Capítulo XI: Una boca floja es directamente proporcional a un castigo enorme.

Sentados en un banco del pasillo donde estaba la enfermería del colegio Ron y Hermione esperaban impacientes. A pesar de que muchos alumnos habían visto a Harry al pie de las escaleras y muchos de ellos, la mayoría Gryffindors se habían quedado preocupadísimos por el moreno ojiverde, La profesora McGonagall les había prohibido a todos ocupar el pasillo de la enfermería excepto a ellos dos, sus mejores amigos. Sirius había sido enterado del suceso también, además de Remus, y ahora ambos hombres se encontraban dentro de la enfermería con Madame Pomfrey, Dumbledore, McGonagall y Harry.

El pelirrojo sacaba y volvía a introducir el forro de los bolsillos de sus pantalones en un intento inconsciente de canalizar la urgencia que tenía de saber sobre el estado de Harry, mientras que la chica se mordía los labios y miraba con los ojos llorosos hacia la puerta esperando a cada segundo que Poppy saliera para decirles algo.

- ¿… Hermione? – llamó Ron, y en el silencio del pasillo su voz grave resonó hasta en lo más alto del techo

- ¿Mh? – respondió la castaña no queriendo hablar, temerosa de que se le quebrara la voz del llanto que hacía rato estaba conteniendo

- ¿Por qué llamaste a Harry 'Bebe' cuando lo vimos tirado en el piso? – soltó el pelirrojo como al descuido, pero con la intriga carcomiéndole las entrañas

Ronald se alertó cuando ante su pregunta la castaña intentó contener un gemido y luego largó el llanto. Hermione lloraba tapándose la cara con las manos, y entre sus sollozos el pelirrojo pudo entender:

- Es que… snif Harrry… y es…. ta snif…esp… bebé… snif

- Espera Mione, así no te entiendo nada – dijo Ron, pasando un brazo sobre los hombros de la chica intentando tranquilizarla – cálmate

- Snif…. Es que… aahhhh..- Hermione se detuvo y suspiró, sintiendo el cálido abrazo amigo de Ron. Limpiándose las lágrimas y suspirando otra vez, continuó – Es que Harry está embarazado Ronald…

La chica sintió claramente cómo la musculatura del brazo del pelirrojo se tensó ante esa confesión.

- ¿Estás diciéndome que… el maldito hurón bastardo embarazó a Harry? – Ron se incorporó del asiento, sus hombros temblando por la fuerza que hacía al apretar los puños - ¡¿Y QUE EL IMBÉCIL DE HARRY SE DEJÓ EMBARAZAR?! – Gritó al fin, encarando a la castaña que seguía sentada

- ¡DETENTE RON! – Le gritó como respuesta, levantándose también con nuevas lágrimas en lo ojos - ¡Harry está mal ahora, y no necesita que te pongas a gritar de esa forma! Él…

- ¡DRACOOO!

Otro grito interrumpió a Hermione. Ambos Gryffindors miraron hacia el lugar de origen del grito, que eran las escaleras que subían hacia el pasillo de la enfermería. No tuvieron que esperar mucho para saber quién había gritado. Por el pasillo venía caminando como bólido Draco Malfoy, seguido de un agitado Blaise Zabini que volvió a gritar

- ¡Draco espérame!

Antes de que el rubio pudiera golpear en la puerta de la enfermería (porque aunque tenía prisa y secretamente estaba desesperado por saber de Harry seguía siendo un Malfoy y los modales estaban primero) un fuerte golpe en la cara lo tiró de espaldas al piso.

- ¡RON! – gritó Hermione intentando detener a su amigo, que había acorralado al rubio contra el suelo y se estaba preparando para darle un segundo puñetazo

Antes de que el Gryffindor diera el segundo golpe, Zabini lo agarró fuertemente de los brazos sacándolo de encima del rubio

- ¡Suéltame imbécil! – Forcejeaba Ron intentando zafarse de la llave que Blaise le estaba haciendo - ¡TE VOY A MATAR HURÓN DE MIERDA! – Le gritó a Malfoy que aún seguía en el piso sujetándose la quijada dolorida

- ¡SILENCIOOO! – Se oyó un nuevo grito, y todos miraron hacia la puerta de la enfermería que ahora estaba abierta - ¡Este es un lugar donde intentan descansar personas enfermas señores!

La envejecida pero no por eso menos autoritaria voz de McGonagall hizo que todos se calmaran. Blaise soltó a Ronald que había dejado de forcejear y Draco se incorporó del suelo

- ¿Cómo está Potter? – quiso saber el rubio

- ¡No preguntes por Harry serpiente asquerosa, no tienes derecho de estar aquí! ¡VETE! – Saltó el pelirrojo

- ¡BASTA RONALD! – gritó la chica

- ¡HE DICHO SILENCIO! – Volvió a alzar Minerva la voz – El señor Potter se encuentra bien, está bajo el efecto de una poción tranquilizante ahora y esta durmiendo. Le he pedido a Madame Pomfrey que les avise cuando Harry se encuentre consciente y así podrán venir a verlo, ahora regresen todos a sus Salas Comunes – viendo que ninguno de los adolescentes se movía, volvió a alzar un poco la voz - ¡Ahora!

...

Cuando Harry abrió los ojos esa noche se sentía muy extraño. Le dolía la cabeza y sentía un atípico adormecimiento en todos sus sentidos muy distinto a la sensación que te queda en el cuerpo cuando estas recién despierto. Pestañeó un par de veces y trató de enfocar un objeto cercano para intentar identificar dónde se encontraba, pero al no tener sus gafas puestas solo veía figuras borrosas. Como su sentido de la vista no lo ayudó cerró los ojos un momento, y en ese instante los últimos recuerdos florecieron en su mente.

Recordó a Malfoy actuando muy extraño, recordó el forcejeó que tuvo con el rubio… y recordó que este inesperadamente lo arrojó por la escalera luego de decirle cosas horribles.

Alarmado se llevó las manos hacia su estómago temiendo por la vida del bebé, y justo cuando estaba a punto de gritar Madame Pomfrey advirtió que se estaba moviendo y acudió a su lado para calmarlo.

- No te preocupes Potter, el bebé está bien – lo tranquilizó la medimaga, viendo cómo los ojos del moreno se llenaban de lágrimas y se mordía el labio inferior palpándose el vientre – fue un verdadero milagro que no ocurriera nada. El único levemente dañado fuiste tu que te golpeaste en la cabeza, pero fuera de eso está todo bien

Así que estaba en la enfermería, y el adormecimiento que sentía era probablemente una poción tranquilizadora o algo. Harry suspiró largando el aire que estaba reteniendo inconscientemente en sus pulmones, y aflojó sus músculos tensionados por el nerviosismo y el miedo de posiblemente haber perdido al bebé por la caída. Por más que Poppy dijera que estaba todo bien y que el daño había sido leve, a él la herida en su frente le pulsaba y dolía un montón, la caída había sido fuerte en verdad.

Sin embargo el dolor en su cabeza no era tan fuerte y no pulsaba tanto como el desgarro que sentía en el pecho, ahora que estaba más despabilado y con todos los recuerdos frescos en la memoria.

A su mente acudían las crueles palabras que había escuchado de Malfoy antes de caer, y el moreno se debatía entre la rabia, la decepción y la incredulidad de saber al rubio responsable del intento de homicidio contra él y su hijo. Sus ojos verdes se llenaron de lágrimas otra vez, pero esta vez eran lágrimas de dolor e impotencia.

- Realmente Potter ¡Qué torpeza la tuya! ¿Cómo fue que terminaste resbalando y cayendo de esa forma por las escaleras? – indagó la medimaga, revisando entre unos frasquitos de pociones

- No me caí… - susurró Harry conteniendo la voz - … me tiraron… - confesó, y con un ademán furioso se limpió las lagrimas que pugnaban por salir de sus ojos.

No iba a llorar más por ese imbécil mal nacido de Malfoy. Tenía que ser fuerte para enfrentar al rubio y demostrarle que no le importaba su rechazo, y que ahora lo odiaba más que antes por lo que había hecho. Tenía que ser así, aunque por dentro el alma se le hiciera jirones…

Cuando Poppy estaba por preguntarle quién había sido capaz de semejante acto, se abrieron las puertas de la enfermería y por ellas entraron el director Dumbledore, la profesora McGonagall, Hermione, Ron y detrás de ellos… el dichoso Draco Malfoy.

Harry al ver a Slytherin sintió como todos los músculos del cuerpo se le tensaron de nuevo, y solo por respeto a Poppy y a la enfermería se contuvo de gritarle al rubio unos cuantos improperios.

Antes de que pudiera reaccionar se vio enredado entre un par de brazos que lo apretaron fuerte, y desde su propio cuello pudo escuchar la voz sollozante de Hermione

- ¡Merlín Harry! Snif… ¡Qué susto!... – la chica aflojó su abrazo e incorporándose lo suficiente como para ver a Harry a los ojos siguió hablando mientras con una mano se limpiaba las lágrimas - ¿Estás bien? Snif… ¡¿Ah, cómo sucedió esto!? ¿Acaso tropezaste? Nos asustamos mucho cuando te vimos tirado al pie de las escaleras

- Casualmente Señorita Granger – la interrumpió Pomfrey – El Señor Potter acaba de decirme que no se cayó, sino que alguien lo arrojó escaleras abajo…

Hermione no pudo suprimir un gritito de horror, mientras McGonagall se tapaba la boca con la mano y Dumbledore achicaba sus ojos pensativamente…

- ¿Quien fue? – se escucho una voz baja contenida al pie de la cama donde se encontraba Harry

El moreno alzó la vista para encontrarse con el rubio Slytherin y sus hombros anchos crispados por la fuerza que hacia al apretar sus puños. Harry no podía dar crédito a lo que veía, esa serpiente miserable era muy buen actor. No lo comprendía tampoco. ¿Qué ganaba al montarse esa actuación si tarde o temprano terminarían descubriéndolo?

Potter iba a abrir la boca para hablar, pero Ron le ganó de mano

- ¡Será mejor que te largues Malfoy! No eres una visita grata

- Ron ¡por favor! – pidió Hermione hastiada, abrazando más fuerte al moreno en cama

La chica notó claramente cómo su amigo ojiverde se tensaba y comenzaba a temblar en su abrazo, y también cómo el chico tenía la mirada clavada en sus puños cerrados sobre su regazo

- ¡Cierra el hocico Weasley! Solo quiero saber quien fue para darle lo que se merece…

Ante esas palabras Harry no pudo evitar levantar la mirada y clavarla en la gris del rubio. En ella encontró furia, deseos de venganza, y no lo entendió. Era un Slytherin muy buen mentiroso e hipócrita

- Vete Malfoy – pidió Harry en un susurro conteniendo las ganas de gritar a todo pulmón que no quería verlo nunca más en su vida - ¡Vete y no me molestes más!

- Harry, creo que necesitas descansar un poco más – Sentenció el anciano director al notar el ambiente incómodo y tenso que se estaba generando

- No necesito descansar, solo quiero que Malfoy se valla de mi vista y de mi vida, VETE! – le escupió esas palabras por sobre el hombro de Hermione que seguía abrazándolo

- Pero Harry… – lo atajó Hermione con los ojos enormes como platos separándose un poco de él, no entendiendo qué estaba pasando

- ¡Vete Malfoy! ¡No quiero verte nunca más! ¡LÁRGATE! – Volvió a gritarle Harry

El rubio estaba estático es su lugar sin comprender que estaba sucediendo ¿por qué el Gryffindor le gritaba de esa manera? Tenía sus ojos grises abiertos todo lo que daban y clavados en los verdes de Harry que expresaban una furia y un dolor que le contrajeron las entrañas. Dolía verlo sufrir de esa manera. Aún así su sorpresa solo la expresaban sus ojos, en la cara tenía compuesta una perfecta máscara de indiferencia e inexpresividad muy propia de sí mismo.

Harry al ver que el Slytherin no movía ni un pelo, continuó gritándole

- ¡¿Qué esperas Malfoy?! ¡VETE! ¡No quiero verte más! ¡TE ODIO! ¡¿Cómo pudiste hacerlo, desgraciado?! ¡Márchate! – gritaba Harry cada vez más fuera de sí, zarandeándose entre los brazos de Hermione que intentaba retenerlo con nuevas lágrimas en los ojos

- ¡SUFICIENTE! ¡Silencio Potter!– se oyó la voz de Madame Pomfrey – Creo que será mejor que se retire Señor Malfoy, es claro que su permanencia en la enfermería está alterando la estabilidad de mi paciente – Habló la medimaga imponiendo el orden, mientras que con manos expertas y gentiles separaba a Hermione del chico y volvía a recostar a Harry en la camilla y le daba un vasito con poción tranquilizante – Bebe esto Harry – le pidió ahora mirando a los ojos al moreno infundiéndole calma

- Señorita Granger, Señor Weasley, acompañen al Señor Malfoy afuera por favor, luego les informaré de todo – pidió con autoridad el Director

Hermione asintió y limpiándose las lágrimas de los ojos dejó un casto beso en la mejilla de Harry antes de hacer lo que le habían encomendado. Ronald en cambio continuaba plantado en el suelo con una mirada de incredulidad en sus ojos azules que iban de Harry a Malfoy y de Malfoy a Harry. La escena lo había dejado mudo, cosa increíble en él, no atinaba a reaccionar, se sentía como superado por la situación. Las ideas chocaban en su mente y las emociones hacían lo suyo en su pecho. Seguía dolido y desconcertado por la reciente información del embarazo del moreno y su relación amorosa con el hurón Slytherin, pero por otro lado le había aliviado el volver a escuchar al moreno tratar al otro como en los viejos tiempos. Ese hecho le dio el pensamiento de que no todo estaba perdido. Aún así esas ideas encontradas continuaban haciendo cortocircuito en su cabeza, y fue sacado de su mutismo por Hermione quien lo tironeaba de un brazo hacia la salida de la enfermería.

Con una total impotencia Draco apretó los puños y la mandíbula aún dolorida por el golpe del pelirrojo, y cerrando los ojos se dio la media vuelta para irse, no comprendía nada y quería hacer muchas preguntas y recibir respuestas concretas. Sobre todas las cosas quería hablar con Potter, sentía muy dentro suyo la necesidad de hacer algo para que el moreno ojiverde estuviera bien, tranquilo y que no le volviera a gritar de esa manera, pero le crispaba los nervios el no saber que estaba ocurriendo y por qué el moreno lo rechazaba de esa forma, siendo que hasta hace unos días lo había tenido entre sus brazos y se había sentido tan jodidamente bien.

Antes de que cruzara la puerta hacia el pasillo lo detuvo la voz de Dumbledore

- Espéreme en la entrada de mi oficina señor Malfoy, necesito hablar con usted

- Sí Señor – dijo el rubio sin voltearse y salió del lugar

Harry se notaba más calmado gracias a la poción y a que el Slytherin ya no estaba presente, ahora se hallaba recostado con los ojos cerrados y respirando normalmente, aunque con un brazo se tapaba los ojos y con el otro se palpaba el vientre, últimamente hacer eso lo relajaba. Aún así sabía que no debía aflojarse del todo, porque McGonagall y Dumbledore seguían allí, y eso era un claro signo de que sería prontamente sometido a un interrogatorio. Y no se equivocaba

- A la profesora McGonagall y a mi nos encantaría que nos contaras qué pasó Harry – dijo el Director acercando una silla al costado de la camilla y sentándose en ella

A pesar de estar más calmado Harry continuaba sintiéndose muy dolido y furioso, tanto que la sola idea de tener que hablar de lo ocurrido hacía que le vinieran ganas de llorar. Pero sabía que era mejor hablar ahora y no después, porque realmente deseaba que el mal rato vivido en la entrada a la torre Gryffindor fuera pronto agua pasada. Así que suspiró, carraspeó un par de veces e incorporándose apenas en la camilla pasó a relatarles a su director y jefa de casa lo ocurrido, omitiendo el detalle de intento de violación y lo extraño que el Slytherin le parecía esa tarde. Mientras hablaba iba rememorando en su mente cada instante del fatídico encuentro, y por Merlín que dolía…

- ¿Estás seguro de que fue el Señor Malfoy el responsable de éste desagradable episodio Harry? – cuestionó Dumbledore mirando al chico por sobre sus lentes de medialuna con esa típica mirada suya de te-estoy-leyendo-el-pensamiento-no-puedes-ocultarme-nada

Harry tragó saliva, esa mirada por parte del director siempre lograba ponerlo nervioso, le daba la sensación de estar desnudo frente a él, con todos sus pensamientos expuestos. Sin embargo sí había sido Malfoy. Había sido él quien lo tiró por la escalera y le dijo esas cosas tan horribles.

Harry se llevó una mano al vientre, por suerte su bebé estaba bien, pero el mismo Harry no estaba bien del todo. Algo dentro de él se sentía quebrado… el padre de su bebé había intentado asesinarlos… a ambos, y eso era algo que nunca le iba a perdonar.

Por más que lo intentara no podía olvidar las crueles palabras que el rubio le había dicho antes de empujarlo por la escalera, aún las escuchaba repiqueteando en sus oídos y le lastimaban tanto… También el hecho de que hubiera intentado forzarlo, y ese beso… Aún podía sentir en su boca el sabor amargo que le dejó ese beso tan frío que Malfoy le había dado ¡Tan diferente a los magníficos besos que el rubio solía darle!

¡No! No iba a perdonárselo nunca a la maldita serpiente

- Sí Profesor Dumbledore, estoy seguro de que fue él – sentenció con voz grave, sosteniéndole la mirada penetrante del Director.

- Muy bien Harry, hablaré con el Señor Malfoy al respecto. Ahora descansa que te hará muy bien

Con éstas últimas palabras el director se marchó de la enfermería, no sin antes dejarle a Harry sobre la mesita de luz un caramelo de limón por si las dudas

...

- ¡Finite Incantatem! – se escucho una voz que causó eco en las paredes de aquel salón abandonado

Alissa Adams calló de rodillas al suelo polvoriento, temblando frenéticamente

- Muy bien querida ¡has sido de mucha utilidad! – Volvió a hablar la misma voz, acercándose a la chica arrodillada – Todo ha salido tal cual el plan

- P.. Par..kinson? Q.. que…? – preguntó Alissa confundida mirando hacia la persona parada frente a ella

La guardiana de Gryffindor no entendía nada, había estado esa noche caminando por los pasillos del castillo yendo hacia el Gran Comedor cuando de pronto se sintió jalada hacia un aula en desuso y a partir de ahí todo era negro y no recordaba nada. Y ahora estaba arrodillada en el piso, temblando incontrolablemente, vestida con un uniforme masculino de Slytherin y sintiéndose para el demonio. Muy dentro de sí tenía la sensación de que había hecho algo muy malo pero no tenía idea de qué.

Fue sacada de sus pensamientos por la voz de Pansy Parkinson que volvió a hablarle

- Bueno querida ¡Gracias por todo! Jajaja – Alissa vio con horror como la Slytherin levantaba su varita y la ponía entre sus cejas - ¡Obliviate!

Todo volvió a ser negro…

...

- Señor Malfoy, cuénteme qué sucedió el día de hoy – pidió amablemente el director ofreciéndole a Draco un caramelo de limón

Draco tragó saliva antes de aceptar el caramelo y llevárselo a la boca, no sabía cómo lo hacia el maldito viejo, pero lograba ponerlo muy nervioso con esa típica mirada suya de te-estoy-leyendo-el-pensamiento-no-puedes-ocultarme-nada.

Saboreó el dulce en su boca y distinguió un gusto atípico en él. Sonrió para sus adentros, viejo tramposo… Igual supuso que nadie podía reprenderle al Director de Hogwarts el rociar sus caramelos con Veritaserum…

Por su propio bien decidió cooperar e hizo memoria, se levantó en la mañana, se bañó y vistió, subió al Gran Comedor a desayunar y luego asistió a clases normalmente. Después del almuerzo se quedó en su sala común haciendo la tarea que tenía pendiente y en la tardecita se encerró en su cuarto a estar tranquilo y pensar en Potter y su no-nato problema (últimamente lo hacía a menudo y prefería estar solo en esos momentos) Luego de eso de duchó por segunda vez en el día (Porque secretamente era bastante maniático con su higiene personal) y se encontraba saliendo de su Sala Común cuando llegó corriendo su amigo Blaise a decirle que había visto a Potter tirado al pie de unas escaleras desmayado y sangrando por la cabeza. El resto es historia conocida.

Fijó la vista en la del director y le contó todo lo que sucedió en su día, luchando duramente para omitir la parte durante su segunda ducha en la que no pudo evitar el pensar en Harry de una forma pasional y terminó con un problemita que solucionó manualmente…

- Ya veo señor Malfoy. No veo mentira ni engaño en sus ojos – concluyó el anciano, entrelazando sus dedos y apoyando los codos en su escritorio

- No entiendo por qué Potter está tan seguro de que fui yo quien intentó lastimarlo – se quejó Draco, disimulando muy bien bajo su expresión de indiferencia cuanto le dolía ese hecho

- Pronto lo averiguaremos chico, no te preocupes. Ahora regresa a tu sala común y trata de dormir lo que queda de la noche – aconsejó Dumbledore. Al ver que el rubio iba a protestar y leyéndole el pensamiento se le adelantó – Harry ya está bien y descansando en la enfermería. Ya mañana podrás ir a verlo. Aunque hasta que no aclaremos este asunto dudo que él quiera verte. En su mente y en su corazón él está seguro de que fuiste tú quien intentó herirlo

Todavía sintiéndose muy impotente, Draco salió del despacho del Director rumbo a su habitación. No pudo pegar un ojo en todo el resto de la noche

...

- ¿Qué sucedió aquí? – preguntó Hermione al llegar a su sala común junto con Ron

Había un gran revuelo en la Sala Común de los leones. Los alumnos estaban amontonados alrededor del sillón más grande de la sala, el que estaba frente a la chimenea, y cuchicheaban entre si y hablaban todos a la vez.

- ¿Qué sucedió Parvati? – preguntó por segunda vez la castaña al ver que nadie le hacía caso, acercándose al tumulto de gente arremolinada en torno al sillón

- Es Alissa – contestó la chica, estirando el cuello para poder ver mejor al sillón sobre la gente – Apareció desmayada frente al cuadro de la Dama Gorda, y cuando volvió en si apenas se acordaba de su propio nombre. Desde que la encontraron que le están preguntando si recuerda que le sucedió y nada, no suelta ni media palabra

La prefecta comenzó a empujar y a hacerse lugar entre los alumnos para llegar hasta el sillón y ver a Alissa. Ella como Prefecta tenía la obligación de velar por el bienestar de los Gryffindors y si la guardiana había aparecido desmayada seguro que ahora no estaba bien del todo, y tener a tanta gente a tu alrededor quitándote el aire y hablando todos a la vez no ayudaba en mucho a sentirse mejor.

Hermione, viendo que el ambiente no se calmaba y que los alumnos se ponían cada vez más histéricos tratando de sonsacarle qué le había ocurrido a la guardiana de Gryffindor, decidió que ese ambiente no le estaba haciendo bien a la chica, y levantando su varita por sobre su cabeza, intervino lanzando chispas al techo para llamar la atención de todos en la Sala Común

- Gente ¡Por Favor! Alissa necesita descansar ahora, y el que estén todos hablándole y preguntándole cosas a la vez no le hace bien. Por favor permitan que suba a su cuarto a dormir, ya mañana cuando este más calmada hablaremos con ella

La autoridad de Hermione era irrefutable. Ante sus palabras y su mirada decidida todos se fueron apartando del sillón y calmaron sus preguntas.

- Ven Alissa – dijo la castaña ayudando a la otra chica a incorporarse del sillón en el que había permanecido acostada durante todo el revuelo con un brazo sobre sus ojos – te acompañare a tu cuarto para que puedas dormir

Mientras tanto Ron continuaba ausente, muy metido en sus pensamientos como para intervenir. Cuando Hermione hubo llevado a Alissa al cuarto y todos los alumnos se hubieron calmado y volvieron a sus asuntos, Ronald se sentó a pensar en el sillón donde había estado acostada la guardiana. Por primera vez en su vida tenía mucho en que pensar.

...

Al día siguiente los acontecimientos ocurridos en Gryffindor eran noticia en todo Hogwarts. Todo el mundo se había enterado de que Harry Potter se había caído por las escaleras y que ahora se encontraba en la enfermería recuperándose, que ya estaba mejor. Y que Alissa Adams había aparecido desmayada a la entrada de su Sala Común y que ahora también se encontraba bien, desayunando en la mesa de los leones.

- ¿Cómo te encuentras Alissa? – saludó Hermione sentándose al lado de la chica

- Mejor. ¡Gracias por lo de ayer! Realmente me estaban fastidiando

- De nada – correspondió la chica con una sonrisa - ¿Y? ¿Ya recordaste lo que sucedió anoche?

- No… - contestó la guardiana con expresión sombría – lo único que me acuerdo de anoche es que estaba caminando hacia aquí para cenar y de repente sentí un dolor en la cabeza y todo se oscureció. Cuando desperté estaba tirada en el sillón de la Sala Común con todo el mundo hablando a la vez y preguntándome cosas. No recuerdo nada más… es muy extraño…

- No fuerces tu memoria Alissa, ya veras que cunado menos lo esperes los recuerdos volverán – la tranquilizó la prefecta

- Gracias. Por cierto ¿Cómo está Harry? – quiso saber la chica

- Mejor, recuperándose. La caída no fue grave, pero Madame Pomfrey no quiere dejarlo ir hasta que la herida de su cabeza no sane completamente y ella este bien segura de que él esta recuperado totalmente. ¡Sabes como es Harry de torpe! ¡Ha dormido más en la enfermería que en su propia cama desde que entró a Hogwarts! - bromeó

- Jeje, sí, es cierto. ¡Es bastante torpe! Mira que tropezar así y caerse solo escaleras abajo

- Sí, bastante torpe… - concluyó la castaña, mirando hacia la mesa de Slytherin con dureza

...

Esa misma noche Harry se encontraba acostado de lado en su camilla de la enfermería, acariciándose la barriga y pensando y dándole vueltas al mismo asunto. Draco Malfoy y su intento de asesinato.

Aún no podía digerir que él realmente hubiera sido el autor de esa pesadilla, y ahora que estaba más tranquilo y tenía más tiempo para pensar se había acordado de algunos detallecitos que antes había pasado por alto, y en eso se encontraba cuando oyó un susurrado alohomora a sus espaldas y alguien que entraba a la enfermería con paso cauteloso.

Decidió hacerse el dormido, ya que realmente no tenía ganas de hablar con nadie en ese momento. De todas maneras quien sea que hubiera entrado no debía de estar ahí. Ya era muy entrada la noche y el toque de queda hacía rato que había pasado.

Con los ojos cerrados el moreno escuchó como alguien se acercaba a su camilla y revisaba algunos pergaminos que estaban en la mesita de luz a su costado.

Esperando en silencio a que la persona se fuera le llegó hasta su nariz un perfume particular. Olía a… vainilla. A perfume de Vainilla.

¡Era muy parecido al perfume extraño que tenía Malfoy la noche en que lo arrojó por las escaleras!

Antes de que Harry pudiera reaccionar la persona recién llegada habló con voz que denotaba rabia contenida

- ¿Por qué el bastardo sigue vivo Potter? – preguntó la persona en un susurro y Harry se paralizó al distinguir que era voz de mujer

El timbre de su voz le pareció vagamente familiar, aunque no reconoció de quien se trataba. Decidió quedarse quieto y escuchar un poco más a ver si se daba cuenta quien era

- Debiste haberlo perdido cuando caíste ¡así era el plan! Pero no, la estúpida Gryffindor resultó ser una incompetente – siguió susurrando la chica – ¡Debes perderlo! – continuó, y Harry escuchó como removía algo entre sus ropas - Así Draco se olvidaría de ti y volvería conmigo, volvería a mi lado… - la mujer continuaba susurrando entre dientes y Harry ahora sí pudo reconocer la voz de Pansy Parkinson - ¡Draco nunca debió de haberse ido de mi lado! – chilló ahora la Slytherin un poco fuera de si

- ¡Así que fuiste tú Parkinson! – reaccionó Harry, quien con sus envidiables reflejos de buscador se incorporó en la camilla y apuntó a la chica con su varita

- ¡P..Potter! – se sorprendió la chica de ver al moreno despierto y apuntándola con la varita, de la misma forma que ella lo apuntaba a él

- Estás loca de remate Parkinson ¡¿de verdad creíste que te iba a funcionar?!

- ¡No sé de qué estas hablando Potter! – Grito la chica descolocada

No sabía qué hacer, no tenía previsto que Potter fuera a estar despierto. Ella había calculado que como el moreno continuaba en la enfermería estaría sedado en las noches con una poción tranquilizante o algo para que pudiera dormir, y ella podría meterse en la enfermería y terminar el trabajo que la torpe de Adams no pudo concluir. Pero no, el maldito Potter estaba despierto y a punto de maldecirla

Un potente Lumos los agarró a los dos desprevenidos, y detrás de la varita encendida que les cegaba la vista salia la amenazante voz de Madame Pomfrey

- ¿Qué esta ocurriendo aquí? ¿señorita Parkinson? ¿señor Potter?

- Y.. yo.. pues… ¡nada! – tartamudeó Pansy, escondiendo su varita en el bolsillo de su capa

- ¡Fue ella Madame! ella fue quien.. – comenzó a gritar Harry, apuntando a la Slytherin con la varita. Tenía unas inmensas ganas de maldecirla, pero se metería en problemas si lo hacía con la medimaga de testigo

- ¡Cállate Potter! ¡No sabes lo que dices! – lo callo la chica a gritos

- ¡Silencio los dos! – Se interpuso la matrona con tono rígido – Potter, baja esa varita y vuelve a dormirte, y tu Parkinson, acompáñame al despacho del director, y espero que tengas una buena explicación a por qué estás a estas horas fuera de tu habitación y apuntando con tu varita a uno de mis pacientes

- ¡Pero madame – se quejaron Harry y Pansy a la vez

- ¡He dicho silencio! – volvió a alzar la voz Poppy – ¡Mañana Potter! – atajó la mujer al ver que Harry había vuelto a abrir la boca - ¡vamos niña! Tienes mucho que explicar

Sintiéndose bastante impotente Harry tuvo que ver como la culpable de su caída y la casi pérdida de su bebé se le escapaba por la puerta de la enfermería sin que pudiera hacer nada.

Antes de que pudiera notarlo, Harry calló rendido de sueño en la camilla presa de un hechizo somnífero que la medimaga le había echado desde la puerta al verlo alterado y sabiendo que el chico no iba a estarse quieto ni calmado en un buen rato.

...

Cuando Harry volvió a abrir los ojos y enfocar la vista, vagamente pudo distinguir el techo de la enfermería sobre su cabeza… Así que todavía seguía en ese odioso lugar… Realmente le desagradaba mucho estar en la enfermería del colegio, estar aislado de todo lo que pasaba en el castillo, no poder estar con sus amigos… El olor mezclado de todas las pociones que allí había no le gustaba para nada… pero de pronto un olor atípico dentro de la enfermería llegó hasta su nariz, olía a… menta…

Era el olor rico y refrescante que Draco siempre tenía… olor a Draco…

Y ahora que lo pensaba había sido muy cruel con el rubio al echarlo a gritos de la enfermería… no había sido él ¡Gracias a Merlín que no había sido Draco quien lo había arrojado por la escalera!

El tener la seguridad de ese hecho hizo que se plantara una tonta sonrisa en su cara, le debía unas enormes disculpas al príncipe de Slyherin…

Cuando Harry quiso agarrar sus lentes del buró al lado de su camilla, su mano se topó con un sedoso obstáculo. Al mirar hacia el costado el moreno se encontró con la cabeza de Draco apoyada sobre sus brazos cruzados en el costado de la cama. Estaba dormido, era fácil decirlo al ver su respiración pausada y tranquila.

Vaya ¡Qué extraño resultaba el ver al imponente Draco Malfoy dormido al costado de tu cama!

Lentamente Harry enredó sus dedos en el cabello del rubio y peinó las doradas hebras hacia arriba con suavidad, teniendo especial cuidado en no despertarlo. Era tan linda la sensación que daba el sentir ese pelo tan brillante y sedoso deslizándose por la piel…

Draco despertó sintiendo un dolor horriblemente molesto en las cervicales debido a la mala posición en la que estaba, y se maldijo mentalmente… ¿quién le mandaba a quedarse dormido arrodillado al lado de la cama?

Antes de que el Slytherin lo notara Harry retiró su mano y volvió a cerrar los ojos y a fingir que dormía. Gracias a eso pudo escuchar que el rubio susurró:

- ¿Qué tengo que hacer para que confíes en mi, Potter?

El moreno hizo un esfuerzo enorme para quedarse quieto y con los ojos cerrados. Esa pregunta murmurada al aire lo dejó sorprendido. Sintió al rubio tan apenado, al soberbio Príncipe de Slyherin tan humano y vulnerable… y también sintió como un dedo trazaba con cuidado, casi con reverencia la cicatriz en forma de rayo en su frente y luego el vendaje que cubría la herida debido a la caída y una posible nueva cicatriz.

Los dedos de Draco continuaron acariciando las facciones de Harry, hasta que llegaron a sus labios

- ¿Qué tengo que hacer para que creas en mi? – volvió a cuestionar el rubio al supuestamente dormido ojiverde

- Besarme ahora sería un buen comienzo – declaró el Gryffindor abriendo los ojos, conectando su mirada con la de un asombrado Draco

- ¡Potter! ¡Despertaste! – La sorpresa no dejó al rubio caer en cuenta de lo que el moreno acababa de pedir - ¿Te sientes bien?

- Sí Draco, solo…

- ¿Necesitas que llame a Madame Pomfrey? – lo cortó el rubio a la carrera, su nerviosismo de haber sido atrapado en un momento de debilidad solo demostrado en su hablar abrupto, su cara era una máscara de total indiferencia

- No Draco, solo…

- Quédate quieto, voy a llamar a la medimaga – volvió a cortarlo el Slytherin, yendo hacia el despacho de la mujer

- ¡Malfoy vuelve aquí! - demandó el moreno alzando la voz, mosqueado de que el rubio no lo besara ahora que él mismo se lo había pedido, siendo que cada vez que a Draco se le antojaba besarlo él nunca se negaba…

Draco detuvo su camino hacia el despacho de la matrona impactado por la autoridad en la voz del Gryffindor, y deshizo sus pasos de vuelta al lado de la camilla donde estaba acostado Harry

- Bésame ¿si? – pidió Harry, mirando a Draco directamente a los ojos

El rubio no se hizo de rogar, y aunque bastante sorprendido por el pedido del moreno, siendo que la última vez que se habían visto el ojiverde lo había echado a gritos de la enfermería, se sentó al lado del convaleciente en la camilla e inclinándose sobre él tomó su rostro con ambas manos y juntó sus labios en una caricia tierna y sin demandas. No podía evitarlo, se moría de ganas por besarlo. Era algo casi matemático, no podía quedarse viendo a los ojos a Harry y resistir el impulso de besarlo y abrazarlo, sentía la necesidad de contacto con el Gryffindor.

Por su lado Harry se sentía extraño, aferrándose a la espalda del rubio y siendo besado por él, se sentía tan bien… Un cosquilleo de alegría nació en su estómago y luego le invadió todo el cuerpo, llenándolo de calor. Esa misma sensación traspasó su piel y llegó hasta Draco, quien se separó de él un momento con los ojos cerrados para susurrarle

- Me alegra mucho que estés bien

- Ejem… esperamos no interrumpir – escucharon la voz del director a sus espaldas

Ambos chicos se separaron sonrojados y voltearon sorprendidos al lugar del que provenía la voz, que era precisamente la puerta de entrada a la enfermería. Por ella ingresaron al lugar el director del colegio, seguido de McGonagall, Snape, Ron, Hermione, Alissa y Blaise.

- Sentimos interrumpirlos – habló la líder de la casa Gryffindor con voz escéptica – pero hay novedades que debemos comunicarles

- Tengo entendido Harry que recibiste una visita inesperada anoche – continuó Dumbledore – Pues bien, yo anoche también fui visitado. Recibí en mi despacho a la señorita Pansy Parkinson con la cual mantuve una interesante conversación…

- Pansy? – murmuró Draco incorporándose de la camilla donde había estado sentado, atando cabos en su mente – Fue ella?

- Tome asiento señor Malfoy – pidió el director convocando sillas para todos los presentes – Es una historia larga además de interesante

Así Dumbledore procedió a relatarle a todos los hechos de los que tenía conocimiento. Contó cómo la noche anterior Madame Pomfrey había aparecido en su despacho con Pansy Parkinson, y cómo luego de administrarle la cantidad correspondiente de Veritaserum a la Slytherin ella había soltado toda la verdad.

Resultó ser que Pansy, obsesionada con Draco y celosa de la relación que mantenía éste con Potter, estaba dispuesta a hacer cualquier cosa con tal de recuperarlo. Por eso ideo un plan el cual consistía en preparar la poción multijugos (en ese momento a Draco se le vino a la mente aquel día en el que Pansy actuó extraña con el y le tiró del cabello), hechizar a Alissa Adams (para que ella no tuviera que ensuciarse las manos y además estar cubierta por si le preguntaban donde había estado al momento de la caída del moreno, diría en la Sala común de Slytherin, era una buena coartada!) con una maldición Imperius y obligarla a tomarse la poción para hacerse pasar por Malfoy y lastimar a Potter de tal forma que abortara a la criatura que unía a su Draco con el Gryffindor. De esa manera ya no habría nada que mantuviera al Príncipe de Slytherin involucrado con San Potter y al fin el rubio volvería con ella!

Pero al enterarse de que el ojiverde estaba sano y en una pieza decidió averiguar si el vastardo también lo estaba. Así que se coló la noche anterior en la enfermería y revolvió en el historial clínico del Gryffindor, confirmando así sus sospechas de que ambos estaban bien.

No contenta con el resultado de su plan, resolvió que debía terminar lo que la guardiana de Gryffindor no había podido concluir; el resto es historia conocida.

- En… tonces… yo… - susurró una horrorizada Alissa luego de escuchar todo el relato de Dumbledore - ¡OH Harry! Es por mi culpa que estas aquí… - se lamentó la chica entre lágrimas – por mi culpa casi pierdes a tu bebe… ¡lo siento tanto! – se lanzó a llorar avergonzada, tapándose la cara con las manos

- Adams… - se acercó Minerva a la chica, apoyando un brazo tranquilizador sobre los agitados hombros de la guardiana – la culpa no es tuya niña, estabas bajo el efecto de una Imperius

- No puedo creer que Parkinson haya sido capaz de semejante cosa… - murmuró atónita Hermione

- ¿De qué te sorprendes Mione? Esa chica es una serpiente después de todo… ellos son capaces de cualquier cosa – contestó Ron mirando de reojo y resentido a Draco y Blaise

Una energía extraña comenzó a sentirse de repente en el lugar, todos los presentes veían atónitos como empezaban a temblar las botellitas con pociones en los estantes y los vidrios en las ventanas, a la par que las mejillas de Draco se ponían coloradas y se le hinchaban las venas del cuello debido a la fuerza que hacia al apretar la mandíbula.

- Esa zorra… - susurró el rubio con los ojos entrecerrados y los dientes apretados por la furia

Harry no entendía anda, ¿era la magia de Draco la que estaba provocando que todo temblara en la enfermería? ¿Tan enfurecido estaba? No estaba seguro de nada, solo de que debía hacer algo para que el rubio se calmara, de lo contrario todo en el lugar explotaría. Así que sin meditarlo mucho estiró el brazo y tomó la mano del Slytherin que estaba cerrada en un puño apretado y tembloroso. Hacer eso se sintió para todos los presentes como quedarse sordos de repente, de inmediato ante el contacto del Gryffindor todo el temblor y el exceso de energía en el aire desaparecieron, quedando un silencio sepulcral en la habitación.

- Draco… - llamó el ojiverde, haciendo que el mencionado girara para verlo

Draco estaba enojado, MUY enojado… sentía correr por sus venas el impulso irrefrenable de ir y matar a Pansy Parkinson lentamente, maldita perra… ¿cómo se atrevió a cometer semejante traición hacia él, el príncipe de la casa Slytherin? El haberse metido con Potter, con el bebé… nunca se lo perdonaría… Quería matarla… hacerla reventar de adentro hacia fuera con una descarga de magia…

De pronto comenzó a sentir que la temperatura de su sangre aumentaba, que se le erizaban los pelos de los brazos, todos sus músculos contraídos. La habitación y las personas que estaban a su alrededor desaparecieron de su campo visual, todo se volvió rojo, el tono de rojo que quería ver saliendo del cuerpo de Pansy Parkinson…

Hasta que de pronto todo ese tumulto de sensaciones y emociones negativas se esfumaron, no sentía nada, veía todo blanco, lo único que sintió fue un toque suave en su mano. Y una voz conocida llamándolo… Draco… Era Harry… Harry lo llamaba…

Giró hacia donde sabía que el moreno estaba, buscó sus ojos, allí estaban, esas preciosas esmeraldas brillantes que lo miraban fijamente…

Con suavidad el Gryffindor jaló de la mano a Draco hacia sí para que éste se inclinara, y con la otra mano que tenía libre lo tomó de la nuca y lo acercó a sus labios, un beso casto y sin demandas, solo un roce cálido que terminó de calmar a Malfoy.

Cuando Harry logró amansar a Draco y captar su atención todos en la enfermería llenaron sus pulmones de oxígeno nuevamente. Esa explosión de magia los había dejado sin aliento, habían sentido como si una fuerza extraña les hiciera presión en el pecho y los vaciara de aire.

Ahora todos observaban atónitos una vez más cómo los que una vez habían sido los más grandes rivales en Hogwarts compartían un tierno beso. Era extraño verlos de esa forma, siendo que un par de meses atrás ninguno de los dos hubiera dudado en hechizar al otro sin remordimientos. En todos los presentes se comenzaron a manifestar emociones distintas: a Ron se le pusieron las orejas coloradas y por respeto a Madame Pomfrey se abstuvo de gritar alguna grosería y en vez de eso prefirió salir de la enfermería para no seguir viendo aquella imagen que le causaba escalofríos, Harry besándose con Malfoy… en Hermione, Alissa y Blaise los sentimientos eran parecidos, como una especie de ternura y alivio. En los rostros de los jefes de casas, Snape y McGonnagall una ligera mueca de desaprobación ante la escena, mientras que Dumbledore y Pomfrey los observaban con una pequeña sonrisa.

Lentamente Draco apartó sus labios de los suaves de Harry, y clavando sus ojos grises en los verdes del moreno le preguntó

- ¿Qué fue eso?

- Eso mismo me gustaría saber a mi… - le contestó un Harry igual o más confundido que el Slytherin

- Ejm ejm… - se escuchó a alguien carraspear a sus espaldas, y al voltear ambos se encontraron con que el Director los miraba fijamente – Una vez aclarado el infortunado suceso de la pasada noche, creo prudente que todos nos vayamos a descansar ahora. En cuanto a la señorita Parkinson les informo que ha sido expulsada de Hogwarts y entregada a su familia con las debidas explicaciones y recomendaciones, estoy seguro que a raíz de la larga charla que mantuve con sus padres no volverá a molestarles

No supieron cómo pero por la mirada del Director ambos chicos tuvieron la certeza de que eso no podía ser más cierto…

...

El Señor y La Señora Parkinson observaban con gesto de desaprobación a su única hija que iba sentada en el asiento de tren frente a ellos mirando abstraída por la ventanilla. Una Parkinson expulsada de Hogwarts… qué deshonra! No podían permitir que en la alta sociedad mágica de Londres se anduviera comentando que la heredera de la familia Parkinson había sido desalojada del colegio, sería el estigma de su familia para siempre! Ya no sabrían cómo mirar a sus amigos a la cara, ni mucho menos explicarles el motivo por el cual su hija había sido echada de Hogwarts tan repentinamente… No, por eso mismo habían decidido mudarse con unos parientes a América del Sur, comenzar una nueva vida, bastante lejos de su antiguo entorno para así poder evitar ser la comidilla de la sociedad, bien sabían ellos que a la hora del chusmerío sus conocidos no eran misericordiosos con nadie…

La señora Parkinson se inclinó hacia delante para poder limpiarle con su pañuelo de seda el hilillo de saliva que salía de la boca de su hija, se veía tan estúpida así como estaba, con la espalda encorvada, las manos cruzadas sobre su abdomen, la boca entreabierta y la mirada perdida en el paisaje… Estaba sufriendo los efectos colaterales de la mezcla entre una sobredosis de Veritaserum y un potente embrujo desmemorizante, todo administrado por Dumbledore a su hija para sonsacarle la verdad, luego de que Pansy protagonizara un bochornoso suceso en el colegio que de ninguna manera estaban dispuestos a explicar a nadie que los conociera… y curiosamente… ellos tampoco recordaban cual era el motivo exacto de la expulsión de su hija… pero eso era lo de menos ¡solo estaban seguros de debían alejarse de Inglaterra para que nadie se enterara de lo que había sucedido! Y de ser posible no volver a pisar la isla nunca más… tenían la certeza de ello, la indudable convicción de que así debían hacer las cosas…

...

Sentado en el cómodo sillón del escritorio en su despacho, con las manos entrecruzadas bajo su mentón, dos días después de la expulsión de la alumna de sexto año de Slytherin Pansy Parkinson, Albus Dumbledore sonreía complacido por los resultados de sus métodos.

Todo había salido tal cual lo había planeado, cierto era que las acciones de Pansy lo habían dejado descolocado, nunca se sabe lo que una mujer despechada es capaz de hacer por recuperar el amor, y más aún a la edad de 17 años, cuando los jóvenes magos y brujas se creen dueños de sus vidas y señores de la verdad, pero afortunadamente había encontrado una solución sabia, rápida y permanente para el desastre ocasionado por la chica.

Una expulsión, unos cuantos hechizos desmemorizantes bien aplicados en su justa medida y un par de sabias recomendaciones pueden arreglar catástrofes! Se dijo mentalmente bastante complacido. Sus pensamientos fueron rotos por la entrada a su oficina de la profesora McGonnagall

- Albus, disculpa que te importune… - dijo la mujer situándose frente al escritorio del director, mirándolo con la expresión desaprobatoria con la que suele mirar a sus alumnos cuando hacen algo indebido – sé que no debería preguntártelo pero… ¿crees que estuvo bien qu..

- Descuida Minerva – la interrumpió el anciano, adivinando los pensamientos de la mujer, la conocía tanto… - Créeme cuando te digo que fue lo mejor que pude haber hecho teniendo en cuenta la situación en que la muchachita nos había puesto a todos, los padres hubieran comenzado a indagar, y eso no nos conviene

- Y en cuanto a Pansy… ¿saldrá del estado en el que quedó luego del interrogatorio? – quiso saber la profesora, torciendo el gesto de sus labios al recordar al ente babeante en el que se había convertido la Slytherin

- Me temo que no querida… desgraciadamente hay personas que reaccionan negativamente ante la combinación de pociones y hechizos… - reflexionó Albus, y por un momento se hundió en sus pensamientos, transformando su semblante de complacido a preocupado por un largo rato. Minerva se quedó observándolo incrédula sin saber qué contestarle, y de pronto como sacado de un trance el director se incorporó de su silla y con una sonrisa continuó - ¡Pero bueno! No todos podemos salir ganando siempre, la chica merecía un castigo por sus acciones, fue la mejor opción. ¿Te apetece un caramelo de limón? – ofreció a la vez que se dirigía a la salida de su despacho

- Eh… no, gracias – contestó minerva descolocada, aún a pesar de conocer al hombre hace muchos años, aún seguía sorprendiéndola

Continuará...

Terminado el día: Martes 16 de marzo de 2010, a las 01:55 am