¡Hola! ¿Vieron como si cumplí lo que dije? Pues aqui está el capitulo 7, para que lo disfruten. Muchas, pero muchas gracias a todos ustedes por sus anteriores rewiers. De verdad, sus comentarios son un aliciente constante que me inspira y me ayuda a no dejar de escribir: asi que gracias a...
HarryPeru, Vanexa.94, Quetzal29, jany.potter1, Anelis Evans, katherinblak, ginnyg, lunatipola, Kaito Seishiro, Dakota Potter,
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¡Ustedes son lo mejor, de verdad! (Ah!, y claro: harry Potter no me pertenece. Solo soy una ficker fanática jejeje)
Ahora, los invito a leer...
Capítulo 7
Lexington.
Ginny despertó al despuntar el alba. Había soñado con Harry, y en su sueño, él le confesaba cosas maravillosas. Sonrió. Había sido un sueño muy bonito.
-Hey, Ginny ¡Despierta!
La pelirroja se decidió a abrir los ojos por fin, gruñendo un poco. Ann la miraba desde el otro lado de la cama con una sonrisa entre sorprendida y divertida a la vez.
-¿No se supone que hoy es Sábado?- le preguntó Ginny- ¿Porqué me despiertas tan temprano?
Ann alzó las cejas.
-Vaya, capitana. Es la primera vez que te olvidas de que hay entrenamiento de quidditch.
-¡Por merlín!- saltó Ginny, enderezándose- ¡Claro que lo olvidé!
Ann rió y le lanzó su capa roja del equipo, diciendo mientras salía del dormitorio:
-No te preocupes ¡Por suerte yo si me levanté temprano hoy! Te espero en el desayuno.
Ginny la vio salir con una sonrisa en los labios. Al fin y al cabo, Ann era tan entusiasta con el quidditch como ella. Se levantó de la cama y fue al baño. Al mirarse en el espejo, descubrió que estaba ojerosa, pero en sus ojos avellanas anidaba un brillo nuevo que no había estado ahí antes. Sonrió.
-¿Entonces... fue verdad?- murmuró, para sí misma.
Lentamente fue recordando su encuentro con Harry en la noche. Recordó lo que se habían dicho, sus ojos verdes mirándola intensamente, su abrazo entre brusco y tierno al mismo tiempo.
Malditas seas. Te maldigo por robarme el alma, Ginevra Weasley. Te maldigo por hacerme sentir tan humano. Te maldigo porque te quiero y no he dejado de pensar en ti ni un solo día.
Esas habían sido, exactamente, las palabras pronunciadas por él. Ginny cerró los ojos y rememoró el profundo beso que se habían dado, el terciopelo de sus labios apasionados y peligrosos al mismo tiempo. Pero eso a la pelirroja no le importaba.
Por primera vez en su vida se sentía completa.
Se sentía enamorada.
XxXxXxXxX
Ian observó de soslayo a Harry, que estaba sentado junto a la ventana leyendo un libro. Pero Ian había aprendido a conocerlo demasiado bien, o era lo suficientemente perspicaz, como para saber que el joven príncipe vampiro no estaba siguiendo la lectura.
-¿A donde fuiste anoche?- le preguntó por fin, no pudiendo permanecer callado más tiempo.
Harry lo miró y sonrió, alzando las cejas.
-¿Porqué siempre quieres saberlo todo?
-¿Y porqué siempre respondes a mis preguntas con otra pregunta?- refunfuñó Ian- no es justo, príncipe.
Harry se limitó a sonreír y siguió con su lectura, sin embargo Ian no era de aquellos que se daban por vencidos con tanta facilidad. Se acercó a Harry, aludiendo:
-Es curioso que esta vez no expresaras ningún gesto de enfado.
-¿Y porqué debería enfadarme?
-Porque te acabo de decir príncipe.
-Muy bien ¿Qué quieres saber?- se hastió Harry después de resoplar.
Ian sonrió. Le encantaba lograr lo que se proponía.
-Ya sabes lo que quiero saber.
-Fui a cazar ¿Contento?
-¿En serio? ¿Y porqué no me invitaste? ¡Me moría de hambre, pero tuve que quedarme aquí toda la noche mientras me preguntaba donde estabas!
-Pareces un crío.
-Y tú eres un mentiroso- susurró Ian viendo como Harry entrecerraba los ojos.
-¿Y quien te dijo que los vampiros somos sinceros?
-A mí no puedes engañarme- sentenció Ian- estás metido en algo raro. Lo sé.
-¿Ah si?
-Aunque no lo creas tengo una excelente intuición, Harry. Y soy muy observador.
Harry cerró los ojos, suspirando. Dejó el libro a un lado y se levantó mientras se ceñía la capa.
-Si respondiera tu pregunta con una verdad, mi estimado Ian Pascolli- dijo el de cabello negro girándose ligeramente para mirarlo con una sonrisa algo siniestra- no me creerías.
Ian lo vio salir de la casa de los gritos con un simple hechizo de desaparición. Gruñó por lo bajo, fastidiado.
"¡Sangre mágica tenías que tener!" pensó sacudiendo la cabeza.
XxXxXxXxX
-¿Cómo? ¡No puedo creerlo! ¡Estuviste anoche con el vampi...!
-¡Shhhh! ¿Porqué siempre tienes que ser tan indiscreta?- le reprendió Ginny a Ann, al tiempo que miraba hacia ambos lados por si alguien los estaba escuchando. Sin embargo el resto del equipo iba un poco más adelante, charlando y riendo entre ellos animadamente.
-Aun me cuesta creerlo- sonrió Ann, pero entonces se puso más seria- ¿Alguien los vio?
-No. Era muy tarde.
-Pero ya sabes que las paredes de este colegio tienen ojos y bocas por donde uno menos lo espera. No me quiero ni imaginar como reaccionaría Butler si te ve juntándote con un vampiro a medianoche.
Al pensar en Butler, Ginny tuvo una sensación de amarga inquietud.
-Nadie puede saber esto, Ann. Nadie.
-¿Vas a mantenerlo en secreto?
-¿Y qué quieres que haga?, Harry está siendo buscado arduamente por el ministerio y, por si lo olvidas, es un vampiro.
-Y un mago también ¿No?
Ginny sonrió:
-Veo que lo defiendes mucho a pesar de que aun no lo conoces.
-Lo vi cuando te salvó de esos mortífagos, Gin. Además me has contado cosas maravillosas de él. Ese es motivo suficiente como para que me agrade- Ann le guiño un ojo y añadió:- aunque, por otro lado, es demasiado hermoso como para ponerse en su contra.
La pelirroja asintió, pero fue asaltada por unos repentinos temores.
-¿Crees... que esto esté bien, Ann?- murmuró de pronto.
Su amiga la miró directamente a los ojos.
-¿A qué te refieres?
-Tú sabes a que me refiero.
Ambas se quedaron en silencio por unos segundos. Por fin, Ann dijo:
-Mira, Ginny. No puedo asegurarte que tu relación con Harry vaya a ser fácil, porque las circunstancias... van contra la corriente. Trato de ser sincera en esto contigo, compañera, pero sí puedo prometerte una cosa:- Ginny vio, por primera vez desde aquel incidente que marcó la vida de Ann, un brillo intenso en sus ojos verdes.
-¿Qué cosa?
-Nunca te arrepientas de amar, Ginny. Si realmente sientes cosas por Harry que nunca has sentido con nadie, y él te corresponde, todo lo demás no importa cuando ya se ha formado un lazo. No pierdas esta oportunidad. Por la felicidad… siempre vale la pena arriesgarlo todo.
Ginny vio que los ojos de Ann se habían puesto llorosos y se sintió conmovida, pues sabía que los recuerdos aun seguían doliéndole después de tanto tiempo. Ginny y Ann se abrazaron entonces, sin necesidad de decirse más cosas.
XxXxXxXxX
-¿No crees que Ginny ha estado muy rara desde lo ocurrido en Hogsmeade?- le preguntó Ron a Hermione cuando se sentaron en la mesa de Gryffindor para desayunar.
La castaña lo miró alzando las cejas.
-¿Que te preocupa, Ron?, yo la veo feliz.
-Pues precisamente es eso lo que me preocupa- apuntó Ron con el ceño levemente fruncido- está... repentina y extrañamente feliz.
-¿Y eso es preocupante?
-Mira, Hermione. Debo confesarte que sospecho algo...
Pero Ron no pudo continuar porque justo en ese momento llegaron Ginny y Ann.
-¿Y ustedes no deberían estar en el campo de quidditch?- adujo Hermione mirándolas con una sonrisa de sorpresa.
-Ginny decidió terminar el entrenamiento más temprano- dijo Ann sentándose junto a ella y tomando un pastelito de chocolate que se hallaba en el plato de su hermano.
-¡Eh!- protestó Darek.
Ann lo miró con la boca llena y encogiéndose de hombros. En ese momento, el director Dumbledore golpeó sonoramente una copa de vidrio con la cuchara y todos los estudiantes se giraron para mirarlo, prestándole atención.
-Hace una semana, la ilustre academia de magia estadounidense Lexington y el colegio Hogwarts, decidieron elegir a los cincuenta mejores estudiantes de cada escuela para efectuar unas pruebas de conocimiento mágico tanto práctico como escrito que nos permitirá avaluar nuestro nivel académico. Esto también impulsará la sociabilidad de ambas escuelas, algo que, espero, nos ayude a traspasar las barreras de la comunidad mágica y formar nexos entre magos de otra cultura.
Una ola de murmullos de sorpresa y curiosidad recorrieron el gran salón. Dumbledore prosiguió:
-La lista de los alumnos que hemos elegido para representarnos será dada a conocer mañana por la mañana. Y otra cosa- un brillo extraño y divertido en los ojos azules de Dumbledore hizo que varios se quedaran muy callados:- los profesores y yo hemos decidido realizar una fiesta de máscaras la noche posterior a la llegada de los alumnos de Lexington, que se efectuará el próximo lunes por la mañana. Esperamos que eso les sirva para conocerse.
Esta vez, todo el gran salón se llenó de comentarios emocionados y entusiastas. Varias chicas soltaron risitas y Ann vio, con los ojos entornados, como varios pares de ojos femeninos se giraban hacia su hermano, quien parecía no percatarse de ello.
-Bueno, eso es todo lo que quería comunicarles. Pueden seguir con su desayuno- concluyó Dumbledore con una sonrisa en los labios.
-¡Una fiesta de máscaras!- exclamó Parvati, emocionada- ¿Verdad que es estupendo?
-Bueno, por lo menos no es un baile- opinó Neville, con una sonrisa nerviosa. Luego miró a Darek- aunque tú no habrías tenido inconvenientes, con todas esas chicas detrás de ti.
-No sé, pero yo voy con Linda- sentenció Darek, sonriéndole a la aludida, quien también sonrió.
-¿Y tú Ann? ¿Con quien irías?- le preguntó Seamus a la chica con un brillo en la mirada. Todos sabían que Seamus Finnigan estaba loco por Ann desde primero.
-No lo sé. No hay nadie que me interese- respondió ella.
-Lo que me pregunto es a quienes eligieron para la competencia- dijo Ginny y le sonrió a Hermione- claro que no tengo dudas de que tú estás en ella.
-¿Ustedes creen?
-Claro que sí, Herm. Y Darek también estará- sentenció Ron- solo espero que hallan más elegidos de Gryffindor que de Slytherin.
-¿Que sabes sobre la academia mágica Lexington, Hermione?- le preguntó Ann a su amiga.
-Bueno...- Hermione pareció pensar-... según lo que he leído, se trata de una escuela fundada en el siglo XX, creo que por 1908 o 1910. Tiene gran prestigio, claro. En especial porque es la única escuela de magia en donde se enseña la alquimia, el estudio de los elementos y la simbología mágica.
-Suena interesante- comentó Darek.
-También se caracteriza por recibir alumnos tanto de Norteamérica como de Sudamérica- concluyó Hermione.
En ese momento un hermoso cuervo negro entró por una de las ventanas abiertas del Gran Comedor, llamando la atención de la mayoría. Para sorpresa de Ginny, el cuervo llevaba una pequeña nota en sus patas que iba dirigida hacia ella. Ron observó, perplejo, como el cuervo se paraba frente a Ginny sobre la mesa de Gryffindor, dejaba la nota encima y emprendía otra vez el vuelo, marchándose por la misma ventana por la cual había entrado antes. Todos miraron a Ginny con curiosidad.
La pelirroja decidió ignorar el escrutinio de los demás y desdobló la nota para leer que decía, absolutamente curiosa:
Esta noche... bajo la luz de la luna...
¿Te parece?
H.
Ginny releyó la nota cinco veces, pero tuvo que hacer grandes esfuerzos para que los demás no vieran la sorpresa y la felicidad de su expresión.
-¿De quien es?- le preguntó Ron, algo ceñudo.
-De... un amigo que conocí este verano- mintió Ginny rápidamente.
Todos menos Ann, que parecía divertida, alzaron las cejas.
-Cuando fui al callejón Diagón... en la tienda de túnicas. Vive en Francia y es muy agradable- prosiguió Ginny, recurriendo a todos sus dotes de invención.
-¿Y porqué no nos lo habías dicho?
-Porque... se me olvidó. No pensé que me escribiría.
A Ginny no se le escaparon las miradas escépticas que le dirigieron sus amigos, pero estaba demasiado feliz como para que aquello, al fin y al cabo, le preocupara. Ron era el más ceñudo, Dárek parecía meditabundo, Hermione curiosa y Ann divertida.
Ginny suspiró por lo bajo: ¿Que pasaría si descubrían que estaba enamorada de un vampiro?
XxXxXxXx
Faltaban dos minutos para las once. Todas las chicas de cuarto año dormían profundamente. Ginny, en cambio, fingía dormir. A cada momento sus ojos almendrados se giraban hacia la ventana, pero entonces se reprochaba por eso.
"Parezco una niña ansiosa por ver al niño que le gusta ¡No!, mejor dicho; parezco una muchacha idiota. Tal como esas que persiguen a Dárek o Robert Davies todo el santo dí..."
-¿Quien es Robert Davies?
Ginny se sobresaltó al oír la armoniosa voz de Harry muy cerca de su oído. Se giró algo sobresaltada y vio como el vampiro esbozaba una sonrisa entre burlona y extrañada.
-¿Estaba pensando en voz alta?- le preguntó ella.
-Los humanos suelen tener ese defecto.
Ginny alzó las cejas, sonriendo.
-¿Y que defecto tienen los vampiros?, porque no creo que sean perfectos.
Harry, que estaba sentado cómodamente sobre su baúl, pareció meditar la pregunta. Entonces respondió con una pícara sonrisa:
-Somos orgullosos, tercos... y amamos la belleza.
-¿Ese es un defecto?
-Por supuesto- dijo él mirándola a los ojos de forma intensa- tú belleza se ha convertido en mi perdición, Ginevra ¿Eres conciente de eso?
La muchacha inspiró hondo, sintiendo que el pecho le daba un vuelco. Oh, diablos ¿Por qué no podía dejar de mirarlo?
-¿Porqué siempre tienes que hacerme sentir culpable?- le preguntó ella.
-Solo constato un hecho, Ginevra.
Ginny sonrió.
-No me digas Ginevra. Nadie me llama así y el que tú me lo digas hace que me sienta... rara. Solo dime Ginny.
-Ginny- susurró Harry, cerrando los ojos y acercando su rostro perfecto hacia el de ella- me gusta.
Ella cerró los ojos, sucumbiendo ante él otra vez y dispuesta a perderse en sus labios, pero Harry pareció pensarlo mejor y, abriendo los ojos, sonrió y la tomó de la mano.
-Vamos.
-¿Afuera del castillo?
-La noche aquí es hermosa- al ver la expresión de ella, Harry esbozó una burlona sonrisa, añadiendo:- ¿O acaso sigues teniéndome miedo?
-Yo nunca te he tenido miedo- repuso ella alzando el mentón, indignada- Eres un engreído.
Harry se limitó a esbozar una enigmática sonrisa, pero entonces giró la cabeza y sus ojos verdes se estrecharon. Ginny se dio cuenta de que miraba hacia la cama de Ann, quien, tal como lo suponía, estaba despierta. Harry estaba a punto de marcharse por la ventana con un ágil movimiento, pero Ginny lo agarró por la muñeca y le dijo:
-No te preocupes. Ann es mi mejor amiga.
El joven vampiro iba a hacer una dura réplica, pero al ver bien a la chica de cabello negro sus palabras se perdieron. Tuvo que parpadear ¿Porqué aquella muchacha le resultaba tan... familiar?
Y sus ojos...
"Sus ojos..." pensaba Ann al mismo tiempo, viendo a Harry fascinada, asustada y sorprendida a la vez.
Por un momento, Ann creyó ver en aquel joven vampiro los rasgos juveniles de su padre, aunque más perfectos. Pero entonces vio sus ojos y se sorprendió todavía más.
Sonrió.
-Emm... hola- farfulló, revolviéndose el cabello- siento interrumpirlos.
Harry miró a Ginny, quien se apresuró a decirle:
-Harry, ella es Ann Potter, mi mejor amiga.
"Potter" pensó Harry "¿Entonces es hija del auror James Potter?"
-Un placer... humana- le dijo Harry.
-¡Harry!- le reprendió Ginny.
-¿Qué? ¿Dije algo malo?
-Decirle humana a alguien es de pésima educación- adujo ella mientras Ann reía.
-No importa Gin- dijo la de ojos verdes y miró a Harry fijamente- Así les enseñan a tratarnos ¿Verdad vampiro?
Harry entornó los ojos.
-¿Acaso ustedes los humanos nos tratan bien a nosotros?
-No todos somos así- repuso Ann con firmeza- deberías saberlo ya, si te has enamorado de Ginny.
La pelirroja se ruborizó y fulminó con la mirada a su amiga, quien siempre se destacaba por ser descaradamente sincera. Harry parecía turbado por primera vez, casi un chiquillo tímido. Ann sonreía.
-Lo siento- dijo Harry evadiendo su mirada- no quise ser descortés.
-No te preocupes. Y puedes llevarte a mi amiga por esta noche, si quieres- añadió Ann guiñándoles un ojo a ambos- pero si intentas hacerle daño...- sus ojos verdes brillaron de pronto y por unos segundos Ginny vio en ellos la frialdad imperturbable que tenían los de Harry-... te irá muy, muy mal.
Harry sonrió confiadamente por esta vez y, tomando a Ginny de la mano, la llevó hasta la ventana mientras le decía a Ann:
-Eres una buena amiga.
Ginny sintió como Harry le rodeaba firmemente la cintura y miró a Ann con una sonrisa de disculpa, pero ella solo asintió sin inmutarse cuando Harry saltó a través de la ventana con ella entre su fuerte brazo de vampiro.
XxXxXxXxX
La habitación era fría, sin ventanas, y de las paredes pendían candelabros de plata con largas velas verdes que solo servían para iluminar tenuemente aquella estancia. La figura, encapuchada y vestida solo con una larga capa negra, avanzó hacia donde se hallaba sentado su amo, que era más alto y amenazante, e hizo una inclinación.
Una temible serpiente estaba enrollada a sus pies, mirando fijamente al individuo que había entrado.
-Mi señor. La he traído.
-¿Alguien en el ministerio te vio?
-Solo un empleado- contesto el individuo con un ademán de indiferencia- pero me deshice de él con facilidad.
El otro asintió, satisfecho. Sin embargo, sus ojos rojizos estaban fijos en la cajita negra que el hombre traía en sus manos.
-Quiero oírla.
El sujeto abrió la cajita y reveló una esfera de cristal que contenía un extraño brillo. La figura de ojos rojizos sacó su varita y, sin preámbulos, apuntó con ella a la esfera:
-¡Destructio!
La esfera se rompió y de ella emergió una diáfana silueta blanca que, con una voz extraña, profunda e inexpresiva, comenzó a decir:
El único con poder para derrotar al señor tenebroso ha sido arrebatado de su hogar para ocupar un lugar entre aquellos que debieran de repudiarlo. Su magia se unirá con la sangre de los inmortales, y tanto su espíritu como su cuerpo beberán del poder que el señor tenebroso tanto anhela. Sin embargo solo conseguirá superar a su némesis aquel que burle las leyes de la vida, la muerte y la inmortalidad absoluta. Y ninguno de los dos podrá vivir mientras el otro no sea destruido.
Hubo un tenso silencio. La serpiente que descansaba a los pies de su amo alzó la cabeza y siseó.
-Ya veo...- murmuró el de los ojos rojos.
-¿Señor?
-Me parece que he descifrado el enigma de esta segunda profecía... Severus.
El hombre inspiró hondo. Su amo continuó:
-El muchacho... es un vampiro- sus labios se curvaron en una sonrisa- un vampiro, Severus. Y no uno cualquiera.
-¿No me diga que se refiere a...?
-Tengo una ferviente sospecha, pero antes debo asegurarme. Bien. Puedes retirarte.
Severus asintió haciendo una inclinación y se dirigió hacia la puerta. Pero antes se atrevió a formular otra pregunta más:
-¿Quiere que averigüe al respecto, mi señor?
-No. Lo haré yo mismo.
-Como usted diga.
Severus Snape salió con el semblante tenso e inquieto.
Lord Voldemort apretó ambos puños con tanta fuerza que se hizo sangrar la palma. Pero una sonrisa aterradora retrataba su rostro atractivo.
-Harry Potter... esta vez no huirás de mí.
XxXxXxXxX
Harry giró un poco la cabeza y le preguntó a Ginny, que iba agarrada sobre su espalda:
-¿Quieres que vuele más rápido?
-No tienes ni para que preguntarlo.
Él sonrió y, con un hábil impulso, aumentó la velocidad de su vuelo haciendo que su capa ondeara de forma impetuosa. Si alguien lo hubiera visto desde abajo, solo habría pensado que se trataba un ave muy grande. Sobrevolaban el bosque prohibido, y cuando volteó la cabeza para mirar hacia atrás, Ginny se dio cuenta, con cierta sensación de inquietud, que apenas se distinguía el castillo.
-¿Adonde vamos?- le preguntó a Harry tratando de que no se le notara la inquietud.
-Confía en mí- dijo él simplemente.
Pocos minutos después iban sobre una zona del bosque que era mucho menos oscura, llena de ríos y vertientes provenientes desde las montañas que bordeaban el valle. Ginny se quedó maravillada.
-Llevas mucho tiempo volando- le comentó a Harry- ¿No te peso?
Para su sorpresa, él soltó una melódica carcajada:
-Claro que no. Mi fuerza no es comparable a la de un humano normal. Eres como una pluma para mi.
-¿Qué otras habilidades tienen los vampiros?
-Eso depende de la casta.
-¿Cómo?
-Hay tres castas vampíricas. Yo pertenezco a los Vlad, la segunda casta más antigua. Antes están los Baltur; ellos fueron los primeros vampiros que habitaron la tierra. Por último están los sheldrak. Estos son los más numerosos, pero tienen la ventaja de poder morder a quienes quieran y convertirlo en uno de ellos sin matarlo.
-¿Los de tu casta no pueden convertir a alguien en un vampiro?
-Solo cuando al que pretendas convertir no supere los tres años.
-Vaya. Que extraño ¿Y tú naciste siendo vampiro o te convirtieron?
Harry titubeó. No quería revelarle por el momento que era hijo del rey de los Vlad, así que decidió decirle la verdad a medias.
-Nací siendo vampiro.
-¿Entonces tienes padres?
-Solo a mi padre. Mi madre murió cuando yo nací.
-Oh, lo siento.
-No lo sientas, Ginny. Además, los vampiros nunca lloramos a los muertos, pues forman parte de nosotros. Agárrate bien, porque voy a descender.
Ella hizo lo que le pedía y entonces Harry comenzó a bajar a toda velocidad. Si no fuera porque Ginny no temía para nada las alturas, se habría mareado al instante y soltado la capa de Harry de puro vértigo. Antes de que pudiera darse cuenta, Harry tocó tierra y la bajó con suavidad de su espalda.
Estaban junto a la ribera de un tranquilo río sobre el cual se reflejaban las estrellas. Ginny miró a Harry y le preguntó:
-¿Porqué decidiste detenerte aquí?
Bajo la luz que derramaba la luna, Harry se volteó para mirarla y le sonrió:
-Porque quiero mostrarte algo. Ven sígueme.
Curiosa, Ginny lo siguió a través del bosque que estaba a su derecha. Un bosque que, aunque era muy frondoso, no era tan siniestro como el Bosque Prohibido. No caminaron mucho cuando el brazo de Harry la hizo detenerse en seco tras unos altos matorrales. Entonces él le susurró:
-Estira un poco la cabeza y observa.
Ginny alzó la mirada por sobre los matorrales y quedó maravillada.
En frente de ellos había un amplio claro donde unos ocho unicornios junto a algunas crías bebían de las aguas del río o jugaban entre ellos despreocupadamente. Sus plateados pelajes relucían como si estuvieran hechos de diamantes, e incluso desde donde estaba, Ginny pudo apreciar la sedosidad de sus colas y crines. Apenas podía parpadear por la fascinación que le producían aquellas criaturas hermosas.
Aquella era la escena más conmovedora y bella que Ginny había visto en su vida.
-En otoño, los unicornios macho se reúnen en los claros de los bosques para cortejar a las hembras- dijo Harry- pero ahora, como ves, todos vienen aquí para pasar un momento de tranquilidad.
-Son bellísimos- musitó Ginny, dándose cuenta de que tenía los ojos brillantes por las lágrimas.
-Tú también lo eres... mi pequeña unicornio- le susurró Harry, y sus ojos verdes relucieron por si mismos en la penumbra. Ginny le sonrió, ruborizada.
-Gracias por traerme aquí, Harry.
-Sabía que te gustaría.
-¿Y tú cómo sabías que lo unicornios se juntaban aquí?
Harry sonrió:
-Aunque la mayor parte de los humanos crean lo contrario, los vampiros adoramos la belleza y la inocencia. Los Vlad protegemos en especial a criaturas puras como los unicornios, las aves fénix y los niños. Nuestro símbolo es una rosa de doce pétalos.
Ginny vio como Harry sacaba de su bolsillo el prendedor que ella había encontrado en su habitación aquella primera noche en que lo vio.
-Me la dio Lilith, una de las mujeres vampiras que me crió- explicó él- y nunca olvidaré lo que me dijo.
-¿Que te dijo?
Harry tomó sus manos y le entregó el prendedor mientras respondía:
- "Si algún decides regalársela a alguien, que sea por quien darías sin dudarlo tu inmortalidad"
Ginny bajó la vista para observar el bello prendedor. Luego miró a Harry sin saber que decir.
-Harry, no es necesario que...
-Quiero que la tengas. Es un regalo mío.
-Pero...
-¿No la quieres?- preguntó él entonces, con el ceño algo fruncido.
-Es que no creo que me lo merezca, Harry. Sé que este prendedor es algo muy especial para ti.
-Por eso te lo he dado. Tú eres lo más especial que tengo ahora. Has cambiado mi vida, Ginny.
Ginny lo miró a los ojos y sonrió, sintiendo el alma y el corazón rebozante de amor.
-¿Entonces ya no quieres matarme?
-Debo matarte, te lo he dicho: pero no voy a hacerlo. Ya estoy maldito.
Él la abrazó entonces y Ginny cerró los ojos, aspirando su aroma y sintiendo que jamás podría querer a alguien de aquella manera tan embargadora.
-Estoy loca- dijo ella sin dejar de sonreír.
-¿Ah si?
-Me he tenido que enamorar justo de aquel que quiere matarme.
-Entonces los dos estamos locos ¿Eso te asusta, Ginny?
-Un poco- admitió ella y se separó suavemente de él para mirarlo- cuando los demás descubran esto...
No se atrevió a seguir. Harry dejó de sonreír y asintió:
-Un vampiro y una humana..., la unión más extraña.
-No quiero que eso nos impida estar juntos, Harry.
-Lo sé. Pero...
-¿Te preocupa lo que puedan decir los tuyos?
-Debo confesar que si. Pero aquello no significa que vaya a separarme de ti. Eso nunca pasará.
-Prométemelo- murmuró ella alzando sus ojos avellanas. Los verdes se clavaron sobre los suyos con igual intensidad.
-Es una promesa- dijo él, apretando su mano.
XxXxXxXxXxX
El lunes 10 de Octubre llegó rápido. Esa mañana la mayor parte del colegio decidió ir a desayunar temprano; ansiosos y curiosos ver a los cincuenta seleccionados del colegio Lexington. Gran parte de la curiosidad tenía que ver con la forma en que llegarían, algo que había causado gran revuelo el año anterior para el Torneo de los Tres Magos con las espectaculares llegadas de la academia Beuxbatons y Drumstrang.
La lista de los que representarían a Hogwarts se dividió en ocho alumnos por curso y diez para séptimo, exceptuando a los de primer año. Pero por sobre todo, el deseo de Ron de que Gryffindor tuviera más seleccionados para la competición se hizo realidad. En total fueron seleccionados 17 de Ravenclaw, 14 de Gryffindor (entre los que se hallaban Hermione y Dárek), 11 de Slytherin y 8 de Hufflepuff.
-¿Nunca se atragantan cuando comen?- se preguntó Hermione mientras veía sorprendida a Ann y a Ron dando cuenta de su generoso desayuno.
-No lo creo- sonrió Neville.
-Todos los hombres de mi familia tienen un alto metabolismo- explicó Ginny rodando los ojos- mis padres gastan más en comida que en cualquier otra cosa.
-Ann salió a mi papá- añadió Dárek.
-Hablando de su padre- dijo Hermione abriendo el ejemplar de El Profeta y mostrándoselos a los dos gemelos Potter- miren; salió esta mañana.
-¿E´n erio?- dijo Ann, aún con la boca llena e inclinándose en la mesa.
Los dos vieron una foto en blanco y negro de su padre respondiendo a lo que le preguntaban varios reporteros. Junto a la foto, el título decía: "Aurores revelan nuevas pistas sobre el paradero del peligroso vampiro que anunció una futura guerra"
-Vaya- comentó Dárek- no sabía que mi padre estuviera al mando de la investigación.
-Dice aquí que es muy probable que aquelarres completos de vampiros se estén reuniendo en Inglaterra- dijo Hermione frunciendo un poco la frente- han encontrado víctimas mordidas.
Ginny estaba tensa y Ann se dio cuenta, por lo que se apresuró a decir:
-¿Y que otras noticias importantes hay?
-Uff. Lo malo de siempre: dos familias asesinadas por mortífagos. Una de ellas eran muggles. Ah, por merlín..., y el ministro de la magia de Ucrania se unió al innombrable.
-Maldito cobarde- gruñó Ron.
Las puertas del gran comedor se abrieron y varios alumnos de sexto exclamaron:
-¡Los de Lexington están llegando!
Todos se levantaron, entusiasmados, y comenzaron a salir del Gran Comedor apresuradamente en dirección a los jardines delanteros del castillo. Ginny, Ann, Hermione, Ron y Dárek alcanzaron a llegar justo para ver un largo tren color blanco surcar sobre el lago. Un tren que era tirado por criaturas con alas parecidas a los dragones.
Impresionados, los alumnos de Hogwarts observaron como el tren comenzaba a descender hasta detenerse en un costado del bosque prohibido, cerca del lago. Luego vieron como Dumbledore, la profesora McGonnagal y otros dos maestros iban hacia ellos para recibirlos.
-Es más bonito que el expreso de Hogwarts ¿No creen?- dijo una chica a sus espaldas.
-Si, es cierto.
-¡Y miren esos dragones!
-¿Crees que sean dragones?
-Por supuesto que no es más bonito que el expreso de Hogwarts- sentenció Ann frunciendo un poco el ceño- yo creo que, como Beauxbatons, ese tal colegio Lexington está lleno de niñitos llorones creídos.
-Miren, ahí vienen- dijo uno.
Todos vieron como terminaban de bajarse los estudiantes seleccionados de Lexington desde los más pequeños a los más mayores, seguidos por su directora, una mujer esbelta de cabello cobrizo y muy joven.
A unos cuantos metros de ahí, dos jóvenes vampiros observaban a los alumnos de Lexington fijamente.
-Mm... Mira sus pieles. Son apetecibles- comentó Ian con una sonrisa de medio lado.
-Ni se te ocurra morder a alguno- le amenazó Harry.
-Ah, no eres divertido.
Harry lo miró con un extraño brillo de astucia en los ojos:
-Sin embargo, creo que son la carnada perfecta para llamar la atención completa de la comunidad mágica inglesa.
-¿Que quieres decir?- inquirió Ian.
-¿No crees que sería terrible si unos vampiros raptaran a un estudiante del distinguido colegio de magia estadounidense Lexington?
Ian entrecerró los ojos, pero asintió con aprobación:
-Quedaría el caos.
-El ministerio de la magia de Estados Unidos se enemistaría con Inglaterra- prosiguió Harry- y entonces se darán cuenta de que con la comunidad vampírica no se debe jugar.
-Harry: eres un genio.
-Solo debemos esperar un poco. Ser pacientes... Y solo así obtendremos nuestra venganza sobre los magos. Tú solo espera. Yo me encargo de lo demás.
Muy bien, eso es todo por ahora ¡No olviden dejar comenttarios; criticas y sugerencias!
carpe diem!!
