Tal como prometí, he tardado de actualizar lo más pronto posible. Este capítulo es bastante intenso y creo que me ha quedado bien ^^

Antes de comenzar, quiero dar las gracias a muchos por decirme que mi fanfic no tiene nada que ver con Crepúsculo. No saben lo feliz que me hizo leer eso *O*

Ahora, quiero agradecer sus comentarios a:

hikariuzumakipotter, Kaito Hatake Uchiha ,xilota, Nyra Potter ,gin19 , pottersita , Vanessa, miel tonks, harryperu, AnnieKP , Irene Radcliffe, Micro-stars , Annays, Vickyy Riddle, BelenBells , fronfis , andryharryp , Pauliii y simon.

Muchas gracias a todos ustedes por animarme a escribes. En serio son los mejores ^^

Por cierto, he empezado un fanfic de Harry Potter sobre un homenaje a todos los que murieron en el séptimo libro, por si quieren echarle un vistazo. Y uno bastante trágico llamado Encrucijada del Destino, que es un reto que una amiga me hizo XD Si quieren pueden echarles un vistazo y opinar que tal :·3

Bueno, ahora los invito a leer!

(por supuesto, Harry Potter no me pertenecen!)


16

Planes

Los jardines de Hogwarts de hallaban cubiertos de nieve, como era habitual los primeros días de noviembre, y un frío capaz de cortar la respiración se apoderaba de todo. Sin embargo, para los vampiros el frío nunca era ningún inconveniente; no porque no pudieran sentir las temperaturas, sino porque sus pieles, de por sí frías, se adaptaban a los climas álgidos con total naturalidad.

En esos momentos, dos esbeltas figuras caminaban dejando rastros sobre la nieve.

-No me puedo creer que te hayas dejado atrapar…

-No me dejé atrapar- confesó Harry medio enfurruñado y mirando a Elliot de soslayo- Me atraparon. Así de simple.

-Seguro que tu padre estará furioso.

-Espero que Sherian llegue a Gelrion lo antes posible- suspiró Harry. Parecía realmente abatido-. Mi orgullo está manchado…

Elliot sonrió.

-Pues, si te conozco como creo que te conozco, aprovecharás tu estancia aquí haciendo de espía. Los vampiros siempre hemos sacado provecho de las situaciones desventuradas.

-Al parecer no lo has olvidado.

Elliot frunció el ceño ligeramente.

-¿Qué quieres decir?

Se detuvieron junto al lago y se miraron. Harry dijo entonces, con un tono que el otro no supo si era de compasión o remordimientos:

-Si aquel día yo hubiera hecho algo… tú no serías… no serías…

-¿Un licántropo?

Harry hizo una mueca.

-Ser licántropo no ha cambiado a la persona que soy, Harry- terció Elliot-. Ser licántropo no ha hecho que reniegue de mis orígenes como un Vlad, pero admito que… mis anteriores prejuicios si han cambiado. Pienso diferente a como lo hacía antes.

-Créeme que me doy cuenta- masculló Harry.

-Remus Lupin es un buen hombre. Y es un mago. No todos los magos quieren eliminarnos o torturarnos por haber nacido siendo vampiros.

-Pero lo permiten. ¿Es que acaso justificas a quien contempla la tortura sin mover un solo dedo, dando espaldas a la ignominia? Los magos no solo nos miran en menos a nosotros, Elliot. Han lastimado a la naturaleza que tanto amamos. ¡Han raptado a niños de nuestra raza para experimentar con ellos y su sociedad lo permite como si nada! ¡Todos ellos creen que son superiores a cualquier ser viviente sobre esta tierra! ¿Has oído como algunos llaman a los sinmagia?

-Sangre impura- suspiró Elliot.

-¿Ves que incluso entre ellos se clasifican con esos imperativos? Nosotros… mi padre y yo somos gobernantes de los Vlad, pero nosotros y los antepasados nunca hemos desdeñado a nuestros hermanos. Nunca los juzgamos a menos que liquiden a alguien de su raza. Son nuestros iguales. Jamás los miraríamos por sobre el hombro. Es impensable.

-Lo sé. Sin embargo…- Elliot titubeó.

-¿Qué pasa?

-Siempre me he preguntado si ellos me aceptarían si supieran que soy ahora.

-Yo lo hago.

Elliot sonrió.

-Lo veo. Y te agradezco por eso, Harry. Me siento mal por haberte guardado rencor todos estos años. Pero si la historia que me has contado es cierta, entonces me siento muy aliviado de ver que sigues siendo quien eras. Aun así no dejo de pensar que… no todos me aceptarían. Los hombres lobo son sus enemigos por naturaleza. Y no te niego que una parte de mí me impulsa a querer luchar contigo ahora mismo.

Harry rió suavemente.

-¿Así que también lo sientes?

-Es una lástima que los licántropos y los vampiros no puedan llevarse bien- suspiró Elliot-. Desde que me convertí en mitad licántropo, he aprendido a valorarlos; a entender su sufrimiento. Debes saber que la comunidad mágica desprecia a los magos convertidos en hombres lobos.

-¿Ves? Los magos son déspotas por naturaleza y su problema está en que jamás lo admiten. Creen que son nobles; los obra milagros del mundo, creadores de objetos fantásticos y ostentadores del máximo don de la naturaleza. Su magia los hace arrogantes- los ojos verdes de Harry se oscurecieron-. Nosotros, por lo menos, admitimos nuestra naturaleza maligna. Nunca hemos negado que nos alimentamos de seres humanos para vivir, pero tampoco hacemos alarde de eso. Nunca hemos sido traidores a nuestra propia doctrina. Pero ellos jamás admiten que son unos cerdos. Los centauros, los elfos, las sirenas y los féericos saben muy bien a qué me refiero.

Elliot le clavó una intensa mirada.

-¿Pero no crees que es mejor intentar cambiar su forma de pensar que ocasionar una guerra entre ambas razas? ¿Mostrarles que los vampiros y los hombres lobos no estamos por debajo de ellos?

-¿Mostrarles cómo?- repuso Harry- ¡En el pasado eso ya se intentó, y nos traicionaron por la espalda! Siglos de rencor corrieron desde entonces. Creí que habías dejado de ser ingenuo, Elliot…

-No se trata de ingenuidad. Se trata de vidas humanas, Harry. De vidas inocentes que no tienen por qué pagar por los errores de sus antepasados…

-¡Entiende que no se trata de sus antepasados! ¡Los niños magos nacen imitando los prejuicios de sus padres y se los traspasarán luego a sus hijos! La única forma de acabar con toda esta injusticia es haciendo caer la sangre. No aprenderán de otro modo. Nunca han querido aprender.

-¿Y qué hay de esa chica pelirroja a la que miras con tanta adoración?- inquirió Elliot.

La expresión de Harry pasó del odio a la sorpresa. Sus manos temblaron ligeramente.

-No es algo que yo… pudiera evitar. Simplemente ocurrió.

-¿Te enamoraste de ella?

Harry se pasó la mano por el cabello que caía desordenado por su frente con el rostro tan embargado por la angustia que Elliot se quedó consternado.

-¡Ya te dije que no lo pude evitar, de otra forma ya la habría matado!- Harry se cubrió la cara con una mano-. Si no fuera por ella todo mi plan estaría saliendo a la perfección. Maldita sea… maldita Ginebra Weasley…

Elliot se acercó a él y puso ambas manos sobre sus hombros, obligando a Harry mirarlo a los ojos.

-Todo pasa por algo, Harry. No intentes luchar contra tus sentimientos.

-Tengo que hacerlo, Elliot. No puedo seguir amando a Ginny o…

Harry se calló.

Elliot alzó una ceja:

-¿O…?

-O los decepcionaré a todos. A mi padre, a todo mi pueblo. Ellos confían en mí y no puedo permitirme decepcionarlos. Antes prefiero la muerte.

-Nadie puede juzgar a otro por amar, Harry. Nadie en este mundo tiene derecho a interferir en los sentimientos de dos personas.

-Hermosas palabras, lobito- dijo una voz detrás de ambos-. Pero creo que no entiendes la situación.

Ambos se giraron.

Ian sonrió alzando una mano.

-Así que estás en problemas, príncipe.

-Ian- masculló Harry caminando hacia él y agarrándolo por la pechera, pero la sonrisa del otro no cedió- ¡Donde demonios estabas! Ahora no puedo salir de los terrenos de este castillo…

-Claro que me he enterado, no soy idiota, pero no es mi culpa que tú sí lo seas…

-Ian- le amenazó Harry.

-Ok. No te enfades ¿vale? Además nunca me avisaste que te meterías en ese castillo. Te me perdiste totalmente y por lo visto no mediste las consecuencias. Una vez más, tu instinto de protección por esa bruja pelirroja te quitó la racionalidad…, por cierto- los ojos color ámbar de Ian se clavaron en Elliot, que a su vez le echaba una mirada totalmente amenazadora- ¿Puedes explicarme por qué no tienes su cuello entre tus colmillos? No…, eso sería asqueroso…- Ian frunció el ceño:- ¡Por sí no te enterabas, él es un licántropo! ¡Deberías estar haciéndolo carne de perro molida en vez de charlar con él como si fuera tu amigo!

-En primer lugar, Elliot es mitad vampiro. En segundo lugar; sí es mi amigo. Mi mejor amigo.

Los ojos de Ian se desorbitaron.

-¿Qué? ¿El príncipe de los vampiros Vlad amigo de un semi licántropo? ¡Debes estar de broma!

Harry lo soltó al fin. Elliot comentó:

-Eres un zheldrar ¿no?

-¿Y a ti que te importa?

-No sabía que los zheldrar tuvieran a tipos tan patéticos entre los suyos.

Ian gruñó:

-¡Repite eso, estúpido!

-Patético. Puedo deletreártelo, si quieres.

-¡Te mato!

Ian saltó con la agilidad de un depredador sobre Elliot, quien, sin inmutarse, lo cogió por el cuello y lo levantó, estrellándolo después contra el suelo antes de colocar un codo sobre su garganta y apuntar directamente a sus ojos con la otra.

Ian jadeó con las pupilas teñidas de cierto temor.

-Los ojos de un vampiro son su punto débil- murmuró Elliot con una sonrisa torcida-. Supongo que no te gustará si atravieso mis dedos a través de ellos…

-Eres un hijo de…

-Ya fue suficiente- les dijo Harry con voz lacónica, como si todo aquello en realidad no le impresionara ni un ápice-. No me conviene que arranques los ojos de Ian, Elliot.

-¡Oye!- protestó Ian ofendido.

Elliot rió entre dientes y se levantó. Ian se apresuró a enderezarse y echarle una mirada llena de odio.

-Uno de estos días te mataré.

-Estaré esperando a que lo intentes- repuso Elliot sonriendo-. Eres demasiado débil para mí.

-¿Quién te crees que eres, lobo de mierda?

Harry suspiró y les dio la espalda mientras sus ojos se desviaban hacia el castillo. Una brisa fría le agitó los cabellos.

"Ahora tendré que verla todos los días" pensó el joven vampiro con el pecho encogido y los dientes apretados "Maldita sea mi suerte…"


Al día siguiente, a la hora del desayuno, una oleada de murmullos y cuchicheos se apoderaba del Gran Comedor. Muchos echando miradas a las puertas de vez en cuando, esperando aparecer, con una sensación que iba del miedo a la emoción, al polémico Harry.

-Para haber descubierto que eres hermana de un peligroso vampiro, pareces muy tranquila- comentó Neville Longbottom en la mesa de Gryffindor mientras miraba a Ann Potter engullir su contundente desayuno con asombro.

-¿E`erio?- dijo Ann con la boca llena.

-¡Que envidia me das!- comentó Lavender Brown mirando a la morena con una mueca en los labios- No puedo creer que comas tanto y no engordes.

-Me gustan las chicas de buen apetito- dijo de pronto Elliot, apareciendo en la mesa y sentándose frente a Ann, divertido.

Ann se atragantó, ruborizada y Elliot le pasó una copa con jugo de manzana. Mientras Ann recuperaba el aliento, ante las risas de los demás, Ron y Hermione se sentaron con ellos librando unas de sus típicas discusiones matutinas:

-¡… pues si no mantienes a esa bestia lejos de mis bocadillos no responderé si un día de estos se envenena!

-¡En primer lugar no es una bestia; es un gato! ¡Y no te atrevas a hacerle daño!

-Le haría un favor a todos…

-¿Y por qué no te envenenas tú, si hablamos de hacerles favores al mundo?

Ron enrojeció.

-¡La única que le haría un favor al mundo desapareciendo eres tú!

-¿Por qué siempre tienen que discutir?- intervino Darek Potter sonriendo conciliador.

-Podrían guardar un poco de insultos para cuando se casen- dijo Ann estirándose sobre la mesa para agarrar la bandeja de donas y colocándola junto a ella como si fuera de su total propiedad.

-¿Sabes que puedes usar la varita para atraer la bandeja, cierto Ann?- le comentó su hermano alzando una ceja.

-Lo sé. Pero yo al menos hago ejercicio- respondió Ann-. No seré parte de esa masa de magos y brujas que no mueven su trasero porque pueden hacer magia.

Dicho esto, la morena se comió una dona en tres grandes mascadas. Luego, sonriendo, le ofreció una dona a Elliot.

-¿Quieres una?

-¡Como si fueran tuyas!- dijo Ron alargando el brazo para quitarle la bandeja de donas- ¡Devuélvela, yo también quiero!

Ann se puso a la defensiva:

-¡Yo la vi primero, cabeza roja!

-¿Cómo me llamaste?

Elliot se echó a reír, ganándose una mirada de fastidio de Ron. Hermione ladeó la cabeza y parpadeó, sorprendida.

-Vaya…

-¿Qué pasa?- inquirió Darek siguiendo su mirada- Oh…

Varios pares de ojos en el comedor se giraron hacia las puertas, por las que acababan de entrar Ginny con Harry. Los dos parecían enfrascados en una acalorada discusión y no parecían darse cuenta de que todos se callaban para escucharlos.

-¡… sé muy bien tus intenciones!

-¿Y qué?

-No creas que me quedaré con los brazos cruzados- sentenció Ginny.

-Pues no respondo entonces- repuso Harry enarbolando una sonrisa torcida.

-¡Si te atreves a ponerme un dedo encima te…!

-No pienso hacerlo, Ginny.

-Weasley para ti.

-Te llamaré como quiera. No me confundas con los tuyos, Ginny- dijo Harry remarcando la última palabra con una nota de sarcasmo mientras se sentaba en la mesa de Gryffindor, junto a Hermione. Todos los Gryffindor lo miraban con la boca entreabierta. Harry se percató de eso y con una voz de intencionada frialdad les espetó:- ¿Tengo algo en la cara, humanos?

Todos se apresuraron a desviar la mirada, turbados. Algunas chicas enrojecieron hasta la punta de su cabello.

-Oye, Harry- dijo Ann de pronto.

Él la miró con desdén.

-¿Qué?

-¿Los vampiros cagan?

Darek se atragantó.

-¡Cómo le preguntas eso!- exclamaron él y Hermione al mismo tiempo. Elliot se tapó los ojos aguantándose se la risa mientras Ron también se echaba a reír.

-¿Qué? ¡Siempre he tenido curiosidad!- se defendió Ann mientras Ginny la miraba entre divertida e incrédula.

Harry intentó esconder su gesto de sorpresa, pero lográndolo a medias.

-Sí- dijo finalmente, sin saber por qué se molestaba en responder.

-¿O sea que comen?- se sorprendió Ann.

-Sí.

-¡Wow! ¿Y lo de los espejos también es mentira?

-¿Los espejos?

-¿Te reflejas en ellos?

Harry estaba cada vez más confundido.

-No…

-¡Wow! ¡Qué miedo!

-Ya sabía yo que los vampiros son más raros de lo que parecen a simple vista- comentó repentinamente una chica de cabello rubio oscuro, sentándose junto a Ron en la mesa de Gryffindor. Darek la miró sonriendo nervioso.

-Hola Annabel

-Hola Darek- le sonrió ella antes de mirar a Harry con cierto tono petulante-. Así que por fin te han bajado de tu pedestal, obligado a permanecer entre nosotros. Pues te lo tienes bien empleado.

La mirada de Harry se oscureció.

-¿Qué haces tú aquí?

-Le he pedido a mi tío que me matriculara en Hogwarts- Annabel lo apuntó entonces con el dedo-. Pero te advierto que un no te he perdonado a ti y a tu amiguito por secuestrarme.

-¿Perdonarme? Humana, no me has reír.

-Por eso te decía que es un arrogante- dijo Ginny desde el otro extremo de la mesa, en su lugar junto a Ann. Harry la miró alzando las cejas y la pelirroja le devolvió la mirada con tanta intensidad contenida que el muchacho tuvo que esforzarse por controlar su tono de voz:

-¿Algún problema con mi arrogancia? No decías lo mismo antes.

Ginny enrojeció.

-¡Eso es porque me manipulaste!

-Estás loca.

-¿Loca? Vuelve a repetir eso y te convierto en un saco de cenizas…

-¿Ves lo que decía?- se burló Harry antes de mirar a su alrededor y fruncir el ceño-. Si no dejan de mirarme, los convertiré a todos en mi cena esta noche.

Los alumnos que se habían estirado desde las otras mesas y pasaban de adrede junto al puesto donde se hallaba Harry para mirarlo más de cerca se apresuraron a apartar la vista y alejarse de él. Harry sonrió con satisfacción. Ginny bufó rodando los ojos. Pero cuando Harry la miró, no pudo evitar que su corazón le golpeara con fuerza en el pecho.

Tragando saliva, la pelirroja apartó los ojos y se concentró en su desayuno.

-Maldición…- masculló Harry entre dientes-… odio estar aquí.

Darek lo miró unos momentos y luego dijo con seriedad:

-Nosotros somos tu familia ¿sabes? Y aunque tú…- Darek vaciló. Todos lo miraban sorprendidos-… aunque tú no lo quieras, tendrás que aprender a acostumbrarte.

-No me digas, hermanito- se burló Harry con ironía.

Darek se ruborizó.

-Empiezo a pensar que deberías estar en Slytherin- comentó Ann apuntando con una mirada de asco a la mesa de las serpientes-. Tienes una lengua afilada ¿sabes?

-¿Y acaso tú no?

-Je. En eso Harry tiene razón- murmuró Ron.

-Te oí, cabeza roja.

-¡Oye!

-¿Así tratas a tus compañeros?- comentó Harry con desidia mientras apuntaba a Ron, quien lo miró esbozando una sonrisa.

-Mira, Harry, empiezo a pensar que no eres tan desagradable.

Hermione también sonrió, y terminando de escribir lo que estaba escribiendo, le pasó la hoja a Harry. Este la recibió confundido.

-Te hecho un horario de nuestras clases y diseñado un mapa del castillo, para que no te pierdas ahora que estás aquí, ya que eres nuevo y el colegio es bastante grande - Harry la miró parpadeando y Hermione se ruborizó un poco-. Creí que te sería útil.

-Esto… gracias…

-Hermione- dijo ella.

Harry sonrió asintiendo.

-Gracias, Hermione.

Ginny miraba a Harry asombrada.

Y es que de pronto parecía… un adolescente común y corriente.

"Quizá aun hay esperanza" pensó ella con una chispa de emoción "Tal vez él… pueda cambiar"

Harry la miró en ese momento y Ginny le sonrió de forma inconsciente, aunque fue una sonrisa imperceptible para todos menos para él. Harry desvió la mirada confundido y ella, al darse cuenta de lo que había hecho, volvió a concentrar su atención en sus huevos fritos.

Ryan Butler entró al comedor en ese momento y se dirigió directamente hacia donde se encontraba sentado Harry, quien lo miró de reojo sin inmutarse. Desde la mesa de profesores, todos dirigieron a Butler una mirada de advertencia.

Ann estrechó los ojos.

"Mierda, ¿dónde se metieron papá y mamá?" pensó la morena cuando Butler se detuvo junto a Harry e intercambiando una mirada circunstancial con su hermano "…deberían estar aquí"

-Levántate… Potter- dijo el profesor de defensa con una expresión insondable- Vamos a mi despacho.

-¿Me llamaste cómo?- siseó Harry.

-Tus padres biológicos son James Potter y Lily Potter. Te llamaré Potter de ahora en adelante- replicó el hombre con frialdad- Vamos.

Para sorpresa de todos, Harry obedeció. Sin embargo sonreía.

Y era una sonrisa amenazadora…, de depredador.

-¿Qué va a hacer con él?- intervino de pronto Ginny, sobresaltando a sus amigos.

-No se meta, señorita Weasley- le dijo Butler estoico y sin apartar sus negros ojos de los verdes de Harry-. No tengo toda la mañana. Vamos a mi despacho. Solo vamos… a hablar.

-Está bien- asintió Harry sin dejar de sonreír-. De todas formas no pienses que puedes intimidarme solo porque sabes un par de trucos. Después de todo, soy un vampiro con magia corriendo por mis venas. Sabes que no debes subestimarme.

Butler apretó la mandíbula, y sin decir nada, echó a andar hacia la salida del Gran Comedor.

Elliot miró a Harry asintiendo.

-Ten cuidado con él.

El joven vampiro replicó:

-Es él quien debe tener cuidado.


El despacho de Ryan Butler era austero, aunque tenía una variada colección de libros en un estante y un sillón de cuero negro junto a la pequeña ventana entrevestida de polvo. El hombre se sentó tras su escritorio. Harry permaneció de pie, desafiante.

-En primer lugar- dijo Butler-. No te devolveremos tu varita. Ni siquiera deberías tener una.

-Así que no son tan idiotas como creía que eran.

-En segundo lugar- prosiguió Butler mirándolo con intenso desprecio-. Te advierto que estaré vigilándote. Seré tu sombra allí donde vayas, así que no intentes hacer ningún movimiento en falso o lo lamentarás.

Harry comenzaba a sentir una ira burbujeante, pero se controló.

-No podía esperar menos de un traidor a su estirpe- escupió el muchacho.

Los ojos de Butler se estrecharon.

-No me clasifiques dentro de tu categoría, vampiro. ¿Crees que perdonaré a tu padre por lo que me hizo? No soy ni seré nunca uno de ustedes.

Harry sonrió.

-Pero no puedes cambiar el pasado. Debería estar agradecido de que el clan de los Seferis decidiera apiadarse de ti y te regresara a la vida.

Butler se levantó de golpe y miró a Harry con tanto odio y resentimiento que el muchacho se quedó en silencio.

-¿Crees que esto es vida?- siseó el profesor-. Más me valdría haber seguido muerto…

-Y ahora vives para matar a los nuestros. Algún día pagarás por todos tus crímenes.

Butler soltó una risa fría.

Harry entornó los ojos.

-¿Crímenes? Ustedes no son seres a quien pueda atribuírseles ese concepto. No tienen alma…

-Eres un estúpido- le cortó Harry-. ¿Alma, dices? ¿Y quién inventó eso? Desde el momento en que un ser vive en comunidad y forma lazos con otros pasa a ser un individuo más en este mundo, independiente de su naturaleza. Y eso es lo que los humanos, especialmente los magos, nunca han respetado.

Butler se movió de pronto de su lugar, en un movimiento sobrenatural impropio de un ser humano común y corriente. Harry sintió sus fríos dedos apretando ligeramente su mentón, pero no se movió, sino que sostuvo la oscura mirada del otro sin inmutarse.

-Por el momento no te haré nada, príncipe Vlad- le susurró Ryan Butler con un tono de mortal sentencia-. Pero grábate bien esto en tu negra conciencia: tú padre y toda tu raza pagarán por lo que le hicieron a Katryn y a mi hija. Y el día en que mi venganza esté consumada, seré yo mismo quien acabe con esta vida despreciable que los tuyos me han obligado a soportar.

Harry sonrió.

-Entonces tendrás que seguir sufriendo muchos siglos más, Ryan Butler.

Para sorpresa del joven, el otro también sonrió.

-¿Ah, eso crees? Pues siempre he planeado usarte para llevar a cabo mi venganza…, me gustaría ver la cara que pondría Lorkan cuando vea lo que he hecho contigo.

-No me afectan tus amenazas, Butler.

-Eso lo veremos…

Justo en ese momento la puerta del despacho se abrió de golpe.

-¡Suelta a mi hijo, Butler!- ordenó James Potter apuntándolo con la varita. Lily Potter clavó en el hombre una mirada inquisitoria.

Ryan soltó a Harry, quien se quedó en su lugar y, sin más, les dio la espalda a sus padres biológicos con una mueca molesta.

-¿Qué hacen ustedes aquí?- les espetó el joven vampiro con desdeñes-. No recuerdo haberles pedido que me cuidaran la espalda.

Lily inspiró hondo y caminó hacia Harry, tomándolo suavemente por el hombro, sin embargo, el muchacho se alejó de ella.

-No me toques.

-Harry, por favor…- le suplicó la mujer mordiéndose las lágrimas-… tienes que escucharme; ¡yo soy tu madre!- el vampiro rodó los ojos-. ¡No sabes los difíciles años que hemos vivido desde que desapareciste!

-¿Desde qué desaparecí?- repitió Harry mordaz-. Ustedes se deshicieron de mí para que el tal Voldemort no los matara a ustedes.

James dejó de apuntar a Butler con su varita y miró a su hijo perplejo.

-¿Eso fue lo que te dijeron?

Lily negó lentamente con la cabeza e intentó tomar a Harry del brazo otra vez, pero él la esquivó.

-No pretendan que yo les crea sus excusas- les dijo el muchacho conteniendo su ira, y se dirigió a la puerta. Pero James se lo impidió agarrándolo del brazo, lo que fue un error, porque Harry hizo un movimiento brusco y James Potter salió despedido hacia atrás, chocando duramente contra la pared del despacho de Butler, quien miraba la escena imperturbable desde su sillón.

-¡Esos vampiros te están mintiendo, Harry!- gritó James con rabia y desesperación-. ¡Nosotros nunca te abandonamos! ¡Ellos te arrancaron de nuestro lado! ¿Es que no lo entienden?

Harry abrió la boca para replicar, pero Lily intervino:

-Nunca, nunca habríamos siquiera pensando en esa abominable idea. Te amábamos Harry, pero creímos…, cuando desapareciste esa noche y los mortífagos atacaron nuestra casa… creímos que te habían asesinado.

-Mentiras- murmuró Harry.

-Es cierto, hijo- dijo James levantándose- Te buscamos día y noche, pero nunca tuvimos una sola pista. Pero ahora… ahora nos enteramos de que estás vivo…

-¡Vuelve con nosotros, hijo!- le rogó Lily caminando hacia él y abrazándolo repentinamente, para la consternación del joven vampiro, que no se movió. Lily sollozaba sonriendo mientras rodeaba el esbelto cuerpo del joven entre sus brazos:- estoy tan feliz de saber que sigues con vida… no sabes lo feliz que estoy, Harry. Por favor… ven con nosotros. Seamos la familia que debimos ser en un principio…

Harry murmuró, sombrío.

-¿Cómo puedo saber… si lo que dicen es verdad?- entonces separó duramente a Lily de él, clavándole una mirada fría como el hielo-. Compruébamelo.

Lily vaciló.

-Nosotros… no…

Una sonrisa amarga cruzó por los labios de Harry, aunque Lily alcanzó a atisbar dentro de ella un sentimiento que iba del alivio a la decepción.

-Lo sabía- dijo el muchacho con desdén-. No son más que unos hipócritas.

Y dejando a sus angustiados padres sin palabras, salió del despacho mientras Lily Potter se deshacía en lágrimas de dolor.


Annabel Barfield caminaba sumida en sus pensamientos cuando una mano helada le tapó de pronto la boca, arrastrándola hasta un aula vacía. La muchacha se sacudió, frunciendo el ceño, pero cuando alzó la mirada y unos ojos amarillos como los de un halcón se posaron sobre ella parpadeó perpleja.

Ian Pascalli la soltó.

-Qué… ¿Qué haces…?- farfulló ella estupefacta.

-No me costó nada pillarte. Tu olor es inconfundible…, esa mezcla de manzana y aura de demonio es inconfundible.

-¡El único demonio aquí eres tú!

-Jajaja, tienes razón.

-¿Por qué estás aquí? Supongo que ya sabrás que Harry no tiene forma de salir de aquí.

-Sí, ya lo sé. Necesito pedirte un favor.

Annabel alzó una ceja y sonrió, burlona.

-No me digas. Que caradura eres.

Ian la miró muy serio y dijo:

-Quiero que hagas uno de esos conjuros para atar a las personas y finjas que me has capturado.

-Debes estar bromeando ¡Por supuesto que no haré eso!

-Por favor, anabelita.

-¿Anabelita?- repitió la rubia.

-Venga, no seas pesada. Será algo fácil. Y yo soy buen actor.

-¡No se trata de eso, tonto! Además… ¿para qué quieres fingir que te he capturado? ¿Te chalaste o qué?

Ian sonrió.

-Necesito quedarme cerca de mi buen compañero Harry y lo mejor será haciéndome pasar por un alumno de Hogwarts.

Annabel se echó a reír. Ian frunció el ceño.

-¿Qué?

-¡Que divertido eres! Lo más probable, idiota, es que te condenen a muerte. Harry es una excepción.

-No lo harían. No tiene pruebas de actos violentos contra mí. No he cometido ningún crimen.

-¿Y mi secuestro seguro fue un paseíto, no? ¡Bastardo!

-Tienes razón- Ian meditó unos momentos-. Bueno, me arriesgaré. Además confío en que Harry convencerá a ese viejecito director de dejarme permanecer también en este colegio. Los vampiros solemos ser muy… persuasivos.

-No me digas.

Ian se acercó a ella, y colocando sus labios cerca de su oído, haciendo que la chica se ruborizara, murmuró:

-Solo será este último favor, bonita. Por favor. No seas mala.

Annabel se recompuso, e inspirando hondo sentenció:

-¡No lo haré! ¡Y no sigas insistiendo!

Ian sonrió.


Los estudiantes estaban saliendo del Gran Comedor, rumbo a sus clases, cuando una explosión en el pasillo principal los hizo mirar hacia todos lados, perplejos.

-¿Pero qué pasa?- masculló McGonagall seguida por el profesor Snape, que mantenía una expresión intimidatoria y apartaba sin muchos miramientos a los curiosos estudiantes.

-¡Lo… lo he capturado!- gritó alguien entonces- ¡TENGO A UNO DE ELLOS!

-¿Ana?- murmuró Darek abriendo mucho los ojos y echando a correr por el pasillo. Los demás se apresuraron a hacerlo también.

Entonces el muchacho vio, atónito, como Annabel Barfield apuntaba a un joven de cabello castaño claro con su varita. El muchacho estaba tirado en el piso, retorciéndose y atado de pies a cabeza.

-Maldita humana- gruñó este mirando a Annabel con ojos chispeantes antes de que su mirada se posara en Darek. Una pequeña sonrisa apareció en su rostro-. Ahh… tú.

Darek también sacó su varita.

-¿Qué haces aquí?- gritó, pero Snape lo apartó bruscamente y miró a Annabel frunciendo el ceño.

-Señorita Barfield, ¿cómo lo ha hecho?

Ella respiró hondo.

-Yo… lo aturdí con fuego y luego lo até. Estaba merodeando en los pasillos… no alcanzó a verme.

Ginny, Ann, Ron y Hermione contemplaron la escena boquiabiertos. Elliot, sin embargo, más que sorprendido parecía irritado.

-¡Caramba!- comentó Ann.

Los otros dos jefes de las casas, junto con Remus Lupin, se apresuraron apuntar a Ian con sus varitas y este les sonrió diabólicamente desde el piso. Por alguna razón- pensó Annabel entornando los ojos con sarcasmo- Ian parecía encantado con la atención que estaba recibiendo.

-Llamen a los aurores…

-Yo que ustedes no haría eso- dijo la fría voz de Harry, que comenzó a caminar hacia ellos desde el otro lado del pasillo.

McGonagall iba a replicarle cuando el director Dumbledore apareció entre la multitud de conmocionados estudiantes.

-Ha hecho un buen trabajo, señorita Barfield- le dijo el anciano director a la muchacha.

Ella forzó una sonrisa.

-Gracias.

-¿Cómo has logrado pasar la barrera?- le preguntó Dumbledore a Ian, sorprendido e intrigado.

Ian se enderezó a duras penas, bajo la mirada imperturbable de Harry, y respondió:

-No me infiltré, anciano: quedé atrapado tras la barrera y ahora no puedo salir.

-Ya veo. ¿Entonces estabas acompañando a Harry ayer?

-Eso es obvio- dijo Ian burlón.

-Albus- McGonagall miró al director muy seria-. ¿Quieres que llame a Scrimgeur?

-No; eso no será necesario.

-Pero Albus…

-No podemos desinstalar la barrera para sacar a este joven vampiro del castillo, Minerva.

La profesora comprendió entonces lo que Dumbledore le quería decir: que Harry podría aprovechar esa situación para escapar.

-Tendrá que permanecer aquí.

Todos, estudiantes y profesores, recibieron las palabras del director anonadados.

-Pe… pero Albus…- comenzó a decir la profesora Sprout-. Eso sería peligroso para el cuerpo estudiantil.

-Prometo no hacerle daño a nadie…- dijo Ian, capturando la atención de todos-… siempre y cuando me tengan golosinas.

Dumbledore alzó las cejas.

-¿Solo eso?

Ian asintió.

-Eso y alguna que otra copita de sangre de caballo fino. Aunque prefiero la sangre humana, no me quedaría más opción ¿No? Además es mi trabajo es estar junto a Harry y ver que ninguna sucia mano de mago se atreve a hacerle daño.

Entonces, y para sorpresa del mismo Harry, Dumbledore asintió y lo desató:

-Está bien, joven. Pero le advierto que mientras yo y mis capacitados maestros estemos en este castillo, no podrá hacerle daño a nadie, ni alumno ni maestro. Por su bien espero que eso quedo claro.

Ian se masajeó los miembros y asintió.

-Seré… como un corderito- dijo sonriendo.

"Bingo" pensó, mientras Harry reía entre dientes y Ginny Weasley los contemplaba atónita.


Lejos de allí, en una cavernosa habitación iluminada por velas, un muchacho se inclinaba hacia su amo ligeramente nervioso. Detrás de él, su padre y su madre permanecían muy inquietos, pero estáticos como dos estatuas.

-Tengo suerte de tenerte entre mis filas, justamente ahora que necesito a alguien de tu edad- dijo lord Voldemort mirando al chico con una sonrisa que podía paralizar a cualquiera-. ¿Entonces estás listo para la misión que deseo encomendarte, Draco?

El muchacho rubio se enderezó, pálido, y asintió.

-Sí, mi señor.

-Perfecto- Voldemort sacó su varita y Draco la miró con reticencia, sin embargo Voldemort la usó para levantar un periódico que estaba a sus pies y guiarlo hasta el rubio. Draco lo tomó confundido.

-¿Ves a ese joven del periódico?

Draco lo reconoció.

-El vampiro al que han atrapado- dijo.

-Exacto. Ahora está prisionero en Hogwarts, bajo la atenta mirada de Dumbledore y habilidosos magos. Me interesa mucho traerlo hasta mí. ¿Entiendes lo que necesito que hagas, Draco?

-Quiere que… me infiltre en Hogwarts como estudiante.

-Eres muy inteligente. Me gusta.

-Mi señor…- comenzó a decir Lucius, pero Voldemort lo cortó:

-¡Silencio! No nos interrumpas.

Lucios bajó la mirada con el corazón martilleándole con fuerza. Voldemort se levantó de su sillón y caminó hacia Draco arrastrando su capa negra tras él. El muchacho tuvo que usar todo su autocontrol para mantenerse impertérrito cuando Voldemort colocó ambas manos sobre sus hombros.

-Mírame.

Draco obedeció con la respiración tensa.

-Quiero que te infiltres en Hogwarts y te hagas amigo de Harry Vlad… ¿O debería llamarlo, Harry Potter?- Voldemort torció una sonrisa helada-. Finge estar de su parte; quiero que escarbes en sus más profundos secretos y debilidades… y luego lo traigas hasta a mí, ¿ha quedado claro?

Draco Malfoy asintió inspirando hondo.

-Sí, mi lord.

Voldemort sonrió.


Bueno, eso es todo por ahora. Díganme si les ha gustado, que no les ha gustado y que sugieren para capitulos posteriores.

De mis personajes inventados en este fic, mis favoritos son Ann e Ian. Me divierto mucho escribiendo sobre ellos XD

Por cierto, en el prox. capítulo habrá más Harry/Ginny, una aventura de Harry junto a Ron y Hermione y como se enteran los vampiros de que su amado Harry ha sido capturado por los magos, además de las clases en Hogwarts con sus 2 nuevos y especiales alumnos de piel fría XD.

Bueno. Cuídense todos y nos vemos en el prox. cap!

Su humilde servidora,

Llaelien.