¡Hola a todos!, bueno, bueno. Ha pasado un buen tiempo desde mi ultima publicación. Lo siento mucho. Sin embargo, he logrado superar mis problemas personales y he retomado los fanfics con buen ritmo. De hecho este capi salió mucho más largo, por lo cual lo dividí en dos. La prox. semana publicaré el otro. Sobre los otros fics, un poco de paciencia, que debo reordenar ideas. Sin embargo nunca dejaré los fanfics, asi que no deben preocuparse.

Muchísmas, pero muchísmas gracias a todos los que me dejaron sus comentarios y me escribieron personalmente al mail para darme su apoyo. De verdad, se los agradezco desde el alma. Y a ti lector, si me lees desde hace tiempo, gracias por leerme. Y si no, espero que te guste esta historia.

Aquí va el capi. ¡Ojalá les guste!

(Harry Potter no es mío, por supuesto. Todo es por amor al arte)


9

Encrucijada.

La niña de ojos violetas se acurrucó sobre la roca, tiritando. La lluvia caía con fuerza sobre su frágil figura, haciéndola sentir más desamparada que nunca. Quería llorar. Pero no podía.

¿Por qué no podía llorar?

Pasos sobre el fango le hicieron voltearse, alerta y dispuesta a atacar con sus colmillos a aquel que perturbaba su soledad.

-¡¡Aléjate!!- gritó.

La figura dio unos pasos más.

-Soy yo.

Aldana abrió mucho los ojos, perpleja al ver de quien se trataba. El otro le miraba con una sonrisa cálida.

-No deberías estar aquí- añadió él- sabes que no nos hace muy bien la lluvia.

-Vete...- murmuró Aldana.

-¿Qué pasa? ¿Por qué actúas así? Tus padres están preocupados.

La niña desvió los ojos.

-Odio ser como soy- murmuró.

-¿Qué quieres decir?

-Yo quiero...- Aldana tragó saliva-... yo quiero ser humana.

Los ojos verdes del otro no se mostraron sorprendidos. Simplemente sonrió.

-Lo entiendo.

El niño saltó hacia la roca en donde estaba sentada ella y le dio la mano para que se levantara. Ella la aceptó a regañadientes.

-Creo que sé como te sientes.- murmuró él, mirándola fijamente.

-Mentiroso.

El niño añadió:

-A veces tengo un sueño. Es un sueño increíble..., y ni siquiera se lo he contado a mi padre. Si quieres puedo relatártelo para que descubras que no somos tan distintos.

-Cuéntamelo- exigió Aldana.

-Lo haré solo si vuelves conmigo al castillo- sonrió él, aferrando su mano. Ella también sonrió.

Aldana abrió los ojos.

Destellos de luz se colaban por la ventana, aunque las copas del bosque le daban un reflejo débil que no alcanzaba a hacerle daño. La joven se levantó. Su mente estaba sumergida en los recuerdos de Harry y estos rondaban por su cabeza de manera persistente. Aldana suspiró.

Le extrañaba ¿Cuánto tiempo hacía desde que no le veía?

-Hace más de un mes...-murmuró, contemplando la ventana.

Golpes en su puerta la sacaron de sus pensamientos.

-Pasa, Morderet- dijo ella, volteando la cabeza.

La puerta se abrió lentamente y un esbelto vampiro de cabellos negros y ojos grises entró a su habitación.

-¿Qué ocurre, Aldana?- le preguntó él, mirándola con preocupación y ternura.

Ella le entregó la página de un periódico muggle. Morderet lo tomó confundido al principio, hasta que sus ojos leyeron el título de la noticia. Aldana no alcanzó a percibir el destello de frialdad que emanaron los ojos del apuesto vampiro.

-Así que... Harry...- dijo él, forzando una sonrisa-... parece estar yéndole bien.

-Si- murmuró Aldana- pero todo el pueblo mágico de Inglaterra ya está tras él. Incluso Ryan Butler.

Morderet dejó la hoja de periódico a un lado, mascullando:

-Ese condenado humano...

-Me da miedo- confesó Aldana- Ryan Butler no es alguien de quien los vampiros debamos confiarnos.

-Pero Harry es fuerte- dijo él, suspirando para ocultar su irritación- no va amedrentarse por un humano. Además...

-Morderet, por favor... Hay algo que no me da buena espina. Harry es poderoso. Pero tú y yo sabemos que carece de prudencia y que obra con excesiva osadía. Recuerda el incidente con los licántropos.

Morderet sonrió.

-Éramos niños.

-Y tú fuiste lo suficientemente sensato como para retroceder. Pero Harry no.

-Harry ha madurado- le interrumpió Morderet con un ademán de su mano- no te preocupes tanto por él, Aldana. Ya verás como regresa bien vivito a Gelrion.

Aldana se sentó en el borde de su silla y suspiró. Morderet le puso una confortable mano en el hombro y el solo contacto con la piel de ella le hizo estremecerse.

-Aldana...- murmuró él, mirándola a los ojos-... ten paciencia.

Pero ella negó con la cabeza.

-No, Morderet. Ya he esperado suficiente.

Aldana se levantó y fue hacia el guardarropa para sacar su capa. Morderet entornó los ojos.

-¿Qué vas a hacer?, Aldana.... respóndeme...

Ella se abrochó su capa blanca por adelante, cerrando el broche, y le dirigió una mirada llena de determinación.

-Voy a ir a buscarlo.

-Espera. No puedes hacer eso. El rey no te permitirá que...

-Me da igual. Pero no estaré tranquila hasta que compruebe con mis propios ojos que Harry está seguro allá en Inglaterra.

Morderet vio, perplejo, como Aldana cerraba los ojos y desaparecía contra la débil penumbra de la ventana.

* * *

-Ahhh... diablos- masculló Ann poniendo los brazos en jarras- ¿es que nadie va a decirnos que pasa aquí?

-Ann, cálmate...

-¡No!- interrumpió ella mirando a su hermano con terquedad- además, Darek, tú mismo debes admitir que te corroe la curiosidad ¿O vas a negar que nuestros padres no nos están ocultando cosas importantes?

-Bueno, no- admitió el muchacho.

-¡Ajá!- sonrió ella- tú piensas igual que yo.

-Pero ya oíste a mamá. Y por lo visto no van a dejar que sepamos nada.

-¡Odio cuando se ponen así!

-Pero papá estaba bastante raro ¿verdad?- murmuró Darek, pensativo- en realidad nunca le había visto así. Parecía... enfermo.

Ann y él intercambiaron una mirada de preocupación.

-¿Qué crees que le ocurre?

Ann suspiró.

-No lo sé. Pero evidentemente no es algo bueno.

Darek se apoyó contra la pared, cerrando los ojos y deseando que las palabras de su hermana no estuvieran tan cargadas de razón. Y es que cuando Ann hablaba seriamente, siempre tenía la razón.

Que lío.

-Entonces... ¿vas a acompañarme?- le preguntó Ann unos momentos después.

Darek la miró receloso.

-¿A dónde?

-No te hagas el tonto. A espiarlos, por supuesto.

-Pero si están con Dumbledore...

-O quizá no. Yo creo que ahora deben estar hablando en la oficina de papá.

Darek negó con la cabeza.

-Lo siento, pero no. Ve tú si quieres.

Ann hizo una mueca de irritación.

-¡Darek...!

-No quiero meterme en sus asuntos, Ann. Si hay algo que nos están ocultando, lo sabremos tarde o temprano.

-Hablas como un cobarde slytherin.

Darek le dirigió una mirada de enfado contenido, pero Ann fingió ignorarlo y abrió la puerta.

-Averiguaré que ocurre- sentenció ella- ya lo verás.

El chico la vio salir con el presentimiento de que su hermana estaba a punto de meterse en un problema.

No sería la primera vez.

* * *

Lily aseguró el pestillo de la puerta con un movimiento de su varita antes de mirar a su esposo. James estaba de espaldas a ella, tenso. Lily no le reconocía.

-Vas a decirme que ocurre... ¿verdad? ¿James?

Su marido giró la cabeza para mirarla, con los ojos cargados de un sentimiento que Lily no alcanzó a reconocer.

-No quiero que nadie se entere- dijo él en voz baja.

Lily lo miró desconcertada. James añadió:

-Ni siquiera Dumbledore.

-James ¿de qué estás hablando?

Él caminó hacia ella y la aferró suavemente por los hombros con manos trémulas.

-Nuestro Harry está vivo.

Lily abrió desmesuradamente los ojos y dio un paso atrás de forma inconsciente, contemplando a James como si este se hubiera vuelto loco. Sin embargo, la expresión de su esposo reflejaba una absoluta sinceridad.

-Que... que es lo que... ¿cómo puedes jugar con algo así, James?, tú... no puedes estar...

Los ojos de Lily ardían de pronto, a punto de derramar lágrimas.

-Por favor, Lily, escúchame. Esto es muy serio...- la voz de James temblaba-... no te estoy mintiendo.

-Ex... explícamelo bien, por favor.

James se pasó la mano por la cara antes de ir al cajón de su escritorio y sacar un artículo del El Profeta. Lily lo reconoció enseguida, incluso antes de que James se lo pasara.

-Este es nuestro hijo- murmuró él.

Lily observó por unos segundos la foto desgastada del hermoso vampiro que había causado tantos problemas al ministerio y sintió nuevamente aquella punzada en el pecho.

-No puede ser...- musitó ella, aunque sus palabras flaquearon cuando las pronunció.

-Lily, mírame. Por favor.

Ella alzó la vista para mirar a su esposo y descubrió, estupefacta, que las mejillas de James estaban cubiertas de lágrimas.

-Cuando luché contra él esta noche y vi su rostro de cerca, supe que era nuestro hijo. Tiene tus mismos ojos... ¡Los mismos, Lily! No puedo estar equivocado porque yo... podría reconocer esos ojos en cualquier lugar.

Lily abrió la boca, pero ningún sonido salió de ella. James continuó, aferrando con más fuerza sus hombros.

-Era Harry... él mismo me preguntó porqué sabía su nombre. Y su voz... ¡él es nuestro Harry, Lily! ¡Y está vivo! ¡Vivo!

Las lágrimas caían de los ojos esmeraldas, inexorables. Lily apoyó la cabeza contra el pecho de su esposo, sollozando, y sintió cómo los brazos de él la rodeaban.

-Yo... yo también lo sabía...- murmuró ella, sonriendo entre sus sollozos-... lo supe desde el primer momento.

Ambos permanecieron así, abrazados, pero sin sospechar que alguien al otro lado de la puerta había escuchado todas sus palabras.

* * *

-¡¡Suéltame!! ¡He dicho que me suelten, maldita sea!

Ian gruñó un improperio por lo bajo y dejó caer a Anabelle Barfield como un saco de papas sobre la vieja cama. Harry los observaba en silencio desde el umbral de la puerta.

La muchacha, al verse libre de los brazos del vampiro, decidió levantarse para encararlo.

-¿Quién diablos te crees que eres? ¿Y donde estoy?

-En nuestra guarida- dijo Harry sin más rodeos.

-¡Pues exijo que me liberen ahora mismo!- exclamó ella, furiosa.

Ian se rió.

-¿De verdad crees que nos hemos tomado la molestia de secuestrarte para luego dejar que te vayas? Debes estar mal de la cabeza, humana.

Anabelle gruñó y, sin más preámbulos, se abalanzó sobre Ian para golpearlo en la cara. Sin embargo el joven vampiro agarró sus muñecas con facilidad.

-Eso será inútil. No puedes con nosotros...

Harry suspiró con fastidio y se volteó para salir de la habitación.

-¡Oye, tú, pedazo de mierda!- gritó la muchacha- ¡Te juro que si no me sueltas ahora mismo voy a hacer que te metan para toda la vida en Azkaban!

Harry se volteó, perplejo.

¿Es que aquella chica no conocía el miedo?

-Y yo voy a cortar tu afilada lengua si no te callas- espetó Ian.

Para su sorpresa, ella soltó una carcajada irónica.

-No te tengo miedo.

Ian sonrió, enseñándole sus colmillos de forma siniestra.

-Pues te enseñaré a que me lo tengas.

Anabelle se sacudió e Ian soltó sus muñecas, imperturbable. El rostro de ella estaba roja de furia. Iba a arremeter nuevamente, pero la expresión peligrosa de él la contuvo.

-Cuidado con lo que pretendes hacer, humana. Soy mil veces más fuerte que tú.

-¡Cállate, estúpido!

Harry observó como la chica se abalanzaba sobre Ian con la actitud imprudente de una pantera, pero el vampiro la evadió sin dificultades antes de aferrar la cabeza de ella con ambas manos y mirarla directamente a los ojos.

-Duérmete- murmuró Ian.

Anabelle se retorció, intentando resistirse, pero las manos de Ian estaban llenas de fuerza. Un minuto más tarde, la muchacha cayó finalmente dormida sobre la cama.

Ambos jóvenes se miraron sorprendidos.

-¿Estás seguro de que hemos raptado a una humana, príncipe?- masculló Ian arreglándose el cabello castaño.

-Es una bruja, no la subestimes.

-¿Bruja? ¡Yo más bien diría que es la reencarnación de un demonio! Si un día la muerdo no será mi culpa...

-Ni lo pienses- repuso Harry inmediatamente- la necesitamos viva. Así que encárgate de que no se escape. Ahora está bajo tu responsabilidad.

Ian alzó ambas cejas, perplejo.

-¿Y porqué yo tengo que...? ¡Eh! ¡Harry!

Ian miró a la durmiente Anabelle Barfield por unos momentos antes de seguir a su amigo escaleras abajo.

-¿Vas a salir?- le preguntó Ian poniéndose serio.

Harry lo miró y dijo:

-Tengo un asunto que tratar.

-Ginebra Weasley ¿verdad?

Para asombro de Ian, Harry esbozó una ligera sonrisa. Sin embargo era una sonrisa cargada de tristeza.

-Sí- dijo Harry con calma, y desapareció haciendo ondear su capa.

Ian se quedó mirando el lugar donde el príncipe de los vampiros acababa de desaparecer y, por primera vez en mucho tiempo, sintió que volvía a ser un humano otra vez.

"¿Por qué...?" pensó cerrando los ojos cuando un amasijo de recuerdos comenzó a nublarle la mente.

Sin embargo eran los mismos recuerdos nebulosos de siempre.

"¿Qué es lo que olvidé?"

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Ginny subió lentamente la escalera en forma de caracol que llevaba hasta la torre de astronomía. Los acontecimientos acaecidos horas atrás aún le herían el alma. Se sentía confusa y atormentada, porque ya no sabía de que lado estar.

-Harry- murmuró, apretando los puños- ¡yo debería odiarte!

Pero le amaba.

Sin embargo, lo que más le aturdía era el hecho de saber que Harry no era tan diferente de ella o los demás. ¿Cómo no había hecho antes las tan evidentes comparaciones? ¿Cómo...?

Ginny se detuvo cuando llegó por fin a la torre más alta del castillo. El mirador ofrecía una espectacular panorámica de las estrellas y la luna creciente, pero ni siquiera esa maravillosa vista la hacía sentirse mejor.

En ese momento percibió un movimiento desde las sombras. Ginny dio un paso, vacilante, y dos ojos esmeraldas se toparon con los suyos.

-Hola, Ginny.

La pelirroja tuvo el impulso de abrazarlo, de contarle lo que había descubierto, pero la pequeña chispa de rabia que ardía en su corazón se antepuso a todo lo demás.

-¿Por qué lo hiciste?

Harry dio un paso, apartándose de las sombras, y su pálido rostro no exhibió un mínimo de reacción. Siempre inmutable.

-Sabes cual es mi misión, Ginny. No deberías sorprenderte.

-¡Es absurdo!- exclamó ella apretando los puños- ¡nada te da derecho a obrar como lo hiciste esta noche! ¡Pudieron morir personas!

-¿Y crees que eso me importa?- replicó Harry. Ginny se estremeció- ellos también parecían determinados a lanzarme una maldición asesina. Así son las cosas entre los magos y nosotros.

-El padre de Ann... él...- Ginny no sabía porqué estaba diciendo aquello. Se interrumpió a media frase, turbada. Harry frunció el ceño.

-¿Hay algo que quieras decirme, Ginny?

La pelirroja lo miró en silencio mientras rememoraba algunos fragmentos de la conversación que Lily Potter y James Potter habían mantenido hacía un rato...

Cuando luché contra él esta noche y vi su rostro de cerca, supe que era nuestro hijo. Tiene tus mismos ojos... ¡Los mismos, Lily! No puedo estar equivocado porque yo... podría reconocer esos ojos en cualquier lugar

"Es cierto" pensó Ginny, aturdida.

Miró a Harry. Sus ojos eran los mismos de Ann. Los mismos de Lily Potter. ¿Pero cómo podía ser posible que Harry fuera...?

-No todos los magos son como tu crees- murmuró Ginny bajando la vista- tienes la mente cerrada y el corazón ciego. Habrán terribles consecuencias. En especial para ti, porque te ganarás el odio de toda la comunidad mágica.

-Pues eso es precisamente lo que quiero. Necesito ese odio, porque el odio engendra temor.

-¿Y acaso quieres que llegue a odiarte yo también?- preguntó Ginny.

Harry se acercó a ella y sus dedos acariciaron la mejilla de la pelirroja con suavidad. Ella se estremeció.

-En estos mismos momentos puedo percibir dentro de ti un brote de odio. Ha brotado esta noche y no hice nada para evitarlo- le dijo Harry con calma- si me odias, Ginny... lo comprenderé. Pero es mi naturaleza luchar contra los humanos... y ni siquiera tu podrás impedírmelo.

-¡Eres un terco y un idiota!

-Nunca vas a poder comprenderme porque eres, al fin y al cabo, una humana. Una humana y una bruja que no entenderá jamás nuestro sufrimiento.

-Entonces fue un terrible error del destino habernos conocido- sentenció Ginny con una nota de resentimiento, aunque enseguida se arrepintió de haber pronunciado esas palabras.

Harry sonrió, sintiendo que algo dentro de él se rompía en mil trozos.

-Lo sé.

Se miraron a los ojos por unos momentos antes de que Harry se volteara y dijera:

-En ese caso ya no tengo nada más que hacer aquí. Adiós para siempre... Ginebra Weasley.

Ginny observó estupefacta como el vampiro caminaba hacia el extremo opuesto mirador.

Su mente se nublaba.

¿Qué es lo que estaba pasando?

... Harry.... Harry se marchaba...

-¡Debiste matarme entonces!- las palabras le salieron solas. El otro volteó un poco la cabeza- ¡Debiste hacerlo si en vez de eso ibas a arruinarme la vida! ¡Te odio!- escupió cerrando los ojos- ¡No sabes cuanto te odio!

Harry inspiró hondo.

-Si me odias ahora, Ginny, en unas semanas más vas a querer verme muerto- su mirada destelló- te lo aseguro.

Y sin añadir más, Harry saltó del mirador hasta desaparecer de su vista. Ginny se apoyó contra la pared sintiendo que desde ese momento todo dejaba de tener sentido.

Ni una sola lágrima brotó de sus ojos.

Ojos que permanecían perdidos en la nada y la negrura del cielo donde él ya no era más que un recuerdo.

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Harry avanzaba por las calles de Hosgmeade con el corazón envenenado y un brillo asesino en la mirada. Sentía sed. Más sed que nunca.

-Ginny...- masculló-... todo esto... todo esto por culpa tuya.

Tras tropezar con un cúmulo de nieve, Harry recorrió la calle con sus ojos felinos, jadeando desesperado. Solo una persona caminaba por ella.

Sangre.

Sintiendo cómo su sed incrementaba, Harry se relamió los labios y dio un impulso para volar hacia aquel individuo. Pero una mano lo retuvo por la muñeca antes de que pudiera elevarse.

-Cálmate Harry.

Era la voz de Ian.

-¡Suéltame!- resolló el de ojos verdes, forcejeando como un loco. Los dedos de Ian apretaron con más fuerza.

-Dijiste que no podíamos alimentarnos de humanos mientras permaneciéramos aquí.

-¡Suéltame! ¡Suéltame, maldita sea!

Harry fue volteado por los fuertes brazos de su amigo, quien lo condujo entre forcejeos hasta un callejón estrecho y solitario. Harry jadeaba. Estaba hambriento y su corazón palpitaba a mil por hora, desesperado. Entonces los dedos de Ian tiraron de su cabello hacia atrás y un reguero de sangre fresca comenzó a caer dentro de su boca. Sin pensar, Harry dejó de forcejear y bebió de la sangre que Ian le ofrecía con avidez.

Cuando estuvo por fin algo más compuesto, Harry se apartó, sentándose en el suelo para calmar los latidos de su corazón. Luego entreabrió los ojos y vio como Ian tiraba lejos la liebre muerta con la cual había lo había alimentado.

-Gracias- murmuró.

-No hay de qué- sonrió Ian, añadiendo más serio:- ¿qué ocurrió para que te pusieras así?

-No quiero responder.

-Sin embargo ya intuyo el motivo- dijo Ian mientras se sentaba junto a él- y supongo que ella tampoco debe estar pasándola bien.

Harry gruñó:

-No lo sé.

-Realmente la amas ¿verdad?

-Ian...

-¿Si?

-Jamás vuelvas a mencionarla.

El castaño lo miró antes de asentir lentamente:

-Si ese es tu deseo.

-De ahora en adelante pretendo olvidarme de todos esos sentimientos. No tengo tiempo para eso. Ginny Weasley solo fue... un error que pretendo corregir.

Harry bajó la cabeza, dejando que el cabello azabache ocultara sus ojos.

-Un terrible error...- murmuró.

Ian sonrió.

-Sé por experiencia que a veces vale la pena dejarse llevar por los errores.

-No sé lo que quieres decir- masculló Harry cerrando los ojos.

-Es como la suerte.

-¿La...?

Ian clavó sus ojos felinos en los verdes, susurrando:

-Porque la suerte es lo que tú haces de ella.

Harry iba a responder, pero justo en ese momento una súbita aparición en medio de la solitaria calle de Hosgmeade lo distrajo. Ambos se levantaron de un solo salto, alertas.

-No es humano- murmuró Harry.

-Ni mago o bruja- añadió Ian perplejo- es...

Harry abrió al máximo los ojos.

-Al... ¿Aldana?


Bueno, hasta aqui llega por ahora. Espero les haya gustado. Sugerencias, criticas y todo tipo de recomendaciones ¡bienvenidos sean!. Ojala pongan sus rewiers, pues es el plus que motiva a seguir escribiendo. ¡Byeeee!

Ah, y un pequeño avance: en el prox. capi saldrá el primer encuentro entre Voldemort y Harry.