Capítulo X: Perfume de Vainilla.
Draco llegó a su sala común esa noche con una enorme sonrisa nada propia del Príncipe de Slytherin y Líder del Círculo del Dragón estampada en la cara. Para su suerte, supo disimularla ante las primeras miradas de incredulidad de los que lo vieron entrar, y cuando llegó donde estaba Blaise, sentado muy cómodamente en uno de los sillones frente a la chimenea, ya tenía compuesta una perfecta mueca ladeada que todos le conocían por sonrisa
- Hola Blaise, ¿dónde están Vincent y Gregory? – cuestionó el rubio al no verlos por ahí, mientras se sentaba al lado de su amigo con ademanes elegantes
- Subieron a las cocinas por un tentempié – respondió el castaño, y luego de una intensa mirada a su amigo, le preguntó - Draco…. ¿Te pasa algo?
- No, ¿por qué lo preguntas? ¿Tengo cara de que me haya pasado algo malo recientemente? – refutó el ojigris extrañado por la pregunta de Blaise
- No - le contestó éste con una sonrisa – solo tienes una cara de orgasmo impresionante… ¿estuviste con Potter?
Ante las palabras del castaño Draco no pudo hacer otra cosa más que sorprenderse, aún después de todo el tiempo que llevaba siendo amigo de Blaise seguía sorprendiéndole día a día con su perspicacia
- Y para qué te digo que no… - fue la respuesta de Draco, las imágenes del beso de Potter todavía rondándole por la cabeza – Sabes? No harías un mal trabajo siendo clarividente, siempre adivinas todo… - le medio reprochó el rubio
- Prefiero las Artes Oscuras, muchas gracias – replicó el otro haciéndose el ofendido
- Me iré a dormir, estoy algo cansado – declaró Draco, levantándose del sillón y yendo rumbo a las escaleras de los dormitorios
- Buenas noches Draco, y si vas a tener sueños eróticos con Potter no olvides ponerle un hechizo silenciador a tu cama… - saludó el castaño con la más pura intención de hacer enojar al ojigris
- Vete a la mierda Blaise – contestó éste, enseñándole su dedo medio
- ¡Yo también te quiero! – le gritó Zabini en respuesta mientras Draco bajaba las escaleras hacia su cuarto
...
Eran las cinco de la tarde de un día martes y Hermione aún seguía encerrada en la biblioteca terminando un ensayo para Runas Antiguas. El lugar estaba casi vacío ya que los estudiantes, como era lógico, preferían salir a los terrenos del castillo y disfrutar al máximo los últimos días de calor del año antes que estar dentro de una tediosa biblioteca haciendo tareas o repasando apuntes. Hermione, contrario a toda lógica, no pensaba salir de esas cuatro paredes repletas de libros viejos hasta que su ensayo no quedara perfecto.
De pronto la prefecta de Gryffindor fue sacada de su concentración por el sonido que hizo alguien al sentarse frente a ella en la enorme y vacía mesa de la biblioteca. Hasta sus oídos le llegó la voz suave y masculina de alguien que arrastra las palabras al hablar, diciéndole:
- Hola Granger
La chica levantó la vista del libro y se encontró con Draco Malfoy con las manos cruzadas sobre la mesa, mirándola a los ojos insistentemente, tal vez demasiado para su gusto.
- Hola – le contestó ella simplemente, devolviéndole la mirada con seriedad
Hermione se quedó esperando a que Malfoy le dijera algo, pero el rubio no decía nada, solo la miraba con una expresión neutral en la cara. Algo incómoda ella bajó la cabeza y volvió a sumergirse en su libro de Runas, así tal vez el Slytherin se aburría y la dejaba en paz. Pero en vez de eso, la chica oyó:
- Esto es para Potter, llévaselo – dijo el rubio autoritariamente, como era su costumbre, y en el campo visual de la castaña aparecieron un paquetito y una nota
- ¿Y por qué no se lo llevas tu? Él esta en la torre de Gryffindor ahora – contestó ella con el tono de quien explica que dos más dos son cuatro
- ¿Hablas en serio? – Cuestionó el rubio espantado – Ni bajo un Imperius me acerco a ese nido de patéticos leones
La expresión de asco total del Slytherin hizo a Hermione rodar los ojos
- Te recuerdo que Harry también es un "Patético león", Malfoy… - habló con exasperación
El darse cuenta de esa verdad dejó a Draco sin palabras, y como el rubio ya no dijo más nada Hermione volvió a sumergirse una vez más en su libro
- … No es lo mismo – escuchó la chica que el rubio dijo de repente - ¿Se lo llevarás o no?
- No soy una lechuza Malfoy – contestó la castaña simplemente sin despegar los ojos del texto
- … - Sintió Hermione que el otro murmuraba
- ¿Qué has dicho? – preguntó levantando al vista
- … - susurró de nuevo el rubio, mirando hacia otro lado
- No te oigo, dilo más fuerte
- ….. Por favor – dijo el chico al fin mirándola a los ojos, ella solo pestañó incrédula. Draco suspiró rodando los ojos, y volvió a repetir – Por favor Granger, llévaselo a Potter
- Bien, lo haré – aceptó ella tomando el paquete con una sonrisa, internamente bastante asombrada
Hermione continuaba sonriendo mientras el rubio sin decir nada más se levantaba y se iba de la biblioteca, con su porte seguro y su andar digno del Príncipe de las Serpientes
En la Sala común de Gryffindor un rato más tarde Harry abría el dichoso paquete que dentro contenía una caja con pastelitos de vainilla, y la nota rezaba: 'La próxima consulta con Sauvage es dentro de dos semanas'.
Los pasteles que tenían la etiqueta de Honeyduckes y la caligrafía elegante de Draco hicieron a Harry sonreír.
...
La fiesta de Halloween había transcurrido con su acostumbrada normalidad. Excepto para cierto chico pelinegro que no podía dejar de quejarse y sentirse incómodo. Harry estaba sentado en la mesa de Gryffindor junto a Hermione y había comenzado a sentir un ligero dolor en sus pezones que no había hecho otra cosa que aumentar con el pasar de los minutos.
Le consultó a Hermione qué podía ser y ella como si estuviera explicando que dos más dos suman cuatro, le dijo que esa molestia era a causa de que se estaban empezando a desarrollar las glándulas mamarias que luego le servirían para alimentar al bebe. Harry decidió que al otro día pasaría por el despacho de Madame Pomfrey para preguntarle si podría darle algo para aliviar ese molesto dolor.
Cuando acabó la celebración todos los alumnos regresaron a sus respectivas salas comunes, algunos a dormir, otros a continuar la fiesta y otros simplemente a quedarse por ahí hasta que les picara el sueño y fueran a acostarse.
Particularmente en la sala de Gryffindor la mayoría de los alumnos mayores, sobre todo los de sexto y séptimo estaban aún despiertos y armando bullicio, mientras que los más chicos estaban ya en sus camas.
Harry permanecía despierto, estaba inquieto por el dolor en sus pezones, pero no le apetecía ir a acostarse porque aún no tenía sueño. Hermione estaba en su cuarto y sus otros compañeros estaban ocupados, salvo Neville Longbottom que se encontraba sentado solo en uno de los sillones frente a la chimenea. Sin pensarlo mucho fue a sentarse a su lado
- Hola Neville ¿te molesta si me quedo contigo un rato?
- Claro que no Harry, adelante – contestó el chico
Estuvieron un rato en silencio, escuchando el barullo que hacían sus compañeros, hasta que Harry se aburrió de solo escuchar
- Emmm… ¿y cómo te va con tu compañero de estudios de Slytherin Nev? – quiso saber el moreno, para sacar algo de conversación
- ¿Con Goyle? Digamos que me podría ir mejor… - contestó el chico con desgana - y a ti, ¿cómo te va con Malfoy?
- Oh! Me va mm… - Harry se contuvo antes de decir nada más. Estuvo muy a punto de confesar que le iba maravillosamente bien con ese sexy Slytherin rubio, pero por suerte se calló antes de hacerlo. No estaba seguro de cómo se lo tomaría Neville si supiera que en esos momentos babeaba por Draco Malfoy - … me va más o menos, ya sabes… no puedes esperar mucho de alguien como Malfoy
- Sí, te entiendo. No es como si los Slytherins estuvieran haciendo un mínimo de esfuerzo para cooperar con éste asunto de los grupos. El otro día estábamos con Goyle haciendo, o intentando hacer los deberes para transformaciones cuando apareció Malfoy y lo llamó para que se fuera con él, y el muy idiota de Goyle se marchó sin decirme una sola palabra, sin disculpas ni nada, dejándome hacer todo el trabajo a mi solo… eso fue muy descortés de su parte
- El día que vea a Goyle siendo cortés, se termina el mundo Neville… - dijo Harry con una sonrisita, que le contagió a Longbottom
Sus risas fueron interrumpidas cuando un grito fuerte resonó en la sala común
- ¡DÉJAME EN PAZ LAVENDER, NO QUIERO VOLVER A SALIR CONTIGO, NO ME BUSQUES MÁS!
Ambos chicos voltearon hacia donde provenían los gritos, y vieron a Ron mirando muy furiosamente a Lavender Brown, con los puños apretados fuertemente y la respiración agitada por el grito. La chica miraba al pelirrojo con los ojos desorbitados, y una mezcla de rabia y miedo en la expresión de su cara.
Al darse cuenta de que tal vez había gritado demasiado fuerte, Ron se obligó a sí mismo a calmarse y sin mirar a nadie se fue velozmente hacia la habitación de los chicos de séptimo, con la expresión más enfurruñada que nadie le había visto jamás, realmente el pelirrojo estaba muy cabreado
- Algo raro está pasando con Ron últimamente, está muy alterado – sentenció Neville
- Mhm... – le contestó Harry, sabiendo el porqué de parte de su cabreo
- Por cierto, he notado que ya casi no están juntos todo el día como antes, ¿se pelearon? – indagó Neville
- Bueno… digamos que Ron fue el que se peleó conmigo
- Explícame – pidió el chico rollizo, no entendiendo del todo las palabras de Harry
- Verás, es que… Ron se enteró de algo que hice, y que no le gustó mucho… y se enojó muchísimo conmigo, desde hace días que no me habla…- Después de decir esas palabras Harry se quedó callado, y Neville, harto de esperar, preguntó:
- Ya veo… Y… ¿qué fue eso que hiciste supuestamente tan malo y que a Ron no le gustó?
- Es que, Neville… yo…. No sé si deba contarte Nev…
- ¿Por qué? ¿Tan malo fue?
¿Qué si fue malo? No, definitivamente los besos, las caricias y demás cosas que Malfoy le había hecho esa noche en las mazmorras eran de todo menos malas…
Harry se sorprendió a sí mismo al darse cuenta de que ya no pensaba en el episodio del castigo como algo malo o feo… sino más bien con algo de… añoranza?
- ¡NO! Quiero decir ¡Sí!, bueno… no sé…Es que es algo complicado, bastante complicado en realidad…
- Cuéntamelo, no me escandalizaré. Si me lo dices tal vez pueda ayudarte a que se arreglen tus cosas con Ron
- Bueno, em… no sé por dónde empezar…. – miró a los lados a ver si alguien estaba escuchándolos, y al comprobar que nadie lo hacía, tomó aire - Yo me… Ay! Creo que mejor no te lo digo! Capaz que después me odias, como lo hace Ron…
- Harry, Ron no te odia, estoy seguro, y yo tampoco te odiaré. Vamos, cuéntame
- Es que… Neville, yo necesito descargarme, tengo que contárselo a alguien más… ¡Prométeme que no se lo dirás a nadie, que quedará entre tu y yo!
- Ya Harry, no creo que sea para tanto, ni que hubieras matado a alguien
- Ojalá hubiera sido solo eso! Así me mandaban directo a Azkaban y listo…
- ¿Lo que hiciste fue peor? ¿Crees que hay algo peor que asesinar a alguien? – le preguntó Neville con extrañeza en su rostro
- ¿Qué me dices de acostarte con la persona que más odias en el mundo? – soltó Harry como quien no quiere la cosa
- ¡¿Lo hiciste con SNAPE?! – gritó Longbottom escandalizado
- ¿Qué? ¡NO! Cállate y escúchame…
Entre susurros Harry le contó a Neville todo lo sucedido, sus consecuencias y lo que Harry sentía con respecto a todo. Neville lo escuchó con envidiable paciencia, no haciendo ningún tipo de comentario durante todo el relato del ojiverde, aunque por supuesto no pudo dejar de abrir los ojos como platos cuando Harry le confesó que se había acostado con Draco Malfoy, y casi se le cae la quijada cuando supo del embarazo del pelinegro.
Al concluir el relato, Harry lanzó un largo suspiro de alivio, extrañamente, se sentía más liviano.
A Neville le tomó cerca de cinco minutos reaccionar, y cuando lo logró, todo lo que pudo decir fue:
- Harry, yo creía que eras osado, pero esto que me contaste definitivamente sobrepasa mis límites de credibilidad….
- ¡Te juro que todo lo que te conté es cierto! – le dijo Harry, para luego callar. Después de un rato de silencio, en el que Neville parecía estar procesando aún todo lo que el ojiverde le había dicho, Harry se animó a confesar -... Neville, muchas gracias, por escucharme. En verdad, no te imaginas lo bien que me ha hecho
- Así que…. ¿ahora sales con Malfoy? ¿Oficialmente?
- Bueno, no sé si oficialmente, pero sí, algo así… ¡Por favor no le digas a nadie!
- Calma Harry, no lo haré..… ¿Quieres que haga la promesa inquebrantable? – ofreció el chico algo divertido
- No, no creo que sea para tanto…. – le contestó Harry con la misma diversión, pero luego de un rato, adoptó una pose seria, y dijo - Aunque creo si alguien más llega a enterarse, me muero
- Yymmm…. Dime, ¿cómo se siente? – quiso saber Longbottom
- El qué?
- Ya sabes… el embarazo
- Aah, bueno. Es algo extraño
Harry y Neville estuvieron un rato más conversando antes de ir a dormir. El moreno le contó a su compañero todo lo que pudo de su sentir hacia su embarazo, le contó lo emocionante que fue todo desde el momento en que se enteró que estaba esperando y que ya no podía esperar más para saber el sexo del bebé, se quejó de lo raro que le parecían sus repentinos ataques de ánimo y el incomprensible antojo de tocino con dulce de leche..
Ya en la cama a punto de dormirse el ojiverde no pudo evitar sonreír y pensar en que aunque no estuviera bien con Ron, aún tenía otros amigos en quienes podía confiar y con los cuales compartir sus cosas.
...
- Mmh! Qué rico! – decía Harry a cada rato entre bocado y bocado. Se encontraba con Draco dentro del lujoso carruaje que los llevaba hacia el consultorio del Mdm. Sauvage. A Harry se le habían antojado pastelitos de vainilla y Draco lo había llevado a una de las pastelerías más refinadas de Paris antes de dirigirse hacia el despacho del medimago – Nunca imaginé que los pasteles de vainilla franceses fueran tan deliciosos!
Draco prefirió no emitir comentario alguno. Miraba ausente el paisaje parisino a través de la ventana del coche intentando no sentir el olor a la crema de vainilla de los pastelitos que el moreno deglutía con tanto placer. El rubio estaba en medio de una contradicción interna: por un lado le agradaba la cara de satisfacción del ojiverde y por otro le producía nauseas el fuerte olor dulce de la vainilla.
- Draco ¿qué te pasa? – indagó el moreno al observar al Slytherin mirar hacia fuera tan ido en sus pensamientos y con un gracioso mohín de asco en la cara.
- ¿Ya acabaste de comer? – respondió Malfoy sin apartar la vista de la ventana. Al recibir una respuesta afirmativa de parte de Harry, Draco metió la mano en el bolsillo de su túnica y extrayendo una golosina de menta se la extendió al Gryffindor – Cómete esto por favor
- No tienes remedio… - susurró Harry mientras se metía el caramelo en la boca
Al llegar al consultorio de Mael Sauvage éste los atendió enseguida. Hizo pasar a Harry detrás del biombo como la vez anterior a cambiarse la ropa por una bata y luego a acostarse sobre una camilla. Una vez más Draco observaba todo desde una respetuosa distancia. Después de todo, por muy Slytherin ambicioso que fuera, seguía siendo un caballero.
- Muy bien Dgaco, acégcate pog favog – pidió el francés al rubio
Una vez que el rubio se situó al lado de la camilla donde estaba Harry, el medimago procedió con sus explicaciones
- Ahoga le hagé unos hechizos a Haggy paga sabeg como se encuentga – Las chispas de colores comenzaron a salir del estómago del Gryffindor y éste junto al rubio las miraban intrigados. En cambio el medimago analizaba los resultados de sus encantamientos con mucha concentración – Bueno Haggy, tienes una ligega deficiencia de Hieggo, no es nada ggave! Te gecetagué una poción paga eso. Igual me gustaguía que comiegas más alimentos gicos en hieggo paga equilibgagte – aclaró y prosiguió con la ejecución de más encantamientos – Bien, pagece seg que todo lo demás está en pegfecto ogden – concluyó con una amable sonrisa – Ahoga pgocedeguemos con el Hologgama Mágico
- Disculpe Medimago, pero ¿qué es un Holograma Mágico? – quiso saber Harry
- En Medimagia un Hologgama Mágico segía lo que los Muggles llaman… eeh… "Eclogafgía" ¿puede seg?
- Eh.. sí. Creo que la palabra correcta es "Ecografía" – aclaró el moreno
- Exacto muchacho, eso mismo. Bueno, con este Hologgama Mágico podgemos escuchag los latidos del bebé ¿están listos? – dijo el hombre y ambos chicos asintieron ansiosos
Mael se concentró y largó un hechizo de un ligero color ambarino que impactó directo en el vientre de Harry. Se vieron unas chispas de colores brotar de la zona de impacto junto a un humito dorado del cual se empezaba a distinguir un ruidito rítmico que cada vez se hacía más fuerte
Tun… tum… tuntum… tunTUM… TUNTUM…. TUNTUM…. TUNTUM…. TUNTUM….
A Harry se le llenaron los ojos de lágrimas, y Draco escuchaba fascinado los latidos. Sin pensarlo el rubio buscó con su mano la del Gryffindor que reposaba a un costado de su cuerpo sobre la camilla y la apretó levemente. Ambos muchachos buscaron conectar sus miradas y susurraron a la vez embelesados:
- Es nuestro bebé…
Harry estaba muy emocionado. Las lágrimas de alegría corrían sobre sus mejillas sin que él pudiera evitarlo. Tampoco quería hacerlo. Sentía una felicidad enorme que le hinchaba el pecho y le hacía sonreír ampliamente.
Draco por su lado también estaba emocionado. El sentimiento encontrado que le provocaba estar escuchando los latidos del corazoncito de una criatura que era su propio hijo… era una sensación difícil de descifrar. Aún así no era capaz de expresar su sentir tan sinceramente como lo hacía el moreno, sus diecisiete años de práctica del Autocontrol Malfoy le impedían hacerlo. En su rostro solo se vislumbraba una breve sonrisa y un brillito de fascinación en sus ojos azul-plateados, que eran manifestaciones de una milésima parte del torbellino de sensaciones que estaba sintiendo en su interior.
- Ahí lo tienen señoges, su cogazón late con fuegza y nogmalmente – Acotó el medimago viendo enternecido las reacciones de ambos estudiantes - Ahoga hagué un pag de chequeos más y ya podgas cambiagte la bata pog tu gopa, Haggy.
El moreno estaba que no podía articular palabra alguna. Le temblaban las piernas cuando se levantó de la camilla una vez que el medimago terminó de revisarlo y no pudo expresarle con palabras el agradecimiento que sentía cuando tuvieron que despedirse. Estaba mudo de la emoción.
Ya de vuelta en el carruaje el ojiverde solo sonreía con las manos sobre su vientre que ya presentaba una ligera curvatura. Dentro de él estaba creciendo fuerte y sanamente una criatura, un bebé, su hijo…
...
Harry estaba que se moría de sueño. En mitad de la cena de esa noche casi se caía dormido sobre su plato de comida, así que para evitar un episodio vergonzoso decidió irse a dormir temprano. Se despidió de Hermione y sus compañeros Gryffindors y salió del Gran Comedor.
Iba muy ensimismado subiendo las escaleras hacia la torre de Gryffindor, pensando en lo suave y confortable que era su camita, cuando algo, o más bien alguien llamó poderosamente su atención. En la cima de la escalera, justo en frente del retrato de la Dama Gorda, estaba nada más y nada menos que el mismísimo Draco Malfoy.
El moreno no se podía explicar cómo era posible que estuviera el rubio allí siendo que cinco minutos atrás se encontraba en el Gran Comedor cenando, así que se apresuró a subir las escaleras que le faltaban para preguntárselo.
- Draco, ¿qué… - comenzó el ojiverde pero se detuvo a media frase, algo no era normal
Primero que nada, que Draco estuviera ahí esperándolo ya era algo sumamente extraño, puesto que el rubio no se acercaría a territorio Gryffindor ni aunque de ello dependiera su vida. Luego estaba su sonrisa. El slytherin siempre que sonreía, si no era con burla o con socarronería era con lujuria, pero la sonrisa que adornaba los labios de Malfoy ahora era forzada y odiosa, se notaba a la legua que era falsa. Y por último estaba su perfume. Draco gustaba de las fragancias mentoladas, y ahora él olía a Vainilla. Y eso era lo más extraño de todo, ya que el rubio odiaba la vainilla. Por una fracción de segundo al moreno se le cruzó por la cabeza que Malfoy venía de traicionarlo y de estar con otra persona que usara ese perfume y el olor se le habría quedado impregnado, pero rápidamente fue sacado de sus pensamientos por el propio Draco en cuestión
- ¡Hola Harry, cariño! Te estaba buscando bebé… – dijo el chico acercándose al ojiverde y abrazándolo, le dio un beso en la mejilla
A cada segundo que transcurría el moreno se convencía más de que algo extraño se traía el rubio entre manos. El Draco que Harry enfrentaba todos los días nunca lo trataba de esta forma falsamente dulce, ni mucho menos optaba por decirle "cariño" ni ningún otro de esos apodos cursis de mujer, y cuando iba a besarlo era directamente en la boca. Todo se sentía bastante raro. Harry se moría por saber qué le estaba pasando al rubio y una vez más lo sacó de sus pensamientos al decirle
- Escucha cielo ¿qué te parece si tu y yo tenemos un poco de acción ahora, eh?... – propuso el Slytherin cambiando su tono de voz de normal a sensual, y a pesar de que ahora el rubio estaba actuando más como el Draco Malfoy que conocía a Harry no podía dejarle de parecer que algo inusual estaba sucediendo.
¿Por qué de un momento para otro al rubio se le ocurría usar absurdos apelativos románticos cuando antes nunca lo había hecho? Sus pensamientos se vieron nuevamente interrumpidos cuando bruscamente se vio apresado contra la pared por Draco. Le dolía el lugar en su espalda que había sido golpeado contra la pared a un costado del retrato de la Dama Gorda y el ojiverde expreso su dolor con un quejido, pero a Draco pareció no importarle en lo más mínimo.
Harry no atinaba a reaccionar, el comportamiento del Slytherin le parecía tan raro; de pronto sintió como el rubio había comenzado a besarlo en el cuello, pero no se sentía bien como antes, ni remotamente parecido. Ahora Draco era rudo y frío, no cálido y sensual como las veces anteriores.
- Draco.. ¿qué… espera ¡No! – Harry trató de detenerlo, pero el rubio no se dejó empujar lejos de su cuerpo, apresó las muñecas del moreno con rudeza y forzó un beso en su boca, un beso que a Harry no le gustó para nada.
Era un contacto insulso y sin la acostumbrada sensualidad que el ojiazul solía tener para con él y que le gustaba tanto.
Al sentir la reticencia de Harry a colaborar, Draco intentó sacarle la ropa a prepo y comenzó a propinarle besos cada vez más rudos hasta el punto de casi lastimarlo.
- No, para… ¡Malfoy para! – Harry forcejeaba pero el shock y el miedo que este Malfoy tan agresivo le provocaban no lo dejaba hacer uso de toda su fuerza física para liberarse.
- ¡No voy a parar Potter! – exclamó Draco con una voz tan fría que una vez más dejó a Harry sorprendido, más de lo que ya estaba – Necesito saberlo… saber qué mierda es lo que tienes que te hace tan especial para él… - susurraba Malfoy aún intentando forzarlo, tratando de desprenderle la camisa. Tenía una expresión de ira que asustó a Harry. Estaba empecinado en lograr su cometido.
Sin previo aviso el Slytherin aventó al moreno al suelo y éste aterrorizado se cubrió el vientre con una mano, ¿en qué demonios estaba pensando el imbécil de Malfoy? ¿Qué acaso no se daba cuenta de que con esa violencia podía dañar al bebé? De pronto vio cómo el rubio se le venía encima, lo más probable que para apresarlo contra el piso donde tenía menos movilidad y seguir forzándolo, pero ésta vez Harry no iba a permitirlo, el rubio estaba sobrepasando los límites de su paciencia y comprensión, y si hacía esto para acostarse con él otra vez estaba llegando demasiado lejos ya.
Antes de que Draco lograra acostarse sobre él, Harry logró lanzarlo lejos de una fuerte patada en su pecho. El moreno se incorporó lo más rápido que pudo y escuchó que desde el suelo Malfoy maldecía en voz alta
- ¡Maldito seas Potter! Eso me dolió… ¡Ya verás! – gritó y se incorporó yendo derecho hacia donde se encontraba Harry, al borde de las escaleras que pensaba bajar para huir de ese Malfoy agresivo que no le gustaba nada.
Harry no sabía que hacer. No podía hechizar al rubio porque había dejado su varita en su cuarto, y para ir a buscarla debía pasar por sobre el Slytherin y no iba a arriesgarse a que el rubio siguiera lastimándolo, así que resuelto comenzó a bajar las escaleras pero fue detenido en mitad de su huida por Malfoy que lo sujetó fuertemente del brazo, le apretaba tanto que de seguro lo estaba lastimando. Harry empezó a forcejear para librarse del agarre, pero no pudo ya que el rubio lo apretó aún más fuerte
- ¡Suéltame Malfoy! ¿Qué mierda crees que haces? ¡SUELTAME YA! – gritaba Harry mientras seguía forcejeando
- ¡VETE A LA MIERDA POTTER! – gritaba Draco fuera de si – Por su culpa mi vida es un completo infierno… si me deshago de ti y de ese maldito bastardo – expresó el Slytherin mirando hacia su vientre con tanto odio que Harry sintió deseos de llorar – Mi vida será normal otra vez, y él volverá conmigo ¡ya verás!
Esas últimas palabras dejaron a Harry completamente bloqueado, él creía que Malfoy aceptaba que iba a tener un hijo… nunca se imagino que la idea le causara tanta rabia y repugnancia… Estaba en un shock tan grande que no pudo impedirlo cuando Draco lo empujó hacia abajo y él comenzó a rodar por las escaleras…
Mientras caía Harry pudo escuchar cómo el rubio reía, pero su último pensamiento coherente antes de golpearse la cabeza y caer inconsciente al pie de las escaleras fue como la risa histérica tan impropia de Malfoy fue transformándose en una… risa histérica de… mujer…
...
El griterío de los cuadros y el llanto de la Dama Gorda atrajeron a todos los Gryffindors que estaban en el Gran Comedor y algunos alumnos más de otras casas, entre ellos Blaise Zabini.
Ron y Hermione casi se mueren ante semejante visión, allí al pie de las escaleras estaba su amigo Harry desmayado y al lado un pequeño charco de sangre que le salía de una herida que tenía en la cabeza. Hermione no pudo hacer otra cosa más que correr al lado del moreno gritando frente a todos los Gryffindors
- ¡El bebé!
Continuará...
Terminado el día: 11 de Junio del 2008, a las 03.38 am
