Bien, tal como lo habìa prometido antes, aquì està un nuevo capitulo. El prox. fic en actualizar esta semana serà paralelamente opuestos. Espero que me hayan perdonado por mi larga ausencia, pero prometo no volver a hacerlo (XD) Muchas gracias a todos los que me alentaron con sus comentarios y mails, realmente han significado mucho para la continuaciòn de estos fanfics. Este capìtulo es muy importante. Espero que les guste. Ah, y una cosa: no me baso para nada en Crepusculo. De hecho, cuando comencè este fanfic ni siquiera habia leido ese libro y lo cierto es que no me gusta mucho. Creo que no le hace mucha justicia a la naturaleza de los vampiros, pero esa ya es una opinion personal.

Que disfruten la lectura!


Capìtulo 12

Descubrimientos.

Ann caminaba por los jardines de Hogwarts con los ojos rojos de tanto llorar. Hacía frío, pero aquello poco le importaba. No había asistido a sus últimas clases. Se había negado a hablar con nadie. En el cielo una larga línea anaranjada precedía al anochecer, y mientras Ann continuaba caminando, se preguntó como estaría tomándolo todo su hermano.

"Seguramente mejor que yo" pensó, con un vago intento de sonrisa.

Y entonces volvió a pensar otra vez en Ginny. Tras darle varias vueltas al asunto, Ann había decidido que por el momento lo más sensato era no decirle que Harry era su hermano. Las heridas estaban para todo el mundo aun demasiado frescas y sería estúpido echarle más leña al fuego.

Con un estremecimiento, Ann decidió regresar al colegio. El cielo ya estaba casi completamente oscuro y, a juzgar por los espesos mantos de nubes negras, esa noche habría tormenta.

Filch le echó una mirada desdeñosa cuando la muchacha entró al castillo, pálida de frío y muerta de hambre. Ann decidió que comería hasta hartarse durante la cena. No había casi nadie en los pasillos. Seguramente, pensó la muchacha, todos debían estar ya en el comedor. Aceleró el paso.

Los bollos de chocolate siempre se terminaban rápido.

-… lo he estado educando desde que murieron sus padres. No se preocupe, director; Elliot está muy capacitado, casi tanto como cualquier otro chico de este colegio.

Era la voz del profesor Lupin. Ann se detuvo poco antes de torcer la esquina del pasillo, y lentamente, asomó su ojo izquierdo. El profesor de defensa contra las artes oscuras estaba conversando con el director Dumbledore y tenía la mano puesta sobre el hombro de un muchacho esbelto y de cabello rojo oscuro, como el vino. Tenía la piel atezada y vestía ropa muggle. A Ann le pareció exóticamente atractivo.

Dumbledore miró al chico con una sonrisa:

-Te conocí cuando tenías cinco años, Elliot. Has crecido considerablemente. Espero que te sientas a gusto en Hogwarts.

El joven asintió, pero no dijo nada.

-Bien, será mejor que lo presentemos a los alumnos y veamos en que casa le toca estar- dijo el director- no es algo usual, por supuesto, pero…

-Si no le produce inconveniente, director…- intervino el muchacho por primera vez. Tenía la voz suave y agradable. Ambos hombres los miraron:-… me gustaría estar en la casa de Gryffindor.

Dumbledore se meció la barba, sin responder de inmediato. Lupin se apresuró a decir, sonriendo:

-La verdad es que estoy de acuerdo con Elliot, señor director. Soy testigo de sus habilidades y le conozco tanto como un padre puede conocer a un hijo. El mejor lugar para Elliot es Gryffindor. Y eso es, seguramente, lo que sus padres habrían querido.

-Entonces te haré una pregunta- dijo Dumbledore mirando al chico.

-Claro.

-¿Cuál es tu sabor preferido?

Lupin rió entre dientes y Elliot, aunque ligeramente sorprendido, respondió sin vacilar:

-Yo diría que el chocolate, señor.

-¡Excelente!- dijo Dumbledore- si hubieras sido un ravenclaw le habrías añadido un relleno. Bien, bien. Entonces formarás parte de la casa de Gryffindor. Pero antes de ir al gran comedor debemos pasar un momento por el despacho de la profesora McGonagall.

-Vamos- coincidió Lupin.

Ambos hombres comenzaron a caminar, sin embargo, antes de que Ann pudiera esconderse, Elliot se giró tan rápidamente que no le dio tiempo ni a parpadear. Los ojos del muchacho eran de un color dorado oscuro. Ann abrió la boca, sorprendida, y Elliot le sonrió. Era una sonrisa amistosa y un tanto burlona, como si con ella le quisiera decir: "Ya sabía que estabas escuchándonos"

Elliot se volteó entonces para seguir a los dos hombres y desapareció por el otro pasillo.

"Que ojos más extraños" pensó Ann, fascinada.

XxXxXxXxXxXxXxXxXxXxXxX

Ian estaba sorprendido. Durante toda su vida nunca había visto a tantos vampiros juntos, conviviendo como personas comunes y corrientes. Mientras paseaba por las calles de Gelrion Ian reparò sobre todo en los rostros imperturbables de sus bellos habitantes. En ese momento grupo de niños vampiros pasó corriendo por su lado. La niña más alta se volteó para mirarlo, con curiosidad, y sonrió, enseñándole una fila de dientes blancos y perfectos.

-Hola- la saludó Ian, haciendo una inclinación de cabeza.

La niña intercambió una risita con su amigo pelirrojo y ambos siguieron corriendo hasta perderse de vista. Ian se dio cuenta de que algunos lo miraban, pero no parecían muy alterados con su presencia, lo cual le pareció bastante extraño. Por lo general, las razas puras intentaban alejarse lo más posible de los de su calaña: un Shekdral. Un mestizo.

-¿Te gusta nuestra Ciudad?

Ian se volteó, encontràndose de cara con una joven vampira de largo cabello rubio. "Annabelle" pensò el joven de forma automàtica antes de darse cuenta de que no era ella. La vampìra era hermosa. Tan hermosa como Aldana, la prometida de Harry. Ian respiró hondo.

-Es una ciudad magnífica- asintió, inclinando la cabeza- ¿Puedo tener el honor de saber su nombre?

Ella soltó una risita.

-No sabía que los mestizos eran tan educados.

-Hay muchas cosas que ustedes no saben de nosotros- repuso Ian sonriendo.

-Lo siento, Ian Pascalli. No pretendía ofenderte- Ian alzó las cejas, ella añadió:- me llamo Iriel. Mi hermana me estaba hablando de ti.

-¿Tu…?

-Aldana.

-¡Ah!- exclamó Ian antes de reírse. Varios vampiros que pasaron por su lado lo miraron- ahora entiendo el parecido. Realmente son idénticas.

-Eso dicen todos- dijo Iriel- salvo en el cabello, claro.

-Tus cabellos son como el resplandor de la luna, los de Aldana representan la noche más oscura.

-Curiosa definición.

-Gracias.

-Me han pedido que venga a buscarte, Ian. Harry quiere hablar contigo.

El joven castaño se sorprendió.

-¿Ya está despierto? ¡Entonces vamos!

-Espera.

Ian la miró.

-¿Qué ocurre?

-¿Por qué estás con él?- preguntò Iriel, ahora muy seria- ¿Cuál es tu juego, Ian Pascalli?

El vampiro esbozó una sonrisa de medio lado.

-Aunque no lo creas, lady Iriel, estoy del lado de tu príncipe. Quiero ayudarlo.

-Ningún zheldrar hace algo sin obtener una cosa a cambio.

-¿Eso es lo que te han dicho? Está bien…- Iriel volteó los orbes de sus ojos cuando Ian se apareció detrás de ella, susurrando junto a su oído-… pero seguramente lo que un mestizo como yo haga o no haga no es de la incumbencia de una Vlad, ¿o sí?

Ella no respondió.

Ian se apartó de la joven, encaminándose al castillo, pero no sin antes guiñarle un ojo. Cuando entraron al castillo ninguno de los dos había vuelto a intercambiar palabra, aunque por la forma en que la miraba, Iriel intuyó que Ian se estaba burlando de ella. Apretó los puños, pero sin dejarse llevar por la rabia. Aquel mestizo le intrigaba, después de todo.

Sherian salió a encontrarlos. Hizo una breve reverencia hacia Iriel y luego sonrió a Ian.

-Harry está el salón del segundo piso. Quiere hablar contigo. Gracias por traerlo, lady Iriel.

-No fue difícil encontrarlo, maese Sherian. Los Shekdral no son muy silenciosos y es fácil seguirles la huella.

Sherian arrugó un poco el ceño, pero no dijo nada. Ian torció una sonrisa irónica.

-Es que los zheldrar no tenemos necesidad de escondernos.

Iriel mantuvo con él una imperturbable mirada y sus bellos ojos grises se llenaron del más profundo desprecio. Miró a Sherian:

-¿Mi hermana?

-Está con el príncipe.

-Quisiera hablar con ella.

Este asintió levemente.

-Entonces puedes subir con nosotros si quieres.

Los tres subieron al segundo piso del castillo y entraron al salón. Harry estaba allí, sentado en una larga butaca junto a Aldana. Ambos giraron la cabeza. Ian saludó a Harry alzando la mano:

-¡Bueno verte en pie, compañero!

Tanto Sherian como Iriel lo miraron desconcertados. Harry, sin embargo, no parecía molesto.

-¿Dónde estabas? Te desapareciste del castillo sin decirle nada a nadie.

-Fui a mirar la ciudad.

Aldana sonrió.

-¿Te ha gustado? No es tan grande como las que seguramente frecuentas, pero…

-Gelrion es un lugar magnìfico- repuso Ian.

-Y aun no conoces nuestra vasta naturaleza- dijo Sherian, entusiasmado- en ninguna otra parte del mundo encontrarás bosques ni manantiales mejores que los nuestros.

-Y el teatro- añadió Aldana, con los ojos brillantes- tienes que ver el teatro.

Iriel dio unos pasos hacia Aldana. Ambas hermanas se miraron.

-¿Iriel? ¿Qué haces aquí?

-Tenemos que hablar.

-¿Ahora?- dijo Harry con voz tediosa. Miró a Iriel con ojos inexpresivos y esta desvió la mirada, incapaz de sostenerla demasiado tiempo- por favor, lady Iriel, no querrás interrumpir nuestra conversación, ¿verdad?

-Le pido disculpas, príncipe- dijo Iriel con una reverencia- pero es realmente urgente…

-Está bien- dijo Aldana, levantándose- vamos.

Los tres varones se quedaron viendo como estas salían. Ian soltó un silbido:

-Que par de infarto, ¿eh? Aunque la rubia no me ha caído lo que se dice bien.

-Una dama orgullosa- dijo Sherian.

-Altanera y entrometida- agregó Harry, sin escrúpulos- ella y Aldana no tienen nada en común, lo cual es una fortuna para mí. No me habría gustado tener a Iriel de prometida.

Ian lo miró.

-Y bien, ¿de qué querías que habláramos?

Sherian abrió la puerta para marcharse:

-Será mejor que los deje solos…

-No, no lo hagas- dijo Harry haciendo un gesto con la mano- quédate. La verdad es que quería… hablar con ambos. Pedirles un favor, mejor dicho.

Sherian cerró la puerta, con gesto intrigado. Harry continuó:

-Hoy me he enterado de algunas cosas, así que… Sherian…- el joven clavó sus verdes ojos en los azules del otro…- ya no es necesario que sigas fingiendo, mi padre me lo ha contado todo sobre los Potter.

Sherian abrió mucho los ojos, pillado totalmente por sorpresa. Harry suspiró.

-Sé que soy hijo de magos, que tú y Lilith me salvaron de morir… sé que los Potter se deshicieron de mí como un fardo. Lo sé todo…- Ian miraba a Harry sorprendido-… y quiero vengarme.

-¿Cómo?- el vampiro castaño se levantó, abriendo mucho los ojos- ¿estás diciendo que eres hijo de ese… James Potter?

Harry apretó los dientes.

-Te pediré que no vuelvas a pronunciar ese nombre.

-Entonces no tienes sangre real…

-Sí. Si la tiene- repuso Sherian- el rey Lorkan lo mordió durante luna llena, traspasándole la esencia de su estirpe. Harry es un verdadero príncipe… solo que no del modo tradicional.

-Caramba, príncipe- murmuró Ian- esto si me ha tomado por sorpresa.

Sherian estaba más pálido de lo que un vampiro podía estarlo, pero dejó que Harry continuara:

-Por eso puedo ocupar magia, Ian. Eso era algo que ni yo mismo entendía. Ahora me queda todo claro: tengo que hacerles pagar.

-¿Estás seguro de lo que dices, Harry?- dijo Sherian muy serio.

-¿Qué harías tu en mi lugar? ¿Te quedarías de brazos cruzados?

-Yo…

-Una guerra contra los magos se avecina, y estamos obligados a participar en ella. Pero esto es importante para mí. No quiero que los Potter queden impunes por lo que hicieron…- los nudillos de Harry estaban blancos-... malditos...

-Tu padre no lo aprobará- dijo Sherian.

-¿Qué pasa? Pensé que me apoyarías. Tú mismo me trajiste aquí con Lilith, así que sabes mejor que ninguno lo que pasó- Sherian estaba estático como una roca- ¿o hay algo que quieras decirme?

-No.

Harry frunció el ceño.

-Nunca he dudado de tu lealtad, Sherian, y no quiero tener que dudar ahora.

-¿Qué quieres que haga entonces? ¿Matarlos?

-Yo puedo encargarme de la mujer- dijo Ian, entusiasta- Lily Potter, una bruja muy guapa. Lástima.

-No. A ellos no, por ahora.

-¿Entonces?

-Quiero que asesinen a su hijo, Darek Potter.

Los ojos de Harry no mostraban ningún ápice de piedad. Sherian asintió.

-Como ordenes, príncipe.

XxXxXxXxXxXxXxXxXxXxXxX

Darek revolvió el contenido de su plato sin probar bocado. Por primera vez se sentía confuso. Confuso y dolido. No entendía por qué motivo sus padres les habían ocultado a él y a Ann que tenían un hermano mayor. Después de tanto tiempo…

"Da igual que pensaran que estaba muerto" se dijo, frunciendo el ceño "da igual"

Hermione le puso una mano sobre el brazo. Darek se sobresaltó.

-¿Te encuentras bien, Darek?

-Sí.

-No me lo parece.

-Estoy bien, Hermione… bueno, no. En realidad no.

Ron alzó las cejas. Ginny le preguntó:

-¿Te has peleado con Linda?

-De hecho ya no salgo con ella- dijo Dárek- es solo que…

-… no sabes que hacer- dijo una voz dulce a sus espaldas- pero si te sirve de algo, conozco el remedio perfecto para eso.

-Hola Lunática…

-Luna- dijo Hermione, fulminando a Ron con la mirada, y miró a la ravenclaw con una sonrisa- ¿cómo estás?

Luna Lovegood le sonrió:

-Bien, gracias. He encontrado un piedra urgali en el bosque- a continuación sacó del bolsillo de su túnica una gema redonda, muy oscura, y se la dio a Dárek- ten; si soplas sobre ella, tus seres queridos estarán protegidos y las cosas mejoraràn a tu alrededor. Es muy valiosa, ¿sabes? Sobre todo ahora que se avecina una guerra.

-Eh… gracias, Luna- dijo el chico, no muy seguro de que hacer con la piedra- eres muy amable.

-De nada- dijo ella alegremente- solo no la pierdas, o su poder protector se pierde.

-Claro.

Ginny sonrió a Luna.

-He oído que a tu padre le va muy bien con El Quisquilloso.

-¡Oh, sí!, es que el tema de los vampiros ha interesado mucho a la gente, ¿sabían que los vampiros son clientes frecuentes de Honeydukes?

-¿Eh?- dijo Ron, riendo- eso es imposible…

-Claro que sí. Son adictos a las chupetas de sangre.

Varios en la mesa de Gryffindor se rieron. La casa del león le tenía simpatía a Luna y siempre la escuchaban para ver con qué nueva extravagancia iba a salir.

-Los vampiros no comen chupetas de sangre- dijo Ron- a menos que fueran muy idiotas y…

-Ah, hola Ann- dijo Luna alzando la vista de pronto. La morena se sentó inusitadamente junto a Ginny- me alegra verte mejor.

Ginny miró a su amiga de soslayo, preocupada, pero Ann sonrió:

-Pue si, la verdad es que estoy mucho mejor ahora, ¿Qué tal si te sientas con nosotros, Luna? Además tengo algo que contarles. ¡Son noticias de última hora!

Todos los que estaban sentados en la mesa de Gryffindor cerca de ellos estiraron el cuello, pendientes de lo que Ann iba a decir. Y es que cuando Ann Potter tenía una noticia, siempre valía la pena escucharle.

-Vamos, suéltalo- dijo Ginny al ver la expresión teatral de Ann. Todos comenzaron a apremiarla.

-Ok, ok… que impacientes ¿eh? Pues resulta que hoy veía caminando hacia acá por el pasillo cuando…

Sin embargo Ann no alcanzó a proseguir con su relato, porque justo en ese momento entraron Dumbledore junto a Remus Lupin y el extraño chico llamado Elliot. Quienes habían estado escuchando a Ann ahora prestaron al director y varias chicas empezaron inmediatamente a cuchichear sobre el joven de cabello rojo. Ann resopló, reclinándose con muy poca delicadeza en su silla:

-Bien, pues ahí lo tienen.

Ginny se rió.

-¿Te acaban de arruinar unos momentos de atención?

-Ya lo creo. Pero míralo- Ann le señaló a Elliot con un gesto de cabeza- ¿a que es extraño?

-Pues… no sé. No lo veo bien desde aquí.

-Ya lo verás. Dumbledore ha decidido ponerlo en nuestra casa.

Esta vez sí le prestaron atención. Neville Longbottom parpadeó, confuso.

-¿Es un alumno nuevo?

-Asi parece.

Dumbledore golpeó las palmas para instalar silencio y todos los alumnos dejaron de comer para mirarlo.

-Bien, siento interrumpir su cena, pero me gustaría anunciar la incorporación de un nuevo alumno a la casa de Gryffindor…- de pronto toda la mesa estalló en aplausos entre risas y silbidos, como una clara imitación a la noche de selección. Las otras casas también rieron.

-Sí, sí, ese es el espíritu de acogida que a mí me gusta- sonrió Dumbledore. Elliot y Remus también sonrieron- su nombre es Elliot Price y formará parte de este colegio a partir de ahora. Los motivos de su tardía incorporación no me corresponde a mí mencionarlos, asi que cualquier pregunta, pueden hacérsela a Elliot y este decidirà si quiere contestarlas. Bueno, eso es todo- Dumbledora extendiò los brazos- ya pueden proseguir con su cena.

Cientos de pares de ojos siguieron al muchacho del cabello color vino, pero este simplemente les sonrió con afabilidad, sin parecer incómodo en lo absoluto. Entonces un slytherin gritó:

-¡Hey, Weasleys, allí va su primo nùmero cien! Sin embargo parece mejor vestido. ¡Deberían pedirle un préstamo!

Ron frunció el ceño y Ginny sacò una varita azul de su bolsillo. Luedo sonrió, exclamando con burla:

-¡Y aquí están tus hermanos, Miller!

De pronto la varita explotó y tres chimpancés de goma que chillaban estruendosamente saltaron hacia la mesa de las serpientes, sin dejar de rebotar de un lado a otro.

Hubo una oleada de risas.

-Ingenioso- dijo Ann.

-Gracias. Cortesìa de sortilegios Weasley- dijo Ginny antes de sacar de su bolsillo otra varita que hizo explotar hacia Elliot. Una enorme cabeza de león le rugió en la cara, pero el muchacho, para sorpresa de varios, no retrocedió.

-¡Bienvenido a la magnífica morada de sir Godric Gryffindor!- dijo Ann.

Dicho esto, todos comenzaron a levantarse para saludar al nuevo y Hermione comenzó a explicarle de que se trataban las diferentes clases, para exasperación de todos. Ann, sin embargo, fue la única que permaneció sentada en su sitio, sonriendo. Y entonces, imprevistamente, Elliot Price se sentó junto a ella.

-Ahora somos compañeros de casa, señorita espía- murmuró él, guiñándole el ojo- mucho gusto en conocerte.

-El gusto es mío- dijo Ann.

Ginny los miró a ambos entornando los ojos, pero con una sonrisa.

-Asi que ya se conocían.

Ann se encogió de hombros.

-Me llamo Ginny Weasley- dijo la pelirroja- y aunque no creo que seamos primos, me alegra que hayas quedado en nuestra casa.

-Gracias, Ginny- dijo Elliot- aunque la verdad siempre pretendí estar en Gryffindor. Mis padres eran de esta casa.

-¿A que se dedican tus padres?- le preguntó Hermione.

-Murieron cuando tenía tres años.

-Oh…

-No te preocupes- dijo Elliot con su voz sedosa. Algunas alumnas no le quitaban los ojos de encima.

-Yo soy Ronald Weasley, pero puedes decirme Ron- dijo el pelirrojo mientras mascaba una pierna de pollo- y esta es Hermione Granger, pero si te parece molesta al principio no te sientas mal: todos hemos pasado por eso...

-¡Ron!- dijo la castaña, golpeándole en la mano con la cuchara caliente. Ron soltó una palabrota. Ginny y Ann rieron.

-Mi nombre es Ann Potter, por cierto- dijo la morena- y el calladito con cara de bobo que está ahí es mi hermano, aunque no se note mucho.

-A mi me parece que son iguales- repuso Elliot torciendo una sonrisa.

-Es que son gemelos- dijo Ginny, divertida con la expresión de Ann.

-Y a diferencia de los gemelos weasley, no encontrarás gemelos más distintos que los pequeños Potter- dijo Seamus.

-Totalmente opuestos- añadió Ron.

-Algunos creemos que hubo un intercambio de almas en el proceso de…, tú ya sabes- le susurró Ginny a Elliot con voz lo suficientemente alta para que todos escucharan-… uno creería que Dárek es la chica y Ann el chico. La naturaleza es asì de extraña a veces...

Indignados, Dárek los fulminó con el ceño y Ann les lanzó pudín de fresa con tan mala puntería que este fue a parar sobre la cara de Ron. Fastidiado, el pelirrojo agarró una patata con crema de queso y la lanzó hacia Ann, pero esta la esquivó y…

Elliot la atajó con su mano izquierda sin parpadear siquiera.

Todos se le quedaron mirando, sorprendidos. El muchacho sonrió encogiéndose de hombros.

-Siempre he tenido buenos reflejos.

-¡Wow, podrías ser mi buscador!- dijo Ginny emocionada y levantàndose bruscamente de su silla- ¡el nuestro renunció la semana pasada! ¿Qué te parecería formar parte del equipo?

-¿Eres la capitana?- le preguntó Elliot.

-Sí.

-Bueno… nunca he jugado quidditch. Pero me gustaría.

-No se hable más- repuso Ginny, para divertimiento de todos- serás mi nuevo buscador, Elliot Price. Y no puedes decirme que no.

Ann miró a Ginny y esbozó una leve sonrisa. Su amiga comenzaba a sonreír nuevamente. Sin embargo la morena no pudo reprimir que una sombra de tristeza se abatiera sobre sus ojos verde esmeralda. Un destello imperceptible para todos… menos para los ojos de Elliot.

XxXxXxXxXxXxXxXxXxXxXxX

Harry golpeó una y otra vez el largo saco de arena con el que siempre solía practicar, pero esta vez, sin embargo, el saco se balanceaba más de lo habitual. El joven golpeaba con puños, con piernas, de forma metódica y letal, sin emitir gruñidos. Sin mudar la expresión fría de su rostro. Ian se había cansado de observarlo y ahora andaba por ahí, molestando a los demás vampiros.

Seguramente, pensó Harry, intentando ligarse alguna joven.

-Te veo en muy buen estado, príncipe Harry.

Harry miró por sobre su hombro. Morderet estaba apoyado contra la pared de la sala de entrenamiento, esbozando una media sonrisa.

-Morderet- saludó Harry, sonriendo también- no te había visto.

-Y yo nunca te vi más concentrado- rió Morderet, ladeando la cabeza- ¿ocurre algo, Harry?

-Puede que esté un poco tenso.

-La guerra que has debido preparar, supongo.

-Probablemente sea eso- Harry le puso una mano en el hombro, ya más relajado- ¿Cómo está tu hermana? Supe que iba a celebrar su unión con Bareth.

-Sí, así es. Y estás invitado.

-No sé si podré asistir, pero mándale mis felicitaciones, yo…

-¿Y cuando se unen tú y Aldana?

Harry miró hacia otro lado, un tanto incómodo. Morderet arqueó las cejas.

-¿Pasa algo?

-Nada, amigo mío. Es que no estoy seguro sobre eso. Necesito algo de tiempo.

Morderet entornó los ojos, fingiendo no estar tan interesado. Tragó saliva y dijo:

-¿Se lo has dicho a ella?

-¿A Aldana?- Harry negó con la cabeza- no, todavía no. En realidad no creo que sea buena idea.

-¿Por qué? No puedes dejarla con la ilusión, Aldana es…

-Aldana es mi prometida- dijo Harry mirándolo fijamente- eso no ha cambiado, Morderet. Yo solo hablo del tiempo. Me gustaría atrasar esa ceremonia por el momento, eso es todo.

-Veo.

Harry se disponía a golpear nuevamente el saco, pero una repentina sensación de cansancio se lo impidió. Se frotó los ojos con ambas manos, gruñendo. Morderet le puso una mano en el hombro:

-¿Qué pasa?

-No sé… creo que necesito alimentarme.

-¿Otra vez? Te acabas de beber dos litros de sangre.

Harry abrió la boca para decir algo cuando la puerta de la sala de entrenamientos fue empujada. Por ella, para sorpresa de ambos, entraron el rey Lorkan, Lilith y Filius, el viejo curandero. Sus expresiones eran graves. Más graves que nunca.

-Morderet, por favor retírate- dijo el rey con los oscuros ojos puestos en Harry- necesito hablar con mi hijo.

-Por supuesto, señor.

Morderet miró a Harry unos momentos y salió, cerrando suavemente la puerta a sus espaldas.

-¿Qué ocurre?- murmuró Harry, maldiciéndose por sentirse tan débil en esos momentos.

Lilith y Filius permanecieron tensos.

Entonces el rey, sin decir nada, caminó hasta su hijo y le propinó una dura bofetada con el reverso de la mano. Si hubiera estado en sus condiciones normales, Harry habría soportado el golpe sin moverse ni un ápice de su lugar, pero no era el caso. El joven cayó al suelo. No dijo ni hizo nada. Simplemente alzó el rostro para mirar a su padre, cuya expresión se había descompuesto en un gesto de rabia y angustia.

-Me has decepcionado Harry… tú… ¿Cómo has podido…?

-Papá…

El rey lo agarró por la ropa, alzándolo del piso hasta tenerlo cara a cara. Harry jamás lo había visto tan enojado.

-¡Has incumplido el juramento de iniciación, Harry! ¿Sabes lo estúpido que es eso? ¿Lo sabes?

-No.

-La persona a la que tienes que morder, aquella que viste en el espejo, ¿sigue con vida?

Harry inspiró hondo.

-Sí.

Lorkan sacudió la cabeza y soltó a Harry. Entonces dijo:

-Te has estado matando a ti mismo, Harry. ¡Estás débil porque tú mismo te lo has buscado, porque no has seguido los pasos de tu iniciación como debías hacerlo!Ahora te ordeno que termines el trabajo, ¡te lo exijo!

-¿Que pasa… si no lo hago?- se atrevió a decir Harry, con la mirada oscurecida y el cuerpo en tensiòn.

Esta vez intervino Filius:

-Si no lo hace, joven príncipe, su cuerpo se irá debilitando, exigiéndole más alimento del normal hasta el punto de tener una sed terrible. Luego... luego morirá.

Harry abrió mucho los ojos. Su padre le dijo:

-Tienes que matar a esa persona que viste en el espejo y completar tu iniciación. Si no lo haces, hijo… no viviràs mucho tiempo. Y no pienso permitirlo. No pienso perderte por una estupidez.

El rostro de Lilith se cubrió de pesar. Harry, en cambio, solo podía pensar en la expresión enérgica y sonriente de Ginny.

Pero si no mataba a Ginny… iba a morir.

Morir.


Eso es todo por esta semana. No duden en poner sus dudas, sugerencias y criticas. Comentar no cuesta nada. Y cualquier duda personal, pueden escribirme en mi blog.

Hasta la otra! =)