Bueno, pues tal como prometi ayer, aquí les traigo un largo capitulo y que, espero, les gustre mucho. Vuelvo a reiterar mis disculpas, per afrontar la perdida de alguen a quien quieres mucho te anula y puede hacer que dejes lo que te gusta hacer. Prometo actualizar mucho mas seguido desde ahora y, en compensación, este capitulo va dedicado a todos los que me animaron ya sea dejándome rewiers o acompañándome en los malos momentos.
¡Un sincero abrazo a todos y disfruten la lectura!
8
Baile y sorpresas.
Lorkan Vlad-Seir avanzó por el jardín del castillo y sus ojos plateados se quedaron contemplando a uno de los niños vampiros que jugaban en las viejas fuentes de agua. Aquel se parecía mucho a Harry. A su Harry... cuando este era todavía un niño.
Lo cierto es que Harry siempre había sido especial. Siempre más maduro y reflexivo que los demás. Pero, aun así, Lorkan debía recordar, aunque le doliera, que Harry nunca había perdido del todo su parte humana. Mucho menos esos poderes que aunque eran muy útiles para toda la comunidad de los Vlad, le hacían recordar una y otra vez que Harry no era su hijo consanguíneo.
Y que era un mago.
"Ya no es un mago" se dijo con firmeza "Harry es mi hijo. Un vampiro y el príncipe de los Vlad. Mi heredero... ¡Mi hijo!"
Lorkan sonrió. Desde que había visto los ojos esmeraldas de Harry por primera vez, Lorkan supo que él y solo él podría merecer su trono. Albergaba las esperanzas de que un día Harry pudiera sucederle como rey y estaba seguro de que sería el mejor de todos. Por otro lado, Harry le llenaba de orgullo.
Era el hijo que su amada Serenia y él siempre quisieron tener.
Cada noche antes de ir a cazar. Cada mañana antes de refugiarse bajo las sombras. A cada momento, Lorkan recordaba a Serenia. Ella, la mujer más hermosa y especial que había conocido en su larga vida. Serenia, que había dejado de ser humana por él. Y que había muerto en sus brazos justo antes de un amanecer plagado de desesperaciones. La recordaba siempre. Aunque esta había llegado a convertirse en un fantasma del cual no se podía liberar.
-¿Has estado enamorado alguna vez, padre?- le preguntó Harry cuando este era todavía un niño.
-¿Por qué me preguntas eso?
-Quiero saber...- Harry titubeó-... si amabas a mi madre.
Lorkan miró al niño y sonrió:
-Ella es la única mujer de la que me he enamorado. La única. Y sigo amándola, Harry, porque para nosotros, la muerte no significa separación: significa reencuentro.
-¿Reencuentro?
-Así es- asintió Lorkan- el amor no se extingue ni muere jamás porque es más inmortal que nosotros. Puedes estar lejos de esa persona, pueden intentar separarte de ella. Pero eso jamás hará que dejes de quererla.
-¿Entonces aun quieres mucho a mi madre?
-La amo. Y aguardo siempre el momento en que vuelva a reencontrarme con ella.
Lorkan sabía que Serenia habría estado orgullosa de él y también de Harry. Porque, al fin y al cabo, había sido ella quien le hizo prometer antes de morir que reivindicaría el honor de los vampiros si convertía al único mago destinado a alcanzar el más elevado poder. Y ese era Harry Potter.
El Elegido que debía derrotar al Señor Tenebroso.
El Príncipe Elegido destinado a enaltecer la raza vampírica.
Su único y amado hijo.
XxXxXxXxXxX
El hombre era joven y atractivo. Y también, uno de los psicópatas más buscados de Inglaterra. En esos mismos momentos, precisamente, vigilaba con ansiedad maniática a dos atractivas mujeres que volvían de una fiesta nocturna. Las víctimas perfectas.
Sin embargo, justo cuando estaba por interrumpir el camino de ellas con la intención seducirlas y llevárselas a su casa para masacrarlas, dos ágiles figuras se interpusieron en su camino. Entornando los ojos, furioso, el hombre los contempló. ¡Solo se trataban de dos muchachos! Altos los dos; vestidos con idénticos y elegantes trajes negros. Pero tampoco pudo dejar de notar la extrema palidez que cubría sus rostros agraciados.
-¿Quienes son ustedes?- murmuró el hombre con una sonrisa malévola, al tiempo que metía lentamente su mano en el bolsillo para sacar la navaja.
Aquellos dos atractivos jóvenes eran también unas excelentes presas.
-Sabemos lo que tienes ahí- sonrió el de cabello castaño mientras apuntaba con un gesto de su cabeza el bolsillo en donde tenía su cuchillo. El hombre dejó de sonreír y lo miró con un brillo sicótico en los ojos.
-Con que lo saben- sonrió torcidamente- ya veo....- sin más preámbulos sacó el cuchillo, cuyo filo destelló bajo la penumbra, y se abalanzó hacia el joven de cabello castaño. Pero antes de que pudiera hacer nada más, una mano lo agarró por el cuello de la camisa y torció su muñeca, rompiéndola.
El hombre gritó de dolor.
El cuchillo cayó al suelo.
Unos ojos verdes brillantes y siniestros se clavaron de pronto sobre los suyos. El hombre apenas pudo emitir palabra cuando una oleada intensa de terror le invadió.
-Dulces sueños- susurró el joven de cabello negro y ojos verdes antes de hundir unos marfileños colmillos sobre su cuello, no sin cierta violencia. El hombre abrió mucho los ojos e intentó gritar, pero a continuación el otro joven, cuyos ojos eran amarillos como los de un halcón, se colocó a su lado izquierdo y hundió también los colmillos muy cerca de donde estaba su yugular. En pocos minutos, el cuerpo del buscado psicópata cayó al suelo con el color de la muerte y absolutamente seco.
Ian se pasó la manga por la comisura de los labios, sonriendo.
-Que buen postre- comentó.
Harry, después de observar el cadáver del individuo con clara indiferencia, también sonrió:
-Vamos a llamar la atención de los magos ingleses.
-Ni que lo digas, Harry. Se supone que tenemos totalmente prohibido alimentarnos en este país por el tratado y todo eso.
-¿Y que importa el tratado ahora?- dijo Harry sin poder dejar de sonreír- los magos sabrán quienes somos. Les enseñaré a temernos, y aunque tenga que matar a todos los que se me crucen por el camino, no descansaré hasta verlos redimidos. Quiero escuchar de la boca del ministro o de ese tal Albus Dumbledore que jamás debieron haberse metido con nosotros. Que el día en que decidieron exiliarnos sentenciaron sus propias vidas.
Los ojos de Ian brillaron con vigor:
-La sangre de los magos será nuestra, Harry. Nuestra al fin.
XxXxXxXxX
... No te acerques a ese bosque
¿Que pasa? ¿Tienes miedo..?
¡¡Katryn!!
Con un brusco respingo, Ryan Butler despertó de su sueño. Luego ladeó la cabeza y contempló la lluvia que azotaba la ventana. Cansado, cerró los ojos y se pasó una mano por el rostro con un suspiro.
Siempre tenía las mismas pesadillas. Le perseguían, le atormentaban...
"Es mi castigo" se decía siempre.
Volvió a recordar el nítido rostro de ella, sonriéndole como la primera vez en que la vio. Apretó los ojos con fuerza.
Pero aquello no impidió que oyera su suave voz, venida desde el pasado...
Los pétalos de cerezo se deslizaban por el aire y una agradable brisa primaveral agitaba su cabello castaño claro. Estaba sentada escribiendo en su cuaderno, como siempre. Ryan la observaba con los ojos velados por el anhelo. Fue entonces cuando ella alzó la cabeza y se giró para mirarlo.
Ryan retrocedió un paso, sintiéndose avergonzado por haberla estado espiando, pero ella esbozó una cálida sonrisa y le hizo una seña para que se acercara:
-Hola- murmuró él pasándose la mano por el negro cabello con algo de torpeza- emm... ¿Qué escribes?
-Sobre la primavera- contestó ella sin abandonar aquella sonrisa que la hacía más pura y hermosa- me gusta escribir sobre la primavera. Es inspiradora.
"Tú también" pensó Ryan mientras se sentaba a su lado. Entonces dijo:
-Lo cierto es que yo prefiero el invierno.
Ella le miró interesada:
-¿En serio? ¿Por qué?
-Porque...- Ryan la miró a los ojos-... porque es misterioso. Porque te permite reflexionar y ver aspectos de la vida que muchas veces se mantienen escondidos a nuestros ojos.
Con asentimiento, ella dijo:
-Tienes razón. Nunca lo había pensado de esa forma. Apropósito... siempre te veo por aquí y nunca me había decidido a hablarte ¿Cómo te llamas?
-Ryan... Me llamo Ryan Butler- él le sonrio- ¿Y tú?
Ryan no necesitaba preguntar su nombre, porque ya lo sabía. Pero simplemente... le gustaba oírla hablar.
Ella también sonrió:
-Yo me llamo Katryn"
Ryan abrió los ojos y dejó escapar una exhalación. Acercó una mano a su pecho y tocó su cicatriz, rememorándola con el dedo pulgar. Allí. Siempre estarían allí esas dos cicatrices: la del pecho... y la del alma.
Como una maldición destinada a perseguirle por siempre.
XxXxXxXxXxX
-¡Pero si es guapísimo! ¿Tú que opinas, Ginny?
-Opino que todos son bastante guapos y que tú eres una babosa- le dijo Ginny a Ann, quien se entretenía "desayunando" con los ojos a varios chicos del colegio Lexington. Aunque no era la única, claro.
-Pues algunas de las chicas no están nada mal- opinó Ron sonriendo como bobo. Hermione rodó los ojos, harta de aquellos dos.
-¡Eh, Ann! ¡Dárek!
Ann y Ginny alzaron la cabeza y vieron a Neville caminando hacia ellos rápidamente por entre las mesas del Gran Comedor.
-¿Que pasa, Neville?
-Sus padres. Están abajo, en el vestíbulo... conversando con McGonagall.
-¿Pero qué...? ¿Qué hacen aquí?- farfulló Ann.
-Debemos ir a ver- propuso Dárek con serenidad, pero entonces su hermana lo agarró por los hombros y lo sacudió:
-Si están aquí no debe ser por algo bueno. Hay, Dárek, ni siquiera nos enviaron una carta avisando que venían. Esto me da mala espina. A lo mejor...
-En realidad si nos enviaron una carta- le interrumpió Dárek- a ambos.
Ann dejó de sacudirlo.
-¿En serio?
Su hermano suspiró.
-Era la que ayer no alcanzaste a leer porque debías practicar quidditch ¿Te olvidaste de leerla después, cierto?
-Pues... si.
Ginny rió:
-Ann ¡Eres una despistada!
-Mira quien fue a hablar- replicó Ann y miró a su hermano otra vez- está bien, vamos a ver.
Lo agarró de la mano y salió corriendo por él del Gran Salón.
-Pero que energía tiene- comentó Hermione- si la usara para estudiar, apuesto a que sacaría las mejores notas...
-No todos usamos nuestra valiosa energía para estudiar, Hermione- adujo Ginny.
-Me pregunto porqué los padres de Ann y Dárek han venido- murmuró Hermione- además... su padre es un auror.
Ginny la miró.
-¿Crees que se trate de algo serio?
-No lo sé.
XxXxXxX
James Potter aprovechó que Lily y McGonagall se ponían a conversar para alejarse un poco y contemplar los jardines del colegio que se apreciaban tras la ventana. Ligeros copos de nieve caían paulatinamente. James suspiró.
Su equipo de aurors estaba siendo más presionado que nunca por el ministro a causa del vampiro al que debían atrapar. Aquello era, como dijo Sirius con justa razón, una misión casi imposible teniendo en cuenta que no había ninguna pista del tal vampiro sin contar las inmensas habilidades que este poseía.
-Se está burlando de nosotros- exclamó Frank Longbottom una tarde, exasperado- un muchacho ha desafiado a toda la comunidad mágica y además se atreve a burlarse de nosotros.
-Pero no olvides que ese muchacho, querido...-intervino su esposa Alice-... tiene colmillos y un poder nada despreciable.
En el siglo pasado, los magos habían podido derrocar a los vampiros en una extraña batalla de la que muy pocos libros históricos tenían un registro creíble. La línea de la discordia era un pacto ambiguo, y todos debían reconocerlo. Pero era el colmo que, además de Voldemort, fueran ahora los vampiros quienes quisieran hacerle la guerra.
"Fudge los está subestimando" pensó James, frustrado "No sabe de lo que son capaces esas criaturas. No lo sabe..."
-Hey, papá... ¿Que hacen aquí?
James se giró para encontrarse con su hija, quien lo miraba frunciendo ligeramente el ceño. Trató de sonreír y la abrazó.
-Ann. Que alegría verte, pequeña...
-¡No me llames pequeña, papá!
-Hola papá- sonrió Dárek apareciendo detrás de Ann.
-También me alegro de verte a ti, hijo. ¡Ah!, y felicitaciones por haber quedado seleccionado en la competencia académica. Tu madre y yo...
-... estamos muy orgullosos de ti- completó Lily acercándose con una gran sonrisa y abrazando a su hijo.
-Bien. Pues ahora suéltenlo- dijo Ann, impaciente- ¿Por qué han venido a Hogwarts?
James y Lily se miraron circunstancialmente antes de mirar a sus dos gemelos.
-Bueno- sonrió su madre- ya que les interesa tanto; Albus me ha pedido que venga a dar clases de encantamientos temporalmente mientras el profesor Flitwick se recupera de su enfermedad.
Dárek y Ann sonrieron al unísono.
-¡Mamá, eso es genial!
-Y...- continuó James, con semblante más grave-... yo también quiero decirles algo, pero, por favor, les pediré mucha discreción sobre esto. ¿Me prometen que no se lo dirán a nadie?
-Lo prometemos- asintió Dárek.
-El ministro Fudge me ha encargado el caso del vampiro. Algunos sospechan que, ya que lo vieron en Hogsmeade, se puede encontrar cerca de Hogwarts.
Ann empalideció ligeramente. Dárek, en cambio, miró a su padre con interés.
-¿Has venido a investigar...?
-Será por un breve tiempo- dijo James- así que Albus me ha alojado en una habitación del castillo mientras dure mi investigación.
-Y... ¿Lo harás... tú solo?- balbuceó Ann.
-Bueno, lo cierto es que su profesor de defensa me ayudará- respondió James, e ignorando las caras de estupefacción de sus dos hijos añadió:- Ryan Butler es un mago muy hábil y conocedor en cuanto a vampiros se refiere. Será de gran ayuda, de eso estoy seguro.
-Pero...- comenzó a protestar Ann, sin embargo se vio interrumpida por el toque de la campana.
-Será mejor que vayan a clases- les dijo Lily con una suave sonrisa- los veré esta tarde. Si quieren, vengan a la oficina que Albus amablemente me cedió y allí podremos charlar con más tranquilidad.
-Ok. Nos vemos después, entonces- asintió Dárek.
Ann intentó sonreír y despedirse también, pero aún se sentía demasiado aturdida como para hacer el mínimo gesto.
XxXxXxX
Después de mirarse en el espejo por enésima vez, Ian se volteó hacia Harry y le preguntó:
-¿Como estoy?
-Pálido, como de costumbre- respondió Harry sin prestarle mucha atención.
Ian llevaba un buen rato peinándose el cabello castaño y arreglándose la lujosa capa verde musgo con hilos de oro. Era un vanidoso insufrible y de eso ya estaba totalmente convencido.
-Hey, príncipe. Relájate un poco- sonrió Ian sentándose cómodamente en su butaca preferida mientras desenvolvía una chupeta con sabor a sangre- hoy, tú y yo seremos el centro de atención. Lo mínimo que deberías hacer...
-... es acabar con tu vida antes de que me vuelvas loco- dijo Harry esbozando una sonrisa siniestra. Ian tragó saliva y repuso:
-Ok. Me callo.
-Además- comentó Harry, rodando los ojos- solo vamos a asistir a un estúpido baile de magos. Y no es con el objetivo de divertirnos.
-Eso me lo has dicho un millón de veces. Ya lo sé, Harry. Pero sea como sea es una fiesta de máscaras y a mi me encantan las fiestas, así que voy a divertirme.
-Recuerda no morder a nadie- le previno Harry mirándolo fijamente- o de lo contrario, se arruinarán todos mis planes.
-Nuestros planes- le corrigió Ian con una sonrisa de medio lado- no olvides que fui yo el que te sugirió que raptáramos a la distinguida sobrina del ministro estadounidense.
-Será todo un escándalo...
-Los magos se desesperarán...
-Y nosotros iremos dos pasos por delante de ellos- dijo Harry con convicción- bueno, hora de irnos. Tenemos un trabajo que hacer.
Ambos se dirigieron a la puerta, pero antes, Ian le murmuró a Harry:
-Te ves muy guapo, príncipe, pero... ¿No has pensado en peinarte el cabello...? ¡Auch!
-No te metas con mi cabello.
-Eres muy mal genio ¿Quieres una chupeta para ensangrentar la vida?
XxXxXxX
Ann Potter esperó a que todas las demás chicas de su cuarto ( las cuales habían estado emitiendo exclamaciones y murmullos de emoción por más de una hora) salieran antes de hablar con Ginny. Había pensado en la posibilidad de callarse, pero sabía que su amiga nunca se lo perdonaría si se guardaba algo como aquello. Cuando por fin Elisa Carter salió arrastrando su vaporoso vestido blanco de gala y despareció escaleras abajo, Ann cerró la puerta con seguro y le puso un hechizo de hermetismo para que nadie pudiera escucharlas desde afuera.
Ginny salió justo en ese momento del baño, donde había estado peinándose, y le sonrió.
-¿Que ocurre? ¿Por qué esa expresión tan anti-Ann?
-Mi padre y Butler van a cazar a Harry.
Ginny se paralizó.
-¿Qué?
-Me lo dijo hoy en la mañana- continuó Ann- como jefe de aurors, a mi padre le han encargado la misión de atrapar a Harry y... ya sospechan que podría hallarse cerca de los terrenos de Hogwarts. Lo peor de todo es que Butler va a ayudarle.
-Y Butler odia con toda su alma a los vampiros- murmuró Ginny, cayendo sentada en borde de su cama con los ojos muy abiertos. Se giró hacia Ann:- gracias por decírmelo.
-Debía hacerlo.
Ginny se levantó, yendo de un lado a otro en la habitación, nerviosa.
-Tengo que avisarle a Harry. Él no me ha dicho en que lugar se haya oculto, pero... pero no puedo permitir que le pongan una mano encima. Los vampiros son muy poderosos, pero una vez que son atrapados por un mago pueden quedar en estados absolutamente vulnerables.
-Lo que debe hacer Harry es olvidarse de su confrontación contra la comunidad mágica- dijo Ann- está siendo violento... y peligroso para muchos.
-Lo sé- murmuró Ginny.
-Deberías decirle que se olvide de todo eso.
-No puedo. Él no me escuchará.
Ann se pasó la mano por su cabello liso, suspirando:
-Esto se puede ir poniendo muy feo, Gin. Y lo peor es que tú te vas a ir involucrando de forma inconsciente.
-Harry no es malo, Ann...
-Te creo. Pero en su corazón arde el fuego del odio y es ese odio lo que le puede causar muchos problemas. Será mejor que bajemos- dijo Ann intentando sonreír- hay un chico guapísimo de Ravenclaw que me está esperando abajo. Apropósito, Gin. No me dijiste a quien elegiste como pareja.
Ginny fue hacia la puerta, la abrió y luego respondió:
-Con Draco.
Ann entornó los ojos y masculló:
-Ojalá Harry te viera. Así le rebanaría el cuello a esa serpiente y yo me libraría de él.
Ginny alzó una ceja.
-¿Te he dicho alguna vez que tienes instintos psicópatas, Ann?
-No. Pero acepto el cumplido.
Ginny terminó por reír a regañadientes y ambas bajaron a la sala común.
XxXxXxX
-¿Sabías que tienes mal puesta la corbata, Ronald?- le dijo Seamus al pelirrojo cuando ambos bajaron a la sala común para juntarse con sus respectivas parejas de baile.
-Es cierto- masculló Ron y se apresuró a arreglársela.
-Desde que Hermione aceptó ir contigo al baile pareces más torpe que nunca- comentó Ginny, apareciendo tras él con una burlona sonrisa.
-Contigo quería hablar- sentenció Ron mirando a su hermana con el ceño fruncido.
-¿Ah si? ¿Y de qué?
-Esto se va a poner feo- le murmuró Dárek a Ann.
-¿Es verdad que vas a asistir con Draco Malfoy?
-Si. Y eso no es de tu incumbencia.
-¡Claro que es de mi incumbencia! No permitiré que mi hermana...
-Tú no tienes derecho para permitirme nada ¿Entendiste? Así que cállate y quítate, Ron, porque estás obstruyendo el orificio del retrato.
Ron se apartó con reticencia y le echó a Ginny una furiosa mirada antes de que esta saliera de la sala común acompañada por Ann.
-Déjala en paz, Ron- dijo Hermione apareciendo a su lado. El pelirrojo se volteó y no pudo evitar sonreír como un bobo cuando vio a Hermione con aquel hermoso vestido verde lima y el cabello liso cayendo sobre la espalda.
-¿Vamos?- sonrió ella con cierta timidez.
-Eh... ¡Si!, vamos. Te ves... te ves muy bien.
-Tú también.
Ambos salieron por el retrato junto a otras parejas y vieron a una sonriente Ann con un Ravenclaw alto y guapo. Ella les guiñó un ojo y partió junto a su pareja al gran comedor.
Sin embargo no vieron a las dos figuras de pasos silenciosos y elegantes que pasaron junto a ellos.
XxXxXxX
Harry se acomodó mejor la máscara plateada que llevaba sobre el rostro y observó con interés a los estudiantes que caminaban charlando y riendo a su alrededor rumbo al decorado Gran comedor. A su lado, Ian, que llevaba una máscara que le cubría la mitad de la cara, no dejaba de relamerse el labio inferior.
-Cálmate- le dijo Harry.
-No es tan fácil- sonrió el otro después de mirar la suculenta garganta de una chica que pasó junto a él- todo este lugar huele exquisitamente. No sé si podré aguantar. Já... no, solo estoy bromeando.
Las puertas del gran comedor aparecieron frente a ellos y entraron sin alterar el paso. Luces brillantes, azules y rojas, estaban suspendidas en el aire dándole al ambiente un espectacular efecto. Las mesas de las casa habían desaparecido y en su lugar habían dispuesto un centenar de mesas redondas donde ya habían varios sentados y sirviéndose algo para comer o beber. También había un luminoso escenario al final y, en medio, líneas curvilíneas dividían la pista de baile. Mientras Ian observaba todo con aprobación, Harry fue hacia la mesa más alejada de todas y se sentó.
No veía a Ginny por ninguna parte.
Al pensar en ella, un cosquilleo de impaciencia bailó dentro del pecho de Harry provocándole una sensación extraña.
"Me estoy comportando como un humano" pensó.
Aunque en el fondo no podía evitar sentirse, a veces, como un humano. Pero eso era algo que no estaba dispuesto a reconocer con nadie.
Y es que había algo fascinante y perturbador en el hecho de amar a alguien que debías matar. Porque, por un lado, estaba el miedo perpetuo de fracasar, de defraudar...
Pero por el otro siempre se imponían los sentimientos que aquella sensación provocaba, y aunque le daba vergüenza admitirlo, Harry no podía dejar de encontrarle a esos sentimientos nuevos un sabor infinitamente agradable.
Fue entonces cuando por fin la vio, y su pecho volvió a saltar antes de que lograra reprimirlo.
Ginny avanzaba con una expresión ciertamente meditabunda, y eso le daba a sus facciones una belleza difícil de ignorar. Llevaba un largo pero sencillo blanco con adornos negros en la zona del talle. Su cabello rojo, habitualmente suelto, en esta ocasión lo traía sujetado por atractivo moño que dejaba caer un bucle sobre los hombros tersos. Harry la contempló hipnotizado hasta que se dio cuenta de que, junto a ella, un muchacho de cabello rubio peinado hacia atrás acababa de tomarle la mano. Ella le sonrió y ambos fueron a sentarse una mesa lejana.
Harry apretó los puños.
-¿Y a ti que te pasa?- le preguntó Ian, sentándose junto a él- no es que esté viendo tus facciones, pero estás algo rígido.
-Nada.
-Odio cuando eres cortante.
Harry rodó los ojos, aunque inconscientemente se puso a buscar con la mirada la mesa en donde Ginny había ido a sentarse con ese rubio de expresión arrogante. En ese momento las luces se apagaron y un círculo de luz se proyectó en medio de la pista, donde un anciano de larga barba blanca y túnica azul estaba parado con una serena sonrisa.
-Ese es Albus Dumbledore- murmuró Harry.
-¿En serio?- se sorprendió Ian- vaya. Parece un papá Noel raquítico.
-¿Quien es papá Noel?
-Ah, uno de esos personajes fantásticos que los muggles inventan para hacer más interesante la navidad.
-Curioso.
-Si. Los muggles son algo raros.
Se hizo el silencio y Dumbledore dijo:
-Buenas noches alumnos de Hogwarts y también de Lexington. Primero que nada debo decir que es un gusto para mi tenerlos a todos aquí y espero que los estudiantes de Lexington se sientan cómodos y a gusto. Algunos profesores y yo hemos decidido también premiar esta noche a la mejor pareja de baile con un premio sorpresa, así que diviértanse mucho y disfruten de la música. ¡Ahora doy inicio a la fiesta de máscaras!
Todos aplaudieron y un grupo de magos salió al escenario, tocando una animada música. Ian se quedó observando a las varias de parejas que se atrevieron a salir a bailar en ese mismo momento y rió entre dientes:
-Mira Harry. ¿Es ella, verdad?
Harry siguió con la mirada hacia donde le señalaba Ian y ambos vieron a una chica de Lexington de cabello color paja y ojos grises sentada en una mesa junto a dos chicos y una chica, con los que conversaba tranquilamente.
-Anabelle Barfield- dijo Harry reclinándose en su asiento- sobrina del ministro de Estados Unidos, Stephen Barfield y nuestro futuro conejillo de indias.
-Que frívolo eres.
-Por lo menos no soy un cínico- apuntó Harry con una sonrisa.
-Hola- les dijo repentinamente una bonita chica acompañada por otra- los hemos estado observando y, ya que están tan solos ¿Les gustaría bailar con nosotras?
Ian iba a contestar, pero Harry le tiró disimuladamente la manga al darse cuenta de que más chicas los estaban mirando con coquetería desde diversos puntos.
-No, lo siento- dijo Harry forzando una sonrisa encantadora- nosotros no....
-Por supuesto- interrumpió Ian levantándose y mirándolas. Harry alzó una ceja. Ian prosiguió:- mi amigo aquí no está con muy ánimo para bailar así que, si ustedes quieren, puedo bailar con cada una por baile ¿Les parece?
Ambas sonrieron radiantes.
-¡Claro!
Ian le guiñó el ojo a Harry:
-Nos vemos luego.
Harry suspiró agarrándose la frente con una mano mientras veía alejarse a Ian con las dos chicas. Sin embargo había varias que intentaban llamar su atención. Incómodo, Harry optó por levantarse y tomar un poco de aire. Iba a salir por un rato del Gran Comedor cuando vio, a unos cuantos metros, al rubio que estaba con Ginny tomándola de la mano. Sintió unos repentinos deseos de desgarrarle la piel, pero se controló y siguió caminando.
-¡Oye!
Acababa de empujar a alguien, y cuando se volteó, se dio cuenta de que era la amiga de Ginny. Como la vez anterior, volvió a experimentar ese sentimiento de familiaridad.
Ann frunció un poco el ceño y susurró:
-Tu eres... ¿Harry?
Harry decidió no responder y se giró para marcharse, pero entonces oyó la voz de Ann:
-Debes tener cuidado. Ginny también está preocupada.
-¿Que quieres decir?
Ann miró hacia todos lados y se acercó un poco más a él.
-Olvídate de lo que quieres hacer o tú y Ginny sufrirán.
-Lo siento, pero no puedo hacer lo que me pides. Estoy en este país para....
-Vengarte de la comunidad mágica- completó Ann.
-Deben pagar por lo que han hecho.
-¿Acaso no puedes dejar a un lado el rencor?
-No- contestó Harry con frialdad.
Ann endureció su expresión.
-Entonces eso significa que no te importa dejar a un lado lo que sientes por Ginny.
-Lo que siento por Ginny es algo aparte.
-¿Eso crees? Pues te equivocas. Y por si lo olvidas, ella también es una bruja y su familia se compone de magos. Va a dañarla con tus propósitos.
Antes de que Harry alcanzara a replicar, Ann dio media vuelta y se alejó para ir junto a su pareja de baile.
XxXxXxX
Draco observó a Ginny de reojo y no pudo evitar que sus labios dibujaran una sonrisa. Era hermosa. No podía definirla de otra forma. Hermosa, inteligente y única. Si en el pasado le hubieran dicho que se enamoraría de una Weasley habría hecho una mueca después de soltar una burlona carcajada. Pero ahora...
Draco se estremecía al pensar en lo que diría su padre si supiera que estaba enamorado de Ginny Weasley, pero sus sentimientos por ella se incrementaban cada día, a pesar de las circunstancias.
En ese momento comenzaron a tocar una calmada música y Draco decidió preguntarle:
-¿Quieres salir a bailar?
Ginny, que había estado bebiendo su jugo con aire meditabundo, lo miró algo sobresaltada. Luego sonrió:
-Claro, vamos.
Draco la tomó de la mano, e ignorando las miradas ceñudas de varios slytherins, la llevó a la pista de baile.
-Hoy ha sido una gran noche- logró decir Draco después de carraspear.
-Si. La he pasado muy bien, Draco.
Ginny iba a añadir algo más cuando vio, entre algunos estudiantes de Lexington y Hogwarts, a un joven alto con una máscara plateada y cabello oscuro observándola. Su corazón empezó a martillearle con fuerza.
-Weasley- dijo de pronto una chica slytherin interrumpiéndolos en su baile- ¿Me prestas por un rato a tu pareja?
Ginny y Draco se miraron.
-Bueno..., si, esta bien Pansy- asintió Draco- Ginny ¿No te impor...?
-No, claro que no. Ve.
Pansy alejó de forma mal disimulada a Draco de ella y Ginny volteó la cabeza rápidamente, sin embargo, no lo vio. Con un suspiro se sentó en una silla vacía que estaba cerca, preguntándose si de tanto anhelarlo había terminado por imaginárselo.
-¿Me concedes este baile?
Ginny alzó la cabeza lentamente al oír aquella voz profunda para ver al joven de la máscara plateada justo en frente de ella, ofreciéndole una mano. Ginny sonrió y la aceptó sin dudarlo.
Ninguno de los dos dijo nada.
Como impulsados por alguna fuerza invisible, ambos fueron hacia la pista tomados de la mano y justo entonces la música cambió por otra. Los magos de la orquesta sacaron violines y una mujer comenzó a tocar una hermosa melodía de piano.
Harry tomó la mano de Ginny y con la otra aferró suavemente su cintura.
-Solo sígueme- murmuró mirándola directamente a los ojos.
Y Ginny se dejó llevar.
Acompañados por el ritmo de la música, ambos comenzaron a girar y a moverse al compás del otro cada vez con más ligereza y sincronía. Siempre mirándose a los ojos se deslizaron en medio de la pista sin equivocarse ni una sola vez y sin ser conscientes de que varios en el Gran comedor les hacían paso para dejarles bailar y contemplarlos con admiración.
-He estado observándote toda la noche- le dijo Harry a Ginny, haciendo que ella abriera un poco más los ojos.
-¿Y cómo...?
-¿Cómo me las arreglé para entrar en este castillo?- sonrió Harry con un brillo de astucia e inclinándose suavemente hacia adelante con ella. Paso que Ginny siguió al mismo tiempo que él- un vampiro puede entrar al lugar que quiera y pasar siempre desapercibido.
-Eres un caradura.
Harry rió por lo bajo y, estirando un poco más el brazo cuando la melodía de los violines tomó una nota alta, la hizo girar y luego volvió a atraerla hacia sí. Ginny también rió, cerrando los ojos cuando sintió que Harry se levantaba un poco la máscara para besarle suavemente el cuello. Permanecieron así, danzando en su propia realidad hasta que la música terminó y las luces se apagaron hasta adquirir un tono azulado.
Todos los que los habían estado observando, incluyendo profesores, prorrumpieron en aplausos. Ginny, sorprendida, se sintió ruborizar al darse cuenta de que cientos de ojos estaban aun puestos en ellos. Con una débil sonrisa salió de la pista y oyó la voz de Harry susurrándole:
-Eres una gran pareja de baile.
-Y tú lo haces a la perfección. Yo nunca había..., si tú no hubieras impuesto ese ritmo...
-Harry.
La voz de Ian los interrumpió de golpe. Harry se volteó para ver a su amigo mirándolo seriamente.
Se puso tenso de inmediato.
-¿Que quieres Ian?
Era una pregunta absurda en muchos aspectos, pero Harry no tenía ningún deseo de dar explicaciones en ese momento. Mucho menos delante de Ginny. Sin embargo...
-Yo los... dejo solos- dijo la pelirroja sonriendo a Harry. Y tras echarle a Ian una mirada de profunda curiosidad, Ginny se alejó.
Ian y Harry se miraron fijamente, en silencio. Al fin este último suspiró, mascullando:
-Vamos afuera
Ambos salieron del Gran comedor y saltaron por la ventana que encontraron más cerca hacia los jardines traseros del colegio. Cuando estuvieron en tierra firme repentinamente Ian agarró a Harry del cuello de la ropa y acercando su rostro a solo unos centímetros del de Harry le preguntó con dureza:
-¿Que diablos estás haciendo?
-Suéltame...
-¡No!, diablos Harry, no te soltaré hasta que me des una explicación.
Con un tirón, Harry se separó de él y le espetó:
-No me conoces. No sabes nada.
-Quizá sea cierto, pero tú... tú...
-¿Yo qué?
-¡Deja de fingir, maldita sea!- exclamó Ian- dices que odias a los magos... y.... y te has enamorado de una bruja. ¡No me digas que no es cierto! ¡Lo leo en tus ojos!
Harry no dijo nada. Miró aturdido a Ian, sin saber que responder a aquello. Por fin, evadiendo su mirada, dijo después de soltar un suspiro:
-Nunca planeé enamorarme. No de una bruja... Y mucho menos de ella, pero...- Harry se volteó y alzó los ojos al cielo para mirar la luna-... pero no pude evitarlo. Yo quise ignorar los sentimientos que en un principio sentí por ella, pero no pude. Son mucho más fuertes que yo, Ian. Y es cierto: estoy enamorado de ella. Desde el primer momento en que la vi todo.... todo es distinto.
Ian estaba atónito.
-Por eso me dijiste una vez que no podías matarla. Por eso la salvaste en Hogsmeade. Por eso... por eso salías por las noches ¿Verdad?- musitó Ian con la respiración algo agitada- no era para cazar. Tú te juntabas con ella por las noches. ¡Dios, Harry!, no sabes en que maldito agujero te has metido. ¡Eres el príncipe, por todos los diablos! ¡No puedes enamorarte de una humana y mucho menos de una bruja!, por esto podrían...
-Ejecutarme- asintió Harry sin alterarse- ya lo sé. Si la comunidad vampírica lo supiera me acusarían de traición mayor y me ejecutarían. Ahora que lo sabes puedes decirles todo y estarás en tu derecho. Puedes incluso intentar ejecutarme tu mismo y yo no podré impedírtelo.
Ian cerró los ojos y sacudió la cabeza con vehemencia.
-Claro que no voy a hacer eso. Sin embargo...- dio otro paso y colocó una mano sobre el hombro de Harry-... tú debes intentar deshacerte de tus sentimientos por ella. Debes olvidar el amor que sientes hacia esa humana antes de que todo se vuelva peor...
-¿Sabes lo que me estás pidiendo?
-¡Ya lo sé!, pero me preocupo por ti, Harry. Y estar enamorado de Ginebra Weasley te llevará por un muy mal camino. Tú eres el príncipe de los vampiros. Eres quien llevará el estandarte de nuestra guerra en la lucha contra los magos ¡No puedes estar enamorado de una humana!
-¡Ya sé que no puedo!- explotó Harry, y sus ojos esmeraldas brillaron con intensidad cuando agarró a Ian por los dos hombros y lo sacudió- ¡Pero ya es demasiado tarde! ¿Entiendes, Ian? ¡Demasiado tarde!
Ian suspiró y sacudió la cabeza, aseverando:
-Estás muerto Harry. O lo estarás muy pronto. Pero bueno... en fin. Supongo que, como dijiste, ya es demasiado tarde para hacer algo.
-¿Esto te enfada, verdad?
-No- confesó Ian, aunque a regañadientes- la verdad es que no. Mira yo.... te entiendo Harry. Solo me preocupa lo que esto conllevará en el futuro para ti. No podrás ocultar esto para siempre.
-Lo descubrirán tarde o temprano- repuso Harry- pero no me importa. El hecho de que yo quiera a Ginny no significa que voy a dejar de lado mis planes. Todo sigue como siempre. Y esta noche vamos a raptar a Anabelle Barfield sea como sea ¿Me escuchas?
Ian asintió, esbozando una sonrisa.
-Aún así...- volvió a colocarle una mano en el hombro-...quiero que sepas que tu secreto queda conmigo, Harry. Lo prometo.
Harry lo miró y también sonrió.
-Gracias, Ian.
-Para eso estamos los amigos
XxXxXxXxXxX
Con un suspiro, Anabelle Barfield se desplomó, literalmente, sobre la silla que tenía más cerca. Estaba cansada. Cansada de estar en aquel colegio que, maldita era su suerte, estaba llena de más sopencos como los que abundaban en Lexington. Y por sobre todas las cosas siempre había odiado los bailes. Si había aceptado asistir a aquel agotador baile de máscaras era solamente por su tío, quien le había rogado que tratara de ser agradable con todos.
Y Dios. Como costaba. No estaba en su naturaleza sonreír como lo hacían todas esas chicas idiotas que agitaban las pestañas cuando alguien, aunque fuera un retrasado mental, las invitaba a bailar. Lo único que quería era hacer los exámenes de conocimientos, ganar el concurso y largarse de Inglaterra.
-Oye, nena ¿Que tal si bailamos un poco?
Anabelle alzó los ojos y se encontró con un chico alto, rubio y de sonrisa arrogante.
"Otro imbécil" pensó.
-Vuelve a llamarme nena y te prometo que lo único que obtendrás de mi es un hechizo paralizador.
El muchacho, ruborizado, balbuceó algo ininteligible y se alejó lo más rápido posible. Anabelle sonrió, satisfecha, y se acomodó su brillante cabellera color heno. Sin embargo aún había varios que la observaban con ojos codiciosos desde distintas partes del salón.
Unos minutos después, incapaz de soportarlo más, Anabelle se levantó para salir de allí lo más rápido posible.
-Condenados tacones...- masculló sacándose los lujosos zapatos plateados de taco alto y lanzándolos lejos, para estupefacción de muchos.
"¿Es que a las mujeres nos han visto cara de masoquistas?" pensó mientras se dirigía a la salida "¡Nunca volveré a usar unos zapatos como esos!"
-¡Oye!... eso estuvo bien- dijo la voz de una chica a sus espaldas.
Anabelle se volteó y vio a una muchacha de ojos verdes brillantes y cabello negro azabache mirándola con una sonrisa.
-¿Que ha estado bien?
-Golpear a ese bruto de Goyle con el zapato- contestó la chica señalando a un muchacho gordo de slytherin frotándose el ojo, que comenzaba a amoratársele.
-Ah- murmuró Anabelle, algo perpleja- bueno, no quería hacerlo...
-Pues yo quería hacer eso desde hacía algún tiempo- repuso la de ojos verdes y añadió:- tú eres de Lexington ¿No? Pues bienvenida a Hogwarts. Mi nombre es Ann Potter.
Para sorpresa de Anabelle, Ann estiró una mano que, tras titubear unos momentos, estrechó:
-Pensé que acá en Inglaterra las chicas se saludaban de beso.
-Si. Pero los estrechones de mano tienen mucho más estilo.
Anabelle sonrió.
De pronto se acercaron dos muchachos con sonrisas socarronas en el rostro. Anabelle frunció el ceño. ¿Es que todos tenían que ser unos arrogantes idiotas?
-Que sexy te ves esta noche, Potter ¿Que tal si bailamos?
-En tus sueños, McCarty- replicó Ann haciendo un gesto con la mano.
-¿Y tu amiguita?- dijo el otro chico haciéndole una descarada radiografía a Anabelle- ¿Tú no te negarás, no?
-Aléjate de mí- gruñó Annabelle.
-Hey, no te hagas la difícil- rió el muchacho, y se dirigió a Ann:- vamos, chicas, si igual se mueren por que alguien las lleve a los jardines del colegio y....
Anabelle iba a sacar la varita, pero Ann se le adelantó para darle una patada en la entrepierna al chico, quien se dobló de dolor, causando las risas de todos los que habían observado. Su compañero, boquiabierto, miró a Ann, quien le dirigió una asesina mirada, y se alejó a toda prisa de allí.
Varios aplaudieron.
-Eso fue increible- le murmuró Anabelle a Ann.
-¡Señorita Potter!
-Profesora McGonagall. ¡McCarty y su amigo comenzaron!- se defendió Ann- ¡No estaban haciendo proporciones indignantes!
Más risas.
-¿Es cierto eso, señor McCarty?- le preguntó la profesora al dolorido chico, quien se limitó a hacer una mueca.
-Pues... en ese caso ¡Veinte puntos menos para huffepuff por falta a la moral de una dama!
Ann le guiñó un ojo a Annabelle.
-Sin embargo, señorita Potter, le sugeriré que no vuelva a solucionar asuntos como este con la violencia. Para eso estoy yo, su jefa de casa.
-Muy bien, profesora.
-Bien hecho, Ann- le felicitó Padma Patil cuando pasó junto a ella.
-Aunque eso de dama no te viene mucho, querida hermana- sonrió Dárek apareciendo junto a ella. Ann le mostró la lengua y luego le preguntó:
-¿Y tu noviecita?
La expresión de Dárek se volvió sombría. Ann, adivinando, suspiró y le palmeó la espalda.
-Anímate, hermanito. Hay chicas mucho mejores que ella. Ah, y te presento a Annabelle... ¿Como es tu apellido?
-Barfield- dijo la rubia.
Dárek la miró, parpadeando varias veces.
-¿Eres la sobrina del ministro de Estados Unidos, verdad?
Anabelle asintió.
-Si.
Dárek la miró mejor y, cuando Anabelle lo miró a los ojos, sintió un repentino vuelco de nervios en el estómago. Se ruborizó.
-¿Ustedes son gemelos, verdad?- les preguntó Anabelle dándose cuenta de que se parecían mucho.
-Si- sonrió Ann.
-Vaya que se parecen.
-Pero solo por fuera- repuso Dárek.
-Si, es verdad- coincidió Ann- solo con el hecho de que mi hermano quedara seleccionado en el concurso de conocimientos mágicos ya queda calcada nuestra diferencia.
-¿En serio?- se sorprendió Annabelle y le sonrió ligeramente- bueno, pues pareces un chico inteligente.
Dárek volvió a ruborizarse y justo entonces las luces del comedor se volvieron de un tono azulado. El director apareció bajo un círculo de luz en el centro del escenario y esbozando una sonrisa.
-Queridos estudiantes. Veo que se han divertido y me complace anunciar a la pareja ganadora.
Hubo varios murmullos y cuchicheos de emoción, en especial por parte de las chicas. Dumbledore continuó:
-Los jefes de las casas hemos observado y votado, y debemos decir que hubo una pareja en especial que brilló por sobre todas las demás, aunque solo halla aparecido una sola vez en la pista. Así, hemos elegido como ganadores a la pareja compuesta por Ginny Weasley y su acompañante que, aunque nadie pudo verle el rostro, rogamos que se presente aquí para....
-¡Silencio, viejecito!
Dumbledore se calló, perplejo, y todos en el gran comedor comenzaron a mirar hacia todos lados, desconcertados. La voz que había hablado era la de un muchacho. Las luces se prendieron a la vez y, desde el otro extremo del gran comedor, un joven alto con una máscara blanca estaba cruzado de brazos e forma relajada contra la pared. Luego todos vieron como se retiraba la máscara para revelar a un muchacho de unos diecisiete años, con sedoso cabello castaño, tez mortalmente pálida y ojos amarillentos como los de un halcón.
O los de un felino peligroso.
Ginny, al mirarlo mejor, se dio cuenta conmocionada de que era aquel a quien Harry había llamado Ian.
-¿Quien es usted, joven?- le preguntó Dumbledore sin alterarse.
El joven comenzó a caminar tranquilamente y varias chicas no pudieron evitar sonrojarse, embelesadas por su belleza.
-¿Quien soy yo?- preguntó Ian alzando un poco las manos- mi nombre no es importante, señor mago. Lo que si es importante es que ustedes sepan que soy un vampiro y, de paso, me permitiré felicitarlo por esta entretenida fiesta. Es bueno que sepan divertirse porque, ya saben..., su tiempo es corto.
Un silencio sepulcral recibió sus palabras. Varios profesores sacaron las varitas e hicieron ademán de levantarse, pero Dumbledore los retuvo con un gesto de la mano. Miró a Ian con ojos entornados.
-¿Que quieres de nosotros?
-Hey, hey ¿Por qué me miran así?- dijo Ian esbozando una sonrisa- no les voy a morder... por el momento- se formaron varias caras de terror e Ian rió, divertido:- solo era una broma. De todos modos, y de parte de nuestro querido príncipe Vlad- Seir, he de decirles que si no aceptan nuestros términos, desagradables cosas pueden llegar a ocurrir. Ahora...- Ian giró la cabeza y sus ojos felinos se posaron sobre una muchacha pálida de ojos azules y cabello rubio hasta los hombros.
-¡Desmendra!- gritó alguien.
Un rayo poderoso de tono azulado se dirigió hacia Ian, pero este lo esquivó con prodigiosa velocidad y voló hacia el techo del Gran comedor riendo a carcajadas. Los estudiantes comenzaron a retroceder y los profesores lo apuntaron con sus varitas. Entonces, el que había lanzado el hechizo anteriormente se hizo paso con brusquedad por entre los estudiantes.
-¡Espera, Butler!- gritó otra voz y todos vieron aparecer al auror James Potter en la entrada del gran comedor. Pero el profesor de defensa, con una demencial sonrisa, lo ignoró y volvió a atacar a Ian:
-¡Destructio fire!
Ian esquivó el hechizo, pero entonces James Potter atacó también:
-¡Sectumhebryl!
Sin embargo su hechizo salió desviado cuando una ágil figura vestida de negro golpeó el brazo con el que sostenía la varita. James retrocedió y la figura aterrizó sobre el piso con la cabeza gacha. Todos pudieron ver que había una máscara blanca como la que usaba Ian tapándole el rostro.
"¡Harry!" gritó Ginny mentalmente, pero las piernas no le respondieron. Mientras todos los estudiantes gritaban y comenzaban a correr, Ginny se quedó observando como Harry y su compañero caían al mismo tiempo en un extremo del comedor.
-No queremos atacarlos ni matarlos- dijo Harry, causando que algo en el pecho de Ginny se hiciera un nudo. De pronto la voz de Ryan Butler resonó por todo el comedor.
Y era una voz envenenada de odio.
-Ustedes ¡Aberrantes criaturas! ¿Con qué derecho ponen sus sucios pies aquí? No merecen existir. Se les dio, hace muchos años, una oportunidad y ustedes no están conformes con ella. Están podridos, malditos nosferatus, asesinos... propagadores de la maldad...
Rápido como un haz de luz, Harry se colocó frente a él para mirarlo detenidamente y luego soltar una fría carcajada que les puso a todos los pelos de punta. Ginny dio un paso, pero la mano de Anna la retuvo con fuerza.
-No, Gin...- le susurró ella, muy seria.
La voz de Harry se oyó:
-¿Y quien eres tú para decir esas cosas, repugnante humano? ¿Que nosotros somos asesinos y propagadores de la maldad?- Harry agarró de pronto a Ryan Butler por el cuello de la capa con asombrosa fuerza, añadiendo en un siseo:- ¿Acaso ustedes los humanos nunca matan? ¿Nunca torturan? ¿Nunca matan animales y criaturas mágicas?
Ryan, con un brillo de odio en los ojos, logró soltarse y puso la varita justo en el cuello de Harry. Ian, detrás de él, gruñó:
-Cuidado con lo que vas a hacer, humano...
-Si estuviera en mis manos...- le susurró Ryan a Harry-... yo mismo me encargaría de desaparecer a toda tu maldita raza... ¡Crucio!
El hechizo pilló a Harry por sorpresa, quien soltó una maldición antes de retroceder. Parecía estar conteniéndose para no caer al suelo y retorcerse.
-¡Incarcerous!- gritó James apuntando a Harry por la espalda, pero el joven vampiro no estaba dispuesto a dejarse vencer por unos magos. Ian se lanzó contra Ryan, lanzándolo al suelo, y Harry esquivó el hechizo de James antes de darle una dura patada en el estómago que lo hizo caer de rodillas en el suelo.
-¡Papá!- gritó Dárek intentando ir hacia él, pero Lily, apareciendo tras él, lo agarró del hombro.
Ann miró a Ginny, que contemplaba todo muy pálida, y sin preámbulos se escabulló por entre todos sacando su varita.
-¡Ann!- gritó Ginny yendo tras ella.
Harry no pudo evitar ladear el cuello cuando escuchó su voz y cuando la pelirroja apareció por entre los conmocionados estudiantes ambos se observaron fijamente. Ian, en tanto, después de darle otro nuevo golpe a Ryan Butler, se dio media vuelta y a la velocidad de un rayo corrió hacia la multitud.
Todos gritaron al tiempo que los profesores intentaban lanzarle hechizos.
-¡Ya basta!- le gritó Ginny a Harry de pronto, quien la miró sin decir palabra. James intervino, acalorado:
-¡Aléjense... es peligroso!
Pero Harry solo miraba a Ginny, quien era sujetada por Ann. Pudo leer en los ojos avellanas de ella la angustia y una punzada de dolor le atenazó el alma. Incapaz de seguir soportando aquella mirada por más tiempo, Harry le gritó a Ian:
-¡Llévate a la humana!
Ian asintió.
Albus Dumbledore apareció de pronto y Harry lo atacó sin vacilaciones con su propia varita. El anciano mago le lanzó una bola de fuego y Harry, apretando los dientes, gritó:
-¡Desmendia!
Una fuerte capa de protección lo cubrió del fuego, pero James Potter, rápido y decidido, añadió otro hechizo:
-¡Idestruc!
El fuego y el otro hechizo se unieron y una potente luz cegadora golpeó a Harry en la cara, lanzándolo lejos. Alcanzó a aterrizar antes de darse contra la pared de piedra, pero la máscara que cubría su rostro se partió en dos. James Potter avanzó hacia él, apuntándole con la varita:
-Ríndete, vampiro. Somos muchos contra ti.
Harry sonrió desdeñosamente y repuso:
-Humano tonto.
Alzándose con rapidez, Harry saltó sobre James Potter y ambos cayeron al suelo. Dumbledore y otros profesores intentaron intervenir, pero la ágil varita de Harry creó un poderoso escudo temporal que retuvo todos los hechizos. Entonces, con los colmillos listos, Harry miró a James. Sin embargo, lo que ambos encontraron en los ojos del otro creó una ola de sentimientos que los mantuvieron paralizados.
Y James Potter sintió que el alma se le iba del cuerpo.
Aquellos ojos.... aquellos ojos... Eran iguales a los de Lily. Eran los de Lily. No podía equivocarse porque habría reconocido esos ojos en cualquier momento y parte del mundo. Sin embargo los rasgos eran...
Eran los suyos. Mucho más finos, con una tez mucho más pálida... Pero ese rostro que estaba a solo unos cuantos centímetros era....
-Harry...- musitó y la voz le tembló.
Los ojos del muchacho se abrieron desorbitadamente y, con una brusquedad inusitada, se separó de James Potter.
-¿Cómo sabes... mi nombre?- le gruñó al hombre de gafas que seguía mirándole como aturdido por un hechizo.
-Óh, dios.... Harry...
-¡Demaius!
-¡Relaxo!
-¡Destructio!
El escudo que Harry había conjurado acababa de perder su efecto y los hechizos se dirigieron hacia él a toda velocidad. Los esquivó dando un amplio salto, pero desde allí pudo ver como James Potter seguía mirándolo fijamente.
Un grito de chica se oyó de pronto.
Anabelle Barfield acababa de ser agarrada por Ian, quien saltó a toda velocidad por la ventana para horror de los profesores. Harry se colocó en el alféizar de la misma ventana y, antes de marcharse, mantuvo dos miradas que le quemaron por dentro antes de dar media vuelta y salir volando hasta perderse en la noche, esquivando los hechizos que varios profesores le lanzaron.
-Harry...- murmuró Ginny, mientras, a unos cuantos metros de ella, James Potter caía de rodillas al suelo con las mejillas llenas de lágrimas.
Eso ha sido todo por ahora. Y como me gusta tener siempre en cuenta las sugerencias y opiniones de ustedes, no duden en dejar rewiers. Un beso grande y nos vemos pronto. Muy pronto. Lo prometo.
Byeeeeeeeee!!!
