Los personajes no me pertenecen yo solo juego con ellos
Capitulo 1
Miércoles, 6am
El sol comenzaba a extenderse en el horizonte como una niña tímida, calentando el pequeño florero que reposaba en una mesa de madera, acariciado como un amante el rostro delicado de una mujer, levantándole de su mundo de ensueño.
Desperezándose como una dama, Esme Platt comenzó con la rutina de todos los días, la rutina de una ama de casa típica como las películas clásicas, siempre dando el mayor cariño en todo lo que hacia, una sonrisa llena de amor cada vez que veía a su pequeña familia.
Como siempre, al mismo horario su esposo el Abogado. Platt era el primero en bajar, anudando su corbata que como era de costumbre, Esme tenía que ayudarle antes de recibir su casto beso.
Lo único que faltaba en aquella rutina era la voz despreocupada de su hijo, que tan solo en tres meses se había marchado a la universidad para convertirse como su padre en abogado.
Suspirando de nostalgia se sentó en su habitual puesto, frete a su marido, que leía el time como la biblia de cada día.
Bebió, saboreando el amargo café como le gustaba su marido mientras miraba distraídamente la ventana pensando en como aprovecharía su tiempo libre.
-cariño me tengo que ir- dijo su esposo mirando el reloj de su muñeca
Beso su coronilla antes de salir de la modesta casa, arrancando su auto que se perdía en el vecindario residencial.
Resignada Esme hizo todo los labores que una ama de casa se suponía que hacia, pero igual le sobro tiempo, ya que no tenia a su pequeño diablillo que siempre ensuciaba su casa.
Bufo molesta, era una mujer de 47 años pero parecía una anciana de 72 años que le había quitado las energías vibrantes como se caracterizaba. Maldiciéndose prefirió hacer las compras para la semana repasando mentalmente algo emocionante que había hecho en su vida.
Casarte, fue lo primero que le vino en la mente cuando su querido hijo fue concebido en una noche de pasión, obligándose a casarse a una temprana edad.
No se sentía mal por su pequeña familia, es solo que la rutina le estaba sofocando y ella no podía mas, necesitaba mas acción como cuando era joven, divertirse y salir a fiestas donde se sintiera cómoda.
Condujo por el centro de california, hasta que deslumbro el edificio en donde trabajaba su esposo, sonrió cuando una idea se le cruzo por la mente.
Estaciono su auto en frente de aquel titán metálico entrando como una dama que se caracterizaba hasta llegar a la joven recepcionista que le sonrió, pero sin alcanzarle a los ojos.
Tan entusiasta estaba Esme que no se dio cuenta el tono de lastima que tenia la chica cuando le dijo que podría pasar al despacho de su esposo.
Subiéndose en el elevador la idea de visitar a su marido era un cambio para su rutina pero cada vez que el ascensor paraba para recoger a trabajadores o gente de algún piso, Esme se sentía que su ropa de ama de casa no se ajustaba con aquel lujoso ambiente de su marido, sintiendo intimidada.
Respiro hondo para ganar valor cuando las hojas metálicas se abrieron llegando a un piso bellamente decorado, con colores discretos que rezaban seriedad.
Caminando tímidamente pero decidida, Esme avanzo hacia la puerta de roble donde rezaban las palabras de su marido en letras doradas.
-señora Platt - dijo la secretaria mirándole incrédula y nerviosa.
Esme le guiño un ojo para que se callara, haciendo que la joven secretaria tragara en seco mientras posaba su mano derecha en su corazón cuando vio que la dulce mujer abría la puerta tragándose las palabras cuando sus ojos miraron el peor espectáculo que su marido podía darle.
Delante de ella se encontraba la espalda ancha de su marido en donde unas esbeltas piernas se encontraba enrolladas en su cintura mientras el le embestía como un animal a su asistente.
-mas…. Mas duro cariño…ssssiiii…- decía entre jadeos la joven rubia mientras su marido escabullía su rostro en los exuberantes pezones, mordisqueando.
Asqueada Esme, contuvo las lágrimas antes de girarse para encontrarse con la mirada de culpa de la joven secretaria, que en silencio le pedía perdón.
Esme negó con la cabeza, no desea ninguna muestra de lastima o culpa, ella era la única ciega en aquel inusual evento al no darse cuenta que su mundo de felicidad había sido como una torre de naipes fácil de derribar.
Con la poca dignidad que le quedaba salió de aquel edificio en donde pudo ver las caras de lastima que le daba los empleados consientes de la infidelidad de su marido.
Arranco el auto hasta dirigirse a las afueras, justo en el mismo barranco en donde le había entregado su alma y cuerpo en su juventud.
Salió del auto azotando la puerta sin importarle hasta gritar sin que le quedara aire en los pulmones, derramando las lágrimas que había contenido mientras caía de rodillas en el suelo arcilloso gimiendo de dolor.
Cansada decidió volver a su casa, deseando quitarse la mugre de varios años, arrancarse la piel cada vez que el le tocaba jurándole que le amaba.
Se miro en el espejo del baño, haciendo una mueca cuando su reflejo presento un zombi, se despojo de su ropa metiéndose en la ducha sin importarle que la temperatura sea fría o caliente, solo quería estar ahí, haciendo que el agua sea sus lagrimas.
Después que sintió que su cuerpo se convertía en gelatina, decidió salir sintiendo que cualquier cosa que haría en aquel momento ya no le importaba.
Tomo el vestido más caro que tenía en su guardarropa, un vestido Channel de coctel que se pegaba a su pequeño cuerpo resaltando sus curvas que no se había perdido en su embarazo.
Se arreglo, maquillo, se puso hermosa como la dama que era, delineando sus delgados labios hasta quedar satisfecha con su imagen; se coloco pendientes de diamantes, regalo de su marido por su aniversario.
Coloco su música favorita envolviendo la casa en un estado melancólico aun cuando la música eran frases de amor, susurros que no alcanzaban su corazón roto.
Bebió el whisky como una amante ignorando el fastidioso teléfono que cada segundo su marido dejaba mensajes.
Miro el reloj marcando un cuarto para las ocho, tenia quince minutos para salir de aquella mierda de vida, aunque sea por unos segundos.
Levantándose, tomo su bolso de mano color negro como su vestido antes de dirigirse a su garaje en donde su marido escondía el mercedes, metió su abrigo al igual de caro, junto con el bolso.
Salió del garaje hasta la calle justo cuando su marido llego, pisando el acelerador sin impórtale que el este cerca.
Viro la esquina y supo que por primera vez podía burlar a la monotonía que le asfixiaba, sintiéndose como aquellas chicas rebeldes que podía soltarse el pelo y gritar a los cuatro vientos soy libre sin remordimiento mientras el auto le llevaría a su destino.
hola chicas!... quiero aclarar q esta historia es inspirada en la peli que paso ayer pero tambien tiene algunas modificaciones... asi q espero q no sea de su decepcion
besos
carbella
