Capítulo VIII: Planes de Reconquista

Al día siguiente de ese triste sábado en Hogsmeade, Harry no quiso salir de su cama en todo el día. No tenía intenciones de bajar a desayunar, ni siquiera se dignó a levantarse de la cama, aún menos quiso abrirle la puerta a Hermione cuando vino a verlo después del desayuno.

- ¡Harry, ábreme! - gritaba y golpeaba la chica en la puerta

- Vete Herm, quiero estar solo - le susurró en respuesta el moreno, sin darse cuenta de que la chica no podía oírlo a través de la gruesa puerta de madera

Lo único que Harry hacía, sumido en una gran tristeza y en medio de un mar de lágrimas, era acariciarse el estómago y lamentarse, pensando ''¿qué haré con nosotros ahora, bebé?"

- ¡Harry ábreme, tengo algo que decirte! ¡Es sobre Malfoy! - gritó la otra en un apuro exaltado

- ¡¿Le pasó algo?! - gritó alarmado Harry, incorporándose de la cama

- No, no le pasó nada... ¡Ábreme!, ¡es incómodo charlar contigo con una puerta de por medio! - le gritó Hermione

Harry a regañadientes se paró de su cama y fue a abrirle la puerta. Él quería estar solo todo el día, pero su plan se había visto derrumbado por la urgencia con la que Hermione continuaba golpeando la puerta

El moreno dejó pasar a su amiga y volvió a cerrar la puerta con tranca. La chica se veía agitada, como nerviosa.

- ¿Qué me decías sobre Malfoy? - preguntó el ojiverde, yendo a sentarse en su cama de nuevo

- Que ha hecho algo que jamás hubiera imaginado de él - respondió Hermione aún exaltada

- ¿El qué? - indagó intrigado, imaginándose a Malfoy subido a la mesa en el Gran Comedor, sacándose la camisa, golpeándose en el pecho y gritando "¡Yo soy King Kong!"

- Hace un rato, cuando yo iba camino al Gran Comedor a desayunar - relató ella con evidente entusiasmo - me lo encontré en el pasillo, ¿y sabes qué hizo?

- No, no lo sé. Cuéntame - pidió el chico con gesto de impaciencia

- Pues él... ¡Aún no lo puedo creer!... él se acercó a mi y me habló civilizadamente, me preguntó por ti, si estabas bien... y eso no fue todo. Lo más sorprendente fue que él... ¡Me llamó Hermione! ¡Sin burla! ¿Puedes creerlo? - dijo la Gryffindor, con los ojos abiertos más grande de lo normal y gesticulando exageradamente

- Bueno... después de lo de ayer de él puedo esperar cualquier cosa

- ¿Ayer? - cuestionó la chica, no entendiendo

- Sí. Cuando estábamos en Hogsmeade, cumpliendo nuestro castigo, él me compró como regalo esto - le contó agarrando un libro de su mesita de luz y entregándoselo a la chica

- ¿'Embarazos Masculinos: Guía para su cuidado'? - recitó la castaña extrañada

- Sí, y eso no fue todo. Después tuvimos una charla. Yo le dije que pensaba tener al bebé, y él me dijo que aceptaba hacerse cargo del niño también, que él también quería tenerlo... conmigo...

- ¡Eso es genial!... creo...

- No, no es genial. Porque inmediatamente después de que me dijo eso intentó besarme. ¡¿Es que acaso en lo único que puede ser capaz de pensar es en el sexo?! ¡Eso me desespera!

- ¿Y qué hiciste?

- Le dije que no - explicó con el mismo tono que alguien usaría para decir que dos más dos son cuatro - y después le dije que yo no pensaba ser alguien con quien solamente calentara su cama, y que ya no quería que se acercara a mi para otra cosa que no fuera preguntar por su hijo

- Harry... - dijo la chica, no sabiendo qué otra cosa agregar.

A Hermione le parecía un poco exagerada la reacción de Harry en cuanto a los avances del rubio, pero... era mejor que se quedara callada, así se evitaría broncas con el embarazado muchacho

- ... Creo que es mejor así... aunque, me siento tan... mal... Yo estaba a gusto antes con él, o al menos eso creo

- ¿A qué te refieres?

- Me refiero a cuando simplemente tonteábamos, cuando solo pasábamos las tardes a besos entre los estantes de la biblioteca. En esos momentos yo no sentía ninguna preocupación, todo estaba bien. Yo simplemente me estaba besando con un chico que me hacía sentir... ya sabes, bien... Uuff!... ¿por qué tiene que ser todo tan complicado? - se quejó con voz lastimera

- ¿No crees que la vida sería un poco aburrida si no hubiera problemas que resolver en ella? - le preguntó Hermione con voz amable

- ... Puede ser, pero... Yo cargo con una enorme responsabilidad ahora - dijo el moreno acariciándose la panza - Y me siento tan... solo... que a veces creo que no podré, que no aguantaré

- Harry ¿cuándo vas a entenderlo? No estás solo, me tienes a mi, y aunque no parezca sé que a Ron también, y tienes a tu padrino y a Remus... ¡Ah! ¡Me acordé! Remus me dijo que cuando puedas que vayas a sus habitaciones, porque Sirius necesita hablarte de algo

- ¿Y me tengo que mover de acá? Yo planeaba quedarme todo el día en la cama, no tengo ganas ni de moverme

- ¡Harry! Hoy es Domingo, es el día perfecto para hacer las tareas

- No!, el Domingo es el día perfecto para holgazanear

- Además - siguió ella haciendo oídos sordos al comentario del chico - ¿ni siquiera pensabas bajar a almorzar?

- No

- ¡Tienes que comer! ¡por el bebé! Recuerda que todo lo que ingieras se lo estás pasando también a tu niño, así que debes alimentarte bien

- Sí, doctora - respondió él con ironía amistosa - Pero es que... no tengo ganas de bajar y encontrarme con él...

- Quieres que yo te suba algo? - ofreció ella

- Sí, por favor. Tráeme tostadas, mermelada y jugo de calabaza. Y si hay también quiero tocino con dulce de leche, que me encanta. Y algunos pasteles de calabaza, y también un poco de leche chocolateada con cereales

- ¿Algo más? - preguntó ella burlona

- No, con eso me bastará... por cierto ¿dices que Draco te preguntó por mi?

- ¡Sí! Se veía preocupado por no verte en el Gran Comedor... ahora que me acuerdo, estaba demasiado preocupado... - recordó ella

Ambos se sumieron en un intenso silencio. A Hermione se le formó una expresión de pensamiento intenso en el rostro, y Harry se la quedó mirando largo rato, hasta que finalmente rompió el silencio diciendo:

- Herm... ¿no ibas al Gran Comedor de casualidad?

Hermione estalló en una sonora carcajada, lo que animó a Harry a reír un poco con ella. Luego la chica se retiró y el moreno se quedó esperando ansioso su desayuno

...

Harry, con el estómago lleno de su abundante desayuno, caminaba en esos momentos por los pasillos del colegio rumbo a las habitaciones de Remus y su padrino. Se preguntaba qué cosa querría decirle Sirius, ya que por el tono de Hermione parecía ser algo importante.

Al llegar al cuadro del lobo y el perro, Harry dio la contraseña y entró. El panorama que lo recibió casi lo hizo reír: Remus estaba parado al lado de la ventana, en bata, pantuflas y comiendo de un gran tarro de helado con una cuchara sopera. La gran barriga se le notaba bastante debajo del cinturón de la bata, y se veía realmente encantador.

- Hola Remus - dijo el moreno luego de un rato de muda contemplación

- Hola Harry! - respondió el licántropo, y se metió otra cucharada de helado a la boca

- ¿Y mi padrino?

- Está en el baño, ya saldrá... ¿quieres? - ofreció Remus su pote de helado

- No gracias, aún estoy lleno del desayuno - declinó el moreno la oferta, palpándose el estómago

Remus se encogió de hombros, y continuó saboreando su helado. Sirius apareció pocos momentos después, también en bata, y con el pelo húmedo

- Hola Harry, ¿cómo has estado? - lo saludó

- Bien - mintió el chico

El animago invitó a su ahijado a sentarse en los sillones frente a la chimenea, mientras el licántropo continuaba comiendo su helado al lado de la ventana, y allí iniciaron su conversación

- Bueno Harry, te he mandado llamar para decirte algo que se me olvidó la última vez que nos vimos

- ¿El qué? - dijo el chico intrigado

- Sé lo del robo a Gringotts, y sé que una de las bóvedas robadas fue la tuya. Por eso quiero comunicarte que cuando pueda limpiar mi nombre frente al Ministerio, te prometo que te cederé dos de mis cámaras acorazadas

- Pero... Sirius, eso es... no... no puedes - balbuceó el moreno sorprendido

- ¿Por qué no puedo? Considéralo como un regalo de un padrino para su ahijado - le contestó con una sonrisa

Harry no sabía qué decir, no le parecía correcto que Sirius gastara su fortuna de esa manera, una cámara acorazada ya era suficiente dinero para vivir cómodamente toda una vida, pero dos...

- Sirius... ¿no te parece una locura regalar tanto dinero?

- Harry... la ancestral familia Black tiene cámaras en el banco para tirar para arriba, desde que tengo memoria recuerdo a mi hermano jactándose de las más de diez cámaras llenas que teníamos en el banco, así que imagínate... No es nada para mi. Además siento que debo hacerlo, para compensar todos éstos años de ausencia - la voz de Sirius se oía apenada

- Padrino... no tienes que darme tanto dinero para disculpar tu falta, con que estés conmigo es más que suficiente - le dijo el moreno

- De todas formas... lo haré. Y no podrás frenarme - le respondió el animago, recuperando su sonrisa

- Gracias... - la gratitud de Harry era palpable en su voz

- Sabes? Estamos muy cerca de atrapar a Pettigrew, hace ya algunas semanas que los de la Orden le vienen siguiendo el rastro, dentro de poco tiempo... seré un hombre libre... - comentó Sirius con ilusión

- Me alegro mucho... y espero que ese maldito Peter sufra bastante - añadió Harry con un poco de rabia, recordando su traición

- De eso se encargará Snivellus, Albus lo puso como encargado del caso de Pettigrew en la Orden, tiene a un equipo de diez magos trabajando para él. No me gustaría nunca llegar a tanto, pero si logra atrapar a Peter, tendré que darle las gracias a ese estúpido grasiento

Harry sintió en su pecho una leve punzada de malestar al oír a su padrino hablar así de Snape, cierto era que él mismo lo había odiado mucho en los últimos años de su vida... pero después de oír la historia de su profesor y su hijo asesinado... pues como que empezó a estimarlo en el fondo, pero muy muuuuy en el fondo. Las cavilaciones de Harry se vieron interrumpidas con la voz de Remus

- Sirius, te lo he dicho muchas veces, no deberías hablar mal del hombre que está trabajando para limpiar tu nombre... - lo amonestó un molesto Lupin

Y Harry abrió grandemente los ojos al ver a su padrino, quien se caracterizaba por ser alguien fuerte, autosuficiente y muy contrera, hundirse en el sillón y bajar la mirada, tal cual un perro que era regañado por su amo. El darse cuenta de eso hizo que a Harry le entraran unas enormes ganas de reír.

- Harry, ¿no nos cuentas nada de ti? ¿cómo te has sentido? - le habló su profesor de Defensa

Harry volvió a la realidad, y acomodándose mejor en el sillón, se dispuso a actualizar a su padrino y a su embarazado esposo sobre los últimos acontecimientos en su vida. Les contó sobre su decisión a cerca de conservar al bebé, por lo cual ambos magos mayores lo felicitaron, y después les contó que Malfoy también tenía intenciones de tomar sus responsabilidades como padre de su hijo. Tras decir eso el semblante de Harry se volvió algo sombrío, al recordar lo pasado el día anterior en el pueblo. Y por último, les contó sobre la resolución que había tomado de alejarse de Draco en el ámbito sentimental. Ambos hombres mayores escucharon la charla de Harry en silencio, y cuando hubo terminado, Remus tomó la palabra

- Harry, respeto tu decisión, pero... ¿no crees que fue un poco apresurada?... es decir, ni siquiera te diste un tiempo para tratar de conocer mejor a Malfoy, y él quiere tener al bebé también, quien sabe, tal vez...

- NO Remus, él me lo dejó bien claro desde el principio, no me quiere, al menos no lo hace fuera de la cama... - lo cortó con amargura

- Y tu... ¿le quieres? - se atrevió a preguntar Sirius

- ... No... - respondió al fin, después de un tenso silencio, y no estando muy seguro de su respuesta

- Entonces no hay más vueltas que darle, ¿no? Tu decisión fue la más correcta y no hay nada que hacerle - dijo el animago

- Sí... Pero aún así, hay algo que te molesta, ¿no es así Harry? - habló Lupin, desde su más fina intuición de licántropo

Harry se vio atrapado por el lupino, y no supo muy bien qué responderle

- Bueno... es que yo... pienso que he decidido correctamente, pero... siento... me siento... deprimido - confesó al fin

- Si yo fuera tú, meditaría todo éste asunto de Malfoy y tu con mucho más detenimiento, tal vez haya una solución mejor, que te deje más satisfecho, ¿no? - dijo Remus

- Es que... Draco es alguien tan... ¡difícil! Nunca estoy seguro de cómo va a reaccionar. Él parece estar solamente interesado en el sexo, y eso me molesta... y... no sé por qué. - reflexionó para sí mismo - Pero... cuando estoy con él... me siento bien. Y eso me confunde, hace unos meses nos odiábamos, yo no soportaba ni siquiera oír su nombre, y ahora... heme aquí, esperando a su hijo, y con un enorme amasijo de pensamientos en la cabeza, indeciso de si estar con él o no.

- Sería interesante saber la opinión de Malfoy en cuanto a todo esto - comentó Remus

- No quiero que te ofendas, pero me parece que esto es algo que debo resolver yo solo. Ya estoy grande como para andar dependiendo de los demás, y como para dejar que los demás decidan sobre mi vida, tengo que resolver mis problemas yo solo - dijo Harry con algo de enojo

- Es cierto, y me enorgullece escucharte hablar así - le contestó Sirius - Pero no queremos que olvides que una pareja se forma con dos personas, y me parece que la opinión de ese chico también cuenta

- Sirius... entiéndelo. Draco no siente nada más por mi que no sea deseo, me lo ha dicho más de una vez. Es cierto que ya no me odia, pero tampoco me quiere, y yo... yo no estoy seguro de si siento algo por él o no... ya no estoy seguro de nada... - se lamento el moreno

- Bueno, basta ya. Mejor dejamos ésta conversación para otro día, cuando Harry tenga la cabeza un poco más despejada y haya pensado en esto con profundidad ¿no les parece? - dijo Remus a Harry y a su marido

- Tienes razón amor, mejor basta por hoy. Bueno ahijado, te felicito por tu bebé, y nosotros siempre estaremos para ti

- Gracias, a los dos, en verdad muchas gracias - se despidió Harry, y agradecido abandonó las habitaciones de su profesor

- Remus, ¿por qué insistes tanto en que el Malfoy ese tal vez pueda querer a Harry? El chico está bastante seguro de que no - le preguntó el animago a su esposo

- Pues mi intuición me dice otra cosa Sirius - le contestó Remus resuelto

- Mmmm... ¿la misma intuición que te decía que yo estaba enamorado de ti hasta la médula cuando aún estábamos en el colegio? - le preguntó el morocho pícaro acercándose al embarazado y abrazándolo por la cintura

- Esa misma - contestó el licántropo, abrazando a su marido por el cuello y besándolo con amor

...

Durante la hora del almuerzo, Harry estaba sentado en la mesa de Gryffindor, conversando con Hermione. Entre bocado y bocado, le fue relatando todo lo que había hablado con su padrino y Remus antes.

Su conversación se vio interrumpida cuando alguien dijo con voz alegre

- Hola Potter!

Con la cuchara en la boca, Harry levantó la cabeza y se encontró con la visión de un sonriente Blaise Zabini en frente de él

- Mmm…. ¿sí? – dijo el moreno, con voz dubitativa, no sabiendo cómo dirigirse al castaño

- Escucha Potter, necesito hablar contigo afuera, ahora – contestó el chico con la misma voz alegrona

- Zabini… estoy comiendo… - aclaró Harry como si la situación no fuera demasiado obvia

- ¿Y a mi qué? – dijo alzando los hombros - Tengo que decirte 'algo' – recalcó la última palabra, señalando con la mirada hacia la mesa de Slytherin – a menos que quieras que lo diga aquí

Harry entendió enseguida, se despidió de Hermione y siguió a Blaise a través de las puertas del Gran Comedor

Una vez afuera, el castaño se volvió hacia él y cruzando los brazos contra su pecho le dijo:

- Draco me ha pedido que te dijera que te espera en cuarto piso frente al cuadro de las jirafas dentro de una hora

Harry sintió la enorme necesidad de reír a carcajadas ante la forma que Blaise había recitado aquello, pareciendo un niño pequeño cumpliendo un encargo de un mayor. El Slytherin alzó una de sus cejas al estilo Malfoy ante la risa del ojiverde, y Harry, dándose cuenta de eso, paró su risa a duras penas

- Y… ¿por qué no ha venido a decírmelo él? – inquirió Harry un poco mosqueado

- Desde que lo conozco, Draco jamás ha pisado suelo Gryffindor por voluntad propia. Dime Potter ¿ves a Draco yendo hacia la mesa de Gryffindor a hablar amenamente con leones sin manchar su reputación o salir sin ningún rasguño?

- Emmmm…. No – respondió Harry dándose cuenta de la manera de pensar del rubio, pero sintiéndose molesto igual por mandar a otro a decirle sus recados

Blaise de dio cuenta de su mosqueo, y le dijo

- Que esto no te sorprenda Potter, Draco no se acercará a territorio Gryffindor ni aunque de ello dependiera su vida. Lo tiene por norma.

- A menos que vaya con Goyle y Crabbe – acotó Harry sarcástico, y Blaise rió

- No creas que Draco en un cagón, él no tiene miedo de los leones; tiene una reputación que mantener.

Harry inconscientemente se llevó la mano al vientre, y Blaise lo notó. En los ojos del castaño brilló algo que el moreno no pudo ver, ya que estaba con la mirada perdida en un punto cualquiera de la pared de piedra. Quedaron ambos en silencio, hasta que Harry lo rompió diciendo

- ¿No te ha dicho qué es lo que quiere?

- No

- Bueno – dijo después de un largo suspiro – dile que iré

- Bien.

Luego Blaise se dio la media vuelta y se fue caminando por el pasillo hacia la entrada de las mazmorras, donde quedaba su sala común.

Harry se quedó parado en mitad del corredor, con la mirada perdida en ningún lugar, pensando en qué podría ser eso que quería el rubio.

Cuando Harry llegó al pasillo del cuarto piso una hora después, se encontró con que el rubio efectivamente se encontraba justo en frente del cuadro de las jirafas. A paso lento llegó a su lado, y cuando Draco lo notó acercarse, impulsado por una fuerza desconocida, se abalanzó suavemente sobre él e intentó besarlo.

Harry, sorprendiéndose a sí mismo, reaccionó rápido y antes de que lo besara apartó al rubio de un empujón por los hombros, empujón que dejó un poco descolocado al rubio, trayéndolo a la realidad.

- ¿Qué pretendes? – inquirió el moreno con tono de fastidio – Te dejé muy claro que no iba a tolerar que volvieras a intentar seducirme, ¡no lo conseguirás! Así que basta ya…

- No perdía nada con hacer el intento – le contestó Draco mirándolo intensamente a los ojos.

Harry apartó la mirada de esos ojos hermosamente grises, que lo escrutaban con tanto detenimiento, y al segundo siguiente le dio una fuerte cachetada al Slytherin

- No perdías nada, pero ganabas eso – le informó el moreno cruzándose de brazos y mirándolo retador

- ¡Eso me dolió! – se quejó Draco, sobándose la mejilla recién golpeada y mirando al otro con creciente enojo

- ¡Jodete por imbécil! – se burló Harry, mirándolo mal

Ambos parecían infantes con esas actitudes, pero a ninguno de los dos pareció importarle, Lo único que querían era pelearse y provocar al otro, como en los viejos tiempos.

Pero un momentáneo flash de lucidez hizo que Draco recordara sobre qué quería hablarle al moreno, y abandonando su postura infantil, se irguió pareciendo más Malfoy que nunca y le preguntó al otro chico:

- ¿Con quién te atiendes?

- ¿Qué? – preguntó Harry algo mareado por el abrupto cambio de tema

- Que con quién estás atendiendo tu embarazo? – reiteró el rubio

- ¡Ah! Eso…. Con nadie – respondió simplemente

Ante esa respuesta la cara de Draco sufrió un cambio radical; pasó de la máscara de indiferencia 'Malfoy' a una cara de total perplejidad. Poco le faltaba para abrir la boca y que la quijada le llegara al piso de la impresión que las palabras de Harry habían causado en él.

- ¡¿CÓMO QUE CON NADIE?! ¿Eres tonto o qué? ¡No puedes simplemente 'no atenderte con nadie'! – empezó el rubio a gritar. Se le notaba alterado – Mi futuro hijo debe pasar su gestación atendido ¡con el mejor medimago del mundo, no con 'nadie'! – continuó gritando histérico.

- Malfoy… no sé si te acuerdas, pero no me queda dinero para pagarle al mejor medimago del mundo. Ni al mejor ni al peor… - le recordó el moreno con voz triste

- El dinero no es problema Potter, además yo conozco al mejor medimago del mundo, es el que atiende a mi familia, y lo digo en serio, es el mejor. Le enviaré una lechuza hoy, y cuando reciba una contestación te diré cuando será la primer consulta – resolvió el rubio

- ¿No me dejarás opinar al respecto? – le preguntó Harry bastante mosqueado por el hecho de que el rubio hubiera decidido todo solo

- No. Además, piénsalo bien Potter, es la mejor opción que tienes.

- Mhf – bufó Harry, cruzándose de brazos enojado

- Ese bebe que traes ahí – le dijo el Slytherin señalando hacia su estómago – también es mi bebe, y mi bebe se atenderá con el mejor medimago del mundo, te guste o no, ¿haz entendido?

Harry se sintió extraño al escuchar al rubio decir 'mi bebe', pero supo disimularlo bien. Aspiró abundante aire para decir algo, pero al encontrarse sin palabras, tuvo que exhalar el aire en un largo suspiro.

- Está bien. Cuando recibas una respuesta avísame – le dijo el moreno, para luego darse la media vuelta e irse.

...

- Lo siento muchísimo amo, pero he tenido que cancelar ésta misión.

Se oyó un prolongado suspiro, y luego una voz fría y silbante preguntó:

- ¿Es ese el motivo por el cual estás aquí una semana antes de lo acordado?

- Sí amo… - susurró temblando el pequeño hombrecito hacia el enorme respaldo de un sillón de terciopelo verde, detrás del cual provenía la voz silbante

- Y dime Colagusano, ¿por qué has tenido que cancelar ésta importantísima misión? – le preguntó Voldemort en tono amable, y en vez de calmar a Colagusano lo hacía temblar de pies a cabeza

- Verá amo, es que no… eee….

- Legeremens – susurró el Señor de las Tinieblas con voz cansina cortando el balbuceo nervioso del animago, estirando el brazo por encima del posabrazos del sillón – Sabes? Es una verdadera suerte que tengas una mente tan débil: así no me supone ningún esfuerzo el entrar en ella cada vez que quiero ver la verdad oculta detrás de tus mentiras. Te he encargado dos misiones que son muy importantes para mi plan de conquista del mundo y en las dos has fracasado. Han descubierto el robo en el banco – le dijo tirando al suelo la edición del diario 'El Profeta' de hacía un mes atrás, de tal modo que quedó a los pies de Colagusano y éste pudo ver el titular en la portada que rezaba el título ' Se sospecha de mortífagos tras el robo en Gringotts' – Cuando se supone que todo debía haberse hecho con envidiable discreción y ahora has abortado ésta última misión porque los aurores casi los descubren, cuando se supone que solo tu y yo, nadie más, ni siquiera los mortífagos que llevabas bajo tu mando sabían la ubicación exacta del ataque… Ahora veremos qué es lo que has estado haciendo mal, Colagusano… - Pettigrew no ponía resistencia ninguna a que Voldemort entrara en su cabeza, tenía una mente realmente débil. Estaba allí, parado como zombi con la mirada perdida y los miembros rígidos mientras el Seños Oscuro hurgaba en su mente – Mmnmm…. Ya veo… con que ahora se te dio por ir a beberte unos tragos antes de las misiones… ¿sabes Colagusano? Cuando se está trabajando, es mejor no beber; algunas personas, como ya vi que tu lo haz hecho, se van de la lengua cuando están borrachas, y eso no me favorece… a ver… - dijo el Lord pensativo, con una mano en la barbilla. Ya había quitado el hechizo de legeremancia a Colagusano, quien había caído de rodillas al suelo, sollozando y temblando de miedo al verse descubierto - Desgraciadamente te necesito, sin ti y tus conexiones no puedo alcanzar mis propósitos, por ahora no puedo matarte… pero debo castigarte, hacerte entender… Necesito algún método efectivo y muy doloroso para enseñarte a no comentar con extraños lo que no debes… a ver… qué podrá ser… ¿tu que dices Colagusano?

El tembloroso hombrecito alzó la mugrienta cabeza, una mirada de profundo miedo en sus ojos. Fue a abrir la boca para decir algo pero Voldemort enseguida lo interrumpió

- Mejor no digas nada, ya has hablado lo suficiente… ¡Crucio! - Mientras Pettigrew gritaba y se retorcía en el piso del dolor, Voldemort continuaba con sus cavilaciones - Qué usaré… a ver… ¡Lo tengo! – dijo de repente.

Levantó el Cruciatus que tenía sobre el animago y le hizo señas para que se acercara a él. Cuando Peter estuvo a un paso del sillón de su amo, Voldemort se puso de pie. Se veía realmente imponente ahora que tenía un cuerpo nuevo. El Lord conjuro en su mano derecha una daga, y con la izquierda tomó la barbilla de Pettigrew y le dijo mirándolo a los ojos:

- Saca la lengua, Colagusano

Peter dudo unos momentos, pero no podía rehusarse a una orden tan directa, así que al final lo hizo. El Señor Tenebroso tomó la lengua con la mano que antes sostenía la barbilla del animago, tiró de ella con fuerza y con la daga se la cortó.

- ¡AAAAAAAHHHHHHHHHHH!

El grito desgarrador de Colagusano hubiera aturdido a cualquiera, pero en Voldemort pareció no surgir efecto alguno. Pettigrew, con las dos manos tapándose la boca sangrante, se echó al suelo, entremezclando gritos con lamentos y sollozos. En su rostro las lágrimas se mezclaban con la sangre, dándole al hombre un aspecto espantoso.

Y Voldemort parecía disfrutarlo. Estrujó la lengua entre sus manos con una expresión desquiciada en su rostro y dejó que la sangre exprimida cayera sobre Colagusano, luego se la arrojó como quien tira excrementos, golpeando ésta la cara empapada en sudor, lágrimas y sangre del hombre. El Lord susurró un hechizo limpiador para sus manos, y luego fue a sentarse nuevamente en su sillón.

- Vete Colagusano – ordenó con voz cortante al gimoteante hombre, que aún sollozaba en el suelo – desaparece por un buen tiempo. No quiero ver tu mugrosa cara en un mes más o menos. Cuando vuelva a necesitarte, te llamaré. Si me entero que te haz procurado una lengua nueva, te mato, y si vuelves a fracasar, también te mataré. Sabes que no tolero fracasados entre mis mortífagos

Como pudo Pettigrew se incorporó y aún con las manos en la boca salió corriendo del lugar dejando un reguero de sangre y el eco de sus sollozos y gemidos lastimeros a su paso.

- [Nagini, querida. ¿Qué tienes para mi?]

La enorme serpiente salió de un agujero que había en una de las paredes de la sombría habitación y serpenteó por el suelo hasta llegar a los pies de su amo.

- [Malfoy ha llegado] – informó la serpiente en calmados siseos, mientras se enroscaba en una de las piernas de Voldemort, y apoyaba la cabeza en la rodilla de éste.

- [Qué bueno] – siseó el Lord en Parsel – [Me da mucho gusto el saber que volveré a ver a uno de mis mortífagos predilectos después de tanto tiempo]

- [Tu mortífago predilecto está detrás de la puerta] – siseó Nagini a su amo

Y efectivamente, se escucharon suaves toques en la puerta, señal clara de que alguien quería entrar

- Adelante – ofreció el Lord

Las puertas se abrieron de par en par y por ellas pasó un hombre maduro, con largo y lacio cabello rubio platino y ataviado en una elegante túnica negra de corte exquisito.

- Mi Lord – dijo Lucius a forma de saludo con tono reverencial, hincando la rodilla izquierda y el puño derecho el suelo. El rubio inclinó la cabeza cuando notó que el Señor Tenebroso se acercaba a él

- Mi estimado Lucius, qué alegría volver a verte… - le dijo el Lord instando al rubio a pararse

- Lo mismo digo, mi señor. Y debo decirle también que estoy más que feliz de que haya recuperado su cuerpo, ahora nada podrá detenerlo

- De hecho sí hay algo, y lo sabes bien. Lucius, quiero contarte sobre los planes que tengo pensados y que son muy importantes que sean llevados a cabo con absoluta discreción y exactitud. Primero que nada, durante todo éste año nos dedicaremos a dar la noticia de que he renacido a los mortífagos activos que están dispersados por el mundo y a dar caza a los que me traicionaron y se pasaron al lado de la luz en mi ausencia – A Lucius una alarma se le prendió en su aristocrática cabeza al escuchar esas palabras – Además yo he renacido, pero me he quedado con muy pocas fuerzas, así que éste año me dedicaré también a recuperarlas. Cuando todo esté listo, como ya te dije, dentro de un año, y tu hijo haya salido de Hogwarts, quiero que comiences a entrenarlo y a prepararlo para su iniciación. Y acuérdate de mantener todo esto en secreto. Solo lo sabremos tu y yo.

- Sí, mi señor – respondió el solemne, inclinando la cabeza – Si me disculpa, me retiro

- Nos vemos, Lucius – despidió el Lord – Ah! Y cuando puedas, tráeme a Severus, a él también tengo muchas ganas de verlo.

- Sí, mi Lord

Lucius abandonó la habitación con una sensación horrible en el pecho, no sabía si tendría el coraje suficiente para cumplir en encargo de su señor.

...

En el correr de esa semana Harry había recibido una misiva de Draco informándole que tenían cita con el medimago para el siguiente sábado. Ese día harían las compras rapidito y se escaparían hasta el consultorio del medimago, al que Draco tenía rápido acceso gracias a un pequeño traslador en forma de galeón.

Al moreno le daba un poco de cosita todo ese asunto, el simple hecho de escaparse con el rubio a escondidas de todos los demás, aunque fuera para ver a un sanador, le daba algo de vergüenza, debía admitirlo. Y no podía comentarlo con nadie más que con Hermione, ya que solo ella sabía que Draco era el papá de su bebé, y que Poppy no podía atenderlo. La castaña estaba contenta de que Harry tuviera la posibilidad de atender su embarazo con un medimago de categoría, ya que si atendía a los Malfoy, debía ser el mejor.

Y Harry, por su parte, no sabía qué pensar en cuanto a todo el embrollo en el que estaba metido. Ya había tomado la resolución de llevar su embarazo a buen término, y era consciente de que contaba con el apoyo de sus padrinos y de su mejor amiga, pero el problema no era ese, el problema era el rubio.

Desde hacía unos días que se estaba comportando algo raro (más raro de lo habitual si cabía la posibilidad). Su acoso ya no era tan descarado como antes, aunque todavía seguía intentando seducirlo. Harry no era tan tonto y se daba cuenta, pero el rubio era tan amable, tan dulce, tan malditamente encantador con él, que le estaba costando Merlín y ayuda el no caer en sus redes de nuevo. Y cada vez que estaba a punto de rendirse, pensaba en todos los problemas que ese Slytherin le causaba y renacía en él la idea de mantenerlo alejado. Solo hablaba con él lo que tenía que ver con el estudio y con su embarazo, nada más, nada menos. Y cada vez que el ojigris intentaba algo, aunque era sutil, Harry empleaba la poca diplomacia que tenía para desviar el tema. Aunque reconocía que a veces era exasperante, hasta ahora lo iba manejando… digamos que bien.

Pero ese sábado, el día de la consulta, algo era distinto.

Harry se sentía distinto, como… ansioso. Sentía la necesidad de algo, pero no lograba darse cuenta de qué. Había dormido hasta tarde, y no era sueño lo que le faltaba, desayunó hasta hartarse, y no era necesidad de comida. Cuando se encontró con el rubio a la salida del castillo, esa sensación de ansiedad aminoró un poco, y Harry se sintió confundido.

- Draco…

- ¿Sí?

- ¿Podrías a aa… - comenzó Harry, pero se detuvo al darse cuenta de la estupidez que iba a decir, inconscientemente iba a pedirle al rubio que lo abrazara

- ¿Podría lo qué? – preguntó el Slytherin

- Nada, déjalo. Vayámonos ya

Decidiendo que debía de pensar las cosas antes de decirlas, Harry prefirió no indagar más en la extraña sensación que sentía y que casi había hecho que le pidiera semejante cosa a su acompañante, se encaminó con él hacia el pueblo.

Como lo tenían programado, cumplieron su castigo con rapidez, y una vez que los encargos hubieron estado reducidos y bien guardados, Draco sacó el galeón-traslador de su bolsillo e instó al moreno a ir hacia un callejoncito, para que nadie los viera desaparecer.

Harry de pronto recordó la pésima habilidad que tenía para viajar con trasladores, ya que siempre terminaba despatarrado en el suelo, y antes de que el otro chico activara el aparato, le comunicó de lo que siempre le pasaba cada vez que viajaba a través de un traslador

- Bueno, no queremos que te lastimes, ni al bebé, así que ven – le dijo, extendiéndole la mano

El moreno entendió que Draco pretendía que se trasladaran abrazados, para que el no cayera al aterrizar, y eso no le hizo ni pizca de gracia

- ¿No podemos ir por otro medio? – preguntó esperanzado

- No Potter, deja de hacer el tonto y ven acá

A regañadientes Harry tomó la mano que el rubio le tendía, y su confusión se hizo más presente cuando Draco lo abrazó contra su cuerpo y la ansiedad extraña que sentía casi desapareció

- "Esto no me gusta nada… " – pensó el moreno, pero igual enredó sus manos alrededor de la espalda del rubio, quien lo mantenía apretadito contra sí por la cintura con un brazo, mientras que con la mano libre sostenía el traslador

- Agárrate fuerte… - le susurró el Slytherin al oído, y de forma inconsciente Harry cerró los ojos y apoyó su cabeza en el hombro del chico

Unos momentos después el moreno sintió cómo Draco apoyaba una parte del galeón en su nuca, para que tuviera contacto con el traslador sin tener que deshacer el abrazo, y sintió también el conocido y fastidioso tirón detrás de su ombligo, y se vio envuelto en el mareante remolino de colores y sonidos. Apretó fuertemente sus ojos al notar que ya estaban a punto de llegar, y afianzó aún más su abrazo en el rubio, seguro de que se caería, pero se sorprendió mucho cuando notó cómo sus pies tocaban el suelo con suavidad. Permaneció unos segundos apretado contra el rubio, que pudo apreciar no hacía nada por soltarlo ni soltarse, y cuando razonó que ya habían llegado y él no se había tropezado ni tambaleado ni nada, se separó presuroso de Draco.

El Slytherin hizo un pequeño mohín al sentir cómo Harry se deshacía de su abrazo con un poco de brusquedad, pero al ver la cara de sorpresa del ojiverde casi estalla en carcajadas

- Draco…. ¿a dónde me trajiste?

Harry miraba boquiabierto el panorama que lo envolvía y él estaba segurísimo de que no era Inglaterra. Las personas que caminaban por las calles no estaban hablando en inglés, y el estilo de las construcciones no era para nada británico.

- Bienvenido a París… - le informó el rubio con una sonrisa, y luego se acercó a él para susurrarle al oído de forma seductora – … la cuidad del amor…

Harry abrió tanto los ojos que Draco creyó que se le saldrían.

- París?... – musitó estupefacto, pero reaccionó al sentir cómo el rubio intentaba abrazarlo por la cintura - ¡Apártate! ¡¿Me puedes explicar qué mierda hacemos en París?!

- Cállate Potter, y cálmate, estás armando un escándalo – un carruaje tirado por cuatro caballos estacionó a su lado, y Draco, abriendo la puertita del coche, invitó – sube y te explicaré todo

Algo receloso Harry se metió en el carruaje, que pudo apreciar era muy lujoso, y se sintió algo desencajado, pero pronto su malestar se esfumó al ver al rubio subirse en el coche y sentarse al lado de él, tal vez demasiado cerca. Harry se pasó al asiento del frente, en un intento de alejarse del otro chico, y Draco rodó los ojos ante la actitud del moreno, y suspirando, le dijo la dirección al chofer en un francés tan fluido que dejó sin palabras al Gryffindor

- No sabía que hablaras francés… - dijo Harry aún sorprendido, luego de unos minutos

- Creo que hay varias cosas de mi que no sabes – le contestó misterioso

- ¿Ahora me explicarás qué hacemos aquí? – se apresuró en preguntar el moreno, para cambiar de tema

- Aquí vive el medimago al que iremos a ver. No sé si lo sabías, pero mi familia tiene ascendencia francesa, y algunos parientes míos son franceses y viven aquí. Con frecuencia los visitamos, y ese es el porqué sé hablar francés. Éste medimago es un gran amigo de mis familiares franceses, y un renombrado sanador a nivel mundial. Me ha atendido desde que estaba en la panza de mi madre, así que puedes estar seguro de que es alguien confiable. Su nombre es Mael Sauvage.

- Y si es tan amigo de toda tu familia, ¿no crees que les dirá a tus padres? Un embarazo no es cosa de nada

- Potter, créeme cuando te digo que no se lo dirá a nadie, ni a mis padres y ni siquiera se lo comentará a su lechuza si se lo pido. Él es muy respetuoso en cuanto a ese sentido. Además, mis padres están los dos de viaje, y Mael no sabe dónde fueron, así que no los podrá localizar. Despreocúpate, que por Mael nadie se va a enterar de tu embarazo

Se hizo el silencio dentro del carruaje, que avanzaba por las calles parisienses con cierta lentitud.

- Sabes? Todos los profesores ya se enteraron, y también Hermione – informó Harry

- Saben que soy el padre?

- No, solo Hermione

- ¿Y qué piensa ella al respecto?

- No está de acuerdo, obviamente, pero me apoya….. ¿sabes? El otro día me dijo algo extraño referente a ti – comenzó el moreno con aire de misterio

- ¿El qué? – quiso saber el rubio alzando una ceja

- Me comentó que la llamaste por su nombre, y no de forma burlona… ¿qué te traes entre manos, Malfoy?

- Nada, simplemente estaba tratando de ser amable con tu amiga – confesó y luego ladeó su cabeza para mirar el paisaje por la ventanita del carro

A Harry esa confesión lo sorprendió, aunque era consciente de que el rubio lo había hecho solo para tratar de que él cediera, había algo en la forma en que había pronunciado esas palabras que lo confundía… cómo si muy muy en el fondo, su intención de ser amable hubiera sido genuina.

- Blaise también está enterado de que voy a ser papá – comentó el rubio, sin despegar la mirada de la ventana - …Ya es demasiada gente que lo sabe, ¿no crees?

- Sí… aún no estoy listo para empezar a dar explicaciones a nadie, es muy reciente y sigo muy confundido – dijo Harry

- Supongo que cuando logremos acostumbrarnos a la situación deberemos decírselo al mundo. O cuando empiece a notarse – dijo el ojigris, no pudiendo evitar el mirar hacia el estómago del moreno

Harry suspiró, y llevándose una mano al vientre aún plano, resolvió:

- Por ahora no se notará. Usemos ese tiempo para resolver todos los asuntos pertinentes, y cuando sea algo inevitable… afrontaremos las consecuencias de nuestra estupidez

Algo en el pecho de Draco le molestó al oír esas palabras. Fijó su vista en la de Harry, que se mostraba algo triste, y tuvo la urgente necesidad de abrazarlo muy fuerte, pero lo detuvo el inoportuno grito del chofer del carruaje anunciando que ya habían llegado.

Draco se bajó primero, y como un caballero le sostuvo la puerta a Harry para que saliera. Ese gesto molestó un poco al moreno, él no era una estúpida damisela, por muy embarazado que estuviera.

El edificio donde Harry supuso que estaría el consultorio del Mdm. Sauvage era un palacete, con escalinata y columnas de mármol blanco y hermosas estatuas de bronce adornando la fachada. Llegaron a la recepción y Draco volvió a hablar en perfecto francés, ésta vez a la recepcionista, y el moreno supuso que estaba anunciándose o algo así. Luego de intercambiar algunas palabras más con la chica, Draco lo condujo por los pasillos hasta que llegaron a una puerta hermosamente labrada que tenía un letrero en el cual estaban las palabras: 'Mdm. Mael Sauvage'. El rubio dio unos suaves toques a la puerta, y ésta se abrió enseguida. Ambos chicos entraron al consultorio, muy lujoso y espacioso, y se encontraron con un hombre sentado detrás de su escritorio leyendo unos papeles. El señor en cuestión era un hombre maduro, con abundante pelo entrecano, corto, lacio y peinado con la raya al costado. Rostro atractivo y amable y una voz masculina y agradable que salía armoniosamente debajo de un poblado bigote

- ¡Dgaco Malfoy! ¡Cómo has cgecido niño! – dijo el hombre a modo de saludo en ingles, y Harry pudo apreciar el parecido de su acento con el de Fleur – Ha pasado tanto tiempo – comentó desde atrás de su escritorio con una gran sonrisa – La última vez que viniste a vegme llogabas a moco tendido pogque cgeías que te había desapagecido un bgazo a causa de un encantamiento desilusionadog mal hecho… - recordó el hombre, y Harry creyó haber visto mal cuando notó cómo las mejillas de Draco se tornaban rojas

- Ya ves Mael, he crecido, ya tengo diecisiete años – dijo el rubio recuperando de su vergüenza un poco de su orgullo característico

- Así es, ya eges todo un adulto. ¿y quién es tu… - dijo el hombre refiriéndose al moreno, pero calló cuando al parecer se dio cuenta de algo - ¡Pog Meglín! ¡Es Hagy Potteg! – gritó el medimago al verlo bien

Harry fue completamente consciente de su propio bochorno cuando el medimago se acercó a él con una mirada de asombro en sus ojos castaños. Cuando estuvo a dos pasos de él, Mael le extendió la mano y dijo:

- Un vegdadego placeg conoceglo señog Potteg – estrechó su mano con una sonrisa, y Harry solo pudo contestar:

- Am... Igualmente, Mdm. Sauvage

- ¡Bueno! ¿Qué los tgae pog aquí?

-Verás Mael… - comenzó Draco tomando la palabra mientras se sentaban en las sillas frente al escritorio del medimago – esto es un poco complicado… em… nadie se debe enterar. Es que... Potter… él… eee…

- Estoy embarazado – dijo Harry tajante harto del titubeo del rubio

Draco le echó una mala mirada, pero es que admitir que sería padre frente a alguien como Mael que lo conocía desde que era menos que un feto le daba un poco de vergüenza

- ¡Así que embagazado! – dijo el hombre alegre – y de casualidad ¿tu egues el padge Dgaco?

- Así es – contestó el rubio bajito

- ¡Qué sogpgesa! ¡Me aleggo muchísimo Dgaco! ¡Felicidades! No sabía que estabas enlazado con Hagy Potteg ¿pog qué no me contaste? No gecibí invitación, ni tampoco salió nada en los diagios

¿Enlazados? Harry se preguntaba qué era eso del enlace… sonaba como a una unión, una especie de casamiento… ¡Por Merlín, que él no estaba enlazado ni nada con Draco Malfoy!

- No estamos enlazados – se apresuró a aclarar el ojiverde, antes de que Malfoy abriera la bocota y complicara todo

- ¿A no? Me imagino que lo hagán pgonto, ¿o espegagán a que nazca el bebé? - seguía preguntando el medimago, totalmente ajeno a lo que su cuestionario estaba causando en ambos chicos

- No pensamos enlazarnos Mael… nosotros…

- Nosotros no estamos involucrados sentimentalmente en absoluto – informó Harry en tono cortante para acabar ya con ese tema

- Ah… - emitió el medimago dándose cuenta de todo

- Es por esto que nadie debe enterarse Mael, ni siquiera de que hemos venido a verte – dijo Draco

- Entiendo – respondió el hombre, poniéndose serio – Entonces hablemos de lo que gealmente integesa. ¿Es su deseo que yo atienda éste embagazo?

- Sí – respondieron ambos chicos al unísono

- Bien, entonces ¿cuánto tiempo de gestación tienes, Hagy?

- Emm… le calculo unas cinco semanas, exactamente – dijo el Gryffindor con tono profesional, que asombró a Draco por su frialdad

Harry actuaba como si el rubio no estuviera ahí, y eso lo enojaba mucho, él que estaba tan acostumbrado a tener siempre la atención de todos. Sintió la apremiante urgencia de hacerse notar frente al moreno, pero no quería hacer una escena en el consultorio de su medimago, así que se quedó callado.

- Muy bien – dijo el hombre anotando unas cosas en un pergamino – Hagy voy a pedigte que pases pog atgás de aquel biombo y te cambies la gopa pog una bata, y luego te acuestes en aquella camilla paga que yo pueda gevisagte ¿te pagece bien?

- Claro Doctor – contestó Harry sin pensar

- ¿Qué? – preguntó el medimago desconociendo el término

- Disculpe Señor, pero es que me crié con muggles, y lo que ellos tienen por medimagos les llaman doctores.

- Ah!, está bien chico, no te pgeocupes. Pasa pog allí pog favog – le dijo señalándole el biombo

Harry fue hacia donde Mael le señalaba y procedió a cambiarse la ropa. Draco se quedó con el medimago y éste le preguntó en voz baja para que nadie además de Draco pudiera oírle:

- Dgaco Dgaco… ¿en qué lío te has metido ahoga?

- En uno muy grande Mael… créeme cuando te digo que no planee embarazar a Harry Potter, solo sucedió. Y supongo que ya es hora de que madure y aprenda a tomar las responsabilidades que me dejan las consecuencias de mis errores

- Me enoggullece escuchagte hablag así muchacho, y gealmente te deseo una vida feliz

Fueron interrumpidos cuando Harry anunció que ya estaba listo. Mael instó al moreno a acostarse en una camilla que había detrás de una cortina, y le dijo que por favor le permitiera revisar su ano para ver que no estuviera ni lastimado ni irritado. Luego de asegurarse que todo estaba bien, le tanteó el perineo y le comentó que allí dentro de unos meses comenzaría a formarse el canal de parto. Luego de la revisión, le pidió que se relajara completamente y cerrara los ojos.

El medimago lanzó varios encantamientos a Harry, distintos rayos de colores diferentes fueron a dar todos directamente al estómago del moreno. Unos instantes después, chispitas de colores comenzaron a salir una detrás de la otra del vientre de Harry. Draco miraba intrigado el proceder del medimago desde una distancia prudencial, y Harry continuaba con los ojos cerrados.

- Mhm… Muy bien Hagy, todo pagece estag pegfectamente bien

Harry abrió los ojos y se sentó en la camilla

- ¿Cómo está mi bebé Señor? ¿es niño o niña?

- ¡No comas ansias muchacho! Cámbiate y pasa pog mi despacho, que ahí les explicagé todo a los dos

Harry fue corriendo a cambiarse y Mael hizo pasar a Draco al despacho y sentarse en la silla que antes ocupaba. Unos minutos después llegó Harry, se sentó y ansioso preguntó:

- ¿Y bien?

- Bueno, voy a dagles un panogama genegal: El feto está bien, se está desaggollando nogmalmente. Su núcleo mágico está cgeciendo día con día, lo cuál habgás notado distogciona el tuyo Hagy. Eso es pogque en un solo cuegpo es difícil que dos núcleos mágicos coexistan sin influenciagse el uno al otgo, pego eso es pegfectamente nogmal, de aquí hasta que tegmine tu embagazo tal vez no puedas haceg magia con vagita nogmalmente, lo más pgobable es que hagas magia sin vagita de fogma accidental, debegás teneg cuidado con eso. Pego no segá nada ggave. Tienes un mes y una semana de embagazo, como me dijiste muy acegtadamente, y dugante las pgóximas siete semanas tus hogmonas estagán descontgoladas, tendgás náuseas y mageos, te sentigás cansado y tal vez te desmayes si estás bajo pgesión, es mejog que te alejes de todo lo que pueda pgeocupagte paga que no te estgeces, pego no dejes los estudios, necesitas algo con lo que entgetenegte, y pog favog no te asustes – tranquilizó el hombre al moreno, que se veía algo alterado – todo esto es pegfectamente nogmal. Y cuando completes los tges meses de embagazo éstos síntomas molestos desapagecegán y empezagá tu segundo tgimestge. Gecién ahí podgá sabegse el sexo del bebé, ya que gecién paga esas fechas sus genitales estagán fogmados. ¿Tienes algún texto con el que infogmagte de la gestación y los cambios en ti y en el bebé?

- Sí – respondió Harry – "Embarazos Masculinos: guía para su cuidado" - recitó

- Oh!, ese es un muy buen libgo, léelo. Puedes consultaglo si tienes dudas. Ahoga bien, me gustagía que viniegan a vegme una vez pog mes, paga asegugagnos de que todo magcha bien. Pog supuesto que pueden visitagme cuando lo deseen, si sugge algún impgevisto, o si te sientes mal Hagy. Hagan cita con mi secgetagia paga dentgo de un mes, y ahí podgemos escuchag los latidos del bebé, y sabeg si tiene alguna malfogmación o enfegmedad, ¡Espegemos que no!

Ambos chicos se despidieron del medimago luego de unas últimas recomendaciones, agradeciéndole en verdad su comprensión y su ayuda. Marcaron fecha para la próxima consulta con la secretaria del francés y luego salieron del edificio con una extraña sensación en el pecho.

Se subieron al carruaje, Harry sin saber a dónde se dirigirían y se pusieron en marcha

- ¿A dónde iremos ahora? – quiso saber el ojiverde

- Al mismo lugar en el que nos dejó el Traslador para regresar a Hogsmeade, ¿prefieres dar un paseo antes? – ofreció el rubio

- No, quiero irme… me ha dado sueño… - contestó, frotándose los ojitos en clara señal de que necesitaba dormir un poquito

- ¿Qué te ha parecido Mael? – indagó Draco

- Me ha caído bien, es simpático, y muy profesional.

- Es el mejor medimago que conozco – aportó el Slytherin, a pesar de que ya se lo había dicho al moreno como unas veinte veces

- Lo sé, se nota. Y realmente me deja mucho más tranquilo el que se pueda venir a verlo cuando sea, ante cualquier cosa que surja, o si no me siento bien.

- Pienso que si sigues todas sus recomendaciones, no te sentirás mal y no tendremos que venir muy a menudo. No es que me moleste venir, pero no es tan sencillo el desaparecer de Hogwarts para viajar a París cuando se nos pegue la gana, sin tener que darle explicaciones a nadie. Sería un poco más sencillo si la noticia se supiera, pero eso ahora es algo imposible

Harry guardó silencio un momento. Malfoy tenía razón, pero él todavía no había juntado los cojones necesarios como para afrontar las preguntas, acusaciones y demás del mundo entero. Abrió la boca para decir algo, pero el rubio se le adelantó:

- A pesar de todo, creo prudente no dar la noticia todavía, debemos organizarnos primero nosotros, porque no sé tu, pero todo esto a mi me ha tornado la vida de cabeza.

- Ya lo sé. A mi también se me a revuelto todo. Por cierto, Dumbledore me ha pedido encarecidamente que le diga quién es el padre de mi hijo, y si se lo digo lo más probable es que el viejo quiera hablar contigo…. A veces pienso que Albus me confunde con el hijo o nieto que nunca tuvo…

- No me importa si ese viejo chiflado se entera o no de que yo soy el padre… de hecho… no me importaría que supieran que salgo contigo… - dijo Malfoy, mirando intensamente en los ojos de Harry

- Malfoy, te he dicho mil veces que todo lo que hubo entre nosotros acabó, no quiero que vuelvas a pensar en mi de esa forma, ¿entiendes? – refutó el moreno enfadado, cruzándose de brazos y mirando por la ventana

- Potter, ¿es eso realmente lo que quieres? ¿ya no me deseas más? – preguntó el rubio bajando su voz, hasta convertirla en un susurró sensual, haciendo el intento de acercarse a Harry

- ¡NO! – gritó Harry, anulando el intento del Slytherin de acercamiento

- ¡Estás mintiendo! ¡Di la verdad! – le gritó de vuelta

- ¿Qué? ¿Me vas a obligar a tomar la Verita de nuevo? – le respondió el moreno con sarcasmo mirándolo enojado

- No, solo quiero que seas sincero conmigo, y contigo mismo – contestó el rubio, mirándolo a los ojos una vez más

- Draco, basta. Te lo he dicho ya, que estemos juntos es un error, no funciona, por culpa de eso estamos metidos en éste lío ahora – se acarició el estómago, y Draco frunció el ceño – además ¿para qué insistes en volver si no me quieres?

- ¿Cómo puedes saberlo? – dijo el Slytherin arrugando aún más el entrecejo

- Te oí decirlo! – dijo Harry alzando la voz – Decir que solo estabas caliente conmigo, nada más

- No es posible, eso solo… Un momento; ¡me estabas espiando!... pero… ¿cómo?

Harry abrió grande los ojos al darse cuenta de que había metido la pata, fingió como que no habían estado hablando de nada y ladeó la cabeza hacia la ventana para mirar para afuera

- ¡POTTER! ¡Explícame! – exigió Malfoy

- ¿El qué? – contestó el moreno sin dejar de mirar por la ventana

- ¡No te hagas el idiota! ¡¿dónde escuchaste que yo haya dicho eso?!

- Em… - balbuceó Harry sin saber qué mentira inventar para no descubrirse - … un día.

- ¡Potter!

- ¡Está bien! Me metí en el cuatro de Snape un día que fuiste a hablar con él y lo escuché todo, ¿de acuerdo? – confesó el ojiverde, cruzándose de brazos

- Pero… ¿cómo? Te habríamos visto

- Tengo una capa de invisibilidad – enseguida que lo dijo abrió grande los ojos dándose cuenta de su error

- ¿A sí? – dijo el rubio sorprendido por la declaración – entonces… escuchaste todo…

- Sí, también la historia de Snape… - dijo Harry serio, y al segundo siguiente estalló en una risa histérica

- ¿De qué te ríes, imbécil? – le criticó Malfoy

- Jajaja es que jaja que jajaja ¡Snape embarazado! JAJAJA

- ¡¿De qué te burlas, idiota?! ¡No conoces a mi padrino! No te rías de él– gritó más enfadado el Slytherin

- No! Jajaja… no me río de él… - dijo poniéndose serio - Bueno, un poco, es solo qué es tan… gracioso ¡imagínatelo! JAJAJAJAJA

- ¡Potter! ¡No seas infantil!... ¡Y ya deja de reírte!

Harry a duras penas contuvo sus carcajadas. Pero no paró de reírse porque el rubio se lo casi ordenara, sino porque supo que se estaba pasando, estaba siendo algo cruel con el pobre Snape

- De acuerdo – comenzó Harry, cuando estuvo seguro que había controlado la risa – Y volviendo al tema: Yo ya sé lo 'mucho' que te importo – dijo poniéndose serio, con algo de sarcasmo – Así que ya no insistas. Ya te lo dije, no pretendo ser el juguete de nadie, así que deja de molestar con el tema, ya fue.

Draco no dijo nada. No tenia nada con que refutar las acusaciones del moreno. Si él ya había escuchado todo, sabía la verdad… aunque… ¿era la verdadera verdad?

Ambos chicos permanecieron en silencio hasta que llegaron al lugar en el que habían aparecido. Al momento de trasladarse, Harry apenas se abrazó al cuerpo del rubio, fue un abrazo tan frío y sin sentimiento que Draco se sintió mal. Llegaron a Hogsmeade y Harry se fue presuroso hacia el castillo, sin esperar a Malfoy, y sin despedirse.

El rubio maldijo todo lo que pudo. Su intento de seducción se había ido al carajo, su coartada descubierta.

...

Draco Malfoy llegó a su cuarto dando un fuerte portazo, pensando que estaba solo. Se abalanzó sobre su buró, abrió el cajoncito con furia, sacó su cajetilla de cigarros mentolados, prendió uno y aspiró con fuerza. Se calmó un poquito luego de dos pitadas, se sentó en su cama y se lamentó su mala suerte.

Así lo encontró Blaise cuando salió del baño: sentado en el borde de su cama, cabizbajo, con los codos apoyados en sus rodillas, las piernas semiabiertas y rumiando su propia furia

- ¿Qué pasó ahora? – quiso saber el castaño, sentándose al lado de su amigo

Draco le contó todo lo que había pasado, intercalando el relato con pequeñas explosiones de furia, cigarrillos, grititos histéricos, lamentos, cigarrillos, insultos y más cigarrillos. Cuando terminó de relatarle todo, la cajetilla estaba vacía

- Estás hueco completamente Draco – le dijo Blaise cuando había terminado de contarle todo - ¿lo dejaste ir? ¿así sin más?

- ¿Y qué querías que hiciera? El imbécil escuchó todo, y tiene razón, solo lo quiero para metérsela… está tan bueno el jodido Potter…

- ¿Es deseo lo único que sientes por él? ¿estás seguro? – insistió Zabini, dolido por el autosufrimiento que se estaba infringiendo su dragón al no querer aceptar lo evidente

- Sí. Blaise… si tan solo pudieras ponerte en mi lugar cuando estoy frente a él, sentirías lo que siento yo. Deseo, ansias, un calor interior irrefrenable, me dan ganas de cojérmelo ahí donde me lo encuentro… y si supieras cómo besa…

- Draco, tu tienes un serio problema mental… - sentenció Blaise sorprendido

Nunca había escuchado hablar así al rubio respecto a nadie, con tanta pasión. Si antes él tenía dudas de los sentimientos del rubio hacia Potter, ahora estaba segurísimo de sus sospechas. Draco estaba verdaderamente enganchado al Gryffindor, aunque no tuviera la cabeza suficiente para reconocerlo, y si no hacía algo pronto, se arrepentiría luego. Y él no podía permitir eso, tendría que ayudar a su Dragón, aunque luego el rubio se enojara por recibir ayuda sin pedirla.

- ¿Y tu Blaise? – indagó el rubio luego de un rato de silencio - ¿no tienes a nadie en la mira? Hace tiempo que no me cuentas de nadie

- No he encontrado a nadie interesante… ¿sabes?, creo que a éste paso me volveré sacerdote – Draco rió - ¡En serio! La desilusión que me llevé con Rebecca fue demasiado grande… además, son pocas las personas en éste mundo que desean realmente más de doce hijos… - Draco rió aún más, y la risa se le contagió a Blaise

- Estoy seguro de una cosa Blaise, cuando menos te lo esperes, encontrarás a la persona que buscas, ¡Te lo digo yo! ¡que soy un genio en éstas cuestiones! – dijo con evidente ironía, y una sonrisa sarcástica en los labios - ¡Mírame! Tengo erecciones impresionantes cada vez que pienso en el chico que durante seis años fue mi enemigo jurado, que en éstos momentos no quiere ni verme y por si fuera poco, está esperando a mi primer hijo

- No es por nada Draco, pero decididamente tu vida se fue al carajo – estableció el castaño con una sonrisita triste

- Lo sé… solo espero que no empeore… - dijo el chico rubio, y luego resolvió – Subamos a las cocinas y pidamos un poco de cerveza de mantequilla ¿quieres? Para empezar

- Me parece perfecto. Creo que aún me quedan algunas botellas de Brandy en mi baúl. Busquemos a Vin y a Greg, que me pareció oírles decir que ellos traerían algo de Whisky de fuego del pueblo. ¡Esta noche habrá fiesta en el cuarto de séptimo de Slytherin!

...

El Círculo de Slytherin se había agarrado tal borrachera que no pudieron levantarse hasta el domingo de noche. Se habían bebido seis litros de cerveza de mantequilla, para empezar. Luego vaciaron las cuatro botellas de Brandy que Blaise guardaba en su baúl, y de los cinco litros de Whisky de fuego que Crabbe y Goyle habían traído del pueblo, dejaron intacto uno. Su resaca fue tal, que allí donde cayeron, se quedaron todo el día domingo, levantándose solo para ir al baño a orinar o a vomitar.

Recién pudieron incorporarse al anochecer del domingo, cuando ya no les dolía tanto la cabeza, y a duras penas pudieron llegar al Gran Comedor para la hora de la cena.

Harry estaba sentado al lado de Hermione en la mesa de Gryffindor. Miraba a cada rato para la mesa de Slytherin, y luego hacia las puertas del Gran Comedor, pero nada.

No había visto a Malfoy en todo el día, y eso le tenía preocupado. No que le interesara lo que hacía el rubio, para nada… solo que le parecía extraño que no se apareciera en todo el día.

Giró su cabeza raudamente hacia las puertas del Comedor cuando sintió cómo éstas se abrían. Por ellas pasaron los cuatro Slytherins faltantes en la mesa de las serpientes. Se veían demarcados, pálidos, con ojeras y algo desganados. Se sentaron en su mesa y apenas comieron algunos bocadillos.

Harry se extrañó de eso, especialmente de que dos barriles sin fondo como Crabbe y Goyle no quisieran comer, pero decidiendo que se estaba preocupando de más, intentó distraerse y tratar de poner atención a la conversación que Ginny y Hermione estaban teniendo sobre lo lindo que se veía el profesor Lupin con su pancita de casi seis meses.

...

Dos días después de la borrachera del siglo, Draco estaba como nuevo. En esos momentos estaba haciendo la tarea con Harry en la biblioteca.

Bueno, en realidad Harry estudiaba, porque Draco en particular no podía apartar la vista del moreno.

- Malfoy… las características del planeta Neptuno no están en mi rostro, te lo aseguro… - le dijo el ojiverde sin apartar la vista de su pergamino

- No, pero tu cara es mucho más interesante y más bonita que Neptuno – respondió el rubio contemplándolo

- Déjate de bobear y trabaja, hazme el favor – le rezongó el moreno hastiado

Draco como respuesta cerró el libro que no había leído, guardó sus plumas y tintero que no había usado, enrolló los pergaminos en blanco, guardó todo en su mochila y se cruzó de brazos sobre la mesa mirando fijamente a Harry a los ojos. Éste, cansado del comportamiento del rubio, dejó de escribir sobre su pergamino y fijando la vista en las orbes plateadas, le dijo con voz aparentemente calmada

- Draco, si no te pones a trabajar ahora, te hecho un maleficio

Y para recalcar sus palabras, sacó su varita y apuntó al rubio con disimulo, para que nadie los viera.

Draco miraba intermitentemente la punta de la varita de Harry y a los ojos de éste, no estando muy seguro de cómo tomarse la amenaza. Finalmente decidió que el moreno no era tan radical como para embrujarlo realmente solo por una pequeñez como esa, así que poniendo su sonrisa más pícara, preguntó:

- ¿Qué clase de maleficio?

- Uno que te haga reventar las pelotas si sigues fastidiando con lo mismo, Draco

Ante esa contestación el rubio no tuvo otra opción más que reír a carcajada limpia, ya que la seriedad con la que el Gryffindor había dicho la oración le parecía infinitamente cómica.

La risa se le contagió a Harry, cuando se dio cuenta de lo ridículo que estaba siendo. Que el rubio pensara lo que quisiera, al fin de cuentas, mientras no intentara nada, sus pensamientos serían solo eso, pensamientos. Guardó su varita cuando Madame Pince se les acercó para callarlos, y cuando la señora se hubo ido, le dijo al rubio:

- Dime una cosa, ¿qué les pasó el domingo a ti y a tus amigos? No los vi en todo el día

- ¿Te preocupas por mi Potter? – canturreó el rubio sonriendo con suficiencia

- No, idiota…. Al final no sé ni para qué me molesto en preguntar

- Para que te quedes más tranquilo y veas que soy completamente honesto contigo – 'casi' pensó Draco para sus adentros – el sábado por la noche tomamos algunas botellas de más con los chicos y al otro día nos dolía hasta el alma, ¿contento?

- ¡Pues no! Grandísimo imbécil, ¿qué clase de ejemplo crees que estás dando? – graznó Harry, lo suficientemente bajo como para que la bibliotecaria no lo oyera

Draco frunció el ceño ante la acusación del moreno, ya que no la había entendido, pero al ver cómo Harry llevaba ambas manos a su vientre, entendió todo

- Potter… el bebé aún no nace… y además, yo estaba bastante lejos de él como para que me viera, digamos que a medio castillo de distancia…

- ¡¿Y eso qué importa?! ¡Te está oyendo ahora! Los bebés oyen todo lo que hay en el exterior, lo leí en el libro – dijo Harry con actitud infantil, y expresión enfurruñada, que casi hizo reír al rubio de nuevo

- Potter… ¿qué quieres que haga? ¿Qué me disculpe con un ser que no puede verme y aún no tiene orejas para escucharme? Si te sirve de consuelo, la próxima vez que me emborrache, no te lo contaré, así no lo escuchará el niño – dijo el rubio algo mosqueado con la actitud del Gryffindor, acomodando su mochila para irse

- ¿A dónde vas? Aún no hemos terminado las tareas – sentenció el ojiverde algo alterado por el inminente abandono del rubio

- Me quedaré si prometes no ser tan esquivo – intentó chantajearlo

- No seré tan esquivo si prometes no intentar nada conmigo – insistió Harry

- ¡Y ahí estamos otra vez! – gritó el rubio con hastío

- ¡¿ Y qué más quieres?! ¿es que acaso no sabes pensar en otra cosa? Olvídate de que alguna vez hicimos algo, y cuanto menos lo rememores, menos querrás repetirlo, y así me dejarás en paz

Era una suerte que para esas horas la biblioteca estuviera ya vacía, sino todos estarían escuchando al conversación (discusión más bien) que estaban teniendo los dos chicos.

- Eres imposible… - susurró Draco con algo muy parecido al enojo, pero igual volvió a ocupar su lugar en el asiento de la mesa – vamos a terminar éste trabajo de una vez por todas

Unas oraciones más a gritos y Draco estallaba, seguro que explotaba. Y eso no le hacía nada bien a su plan de reconquista. Así que se obligó a sí mismo a serenarse, y tratar de entender que Potter estaba así de insoportable debido al desnivel de hormonas. Sacó sus útiles de nuevo de su mochila y se puso a hacer su parte del trabajo, procurando mirar al moreno lo menos posible, o seguro que las ganas de discutir le afloraban de nuevo. Todavía le quedaba algo del viejo impulso mecánico de insultar al Gryffindor cada vez que lo veía.

Harry supo apreciar el esfuerzo del rubio para tratar de calmar las cosas. Sabía que se estaba comportando de una manera muy infantil y fastidiosa, pero no lo podía evitar. Sonrió para sus adentros, sin tener una explicación realmente convincente para la sonrisa, y procedió a terminar la redacción para astronomía.

...

Hermione y Ron estaban sentados en una de las mesas de su sala común cerca de una de las ventanas, haciendo deberes. Ron insultaba por lo bajo a Parkinson por dejarle todo el trabajo pesado a él, y Hermione, divertida, de vez en cuando aportaba algún improperio nuevo, cuando al pelirrojo se le acababa el repertorio.

Milagrosamente cada día se estaban llevando mejor, después de su ruptura. Ya no peleaban y discutían tanto como antes, incluso se podría decir que eran aún mejores amigos, aunque Ron seguía un poco deprimido. La chica había superado el asunto con facilidad, y era ella misma la que de vez en cuando trataba de animar al pelirrojo, cuando éste se deprimía.

Enfrascados en sus pergaminos los encontró Ginny, cuando entró por el orificio del retrato de la Dama Gorda hacia la sala común. La pelirroja menor se acercó a los dos chicos con evidente nerviosismo, y retorciendo una de las mangas de su túnica, se paró al lado de la castaña y habló:

- Mhm… He… Hermione… ¿podríamos hablar?

Hermione levantó su cabeza hacia la voz que la llamaba y se encontró con una Ginny de cabeza gacha, y evidentemente nerviosa

- ¿Sí? Dime

- A… a solas… - pidió la menor de los Weasley

- Ya vengo Ron – se disculpó ella con su amigo, y junto a la otra pelirroja, se fueron a un rinconcito de la sala apartado de oídos ajenos - ¿qué sucede Ginny?

- Verás Herm… es que yo… mm… me preguntaba si… - la chica estaba muy nerviosa, retorcía la manga de su túnica y no se animaba a levantar la vista

- ¿Sí? – animó la castaña

- Yo quería pedirte que fueras conmigo a Hogsmeade el próximo sábado – susurró Ginny con mucha pena, y a pesar de que estaba cabizbaja, Hermione pudo ver cómo sus mejillas se enrojecían

- Pero Ginny… yo voy siempre contigo al pueblo

- No has entendido… quiero que vayas conmigo… como una cita… - dijo sin levantar la cabeza y enrojeció aún más

- Oh… - dijo Hermione simplemente, y Ginny temió lo peor

Desde hacía un tiempo que venía mirando a Hermione con otros ojos, y cuando quiso acordar, se encontraba añorando una mirada amorosa de parte de la castaña, un beso y tal vez algo más. Pero no podía decir nada, tenía que acallar los sentimientos que en ella estaban aflorando, que aunque no era amor, era algo parecido, no podía interponerse entre al chica y su hermano, y cuando éstos rompieron, se armó de valor para actuar. Preparándose a sí misma para un rotundo no, levantó la vista, y se encontró con… el rostro sonriendo luminosamente de la chica castaña

- Me encantaría Ginny…. – le susurró sonriendo y con suavidad llevó uno de los mechones pelirrojos para atrás de la oreja de la sonrojada Weasley

- Gracias Herm… - fue lo único que Ginny pudo articular, sumida en una profunda emoción

La castaña sonrió de nuevo, y con un último susurro que decía 'hablamos luego', se despidió de la pelirroja y fue a reunirse con su amigo, que continuaba maldiciendo a la rubia Slytherin.

Neville, sentado en uno de los sillones cerca de la chimenea de la sala común y con su sapo Trevor en la mano, había escuchado y visto el intercambio de palabras entre Hermione y Ginny con algo de tristeza… al parecer alguien se le había adelantado…. Lástima…

...

La mañana del siguiente jueves, Harry se encontraba sentado en su cama, pensativo, no solía levantarse tan temprano. Hacía como unos cinco minutos que se había despertado, se había sentado en su cama y así se había quedado desde entonces. Sus otros cuatro compañeros de habitación aún dormían, y mientras él se desperezaba, oyó unos urgentes piquetes en la ventana. Fue a abrirla y por ella entró una lechuza parda la que reconoció como una de las del colegio. El ave se posó en su cama y extendió la patita, que traían un paquete pequeño y un pergamino amarrados. Extrañado y preguntándose en su adormilado cerebro quién podría enviarle correo a esas horas tan tempranas, el moreno se acercó a la lechuza y desató el paquete y el pergamino de su pata, y mientras le daba a la lechuza unos pedacitos de pan dulce que guardaba en su cajón para cuando le daba hambre (que era bastante a menudo) procedió a leer la misiva. En ella decía:

'Ésta vez sí soy yo quien te lo envía, espero que te guste.

Draco Malfoy'

Ésta vez Harry pudo reconocer la letra del rubio, una caligrafía limpia y estilizada, muy prolija. Con curiosidad creciente desenvolvió el paquetito, y en él encontró una cajita forrada en terciopelo rojo. La abrió y sacó de ella un reloj pulsera de oro, hermosamente labrado y con incrustaciones de diminutas esmeraldas. A Harry lo envolvió una emoción extraña, nunca antes en sus 17 años de vida nadie le había dado un regalo como aquel. Ni siquiera recibir la capa de invisibilidad o la saeta de fuego, o los suéteres de Molly le había producido tal sentimiento, el que en esos momentos llenaba su pecho y era difícil de describir. El reloj era bellísimo, y se notaba que era muy caro, pero…

- "Malfoy es un completo idiota si cree que me va a comprar con regalos como éstos…" - se dijo a sí mismo – " Y es también un iluso si cree que lo voy a usar…"

Pero como la curiosidad mató al gato, al león en éste caso, se puso el reloj en la muñeca, solo para ver cómo le quedaba. Y se sorprendió a sí mismo alegrándose de lo bonito que le sentaba el reloj a su mano.

- "No… No puedo ceder…" – se auto-reprochaba, mientras miraba al reloj que marcaba las seis y media de la mañana – "Tengo que sacármelo de la cabeza, es un idiota…. Pero es un idiota que besa como los dioses…" – recordó – "Él parece un dios, y yo su idiota seguidor cada vez que me toca, siento que no hay nada mejor que él cuando me acaricia… "

Inmediatamente después de que terminó de formular el pensamiento, de que rememoró cómo se sentían los dedos y los labios del rubio sobre su piel, sintió ese conocido tirón detrás del ombligo, se vio envuelto en el torbellino de sonido y colores y aterrizó en una cama mullida con dosel de cortinas verdes.

Sin entender nada Harry corrió las cortinas y se encontró con una habitación que no era la suya. Estaba decorada mayormente en verde y plata y era bastante espaciosa… y ahora que recordaba, le era bastante familiar…

Una puerta se abrió revelando la figura de Draco Malfoy vestido con una bata verde de lo que parecía ser seda de primerísima calidad. Harry abrió sus ojos a toda su capacidad al ver salir al rubio del baño tan campante como si él llevara en esa habitación con el Slytherin toda la noche

- Hola Harry, veo que te pusiste el reloj, ¿te gustó? – le preguntó Malfoy con toda calma, mientras revolvía en un armario en busca de algo de ropa para ponerse

- Malfoy… - dijo Harry un poco turbado, aún sentado en la cama - ¿qué significa esto?

- Ah!, olvidé decírtelo: el reloj funciona como un traslador. Cuando te lo pones y piensas en mi de la forma…. Jejeje en que seguramente lo hiciste – dijo el rubio con una sonrisa picara recalcando las últimas palabras – el traslador se activa llevándote hasta mi, brillante ¿no?

- Tu… - susurró Harry con ira reprimida, mirándolo furioso con los ojos entrecerrados y estrujando las sabanas revueltas de la cama entre sus manos - ¡MALDITA SERPIENTE RASTRERA! – estalló al fin, saltando de la cama

Cuando estuvo en medio de la habitación pudo reconocerla como la habitación de prefecto del Slytherin, en la que ya había estado en una oportunidad. A grandes zancadas cruzó el cuarto hasta la puerta e intentó abrirla para largarse de ahí, para irse lejos de ese rubio condenado que se veía jodidamente sexy con esa estúpida batita elegante, y se desesperó al ver que la puerta no abría y él no tenía su varita consigo

- Potty, la puerta está sellada… - anunció el ojigris mirándolo con intensidad

- ¿Qué quieres Malfoy? – le ladró el moreno furioso, mirando a cualquier otro lado que no fuera al Slytherin

- Primero que nada, que me mires, es descortesía no mirar al interlocutor en una conversación, y segundo, quiero que hablemos.

De puro coraje Harry miró hacia donde estaba la voz de Malfoy, y lo encontró acostado en su cama, boca arriba y apoyado en sus codos de tal modo que la bata se abría en su pecho revelando sus pectorales levemente marcados y lampiños

- ¿De qué quieres hablar? - Le dijo cortante – "¿Por qué me hace esto?... se ve tan arrebatador… tan… ¡NO! No puedo ceder, no puedo caer de nuevo…" – pensaba para sí mientras lo contemplaba, y sentía cómo su excitación crecía. Tenías las mejillas ardiendo gracias a sus pensamientos y a la forma en que el rubio estaba sobre su cama. Al sentir la ardiente mirada de Malfoy sobre él, le gritó alterado - ¡Yo no quiero hablar contigo ahora! ¡abre la puerta!

- Harry, tenemos que hablar…

- ¡Me importa un bledo si tenemos o no que hablar! ¡me quiero ir! ¡ABRE LA PUERTA!

La forma en que el moreno gritaba hizo que Malfoy se pusiera nervioso; se incorporó de su cama y trató de acercarse a Harry, pero éste retrocedió y continuó gritando, ahora más exageradamente que antes

- ¡ÁBRELA! ¡ABRE LA PUERTA, AHORA!

- ¡Potter, cálmate! – intentó Draco, preguntándose por qué demonios el ojiverde estaba tan alterado

- ¡No me calmo nada! ¡ÁBRELA!

- BUENO, ¡ESTÁ BIEN!, Pero ya deja de gritar

Harry se asustó con el grito de Malfoy y se calló. Estaba con la respiración acelerada y muy alterado, quería irse lo más pronto posible de ahí, no soportaba la imagen de Malfoy sin nada más que la bata esa del demonio que parecía decirle 'Ven y quítamela'

- ¿Qué te pasa Potter? ¿por qué te alteras tanto? Solo quiero hablar contigo – le dijo el rubio, cuando vio que el moreno se había tranquilizado un poco

- No quiero hablar, abre la puerta… - le contestó Harry con algo más de calma, dándole la espalda para evitar mirarlo

- Potter… - escuchó Harry la voz queda de Malfoy a sus espaldas y sintió la mano del rubio sobre su hombro

- ¡No me toques! – le gritó quitándose la mano del hombro con una fuerte sacudida, y ese rechazo le dolió a Draco mucho más que un Cruciatus – y abre la puerta de una vez

- ¿Por qué no quieres hablar conmigo?

- Porque no quiero hablar sobre nada que implique un nosotros, nada sobre tu y yo… - respondió bajando la voz y esas palabras le dolieron mucho más al ojigris

- Está bien… hablemos del bebé entonces… ¿o vas a negarme el saber sobre mi hijo también?

- No… eso no te lo negaré… - le susurró, pero en el silencio de la habitación se escuchó perfectamente

Harry se dio la vuelta despacio para encarar al rubio, se miraron a los ojos unos segundos y Harry, no soportando más el brillante color plata azulado de las orbes del rubio, desvió la mirada y yendo a sentarse al borde de la cama adoselada, peguntó:

- ¿Y bien? ¿qué quieres.. - empezó a decir pero se vio cortado cuando Draco se acercó a él, tomó su mano y tiró de ella hasta hacerlo pararse de la cama.

Harry se sorprendió mucho cuando, sin decir nada, Malfoy lo envolvió en un abrazo estrecho. Pasaban los segundos y el moreno era incapaz de reaccionar, aunque notó que el abrazo no iba más lejos que eso, un simple abrazo. Así se animó a corresponderlo, ya que él necesitaba terriblemente sentir los brazos de alguien a su alrededor, muestras de cariño y apoyo, y no supo por qué, pero sintió que podía confiar en ese abrazo. Así que pasó sus brazos en torno a los hombros del rubio, apoyó su cabeza en uno de sus hombros, y se quedaron así un buen tato, hasta que muy lentamente Malfoy fue deshaciendo el contacto entre ambos.

- ¿Qué fue eso? – preguntó Harry en voz baja, refiriéndose obviamente al abrazo

- Necesitaba hacerlo – respondió el rubio simplemente. Con incredulidad Harry vio cómo el Slytherin iba hasta la puerta y la desencantaba para luego abrirla – Vete ya. Quiero que subas al Gran Comedor y desayunes bien, te veré luego en clases – recitó Draco, mirando al suelo con la mano aún en el picaporte

- Draco…, ¿qué… - balbuceó Harry sin llegar a comprender la actitud de Malfoy

- Vete antes de que me arrepienta – le apremió

Sin entender nada, el moreno de apresuró a irse, no fuera que el rubio se arrepintiera en serio y ya no lo dejase salir. Con la sorpresa su turbación al ver al Slytherin tan sexy se había esfumado, y ahora la única sensación que le quedaba era la de desconcierto. No comprendía qué cosa había llevado al ojigris a actuar como lo había hecho, pero una cosa era segura, en cierta medida se alegraba de no tener que estar más en presencia de ese rubio descerebrado que se veía condenadamente sensual con esa estúpida cosa de seda verde…

Harry caminó por los pasillos hasta salir de las mazmorras, teniendo especial cuidado en que nadie lo viera. Tuvo la suerte de llegar a su cuarto en la torre de Gryffindor justo cuando los demás recién estaban despertando, así que su ausencia pasó perfectamente desapercibida. Se quitó el reloj con disimulo y lo guardó junto con el pergamino de Malfoy en el cajón de su buró. Buscó su uniforme con mil pensamientos rondándole por la cabeza y se metió al baño para darse una ducha.

...

Draco, aún en su cuarto y con la mano en el picaporte, se sentía extraño. No acababa de comprender lo que había hecho ni por qué lo había hecho.

Se vistió rápido y fue hasta el cuarto de los chicos de séptimo donde Blaise recién despertaban y Crabbe y Goyle aún roncaban aparatosamente.

- Blaise ¿por qué siempre termino cagándolo todo? – fue lo primero que Draco dijo cuando cruzó la puerta, y se sentó en el borde de la cama de Zabini que estaba más dormido que despierto

- ¿Qué?... Draco ¿de qué hablas?

- Lo del reloj traslador no funcionó… - anunció el rubio con cierto desánimo

- ¿No? ¿por qué? – indagó el castaño, incorporándose en su cama hasta quedar sentado

- Potter llegó a mi cuarto, y yo me puse en plan de seducción. Le dije que quería hablar con él y todo se me fue de las manos, así de simple. Él empezó a gritarme que le abriera la puerta, que quería irse. No se calmaba con nada. Intenté tranquilizarlo, decirle que en verdad solo quería hablar, pero estaba histérico, y a cada palabra que yo decía se inquietaba más. Así que se me ocurrió decirle que habláramos del bebé, y ahí se calmó. Fue muy raro Blaise, me desesperé cuando vi que no podía hacer nada para que se calmara, dentro de mi sentí… la necesidad exagerada de hacerlo sentir cómodo y bien, no soporté el que estuviera tan alterado, y me puso de los nervios el darme cuanta de que al parecer era yo lo que lo alteraba al punto de no dejar que me le acercara ni que lo tocara. Y… cuando se calmó, sentí un alivio que aún no me explico. Y quería, necesitaba que se calmara del todo, así que hice lo único que se me ocurrió: fui y lo abracé… y él me correspondió el abrazo. Luego le abrí la puerta y le dije que se fuera. Te juro Blaise que todavía no entiendo por qué lo hice, yo… solo quería que él estuviera bien, y como era yo lo que lo incomodaba, le di lo que quería, le dejé irse, a pesar de que tenía unas ganas impresionantes de tirarlo en mi cama y darle una buena cojida, mi necesidad de que estuviera a gusto era más grande que mi deseo por él... ¿qué me pasa Blaise? – se lamentó el rubio agarrándose la cabeza y tirándose de las raíces de sus cabellos platinados – Nunca antes me había pasado esto…

- Claro que no, nunca antes te habías enamorado Draco… - le contestó el castaño con voz extraña mientras se levantaba de su cama y se calzaba sus pantuflas

- ¡No estoy Enamorado! – le gritó Draco con fastidio y el ceño fruncido

- Como digas – concedió Blaise como quien le da la razón a un loco para contentarlo, mientras iba hacia el baño a asearse

...

Durante las clases de ese día, Harry intentó por todos los medios posibles no mirar a su rubio compañero a la cara y hablarle solo lo estrictamente necesario. Aún no comprendía el suceso de esa mañana, pero tampoco quería preguntárselo a Malfoy. Y tampoco quiso contarle a Hermione sobre el reloj traslador, quiso guardarse eso en secreto. En esos momentos estaban en la segunda hora de transformaciones, y Harry creía que explotaría del sonrojo si Malfoy seguía mirándolo con la intensidad con la que llevaba haciéndolo toda la mañana.

Con todo el disimulo del que fue capaz, escribió en un pedacito de pergamino:

"Deja de mirarme, por favor" y se lo deslizó al rubio por debajo de la mesa mientras McGonagall escribía algo en el pizarrón.

Draco leyó el papelito, escribió algo en él y con cuidado se lo dio a Harry de regreso; le había contestado: "no puedo dejar de mirarte, no me canso de hacerlo"

Harry no sabía si golpear a Malfoy o reírse, se sentía dividido entre las ganas de propinarle una buna paliza por ser tan imbécil o sentirse halagado por sus comentarios, después de todo, nadie nunca lo había piropeado como lo hacía el rubio. Volvió a deslizarle el pergamino que ahora decía:

"No me mires más, y pon atención a la clase, yo no te pasaré mis apuntes".

"Oh, sí lo harás, o yo no te ayudaré con el ensayo individual para pociones" le contestó el Slytherin en el mismo pergamino.

"Eso es chantaje".

"Tómalo como quieras. Por cierto ¿estás mejor?"

Harry tardó en contestar, ya que no sabía qué decirle. Lo de esa mañana había sido muy extraño, pero increíblemente, no estaba todo lo enojado con el ojigris que podría estar, así que al final decidió responderle:

"Sí, estoy bien. Aunque sigo muy molesto contigo, traidor".

"Tienes que admitir que lo del traslador fue una buena idea".

"Me hubiera parecido una buena idea si me hubieras consultado primero, sucio tramposo".

"¿Olvidas que hablas con un Slytherin?".

"No, por eso de ahora en adelante me andaré con cuidado, quién sabe qué otra clase de trampas me tienes preparadas".

"Me haces sonar como un depredador…"

"¿Acaso no lo son las serpientes?".

"Bueno… un poco. Pero éste depredador no planea matarte precisamente… comerte tal vez".

El moreno comenzaba a fastidiarse: "Draco, ten cuidado. Íbamos bien, no la cagues" le advirtió al rubio en un trozo de pergamino nuevo, ya que el que estaban usando se había quedado sin espacio para escribir.

"Potter, ¿por qué eres tan difícil?".

"Y tu, ¿por qué eres tan insistente?".

"Porque si puedo alcanzar otra oportunidad de tenerte entre mis brazos, vale la pena ser insistente hasta el cansancio".

"¿Adivina qué? Ya me cansaste, fin de la conversación".

Harry envió ese último mensaje y se cruzó de brazos enfurruñado a escuchar el discurso de la profesora McGonagall. Draco le mandó otro papelito pero el ojiverde lo arrugó y lo rompió sin leerlo, e inmediatamente después escuchó el susurro irritado del rubio que decía

- ¡Qué carácter!

Unos minutos después sonó la campana anunciando el final de la clase y Harry corrió hacia donde estaba Hermione, con quien se fue raudamente hacia el exterior del castillo, a los invernaderos para su clase de Herbología.

- Es odioso cuando se hace el difícil – le dijo el rubio a Blaise cuando llegó junto a él, y ambos fueron hacia los invernaderos. Blaise eligió no hacer ningún comentario, con el humor que Draco se cargaba en esos momentos capas que él terminaba con el ojo morado si decía algo, y era demasiado vanidoso como para arriesgarse.

...

En la clase de Herbología, la Profesora Sprout los puso a trabajar en equipos de a cuatro, y por esas cosas del azar terminaron Harry, Draco, Blaise y Hermione en una misma maceta, podando una planta con florcitas rojas que tenían la molesta tendencia a morderles los dedos.

Harry se sorprendió de lo normal que se llevaba su amiga con Zabini; si se tenía en cuanta que uno era Slytherin y la otra Gryffindor, pero supuso que no podía sorprenderse demasiado si se detenía a pensar en el trato que él tenía (ó alguna vez había tenido) con su propio compañero de equipo de Slytherin. Y como si sus pensamientos lo hubieran llamado, oyó que el rubio le susurraba:

- Veo que te haz quitado el reloj

Harry tenía los puños arremangados, par ano mancharse con la tierra, dejando sus muñecas visibles

- Y no esperes que vuelva a ponérmelo. Cuando quieras te lo devuelvo, no me interesa un traslador que me lleve hasta ti

- Los regalos no se devuelven Potter. Además, lo mandé hacer especialmente para ti. ¿Notaste las esmeraldas incrustadas?, son del color de tus ojos

- Basta Malfoy, no conseguirás nada diciéndome esas cosas – le anunció Harry, mientras luchaba con una rama especialmente dificultosa, cargada de las diminutas flores rojas

- Estoy consiguiendo que te sonrojes – contestó el rubio burlón

Harry bufó, pero se enojó consigo mismo al notar que Malfoy tenía razón. Sus mejillas parecían dos enormes tomates. Draco iba a decirle algo más, pero la repentina visita de la Profesora Sprout a su maceta se lo impidió.

Cuando acabó la clase, y después de que todos se hubieran lavado la tierra de las manos, marcharon todos al Gran Comedor para almorzar.

Mientras comían Harry oyó lo que comentaban los otros. Seamus les contaba a Dean, Ginny, Lavender y Neville algo así:

- ¿Recuerdan cuando les comenté de los muggles dormidos que no podían despertar con nada? – asentimiento general – Pues resulta que ahora hay más gente en ese estado, algunos alumnos de otros colegios nacidos de muggles. Y los que ya estaban dormidos antes, ahora han empezado a moverse y quejarse, como si estuvieran teniendo pesadillas. Y todavía no dan con la manera de despertarlos, nada parece funcionar. Los sanadores muggles, que se llaman doctores, no sabes qué más hacer, y como este fenómeno tan raro ha afectado a unos pocos magos, hay medimagos que ya están haciendo investigaciones, pero están desconcertados.

Harry oía lo que decía su compañero irlandés sin prestarle verdadera atención. Estaba más preocupado por solucionar sus propios conflictos, que eran muchos. Tenía tal lío en la cabeza que francamente no sabía en qué cosa pensar primero y qué cosa dejar para reflexionarla después, y encima de todo estaba sintiéndose un poco mareado por el olor de los tomates que tenía su ensalada. Estaba sintiendo unas náuseas nada agradables, así que optó por retirarse del Comedor antes de que el olor lo hiciera vomitar allí mismo

- Hermione, me siento mal… y ya no tengo ganas de comer nada. Creo que iré a acostarme un rato, a ver si se me pasa. – le informó a su amiga

- ¿Quieres que te acompañe? – se ofreció ella

- No. Gracias, pero estaré bien – declinó el moreno. Francamente no le agradaba mucho el que su amiga estuviera todo el día encima de él, por merlín que estaba embarazado, no enfermo. Aún así, agradecía todo cuanto Hermione hacía por él

- ¿Estás seguro que estarás bien?

- Sí, es solo el olor de esos tomates, me enferma

- Bueno… - concedió al fin la castaña

- Escucha, si ves que a eso de las tres no he bajado, sube a despertarme ¿sí? Que tengo que reunirme con Malfoy en la biblioteca para estudiar

- Está bien

Harry le agradeció a la chica, y salió del Gran Comedor siendo plenamente consciente de un par de ojos gris azulados que lo perseguían desde que habían salido del invernadero.

...

En la tarde del día siguiente, Draco y Harry estaban de nuevo en la biblioteca haciendo tareas, para variar.

Pero para Harry había algo raro en todo el asunto…, en realidad era Draco el que estaba raro. El rubio estaba muy callado, sumido en sus deberes, ni siquiera le había hablado a Harry más que para decirle 'Hola', y eso en el fondo, muuuuy en el fondo, molestó a Harry. Bueno, molestar así como que no, más bien el moreno estaba extrañado de que el rubio no se le insinuara, no le dijera algo para incomodarlo, no mencionara para nada lo ocurrido el día anterior. Aún así Harry había apreciado que de vez en cuando el Slytherin no podía evitar quedarse mirándolo, pero reaccionaba pronto y volvía a sus cosas.

Y en realidad la única explicación que había era que Draco no quería hacer sentir mal a Harry. Todavía tenía muy presente el estado de total histeria en que el moreno había quedado después de lo del reloj traslador, y prefería dejar enfriar un poco las cosas, antes de atacar de nuevo. Porque una cosa era segura, de su intento de reconquista no iba a desistir nunca.

Aún así, francamente el moreno no se imaginaba qué cosa estaba tramando el ojigris con éste nuevo comportamiento para con él, y por eso iba a averiguarlo:

- ¿Draco? – llamó el Gryffindor

- ¿Qué? – respondió este, sin levantar la mirada de su cuaderno de apuntes

- ¿A qué estás esperando? – indagó el moreno frunciendo el ceño y cerrando el libro que estaba leyendo

- ¿Esperando? – Draco no entendía nada

- ¿Hoy no intentarás nada? – largó Harry al fin

Draco hizo un gestito de entendimiento con los ojos. Luego clavó su mirada en la de Harry y se lo quedó viendo largo rato, como evaluándolo. Al fin suspiró y cerrando su libro, se paró y dio la vuelta a la mesa hasta situarse al lado de Harry, que trataba de mantener cierta distancia entre los dos, y le dijo:

- Tu… ¿quieres que intente algo? – el rubio se esmeró en ponerle su mejor tono seductor a la pregunta, y para rematarla echó al moreno una mirada indecorosa

- ¡Claro que NO! – saltó Harry, parándose de su asiento y alejándose más de Draco, yendo hacia la punta de la larga mesa vacía

- Potter… - llamó el Slytherin, pero Harry no le contestó.

El moreno se quedó ensimismado, mirando ausente por la ventana con los brazos cruzados sobre su pecho. La actitud melancólica que Harry había adoptado no le agradó nada al rubio, ya que quería decir lágrimas inminentes, así que para tratar de prevenirlas, se acercó a el otro chico, y se quedó a su lado también mirando por la ventana el paisaje que ofrecía el patio del colegio con el bosque prohibido de fondo

- ¿Sabes? Hoy es el cumpleaños de mi madre… estaría cumpliendo treinta y ocho años… - informó el ojiverde con voz queda y sin despegar la mirada de la ventana.

Tenía la vista desenfocada, lo que hizo suponer al rubio que no estaba mirando nada en el patio en realidad, sino que más bien estaba perdido en sus pensamientos. Draco también pudo notar cómo el moreno contenía la respiración, probablemente para intentar contener el llanto que amenazaba con estallar en cualquier momento. No sabía qué hacer, se debatía entre aplicar un poco de 'Encanto Malfoy' para hacer a Potter olvidar el asunto (aunque no quería arriesgarse), ó hacer algún comentario respecto al tema… pero no se le ocurría ninguno. De todas formas, Harry se le adelantó al decirle:

- Draco ¿te puedo pedir un favor?

- ¿Cuál?

- ¿Podrías abrazarme? Pero solo un abrazo, no intentes nada más – le pidió con voz quebradiza y los ojos anegados en lágrimas

Draco no se hizo de rogar y envolvió al moreno en un abrazo estrecho enroscando sus brazos a la cintura del Gryffindor, el cual le echó los brazos al cuello y escondió su cara en él. Suaves sollozos comenzaron a sacudir a Harry y pronto el rubio sintió cómo algo cálido mojaba su cuello. Potter estaba llorando, y el Slytherin descubrió que no podía soportarlo. Aventuró algunas caricias perdidas sobre la espalda del moreno cuyo llanto se intensificó, pero solo por unos instantes, luego se hizo más leve hasta convertirse en apenas sollozos silenciosos.

Después de un rato de permanecer firmemente agarrados el uno del otro, Harry deshizo el abrazo con suavidad y se enjuagó las lágrimas con los puños de su suéter, y a Draco le pareció la imagen más tierna, pero enseguida apartó esos pensamientos tontos de su cabeza.

- Lo siento, snif… yo solo… lo necesitaba – se excusó el moreno

Draco se mordía el labio inferior en un esfuerzo descomunal para no decir nada. Potter se veía tan malditamente arrebatador con los ojos vidriosos y las mejillas encendidas… pero no podía intentar nada, ó mandaría al diablo el poco acercamiento que había logrado con el Gryffindor.

Harry al parecer notó el tremendo esfuerzo que estaba haciendo el rubio para no abrir la boca y estropearlo todo, no supo cómo ni porque, pero de alguna manera lo leyó en sus ojos grises, que lo miraban con una mezcla de deseo y comprensión. El moreno le sonrió en agradecimiento y se acercó para darle un fugaz beso en la mejilla, que dejó a Draco algo descolocado y con ganas de más. El rubio iba a abrir la boca para decir algo pero Harry lo cortó:

- ¡Muchas gracias Draco! – le dijo mientras juntaba sus cosas, con una enorme sonrisa en los labios y algunas lágrimas todavía mojando sus mejillas

Harry se fue corriendo de la biblioteca después de decir las palabras '¡Te veo en la cena!' que quedaron flotando en el aire. El rubio reaccionó luego de unos minutos, al darse cuenta de que se había quedado como un idiota mirando hacia el lugar por el que Potter había desaparecido lejos de su vista

- "¿Qué mierda me pasa?" – se preguntaba a sí mismo, mientras recogía sus cosas

Salió de la biblioteca y con paso lento fue directo hacia Slytherin, haciendo caso omiso a todo aquel que le dirigiera la palabra. Llegó hasta su habitación, que estaba vacía, y se desplomó en su cama boca arriba

- ¿Por qué tiene que ser tan complicado? – se preguntó a sí mismo en voz baja

- ¿Qué cosa? – le contestó una voz femenina

Draco se incorporó sentándose en su cama alerta, al reconocer la voz de la chica.

Pansy apareció en su campo visual, varita en mano y apuntándolo amenazadoramente. La chica se subió a su cama y descaradamente se sentó a horcajadas sobre sus piernas, y mirándolo a los ojos puso la varita en la garganta del rubio, que estaba sorprendido, pero jamás se lo dejaría saber a la chica encima de él. Es más, la dejó hacer, ya que su propia varita estaba en su mochila, y ésta muy lejos del alcance de su mano. Incluso le permitió a la Slytherin abrazarse a su cuello y enredar sus manos en los cabellos rubios platinos de su nuca, tomando nota mental de que cuando pudiera tener su varita de nuevo, le haría pagar a Parkinson semejante descaro.

- ¿Qué quieres, Parkinson? – le preguntó rudamente, corriéndole la cara cuando ella intentó besarlo

- Primero que nada – dijo ella devolviéndole la misma rudeza al dar un fuerte tirón a los cabellos rubios entre sus dedos, haciendo que Draco tirara su cabeza hacia atrás – que me llames por mi nombre, me excita la forma en que dices 'Pansy' – mencionó con lujuria, dándole una lamida en su cuello que repugnó al rubio – Y segundo – dijo apartándose de súbito y clavándole dolorosamente la punta de su varita en el cuello – quiero que volvamos – exigió con voz dura y el ceño fruncido, para luego ablandar su expresión y decir – te extraño, ¿tu no a mi? ¿no extrañas las largas tardes que pasábamos tu y yo haciendo el amor? – le susurró al oído meciéndose sobre las caderas del rubio

En otras circunstancias tal vez esa caricia a Draco le hubiera provocado algo, pero en esos momentos el que Pansy refregara su pelvis sobre su miembro no le causaba nada de nada, y eso lo desconcertó. Un nuevo tirón en los cabellos de su nuca lo trajo nuevamente a la realidad, y sintió el dolor que le aseguraba que algunos pelos se habían desprendido de su cuero cabelludo por al rudeza de la chica. Clavó sus ojos fríamente en los de Parkinson, sintiendo repulsión por ella más que otra cosa

- ¿Qué te pasa Draco? ¿Por qué no me correspondes como antes?

- Porque no me provocas nada – le respondió con la voz fría y el tono seco que usaba cuando estaba muy molesto – eres tan solo una perra ilusa que lo único que sabe hacer bien es abrirse de piernas a cada nueva oportunidad y

¡Plaf!

Una fuerte cachetada hizo callar al rubio.

- ¡Ésta me la pagarás Draco Malfoy! – le gritó la chica aireada

Se levantó de encima del Príncipe de Slytherin y caminó furiosa hasta la puerta. Antes de abrirla se giró y le gritó

- ¡Nadie se burla de mi y sale sin un rasguño! Te lo juro Malfoy, me las pagarás todas juntas

Draco se encogió de hombros y volvió a tirarse sobre su cama, haciendo caso omiso a la amenaza de la rubia. Pansy lanzó un bufido de pura furia y se fue dando un fuerte portazo

- "Muy bien, precioso, no quisiste por las buenas, querrás por las malas" – pensaba pasa sí la chica mientras se iba contenta a su habitación, estrujando en sus manos lo que recién había conseguido.

Mientras tanto, Draco en su habitación, acostado boca arriba y con las manos en la nuca, pensaba:

- "¿Por qué?, ¿por qué una caricia tan directa sobre mi pene no me provocó nada?... si cuando estoy con Potter, el que solo me mire ya me enciende, ¿por qué con la perra ésta no sentí nada?... no lo entiendo… Ese Potter, ¿qué me hizo? ¿por qué no me lo puedo sacar de la cabeza? ¿ni de la piel?" – se preguntaba mientras acariciaba ausentemente la piel de su mejilla que antes había besado el moreno – "Esto está yendo demasiado lejos… pero… no he encontrado hasta ahora un placer más grande que el sentir su piel contra la mía, ¡es tan delicioso el besarlo!... ¡Maldito Gryffindor! Y maldita la hora en que se me ocurrió ponerle las manos encima…. (suspiro)… tengo que conseguir que me deje tocarlo otra vez… o me volveré loco si no lo hago mío de nuevo….. Embarazado o no ¡Ese Potter tiene que ser mío una vez más!" – la sola idea invadió a Draco de una extraña emoción.

Se incorporó en su cama y se levantó de ella con ímpetu renovado, tenía que lograr que Potter cediese, o se desquiciaría por completo.

...

Draco descubrió que Granger podía ser muy útil cuando quería. Con solo unas palabras amables, un poco de teatro y unas miraditas de preocupación había logrado que la Gryffindor le dijera dónde se encontraba en esos momentos el objeto de sus desvelos.

Caminó por todo el colegio, subió escalones hasta que le dolieron las piernas, y cuando llegó a la puerta de la sala abandonada de Astronomía, descubrió que estaba con un poquito de nervios. El rubio se obligó a sí mismo a serenarse, ya que si lo pensaba fríamente, no le encontraba sentido a ponerse nervioso a causa de Potter. Por lo general, él ponía nerviosa a la gente, no la gente a él.

De todas formas, se preguntaba por qué Harry había elegido la torre de astronomía para pensar, justo el lugar en el castillo más alejado de las mazmorras de todos. Entendía que Potter necesitara un lugar tranquilo, silencioso y lejos de todos para poder poner sus pensamientos en orden, ¡pero por el amor de Merlín! ¿tenía que ser ese lugar tan complicado de llegar con tantos pasadizos y escaleras de por medio? ¿A Potter no se le pudo haber ocurrido ir a pensar a un lugar más accesible?

Al fin se decidió por abrir la puerta, y lo que encontró le produjo un no se qué en el pecho difícil de explicar:

Las sillas y las mesas en desuso estaban todas apiladas a un costado del aula, y en el centro de ésta estaba Harry sentado de espaldas a él, mirando por la ventana el cielo tapado por nubes de lluvia. El clima parecía acompañar al estado de ánimo del Gryffindor, que estaba con las piernas flexionadas y las rodillas en el pecho. Con ambos brazos se abrazaba las piernas, y a Draco la imagen le pareció llena de melancolía y tristeza

- Hola… - dijo para anunciarse. Harry volvió un poco la cabeza para ver quien era, y después regresó su mirada a la ventana. Draco pudo apreciar que la rojez en los ojos de Harry hablaban de llanto - ¿me puedo sentar contigo? – le preguntó

- Sí – respondió Harry en voz baja

El moreno no pudo negarse, no cuando necesitaba tan desesperadamente la compañía de alguien.

Draco sorprendió al ojiverde cuando se sentó a sus espaldas, situando a Harry entre sus piernas y abrazándolo por la cintura

- Draco… - comenzó a protestar alarmado el moreno, viéndose de repente rodeado por las piernas y los brazos del Slytherin, pero éste lo cortó:

- Sshhh… lo necesitas tanto o más que yo, y lo sabes… - le susurró tiernamente al oído

Harry lo dejó hacer, no solo por el shock que le causaron sus palabras sino más bien porque sabía que el rubio tenía razón. Era tan cierto que necesitaba alguien que lo consintiera que dejó que Draco lo abrazara más fuerte, pegando su espalda a su pecho. El moreno se recostó más en el pecho del Slytherin, acomodándose mejor a ese cuerpo cálido que le ofrecía consuelo, y sin pensarlo mucho colocó sus manos sobre las del ojigris, que estaban en su estómago, y acarició quedamente sus dedos.

Permanecieron así un rato, hasta que de repente Harry exclamó:

- ¡¿Qué haces?!

Draco, presa de la tentación, había comenzado a repartir pequeños besos por el cuello de Harry

- Te hago mimos – le susurró el rubio en su oreja izquierda como respuesta, para luego mordisquearle suavemente el lóbulo

Draco continuó besándole en el cuello, tiernamente, sin lujuria, y eso a Harry lo tranquilizó. Se relajó de tal manera que luego de un rato tiró su cabeza hacia atrás hasta apoyarla en el hombro del Slytherin, dejándole a éste más espacio en su cuello para besar. Estaba tan triste y melancólico, que no iba a negar que necesitaba desesperadamente que alguien lo mimara como lo hacía el rubio en esos momentos. Aunque después renegara de todo, ahora lo necesitaba y el condenado Malfoy era tan bueno besando que jamás hubiera podido apartarlo de su cuello.

Al ver lo permisivo que Potter se estaba poniendo, Draco se armó de valor e intensificó el beso, intercalando pequeñas succiones y mordisquitos leves con sus besos, sacando algún que otro suspiro del Gryffindor.

Aunque Malfoy no podía verlo, Harry cerró sus ojos, y dejándose llevar posó una mano en la nuca del rubio, mientras la otra mano seguía acariciando los dedos del Slytherin que ya le acariciaban el pecho y su vientre. Viendo su oportunidad, Draco tomó la barbilla de Harry entre sus dedos, viró su rostro con delicadeza y sin más preámbulos lo besó en la boca.

Solo fue un roce, pero al ver que el moreno no se oponía ni se retiraba se animó a acariciar los otros labios con su lengua, y para su sorpresa fue bien recibido en la boca de Harry quien abrió sus labios para dejarlo pasar. Draco se abrazó más fuerte a la cintura del Gryffindor y éste con un poco de titubeo le correspondió el beso al rubio, girando su torso para estar frente a él y un poco más cómodo.

Continuaron besándose sin pensar en nada más que en ellos dos en ese momento, se besaron hasta que a Harry comenzó a molestarle estar así de torcido, y con un poco de reticencia se separó del Slytherin para arrodillarse frente a él, aún entre sus piernas.

- Ya estaba extrañando poder hacer esto – le dijo Draco a Harry con una luminosa sonrisa, pasando sus brazos por su cintura.

El ojiverde le sonrió en respuesta, enredando sus brazos alrededor del cuello de Malfoy, y se acercó a su rostro para posar sus labios sobre los suyos. Draco inició el beso una vez más, sintiéndose tan bien, parecía increíble que pudiera hundir su lengua en la boca del Gryffindor sin que éste lo rechazara. Estaba feliz, no lo podía negar, y aunque más tarde lo que estaba pensando le pareciera una cursilería inmensa, no podía imaginar un mejor lugar ni mejor compañía de la que gozaba en esos momentos. Por Merlín que Potter lo hacía sentir en el cielo, y solo por la forma en que enredaba sus dedos en los cabellos de su nuca y tiraba suavemente de ellos.

Harry por su lado tenía la mente nublada. Los besos de ese Slytherin malcriado lo dejaban nadando en el limbo, en un lugar donde solo existían ellos dos. Era una sensación tan extraña y a la vez tan familiar; realmente Draco tenía la capacidad de desconectarlo del mundo.

A regañadientes se separaron en busca de aire, y en el momento mismo que sus ojos tomaron contacto, escucharon cómo la puerta del aula se abría. Al mismo tiempo los dos giraron la cabeza para ver quién los interrumpía, y se encontraron con Hermione, que los miraba con una expresión distinta de la primera vez que los había encontrado en la misma situación, o al menos parecida.

- Lo siento chicos, no quise interrumpir – se disculpó la castaña, y sonrojada a más no poder cerró la puerta

- ¡Espera Herm, no te vayas! – le gritó Harry, y quiso levantarse, pero el firme agarre del rubio en su cintura no lo dejó

Harry volvió a arrodillarse y clavó sus ojos en los grises de Draco, buscado una explicación, y lo único que encontró fue una mirada implorante que decía: 'No te vayas, quédate conmigo'.

Algo se removió en el pecho del moreno al descifrar la mirada del rubio, y suspirando le dijo:

- Hablaremos luego, te lo prometo

A forma de despedida le dio un beso en los labios, rápido pero intenso, y se incorporó veloz. Con la misma rapidez abrió la puerta de la habitación y se perdió tras ella pasillo abajo en busca de Hermione, dejando a Draco una vez más mirando como idiota el lugar por el que se había ido.

- Fue un buen comienzo… - dijo el rubio para sí mismo en un susurro, acariciándose los labios

Recordó los momentos anteriores, rememoró cómo se sentían los labios de Harry sobre los suyos, y la sonrisita tonta y fastidiosa le surgió. Y francamente, no se molestó en borrarla

Continuará...

Terminado el día: 29 de Abril del 2006, a las 00:05