos.

-Buen trabajo- le dijo Fudge, admirado.

-Hasta el momento no sabemos a ciencia cierta en donde están Lestrange y Crouch- comenzó a decir Scrimgeur- pero suponemos que...

El jefe de aurores no alcanzó a seguir hablando, porque justo en ese momento hubo un destello y el secretario del ministro, un hombre enclenque que estaba escribiendo a su lado, cayó hacia atrás, arremetido por un repentino hechizo.

El grupo de Operaciones mágicas especiales y los aurors presentes fueron los primeros en sacar las varitas, levantarse y darse la vuelta bruscamente. Sirius entornó los ojos y estuvo seguro de haber visto una silueta negra saltando hacia el podio más alto de la cámara, pero pasó tan rápido como un parpadeo.

-James- murmuró Sirius- ahi.

Ambos fueron, junto con William Shaklebotl, los primeros en darse cuenta de que el misterioso atacante se hallaba sentado tranquilamente sobre una de las gárgolas voladizas de la cámara. Vestía completamente de negro, aunque podían ver su blanca piel bajo una corta capucha.

Varios hicieron ademán de atacarlo, pero Scrimgeur los retuvo. Entonces se dirigió a la figura:

-¿Quien eres?- el individuo no dijo nada- ¡Contesta!

-Para ser el jefe de los aurors eres bastante alterado- comentó Harry entonces.

James y Sirius sintieron un pequeño escalofrío. Primero, porque la voz era joven, como la de un muchacho, pero también tenía un tinte de fría ironía propia de un mago oscuro. Sin embargo, James tuvo una extraña sensación al escuchar esa voz, como si se tratara de una música o un sonido que había escuchado hace mucho tiempo y no lograba recordar muy bien.

En ese momento se oyeron pronunciar varios hechizos, incluido una de Fudge, pero para su sorpresa Harry saltó antes de que los hechizos le dieran.

Fue un salto anormal para un humano.

Nadie alcanzó a percatarse de que una rápida sombra, delgada y ágil, aparecía tras el ministro y le clavaba la punta de una daga en la garganta después de hacer que este soltara lejos su varita.

-¿Y ahora que harán?- les retó Harry, con una voz tan juvenil como fría.

-Es un muchacho- murmuró Sirius- estoy casi seguro de eso.

-No puede ser- dijo Tonks a su lado- ¿un mortígafo adolescente?

-Mortífago no- repuso Harry y todos se quedaron en silencio, estupefactos. Tonks lo miró con un sobresalto- por favor, no me ofendan. Ser mortífago es incluso peor que ser un humano mago, porque según tengo entendido, estos se someten a las órdenes de otro. Que patética forma de alcanzar poder ¿no?, aunque es algo típico en ustedes hacer de monigotes.

-¡Dinos quien eres!- bramó Scrimgeur, mirando como Harry mantenía a Fudge aferrado por el cuello con el mismo brazo con el que le clavaba la daga en la garganta. Parecía tener una fuerza más allá de lo normal- ¡Sácate la capucha y muéstranos tu rostro, cobarde!

Pero Harry se limitó a reír y, con un rápido ademán del brazo lanzó a Fudge lejos. Inmediatamente se alzaron varias varitas, pero Harry ya había desaparecido para reaparecer junto al pedestal en donde antes Fudge había estado hablando.

-¿Quien eres, bastardo?- gruñó Alastor Moody, quien estaba haciendo grandes esfuerzos para no lanzarle una maldición- ¡Habla!

-Ojoloco- le murmuró Tonks- no creo que debas..., al parecer es un muchacho.

-No soy ni muchacho ni mortífago- dijo Harry y alzó la cabeza. Ahora, a la luz, pudieron observar con mucho más detenimiento sus rasgos, aunque la capucha le cubría un poco los ojos. Justo entonces una sonrisa se curvó en sus labios y todos los que estaban cerca pudieron comprobar a que se refería.

-¡Un vampiro!- exclamó Tonks estupefacta, al entrever sus colmillos.

Todos comenzaron a murmurar, algunos incrédulos, otros con miedo y unos pocos con cierta emoción. Pero Scrimgeur solo se limitó a fruncir el ceño, una señal que solo los que le conocían bien podían interpretar: estaba preocupado o nervioso.

-¿Un vampiro?- dijo Sirius, impresionado y miró a James para decirle algo, pero se quedó perplejo cuando vio que su amigo miraba al joven vampiro fijamente y con los ojos medio entornados, como si lo hubiera conocido en algún lado pero no recordara muy bien de donde.

-Poco me importa que seas un vampiro o un niñato vampiro- sentenció Moody dando un paso al frente- nos has atacado, criatura maligna ¡Incendio!

Harry saltó hacia atrás y, para el asombro de todos sacó una varita y repelió el hechizo con un poderoso encantamiento escudo.

Pocos, muy pocos, habían visto a Ojoloco sorprendido por algo alguna vez.

Y esa era una de esas ocasiones.

Moody se quedó ligeramente boquiabierto, lo que habría sido una imagen muy graciosa de no ser porque todos los magos y brujas presentes también miraban al joven vampiro con absoluta incredulidad.

-Ya veo que les sorprendí- comentó Harry, socarrón.

-¿Como puede ser?- exclamó Sirius, siendo el primero en hablar- tú no... no puedes... ¡Los vampiros no pueden hacer magia!

-Pues yo si.

-Está mintiendo- jadeó Fudge y muchos lo miraron- ¡No puede ser un vampiro!

-¿Quieres que te lo demuestre, humano?- siseó Harry y antes de que alguno pudiera reaccionar, fue hacia una bruja y la agarró del cuello. Ella chilló cuando sintió los colmillos de él a unos centímetros de su cuello.

-Podría matarla ahora mismo- sentenció Harry y acercó los blancos colmillos hacia el cuello de ella. Varios dieron exclamaciones ahogadas hasta que...

-¡Espera!- gritó James.

El joven vampiro alzó la vista, soltó a la bruja y lo miró.

Al instante, Harry se sintió aturdido. Aquel hombre... aquel hombre de gafas era tan parecido a él mismo. Entonces sonrió.

"Que curioso" pensó Harry entre divertido y algo confuso.

-¿Que es lo que quieres?- prosiguió James, mientras se formaba un silencio sepulcral- ¿te ha enviado el Innombrable?

-¿Ese al que llaman Voldemort?- preguntó Harry sonriendo burlón cuando la mayoría se estremeció o dio pequeñas exclamaciones de vehemencia- por supuesto que no, humano. ¿Por quien diablos me tomas? Los vampiros jamás nos uniríamos a ningún mago... o bruja.

-Entonces...- James tenía la garganta seca, pero no podía dejar de mirar al joven vampiro con fascinación-... ¿Porqué nos atacas?

Harry sonrió, mostrando sus blancos y perfectos dientes. Todos podían ver que, aunque la capucha le ocultaba la cara de los ojos hacia arriba, el vampiro tenía unas facciones hermosas. Perfectas.

Todo en él parecía ser un halo de perfección.

-He venido a advertirles a todos que la comunidad vampírica comenzará a llevar a cabo sus planes de rebelión en contra de los magos. Este es nuestro ultimátum:- Harry sonrió encantado cuando vio la cara de horror de muchos- si no retiran la línea de la discordia sentenciada hace ciento cinco años por el ministro británico Ludwig Boniface, que condena a los vampiros a mantener distancia a menos de que haga un juramento hacia un mago, atacaremos a su comunidad. Ojo por ojo, como dicen los sinmagia. Ustedes no tienen derecho a ejercer plena soberanía por sobre todos nosotros, y creo que no somos los únicos marginados si tomo en cuenta a los pobres licántropos, aunque eso no quita que estos sean enemigos míos tanto como ustedes.

-No pueden hacer eso- rebatió Fudge- ¡El pacto es irrompible!

-Claro que no- replicó Harry- ustedes no han respetado nada. La comunidad vampírica está cansada de ocultarse, de mantenerse bajo un exilio que no merecemos. Ustedes son los que nos han hecho malvados. Así que están advertidos: si no retiran la línea discordante que nos mantiene condenados, atacaremos a los magos y cobraremos nuestra venganza.

Nadie en la cámara alcanzó a decir nada, porque justo después de haber dicho esas palabras Harry saltó y desapareció como si se tratara de una simple bruma salida de la nada.

XxXxXxXxXxX

Ginny miró de soslayo la mesa de Slytherin, percatándose de que Draco la miraba fijamente y con una expresión indefinible. Hacía por lo menos una semana que no se hablaban y aquello, aunque exasperara a sus amigos, le entristecía.

Se había hecho amiga de Draco en tercer año, cuando ambos disputaban el último partido de quidditch que definiría al campeón. Los dos jugaban de buscadores y se llevaban a morir. Luego de un escarnecido juego, Ginny atrapó la snitch, aunque salió lesionada cuando en un arrebato de rabia el rubio la botó de su escoba.

Pero esa misma noche, mientras Ginny estaba acostada en la enfermería maldiciendo a Draco de las mil formas posibles, el rubio entró a la enfermería y le dijo de forma algo brusca:

-McGonagall ha dicho que me disculpara. Bueno... pues ya lo hice, así que ahora me voy.

Ginny alzó las cejas, se levantó y le dio un puñetazo en la nariz antes de que este saliera de la enfermería.

Una semana después y mientras cumplía un castigo con McGonagall, Ginny le dijo:

-Profesora, no hacía falta que le dijera a Draco que se disculpase conmigo el otro día después del incidente de quidditch.

McGonagall levantó el rostro de su pergamino y la miró sin comprender.

-Yo jamás le he dicho al señor Malfoy algo semejante, Weasley, así que le recomiendo que no se distraiga y siga limpiando el aula.

Aunque perpleja, Ginny decidió ir a hablar con Draco y disculparse por haberlo golpeado, descubriendo que en el fondo Draco Malfoy tenía un lado amable, pero que no podía mostrar ante nadie porque su obsesionada familia lo obligaba a comportarse de esa forma.

Desde entonces ambos habían forjado una "prohibida" amistad que enfurecía a los leones y a las serpientes, y que se deterioró un poco cuando el año pasado Draco le confesó a Ginny que le gustaba.

-¿Como puedes mirar tanto la mesa de Slytherin sin querer tener ganas de vomitar?- le preguntó Ann frunciendo un poco el ceño y luego echándose una galleta de leche con manjar a la boca.

-Y yo me pregunto como tú no tienes ganas de vomitar todo lo que te has comido- comentó Ginny sonriente y mirando el suculento desayuno que su amiga aun no acababa de devorar. Siempre, desde que la había conocido, Ann gozaba de un apetito asombroso para ser una chica. A menudo Ginny se preguntaba donde le cabía todo el dulce que comía y como podía seguir siendo tan delgada.

Incluso su hermano Darek comía menos que ella.

Ann se encogió de hombros y contestó:

-Mi padre come mucho más que yo y nunca ha vomitado la comida.

-Entonces tú y tu padre son unos fenómenos- rió Ginny.

En ese momento entraron las lechuzas al gran comedor y los chicos miraron hacia arriba para ver llegar alguna de su familia o sus propias lechuzas. Un paquetito cayó sobre la cabeza de Ron, haciendo que Darek y Hermionre rieran, y luego Athenea, la lechuza de Ann, dejó caer sobre su plato de cereales un sobre y un ejemplar del profeta.

-¡Merlín!- dijo Ann mirando a Athenea y resoplando- ¿Cuando vas a aprender a traerme el correo sin dejar mi comida toda esparramada?

La lechuza se limitó a pellizcarle cariñosamente el dedo y a picar algunos cereales.

-Yo creo que Athenea se parece mucho a ti- le comentó Darek con cierta ironía- nunca hace algo sin provocar un problema.

Ann le dio un golpe en la coronilla a su hermano mientras Ginny tomaba el ejemplar del Profeta para echarle una ojeada. Inmediatamente se quedó boquiabierta cuando leyó el titular:

Peligroso vampiro amenaza al ministerio.

Sin prestar atención a Ron, que refunfuñaba acerca de lo horrible que era el libro usado que le había enviado su madre ni a la pequeña batalla de comida que estaban librando los gemelos Potter frente a ella, Ginny contempló la foto de la portada, donde salía un individuo con capucha que tenía agarrada por el cuello a un miembro del ministerio. Luego abrió el periódico, buscó la página y leyó:

Un curioso incidente aconteció ayer a las siete y media de la tarde cuando el ministro de la magia Cornelius Fudge efectuaba en la cámara general del ministerio una reunión donde se darían a conocer los planes y soluciones para acabar con el dominio del Innombrable. Sin embargo, y a medio discurso del jefe del depto. de aurores Rufus Scrimgeur, irrumpió en la cámara un individuo ataviado de negro que atacó a algunos miembros del ministerio. Aunque al principio se presumía que aquel podía ser un mortífago, la estupefacción y la sorpresa se hizo presente dentro de la cámara cuando quedó demostrado que el misterioso atacante era un vampiro joven, poco más que un muchacho.

El vampiro, de identidad desconocida por el momento, amenazó al ministro y en concreto a todos los presentes, de que si no rompían la línea de discordia que mantenía a la comunidad de vampiros en exilio desde 1885 comenzarían a atacar a la comunidad mágica. Pero las cosas no terminaron ahí.

Luego de atacar al ministro, dictar su amenaza y de estar a punto de acabar con la vida de una bruja identificada como Joanne Hollies, varios de los presentes le lanzaron variados hechizos con la intención de noquearlo. Pero el joven vampiro les demostró que también sabía hacer magia, mostrándoles a todos una varita con la que procedió a defenderse y atacar.

Luego de dar una última advertencia al ministro, el vampiro desapareció de la cámara antes de que alguien pudiera reaccionar.

Aunque el vampiro dejó en claro que no trabajaba para el Innombrable, el ministerio y el grupo de aurores no se descartam la posibilidad de que...

-Hey, Ginny ¿Que estás leyendo?- le preguntó Hermione interrumpiendo bruscamente su lectura- estás blanca.

-Mira esto- le dijo Ginny pasándole el periódico.

Hermione leyó la portada y Ann se inclinó a su lado para echarle un vistazo también.

Ambas se quedaron perplejas.

-¿Que pasó?- les preguntó Darek y luego, al leer también la portada, soltó con asombro- ¡Vaya!

-¿Vampiros amenzando a la comunidad mágica?- dijo Hermione, aun sorprendida- ¡Pero si eso es imposible!

-¿Y porqué es imposible?- le preguntó Ann.

-Porque la línea de la discordia entre magos y vampiros es irrompible- explicó Darek, adelantándose a Hermione- está hecha con un antiguo embrujo que solo los magos pueden traspasar. Por eso los vampiros ya no cazan en Londres. Al menos donde haya magos.

-Que alivio- suspiró Ron, más tranquilo.

-Pero...- Ginny miró la fotografía del misterioso vampiro con capucha y tuvo la certeza de que no podía ser otro, aunque no quería aceptarlo-... ese vampiro puede hacer magia.

Todos la miraron y luego Hermione balbuceó:

-No puede ser.

-Pero si aqui lo dice- apuntó Ann- el vampiro tiene varita y sabe hacer magia.

Ginny apartó la mirada de sus amigos, que se habían puesto a discutir sobre si aquel era realmente un vampiro o un fraude, y miró la mesa de profesores.

Específicamente a Ryan Butler.

Tal como esperaba, este estaba concentrado en la noticia del Profeta, y aun desde donde estaba sentada, Ginny podía notar la rabia nublando sus atractivas facciones. Parecía incluso algo trastornado con los ojos entornados y una sombra inconclusa de odio en el rostro. Entonces este alzó lentamente la vista para mirar a Ginny, quien se apresuró a darse la vuelta y decirle a sus amigos:

-No creo que a Butler le halla gustado la noticia.

"¿Fuiste tú, Harry?" pensó entonces, aturdida y con un nudo en el pecho.