Ya! Aquí estoy otra vez y con un capítulo bastante más largo que los anteriores. Sinceramente me ha gustado como me quedó este capi, así que espero que a ustedes también les guste. Bueno. No voy a explayarme más.

Un agradecimiento por sus anteriores rewiers a:

HarryPeru, siriusta, ljubica, vps, Kaito Seishiro, f1ameseeker, K.J. Expelliarmus, fronfis, fatty73, AnnieKP (deberías dedicarte a escribir, !sacas buenas conclusiones! Aunque no, Ginny no se convertirá en vampiro), Arcangel Guerrero, (gracias por tomarte el tiempo de comentar cada capitulo de forma tan concienzuda. Y sí, Ginny es más temeraria que Bella Swan (personalmente a Bella la encuentro demasiada débil) y en este capitulo lo demostrará. Saludos!), Irene Radcliffe, (me alegra que te guste la historia. Aqui sabras algo mas de Elliot), Fefi (aqui veras a un Harry más violento con Ginny. Claro, pero el jamas le hara daño a proposito, ;))nachan07, vanessa, (bueno, he intentado no demorarme tanto. Saludos), carlaobic, (gracias por tu comentario. En este capitulo veras a una Ginny más ruda), druidalurin.

Ahora aclaro las dudas de algunos de ustedes:

-Elliot es un personaje muy importante y relevante para la historia. En este capitulo se sabrá, en parte, porqué. Aunque solo en parte. Y no, no es un vampiro.

-Algunos me han pedido partes emotivas y fraternales. Las habrán, aunque aun queda bastante historia por delante.

-¿Qué porqué Harry es tan despiadado? Bueno, jeje, es que es parte de su naturaleza. No es Edward Cullen para nada.

-Si habrán encuentros con Harry y Ann.

-Anabelle si aparece. Lo hace en este capitulo.

-Ian no es malo, pero si, es cierto que oculta algunos secretos importantes.

Ahora a leer! Y no olviden poner sus comentarios.


13

Debilidad.

Con los ojos puestos en la chimenea, Aldana escuchó las explicaciones de Harry sin interrumpirlo ni una sola vez. Afuera, el preludio del invierno se había precipitado con fuerza, restallando en truenos y una lluvia que no parecía querer refrenar su ira. Cuando Harry dejó finalmente de hablar, ella lo miró abriendo mucho los ojos, preocupada y perpleja:

-¿Y por qué no la has matado? Tu vida es más importante… No lo entiendo.

Harry suspiró profundamente.

-Supongo que aun me cuesta matar inocentes. Y Ginny Weasley es solo una muchacha.

-Pero…- Aldana se mordió el labio. Por un lado simpatizaba con Harry, sin embargo, le parecía demasiado raro que a él le complicara hasta ese extremo el asunto de la humana.

-Entonces te vas a Inglaterra otra vez- murmuró, suspirando resignada.

Harry se colocó detrás de Aldana y masajeó suavemente sus hombros, diciendo con voz serena:

-Tengo que hacerlo o mi padre se pondrá más furioso de lo que ya está. Pero cuando vuelva, tú y yo nos casaremos.

Aldana sonrió sin poder evitarlo.

-Entonces esperaré. Pero, Harry, dime una cosa.

-¿Mm?

-¿Qué tiene esa bruja humana para que no hallas conseguido matarla? Siento que no has sido completamente sincero conmigo- Aldana se volteó, aferrando la mano de él entre las suyas- ¿ocurrió algo mientras estabas allá?

Harry sonrió apenas.

-No. Es solo lo que te dije antes, ella… es tan joven.

-¿Y le has hablado?

Harry no pudo ocultar su sorpresa. Aldana sonrió, suspirando.

-Harry, te conozco tanto.

-Bueno, sí. Lo admito. Y ese fue mi error.

-Entonces eso justifica más las cosas- terció la vampira- la bruja te ha caído bien. Pero ya sabes que es tu vida o la de ella. Y no tienes más elección.

-Ya lo sé, Aldana. Ya lo sé.

Harry se volteó, molesto de pronto, y Aldana decidió cambiar de tema. Sin embargo no sabía de qué tema hablar cuando el nombre de Ginebra Weasley persistía dentro de su mente como una mancha molesta. Por primera vez, comenzaba a sentir miedo.

-¿Me amas, Harry?

Este la miró de soslayo, sonriendo.

-¿Por qué me haces de pronto esa pregunta? Me extraña de ti.

Aldana se ruborizó.

-Yo…

-No te preocupes. Sabes que te quiero. Además, pronto nos casaremos, ¿es eso poca prueba para ti?- dijo Harry, aunque un tanto incómodo.

Aldana sonrió, sin embargo, le hubiera gustado que él le dijera "te amo". Nunca le había dicho que la amaba, aunque no es que Harry fuera alguien que demostrara abiertamente sus sentimientos. Pero aun así, la joven vampira no podía disipar la repentina inquietud de su corazón.

Iba a abrir la boca para decir algo cuando la puerta se abrió abruptamente e Ian entró por ella, sonriendo de forma un tanto bobalicona. Harry alzó las cejas. Aldana sonrió.

-Hola, Ian. No te había visto desde ayer.

-Ah, princesa…- Ian alzó la mano para cubrirse los ojos-… tu belleza es tan incandescente que temo quedarme ciego.

Harry se aguantó la risa mientras pensaba que aquel Ian estaba mucho más animado que de lo habitual. Y eso ya era bastante.

Ian le echó una mirada al cuadro que estaba sobre la chimenea de la habitación de Harry, un antiguo retrato del primer rey de los Vlad, y soltó una carcajada.

-¡Que pálido está este tío! Cualquiera diría que le han pegado un susto mientras orinaba…

-Ian, cállate- dijo Harry mientras Aldana se reía. Luego ambos se miraron con una sonrisa divertida.

-¡No, no quiero! ¡No voy a callarme!

-Será mejor que me vaya a dormir- dijo Nayla, depositando un beso sobre la mejilla de Harry antes de abrir la puerta:- buenas noches.

-Buenas noches.

-Que duermas bien, doncella de la noche- dijo Ian sin dejar de exhibir aquella sonrisa estúpida- ¡todos velaremos por ti!

Cuando la puerta se cerró, Harry le dijo:

-Los vampiros no orinan, Ian.

-¡Ja, ya lo sé! ¿Qué raros somos, verdad?- los ojos amarillos del castaño relucían más que nunca- aun recuerdo aquellos tiempos en que…

Harry suspiró.

-¿Cuántas botellas de ron te has bebido?

-Yo… no sé…- Ian comenzó a contar con los dedos y Harry le palmeó la mano, exasperado.

-Eres un idiota, caminando borracho por el castillo como si nada. Menos mal que de por sí ya das la sensación de estar ebrio porque de lo contrario…

-¡Un momento!, ¿me estás insultando?

-Tómalo como quieras.

Ian lo miró y lentamente una sonrisa se dibujó en sus labios.

-¿Qué pasa?- le preguntó Harry receloso. Ya conocía esa sonrisa.

-¿Qué vas a hacer ahora, oh príncipe, cuando todos aquí se enteren de que estás enamorado de aquella por la que podrías perder la vida?- Ian logró ponerse de pie, medio tambaleante, y apuntó a su amigo con el dedo:- ¿Qué vas a hacer?

Harry se tensó.

-No es asunto tuyo. Además, ya he olvidado a Ginny.

Ian rodó los ojos y se tambaleó hasta quedar medio desplomado sobre una butaca. Entonces se rió a carcajadas. Harry frunció el ceño.

-¿Qué te parece tan gracioso?

-Tú me pareces gracioso. Y en el mal sentido, si, porque aunque no quieras aceptarlo, sigues enamorada de esa pelirroja hasta la médula. Estás en serios problemas, Harry- el rostro de Ian se puso grave. Era increíble su capacidad para cambiar rápidamente de expresión- no quisiera estar en tus zapatos, la verdad.

Harry se hundió en su sillón, con la mirada puesta en las llamas de la chimenea.

-Eh… compañero… ¡ánimo!- hipó Ian esbozando una amplia sonrisa y pasando un brazo por sus hombros- ¡oye, que no eres el único aquí que tiene ganas de echarse a llorar como un imbécil!

-Ian…- le advirtió Harry.

-Eh, eh, no te hagas el fuerte conmigo. Aunque no lo creas…- Ian inspiró de forma dramática, pero de no haber estado borracho, Harry hubiera jurado que en sus ojos anidaba una sombra de profunda tristeza-… yo… también me he enamorado.

-¿Tú? ¿En serio?- sonrió Harry.

Ian se hundió en el sillón, asintiendo, antes de cerrar los ojos y balbucear:

-Fue hace mucho tiempo…

Y entonces, antes de que pudiera continuar, se quedó dormido.

Harry lo contempló unos momentos, escuchando sus ronquidos. Y entonces se dio cuenta de que Ian era el vampiro más enigmático y extraño que conocería jamás.

XXX

-Ginny…

Aunque iba tarde hacia su clase de transformaciones, la pelirroja se volteó, sorprendiéndose un poco al toparse con Draco. El muchacho intentó sonreírle, pero solo le salió una mueca, como si ya no recordara como sonreír. Ginny se dio cuenta entonces de que el chico estaba algo demacrado; tenía profundas ojeras, la piel hundida y los ojos más oscuros de lo habitual.

-Draco, ¿Qué te pasó? No, espera, vamos a una sala vacía y…

-No. Aquí está bien. Solo quiero… despedirme.

-¿Qué?

Ginny pasó una mano por la mejilla de este, frunciendo el ceño, preocupada.

-Draco, ¿de qué hablas?

El muchacho apartó la cara haciendo una extraña contorsión, como si el solo contacto de ella le doliera hasta lo más hondo.

-Yo… lo intenté.

-¿Qué quieres decir?- murmuró Ginny.

Draco apretó la quijada y bruscamente, tanto que hizo que ella se sobresaltara, levantó la manga de su brazo izquierdo. Allí estaba, nítida y siniestra, la marca tenebrosa.

Ginny se llevó las manos a la boca, horrorizada, luego miró al rubio abriendo mucho los ojos.

-No, tú no pudiste…

-¡No lo elegí!- explotó Draco al fin, y agarró a Ginny por los hombros, estampándola contra la pared. Sus ojos hablaban desde la misma desesperación- yo… no quería, pero ellos me obligaron. ¡No quería…!

Draco bajó la vista, temblando, y varias lágrimas cayeron de sus ojos.

-No tenía más opción, Ginny. Entiéndeme. Ellos no me dejaron opción.

Ginny lo abrazó con fuerza, a punto de llorar también.

-Lo sé… lo sé. Te creo.

-Realmente me hubiera gustado poder tener más tiempo para pasarla contigo, para enamorar ese maldito corazón Gryffindor tuyo- sollozó él en voz baja- tenía… tenía esperanzas…

-Aun tienes esperanzas…

-Cállate. No sabes lo que hablas- Draco alzó los ojos nuevamente, sacudiendo la cabeza- estoy perdido Ginny. Ahora soy uno de ellos. Mataré, torturaré a inocentes…

-¡No, no lo digas!

-¡Es la verdad! ¡No podré evitarlo o él me matará!... ¡Matará a toda mi familia!

Ginny se dio cuenta de que estaba llorando también.

-Draco, oh, Draco ¡cuanto lo siento!- entonces el rostro de Ginny se iluminó:- ¡debes decirle a Dumbledore! ¡Estoy segura de que él podría…!

El Slytherin torció una amarga sonrisa.

-No, Ginny. Ya tengo la marca del innombrable. Jamás podré huir de él.

-Tu padre es un bastardo- escupió Ginny, sin contenerse.

Draco apenas sonrió.

-¿Me amas, Ginny?

Ambos se miraron. Draco exhaló un suspiro, leyendo la verdad en los ojos de ella.

-Es mejor así, de todas formas- dijo abatido- aquel que se enamora de su enemigo… cargará la infelicidad sobre sus hombros hasta el fin de sus días.

Ginny sintió que el estómago se le contraía cuando el recuerdo siempre latente le Harry oprimió por dentro.

-Tú no eres mi enemigo, Draco.

-Lo seré de ahora en adelante, aunque yo no quiera, aunque piense en ti todos los días y me lamente por ser quien soy. Adiós, Ginny- Draco tomó su cara entre sus manos y besó su frente- solo vine a despedirme.

-¿Qué quieres decir?

-Me voy de Hogwarts. Ya no tiene sentido que siga aquí.

Ginny lo tomó del brazo con fuerza.

-¡No!... eres mi mejor amigo. ¡No te vayas!

Draco hizo una mueca de dolor y luego, sonriendo como solo pueden hacerlo los miserables, tocó la marca tenebrosa de su brazo y desapareció.

Ginny se quedó allí, con la vista clavada en el punto en el que Draco Malfoy había desaparecido.

"¿Cómo es que de pronto todo se ha convertido en un infierno?" pensó conteniendo, vanamente, las lágrimas. Ginny se dejó deslizar por la pared hasta el piso, temblando.

Había perdido a ambos.

-¿Ginny? ¿Qué haces ahí sentada?

La muchacha alzó la vista. Darek se agachó a su lado, con preocupación.

-¿Te encuentras bien? ¿Quieres que llame a madame Pomfrey?

Ginny intentó sonreír, aun conmovida por las últimas palabras de Draco.

-No, no te preocupes. Solo estoy algo decaída.

-Todos lo hemos notado.

-¿En serio? Vaya, debo parecer una amargada, ¿no?

-La verdad es que Ann ha estado muy preocupada por ti- dijo Darek, ayudándola a levantarse. Fue entonces cuando Ginny reparó en la presencia de Anabelle Barfield, a unos metros de ellos. Le sonrió a Ginny.

-¿Anabelle?- Ginny miró a ambos chicos, muy confusa. Darek esbozó una sonrisa:

-¿Por qué no se lo cuentas tú, Anabelle?

-Le he pedido a mi tío que me deje asistir a Hogwarts por este año- dijo la chica rubia de ojos grises.

-¿Y aceptó a pesar de todo lo que te ocurrió?

Anabelle sonrió, satisfecha.

-Lo cierto es que no… lo pasé tan mal. Ha sido divertido acaparar la portada de los periódicos por un tiempo. Y esos vampiros no eran tan chulos como aparentaban, especialmente el de cabello castaño.

Darek y Ginny se rieron.

-¿Es verdad que el de ojos verdes te salvó de los mortífagos?- le preguntó a Ginny con curiosidad.

-Ah… si, él…

-Justamente le estaba hablando de eso cuando salíamos de Pociones- dijo Darek.

-Un chico problemático, ¿no?- dijo Anabelle- sin embargo no pienso que sea como todos lo pintan. En realidad no me pareció malvado, sino un poco perdido dentro de sí mismo- miró a Ginny- bueno, no sé si me entiendes.

-Puede ser- murmuró la pelirroja- ¿pero por qué lo dices?

Los tres empezaron a caminar hacia Transformaciones.

-La mayor parte del tiempo parecía ensimismado, a veces triste, a veces enfadado, como si no supiera bien lo que estaba haciendo. Como si quisiera escapar de algo.

Ginny estaba sorprendida con el análisis que Anabelle había hecho de Harry. Ella se encogió de hombros.

-Lo cierto es que los extraño- admitió la rubia.

Darek la miró como si estuviera loca.

-¿Qué?- se defendió ella- es verdad. Ambos me hacían mucho enfadar, pero creo que les tomé cariño. Además Ian me salvó la vida. Nunca olvidaré lo que hizo.

-No me habías dicho eso- acusó Darek.

-¿Te salvó la vida?- Ginny estaba asombrada.

-El ministro ha decidido censurar eso en los periódicos, ya ven. Ian se interpuso entre el Innombrable y yo cuando me lanzó una maldición asesina. De no ser por él, yo no estaría aquí.

Ginny vio que Anabelle se llevaba de forma inconsciente la mano derecha hasta su palma izquierda, recorriendo suavemente una delgada cicatriz con el dedo. Decidió no preguntar nada al respecto.

-Bueno, pues creo que pronto tendrás algo con lo que animarte, Ginny- dijo Darek con una sonrisa.

-¿Qué quieres decir?

-El partido de Slytherin contra Gryffindor este viernes…

-¡Cierto!- los ojos de Ginny se alumbraron por si solos- ¡es lo que me falta! ¡Un buen juego y serpientes a las que patearles el culo!

Ginny no pudo evitar acordarse de Draco, y su sonrisa decayó.

-Que fina- comentó Darek- ¿entonces es verdad que ese chico nuevo que le gusta a mi hermana será el nuevo buscador?

-¿Elliot? ¿Cómo sabes que a Ann le gusta Elliot?

Darek hizo rodar los ojos.

-¿No es evidente?

-¿Evidente?- repitió Ginny, enarcando una ceja.

-Ann es demasiado expresiva, y además lo mira cada tres segundos. La verdad no sé qué le ve a ese pelirrojo…

-Y ahí salió el gemelo sobreprotector- dijo Ginny, sonriendo- ustedes dos no tienen remedio. Si siguen saboteando las relaciones del otro van a quedarse solteros y tendrán que terminar casándose entre ustedes.

Anabelle soltó una carcajada. Darek se sonrojó.

-¡Yo no saboteo…!

-Entonces deja que ella y Elliot compartan tiempo, ¿ok? ¡Y pobre de ti si te veo incordiándolo o conocerás el dolor al estilo Weasley!

Darek levantó ambas manos.

-Ok. Ok.

-Elliot hizo las pruebas hace unos días y estuvo realmente espectacular- dijo Ginny.

-A mi me parece un chico interesante, ese Elliot Price- dijo Anabelle- ¿han visto sus ojos? Parecen los de un lobo. Son hermosos.

El joven Potter frunció el ceño.

-Los de un loco, querrás decir…

-¡Darek!- exclamaron al mismo tiempo las dos chicas.

-¡Está bien! ¡Lo siento!

Justo cuando se detuvieron ante la sala de transformaciones, veinte minutos más tarde y temiendo el castigo de la profesora McGonagall, la puerta salió despedida y un enorme lagarto gigante salió por ella. Los tres chicos se apartaron justo a tiempo, sobresaltados.

-¡Hey! ¿Qué paso aquí?- dijo Ginny, viendo correr al terrorífico lagarto por el pasillo mientras una furiosa profesora McGonagall y la clase entera salían para ver al animal.

-¡Inacarero!- exclamó ella apuntando al gigante reptil con la varita, pero este dobló por el otro pasillo y el hechizo impactó contra una pared. Anabelle estaba riendo a carcajadas.

-¡Señor Weasley, vaya a buscar al director! ¡Ahora!

Ron, pálido, obedeció sin chistar. Luego McGonagall se dirigió a Ann.

-Potter, ¿se puede saber en donde tenía la cabeza?

-Esto… hum…

Ginny se acercó a Hermione.

-¿Qué pasó?

-Estábamos practicando con reptiles el hechizo para encoger, pero Ann estaba demasiado distraída mirando a Elliot y el hechizo le salió al revés- respondió Hermione, sin ocultar una sonrisa.

Ginny y Darek rompieron a reír, siendo inmediatamente fulminados por su profesora. Al menos, pensaron, aquello servía para deshacerse de la reprimenda por llegar tarde.

XXX

El día del partido los ánimos estaban tan tensos que hasta la misma Hermione Granger parecía nerviosa. Cada vez que entraba un jugador era aplaudido por su casa y abucheado por la casa contraria, que iban ataviados con los colores que los representaban. Luna Lovegood, que apoyaba a Gryffindor, fue a sentarse con ellos usando una enorme peluca que simulaba la melena de un león, lo que causó las risas y las simpatías de todos. Incluso Remus Lupin sonrió divertido cuando pasó junto a ella hacia la mesa de los maestros.

Sin embargo, los únicos miembros del equipo de los leones que no parecían pálidos ni descompuestos eran Elliot y Ginny. Todos los demás apenas se habían atrevido a tocar su desayuno.

Ginny chasqueaba la lengua con reprobación.

-Bien, equipo, quiero que todos coman un desayuno energético y saludable, ¡necesitamos combustible!

Ron, Seamus y Daniel Hollwen, alumno de séptimo y cazador, hicieron una mueca cuando esta comenzó a poner enormes cantidades de comida en sus platos.

Incluso Ann hizo un gesto, negando con la mano.

-No… lo siento. Mi estómago no soporta nada hoy.

El compañero golpeador de Ann y hermano menor de Neville Longbottom, Peter, de cuarto año, corroboró lo de Ann.

-Yo tampoco.

-Tonterías- repuso esta, colocando un montón de salchichas fritas en su plato y llenando su vaso con jugo de calabaza.

Ron intentó cubrir su plato con sus manos, pero Ginny solo echó la comida sobre estas, sin notarlo, pues estaba mirando sonriente a Elliot, que daba buena cuenta de su desayuno.

-¡Bien, Price!

Elliot esbozó una sonrisa.

Varias chicas dejaron caer los párpados, suspirando. En menos de una semana, Elliot Price había conquistado tanto a sus compañeros como a sus profesores con su personalidad magnética, a excepción de Butler, que había adquirido una repentina manía contra él. Sin embargo, hasta el momento no había conseguido darle detención, pues el comportamiento del chico era intachable.

Todos los demás miembros del equipo aprovecharon aquella distracción de Ginny para poner sus comidas en los platos de los compañeros que tenían al lado.

-¡Ron!- regañó Hermione al pelirrojo cuando este puso un arsenal de huevos fritos y papas en su plato. Luna Lovegood se rió.

Todos giraron la atención hacia sus platos cuando Ginny volteó para mirarlos, ceñuda. Ann y Peter se llevaron a la boca dos papas enteras y sonrieron con las mejillas exageradamente abultadas. Ginny sonrió con aprobación.

-¡Ese es el espíritu!

Los demás giraron sus ojos.

Cuando Ginny consideró que ya habían comido suficiente (todos habían desocupado sus respectivos platos a una velocidad record, en opinión de ella, que estaba algo ceñuda) salieron del salón, siendo aplaudidos por toda su casa. Minutos después el colegio entero salió, bullicioso y entusiasta, hacia las gradas del campo de quidditch.

-Bien. Nada de sentimentalismos- dijo Ginny a su equipo en los vestidores- hoy comeremos puré de serpiente, ¡Hoy vamos a ganar!

-¡A ganar!- coincidieron todos.

-¡Y luego a beber hasta desmayarnos!- añadió Peter Longbottom, apretando el puño con una confiada sonrisa. No se parecía en nada a su hermano. A diferencia de Neville, Peter era bromista y confiado, y un gran amante de las fiestas.

Todos rieron. Mucho más relajados, salieron con sus escobas al campo mientras eran ovacionados por las demás casas y abucheados por los Slytherin.

-¡Bueno, y ahí vienen Ginny Weasley, la nueva capitana y su equipo de Gryffindor, que han tenido un desempeño espléndido tras su victoria anterior contra Ravenclaw!- dijo la voz amplificada de Sirius Black. Siempre había sido llamado por Dumbledore para comentar los partidos, pues los estudiantes lo preferían solo a él por su carisma y sentido del humor. Sirius iba de buena gana y además, añadía en las cena con los Potter, porque así se quitaba una jornada de trabajo de encima. El público estudiantil ovacionó a Sirius, especialmente los del sector femenino- y vienen esta vez con su nuevo buscador, Elliot Price, una rareza de muchacho, pero con un gran talento natural. Según lunático, mi amigo y profesor de defensa aquí presente… venga, Remus, ¡Sonríe! Eso es- hubo una ola de risas cuando Sirius tiró de Remus para ponerlo a su lado-…este es el primer juego de quidditch que Elliot va a jugar en toda su vida. Curioso… ¡Y acá vienen las serpientes, que, en mi opinión, no creo que vayan a hacer mucho tras ganarle a Hufflepuff de forma tan rastrera…!

-¡Sirius!- exclamó McGonagall mientras los de Slytherin silbaban, enojados, y las demás casa aplaudían- ¡Sé imparcial, por favor!

-Lo siento, profesora. No he perdido la costumbre. ¡Y bien, los capitanes se darán las manos! ¡Suerte para ambas casas! Y por cierto, Ann… ¡Tu padre me ha pedido que te diga "suerte"!

Ann, en el campo, rodó los ojos.

-¿Tiene que decirlo? ¿De verdad tiene que decirlo?

Ginny y el capitán de Slytherin, un muchacho de sonrisa un tanto siniestra, se dieron las manos y, tras el silbatazo de madam Hooch, todos los jugadores se elevaron en sus escobas y la quaffle fue lanzada. La agarró, para fortuna de la casa Gryffindor, Seamos Finnigan. El juego comenzó.

Sin embargo, a los pocos minutos de iniciado el partido los jugadores de ambas casas comenzaron a librarse de sus escrúpulos, dando paso a un juego que pronto se convirtió en una lucha aérea en el que las bugglers eran lanzadas con furia hacia sus rivales y en el que más de alguno estuvo a punto de caer de su escoba por los violentas embestidas.

-Y bien, esto comienza a ponerse color de hormiga…- comentaba Sirius, sonriendo- Smither, el cazador de Slytherin, le ha lanzado la quaffle a su compañera, que se halla a pocos metros del aro contrario… ¡Ouch, eso debió doler!… ¿Cómo se llamaba la chica…?

-Augusta Sanders- dijo McGonagall, rodando los ojos ante la falta de tacto de su ex alumno. Sirius sonrió. Una buggler, lanzada con fuerza por Ann, había impactado contra la espalda de la cazadora de Slytherin, impidiendo justo a tiempo que ella pudiera anotar.

-¡Bien, Sanders, pues tendrás que ponerte ojos en la espalda si quieres evitar a mi talentosa Annie!

-¡Sirius!- gritó Ann, roja y enfadada, pero este solo alzó el pulgar. Ann suspiró:

-Idiota.

Daniel Hollwen, el cazador de Gryffindor, agarró la quaffle haciendo una hábil pirueta…

-Hollwen se la pasa a Finnigan… cuidado, Finnigan, mira detrás de ti… ¡Vaya, la buggler lo ha golpeado, pero alcanzó a lanzarle la quaffle a la capitana Weasley…, Weasley esquiva a McMillen, se acerca al aro contrario… ese guardián parece un troll… ¡Y Weasley anota haciendo un giro espectacular! ¡Gryffindor se pone a la cabeza con diez puntos!

La multitud rugió. Pronto, sin embargo, los de Slytherin anotaron otros dos tantos, aventajando a los leones, pero Seamus logró empatarlo con otro tanto. El juego comenzaba a ponerse más y más difícil.

Cuando las dos casas iban empatadas 80 a 80, Elliot vio la snitch y salió disparado tras ella. Sirius seguía con ojo experto los movimientos del alumno nuevo:

-¡Y ahí va Price, seguido, como no, por el buscador de Slytherin cuyo nombre siempre se me olvida… ah, sí, Callahan… gracias Snapy…- hubo una ola de risas-… quise decir, profesor Snape.

El profesor de pociones miraba a Sirius con el odio brillándole en los ojos, pero no dijo nada.

-¡Vamos, Elliot, tu puedes!- lo animó Ginny.

Todos enfocaron su atención en los buscadores, que iban casi hombro contra hombro. El buscador Callahan intentó derribar a Elliot, pero este fue más rápido y lo esquivó volando por arriba y luego lanzándose en picado hacia la snitch cuando esta comenzó a descender. Elliot estiró el brazo…

Los de Gryffindor contuvieron el aliento.

Y entonces Elliot giró bruscamente, yendo en la dirección contraria. Ginny iba a gritarle, furiosa, que qué diablos estaba haciendo cuando se dio cuenta de que el muchacho volaba en dirección a las gradas de Gryffindor, directamente hacia el hermano de Ann.

Elliot, sin embargo, saltó de su escoba y embistió a la persona que estaba detrás de Darek… un joven con una visera roja en la cabeza que había estado a punto de hundir los colmillos en el cuello del chico.

Todos gritaron, apartándose, y Elliot, usando una fuerza impensable en alguien de su edad y contextura, agarró al otro por el cuello y lo estampó en el suelo. Pero este se recuperó rápido y dio un largo salto hacia atrás. Todos los estudiantes habían comenzado a correr, gritando y empujándose entre ellos mientras Elliot miraba fijamente al otro.

-¿Qué ibas a hacer, vampiro?

Los profesores comenzaron a echar a andar hacia ellos. Todos habían contenido un grito cuando Elliot mencionó la palabra "vampiro".

-¡Hey! ¡Lo has arruinado!- replicó Ian, furioso, sacándose la visera y clavando en Elliot unos ojos amarillo intenso. Las fosas nasales de Ian se dilataron un poco. El vampiro frunció el ceño.

-Tú…

Pero no terminó su frase, sino que agarró con fuerza a Darek, rodeando el cuello de este con un brazo. Antes de que alguien pudiera impedirlo, saltó con el forcejeante muchacho tras las gradas y echó a correr hacia el bosque prohibido. Dumbledore, que corría hacia ellos, sacó su varita, murmurando un hechizo para impedirlo. Ian, sin embargo, era terriblemente veloz y el hechizo no alcanzó a impactarle por muy poco.

A este punto reinaba el caos entre el cuerpo estudiantil.

-¡Darek! ¡Darek!- gritó Ann, horrorizada, y sin más echó a volar hacia Ian en su escoba con los ojos brillando de determinación. Elliot hizo lo mismo.

-¡Maldita sea!- gruñó Sirius, sacando la varita y echando a correr también, pero entonces alguien lo embistió ferozmente en el pecho. A él y a todos los demás profesores que habían sacado sus varitas. Dumbledore tampoco pudo reaccionar a tiempo y cayó varios diez metros hacia atrás. La cabeza del anciano golpeó contra una saliente de roca y se quedó tendido, inconsciente.

Todos miraron horrorizados a la esbelta figura de cabello rubio y ojos azul piedra que apareció ante ellos.

-Lo siento- dijo Sherian, mirándolos inmutable- pero antes tendrán que enfrentarse a mí.

XXX

Darek apretó los dientes e intentó golpear con su codo las costillas de su captor, pero topó contra un cuerpo increíblemente duro. Ian rió.

-Lo siento. Eso no servirá.

-¡Suéltame, bastardo! ¿Qué quieres de mí?

-Me han ordenado matarte.

Darek abrió mucho los ojos. Antes de que alguno de los dos pudiera decir otra cosa, sin embargo, alguien embistió con fuerza a Ian. Darek cayó al suelo, golpeándose el brazo contra la raíz de uno de los árboles que gobernaban el Bosque Prohibido y dejando escapar un silbido de dolor. Ian aterrizó como un gato, furioso.

-Maldito seas…

-No tienes ningún derecho a poner la mano sobre este chico- dijo Elliot, dejando caer la escoba al suelo- ¿Qué haces aquí? ¿Quién eres?

Ian torció una desdeñosa sonrisa.

-Me llamo Ian Pascalli. ¿Y tú… lobezno?

Darek miró a Elliot, confuso.

-¿Qué quiso decir?

-Sí- coincidió Ann Potter, apareciendo de pronto tras Elliot y respirando entrecortadamente- ¿Elliot?

-Ann, vete- murmuró Elliot- es un vampiro, es peligroso…

-Pero…

-Significa, muchacha, que tu amigo es un hombre lobo- dijo Ian. Los gemelos Potter abrieron mucho los ojos. Elliot solo frunció el ceño- si, si. Un hombre lobo. ¡Maldito seas cien veces!

Ann avanzó hasta estar frente a Elliot.

-¿Es verdad?

El muchacho asintió, suspirando.

-Sí.

-Merlín…

-¿Por qué quieres matar a Darek?- le preguntó Elliot a Ian.

-Son órdenes.

-¿Alguien te ha enviado a matarlo?

-Mira, lobo, eso no es de tu incumbencia.

Y dicho esto, Ian se abalanzó como un rayo contra Darek, que estaba en el suelo aferrando su brazo fracturado. Pero se detuvo abruptamente cuando una chica de cabello color heno y ojos grises se interpuso entre él y el joven Potter.

-¿Qué…? ¿Anabelle?- farfulló Ian retrocediendo un paso- ¿Qué estás…?

Ella lo agarró por el brazo con fuerza.

-No le hagas daño, Ian. Por favor.

-Yo…- Ian se dio cuenta de que la presencia de la chica lo turbaba, pero decidió mantener la mente fría- apártate, Anabelle. Esto no tiene nada que ver contigo.

-¿Ah, ahora no? Pero antes sí, ¿verdad?- Anabelle frunció el ceño, furiosa- ¡eres un idiota arrogante que cree que puede hacer lo que le plazca, pero no, no te lo permitiré. Antes tendrás que pasar por mi cadáver!

-Anabelle- gruñó Ian- no me obligues a…

-¿Qué? ¿Te atreverías a matarme?

-No me obligues a apartarte a la fuerza.

Ella se mantuvo firme.

-Si le haces algo a Darek, te odiaré por siempre. Te odiaré tanto que será capaz de convertirme en una de ustedes y perseguirte por el mundo entero para…

-¿De verdad harías eso por mí?- dijo Ian, sorprendido.

-¡No lo malinterpretes, idiota!

Haciendo un esfuerzo, Darek se incorporó, mirando a Ian con desprecio y algo de celos por la familiaridad con que le hablaba Anabelle. Pero el vampiro estaba con la mente en otra parte ahora. Entonces Ian apretó ambos puños, esbozando una sonrisa diabólica. Anabelle y Darek se pusieron tensos. Pero el castaño, en vez de atacarlos a ellos, se volteó para arremeter contra Elliot, al que pilló desprevenido.

Elliot salió disparado entre los árboles, pero para sorpresa de todos, logró incorporarse a tiempo antes de que Ian impactara su puño contra su estómago. Ann intentó perseguirlos.

-¡Elliot! ¡No, es peligroso! ¡ELLIOT!

Ambos, sin embargo, se habían perdido entre la espesura del bosque, envueltos en una palea que de pronto parecía absurda e instintiva.

-Es tan fuerte como un vampiro- comentó Darek, asombrado- eso… eso no es normal aunque sea un licántropo… ¿o sí?

-No- dijo Remus Lupin apareciendo tras ellos- no es normal. Pero Elliot es especial.

XXX

Ginny había visto, casi por casualidad, a Harry. Lo había visto corriendo con la ligereza de una sombra hacia el bosque prohibido. Así que la muchacha, dominada por un sentimiento impulsivo, mezcla de rabia y dolor, desvió la dirección de su escoba y decidió dejar que Ann persiguiera a Elliot. La pelirroja lo siguió volando con la mirada fija, llena de determinación, antes de sacar su varita y saltar de su escoba, cayendo justo frente a Harry.

El joven apenas alcanzó a recuperarse de la sorpresa cuando Ginny lo apuntó con su varita, gritando:

-¡Delecorpus!

Harry saltó, esquivando el hechizo, pero la pelirroja, con la rapidez de una jugadora de quidditch, se volteó y volvió a apuntarlo:

-¡Desmaius! ¡Detrimentus!

Harry comenzó a correr, esquivando los hechizos, pero sorprendentemente uno logró impactarle. El hechizo impedimenta lo golpeó con fuerza, haciendo que se diera contra el tronco de un árbol. Ginny avanzó hacia él con los ojos llameantes y la varita directo hacia su corazón. Harry torció una sonrisa.

-No serás capaz…

-¡Incarcerous!

Gruesas cuerdas negras se envolvieron alrededor del torso de Harry y el árbol, dejándolo bien aprisionado. Se miraron en silencio por unos momentos antes de que Ginny murmurara:

-¿Por qué?

Harry no contestó. Ginny hundió la punta de su varita bajo el mentón de este, haciendo que levantara un poco más el cuello. Los ojos verdes, sin embargo, seguían imperturbables.

-Maldito seas.

-Ginny…

-¿Por qué haces estas cosas?- explotó la muchacha, con lágrimas en los ojos- ¿ibas a matar a tu propio hermano?

Harry entornó los ojos.

-¿Lo…?

-Sí, lo sé. Y por lo visto tú también- escupió ella, aun más furiosa- ¡tus padres…!

-¡Ellos no son mis padres ni él mi hermano!- replicó Harry con frialdad. Luego añadió, conteniéndose:- dejaron de serlo hace mucho tiempo.

-¿Ah sí? ¿Y qué me dices de Ann? Porque, aunque tú no lo sabes, ella ni siquiera sabe que tiene un hermano mayor. Y Darek tampoco.

-Es mejor así- gruñó Harry.

Ginny estaba perpleja.

-¿Por qué los odias tanto? ¿Qué te han dicho?

-No te importa.

-¡Sí me importa! ¡Tú me impor…!- Ginny se mordió el labio inferior, desviando la mirada. La mano con que sujetaba su varita temblaba-… eres un monstruo. Un monstruo al que no le importa matar inocentes con tal de conseguir lo que quiere. Y eres un monstruo por enamorarme… ¡ojalá supieras todo lo que sufro por tu culpa! ¿Cómo crees que me siento?

Harry bajó la mirada, y aunque no lo demostraba, cada palabra pronunciada por Ginny le dolió con una intensidad asfixiante.

-Entonces déjame librarte de ese sufrimiento.

La pelirroja observó como Harry rompía las cuerdas que lo afirmaban y la agarraba con fuerza, estampándola contra el mismo tronco en el que él había estado acorralado por ella. Los ojos verdes de Harry eran oscuros y no reflejaban nada más que vacío. Y por primera que vez, Ginny sintió miedo de él.

Harry despegó los labios, enseñando dos colmillos blancos y letales, ávidos de muerte. Ginny suspiró cerrando los ojos. Iba a morir. Esta vez… no tenía ninguna duda. Sin embargo tampoco podía evitar sentir miedo.

¿Cómo sería la muerte? ¿Cómo un sueño? ¿Habría algo más allá?

Harry la sintió temblar, y él mismo estuvo a punto de temblar. Acercó más los colmillos la garganta de ella, cerrando los ojos… dudando.

¡Otra vez no!

-No…- murmuró, sintiendo asco de sí mismo-… yo… tengo que matarte. Perdóname Ginny. Pero tengo que hacerlo.

-Te perdono.

Harry abrió los ojos, paralizado, mientras el olor dulce de ella invadía su nariz, cada puro de su piel y de su conciencia.

-Un vampiro nunca debe tener piedad con sus víctimas. Menos con los magos. Harry, no olvides eso; los magos son nuestros enemigos. Tenemos que matarlos.

-Pero, papá, ¿porqué son nuestros enemigos?

-Un día lo comprenderás.

Ahora era Harry el que temblaba incontroladamente, con los nudillos blancos y los dientes apretados de impotencia.

"Puedes decirme Ginny"

-Maldición…

"¿Acaso quieres que llegue a odiarte yo también?"

"No… no quiero"

-¡Maldición!

Harry soltó bruscamente a Ginny, que miraba atónita como este temblaba, retrocediendo a trompicones.

-¿Harry…?

-¡No! ¡No te me acerques!- Harry evitaba mirarla. Parecía haberse vuelto loco-… aléjate… por favor.

Pero Ginny no se movió. Estaba demasiado conmocionada para moverse. Se dio cuenta entonces de que Harry parecía más pálido y delgado de lo habitual. Más enfermo.

-¿Qué te pasa?- murmuró, dando un paso tentativamente. Harry solo negó con la cabeza- Harry… puedes decírmelo.

-No- gimió este, cayendo de rodillas al suelo- no puedo…

Justo entonces apareció, desde las sinuosas sombras del bosque, Ian Pascalli. El castaño contempló a Harry muy serio, y sin decir nada lo ayudó a incorporarse. Este intentó resistirse.

-Nos vamos- masculló Ian- no has podido, ¿verdad? Entonces nos vamos.

-Es… espera- jadeó Harry.

-¿Qué le pasa?- le preguntó Ginny a Ian, elevando la voz- ¡que tiene!

-Está muriéndose, humana- contestó el castaño sin preámbulos- y es por tu causa.

Ginny abrió mucho los ojos, horrorizada.

-¡No!- dijo Harry, apretando el brazo de Ian con escasas fuerzas- no… no se lo digas…

-Ya se lo he dicho. Nos vamos.

Y dándole una última mirada a Ginny, Ian se internó en el bosque con Harry colgando sobre su hombro. Corrió si detenerse, esquivando raíces y demás obstáculos. Ian pensó que aquel era un bosque inquietante. Sobre su hombro, Harry intentaba respirar, aunque no tenía suficiente sangre en las venas y el oxígeno se le acababa por segundos.

-Aguanta- murmuró Ian, saltando sobre una charca pantanosa.

Minutos después, cuando estaban lo suficientemente lejos, Ian se detuvo en un claro del bosque (aunque era bastante umbrío) y apoyó al desfalleciente Harry contra el tronco de un árbol. Repentinamente, la mano de Harry agarró su muñeca.

-La… la amo. La amo demasiado, Ian…- el castaño contempló sorprendido el hilillo de sangre que se deslizaba por los ojos de este. Harry estaba llorando-… nunca la mataré ¡Antes prefiero morir! ¿Entiendes? ¡Prefiero morir!

-No. No vas a morir- repuso Ian, agarrándolo por los hombros- he encontrado la solución para alargar tu vida temporalmente.

Harry apenas abrió los ojos.

-¿Qué quieres decir?- jadeó.

Sin decir nada, Ian hundió sus colmillos en el cuello de Harry.