Capítulo XII: ¿Es un capricho?

Minerva McGonnagall observaba por encima de sus lentes a sus alumnos de séptimo de Gryffindor y Slytherin. Todos estaban practicando el hechizo que había enseñado esa clase, o al menos la mayoría lo hacía, otros alumnos sólo se estaban quedando en el intento.

Era un hechizo complicado que requería cierta ayuda, y Ron estaba teniendo dificultades para hacerlo solo. Con la expulsión de Parkinson se había quedado sin compañera de estudios y últimamente los profesores estaban poniendo tareas complicadas que requerían hacerlas en equipo, y él se estaba sintiendo sobrecargado con todo. Además estaba el tema de Harry, verlo con Malfoy le ponía los pelos de punta, no soportaba la forma en que el hurón le tomaba de la mano en clase o cómo se inclinaba hacia él y le susurraba cosas al oído, y menos todavía la forma en que Harry se sonrojaba y le sonreía cariñosamente, ser testigo de todo eso le ponía ¡histérico! Y en consecuencia todo eso afectaba su desempeño estudiantil.

- ¡Weasley! – Gritó McGonnagall al ver cómo el objeto que Ron estaba intentando transformar comenzaba a silbar chillonamente y a largar humo - ¿Qué está haciendo?

- Lo siento profesora – Se disculpó el pelirrojo apenado bajando la varita – me está costando mucho trabajo lograrlo solo.

- En vista de que su compañera de estudios ya no figura entre los alumnos de este colegio, le pido que forme un equipo con la señorita Granger y el señor Zabini, y en lo posible ya no intente hacer volar el techo del castillo – sentenció la mujer suspirando.

- Sí profesora – aceptó Ronald, yendo hacia donde se encontraban Hermione, que lo recibió con una sonrisa, y Blaise que le dedicó una mirada despectiva.

- ¡Y Weasley! – Lo llamo Minerva – Hazme el favor de corregir el ensayo que me entregaste la semana pasada, fue un verdadero desastre. Tendrás detención esta noche en mi despacho luego de la cena para que lo puedas escribir de nuevo.

Ron apretó los puños y se mordió la lengua para no decirle algo indebido a su jefa de casa. Con toda la maraña de cosas que habían pasado últimamente, ya no tenía la cabeza centrada como para redactar un ensayo minimamente aceptable, las tardes se le iban pensando y dándole vueltas a todos sus líos, y al final del día obtenía un pergamino vacío y más confusión mental.

- Bueno Ron, intenta hacer el hechizo de esta forma – invitó la castaña, mostrándole a su amigo cómo debía mover la varita.

El pelirrojo observó a su amiga y suspiró aliviado, en compañía de Hermione tal vez ya no se le harían tan difíciles las tareas ahora, aunque con Zabini y sus miradas altaneras no lograría sentirse cómodo del todo.

...

- Potter, si continúas mirándome así no responderé por mis acciones… - advirtió Draco sin despegar los ojos del pergamino sobre el cual escribía un ensayo para Pociones, y bajo la mesa acarició con la mano que no estaba usando para escribir una de las rodillas de Harry sentado frente a él.

Llevaban en la biblioteca toda la tarde, y desde hacía más de veinte minutos que el ojiverde había dejado de revisar el libro que estaban estudiando y el rubio sentía la insistente mirada del moreno sobre él, y ya le estaba causando un efecto lujurioso el imaginarse el por qué de la mirada…

- Es que estoy tratando de descifrar el por qué, pero no lo consigo… - respondió Harry, apoyando su mentón sobre ambas manos en la mesa, sin despegar la vista del Slytherin

- ¿Intentas averiguar el por qué me deseas con tanta pasión? Pues porque soy condenadamente hermoso e irresistible – dijo Draco, sonriendo con autosuficiencia levantando al fin los ojos del pergamino para mirar a Harry, su mano subió un poco más de la rodilla por el muslo.

- ¡Ya deja eso! – se quejó el Gryffindor, dando un manotazo en la mano del rubio para alejarla de su muslo y rodando los ojos – me refiero a lo que pasó la otra noche en la enfermería, cuando te enteraste de que Parkinson fue la que intentó lastimarnos – explicó Harry tocándose la barriga y bajando la voz hasta convertirla en un susurro, aunque a esa hora ya casi no quedaban alumnos en la biblioteca.

Al oír eso la sonrisita fastidiosa de Draco enseguida se esfumó, quedando su semblante serio e irguiendo completamente su columna vertebral contestó:

- Yo tampoco lo puedo descifrar.

- Fue muy extraño ¿sabes?, quiero decir... ¿siempre que te enojas te pasa eso? Se sintió como si estuvieras a punto de transformarte…. Toda esa magia sin control… digo a mi me ha pasado algo parecido ¡pero nunca al punto de que hiciera temblar los cimientos del castillo! – reflexionó Harry.

- ….. Bueno, ya hemos estudiado suficiente por hoy – respondió simplemente el rubio, y evadiendo el tema se levantó de su asiento y comenzó a ordenar sus pergaminos y plumas y a guardar todo en su morral.

- Pero Draco, quiero saber si t..

- No quiero hablar de eso Potter – lo cortó el Slytherin, y su voz autoritaria hizo comprender al moreno que ese era un tema complicado, así que no insistió.

- Bien – contestó Harry algo molesto por el tono con el que el rubio le había hablado – algún día me contarás – sentenció, comenzando a guardar todo también, metiendo libros y pergaminos de cualquier manera dentro de su morral, sintiendo la urgencia de irse y no estar más en presencia de Draco.

- Mhff – bufó el otro chico – no estés tan seguro de que te contaré nada, como si pudieras obligarme. Yo decido a quien quiero o no contarle mis cosas, de todas formas, es un tema que no te incumbe – refutó Draco, su tono despectivo y su postura soberbia hicieron enojar a Harry.

- Eres un grandísimo imbécil, yo solo tengo curiosidad, no tenías por qué hablarme así…¡IDIOTA! – le gritó antes de tomar sus cosas y salir casi corriendo de la biblioteca.

Le tomó tres segundos a Draco darse cuenta de que tal vez se había pasado con Harry, y cinco segundos más el reaccionar y percatarse de que el moreno ya había cruzado las puertas y casi se había ido de su vista. Corrió tras él y consiguió detenerlo por el brazo justo a la entrada de la biblioteca, y sosegándose le dijo:

- Espera Potter… yo…

- Suéltame – le pidió el ojiverde sin mirarlo a los ojos, un pie dentro y otro fuera de la biblioteca.

- Ven, entra – lo jaló con gentileza del brazo, y Harry a pesar de su enojo y algo reticente se dejó conducir de nuevo dentro de la biblioteca.

Draco lo condujo entre las mesas hacia los estantes donde estaban los libros más viejos, lejos de las pocas miradas curiosas que aún quedaban en el lugar. Una vez aislados soltó a Harry y procedió a explicarse.

- … Mira Potter, ese no es un tema del que me guste hablar, disculpa si te contesté inadecuadamente…. Si te hice enojar, lo lamento… - se disculpó, cruzándose de brazos y mirando hacia una de las grandes ventanas.

Era evidente que el rubio se estaba esforzando, y el notar eso hizo que Harry sonriera apenas.

- De acuerdo… – aceptó el Gryffindor dando un largo suspiro – Eso igual no quita que algún día me vayas a contar – aclaró con una pequeña sonrisa, y sus palabras hicieron que Draco volteara a verlo algo mosqueado por su insistencia, mosqueo que se esfumó enseguida al sentir que Harry lo abrazaba por el cuello y posaba con gentileza los labios sobre los suyos

El alivio que sintió Draco al saber que Harry ya no estaba molesto con él y la sensación de liviandad que se instaló en su cuerpo hicieron desaparecer todo rastro de incomodidad, y dentro de él comenzó a surgir la incontrolable lujuria que los besos y el toque suave de Harry siempre despertaban en su ser.

El rubio abrazó al otro chico con ligera fuerza de la cintura y lo hizo apoyar la espalda contra uno de los estantes de la biblioteca, bajando sus besos desde la boca de Harry hasta su cuello, donde se dedicó a morder y succionar arrancando ligeros suspiros y pequeños gemidos de placer del ojiverde.

Escondido detrás de un estante de libros viejos a unos metros de distancia, Ron observaba con creciente incredulidad el acto que estaban protagonizando Harry y Malfoy.

Había ido hasta la biblioteca en busca de Hermione pensando que tal vez podría encontrarla allí y en lugar de ella se encontró con una escena que le provocaba deseos homicidas. Vio cómo el Slytherin conducía a Harry por el brazo hacia la parte más alejada de la biblioteca, los siguió y cuando los encontró besándose sus orejas comenzaron a hervir.

Desde que Harry había salido de la enfermería una semana atrás luego de su accidente con las escaleras el pelirrojo se había replanteado su enojo con el moreno, era su mejor amigo, casi hermano y lo amaba, le dolía estar tan enojado con él, pero no le entraba en la mente el hecho de que Harry sintiera un mínimo de agrado hacia el jodido hurón Malfoy, mucho menos que se anduvieran besuqueando por ahí… era más fuerte que él, le provocaba una inmensa ira, no podía soportarlo… simplemente no podía…

Además… el observar la forma como el Slytherin acariciaba los costados de su amigo… cómo hundía su cara en el cuello del moreno, besándolo con pasión… la expresión de éxtasis total que Harry tenía en el rostro, cómo abría sus labios enrojecidos en un mugo gemido… el apreciar todo eso estaba mandando escalofríos por toda la columna vertebral de Ron, haciéndole sentir un calor muy especial en su entrepierna… sin razonarlo mucho se acarició su miembro semi erecto por encima del pantalón del uniforme… y al escuchar de su propia boca salir un gemido ahogado se paralizó totalmente… ¿qué mierda se supone que estaba haciendo?...

Evitando tener que elaborarse una respuesta coherente a sus acciones para las cuales no tenía una explicación válida y mínimamente aceptable, decidió que nada de lo que había ocurrido segundos antes merecía la pena ser recordado, así que pateó un par de veces el piso para olvidar lo sucedido y recordando lo enojadísimo que estaba con Harry por dejarse manosear por el maldito hurón salió de su escondite para manifestar ante los otros dos chicos su rabia.

- ¡HARRY! – Gritó y mentalmente sonrió complacido al notar que su voz potente había desconcertado a la pareja y había hecho que se separasen dando un salto – ehh… ¿¡Qué demonios se supone que estás haciendo!? – preguntó enojado luego de dudar un segundo, viendo que no tenía nada más inteligente que decir.

- ¡Ron! Eh… yo… - balbuceó Harry, no sabiendo cómo reaccionar.

Por su lado Draco solo se cruzó de brazos, molesto por haber sido interrumpido por la comadreja. Se volteó hacia él adoptando su postura soberbia y alzó una ceja, susurrando algo que sonó como "¿Qué no es obvio?"

- ¡Obvio es que si no dejas de atacar a Harry de esa forma te desfiguraré la cara a puñetazos imbécil! – atacó el pelirrojo refiriéndose a los besos, la actitud altanera del Slytherin lo hacía salirse de sus casillas como ninguna otra cosa en el mundo.

- Yo creía que el gigantón del guardabosques era incivilizado, pero veo que tu te esfuerzas cada vez más por superarlo, comadreja… - escupió Malfoy con cizaña sin abandonar sus maneras arrogantes.

- ¡Malfoy! ¡Guarda silencio! – Dijo al fin Harry, viendo que si dejaba que la conversación siguiera por esos rumbos no iba a terminar bien – Y Ron yo no… - calló al sentir cómo el rubio caminaba hasta quedar detrás de él y lo abrazaba por la cintura pegándolo a su pecho por la espalda.

Los ojos de Ron se abrieron a más no poder al ver cómo Harry no hacía nada por zafarse del agarre del Slytherin, y estalló de furia al escuchar las palabras del moreno.

- … Ron yo no estoy siendo atacado por Draco, si estoy con él es porque quiero.

Esa confesión y la estúpida sonrisita triunfante que el rubio tenía en la maldita cara hicieron que Ron perdiera del todo el control.

- ¡¿PERO QUÉ MIERDA TE PASA HARRY POTTER?! ¡¿Es que acaso este cabrón te ha hechizado?! ¡TE ESTAS COMPORTANDO COMO UNA VERDADERA ZORRA! ¡Dejándote manosear y besuquear en público! – Gritó fuera de si, señalando en derredor a la ya vacía biblioteca - ¡YA NO SOPORTO VERTE A LA CARA! ¡Me has decepcionado Harry! ¡SIENTO ASCO DE TI! – Chilló el pelirrojo dándose la vuelta para irse de la biblioteca, pero antes de cruzar la puerta volteó para sentenciar - ¡NI SE TE OCURRA APARECERTE POR LA SALA COMÚN PORQUE JURO QUE TE GOLPEARE! ¡TRAIDOR!

Harry ya no hacía nada por contener las lágrimas que caían de sus ojos tristes, las palabras de su ex mejor amigo clavándose en su corazón como hierros candentes. Sintió que Draco apretaba más su abrazo en torno a su cintura y agradeció que no dijera ni una sola palabra.

Por su lado Draco sintió por primera vez en su vida que debía guardarse sus comentarios, tenía un millón y medio de insultos para decirle al pobretón ese, pero sentía en su interior que era mejor callar para no seguir hiriendo a Harry, porque era obvio que la comadreja era importante para él y su actitud lo lastimaba, y el rubio no quería seguir hundiendo el dedo en la llaga. Así que se dedicó a sostener en un abrazo apretado al moreno que sollozaba y daba suspiros lastimeros tratando de calmarse y parar de llorar.

...

- Ah! Ahí estás Ron, estaba busc... – Dijo Hermione al ver al pelirrojo en la sala común, pero calló enseguida al notar el estado furibundo en el que el chico entraba.

La chica desistió de preguntarle qué era lo que le pasaba, viendo la forma en la que pasó por su lado sin reparar en ella y la manera iracunda en la que él pisoteaba los escalones al subirlos de dos en dos hacia su habitación. No recordaba la última vez que lo había visto tan enojado, e internamente deseó que ese enojo no tuviera nada que ver con Harry, aunque algo dentro de ella le decía lo contrario.

Decidió que en la mañana le preguntaría, conociéndolo ahora seguramente estaría intratable...

Al llegar a su cuarto y sin importarle si había o no alguno de sus compañeros en el, Ron pateó con fuerza el baúl a los pies de la cama de Harry, alertando a Neville que sacó la cabeza a través de las cortinas de su cama.

- ¡¿RON?! ¡Qué..

- ¡NO ME MOLESTES! – lo cortó el pelirrojo sin mirarlo a la cara, acto seguido se tiró boca abajo sobre los cobertores de su propia cama, hundiendo la cara en la almohada.

Estaba tan enojado! Enojadísimo con el imbécil de Harry Potter, más enojado de lo que estuvo con él en El Torneo de los Tres Magos en cuarto año, le molestaba tanto la actitud del moreno... le molestaba que su mejor amigo... ex mejor amigo se corrigió, estuviera involucrado con el inservible de Malfoy... que lo prefiriera al Slytherin... eso le irritaba tanto, no lo comprendía... ¿Cómo era posible que después de todo lo que el Hurón le había dicho y hecho a Harry en el pasado, éste ahora quisiera estar con él? No tenía sentido... ¿Qué tenía Draco Malfoy que había logrado que el moreno tirara casi siete años de amistad incondicional a su lado a la basura solo por acostarse con él?

Además estaba el asunto del bebé... Otra cosa que no comprendía cómo el ojiverde había permitido que sucediera... La pobre criaturita no tenía la culpa, pero Harry-Maldito-Imbécil-Ignorante-Potter seguro que sí... Y ni que hablar de que Draco-Hurón-de-mierda-Malfoy también llevaba la mayor parte de la culpa...

Sin embargo en una esquinita de su aturdida conciencia Ron no pudo evitar rememorar la mirada tan sufrida que Harry tenía mientras él le gritaba toda la sarta de improperios que le dijo...

Las lágrimas que vio asomaban por sus ojos verdes, eran lágrimas de dolor… Y en una remota esquinita de su corazón sintió angustia por ser él el causante de ese dolor…

PERO ÉL SEGUIA ENOJADO! Muy enojado…. Aunque sintiera un levísimo arrepentimiento por haber tratado al moreno de esa manera seguía enojadísimo con él… Así que con esa maraña de sentimientos encontrados finalmente se quedó dormido sobre la colcha de su cama con el uniforme y los zapatos puestos…

...

- Draco… - comenzó a decir el ojiverde cuando puso un pie dentro de la conocida habitación - ¡Te recuerdo que el que haya accedido a dormir en tu cuarto no significa que vaya a tener sexo contigo! ¡¿Entendido?!

El moreno no pudo evitar el aclarar ese punto importante al ver lo estrecha que era la cama en la habitación del Slytherin. Para una sola persona daba el espacio perfectamente, pero para dos quedaba un poco chica…

Luego de que Ron Weasley hubiera hecho catarsis y salido de la biblioteca dejando a un lloroso Harry entre sus brazos, Draco vio allí su oportunidad perfecta y le ofreció al moreno alojamiento al menos por esa noche en su cuarto de Prefecto. Y Harry que estaba muy dolido con Ron y no tenía ganas de verlo ni de seguir discutiendo con él aceptó la oferta sin pensarlo mucho, pero luego al verse en esa habitación a solas con el rubio Slytherin que tenía una facilidad impresionante para ponerse cachondo ya no le pareció tan buena idea…Harry aún no estaba dispuesto a dejarse seducir nuevamente por el rubio, la última vez que lo había hecho trajo consigo enormes consecuencias…

- ¡¿Potter todavía sigues con eso?! - dijo el Slytherin poniendo un hechizo de cierre y otro insonorizador a la puerta - ¿Luego de todos los besos candentes que nos hemos dado? – cuestionó poniendo su típica mirada lujuriosa, y con una media sonrisa bailando en sus labios se acercó lentamente a Harry, que inconcientemente retrocedía todos los pasos que Draco avanzaba hacia él.

- L… los… los besos son otra cosa… - aclaró el ojiverde viéndose finalmente acorralado entre el escritorio y el rubio.

- ¿Ah sí?, entonces no te opondrás a que haga esto… - dijo tomándolo por la cintura y plantándole un beso en la boca.

Y a decir verdad Harry no se esforzó mucho por negarse a ese beso. Aunque se auto-impusiera el no ceder ante Malfoy, él necesitaba mimos, se notaba a sí mismo falto de contacto físico, así que se dejó besar, abrazándose al cuello del rubio y profundizando él mismo el beso.

Y Draco se sentía en la gloria. Últimamente estaba dándose cuenta no sin cierto asombro que el contacto con el Gryffindor para él se estaba volviendo cada vez más adictivo. Sentía en el pecho un alivio literal y corpóreo cuando tocaba, acariciaba, besaba o lo que fuera a Harry Potter, y dicho alivio se iba trasmutando en un deseo incontrolable por intimar con él a medida que los mimos iban subiendo de tono. Por eso cuando el moreno hizo un movimiento profundo con la lengua dentro de su boca, sintió un particular pinchazo de placer en la ingle que hizo a su temperatura corporal subir un par de grados, y sin separarse del chico bajó su mano desde la cintura de éste hasta sus nalgas, donde dio un fuerte apretón, acercando al moreno a su cuerpo y haciendo rozar sus entrepiernas una con la otra.

Ante eso Harry no pudo evitar separar sus labios de los del Slytherin para soltar un gemidito de placer, y cuando el rubio bajó su boca por la quijada hacia su cuello para besarlo y lamerlo, tuvo un instante de lucidez en el que reaccionó que si seguía permitiendo que Malfoy avanzara más iban a terminar sobre la cama haciendo algo que distaba mucho de dormir.

Así que separándose ligeramente de Draco, atrapó a tiempo sosteniendo por ambas muñecas sus manos que ya iban recorriendo un peligroso camino hacia su bragueta.

- Por ahora solo besarnos está bien, más no. Los besos son distintos… - dijo Harry con voz apenada, mirando intensamente al rubio a los ojos.

- ¿Por? – quiso saber, respirando hondo para intentar calmarse de su reciente excitación.

- ¡Porque nadie se embaraza simplemente por besar Draco! ¡Besar no es un problema y no implica nada más que un simple intercambio de saliva! – contestó Harry soltando las muñecas del otro chico con algo de brusquedad, yendo hacia el otro lado de la habitación para alejarse de la mirada resentida del rubio – De ahora en adelante quisiera no hacer ninguna otra cosa imprudente… - dijo bajando la mirada hacia el piso, pasando una mano por su barriga levemente abultadita.

Esas palabras surgieron un efecto negativo en Draco, para él besarse con el moreno significaba mucho más que un simple intercambio de saliva como él le llamaba, y que el otro chico pensara eso hacía que dentro suyo algo se oprimiera dolorosamente… Pero no tuvo mucho tiempo de seguir profundizando en ese sentir cuando a sus oídos llegaron unas palabras del Gryffindor que lo descolocaron un poco.

- ¿Y bien? ¿Cuál mueble piensas transmutar?

- ¿Transmutar? ¿En qué?

- ¡En una cama por supuesto! Para que yo pueda dormir.

- ¡Já! Para tu desgracia Potty – empezó a decir Draco con una sonrisa malévola y cruzándose de brazos – Ninguno de mis muebles se puede transmutar, así que si quieres dormir cómodo tendrás que dormir en mi cama…. Conmigo – aclaró ensanchando su sonrisita fastidiosa, tomando su pijama del placard y dirigiéndose al baño.

A Harry se le erizaron los pelos de la nuca, en su mente trazaba mil y una excusas para irse de ese cuarto lo antes posible y no caer en tentación… pero al oír lo siguiente dicho por el slytherin un enorme y tintineante alarma comenzó a hacer mucho ruido en su cabeza – Y ya que no has traído pijama… tendrás que dormir en ropa interior, o sin ella…

- ¡De ninguna manera! – se quejó Harry poniéndose bien colorado, yendo hacia la esquina de la habitación más alejada del baño, escapando lo más lejos posible del rubio que acababa de hacer su aparición en pijama de satén verde oscuro – ¡si es necesario duermo con el uniforme puesto!

- Se te va a arrugar… - sentenció el otro con un molesto tono cantarín, acomodando las almohadas y mantas de la cama.

- ¡Entonces enséñame un hechizo alisador de arrugas! – pidió el moreno desde su lugar alejado en la habitación, cruzándose de brazos y mirando al rubio receloso.

- No me sé ninguno – Era mentira por supuesto, tenía varios dentro de su repertorio de hechizos diarios, los usaba todo el tiempo para asegurarse de que su apariencia fuera ¡siempre impecable!

Harry continuaba alejado en la esquina del cuarto, escudándose detrás de sus brazos cruzados mirando desconfiado cada uno de los movimientos casi felinos que hacía el rubio al acomodar la cama para el sueño.

- Vamos Harry ¡ven a dormir que ya es tarde! – ante la reticencia del moreno a meterse en ropa interior bajo las mismas mantas que él, Draco suspiró resignado y yendo hacia su placard tomó algo de ropa y se la tiró a Harry en la cara – De acuerdo cara-rajada, puedes usar ese pijama viejo, pensaba decirle a los elfos domésticos que lo tiraran a la basura cuando vengan a limpiar, pero si te sirve úsalo.

Harry algo mosqueado miró el pijama de algodón gris con estampados de pequeñas serpientes que tenía en las manos ¡a sus ojos no tenía nada de viejo! Estaba prácticamente nuevo y sin uso al lado de la ropa que toda su vida había heredado de Dudley, el rubio sí que estaba bien malcriado al tirar ropa casi nueva solo porque sí. Fue hasta el baño a cambiarse y cuando regresó a la habitación Draco ya estaba acostado bajo las mantas. Despacito y recelosos se acercó hasta la cama, se sentó en el borde de esta evitando mirar al rubio y con timidez levantó las mantas y se metió debajo de ellas, acostándose lo más al borde posible y dándole la espalda al Slyherin.

- No te atrevas a tocarme.. – advirtió el moreno al sentir una mano en su espalda. Sintió al rubio suspirar con fuerza e incorporarse un poco.

- ¿Sabes qué Harry? No puedo. Estando solos, acostados en mi cama y tú tan cerca de mí no puedo, no me pidas que no te toque porque eres irresistible para mí – informó el rubio con semblante serio, y sin darle tiempo a Harry de contestarle nada, tomándolo de un brazo lo volteó boca arriba y sin más lo besó en la boca.

Un imaginario cartel de neón rojo que decía DANGER se encendió en la mente de Harry. Quiso resistirse, pero falló en el intento, y no ayudaba la mano caliente de Draco colándose por debajo de la camiseta del pijama hacia la piel de su panza crecida. El contacto erizó cada una de sus terminales nerviosas, y no pudo suprimir un gemidito que murió sobre los labios del slytherin.

Draco retiró sus manos de la camiseta de Harry y colocando una a cada lado de los hombros del chico se acomodó sobre él evitando aplastarlo, su corazón latiendo cada vez más acelerado en expectativa de lo que probablemente sucedería, los ojos gris plata encendidos brillando en deseo. Se inclinó sobre él para besarlo de nuevo pero enseguida lo sintió tensarse completamente y desviar el rostro hacia un costado.

- Te he dicho que NO Draco… - susurró apenas, poniendo las manos sobre el pecho del rubio para empujarlo suavemente lejos de sí – Los besos están bien pero no cuando estamos en una cama, aún no confío del todo en ti… - susurró esto último sonrojado, evitando mirar a Malfoy a los ojos.

Esas palabras de nuevo le pincharon dolorosamente en el pecho al Príncipe de Slyherin, e instalaron una piedra bastante pesada en su estómago. No le caía en gracia que Harry no confiara en él, le dolía, así que sin pensarlo mucho se apartó de él y sorprendido vio cómo el Gryffindor se paró de la cama y comenzó a calzarse y cubrirse con la capa de su uniforme.

- ¿A dónde vas? – quiso saber.

- Fue un error haber aceptado dormir en tu habitación Malfoy, me iré a la Torre de Gryffindor, dormiré en uno de los sillones de la sala común, no te preocupes.

- Harry ven aquí… - llamó el rubio desde la cama, extendiendo una mano hacia el moreno que se había quedado quieto en medio de la habitación.

- No, porque tú…

- ¡De acuerdo! Ya no intentaré nada – exclamó Draco sentándose en la cama, levantando las manos en señal de derrota intentando infundirle algo de confianza al otro chico – vamos ven aquí, ya es casi medianoche – extendiéndole nuevamente la mano.

Harry lo miraba dudoso, sentía en su interior una fuerza desconocida que lo alentaba a acercarse, fuerza que entraba en conflicto con su miedo de volver a caer… Clavó sus esmeraldas en las orbes plateadas de Draco, e inesperadamente en su mirada no encontró segundas intenciones esta vez, sino solo una muda invitación hacia un lugar tranquilo y seguro… ¿sus brazos?

Sin pensar caminó los pasos que lo separaban de la cama, y se dio cuenta de la decisión que había tomado inconscientemente cuando sintió al rubio retirarle los lentes, la capa y el resto de su uniforme de las manos y ponerlas en el respaldo de la silla del escritorio, para luego tomarlo con suavidad de las manos y guiarlo de nuevo bajo las mantas de la cama.

Draco se acostó y con sutileza, siempre mirándole a los ojos, jaló a Harry hacia él para que el chico se acostara por fin, atrayéndolo despacito hacia su cuerpo, quedando el Slytherin de espaldas en la cama y el moreno acostado a su lado, con la cabeza apoyada en su hombro. Con delicadeza lo abrazó por la espalda atrayéndolo más hacia sí, y sin pensarlo demasiado hundió la nariz en el cabello negro y rebelde, aspirando su aroma que entró a sus pulmones como una especie de calmante. Algo inexplicable bailó en las entrañas de Draco al haber logrado su cometido, tener a Harry tranquilo entre sus brazos… un momento… ¿su cometido no había sido tenerlo gozando entre sus piernas?... bueno, no importaba ya, mientras el Gryffindor no se fuera.

Por su parte Harry se sentía raro. Estaba descubriendo facetas en el rubio que lo dejaban desconcertado, ¿como era posible que con solo mirarlo amablemente lograra convencerlo de que era seguro acercarse a él? Esos irises gris plata tenían un poder extraño sobre su persona...

Cerrando los ojos decidió pensar en esas cuestiones en la mañana, por el momento el estar acostado allí con Draco, siendo abrazado suavemente por él, escuchando sus latidos pausados y el aroma de su rico perfume caro en su nariz lentamente le ayudaron a entrar en un placentero estado de somnolencia. Ahora sí se sentía bien, no incómodo y aterrado como momentos antes cuando al mirar en los ojos del Slytherin solo encontraba lujuria.

- Ahora está mucho mejor… - susurró al aire Draco luego de un rato, su mano acariciando muy suavecito el brazo que Harry tenía sobre su pecho. El moreno no contestó. No sabía qué decir, aunque ciertamente sí estaba mucho mejor… - Buenas noches Potter.

Por primera vez en su vida Harry escuchó su apellido salido de esos labios rosados sin ningún sentimiento negativo, sin burla, envidia ni siquiera deseo ni nada parecido, sino con algo que se acercaba muchísimo a la ternura…

- Buenas noches… - susurró es respuesta antes de quedarse dormido.

...

A la mañana siguiente Harry despertó sintiendo que había descansado lo que realmente le hacía falta. Intentó enfocar la vista, cosa que se le hizo difícil sin sus lentes, y cuando más o menos se acostumbró a la luz de la mañana descubrió un elemento extraño en su campo visual: Una mata de sedoso cabello rubio platinado apoyada en su pecho, una nuca con piel blanquísima que tenía un par de lunares y unos hombros anchos cubiertos por un pijama de seda verde. Draco al parecer ya estaba despierto, con una mano bajo la camiseta de su pijama prestado acariciaba la piel de su barriga, haciendo pequeñas paradas en su ombligo donde dibujaba círculos suaves, para luego retomar sus mimos por toda la extensión de su abdomen. Con casi tres meses de embarazo su pancita era notoria en su vientre antiguamente plano.

Adulado por los mimos que el Slytherin le hacía pasó su mano por la espalda del chico, recorriendo su espina dorsal desde las lumbares a las cervicales, deteniéndose en la nuca de piel suave para acariciarla un segundo, y luego enredar los dedos en las hebras de oro que Malfoy tenía por cabello. Jugó un rato con ellos, enredándolos y tornándolos entre sus dedos, hasta que Draco detuvo las caricias sobre su estómago y dándose vuelta volvió a apoyar la cabeza en su pecho, esta vez mirando hacia él.

- Buenos días Harry – saludó el rubio con voz somnolienta, a pesar de que llevaba despierto más tiempo que el Gryffindor.

- Buenos días Draco – respondió él quitando un par de mechones rubios que cubrían sus ojos. Eran pozos de mercurio líquido, con un tinte azulado. ¡Un color extrañísimo! Único.

Se preguntó de qué color tendría su bebé los ojos, ¿verdes como los suyos y los de su madre? ¿O el plateado que caracterizaba a los Malfoy? ¿Sería rubio platinado como casi todos ellos?

- ¿Cuándo es la próxima consulta con Mael? – se le escapó de repente a Harry, sumido como estaba en sus pensamientos en cuanto al bebé.

- Eeh… creo que dentro de dos semanas.

- ¿Y ya podremos saber el sexo del bebé verdad? – preguntó el moreno con ilusión en los ojos, su impaciencia hizo sonreír a Draco.

- Sí así es. ¿Qué crees que sea? – preguntó Draco, acomodándose bajo las mantas de forma que quedó acostado al lado de Harry mirando hacia él.

- Creo que no me importa si es niña o niño – dijo el moreno poniéndose de perfil para quedar enfrentado con el Slytherin – Solo quiero que sea sano y fuerte.

- ¡A mi me gustaría que sea varón! Para enseñarle todo lo que sé y más y sea un digno Heredero Malfoy – sentenció el rubio sonriendo orgulloso.

Harry dejó de sonreír de repente. Malfoy… aunque su bebé fuera SUYO no podía negar que llevaba la sangre Malfoy… y junto con ella un montón de imposiciones y obligaciones. Ese pensamiento lo hizo derivar en una serie especulaciones en cuanto a su bebé y la familia Malfoy más allá de Draco. ¿Lucius lo aceptaría como su nieto? ¿Cuando el bebé naciera llevaría su apellido o el de Draco primero? ¿Los obligarían a vivir en la Mansión Malfoy para educar al bebé a su usanza? O si no ¿Desheredarían a Draco por tener un hijo con él?

El rubio notó la turbación en las esmeraldas de Harry e intrigado por saber qué pasaba por su cabeza se incorporó apoyándose sobre un codo para preguntarle.

- ¿En qué piensas?

- En nada… yo solo… ¿qué hora es? - Preguntó de repente, sabiendo que era día de escuela.

- Aún tenemos tiempo de tomar una ducha rápida y subir a desayunar – respondió sabiendo que el moreno no iba contarle lo que pensaba, lo vio en sus ojos y lo leyó en su lenguaje corporal - ¿te bañas conmigo? – pidió poniendo su mejor sonrisa pícara.

- ¡NO! – le gritó algo molesto saliendo de la cama, aunque agradeció el cambio de tema. En su mente no había respuesta a esas preguntas sobre la familia Malfoy, y le desconcertaba saber que por el momento no tenía a quien preguntarle.

...

- ¡Harry! ¿Dónde pasaste la noche? Me preocupé mucho cuando Seamus me dijo esta mañana que no amaneciste en tu habitación – Dijo la castaña en forma de saludo al sentarse a su lado en la mesa de Gryffindor en el Gran Comedor, mirándolo de arriba abajo buscando alguna señal de que hubiera pasado una mala noche.

- Estoy bien Hermione – la tranquilizó el moreno – Eh... me quedé con Draco en su habitación de Prefecto… - le susurró bajito.

- Ah… - dijo la chica pasmada, dando por terminado su examen visual sobre la figura de Harry.

- Discutí feo con Ron ayer – explicó el ojiverde - Estábamos con Draco en la biblioteca, por un motivo que no viene al caso me estaba besando con él – sonrojo inevitable – apareció Ron y al vernos comenzó a gritarme y decirme cosas… horribles – se obligó a terminar la oración, a pesar de que no pudo evitar que la garganta se le cerrara al final.

Hermione entendiendo la situación no pudo hacer más que pasar un brazo conciliador sobre los hombros de su amigo para hacerle saber que ella estaría ahí para ayudarlo. Iba a tener una laaaarga charla con ese pelirrojo testarudo…

...

- OH Merlín! Cómo patea este niño… - se quejó Remus, recostado en uno de los sillones de su habitación, sosteniéndose la barriga.

Harry había ido a visitarlos a él y a su padrino ese viernes por la noche luego de la última clase. Debido al avanzado embarazo del lupino hacía ya un mes que había dejado de impartir sus clases, siendo reemplazado momentáneamente por Severus. Su panza estaba enorme! Parecía que en cualquier momento explotaría. Ya cursaba el noveno mes, en cualquier momento nacería el primogénito del matrimonio Black-Lupin.

Cada vez que el bebé pateaba Sirius miraba con embobada fascinación los movimientos que hacía la panza de su pareja, se agachaba frente a él para acariciar y hablarle despacito a su hijo a través de la piel de Remus, y sonreía orgulloso cuando sentía los movimientos de su hijo reaccionando a su voz. Ya sabían que era varón, pero todavía no tenían decidido el nombre.

- Entonces Harry, sigue con lo que nos estabas contando – pidió Remus luego que su hijito se hubiera calmado un poco y dejara de patear insistentemente contra el diafragma del castaño.

El ojiverde continuó relatándoles a su padrino y su profesor todos los sucesos que había vivido desde la última vez que había hablado con ellos, sus acercamientos con Malfoy, su última gran pelea con Ron, y todos los sentimientos confusos que todas esas cuestiones le generaban. Harry había descubierto que charlar con ellos era como una especie de Terapia para él, le ayudaba a sacar todo lo que tenía dentro, ordenar un poco más su caos mental y recibía siempre palabras de apoyo y consejos acertados de parte de los dos hombres, lo cual le ayudaba mucho y le hacía sentirse muy querido y respaldado. No quería decir que con Hermione no se sintiera así, pero era distinto, Sirius y Remus contaban con otra experiencia y veían la situación con otros ojos más adultos.

- Así que hace una semana ya que estás durmiendo en el dormitorio de prefecto de Malfoy… - resumió Sirius mirando un poco desconfiado a su ahijado.

- Así es… - corroboró Harry algo inseguro de la posible reacción del hombre, a juzgar por el semblante serio y sus ojos preocupados – ¡No está pasando nada entre nosotros! Solo dormimos – sintió de pronto la necesidad de aclarar ese punto ante la insistente mirada de Sirius – Le dejé bien en claro a Draco desde la primera noche que no quiero ese tipo de intimidad con él… al menos por ahora… – Remus sonrió ante lo último susurrado por Harry.

- ¿Y tus compañeros de cuarto de Gryffindor no sospechan? Digo, debe parecerles extraño que hace una semana que no te ven.

- ¡Hermione me ayuda con eso! ¡Cada vez que alguien pregunta por mi ella inventa una buena excusa! No sé qué haría sin ella, más ahora que Ron no… - enmudeció de pronto, cada vez que recordaba su distanciamiento con el pelirrojo algo oprimía dolorosamente en su pecho y en su garganta.

- Ronald es bastante cabeza hueca cuando quiere ¿no? – Sentenció su padrino al fin levantando su escrutinio sobre Harry, yendo a sentarse al lado de su pareja - ¿quieres que tenga una charla con él?

- No Sirius… ya Herm debe estar trabajándole la cabeza lo suficiente, conociéndola… Y conociendo a Ron, si le insisten demasiado con algo seguramente mandará todo y a todos a la mierda… no me parece justo que haya más peleas por esta situación – ausentemente se acarició la panza.

Remus miraba a Harry sintiendo pena por la pérdida de uno de sus mejores amigos, pero algo dentro de él le decía que su amistad iba a recomponerse de alguna forma, esperaba que fuera pronto! A Harry en su estado no le hacía bien ese tipo de angustias.

...

Harry no pudo evitar un estremecimiento de frío que le recorrió toda la columna, estaban a finales de noviembre y el frío se estaba haciendo sentir cada vez más.

Se encontraba sentado en una de las mesas más escondidas de la biblioteca, su tarea para transformaciones olvidada hacía rato encima de todos sus libros abiertos. Estaba solo porque Draco se encontraba en una reunión de Prefectos, así que había decidido aprovechar ese tiempo para adelantar unos deberes, pero desde hacía un buen rato que se había perdido en sus pensamientos , mirando a través de uno de los ventanales y acariciándose inconcientemente la barriga por debajo de su túnica de abrigo.

- Hace frío aquí, no?

La conocida voz a sus espaldas lo hizo sobresaltarse, no se esperaba escucharlo dirigirse a él en un buen tiempo, así que se había quedado completamente mudo al darse vuelta en la silla y ver parado detrás de él a Ronald Weasley. No encontraba palabras, no sabía cómo tomarse que el pelirrojo estuviera allí parado mirándolo sin una maldición en la punta de la lengua después de todo lo que habían pasado y discutido en el último tiempo. Estuvieron mirándose a los ojos un buen rato, Harry aún no salía de su asombro y Ron no sabía por dónde empezar a hablar ni qué decirle al moreno primero.

- Ron yo…

- Escucha Harry…

Los dos callaron enseguida al percatarse de que habían abierto la boca al mismo tiempo, se miraron por otro par de segundos más sin saber qué decirse, hasta que Ron haciendo gala de su valentía Gryffindor se sentó al lado de Harry y comenzó a hablar.

- Escúchame, sé que no me he estado portando bien contigo últimamente, ¡entiende! no es fácil para mi saber que estás con el hurón luego de todo lo que nos ha dicho y hecho en el pasado, aún no puedo creer que estés embarazado de él… - de pronto el pelirrojo fijó su mirada en la barriga de Harry que apenas sobresalía entre la abertura de su túnica – Pero… - se demoró en continuar, esta vez bajando la vista al suelo, cerrando las manos en puños sobre sus piernas. Harry pudo ver claramente cómo sus orejas empezaron a ponerse tan rojas como su cabello… ¿se estaba sonrojando? – La verdad es que… yo… - al fin levantó sus ojos azules y los clavó en los verdes atónitos del otro chico – Te extraño Harry – soltó al fin – Extraño pasar rato contigo, conversar, jugar ajedrez mágico, hacer niñerías ¡hasta extraño hacer la tarea contigo! – Esto último hizo que Harry destensara los músculos de la espalda y esbozara una tímida sonrisa – Vuelve a la Torre de Gryffindor Harry, de verdad te extraño, y siento mucho el haberme comportado como un verdadero troll todo este tiempo…

Harry estaba mudo, sin pensarlo mucho se abrazó del cuello de Ron con fuerza, a la vez que el pelirrojo le rodeaba la espalda con sus brazos.

- Ay Ron! Me haces tanta falta amigo… - Harry aún seguía dolido por todas las cosas feas y sin sentido que el chico le había dicho, pero no podía negar que esta disculpa le reconfortaba y le llenaba de un calor agradable, el saber que después de todo no había perdido a la persona que consideraba su hermano desde que tenía 11 años.

- Lo sé… En verdad lo siento Harry – se separaron para mirarse nuevamente a los ojos – Vuelve a la Torre compañero ¡y perdóname!

- ¡En verdad has sido un completo idiota!

- Sí lo sé.

- ¡He llorado mucho por tu culpa!

- Me imagino…

- Y me costará olvidar todo lo que me dijiste la otra vez aquí en la biblioteca.

- Harry yo…

- ¿Pero sabes qué Ronald Weasley? – Lo cortó antes de que dijera algo más – intentaré olvidarlo porque también te extraño y ya no quiero pelear más contigo – dijo al fin sonriéndole a su amigo como hacía tiempo no lo hacía.

El pelirrojo suspiró aliviado devolviéndole la sonrisa.

- Bueno, ahora que ya está todo bien, quiero aclararte una cosa compañero, ¡no esperes que de la noche a la mañana me lleve bien con Malfoy! Porque simplemente no puedo – Harry palideció de repente, sus manos que antes guardaban los libros y pergaminos en su morral se paralizaron – Ya no quiero discutir más contigo – el moreno reanudó sus movimientos algo receloso - ¡pero no puedo empezar a hablarle bien solo porque tiene algo contigo! Me ha fastidiado demasiado la existencia desde que lo conozco como para empezar a ser amable con él ahora…

Harry suspiró derrotado al darse cuenta de que Ron intentaba ser lo más condescendiente posible, y entendió el esfuerzo que el pelirrojo estaba haciendo para estar en paz con toda la situación. El hecho de que se hubiera amigado con Ron le hacía muy feliz, así que intentó con todas sus fuerzas suprimir el enfado que le producía que su amigo estuviera tan en contra de que él se relacionara con alguien que de alguna manera consideraba que para su vida era muy… importante.

A unos metros de distancia Draco había escuchado toda la conversación. Con gesto indescifrable en sus finas facciones metió sus manos dentro de los bolsillos de sus pantalones, dio media vuelta y desanduvo los pasos que lo habían llevado a buscar a Harry en la biblioteca. Con actitud algo taciturna caminó por los pasillos del colegio hasta llegar a la mazmorra, sin hacerle caso a nadie fue hasta su habitación de prefecto, se sentó en su cama y pensó…

...

- ¿Volverás a Gryffindor?

La pregunta que le llegó desde la oscuridad de la habitación le tomó por sorpresa y le hizo saltar. Había pasado toda la tarde con Ron después de que tuvieron su charla de reconciliación en la biblioteca. Se unieron a Hermione en la sala común de su casa y Harry volvió a sentirse como antes cuando todo era medianamente "normal"; tarde con sus amigos, deberes de colegio y una merecida cena compartida con todos en el Gran Comedor.

Luego de la cena se despidió de sus amigos y fue hasta la habitación de prefecto de Draco; al entrar se encontró con una obscuridad envolvente, y la pregunta que emergió de dicha oscuridad la había hecho Malfoy, con un tono de voz tenso y poco agradable.

- Lumus – susurró Harry, de la punta de su varita brotó una luz parpadeante que le reveló la figura del Slytherin sentado en la cama, uniforme puesto, codos sobre sus rodillas, mirada penetrante y semblante serio… demasiado serio - ¿De qué habl..

- ¡Contesta Potter! ¿Volverás a la Torre? – le cortó el rubio, poniéndose de pie y encarando al moreno. La mirada del Slytherin no le gustaba nada a Harry, era una mezcla extraña de enfado y decepción.

- De qué ha… Cómo sab…. ¿me espiaste en la biblioteca? – inquirió el ojiverde luego de tartamudear como tonto al no saber qué contestar.

- ¡Contéstame! – demandó Draco, elevando el tono de voz de una manera que desagradó a Harry.

- ¡Háblame bien, idiota! – Contestó, poniéndose igual de malo – Lo que yo haga o deje de hacer no necesita de tu consentimiento, así que no me reclames nada, agradezco tu hospitalidad estos días, pero ya es suficiente. ¡SÍ! Vuelvo a la torre ¡a donde pertenezco!

Draco sintió un apretón nada grato en la garganta… ¿por qué Potter despreciaba ahora su compañía? ¿Prefería volver a esa Torre de Gryffindor llena de imbéciles antes que seguir quedándose con él? Pues bien, si eso quería, eso tendría…

- Ahora que te amigaste con la sucia comadreja volverás a la Torre – dijo tomando bruscamente la mochila de las manos de Harry, metiendo dentro sin delicadeza algunas de las cosas personales que el moreno había traído al cuarto – Ya no necesitas un lugar nuevo para estar, así que te vas – sentenció apretando las mandíbulas mientras hablaba, y continuaba recorriendo la habitación guardando las pertenencias de Harry en su mochila con rudeza.

Al principio el Gryffindor miraba al rubio con enfado, pero de a poco las palabras y el tono hostil de Malfoy comenzaron a ponerle triste… ¿Ahora Draco se enfadaba con él? ¿Sería que nunca podría estar en paz con todos a la vez?

El rubio seguía recolectando sus cosas y recalcando el hecho de que Harry prefería irse con los leones antes que seguir quedándose con él, con un tono cada vez más desagradable y frases cada vez más hirientes, hasta que una vez que hubo guardado todas las cosas del ojiverde dentro de su mochila, se paró frente a él, que seguía con el Lumus en su varita, le empujó la mochila sobre el pecho, y cuando Harry la sostuvo volvió a empujar al moreno hasta llevarlo fuera del cuarto.

- ¡VETE A LA MIERDA POTTER! ¡Y cuando el pobretón ese te vuelva a botar, no me busques! ¡Nadie desprecia a un Malfoy! ¡PUDRETE! – y le cerró la puerta en la cara.

Con los ojos acuosos y su mochila fuertemente apretada en sus brazos Harry se fue de las mazmorras directo a su habitación en Gryffindor. Ron estaba en el baño cuando entró, ¡Mejor! Así se evitaba las explicaciones por su cara larga; tiró la mochila sobre su baúl, tomó su poción nocturna anti-náuseas, se puso uno de sus pijamas viejos, cerró las cortinas de su cama, selló todo con un hechizo silenciador y se acostó tapándose hasta la cabeza a llorar su angustia… ¿algún día dejaría de llorar? Malditas hormonas… ¿Por qué las personas se lastimaban de esta manera?... ¿Podría soportar el que Draco no le hablara más?

...

Había pasado una semana y dos días desde que Malfoy lo hubiera echado de su habitación. Desde entonces raramente había visto al Slytherin; los primeros días el muy cabrón había hecho malabares para no encontrarse con él en los pasillos, cuando lo veía el rubio daba la vuelta y se iba por otros lados, en las clases que compartían con las serpientes se sentaba lo más alejado posible, y en el Gran Comedor siempre se situaba de espaldas a su mesa para no verlo… Pero hacía ya dos días que no lo veía para nada, ni en clases ni en el Gran comedor… y aunque no quería ocupar más pensamientos en el rubio no podía evitar preguntarse dónde se habría metido…

Harry hacía todo lo posible para que Ron y Hermione no se dieran cuenta de lo que pasaba, Ron era bastante despistado, pero la castaña intuía que algo raro sucedía, aún así no preguntaba, e internamente Harry se lo agradecía pues no quería charlar del tema por ahora.

Estaba sentado solo en uno de los bancos del patio trasero del colegio; Ron y Hermione se encontraban en una reunión de Prefectos.

A pesar de que eran las tres de la tarde hacía mucho frío, el sol invernal de fines de noviembre ya no calentaba nada, tenía puestas dos capas de abrigo y una gruesa bufanda, y aún así tiritaba un poco. Pero había decidido salir al patio para despejar la mente; chusmear qué hacían los otros estudiantes mientras estaban en el patio, conversando, estudiando o lo que fuera siempre le distraía. Justamente estaba observando a un grupo de alumnos de Hufflepuff, supuso que eran de tercero, que reían y festejaban las muecas graciosas que hacía uno de ellos, cuando una figura se interpuso en su visión.

- Potter ven conmigo – oyó la apremiante voz de Blaise Zabini.

- ¿Para qué? – inquirió el moreno, levantando una ceja al más puro estilo Malfoy, sin premeditarlo por supuesto.

- ¡No preguntes y ven! Es urgente.

- No voy a ir a ningún lado contigo, menos aún si no me dices para que… - sentenció el ojiverde, cruzando los brazos y mirando hacia otro lado.

- ¡DEMONIOS POTTER! Es Draco, te está llamando – el desespero en su voz era extraño.

- ¡JA! ¿Y qué te hace pensar que iré? Después de lo mal que me trat…

- ¡Está enfermo! – Le cortó el Slytherin; Harry clavó sus esmeraldas en él y se puso rígido - Tiene algo extraño y no sé qué es, no quiere ver a Pomfrey ni a Snape, ni llamar a sus padres, y como tú tienes un gran poder de convencimiento sobre él, debes hacerle entender que necesita ayuda.

- Él no me quiere ver – sentenció con voz amarga - ¿Está enfermo? Que se joda.

- Potter, en todos los años que conozco a Draco, nunca lo había visto así de mal, esta congelado, tiembla mucho, suda frío y por más mantas, pociones pimentónicas y hechizos de calefacción que le pongamos su cuerpo ¡no se calienta! Hace dos días que no se levanta de la cama, ¡TIENES que convencerlo de que vea a un medimago!

- ¿No es otra de sus trampas para llevarme a la cama? – indagó el Gryffindor desconfiado, Zabini rodó los ojos y bufó ofendido.

- Potter ¡POR FAVOR! yo no bromeo con la salud de mi mejor amigo ¡está muy mal en serio! Ven conmigo… Por favor.

Reticente se levantó del banco donde se encontraba y siguió a Blaise a través del castillo hacia las mazmorras. Cuando pasaron de largo la entrada del cuarto de prefecto de Draco y se detuvieron frente a la entrada de la Sala Común de las serpientes, antes de que Zabini susurrara la contraseña Harry preguntó temeroso.

- ¿No está en su habitación individual?

- No, cuando empezó a sentirse mal vino a la habitación que comparte con nosotros y no se ha movido de ahí... No te preocupes Potter – lo tranquilizó al ver la duda en la mirada del Gryffindor y la reticencia a entrar al nido de las serpientes solo – Si vienes conmigo nadie se meterá contigo.

Pasaron de largo el centro de la Sala Común donde había un par de estudiantes que los miraban recelosos, bajaron unas escaleras y caminaron por un pasillo con puertas a ambos lados, se detuvieron frente a una de las puertas que decía en letras labradas '7mo Año' y Zabini la abrió haciéndose a un lado para que Harry entrara primero.

En la cama más cercana a la puerta que dedujo sería el baño, estaba Draco acostado, tapado con las mantas de todas las camas de la habitación. Goyle le secaba el sudor de la frente con una toalla de mano y Crabbe estaba allí parado al costado de la cama, mirando consternado a su amigo y líder, una mirada de desesperación en sus ojos al no saber qué hacer.

Al acercarse a la cama Gregory se apartó del rubio, yendo al baño a buscar otra toalla seca. Ver a Malfoy en ese estado le produjo algo muy extraño al moreno, estaba con los ojos cerrados, la frente y las sienes sudadas y aún debajo de tantas mantas podía verse cómo temblaba.

- … Harry… - le oyó susurrar apenas con los ojos semi abiertos. Tenía los labios resecos.

El moreno se sentó al costado de la cama y le tocó la frente, estaba mortalmente frío como si fuera una estatua de mármol, sudaba y temblaba espasmódicamente. Harry levantó la vista hacia los otros Slytherins y vio en sus ojos preocupación y cansancio, y una muda y apremiante petición de que hiciera algo para que su Príncipe se mejorara pronto.

Volvió los ojos hacia Malfoy, quien había atrapado la mano que Harry tenía sobre su frente con las suyas temblorosas y la restregaba en su mejilla pálida.

- ¿Cómo te sientes Draco? – preguntó dejando al chico acariciarse con el dorso de su mano.

- Mal… tengo frío… - dijo con voz débil.

- ¿Por qué mejor no llamamos al Profesor Snape? Él sabrá qué te pasa…

- …No… mejor acércate – pidió Malfoy abriendo las mantas apenas y haciendo un espacio a su lado en la cama para Harry.

Todo esto no podía ser fingido, la preocupación en los ojos de los otros Slytherins era real, el frío en el cuerpo de Draco era real. Aún así algo dudoso se sentó en la cabecera de la cama en el espacio que el ojigris había hecho para él al lado de la almohada, inmediatamente Malfoy se puso boca abajo, apoyó la cabeza en su regazo y se abrazó a su cintura. Temblaba como si tuviera una fiebre altísima, pero su temperatura corporal era demasiado baja. Para calmarlo no se le ocurrió nada mejor que acariciarle el cabello; con una mano enredaba sus dedos en los mechones rubios y con la otra hacía círculos reconfortantes en la zona alta de la espalda del chico que tenía a su alcance.

Increíblemente el temblor cedió.

Para alimentar su asombro la temperatura del cuerpo de Draco comenzó a subir, con sus mimos el rubio se durmió así como estaba, abrazado a su cintura con la cara apoyada en sus piernas.

En sueños luego de un rato pateó alguna de las mantas fuera de la cama, en clara señal de que estaba sintiendo calor.

Crabbe y Goyle habían ido a las cocinas por algo de comer, y Zabini se había sentado en una silla al lado de la cama. Estaba cansado, se notaba en su mirada y en la expresión de su cara que no había descansado bien estos días velando por su amigo.

Cuando Draco emitió un par de ronquidos suaves Harry tuvo la certeza de que ya estaba bien. En su cara tenía una mueca de sueño pacífico, lo cual era chocante al recordar lo mal que estaba cuando entró al cuarto.

Las tripas del moreno rugieron avisándole que necesitaba alimentarse, debía ser ya la hora de la cena, era difícil saberlo estando en las mazmorras porque era muy oscuro y carecía de ventanas hacia el exterior. Levantó la vista hacia Blaise avergonzado y se encontró con una sonrisa de lado típica de las serpientes, aunque una cosa parecida al agradecimiento en su mirada le quitaba fastidio a esa sonrisa.

- Gracias Potter… no sé qué es lo que tienes, pero le haces bien a Draco.

- No entiendo qué fue lo que pasó… - dijo bajando la mirada hacia el rubio quien soltó un largo suspiro, aún dormido en su regazo – Aunque él no quiera voy a hablar con Snape, Todo esto es muy extraño.

Blaise no dijo nada, pero hizo una pequeña inclinación de cabeza hacia Harry en forma de entendimiento. Él nunca se atrevería a contradecir una orden directa de Draco, bendito Potter y sus cojones…

...

Cuando abrió los ojos lo primero que sintió fue sed. Sentía la boca pastosa, como si estuviera deshidratado. La siguiente sensación que lo abrumó fue la de abandono...

Con la vista un poco nublada estiró sus brazos debajo de los cobertores de su cama y los movió hacia los costados, como buscando algo que le hacía falta… y no encontró nada.

Frotándose los ojos se incorporó hasta quedar sentado con la espalda apoyada en el respaldo de la cama… ¿por qué estaba cubierto con tantas mantas?

Recorrió la habitación con la vista y se dio cuenta de que estaba completamente solo, no sabia qué hora era, ni dónde estaban sus compañeros de cuarto… no sabía nada.

Se sentía muy extraño, algo en su interior oprimía dolorosamente y le dificultaba el respirar, se sentía solo, abandonado en realidad… y bastante deprimido.

Ahora, recapitulando, él era el grandioso Draco Malfoy, hijo de Lucius y Narcissa Malfoy, el Príncipe de Slytherin, poseedor de una inmensa fortuna, apuesto, inteligente, educado y muy capaz. Era admirado y temido en iguales proporciones por sus compañeros. Lo tenía todo para sentirse pleno y satisfecho, sin embargo en esos momentos lo invadía un desasosiego que nunca en sus 17 años de vida había sentido… el sentir que algo primordial le había sido arrebatado le estaba provocando ganas de llorar, y un Malfoy nunca llora…

Potter… Harry Potter… Ahora simplemente Harry… Ese nombre tenía un sabor agridulce en sus labios.

Decir su nombre le generaba un extraño instinto de protección aunado a un sentimiento de pertenencia que nunca antes había sentido; cuando no estaba con él sentía unos nervios que solo se calmaban al posar los ojos sobre los suyos, o cuando obtenía un simple roce de su piel cálida…

Pero también pensar en él le entristecía, saber que prefería la compañía de otros antes que la suya le apretaba la garganta, recordar la forma en la que lo había abandonado hace más de una semana le deprimía…

Y así había empezado todo, la primera noche que durmió sin Harry en su cuarto de prefecto, en realidad no durmió. Se pasó largas horas rememorando la pelea que habían tenido, alimentando la bronca que la actitud del Gryffindor le había provocado, y el amanecer lo encontró más cabreado que nunca, con oscuras ojeras y rumiando su propia ira.

Durante los días siguientes evitaba a toda costa toparse con el moreno, y por las noches apenas podía dormir, sintiendo su cama fría y el pecho oprimido. Así paso el resto de la semana, de un mal humor terrible, gritándole a todo el que le hablara y negándose a tener una charla conciliadora con ninguno de sus amigos.

Pero de repente empezó a sentirse extraño... como débil. A pesar de que asistía al Gran Comedor a tomar desayunos y almuerzos se mareaba con frecuencia, los músculos se le ponían laxos y eso provocaba que las cosas se le cayeran de las manos. Noviembre era un mes frío, pero a él parecía afectarle más que a nadie, tiritaba todo el tiempo y las manos se le entumecían. El día que sintió, no le quedaban fuerzas para sostenerse en pie, fue hasta el dormitorio de séptimo de Slytherin y se acostó en la que era su cama desde que entró a Hogwarts.

Además de todo ese malestar físico que le aquejaba, con el pasar de los días sentía que una mano invisible le oprimía la garganta y no le permitía respirar bien, una angustia nunca antes experimentada por él le había borrado las sonrisas, incluso las socarronas y fastidiosas. No encontraba consuelo ni en sus amigos ni en nadie. Se sentía deprimido, todo el tiempo con ganas de gritar y llorar, pero debido a su estricta educación de recato y autocontrol Malfoy no se permitía a sí mismo desahogarse, y el acumular toda esa bola de cosas negativas le hacía sentirse el doble de peor.

Y fue en ese momento, mientras estaba sentado en su cama pensando en todo eso, que comenzó a sentirse muy mal de nuevo. Un temblor incontrolable le sacudía desde las entrañas, sintió su frente perlarse con sudor y súbitamente la temperatura de su cuerpo bajó unos cuantos grados. Volvió a acostarse y se tapó hasta la cabeza, enrollándose en sí mismo hasta quedar en posición fetal. Una sensación nueva y muy desagradable comenzó a pincharle por todo el cuerpo, como si le clavaran mil agujas; reprimió el primer quejido, pero cuando el dolor se hizo más intenso no pudo controlar el gemido que se escapó por sus labios tensos.

Fue en ese instante que Blaise entró al cuarto, y al ver a su amigo escondido entre las mantas temblando otra vez y quejándose, al parecer de dolor, se apresuró a llegar a su lado en la cama.

- Dragón ¿qué te pasa? – quiso saber el castaño mientras lo destapaba para saber exactamente en qué estado se encontraba su amigo. El rubio estaba congelado de nuevo, temblaba y sudaba frío como antes, pero ahora un rictus de dolor le indicaba a Blaise que estaba peor que la vez anterior - ¡Por las barbas de Slytherin Draco déjame traer a Snape o a Pomfrey! Ellos sabrán qué hacer…

- ¡NO! - gimió Draco retorciéndose – No los... quiero a ellos, no… aagh… los necesito – logro decir entre pequeños gemidos de dolor – Yo quiero… - bruscamente tomó la corbata del uniforme de Zabini y lo tironeó hacia abajo para ordenarle – Blaise, tráeme a Potter.

- P… pero… - balbuceó el chico impresionado por la necesidad que veía en los ojos del Malfoy menor – Dragón son la una y media de la madrugada ¿Y si me atrapan alguno de los prefectos o Filch? Además... – se vio cortado en su perorata por el grito de Draco

- ¡ME IMPORTA UNA MIERDA LA HORA O QUE TE ATRAPEN! ¡QUIERO A POTTER AQUÍ! ¡Y lo quiero AHORA!

Una vez más no se atrevió a desobedecer una orden directa de su Príncipe. Salió como bólido por la puerta hacia la Sala Común donde estaban Vincent y Gregory repasando unas anotaciones de Encantamientos, en tres gritos les explicó en qué condiciones había hallado a Draco y lo que éste le había ordenado hacer, y él mismo a su vez ordenó a los dos chicos corpulentos que fueran a la habitación a hacerle compañía al rubio y se aseguraran de que no empeorara.

Corrió por los pasillos y subió las escaleras a la máxima velocidad que sus piernas nerviosas se lo permitieron, para su suerte estaba todo despejado. Pero cuando llegó a la entrada de la Sala Común de Gryffindor se topó con el desagradable hecho de que no sabía la contraseña, y la Dama Gorda se negaba rotundamente a dejarle pasar.

Cuando estaba a punto de arrancarse un mechón de pelo de la cabeza vio al fantasma de Nick Casi-Decapitado atravesar la pared. ¡Su salvación! Un jodido fantasma… Le pidió por favor que le dijera a Harry Potter que necesitaba hablar urgentemente con él por el tema de un Dragón que nuevamente estaba congelado, y cuando el ser transparente penetró la pared para entregar el extraño mensaje imploró a los dioses que las luces mentales de Potter estuvieran encendidas y entendiera el significado de esas palabras.

Luego de unos minutos que a Zabini le parecieron horas, el moreno salió de la Sala Común, con el pelo más revuelto de lo normal y la almohada marcada en la mejilla.

- ¿Otra vez le pasó lo mismo? – quiso saber restregándose los ojos.

- Esta vez es peor Potter – dijo el Slytherin tomando al moreno por la muñeca y tironeando de él - Draco te necesita AHORA – grazno el castaño sin darle tiempo a Harry de objetar nada.

Bajaron las escaleras a la máxima velocidad que pudieron, Blaise nervioso por llegar a las mazmorras y Harry cada vez más intrigado.

- ¿Por qué esta vez es peor Zabini? – exigió saber el ojiverde mientras era prácticamente arrastrado por el otro chico por los corredores.

- Algo no esta bien Potter, ya no es solo el frío incontrolable – el tono de voz del chico denotando cuan preocupado estaba por el rubio – Ahora es como si algo lo estuviera hiriendo, se queja de dolor, y lo único que quiere es verte a ti– informo sin aminorar la marcha.

- ¿Verme a mi? No sé en qué puedo ayudar, no tengo idea qué es lo que le pasa.

- Yo tampoco sé en qué puedes ayudar para que esto deje de pasarle, solo sé que me pidió a gritos que te lleve con él – ante esas palabras Harry abrió grande los ojos – Sea lo que sea que tienes, estar con tigo le calma… ¿Has hablado con Snape? – pregunto Blaise antes de susurrar la contraseña en la entrada a la Sala Común de las serpientes

- Aún no pude porque…

Antes de que ambos pusieran un pie dentro de la Sala, una voz autoritaria les espetó cortando a Harry en mitad de su frase:

- ¿Se puede saber qué está haciendo Señor Zabini? – Blaise y Harry se giraron sobre sus talones para ver a un Severus Snape que caminaba hacia ellos con expresión tensa. La puerta de la Sala se cerró a sus espaldas sin que hubieran entrado – Espero tenga una buena explicación para esto, usted sabe que la entrada para alumnos de otras casas a la Sala Común de Slytherin esta totalmente... Prohibida – Recordó el Jefe de Slytherin son esa entonación tan suya de voz grave, arrastrando las palabras, mirando a Harry como si fuera el insecto más desagradable del mundo.

- Profesor, es por Draco. Está muy grave, no sabemos lo que tiene - Ante la sola mención de Draco enfermo su expresión se ablandó muy ligeramente – El muy terco no ha querido que lo llamemos ni a usted ni a Pomfrey, solo quiso que le trajera a Potter, Señor… - informó Blaise

- Llévenme con él – ordeno Snape.

Presurosos llegaron a la habitación donde estaba el convaleciente acompañado por los dos chicos corpulentos. Draco otra vez temblaba incontrolablemente, y cuando vio llegar a Harry lo único que atinó a hacer fue estirar la mano hacia él en una muda súplica de que se acercara. La expresión de dolor en sus ojos hizo que a Harry le pinchara algo en el estómago.

- Que alguien me explique que sucede aquí – Exigió Snape con voz más grave de lo acostumbrado, viendo con cierta incredulidad la necesidad en los ojos de su ahijado y cómo parte de su evidente dolor desaparecía al tomar contacto con el Gryffindor.

Blaise se apresuró a relatarle los hechos a su jefe de casa mientras todos se acomodaban alrededor de la cama de Draco, observando una vez más cómo los calmos mimos de Harry obraban milagros sobre el cuerpo tembloroso de Malfoy.

Una vez que el rubio estuvo plácidamente dormido, Harry levantó la mirada para clavarla en la de Severus, quien tenía un adusto mohín de enfado.

- Profesor ¿tiene alguna idea de cual es la enfermedad o maldición que pueda tener Malfoy encima? – aventuró el moreno.

- El Señor Malfoy no está sufriendo de enfermedad o maldición alguna, Potter – contestó enojado el mayor casi escupiendo el apellido de su alumno – Lo que le sucede es enteramente TU culpa – Sentenció.

Todos los presentes lo miraron sin entender menos Draco, quien dormido y abrazado a Potter ya emitía pequeños ronquidos signos de su sueño pacífico. Harry alzó su ceja hacia el profesor con evidente sorpresa ante semejantes palabras.

- ¿Perdón?

- Lo que el señor Malfoy está sufriendo es la consecuencia de la evidente falta de sexo… - sentenció con tono severo, acribillando duramente al Gryffindor con la mirada.

Continuará...

Terminado el día: 03/03/2012 a las 22:09 hrs