Capítulo IX: Reconciliaciones y Sorpresas.
Draco se aferraba casi con desesperación a la cintura del Gryffindor, mientras besaba sus labios como si de ello dependiera su vida. Harry tenía la espalda apoyada en la pared de piedra, y mantenía sus manos en la nuca del Slytherin, donde dos por tres daba tironcitos al cabello platinado, acción que encendía más al rubio.
Tal vez Draco estaba siendo un poco exagerado con la efusividad de su beso, pero… ¡Hey! ¡No estaba recibiendo quejas importantes por parte de Harry!, eso se deducía por la forma en que le correspondía el beso y se abrazaba de su cuello.
La verdad era que Draco necesitaba con urgencia hundir su lengua en la boca del ojiverde, y daba gracias a Merlín Santo por permitirle poder hacerlo sin interrupciones de ningún tipo
- Dra-coohh… - le susurró el moreno a Malfoy en un gemido, mientras éste iba a besar su cuello terso
Ambos estaban en un pasillo oscuro y perdido por algún lado del tercer piso del castillo, un lugar muy poco concurrido para su suerte.
Al terminar la cena de ese día, el rubio había convencido a Harry para tener esa charla que Potter le había prometido en la tarde, y un poco a regañadientes Harry había aceptado acompañarlo hasta 'un lugar tranquilo y apartado de todos, donde podamos hablar con calma': le había dicho ese Slytherin tramposo. Resulta que el lugar 'tranquilo y apartado de todos' había resultado ser el primer recoveco escondido que Malfoy, en su desesperación por comerle la boca a Harry, había encontrado en una rauda huída escaleras arriba del Gran Comedor luego de la cena.
- Mmhhm… espera… Draco, tenemos que hablar… - decía Harry con dificultad, mientras luchaba por tratar de apartar a la sanguijuela rubia que tenía pegada a los labios
- Podemos… hablar después… - le susurró de vuelta Malfoy entre beso y beso, deslizando sus manos desde la cintura del ojiverde hasta sus nalgas
- En serio, Draco… tenemos que… aclarar algunas cosas…. – a Harry se le hacía realmente difícil el hablar si cada vez que abría la boca para hacerlo el rubio volvía a besarle
El rubio estaba realmente encendido, no se explicaba cómo pero Potter con toda la inocencia y actitud virginal que se cargaba lograba ponerlo a mil como nadie más lo hacía.
- Draco… si no te detienes ahora, voy a enojarme… - le susurró haciendo el intento de apartarlo
En su subconsciente Draco relacionó a un Harry enojado con no poder besar sus labios en muuucho tiempo, así que sacando voluntad de donde no la tenía, apartó sus labios de la boca y cuello del moreno. Pero no se separó del todo de él, sino que permaneció abrazado a si cintura, y respirando agitadamente debido a los besos largos, apoyó su frente en el hombro de Harry, quien también luchaba por llenar sus pulmones de aire
- ¿No podemos hablar más tarde? – le preguntó al Gryffindor en un infantil intento de persuadirlo
Por respuesta Harry bajó sus brazos del cuello del rubio, para hacerle ver que quería deshacer el contacto entre ellos, y el Slytherin solo apretó más aún su abrazo en la cintura del moreno, dándole a entender que no iba a separarse de él.
Con un suspiro resignado, Harry volvió a posar sus manos alrededor de la nuca de Draco, y los dedos de éste no pudieron estar quietos, el rubio comenzó a hacer pequeños círculos en la parte baja de la espalda de Harry, metiendo sus manos por debajo de la ropa y acariciando casi con reverencia la suave curva de su zona lumbar
- Draco… estate quieto, así no podemos hablar… - le susurró al oído incómodo por las constantes caricias
- ¿Y de qué quieres hablar? – preguntó el Slytherin dejando de moverse, pero sin separarse ni un milímetro del moreno
- Draco, yo no soy solamente un cuerpo, ¿de acuerdo? – estableció Harry
- Potter ¡Por Merlín!... ¡No me pidas que te diga que te amo ni nada por el estilo! – le dijo el rubio con cierto sarcasmo, y tal vez un poco de miedo, pero sin deshacer el abrazo
- ¡No seas imbécil! ¡No te estoy pidiendo eso ni estoy pidiéndote nada parecido!... solo, ¡es que me enferma pensar que me quieras solamente para llevarme a tu cama! ¿Entiendes? – contestó Harry con algo de brusquedad e intentó deshacer el abrazo, pero al notar el firme agarre de Malfoy y sus intenciones de no soltarlo, desistió de su intento y se quedó quieto, con la cabeza gacha y sus brazos colgando lánguidos a los costados.
Draco notó el ánimo decaído de Harry, y se encontró en la encrucijada de no saber qué hacer, si decir algo para mejorar el humor del ojiverde, o aplicar un poco del siempre efectivo 'Encanto Malfoy'
- Potter… - llamó, pero Harry al oír su apellido salido de los labios de quien antes lo pronunciaba con asco, se tensó – Harry… - intentó el rubio ésta vez, suavizando su voz. Harry levantó la cabeza y clavó sus esmeraldas brillosas en los ojos grises del rubio – Harry, ya SÉ que no eres solamente un cuerpo, lo tengo muy presente. Pero… es solo que… Mira, no puedo explicarte…., no sé cómo decirte que… cuando…. ¡Demonios! – se lamentó el Slytherin al darse cuenta de lo difícil que era poner en palabras lo que pensaba respecto a Harry
No podía decirle la verdad; si le decía que sentía un deseo incontrolable por él cada vez que lo veía, de seguro que lo estropeaba todo, pero tampoco podía mentirle y darle falsas esperanzas diciéndole estupideces como que lo quería mucho y que estaba empezando a enamorarse. Definitivamente esa clase de tontas cursilerías no eran para alguien como Draco Malfoy.
Pero una cosa sí era muy cierta: No soportaba la idea de no besar los labios de Potter, de no apretarse contra su cuerpo, de no sentir el contacto de su piel con la piel tersa del Gryffindor…. No sabía cómo mierda definir esa necesidad que de repente sentía por Harry Potter, pero la realidad era eso: 'Necesitaba' tener a Harry cerca
- Harry… ¿a ti te gusta estar conmigo? – le preguntó Draco encarándolo, de repente con una pequeña idea rondándole por la cabeza
Esa pregunta tomó completamente por sorpresa al moreno, y precisamente en esos momentos, viéndose atrapado por los brazos del rubio, apretado contra su cuerpo, sintiendo su respiración cálida cayéndole sobre la cara y siendo escrutado tan intensamente por sus lindos ojos grises, no tuvo opción más que responder con un tímido 'Sí' a la par que bajaba la mirada algo ruborizado
¿Qué si le gustaba estar con él?...
Por Merlín Santo ¡Claro que sí! A pesar de que unos tres meses atrás si le hubieran hecho la misma pregunta se hubiera partido de la risa y contestado un rotundo ¡NO!... ahora las cosas eran distintas… el rubio era la única persona que lo hacía sentirse especial, deseado, además del hecho de que quedaba en completo éxtasis cada vez que Draco lo besaba. Entonces… y aunque le costara bastante admitirlo, la verdad era esa, le gustaba estar con Malfoy, claro que sí.
Y era por eso mismo que a Harry le dolía tanto pensar que el Slytherin pudiera quererlo solamente como un compañero sexual, cosa de un rato y ya… Además no podía olvidarse de la pequeña vida que día con día crecía en su vientre, y que era suya… y de Draco…
De forma inconsciente Harry deslizó sus manos dentro del abrazo por la cintura en el que Draco lo mantenía, y se acarició el vientre con la mirada ausente en sus ojos verdes y la mente nadando en un mar de sensaciones y sentimientos confusos.
Draco notó el gesto de Harry, y viendo que el moreno estaba justamente pensando en lo que él necesitaba que pensara, procedió a continuar con su idea:
- A mi también me gusta estar contigo, aunque esto suene de lo más ridículo, siendo tu Harry Potter y yo Draco Malfoy, aún así… me gusta, me siento bien contigo…, y realmente no quisiera tener que dejar de hacer esto – le dijo en un susurro sensual, acercándose despacio a sus labios y depositando un pequeño beso en ellos
Harry levantó la vista hasta posar sus ojos en los de Draco, regalándole una pequeña sonrisa.
Para el rubio Harry estaba tan lindo así, con los ojos brillosos y esa pequeña sonrisita en los labios delgados y rojos; con ternura deslizó el dorso de su mano derecha por la mejilla de Harry, mientras la otra mano seguía aferrada a la cintura del ojiverde. Se había perdido completamente en los ojos esmeraldas de Harry, estaba hipnotizado por su brillo y profundidad.
Como en cámara lenta Draco se fue acercando a la boca del moreno, hasta que sintió cómo sus labios se tocaban con los suyos, cerró los ojos e hizo un poco más de presión.
Era un beso tan simple y tierno, sin exigencias, que Harry se sintió seguro, enredó sus manos una vez más en la nuca de Draco y profundizó él mismo el contacto, entrando él en la boca del Slytherin con su lengua.
El beso duró hasta que a los dos les faltó el aire, y cuando se separaron, Draco aún con los ojos cerrados, susurró:
- Definitivamente no quiero dejar de hacer eso…
Ante esa afirmación, Harry rió con suavidad, y su risa se le contagió al rubio.
- Ahora, hablando en serio Potter…, no quiero dejar de verte, ni de estar así como estamos ahora – le dijo apretando un poco más su abrazo en la cintura del Gryffindor – así que te propongo algo: Dejemos de lado las asperezas, olvidémonos de las peleas, solo… estemos juntos, sigamos así, yo…. ¡cielos!, esto es difícil de expresar… - se lamentó el rubio en voz alta, no sabiendo cómo poner en palabras eso que se agitaba en su pecho
A Harry una sensación extraña lo sacudió por completo desde adentro, Draco le estaba pidiendo… algo… Claramente el Slytherin no sabía cómo decirle lo que sea que quisiera decirle… pero el ojiverde era lo suficientemente perspicaz como para notar que lo que fuera que Draco quería comunicarle era más que un simple deseo de llevarlo a la cama..., ese pensamiento lo hizo sonreír
- Harry, ¿entiendes lo que estoy tratando de decirte? Yo quiero continuar así…, y no voy a obligarte a nada, lo prometo – esas últimas palabras encendieron una alarma en Draco, ¿estaba realmente prometiendo eso? – No quiero que vuelvas a enojarte conmigo, así que no está en mis planes el forzarte a hacer nada… que no quieras, obvio. Yo solo… emm… - ¡Mierda! ¿Cómo carajo se lo decía sin quedar como un imbécil? no podía decirle que no soportaba la sola idea de no besar sus labios otra vez… no podía decirle eso… pero, ¿qué le decía para convencerlo? – Yo quiero estar contigo… me gusta estar contigo… además, pronto tendremos un hijo, y realmente no me gustaría estar distante con la madre de mi primogénito… yo quiero que el niño crezca feliz, en un ambiente feliz… "vaya… ¿realmente dije eso?" – pensó Malfoy para sí, sorprendido de la sinceridad de sus propias palabras
Esa última oración pareció mover algo dentro de Harry… el rubio vio cómo la sonrisita del moreno se ensanchaba y sus ojos brillaban más de lo normal.
Draco se felicitó a sí mismo, era sorprendente lo que un par de palabras bien dichas en el momento justo podían lograr…
Harry sonreía bastante contento, Draco… él… realmente deseaba estar con él, no solo por sexo, sino por el hecho de estar, no iba a obligarlo a nada, y además… quería estar con él por su hijo, el hijo de los dos…
Con algo de fastidio el Gryffindor sintió cómo las lágrimas apenas contenidas en sus ojos se derramaban sobre sus mejillas, y maldijo floridamente a las hormonas desbordadas que lo tenían tan sensible… parecía un idiota llorando por la más mínima emoción
- Hey… ¿por qué lloras? – le preguntó Draco en un susurró, limpiando con ternura las lágrimas de Harry con sus dedos
- Porque… bueno, en realidad no sé… no sé por qué carajo estoy llorando…
- Entonces… ¿qué dices? – indagó Draco con esperanza en la voz
- Bueno… supongo que no perdemos nada con intentarlo…. – cedió el moreno, a lo que el rubio se alegró - Pero te advierto, ¡nada de trucos sucios! ¡Cumple lo que prometiste!
- ¡De acuerdo! ¡Está bien! – concedió el Slytherin, divertido ante la cabezonería de Potter, ¿tanto le costaba admitir que él lo deseaba también?
Satisfecho con la respuesta de Draco, Harry volvió a besar los labios de éste, y el rubio no se hizo de rogar a corresponderle.
...
Cuando Harry Potter llegó a su sala común en la torre de Gryffindor esa noche, traía la sonrisa más grande que nadie le había visto jamás.
Buscó con la mirada a sus amigos, y vio a Ron jugando un partido de ajedrez mágico con Lavender, en una mesa cerca de la chimenea. En su mente tuvo la idea de acercarse a él para hablar, pero luego recordó lo enfadado que su pelirrojo amigo estaba con él, y tuvo que desistir de la idea. Volvió a mirar atentamente a la sala repleta de alumnos y vio a Hermione, pero ésta estaba hablando con Ginny, al parecer de algún cotilleo interesante ya que ambas reían tontamente, así que no las quiso molestar.
Finalmente vio que Neville estaba sentado solo en el sillón más grande de la Sala, y decidió hacerle compañía.
- ¿Qué cuentas Neville? – le dijo a modo de saludo, dejándose caer con suavidad al lado de él en el sillón
- Nada nuevo…. – contestó el chico con actitud ausente, mientras miraba hacia un punto perdido cerca de donde estaban Ginny y Hermione
Ante el silencio de Longbottom Harry supuso que el chico no iba a decir nada más, así que se paró del sofá, y aún con esa enorme y tonta sonrisa en la cara, y después de soltar un 'buenas noches, Nev', se fue directo a su habitación a dormir.
Al día siguiente sería sábado, día de ir a Hogsmeade, y día de castigo…
...
Ese sábado en la mañana después del desayuno Draco se encontraba en las puertas del castillo esperando a Harry para cumplir el castigo, en compañía del Círculo del Dragón.
El rubio se preguntaba qué tanto hacía Potter que se demoraba tanto. Lo había visto salir del Gran Comedor en compañía de la sangresucia, y como fueron unos de los primeros en salir, supuso que no lo tendría que esperar mucho para ir a Hogsmeade, pero resulta que cuando él llegó al punto de reunión (las puertas de Hogwarts) se encontró con que el moreno aún no había llegado. Lo esperó largo rato en compañía de Blaise y sus guardaespaldas, y ahora que TODOS los alumnos ya se habían ido al pueblo, comenzaba a exasperarse de tanto esperar.
En esas se encontraba cuando vio llegar a Potter por uno de los pasillos, muy campante caminando con toda la tranquilidad del mundo, rebuscando algo en una pequeña bolsa de papel que traía en sus manos.
Cuando Harry llegó junto a los Slytherins, Draco estaba a punto de saltarle a la yugular por hacerlo esperar tanto, cuando normalmente era él mismo quien gustaba de hacer esperar a la gente. 'Si te desean que te esperen', ese era su lema. Pero recién ahora se daba cuenta de lo horriblemente frustrante que era esperar a alguien
- Hola! – saludó Harry alegremente, mientras seguía buscando algo dentro de la bolsita de papel
Crabbe y Goyle no dijeron nada, y Zabini solo lo miró inquisitivamente, alzando una de sus castañas cejas es una perfecta imitación al gesto de su líder.
Draco en cambio estaba más que enojado con el Gryffindor, pero inexplicablemente su enojo se le esfumó cuando Harry alzó la mirada y clavó las esmeraldas que tenía por ojos en los suyos.
- ¿Por qué te tardaste tanto? – le preguntó simplemente, acercándose a él
- Es que subí a la torre a buscar algo de abrigo y después se me antojó esto – le dijo mostrándole el contenido de la bolsa – así que bajé a las cocinas. Ya sabes cómo son los elfos, por eso me tardé
- Te gustan mucho esos pastelitos, ¿no? – le preguntó el rubio al ver cómo Harry comía uno golosamente
- Sí, ¿quieres uno? – le ofreció el moreno
- ¿De qué son?
- De vainilla – informó el moreno mientras le ponía un pastelito al rubio bajo la nariz
- ¡Arggh! ¡Aleja esa cosa de mí! – gritó Draco de repente, apartándose un par de pasos de Harry - ¡Odio la vainilla! ¡Y odio todo lo que tenga vainilla en grandes cantidades! No soporto su inmundo olor dulce…
- Bueno, perdón – dijo Harry mosqueado de la forma en la que Draco le había rechazado el pastelito – No tenías por qué ponerte así, solo es un pastel de vainilla…
Draco reconoció para sus adentros que tal vez había exagerado un poco bastante con su reacción, así que para tratar de enmendarlo, se acercó al Gryffindor otra vez, y lo abrazó por la cintura acercándolo a él con la intención de besarlo, pero Harry fue más rápido y enseguida metió otro pastelito en su boca
- ¿Lo has hecho a propósito? – indagó el rubio con una mirada peligrosa en los ojos, sin soltar a Harry
El moreno solo sonrió pícaramente, mostrando sus dientes. Con descaro depositó un besito en los labios de Malfoy y se apartó enseguida para salir del castillo.
Draco hizo una pequeña mueca de asco ante el sabor a vainilla que los labios de Harry habían dejado sobre los suyos y sacando un paquete de caramelos de menta de su bolsillo se metió uno en la boca.
Harry volvió a entrar al castillo y parándose frente a Draco, preguntó:
- ¿Vas a venir o no? Tenemos mucho para hacer en Hogsmeade
Draco solo le lanzó una mirada intensa, con el ceño fruncido. Y se enojó consigo mismo al notar que no sentía ni una pizca de mosqueo por la actitud infantil y demandante del Gryffindor.
Harry salió del castillo y enseguida el rubio se apresuró a seguirle. Una vez afuera, se puso a la derecha de Harry, y con el simple tronar de sus dedos, El círculo del Dragón tomó sus respectivos lugares, Blaise a la derecha de Draco, y Crabbe y Goyle a sus espaldas.
Harry se dio cuenta de la extraña formación que habían adoptado los Slytherins cuando sintió cómo un brazo de Malfoy lo tomaba por la cintura, y lo instaba a caminar
- Esperen! – pidió el moreno – Emm… Draco, ¿es necesario que ellos vayan con nosotros? – le preguntó al rubio en un susurro
Draco volvió a clavar sus ojos en las esmeraldas de Potter, y como si fuera un libro abierto, pudo leer en ellos la incomodidad que la presencia que los otros Slytherins le causaban al moreno. Asintiendo brevemente, se volvió hacia sus amigos para decirles:
- Adelántense, Potter y yo iremos solos a Hogsmeade
- Bien – dijo Blaise simplemente, para luego irse a paso raudo hacia el pueblo
El castaño estaba ligeramente molesto con su príncipe. Si hubiera sido otro en vez de Potter de seguro que Draco lo mandaba a volar con su pedido, ya que era un enorme privilegio el estar dentro del Círculo como para despreciar su compañía, pero no, el rubio tenía que cumplirle todos y cada uno de los caprichos del Gryffindor…. Ya decía el, que su Dragón estaba coladito por los huesos del ojiverde…
Draco vio partir a sus tres amigos hacia Hogsmeade, para luego voltearse a enfrentar al Gryffindor, quien estaba terminándose en ese momento el último pastel de vainilla.
- Bueno, ¿nos vamos? – preguntó el moreno una vez que hubo terminado de comer
- No sin que te comas esto primero – le informó el rubio extendiéndole algo envuelto en un papelito verde, con una mirada de determinación intimidante
- ¿Qué es? – quiso saber Harry, tomando lo que el rubio le ofrecía
- Un caramelo de menta, ni sueñes que voy a besarte con ese inmundo sabor a vainilla en la boca
La respuesta de Malfoy hizo reír a Harry. "Estúpido Slytherin" pensó para sí, pero igual se comió el dichoso caramelo.
Ambos chicos comenzaron a caminar hacia las afueras del castillo, mientras el ojiverde degustaba el caramelo y Draco chequeaba la lista de las cosas que tenían que comprar.
Ya estaban caminando por la calle principal del pueblo, cuando de repente Draco exclamó:
- Parece que los profesores se compadecieron de nosotros éste sábado, tenemos que comprar muy pocas cosas – informó, con una enorme sonrisa en la cara
- ¿Y por qué eso te hace tanta gracia? – le cuestionó el moreno al ver su sonrisa
- Porque eso significa… - dijo suavemente mientras guardaba la lista en su bolsillo, aún sonriendo – que tenemos más tiempo… - lo tomó de la mano y lo guió hasta un pequeño callejón que había entre dos tiendas – para nosotros… - le susurró al oído mientras lo tomaba de la cintura y lo empujaba callejón adentro
- Mmm… ¿no podemos hacer esto después? – preguntó Harry en un jadeo mientras cerraba los ojos y se dejaba conducir por Malfoy hacia la pared que cerraba el callejón, sintiendo cómo el rubio le besaba en el cuello
- Después, y ahora… y siempre que podamos…. – le contesto éste con deseo, para luego besarle en los labios
Cuando llegaron al final del mencionado callejón, Harry sintió cómo su espalda chocaba contra algo blando, y ambos chicos escucharon claramente una exclamación ahogada de sorpresa y un quedo 'Sshhh', como si una persona estuviera callando a otra.
Totalmente desconcertados los dos voltearon hacia la pared y retrocedieron varios pasos, y se encontraron con dos conocidas melenas: una castaña y enmarañada y otra lisa y escandalosamente pelirroja
- ¿Mione?... – susurró Harry con los ojos bien abiertos - … ¡¿Ginny?!
- Harry… - la pelirroja pestañeó - ¿acaso te estabas besando con Malfoy? – indagó la menor de los Weasleys, quien estaba con la espalda apoyada en la pared y mantenía abrazada por la cintura a una Hermione muda y completamente sonrojada
- Y… t-tu… ¿te estabas… besando con Hermione? – tartamudeó el moreno, totalmente pillado por la sorpresa
- Sí, ¿algún problema con eso? – contestó Ginny, afianzando más su abrazo en la cintura de Hermione, que seguía del color de los tomates
Harry estaba igual de sonrojado, nunca se le hubiera ocurrido pensar en Hermione y Ginny como pareja, ellas dos eran sus amigas, y bueno... estaba… raro
El moreno sintió cómo Draco lo abrazaba por la espalda, pasando ambos brazos por su cintura y apoyaba su mentón en su hombro derecho.
- Vaya vaya Weasley… quién lo hubiera pensado, tu y la Sangrehhj… y Granger – se corrigió Draco al sentir el fuerte pisotón de Harry en una de sus costosas botas de piel de Dragón. Iba a agregar otra cosa más, pero antes de que al moreno se le ocurriera pisarlo de nuevo, prefirió callarse
Ginny miró al Slytherin de arriba abajo, como evaluándolo, y luego posó sus ojos azules en los verdes de Harry. El moreno continuaba shockeado, y todas las palabras que quería decirle a sus amigas se quedaban atascadas en su garganta. Para su suerte, Hermione pareció volver en sí en ese preciso momento y tomó la palabra
- Escucha Harry… - dijo la castaña deshaciéndose con suavidad del abrazo de Ginny y situándose a su lado, apoyando la espalda en la pared – emm… Ginny y yo…
- ¿Están saliendo? – se adelantó el moreno
- Sí…. A ti, ¿te molesta? – preguntó Hermione con temor. La menor de los Weasleys tomó aire para decir algo pero con un simple gesto la castaña la detuvo
- No, claro que no me molesta – le contestó el moreno dedicándole una amistosa sonrisa a ambas chicas - ¿A ustedes les molesta que yo salga con Draco?
- ¡Sabes muy bien que no me molesta Harry! – exclamó Hermione – además, Malfoy es el… - la mirada de advertencia de Harry hizo que la castaña se callara, a punto de revelar ante la pelirroja la verdad sobre la paternidad del rubio
- ¡Así que era eso! – exclamó Ginny - ¡Están saliendo! ¡Ese es el porqué tú y Malfoy estaban tan raros últimamente!
- ¿Se notaba mucho? – preguntó Draco, aún abrazado a la cintura de Harry, pero levantando su cabeza de su hombro
- Bueno, digamos que se veía raro que de un día para el otro ustedes dejaran de insultarse y se llevaran 'bien' – le contestó la pelirroja con un dejo de ironía
Todos se quedaron callados, nadie sabía qué decir. Harry, quien estaba apoyado en el pecho del rubio y tenía sus brazos sobre los del Slytherin, que le abrazaban por la cintura, sostenía un indefinido duelo de miradas con Ginny. De repente la mirada de la menor de los Weasleys se había vuelto desafiante, y Harry sentía el incomprensible impulso de mantenerle firme la vista. Era algo raro, pero el moreno sentía que los ojos azules le miraban con… ¿reproche?. Por su lado Hermione parecía muy interesada en algunos insectos que caminaban por el suelo, y Draco, quien no quería seguir soportando ni un instante más esa tensa situación, declaró:
- Bueno, no sé ustedes, pero Potter y yo tenemos muchas cosas para hacer, los profesores no se apiadaron de nosotros y nos mandaron a comprar muchas cosas – mintió – así que si nos disculpan… - deshizo el estrecho abrazo en que mantenía a Harry y tomándolo de la mano inició el camino hacia la salida del callejón
...
Después de hacer las compras pertinentes, Draco y Harry entraron a 'Las Tres Escobas' en busca de algo calentito para espantar el frío del cuerpo. El clima se estaba enfriando cada vez más, y a causa de eso, Harry tenía las manos completamente congeladas.
- Míralas! Parecen cubitos de hielo… - se quejaba el Gryffindor con Draco, como si el rubio fuera el causante del frío
- Si quieres te caliento.. digo, te las caliento – le contestó el Slytherin, con toda la doble intención posible
- ¿No sabes pensar en otra cosa? – indagó el moreno sonriendo, ese rubio era incorregible…
- Y supuestamente, ¿qué estoy pensando según tu? – respondió mientras buscaba una mesa vacía en el local de Rosmerta
- Ya sabes qué… - dijo Harry en un tono bajo de voz, sonrojándose levemente
- ¿Sabes? Me encanta cuando te sonrojas así… - le susurró en el oído
Los que los conocían miraban anonadados la escena que los dos chicos estaban desplegando en la taberna. Era insólito ver a los dos más grandes rivales de todos los tiempos actuar como si fueran amigos de toda la vida. Estaba bien que se tuvieran que llevar pasablemente al menos para poder estudiar para el colegio, pero de ahí a andar juntos por todo el pueblo, y secreteando y sonriéndose el uno al otro… daba mucho que pensar
- Creo que no hay ninguna mesa libre… - informó Potter, luego de buscar dos veces con la mirada y no encontrar nada
- Mierda… no me pienso sentar en la barra, no tiene estilo – dijo el rubio cruzándose de brazos y alzando el mentón
De pronto ambos sintieron cómo los llamaban:
- ¡Harry! ¡Malfoy! ¡Por aquí! – era una voz de mujer
El moreno volteó hacia donde creyó que provenía la voz, y se encontró con una mata de pelo castaño enmarañado y una mano levantada frenéticamente que lo llamaban desde una de las esquinas más escondidas del local. Hermione y Ginny ocupaban una mesa bastante apartada del público, seguro para poder mimarse a gusto sin que nadie las viera, y en la mesa había dos lugares libres
- ¿Vamos? – invitó el Gryffindor, mirando con ojitos suplicantes a su compañero
- ¿Es necesario? – quiso saber el rubio, con una mueca despectiva en sus labios
- ¿Por favor? Son mis amigas, si quisieras podrían ser tus amigas también
El rubio lanzó un bufido exasperado – "No me interesa tener por amigas a una sangresucia y a una pobretona muerta de hambre" – pensó, pero se abstuvo de hacer el comentario, sabiendo que al ojiverde le molestaría.
Harry era consiente de que le estaba pidiendo a Draco Malfoy, el Slytherin más arrogante y orgulloso que conocía, que compartiera la mesa con lo que él consideraba la escoria del mundo mágico, pero él se tenía un poco de fe, y quizás que haciendo un poco de presión en el lugar adecuado, conseguiría que el rubio aceptara sentarse con Herm y Ginny
- Vamos Draco, es solo por un rato, ¿sí? – insistió mirándolo ávidamente y bajando un poco su tono de voz, aventuró poner la palma de su mano derecha en el pecho del Slytherin
El ojiazul levantó una ceja hacia el Gryffindor. ¿Acaso él estaba tratando de persuadirlo con métodos de …. Seducción?...
Draco rió ante el pobre intento del moreno de convencerlo con tan poco… pero bueno, había que admitir que aunque lo intentó, por Merlín que lo intentó, no pudo resistirse al pedido de esos ojos verdes que lo miraban con tanta expectativa. Al final aceptó, pero que conste que solo por que Harry se lo pidió, no le hacía ninguna gracia sentarse con esas dos.
- Hola! – saludó Harry, sentándose al lado de Draco. Éste no dijo nada, solo se limitó a sentarse y mirar para otro lado con los brazos cruzados sobre el pecho
Los tres Gryffindors comenzaron a charlar de nada en particular. Aunque había cierta tensión en el aire, provocada por la discordante presencia de una serpiente entre tres leones.
Ginny, con una sutil intromisión, comenzó a hacerle preguntas al moreno en cuanto a cómo fue posible que él y el Slytherin, que supuestamente se odiaban tanto, empezaran a salir. Harry no sabía qué cosa contarle. Cuando le había confesado todo a Hermione, él estaba tan confundido que no sabía qué pensar con respecto al rubio ni con respecto a nada, pero ahora por lo menos estaba seguro de que Draco le gustaba, y no sabía cómo contarle a Ginny la particular situación que los llevó a estar saliendo en ese momento.
El ojiverde miró con ojitos suplicantes a Hermione, en busca de algo de ayuda. Y entre miradas cómplices, Herm y Harry le vendieron a la pelirroja una versión altamente corregida de los hechos, con alguna que otra mentirilla piadosa metida en medio.
Todos los que pasaban cerca de la mesa que los tres Gryffindors y el Slytherin ocupaban, se quedaban con la boca abierta ante lo que veían. Era aún mucho más creíble ver de pronto a Snape bailando ballet en medio del Gran comedor que a Malfoy sentado tan tranquilamente al lado de Potter sin estar peleándose, y para colmo, compartiendo la mesa con Granger y la menor de los Weasleys.
Draco, en su terco intento de tener el menor contacto posible con la pobretona y la sangresucia, intentaba poner su atención en otras cosas. Por largo rato estuvo escuchando conversaciones ajenas, observando la amplia variedad de gente que entraba y salía de las tres escobas, y pronto descubrió que estaba completamente aburrido.
Su idea de pasear por Hogsmeade con Potter se había ido al carajo, tenía ganas de tomar al moreno del brazo y salir rajando de ahí, pero el otro chico se veía tan a gusto conversando con sus amigas que no quiso llevárselo, aún a costa de su propio aburrimiento. Reflexionar sobre esto último lo alertó… ¿desde cuándo Draco Malfoy se preocupaba más por la diversión de los demás antes que de la suya propia?...
En medio de su aburrimiento y totalmente enfrascado en la maraña de sus pensamientos, el rubio inconscientemente deslizó la mano que tenía más cerca de Harry y la posó en el muslo del moreno, haciendo pequeñas caricias y dibujando formas indefinidas con las yemas de sus dedos sobre la pierna del ojiverde.
Harry notó las perdidas caricias sobre su pierna, y le costó solo un segundo deducir de quién era la mano que tan suavemente mimaba su muslo. Lo dejó hacer, consciente de que ésta vez el rubio no lo hacía por molestarlo, sino porque realmente le apetecía, y además porque secretamente él mismo también estaba muy necesitado de esas pequeñas muestras de afecto. Después de un tato Harry llevó su mano hasta la del rubio y entrelazó sus dedos con los de él, gesto ante el cual Draco pareció despertar de su letargo. El rubio enfrentó la mirada verde de Potter, y éste le regaló una blanca sonrisa al tiempo que apretaba sutilmente su mano.
Llevado por un impulso extraño, Draco le devolvió la sonrisa y afianzó aún más su agarre en la mano del Gryffindor. Ambos estuvieron sonriéndose y apretando sus manos por eternos segundos, hasta que un pequeño carraspeo los devolvió a la realidad.
Ambos voltearon hacia adelante y se encontraron con Hermione que no podía ocultar una sonrisita, fastidiosa desde el punto de vista de Draco, y con Ginny que no podía ocultar su incomodidad…
- Bueno, nosotros ya nos vamos al castillo, ¿no Draco? – dijo el moreno
Como respuesta el rubio se levantó de su asiento y esperó a que el moreno se despidiera de sus amigas para marcharse pronto de allí.
...
- Hey, Potter! – susurró Draco llamando la atención de Harry
- ¡¿Qué?! – le contestó el moreno susurrando también
Ambos estaban en la biblioteca. Era Domingo por la tarde, y ellos estaban haciendo la tarea para tenerla pronta para el día siguiente. Ya tenían casi todos los trabajos terminados, lo único que faltaba era revisarlos y ya podrían irse
- ¿Qué harás ésta noche? – preguntó el Slytherin, cerrando su libro
- Emm… ¿dormir? – ironizó Harry
- … me refiero a qué harás ANTES de ir a dormir – aclaró el rubio con gesto de fastidio
- Cenar – dijo Harry a modo de respuesta mientras se le escapaba la risa. Disfrutaba mucho tomándole el pelo al rubio, todavía le quedaban los vestigios de esa necesidad imperante de fastidiarle la vida a Draco, y bueno… era tan fácil hacer que éste se exasperara
Riendo el Gryffindor se paró de su asiento y recogió los libros sobre la mesa para llevarlos a sus respectivos lugares en los estantes. Draco lo siguió con la mirada hasta que se perdió entre los pasillos que formaban los libreros altos desde el piso hasta el techo. Con determinación lo siguió, encontrándolo de espaldas a él, con los brazos estirados sobre su cabeza acomodando los libros en sus lugares. Con sigilo se acercó a él y cuando el moreno hubo terminado de guardar los gruesos tomos, lo agarró de la cintura, lo giró hasta que sus rostros estuvieron a solo unos centímetros de distancia, y modulando su tono de voz para convertirla en una provocativa, le susurró al moreno:
- ¿Intentas pasarte de listo conmigo, Potter? – Draco rozaba tentativamente sus labios contra los del ojiverde al hablar, mientras afirmaba su agarre en la cintura del otro
- No, ¿cómo crees? – contestó irónicamente el Gryffindor.
Al final no pudo reprimir la risa, y enredando sus dedos en la nuca del rubio, cerró sus ojos seguro de que Draco entendería lo que quería.
El Slytherin no se hizo de rogar y rápidamente posó sus labios sobre los de Harry, iniciando un beso inocente al inicio, y se tornó más pasional cuando Harry se alejó unos pocos milímetros y abrió su boca para darle paso a la lengua de Draco.
Harry se abrazó más fuerte al cuello del rubio, pegándose más aún al cuerpo del otro chico, y Draco no pudo hacer otra cosa más que gemir quedamente, mientras se esmeraba en hacer intrincados movimientos son su lengua dentro de la boca del ojiverde para asegurarse de dejarlo sin aliento y deseoso de más.
- Merlín Draco, estoy seguro que nadie besa mejor que tu… - susurró Harry cuando ambos se separaron a tomar un poco de aire.
La respiración de los dos estaba bastante más acelerada, y Draco recreó sus ojos grises en la divina visión que era para él Harry Potter con los ojos oscurecidos y entrecerrados, más brillantes de lo normal, las mejillas encendidas y los labios rojos e hinchaditos… Potter era más bello de lo que se atrevía a admitir, y se sentía tan jodidamente bien tenerlo así de cerca, apretado contra su cuerpo, con su respiración algo agitada en la cara y su olor traspasando su nariz…
Recordando el susurrado elogio de Potter a sus besos, el rubio no pudo más que sonreír con vanidad y tras un último besito en la boca dirigió sus labios al cuello del ojiverde, devorando con suavidad la piel expuesta para él. Harry lanzó un quedo gemido prolongado mientras se apretaba un poco más contra el rubio y posaba una mano en su nuca, llevando la otra mano hacia la cintura del Slytherin acariciando su espalda. Las lamidas y pequeños mordisqueos que Draco le estaba dando hacían que la respiración de Harry fuera en aumento, hasta que sus exhalaciones se convirtieron en gemidos.
Harry estaba comenzando a sentir un cosquilleo en la zona de su entrepierna, señal inequívoca de que estaba excitándose. ¿Y cómo no excitarse cuando el rubio era tan endemoniadamente bueno haciendo… eso que le estaba haciendo a su cuello? El moreno no pudo evitar lanzar un gemido fuerte cuando Draco dio una lamida particularmente húmeda e intensa desde la base de su cuello hasta llegar detrás de su oreja, y se puso a hacer pequeños circulitos con la punta de su lengua allí, en la porción de piel detrás del lóbulo, haciendo que perdiera el control de a poco.
Draco sentía un regocijo interno algo extraño al notar la respiración acelerada del ojiverde, escuchar sus gemidos que le encantaban y más que nada al sentir su miembro algo duro contra sus muslos. Harry no lo sabía, pero en esos momentos el rubio estaba usando todo su autocontrol Malfoy para no mandar todo a la mierda y cojerselo ahí mismo, entre los pasillos de la biblioteca.
Antes de que las cosas fueran más lejos y luego no encontrara la voluntad de detenerse, Draco se separó del moreno a regañadientes, levantando sus cejas al escuchar el gruñido de disconformidad de Harry ante la pérdida.
- Podemos seguir después, tengo algo que decirte – dijo a modo de explicación el rubio, alejándose un par de pasos.
Era necesario que se alejara, si no lo hacía no podría contenerse un segundo más de sus ganas inmensas de hacerle el... de cojerse a Potter. Su autocontrol era muy grande, pero inexplicablemente era totalmente anulado con la cercanía del Gryffindor. Solo cuando ponía distancia entre los dos su razón parecía volver a él, y recién ahí podía pensar y actuar con claridad.
- Lo qué me tienes que decir? – inquirió el ojiverde molesto
- ¿Recuerdas cuando me dijiste que Dumbledore quería saber quien era el padre del bebé? Bueno, pienso ir a hablar con él ahora
Ante la mención del bebé, la actitud de Harry cambió por completo. Se puso serio, borrando el pucherito que había puesto cuando Draco había dejado de tocarlo, y cruzándose de brazos, mirando al Slytherin con los ojos entrecerrados, interrogó
- ¿Y qué le dirás?
- La verdad. Que yo te embaracé, Y que me haré cargo de todo, de ti, del bebé
Harry lo estudió con la mirada por varios segundos con expresión indescifrable, como evaluándolo, y luego dijo:
- ¿Quieres que te acompañe?
- ¿Por quien me tomas Potter? No le tengo miedo al viejo, yo puedo solo – le contestó el rubio con un poco de indignación, dándose la media vuelta y saliendo del pasillo de estantes directo a la mesa donde habían dejado sus cosas
¿Acaso Potter creía que él no podría solo con eso? ¡Por favor! Solo por el hecho de que el moreno fuera el Niño-que-vivió, el favorito de Dumbledore y que tuviera mucha confianza con el director no quería decir que Draco no pudiera plantarle la cara y hacerle frente a Albus. Él era Draco Malfoy, líder de Slytherin, él sabía manejarse con perfecta calma y aplomo en situaciones de tensión máxima, por supuesto que podría decirle al viejo decrépito la verdad, no necesitaba del respaldo de nadie
- No lo digo por eso, imbécil – le reprochó Harry siguiéndolo hasta la mesa, donde también empezó a guardar sus cosas dentro de su mochila - Yo solo… - se sonrojó un poco - es que me gustaría estar ahí… - dijo el moreno al fin
Draco pareció entender, así que se abstuvo de hacer ningún comentario. Era obvio que Potter iba a querer estar presente, últimamente al ojiverde parecía concernirle absolutamente todo lo que tuviera que ver con su hijo, y era entendible…
Por primera vez en su vida y sorprendiéndose a sí mismo, Draco se encontró auto-reprochándose el no haberse dado cuanta de algo tan obvio en Potter por estar concentrado en sus propios pensamientos. Se sentía raro, ya que no estaba enojado consigo mismo por anteponer la realidad de otra persona a la suya propia, sino que estaba en cierta parte aliviado de haberlo hecho. Internamente se preguntó si no estaba atravesando alguna clase de crisis adolescente de prioridades, ya que durante toda su vida, su prioridad había sido él mismo, todo lo demás estaba en un segundo plano, y ahora…, era al revés, él estaba en un segundo plano, y la prioridad era Po…
¡NO! Aún no estaba preparado para asumirlo, ni hablar de decirlo en voz alta…. No, todavía no.
Draco decidió dejar de comerse la cabeza en dilemas existenciales que no venían al caso, en vez de eso, sonrió lobunamente y mirando al Gryffindor con avidez declaró:
- Muy bien, vayamos juntos. Y luego iremos a mi cuarto de prefecto a seguir con esto que dejamos pendiente…
El rubio casi se echa a reír al ver la cara que había puesto el moreno a sus palabras. Aún con la sonrisa lobuna en sus labios terminó de acomodar sus útiles dentro de su mochila con ademanes elegantes, contrastando graciosamente con la forma desprolija en que Harry tiraba las cosas adentro de su bolsa.
- ¿Qué dices Potty, quedamos así? – insistió Draco, mientras iban camino a la salida de la biblioteca
- Ni lo sueñes, después me voy a mi cuarto a dormir, SOLO – dijo el moreno viendo al frente, no quería que Draco notara su sonrojo - Me muero de sueño… - murmuró al salir del lugar
...
Cuando la enorme ave de piedra dejó de girar, Draco sentía cómo su estómago se iba retorciendo de apoco. Estaba nervioso, eso no lo podía negar, pero era una verdad que no iba a confesar jamás, ni aún a base de Cruciatus.
- ¡Harry!... ¡Señor Malfoy! ¡Qué sorpresa el verlos juntos! – dijo el anciano director a modo de saludo detrás de su escritorio, cuando vio entrar a ambos chicos en su despacho
- Hola profesor – devolvió Harry el saludo de manera seca, tomando asiento frente al anciano
Draco se sintió levemente ofendido por el comentario de Dumbledore y no saludó, solo se limitó a sentarse al lado de Harry con toda la elegancia Malfoy que poseía, ¿tan raro era verlo junto a Harry? Después de todo, eran compañeros de clase, estaban saliendo, y más importante, esperaban un hijo… Y a propósito de eso:
- ¿Cuál es el motivo que los trae aquí? – Preguntó el Director, cruzando sus manos bajo su barbilla y mirando a los chicos con su típica expresión de Sé-absolutamente-todo-lo-que-estás-pensando-nada-se-me-escapa tan característica de él
- ¿Recuerda cuando me pidió que le contara quien era el padre del bebé? – evocó Harry, llevándose inconscientemente una mano al estómago
Dumbledore sonrió misteriosamente, y a los chicos no les quedó ninguna duda de que al anciano no iba a sorprenderle nada de nada cuando Draco le diera la noticia
- Soy todo oídos - contestó simplemente el viejo, acomodándose mejor en su asiento listo para escuchar el relato con un brillo extraño en los ojos
...
Ambos chicos salieron del despacho del director casi una hora después, Harry completamente rojo de la vergüenza y Draco con una ininteligible expresión entre fastidio y diversión
- Dumbledore es un maldito viejo chiflado y pervertido de mierda… - iba murmurando Harry con el ceño fruncido mientras caminaban por el pasillo hacia la entrada del castillo
- ¿Aún te avergüenzas de lo ocurrido aquella vez? – inquirió el rubio, medio en burla, medio en reproche al ver el sonrojo del ojiverde
El motivo de la turbación de Harry era la siguiente: No supieron como, pero cuando Draco le hubo dicho al viejo que era el padre del bebé en cuestión, y de que le hubo asegurado de que él se haría cargo de todo, Albus se las había arreglado para manipularles la información pormenorizada y escandalosamente detallada de todo lo relacionado con… digamos, la concepción del niño. Al maldito viejo sádico parecía divertirle el rubor furioso en las mejillas de Harry mientras Draco contaba no sin un poco de pudor cómo había sido esa noche en las mazmorras de Snape. Como lo hace el director nadie lo sabe, lo que sí es que de un momento a otro Draco se encontró contándole todo al viejo loco, desde cómo había hecho para darle la poción Verita a Harry hasta dónde se había consumado el acto, entiéndase… el escritorio de Severus…
- No me avergüenzo de eso – confesó Harry sorprendiéndose a sí mismo – Pero es que… ¿no te dio cosita contarle 'esas cosas' a Dumbledore? – quiso saber el moreno, sintiendo cómo sus mejillas volvían a arder.
Antes de contestarle Draco se aseguró de que no hubiera nadie en el corredor, para así poder apresar a Harry contra la pared en un recoveco que hacía la misma con una columna. Era sorprendente para ambos cómo sus cuerpos se acoplaban uno al otro estando así de juntitos, las manos del rubio en las caderas de Harry y las del moreno alrededor del cuello del Slytherin.
Despacito Draco acercó su cara a la del Gryffindor, clavando sus ojos de a momento grises, de a momento azules en los siempre verdes de Harry. Pero en vez del beso que Harry se veía venir, el rubio desvió su boca hasta la oreja del Gryffindor, para susurrarle
- No me da vergüenza… son pocas las cosas que me intimidan... – mintió, ya que si le había dado vergüencita contarle sus intimidades con Harry al Director. Pero no había podido evitarlo, era como si hubiera tomado Veritaserum, y las verdades salían de su boca sin control alguno - … ¿Sabes lo mucho que me gusta verte sonrojado? – le susurró unos segundos después, acariciando la mejilla de Harry con la punta de su respingada nariz
Como respuesta Harry enrojeció aún más, aunque el Slytherin no pudo verlo por tener su cara escondida en el cuello del moreno, dándole pequeños besitos aquí y allá, provocándole cosquillas de a momentos.
- Draco… ¿por qué mejor no nos vamos de aquí? Podría vernos alguien… - propuso el moreno entre risitas, sin darse cuenta del pie que le había dejado a Draco para decir:
- ¿Vamos a mi habitación a seguir con lo que dejamos pendiente en la biblioteca? Tengo muchas ganas…
- … NO!, - contestó el moreno con brusquedad, cortando todo el clima del momento. Y arrepintiéndose al ver la incomprensión por el tono seco en los ojos del rubio, agregó ablandando su voz – tengo algo de sueño, me iré a dormir… ¿nos vemos en la cena?
Draco no estaba conforme con eso, y Harry lo notó en sus ojos, y en la forma en que se apartó de él para meter las manos los bolsillos de sus pantalones y mirarlo con reproche. Él lo sabía, sabía que tal vez estaba exagerando bastante con esa actitud de no-sexo que se había auto impuesto entre él y el rubio, pero es que todavía le quedaba algo de la amargura de pensar que Draco quería solamente eso de él.
Decidiendo que algo tenía que hacer para borrar de la pálida cara del Slytherin esa expresión enfurruñada, con una mano empujó suavemente a Draco por el pecho hasta hacerle tocar la pared contraria del corredor con la espalda, tomó las manos del rubio con las suyas sacándolas de los bolsillos y las hizo enredarse en su propia cintura, y agarrando la cara del otro con ambas manos, le plantó un beso a Draco que lo dejó con los ojos bien abiertos.
Harry mismo profundizó el contacto metiendo su lengua en la boca del rubio, tratando de imitar los movimientos que el Slytherin realizaba con la lengua cuando lo besaba y que lo dejaban sin aliento, consiguiéndolo apenas. De todas formas lo que le gustó a Draco del beso no fue la poca entrenada habilidad del moreno para eso de quitar el aliento con tan simple roce, sino el hecho de que hubiera deslizado con mucha sensualidad sus manos desde su cuello hasta los bordes de su pantalón, pasando por sus costados en una caricia que sí le provocó suaves estremecimientos, y aun más cuando atrevidamente Harry desabrochó dos de los botones inferiores de la camisa del rubio, metiendo ambas manos dentro y acariciando suavemente la piel de sus caderas con las puntas de los dedos.
Con tantas sensaciones juntas y agolpándose en un mismo lugar, sintiendo la lengua húmeda de Harry en su boca y las mimosas caricias en la piel de sus costados, a Draco se le escapó un lento gemido, sonido que hizo al ojiverde sonreír dentro del beso.
Sin desearlo realmente el Gryffindor se apartó del otro chico, retrocediendo un par de pasos y mirándole fijamente a los ojos, con una sonrisa ladeada y algo pícara más propia del mismo Draco que de Harry.
- Espero que eso te alcance hasta mañana – dijo Harry simplemente, aún con esa rara sonrisa impropia en él estampada en la cara
Harry se sentía raro, se sentía como… sexy. Se sentía con la capacidad de seducir al rubio, intercambiando por una vez los papeles, ya que él siempre era el seducido… con mucho éxito, cabe aclarar. Y a juzgar por la respiración acelerada del rubio, y sus mejillas algo coloreadas de rojo, Harry se regodeaba para sus adentros y con orgullo de que una vez en la vida había podido seducir, y en cierta forma dominar y someter al indomable Draco Malfoy a su deseo y voluntad. Su objetivo principal estaba cumplido, en la cara de Draco ya no había más reproche ni enojo, sino que había sorpresa… y anhelo.
Con un último beso y una guiñada, una caricia perdida sobre el pecho y un adiós susurrado sobre los labios deseosos de más del rubio, Harry se fue sintiendo la mirada ávida del otro sobre su espalda, seguro de que mañana Draco se cobraría semejante desplante de su parte…
...
Dumbledore tomaba su té tranquilamente luego de que Draco y Harry se hubieran ido, acompañándolo de unos biscochuelos de limón, que eran sus favoritos. Estaba feliz, por ahora todo iba saliendo bien, lentamente y ante sus ojos iban apareciendo las piezas del enorme rompecabezas que encerraba el pergamino que tan celosamente guardaba en uno de los armarios de su despacho. Las piezas tantas veces investigadas y erróneamente interpretadas ésta vez encajaban por sí solas, y ahora solo restaba sentarse a esperar a ver cómo evolucionaba todo, tomando las precauciones debidas, por supuesto, y si estaba sobre las pistas correctas, ésta vez sería la definitiva, la profecía se cumpliría y ya no habría lugar a más sufrimiento por parte de personas inocentes…
Ese solo pensamiento hizo que sonriera con alegría… todo iba a estar bien…
Continuará...
Terminado el día: 27 de setiembre del 2006, a las 01:36
