Saludos de fin de semana, queridos (pobres) lectores míos...
Una disculpa, antes que nada, por no actualizar esta historia desde hace no sé cuanto -iba a subir este capítulo ayer, pero olvidé mi USB; creo que es cosa del Fénix esto de mi desmemoria, quiere que sienta lo que siente su hermanito-. La musa se miró en el Espejo humeante, me dio ideas para algún cuento, para escritos, y esta aventura de Shuncito desmemoriado se quedó un poco abandonada. ¡Pero está de regreso! (Para desgracia de tus lectores, ¡JUM!, se entromete el Fénix).
Tot12: Podríamos unir fuerzas contra Ikki... A ver qué pasa. Aquí no atacó a su dulce hermanito, pero ya verás cómo me voy a ir apegando a los inicios de la historia oficial; espero la musa no me abandone, tendré que hacerle un ritual mexica para tenerla complacida, jajaja... Espero te agrade esta continuación.
Kumikoson4: Gracias por leer, aquí el inocente Andrómeda va a sorprenderte, ya verás... Espero te guste la continuación, ojalá mi musa siga tan cooperadora como hasta ahora.
InatZiggy-Stardust: Muchas gracias por tus comentarios, ya te extraño en el MSN, espero todo esté mejorando por tu rumbo. ¿Inaceptable? Muajajajaja... Se pondrá todavía más -tanto que cambié de categoría la historia... a M. Shuncito asesino, sí, Ikki me va a odiar más, si se puede. Espero te guste esta continuación.
Liluel azul: No estoy de acuerdo. Creo que el hermoso Shun es un personaje enorme, y que le toca una de las peores pruebas, que es enfrentar a su hermano mayor, a quien respeta, quiere y admira, a quien lo defendió siempre. Debió dolerle demasiado verlo cundido de odio. Y tiene que pelear aunque no quiera, y termina haciéndolo, pero siempre aferrándose a lo que cree, a la no violencia. Y por añadidura, es de los caballeros más poderosos, detalle que quiere esconder, por su espíritu pacífico. ¡Y además es el más bello! (ya, ya,) Espero que te vaya gustando esta historia perversa, que se pondrá más rara.
Alyshaluz: ¡Frío, frío! Ikki es Ikki y Shuncito es Shuncito... Pero es una historia rara, a ver qué te sigue pareciendo la continuación.
SakuraK Li: ¡No, que manito no me dé mi merecido! Si no lo merezco, si escribo sobre su hermanito, si lo rodeo de halagos y atención, si... Ya verás cómo pasa del pensamiento a la acción el no tan dulce y falto de memoria Andrómeda, tanto que debí cambiar de categoría la historia... Espero te guste el camino que va tomando.
Fabiola Brambila: No te preocupes por la ortografía, muchas gracias por leer y comentar. A ver qué te parece el giro que va tomando la historia, cercana y a la vez lejana de la oficial. ¿Saori? Por culpa de Shun subió a M la categoría de esta perversión... Espero te siga gustando.
A todos, muchas gracias por leer y dejar su huella en este rincón, (ANN no alientes al Fénix, de por sí ya me trae de encargo, ja, ja, ja, por lo menos tengo el tiempo de vida hasta que termine la historia ¿y si la dejara inconclusa? ¿Alguien me defendería? Muajajajaja)
Ahora, el merecido copyright a Kurumada por prestarnos a sus personajes a fin de entretenernos, entretener y perversear... Ya pueden pasar a leer la continuación de su aclamada serie (¡Sí, cómo no!, grita Máscara de Muerte... ¿Saben?, a él tampoco le caigo bien, creo que le está dando ideas a Ikki), una historia medio rara con un Shun muy diferente...
Buen provecho.
X - X - X - X
5.- El desafío
Shun da vueltas. De un lado a otro de la bodega. Tranquilo, le digo, sonrío, o piensas hacer un hoyo en el suelo. Me mira. La cicatriz entre sus cejas se vuelve una grieta en su rostro fruncido. Cómo pudiste creer que te traicionaría, reclama por enésima vez, las manos en los bolsillos, de pronto quieto, un pie sobre la pared.
Pero qué más podía hacer. Si se puso la armadura, si, seguro, pensó que ella le entregaría un poder ilimitado. Ahora ellos tienen los brazos y una de las piernas, grita. Y es tu culpa, Ikki. Respiro profundo. No quiero volver a discutir con él, no tiene caso. Además interrumpiría mi plan para el desquite. El guerrero rubio me debe una.
Aparecieron cuando Seiya salió detrás de los hombres de Shun. El rubio y el de cabello largo y ropas blancas. Les cerré el paso, pero sólo pude detener al rubio. Me miró con los ojos muy abiertos. ¿Tú?, creo haberle escuchado, no estoy seguro. Entonces, de momento, me pareció conocerlo de mucho antes. Vi una mano rodeando un brazo pequeño, jaloneos, una puerta de madera, una cerradura herrumbrosa, un hocico de oscuridad. ¿Por qué? Su ataque me devolvió al muelle.
Tarde lancé contra él la tormenta que mató a la tripulación del pequeño barco: unos dedos de hielo me detuvieron cuando intenté adelantarme. Fue ese guerrero, el único de armadura, y lo que llamó polvo de diamantes.
Hyoga, dijeron desde la lejanía. El rubio se volvió a mirarme, negó en silencio, se fue, y yo quedé ahí, junto a un mar hecho con desperdicios y lodos industriales, aferrado a mis propias rodillas, intentando arrancar los pies del suelo a fin de alcanzarlo y hacer que acompañara a los muertos de la embarcación. Para cuando logré liberarme nadie estaba cerca; Shun había ido detrás de sus hombres y yo decidí entrar de nuevo a la bodega. Ya regresarían.
Pero sólo volvió Shun. A reclamarme. Fue llegar y dar vueltas, bufar como un toro, golpear la pared, las cajas apiladas contra la oficina del fondo. Gritar. Tres de sus hombres estaban muertos. Y tres de las piezas de la armadura, en poder de Hyoga, Seiya y su compañero, el de cabello largo. No pude aguantar la risa. Qué te parece tan gracioso, preguntó, apretó los puños. Tu cara, le respondí, la mano en el casco dorado, que acababa de entregarnos uno de sus hombres, quienes recién regresaban. Se me había ocurrido algo, aunque necesitaba madurarlo un poco.
Tengo una idea, le digo, puede ser interesante. Shun se acerca, echa un nuevo vistazo a las partes que todavía conservamos de la armadura. Son todas las piezas que trajeron, me burlo, ¿o crees que esos podrían llevarse alguna nada más pensarlo? Shun niega en silencio, frunce aún más las cejas, ¿cuál es la idea?, pregunta, me quita el casco. Yo me tomo mi tiempo. Asomado a la puerta, a la noche, pienso en ese tú del rubio, de Hyoga. Su pregunta… ¿Me conocerá, como afirma hacerlo Shun, por qué me distraje con la escena de los jaloneos ante aquel hocico de oscuridad?
Qué pensaste, me interrumpe Shun, o nada más estabas fanfarroneando. Su sonrisa chueca. Espero unos instantes y luego respondo con otra pregunta: ¿No sería divertido lanzarles un desafío? Se queda viéndome extrañado, luego voltea. A esos caballeros. Así mataremos dos pájaros de un solo golpe: nos deshacemos de ellos y recuperamos las tres piezas que nos quitaron. Silencio. Que se enfrenten a los tres que se quedaron aquí, esperándonos, sigo, la voz más alta; no sé si está escuchándome: ahora es él quien observa la noche.
¿Qué propones?, dice por fin. Algo simple, una nota; y yo mismo se las llevaré. Shun menea la cabeza, sonríe cada vez con mayor amplitud. Será mañana, ordeno; él se pone serio de repente. Qué, ¿no tienes ganas de dormir?, pregunto, le doy la espalda, saco algo de ropa de la caja más cercana y la acomodo en la oficina de la bodega, cerca de la puerta. Cierro. Afuera se reanudan los puñetazos. Poco tiempo; se hace el silencio.
Y yo sólo puedo pensar en esa chica de blanco. Imagino sus cabellos derramados en esta mezclilla podrida, su perfume que inunda el olor de la ropa almacenada durante años, sus piernas. Sí, a ella le entregaré la nota con el desafío para sus guerreros. Y no sé, quizás ella misma podría concluir esa batalla aun antes de iniciar. Todo dependerá de cómo me reciba.
Duermo, igual que los de afuera. Al despertar sólo sé que soñé con la destinataria del desafío. Lo sé no porque la recuerde o porque conserve el azúcar de su piel entre mis dientes, sino porque tengo una mano entre mis piernas, porque el sudor y la necesidad de un vaso de agua me recorren, porque una tibieza sin razón para devorarme me clava los colmillos. Considero el ataque del guerrero rubio… ¿Hyoga? Sí, el frescor de su hielo debería subirme desde las rodillas. En cambio tengo calor. Mucho. Y es porque la chica de esa pantalla deslizó su tonto vestido por encima de sus hombros y se acostó junto a mí.
Salgo, dejo la mezclilla revuelta en la esquina. No hay nadie. Corro al fondo de la bodega. Ahí están, dentro de una de las últimas cajas. Las piezas de la armadura dorada. Quizá, después de todo, Shun no intenta traicionarme. O quizás está esperando el momento propicio, la soledad de una noche sin estrellas ni luna. Deberé permanecer atento.
La voz de uno de los tres hombres de Shun me interrumpe. ¿Cuándo…? En una semana, lo interrumpo. Tengo la nota redactada en mi mente. Y transcribirla no me llevará sino unos minutos. Volteo, el guerrero de armadura negra y cabello largo muy parecido al compañero de Hyoga y Seiya, se hace a un lado para darle el paso a Shun. ¿Ya tienes ese mensaje, Ikki?, pregunta. Le ofrezco mi sonrisa como toda respuesta. Dentro de una semana. El Valle de la Muerte. Llevar las partes de la armadura que poseen. Sí, le digo después de repasar los tres puntos, sólo resta ponerla en el papel, pienso en un sobre negro, en dos o tres gotas de lacre, como semejando los cuerpos de Hyoga, Seiya y el otro desangrándose. Shun sonríe, me parece bien, dice. Creí que iba a burlarse. Es importante la presentación, me habría defendido en ese caso; hacerle llegar un desafío en papel rosado, oloroso a perfume, no tendría el mismo efecto.
Alguien, no me fijo quien, sale a la ciudad para buscar un sobre, papel y bolígrafo para escribir. El tiempo se me antoja eterno. Y Shun quiere que esperemos un día más o dos. Quiere saber qué es lo que dicen las noticias, los periódicos. Asiento sin estar muy convencido. A fin de matar las horas, imagino mi encuentro con la chica de blanco. También salgo, camino por callejones sin luz, solitarios, hasta el coliseo que albergó los enfrentamientos. Un automóvil negro se aleja. Lo sigo. No va muy lejos. Se estaciona en una mansión rodeada de jardines y fuentes, muy cerca del bosque. El enrejado, los hombres de traje negro y corbata, la cantidad de vehículos estacionados a lo largo de una especie de calzada, me sugieren que este es el lugar de destino de mi nota. Ver muy a lo lejos, en uno de los balcones, una silueta blanca y delgada, lo confirma. Mañana o después entregaré aquí el mensaje.
Regreso a los muelles, mi sonrisa es mucho más amplia que la de Shun cuando le propuse lo del desafío. Ahí está. Ese sobre negro, papel, una pluma, lacre y un encendedor. Me siento, apoyo los codos en el escritorio, acaricio la pluma como si fuera la cintura de la destinataria. ¿Firmo con mi nombre o con el tuyo?, pregunto, recibo un "da igual, de todos modos estamos en el mismo equipo… aunque no; prefiero que nadie me eche la culpa por un párrafo mal redactado y lleno de faltas de ortografía".
Meneo la cabeza, cómo sabes que mi redacción es mala, pregunto. Shun se hace el desentendido, voy a buscar a esos tres, dice, debemos planear todo. No le respondo, estoy ya entretenido con la nota. Es curioso que, teniéndola ya completa en la mente, invierta tanto tiempo en escribirla. Cuido mi letra, una sola línea, una tachadura, y el papel acaba hecho una pelota pequeña en el suelo, ni siquiera cerca del bote. Es sólo un mensaje para retarlos a una pelea, ¿por qué tanto cuidado? Golpeo la mesa, observo las cajas más allá de esta oficina. Qué bueno que estoy solo.
Pensar en una palabra inicial más parecida a una amenaza que a una carta de amor, hace que me duela la cabeza. No importa si es apenas una punzada, me es imposible acorralarlo, aun intentándolo con las dos manos. Respiro, salgo del pequeño cubículo lleno de polvo y documentos obsoletos. Creo que tardaré un poco más de lo planeado.
Camino hasta llegar a la puerta principal. Un barco se acerca, pasa de frente. Es pequeño, como el que robamos. El sonido de un radio portátil borra la imagen de los tripulantes muertos en el cuarto de máquinas, de sus cuerpos cayendo por la borda, sepultados en el mar. La voz, llena de estática, dice que sólo recuperaron tres piezas, que no descansarán hasta tener de vuelta la armadura, que no entienden cómo… La estática la rodea, hace que se diluya hasta casi desaparecer. Luego de sintonizar correctamente la estación, supongo, otra voz se vuelve nítida. Su timbre es diferente, agudo. Presto atención. Sólo puedo decirles una cosa; el ideal que mi abuelo siempre quiso destacar no es una filosofía de competición encarnizada, al contrario, lo que él estimuló fue la superación de uno mismo, el valor y el espíritu de sacrificio en nombre de los demás y nunca en beneficio propio… Apoderándose de la armadura de oro, el… alcanzo a escuchar antes de que alguien pida al dueño del radio cambiarle porque el partido va a comenzar. Sonrío ante la dulzura de esa voz, ante su firmeza. Seguro es ella, hermosa, enfundada aún en un vestido de niña tonta… Si continúo pensando en esa chica como en la destinataria voy a terminarme las hojas y el desafío se reducirá a un montón de palabras acarameladas e hipócritas para convencerla de estar a solas conmigo.
Pienso en el rubio. Su ataque de hielo aún me pesa en las rodillas y tengo que desquitarme. Para él será la nota, sin importar si escribo al principio el nombre de Seiya y si la entrego personalmente nada más para acercarme a la chica. Sólo así la terminaré, llenando la página con mi deseo inicial de vengarme de Hyoga.
Regreso al escritorio. Seiya, te espero dentro de una semana en el Valle de la Muerte, y que no se te olvide traer las partes restantes de la armadura de oro, Ikki. Vaya, era tan fácil después de todo: trazar letras con el pulso firme, sin cuidar la forma de las palabras, sin pensarlo demasiado. Y aun así es legible.
Shun me interrumpe, avienta un diario encima del sobre negro y rojo. Mira, dice, señala el titular levantando el mentón. Sí, ya sabía, lo escuché en un radio que alguien tiene por ahí, afuera, ya somos famosos, agrego al mirar su ceño más fruncido que lo habitual. Retiro el diario, tomo el sobre y lo sacudo frente a sus ojos. Terminaste, al fin, ¿quieres que la envíe?, dice. No; yo mismo la llevaré. En la noche, tal vez, o mañana, respondo.
Podríamos… ¡Ya te dije que yo la llevaría! ¿Entiendes, o necesito repetírtelo?, lo interrumpo.
Mi grito hace que Shun respire profundo y apriete un puño. Es como si no te interesara, dice. Le sostengo la mirada. Será esta noche porque así me da la gana.
No te preocupes, mañana esos hombres tendrán ya nuestro desafío, y podremos recuperar el resto de la armadura, le digo, sin parpadear, y aviento la nota sobre un montón de pantalones raídos, dentro de una caja sin tapa.
Si quieres vigílala mientras anochece, pienso divertido, no sea que vaya a desaparecer. Mientras voy de nuevo a la oficina, Shun sale al muelle. La brisa lo calmará, como a mí la almohada de mezclilla vieja. De verdad espero que una siesta se lleve este dolor de cabeza, o la chica no tendrá la atención que se merece.
X - X - X - X
...Continúa...
P.D. Hay por aquí dos caballeros que me miran de manera no muy amistosa, murmuran y se dan la mano... ¿qué estarán planeando? Tendré que esconderme al fondo de la biblioteca... O pedirle ayuda a Mu y Shaka...
