Resumen: Si había algo para los que Severus Snape no estaba preparado era para hacerse cargo de un niño, mucho menos del niño-que-vivió, aun así lo defenderá a capa y espada de quien sea... ¿Quién dijo que ser padre era sencillo?... lo bueno… ya no estará solo…
Notas de autora: Bueno tarde pero seguro les traigo el segundo capítulo de esta historia. Antes que nada quiero hacer una pequeña aclaración. El primer capitulo lo edite hace unos días con el fin de poder acomodarme mejor a la trama, el único cambio que le hice fue la edad de Harry que la cambié d años, la razón es simple, no me sentía capaz de desarrollar los pensamientos de un infante de esa edad. Por lo demás solo corregí errores de ortografía.
Mis sinceras disculpas a todos los lectores en particular a Sulix por la demora pero estoy en la recta final de mi carrera y el tiempo parece reducirse a nada, aunado a la falta de inspiración que espero y no siga durando.
Espero que les guste.
En fin, como siempre digo, nos estamos leyendo!
Categoría: Harry Potter
Personajes: Harry Potter; Severus Snape.
Géneros: Drama, angustia
Clasificación: T
Desafío: "Reto por Sulix" del foro "Retos Harry Potter y más"
Capitulo: 2
Completa: No
Disclaimers: Los personajes de este fic pertenecen a J.K. Rowling yo solo los utilizo por mera diversión.
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Capítulo 2: Recuerdos y caricias
Sus verdes ojos observaban todo a su alrededor, aún no sabia donde se hallaba pero la calidez que sentía lo tranquilizaba. Su mirada se fijó con suma curiosidad en los extraños colores que el cielo mostraba a través de un gran ventanal que había al costado de la habitación, era la primera vez que veía salir el sol, y se sentía extraño el observar un cielo que no fuese azul, sin embargo le gustaban esos colores brillantes, llenos de vida.
Por primera vez en mucho tiempo sonrió, aquel lugar, aquellos colores y sobre todo aquella mano a la que estaba fuertemente aferrada le hacían sentirse feliz.
Un leve quejido del adulto a su lado captó su atención, observó lleno de curiosidad las facciones del adulto ahora que la luz era suficiente para ello. El cabello era algo largo, muy lacio y negro, a diferencia del suyo que iba en puntas para todos lados. El contorno del rostro le mostraba una nariz ganchuda pero que le parecía perfecta para el resto del rostro. Sentía curiosidad por escuchar la voz de aquella persona que cada tanto gruñía en sueños, observó sus manos eran mucho más grandes que las suyas de hecho con su manita solo podía aferrarse a dos dedos de él, los cuales eran largos y huesudos.
Con su manita libre recorrió por tercera vez su cuerpecito deteniéndose en cada venda que tenía incluyendo la de su frente, silenciosamente comenzó a llorar, nunca nadie lo había curado, aferró aún más los dedos de aquel señor a su lado y mientras pequeñas lágrimas mojaban sus mejillas una sonrisa adornó su pequeño rostro.
-"mi papi, al final si tengo un papi"- pensaba contento, desde hacía un tiempo que su cabecita loca había maquinado que si un adulto atendía a un niño era solo porque eran sus padres.
Recordaba las veces que sus tíos habían curado, atendido y mimado a su primo por un simple rasguño, cada que lo mandaban a limpiar el patio veía como las personas que pasaban con niños los llevaban de la mano, les compraban cosas e incluso una vez una niña se había caído frente a la casa y su mami o solo le había puesto una bandita en la rodilla sino que también la había llenado de besitos haciendo que la niña dejara de llorar y sonriera feliz ante las atenciones. Él envidiada a esos niños, pero ahora al parecer su papi lo había encontrado y él se portaría muy bien para que no volviera a irse, no hablaría a menos que le dijeran, no tocaría nada ni se movería a menos que lo llamen, comería solo cuando le dieran alimento y haría todo los quehaceres que le dieran para que su papi lo quiera y lo cuide. Sonrió secó sus lagrimas con su manita libre, contento con sus ideas.
Minutos después Severus despierta gruñendo ante la dolorosa contractura es toda su espalda producto de la posición en la que permaneció toda la noche.
Sus ojos oscuros y algo cerrados por la somnolencia se encuentran con los verdes brillantes del pequeño, aquellos expresivos ojos parecían observarlo con adoración, esperanza y algo de miedo. Al intentar levantarse siente como dos de sus dedos son fuertemente sujetos por aquella pequeña y delgada manita, suavemente se deshizo del contacto siendo observado detenidamente por el infante.
Él nunca fue una persona habladora y menos por las mañanas así que simplemente se dirigió al baño del cuarto dejando al pequeño solo en la pieza.
Mientras lavaba su rostro con abundante agua su cabeza comenzó a recordar lo acontecido una y otra vez, suspiró pesadamente mirando el espejo encima del lavamanos sin realmente observarse en él simplemente pensando.
-"¿Qué demonios debo hacer ahora?"- Sabía que hablar con Albus no era lo correcto, al menos no hasta saber por qué el niño estaba en esas penosas condiciones.
Al salir del baño notó al niño mirándolo serio y temblando levemente, sus piernas bajo las sábanas se movían apretándose fuertemente.
-¿Se… señor, puedo hacer… hacer pipí?- preguntó avergonzado y despacito aguantándose las enormes ganas que tenía de ir al baño.
Severus abrió sus ojos de par en par y como alma que lleva el diablo corrió a la cama lo alzó y lo llevó hasta el baño donde lo bajó y le cerró la puerta. Lo único que faltaba que el niño se hiciera en su cama, no gracias, aunque ahora tenía una duda, ¿Sabia el niño usar un baño? No es como si él tuviese conocimientos sobre la crianza de un infante, él solo se cuidaba a él mismo, para su suerte justo cuando iba a abrir la puerta para verificar que todo estuviera bien sintió el ruido del agua correr y luego el ruido de la puerta abriéndose.
-emm… yo- el pequeño se sentía avergonzado y mostraba algo de miedo como si quisiera pedir algo pero no se atreviera –no… no…-
-¿No que niño, no tartamudees?- alzó la vos sin recato alguno después de todo él no era una persona paciente y si había algo que le molestaba eran las personas que no podían terminar una frase coherente sin trabarse, aun si se trataba de niños.
Harry tembló ante el tono fuerte y la reprimenda y no pudo evitar comenzar a llorar, recién había empezado el día y ya se había portado mal haciendo enojar a su papi, al menos eso era lo que pensaba.
Severus observó al pequeño llorar en silencio y no pudo más que sentirse mal, pero ¿qué podía hacer? Él no estaba preparado para este tipo de cosas, entonces un flash pasó por su cabeza, recordó cuando su padre le gritaba y lo encerraba solo en su cuarto, recordó como su madre solía escabullirse dentro cuando su padre dormía y con amor le acariciaba el pelo y las mejillas secando sus lágrimas hasta que se tranquilizaba.
Antes de siquiera darse cuenta se encontraba en cuclillas frente a Harry secando suavemente las lagrimas del pequeño quien ante el contacto primero se encogió esperando la paliza que nunca llegó. El pequeño observó al mayor con asombro y sin poder evitarlo comenzó a llorar aun más fuerte pero esta vez lloraba de felicidad, su papi le hacía mimitos y él nunca antes había recibido mimitos.
Severus se asustó ante el llanto ahora sonoro del pequeño, no sabía que hacer, intentó acariciarlo pero en lugar de calmarlo consiguió el efecto contrario, cuando retiró su mano el pequeño se le arrojó a los brazos llorando aun más fuerte mojando su túnica y aferrando sus manitas fuertemente como si temiera que lo apartasen.
Al joven pocionista le tomó unos minutos caer en la situación y odió aun más a viejo director, ese niño ya no lloraba por el susto de sus palabras sino por la caricias que nunca había recibido, él al menos había tenido a su madre para consolarlo pero este pequeño, parecía no haber tenido a absolutamente nadie que lo quisiera, era una sensación acongojante.
Sus brazos rodearon al pequeño y allí se quedaron hasta que Harry se durmió, aun hipando en sus brazos Severus lo cargó y lo llevó nuevamente a la cama donde cambió nuevamente todas sus vendas curando las heridas que aun requerían más tiempo y lo arropó, acarició su sonrojadita mejilla y salió del cuarto.
Se dirigió hacia el barcito de la sala de estar y se sirvió un vaso de whisky que no demoró en tomar a fondo, la situación lo superaba y por creces, se sirvió otra vez en el vaso pero esta vez solo sorbió un trago, lentamente se dirigió al sillón y se sentó observando el fuego de la chimenea. Necesitaba encontrar respuestas o se volvería loco. Como si Merlín le hubiese oído sus quejas mentales una lechuza comenzó a picotear el vidrio de la ventana. Al permitirle el ingreso el ave depositó sobre la mesita un sobre con el sello de Gringgots para luego retirarse tan rápido como había llegado.
El dorso de la carta tenía su nombre escrito, rápidamente la tomó en sus, ahora, temblorosas manos, él reconocería esa letra en cualquier lugar, redonda y prolija, era la letra de Lily…
Continuará…
