Para todos aquellos que querían capítulos más largos... espero que ste sea de su gusto XD Las cosas empiezan a ponerse interesantes para Harry y alguna que otra duda que comentasteis será desvelada...
Espero que os guste!
Capítulo 4
Harry se despertó con la cabeza embotada, los párpados pegados y los músculos entumecidos. No lo entendía, había dormido nueve horas y la noche anterior tan sólo había bebido una cerveza y un par de copas de vino. Se duchó con agua hirviendo como a él le gustaba y aquello le despertó ligeramente, imágenes extrañas se le aparecían en la mente, como cuando había podido ver aquello que hacía Voldemort, pero de una manera mucho más borrosa y sin aquel sentimiento de pánico que le estrujaba las entrañas al entrar en la mente del Señor Tenebroso. Se vistió tratando de dar sentido a aquella masa de sombras que se movían en la oscuridad cada vez que cerraba los ojos y fue a la cocina a por una buena taza de café para acabar de despertarse. Luna estaba allí ya, con su batín de colores estridentes bien atado a la cintura, sus zapatillas de conejos esponjosos y sus tostadas con mermelada de arándanos.
─ Vaya, Harry. No tienes buena cara ─dijo la chica a modo de saludo.
─ Lo sé, no he dormido muy bien ─Bostezó y cogió la cafetera para verter el líquido marrón en una taza, añadió algo de leche y azúcar y tras un suave movimiento de varita todo el contenido empezó a humear. Harry se sentó frente a Luna y tras dar el primer sorbo se dio cuenta de que la chica le miraba con el ceño ligeramente fruncido, algo extraño en ella.
─ ¿Qué ocurre?
─ ¿Recuerdas si has soñado algo? El otro día leí que hay unos seres pequeñitos, como motas de polvo, que se cuelan por la oreja cuando duermes y te hacen recordar cosas que creías olvidadas para siempre. Quizá hay alguno en casa ─Ante eso, los ojos azules de Luna se hicieran aun más grandes y su voz adoptó un tono grave y serio─ Tendré que seguir investigando, si es así tenemos que asegurarnos de que no es algo malo o tendremos que encontrarle y decirle que no nos moleste. Pero si es bueno podremos añadir conocimiento al mundo. ¿Tú qué crees Harry?
El chico no tenía ni idea de lo que su amiga acababa de decir. Nunca había oído hablar de tales seres, como era costumbre cuando hablando con Luna Lovegood, y no creía que aquellas sombras tuvieran nada que ver con algún tipo de recuerdo enterrado en su subconsciente. Y si de eso se trataba seguramente no quería saberlo, su subconsciente era un sótano oscuro lleno de cadáveres, pérdida, tristeza y rabia.
─ No recuerdo nada Luna, no creo que se trate de eso.
─ Vaya, hubiera sido un artículo entretenido ─contestó la chica─ Voy a vestirme. Hoy pasaré todo el día en la redacción, así que no me esperes para comer.
Harry asintió y dio un nuevo sorbo al café. Cogió una de las tostadas que Luna no se había comido y masticó distraídamente. Cuando la chica se despidió Harry le deseó un buen día y se fue al sofá. Encendió la televisión y se puso a mirar los capítulos de Phineas y Ferb que siempre animaban las mañanas. Si todo el mal del mundo fuera tan estúpido como ese doctor…
De repente las sombras que poblaban su mente empezaron a cobrar forma y de ser masas amorfas pasaron a semejar personas; altas y bajas, flacas y más gordas, con el cabello largo o corto. Personas en blanco y negro que bailaban al son de la música silenciosa que parecía inundar el lugar ¿pero dónde estaba? ¿qué era todo aquello? Harry miró aun lado y a otro y finalmente, a su espalda, lo vio. Un cartel que anunciaba la llegada del nuevo año. Pero era el pasado, era la fiesta de fin de año a la que había acudido con Ron y Hermione. ¿Por qué soñaba con aquello? Antes de que pudiera seguir investigando todo se deshizo en ondas semejantes a las que se forman en un lago al tirar una piedra sobre la superficie lisa y transparente, todo tembló durante un instante y el recuerdo se esfumó. Llamaban al teléfono.
─ ¿Si?
─ Harry, soy Ron ─Harry dejó ir un murmullo en asentimiento─ Que he estado hablando con George y me ha dicho que ya lo tiene todo preparado para la fiesta de este año. Dice que si puedes ir a visitarle hoy o mañana para que te de unos panfletos y los repartas. Que se los des a Luna y eso, para que vaya gente del periódico si quiere. También dice que quiere hablarte sobre no sé qué pasteles que quiere preparar y como a ti se te da tan bien esto de cocinar… ─Harry sintió enrojecerse. No creía que se le diera tan bien, pero sí es cierto que nadie nunca se había quejado de sus dotes culinarias; más bien lo contrario.
─ Vale, iré ahora no tengo nada que hacer. ¿Estará en la tienda?
─ Sí, entra por la puerta trasera mejor. Así no tendrás que atravesar la marabunta de clientes.
─ Me alegro de que vaya bien el negocio.
─ Yo también. Ya me dirás qué tal, tengo que irme.
─ Ya te llamaré. Adiós.
─ Adiós.
Harry colgó y se fue hacia la habitación para vestirse. Le iría bien pasar a visitar a George, le distraería de ese sueño extraño o lo que fuera.
La tienda de los gemelos Weasley —todo el mundo seguía llamándola así aunque uno de los gemelos hubiera muerto en la guerra— había crecido muchísimo desde que abrió hacía unos años. Era un edificio imponente de colores chillones y anuncios graciosos en los escaparates. Las risas que salían a la calle cada vez que la puerta se abría eran el mejor reclamo para los aburridos, que siempre acababan entrando y comprando algo. Harry sonrió cuando vio entrar a George al despacho, sonriendo también y sacudiéndose una manga de la túnica que estaba llena de polvos púrpura.
─ ¡Harry! Qué alegría verte tío.
─ Sí, hacía mucho que no nos veíamos.
─ Soy un hombre ocupado, qué puedo decir ─dijo George hinchando el pecho y cogiendo la tetera de la estantería─ ¿Te?
─ Sí, gracias ─Harry sonrió y asintió con la cabeza. El chico pelirrojo, tan alto y delgado como siempre, preparó la bebida y la sirvió en unas tazas verdes con estrellitas naranjas. George dio un sorbo y se sentó frente a Harry.
─ Como te habrá dicho Ron, hablemos de negocios.
La reunión acabó siendo algo más parecido a una conversación entre amigos que una negociación propiamente dicha. Las ideas de George eran excelentes, y Harry se encontró asintiendo ante todo lo que le decía el chico. Así acabó con unos cincuenta panfletos en el bolsillo y habiendo revelado sus mejores recetas; galletas, pasteles, bizcochos, todo su repertorio de repostería había quedado al descubierto y sería expuesto ante los asistentes de la fiesta. Al menos no constaría su nombre en ningún sitio. Le encantaba cocinar, pero era algo personal e íntimo, solo para sí mismo o sus seres queridos.
Estaba en el metro de vuelta a casa cuando se le ocurrió pasar por la cafetería de Draco. Recordaba perfectamente que el chico le había dicho que no quería tener nada que ver con él, que no le hablara y le dejara en paz, pero quería un trozo del pastel de manzana que vendían y, quizá, darle un par de panfletos para que asistiera a la fiesta. Tenía que añorar la vida maga, no podía haberse acostumbrado tanto a la vida muggle como para no caer en la tentación. Bajó en la siguiente parada, cambió de línea de metro y tras diez minutos ya se encontraba con el cerebro inundado por ese delicioso olor. ¿Sería real o un ambientador de esos para llamar la atención de los indefensos ciudadanos que pasean tranquilamente y al pasar frente a la tienda no pueden evitar respirar ese aroma tan rico y acabar entrando tan siquiera para comprar algo que tomar por el camino de vuelta a casa o al trabajo?. Harry respiró hondo y un chico asiático con mechas azules en el cabello le preguntó qué quería tomar. Parpadeó un par de veces, tomándose su tiempo en procesar aquel nuevo rostro. ¿Cómo había podido ser tan tonto y pensar que tan solo trabajaban Draco y Mary en la cafetería? Harry sonrió y pidió un cortado y una porción de tarta para llevarse a casa una vez acabado el café. Cuando Mary le trajo el pedido no pudo evitar preguntar por Draco.
— Oh, pidió el día libre. Creo que dijo que quería visitar a su padre o algo así —Explicó la chica sonriendo. Harry asintió con la cabeza lentamente. ¿Había ido a ver a Lucius a la cárcel? —¿Querías decirle algo? Puedo darle el recado, o si quieres su número de teléfono….
— No, no tranquila. Era para darle una cosa, pero no te preocupes ya volveré otro día —La chica asintió y se giró para irse hacia la barra— ¡Mary! —dijo Harry de repente— ¿Podrías no decirle a Malfoy que he venido?
— ¿Malfoy? —Harry se sintió palidecer de repente. Draco no podía haber decidido cambiarse el apellido para que al mundo mágico le costara más dar con él ¿cierto?— Ah claro, Draco, sí por supuesto. No diré nada —la chica hizo como si cerrara una cremallera sobre sus labios, se giró y finalmente se fue.
Harry dio un sorbo de su café y suspiró. No, era imposible que Draco hubiera renunciado al apellido Malfoy del que siempre estuvo tan orgulloso, aunque ahora dicho apellido no levantara respeto o temor, si no miedo, rencor y desdén. Harry dio un nuevo sorbo de café y recordó la primera vez que vio al chico; en Madame Malkin, probándose el uniforme de Hogwarts. Y después, en el tren de camino a la escuela, cuando le había tendido aquella mano pálida y de dedos largos con un aire de superioridad y una sonrisa altiva que le habían provocado escalofríos y unas ganas tremendas de echarle a él y a sus dos gorilas del compartimiento. Nunca se había preguntado qué hubiera pasado si hubiera aceptado aquella mano o si hubiera acabado en Slytherin como el sombrero había querido en un principio, nunca lo había hecho y nunca lo haría. Quizá se sentía solo, pero era feliz con lo que tenía y aunque por el camino hubiera muerto mucha gente inocente… Podría haber sido peor ¿cierto? Todo siempre puede ir peor…
Las sombras grises de gente bailando volvieron a su mente. Aun no sabía a qué se refería el sueño. Era un recuerdo de la fiesta de fin de año pasada, pero ¿por qué había decidido su subconsciente —o los bichejos aquellos de los que había hablado Luna, quién podía estar seguro en cuanto al mundo mágico— que era buen momento para recordarlo? Se veía a si mismo bailando y hablando, con Hermione y Ron, con Luna y Dean y luego con Neville, que le presentó a unos amigos que había hecho tras la guerra. Eran un grupo simpático, sobre todo aquel chico alto y rubio que no paraba de sonreírle. De repente se vio a sí mismo con la espalda pegada a la pared, en medio de un pasillo desierto, y con un cuerpo ardiente sobre el suyo, besándole con pasión y acariciándole la espalda, quitándole la camisa de dentro del pantalón y mordiéndole con delicadeza el cuello. Se vio a si mismo acariciando unas mejillas rasposas por la barba incipiente, mirando fijamente unos ojos gélidos que no consiguieron apagar el fuego que sentía en sus entrañas, acariciando unos brazos fuertes y musculosos. Harry salió de su ensoñación y casi tiró el poco café que le quedaba sobre la mesa. No era eso lo que había sucedido en la fiesta. Sabía que se había liado con alguien, que despertó en una de las muchas habitaciones de la casa donde se hizo la fiesta y que alguien había estado con él en la cama hasta hacía poco. Pero no podía ser un hombre. No podía ser uno de los amigos de Neville. ¿Nadie se había dado cuenta de que los dos habían desaparecido? ¿Nadie les buscó? ¿Nadie vio nada? Dejó caer la cabeza sobre la superficie fresca de la mesa y alzó las manos para enterrarlas entre su cabello oscuro. ¿Cómo había podido hacer eso? ¡No estaba tan borracho como para confundir un hombre por una mujer! Sintió que enrojecía. ¿Quería decir eso que era gay? ¿bi? ¿Qué había pasado por una fase y ya toda curiosidad había sido saciada y podía volver a enterrar el recuerdo en lo más profundo de su ser? ¿toda curiosidad? Sintió que entraba en pánico. No, no toda. Seguro que no. Había despertado con los pantalones puestos y no… no podía ser. Besos y alguna que otra caricia aun podía aceptarlo, o creía que podía, con algo de tiempo y calma. Pero algo más…¡Pero si no había bebido tanto! ¿Y por qué al día siguiente no había preguntado con quién se había ido a la cama? ¿Por qué había estado tan seguro que había sido una chica? alzó unos dedos la cabeza y la dejó caer sobre la mesa sin mucha delicadeza.
— Harry, ¿cierto? —el aludido alzó la cabeza y se encontró con Mary— ¿Te encuentras bien? —Harry enrojeció y se sentó bien mientras asentía con la cabeza y carraspeaba para encontrar la voz.
— Sí, no pasa nada… Estaba, pensando en algo y…Ya está.
— ¿Quieres que te prepare la tarta? —Harry asintió y al ver sonreír a la chica se relajó. Se levantó y se puso el abrigo dispuesto a volver a casa en seguida. Llegó a la barra cuando Mary estaba acabando de envolver la porción de pastel, le sonrió y dejó el dinero sobre el mostrador. La chica le tendió la bolsita con su pedido y mientras abría la caja registradora y guardaba el dinero le dijo— Draco vendrá el martes. Mañana domingo cerramos y el lunes es su día de descanso— Harry abrió la boca para contestar pero no salió sonido alguno. Tragó saliva y finalmente pudo darle las gracias.
Cuando le aire frío le dio en la cara y emprendió la marcha hacia casa recordó lo que Draco había dicho sobre Mary, que la chica creía que los dos estaban interesados en el otro. Trató de pensar qué podría haber hecho pensar así a la camarera y supuso que, vista desde fuera, la curiosidad que le hizo regresar a la cafetería las primeras veces y observar atentamente al chico, podía ser interpretada como interés o atracción. ¡Y hoy había entrado y preguntado por él! Negó con la cabeza mientras se alzaba el cuello del abrigo para protegerse del viento helado. Tendría que hablar con Draco, que le explicara lo que quisiera a la chica pero que la convenciera de que entre ellos no había nada. Ni nunca lo habría. Por qué a Harry no le gustaban los hombres ¿cierto? Y mucho menos Malfoy… Paró en medio de la calle y miró a un lado y a otro; chicos, chicas, hombres, mujeres, niños, niñas, gente mayor; altos, bajos, gordos, flacos, musculosos, elegantes, zarrapastrosos, ricos, pobres, pijos, rockeros, punkis, hippies, intelectuales, deportistas, blancos, negros, chinos… Magos y muggles. Había tanta diversidad en este mundo, ¿qué le hacía estar tan seguro que la persona más indicada para él se encontraba en la mitad femenina correspondiente? Harry siguió su camino hasta casa de Luna tratando de no pensar en ello, dejando la mente en blanco. Prepararía algo ligero para comer y guardaría la tarta para la merienda. Haría una siestecilla y seguro que luego se encontraba mejor. O quizá no, quizá dormir no era lo más indicado en aquellos momentos.
Harry preparó una ensalada sencilla y algo de carne a la plancha con patatas al horno, el olor le relajó y le abrió el apetito que creía había perdido por el camino. Comió en la cocina, escuchando las noticias muggles en la radio y lavando los platos y ordenando después los cacharros mientras cambiaba a la emisora de Quidditch. Parecía que este año los Cannons empezaban a remontar, tendría que preguntar a Ron cuándo podían ir a ver un partido, o a jugar aunque fuera, lo echaba de menos también. Se dirigió a su habitación y abrió el armario, donde en una esquina reposaba su querida escoba. Se agachó para acariciarla y sonrió, recordando los buenos momentos que había vivido con ella. La snitch que Dumbledore le había legado salió de entre unos jerseys y se puso a revolotear entorno a él. Harry sonrió, cerró el armario y se fue, seguido por la pelotita dorada, al comedor. Se tumbó en el sofá y cogió uno de los libros que Luna le había recomendado, una historia extraña de un niño adoptado al que tratan mal y decide fugarse y unirse a un circo formado por todo tipo de gente rara. Harry no podía más que entirse identificado con el pobre Horty.
Media hora más tarde llegó Luna, quien al saludarle le despertó de un extraño trance en el que había tenido la mente completamente en blanco y ni tan siquiera había notado la snitch posarse sobre su frente. Ahora la pelotita alada volaba en círculos por el comedor.
— Me gustaría tener una snitch a mi también —dijo la chica siguiendo la pelota con la mirada— Es relajante.
Harry sonrió, solo a ella se le ocurriría decir algo así. Se incorporó y dejó el libro sobre la mesa.
— Oye Luna, ¿tienes fotos de la fiesta de fin de año pasada? —preguntó de repente.
— Sí, alguna tengo. Ahora te trigo el álbum —Harry asintió, preguntándose internamente por qué había dicho eso. Luna llegó con un álbum de tapas plateadas y se sentó junto a él— George está preparando una fiesta, quiero mirar a ver si se me ocurre algo que pueda ayudarle —explicó. Tenía que justificar de alguna manera ese súbito interés— Tengo unos cuantos panfletos, puedes llevarlos el lunes a clase si quieres. Cuantos más seamos mejor ¿no?
Luna asintió con una sonrisa de oreja a oreja y siguió pasando páginas hasta que llegó a las que mostraban la fiesta del año pasado. Realmente había habido mucha gente, todos bailando y sonriendo, guapos y felices. Harry rió al ver como en una de ellas salían Ron y Hermione bailando, él con una cara de concentración graciosísima y ella con la paciencia brillándole en los ojos. Luna pasó la página y allí estaba, una foto que ocupaba casi medio espacio, con Luna, Harry, Dean, Neville y los tres amigos de éste último. Harry carraspeó y preguntó, tratando de sonar casual:
— Son los amigos de Neville ¿cierto? ¿Cómo se llamaban?
— Son Frank, Ian y Dante —dijo la chica señalando uno por cada nombre. Así que Ian… —Son muy simpáticos. Frank está en Alemania trabajando en el periódico mágico de allí.
— Vaya, qué bien. A mi también me cayeron muy bien.
— Sí ¿verdad? Recuerdo que Ian y tú estuvisteis gran parte de la noche hablando sobre Quidditch. Me sorprende que no mantuvierais el contacto... —Harry sentía cómo sus mejillas estaban ruborizándose y en su mente empezaban a aparecer las imágenes correspondientes a sus recuerdos de tal acontecimiento. Así era, tal y como había dicho Luna, pasaron gran parte de la noche hablando en uno de los sofás del fondo de la sala principal y luego…
— Harry ¿estás bien? —la mano fría de Luna estaba sobre su frente— ¡Estás ardiendo!
— No, no es nada… —dijo el chico apartándose y tratando de recuperar la compostura. Entonces era cierto. Se había enrollado con un chico. Respiró hondo y tragó saliva— Estoy bien, de verdad.
— Esta mañana también estabas raro… ¿estás seguro que no has soñado nada esta noche? En la redacción he buscado más información sobre los yumeguiri, los seres de los que te he hablado esta mañana, y no hay nada de que preocuparse. Son comunes en Asia, pero ha habido algún caso aquí en Inglaterra; si el mago recibe estímulos suficientes del exterior el yumeguiri puede encontrar fácilmente el recuerdo y hacerlo salir a la superficie en forma de sueño. No es algo malo, ¿verdad? El artículo decía que estos seres percibían una especie de ondas extrasensoriales que-
— Luna, yo… —Harry había estado pensando qué podía contarle a la chica, si decirle la verdad o dejar que hablara y asegurarle que no era nada de todo aquello. Pero no podía mentirle, era una de sus mejores amigas, alguien que le entendía mejor que él mismo, siempre le había apoyado en todo y dado los mejores consejos, aunque algo extraños y complicados de entender— Sí, he soñado un… un recuerdo. Pero no sé si estoy listo para decirlo en voz alta.
— Lo entiendo —dijo Luna observándole atentamente— ¿tiene algo que ver con la fiesta? —Harry asintió— ¿Con Ian? —Harry abrió los ojos sorprendido y trató de formular miles de preguntas a la vez ¿cómo lo sabía? ¿lo sabía alguien más? ¿Había visto algo? ¿por qué no le había dicho nada?— Oh Harry… —la chica atrapó su mano derecha entre las suyas y sonrió— No tienes de qué preocuparte. Nadie sabe nada, creí haberos visto mientras seguía lo que parecía ser el canto de unas hadas pero resultó ser el viento colándose por una ventana mal cerrada… Como al día siguiente nadie dijo nada pensé que lo había imaginado, que simplemente habíais ido a hablar a otro sitio más tranquilo... —la chica se encogió de hombros y acarició el dorso de la mano de Harry suavemente. No dijo nada más.
— No puedo creer que… ¿por qué no recordaba nada al día siguiente? ¿Crees que me hechizó?
— No, no lo creo. Puede que simplemente decidieras olvidarlo, estabas cansado y lo único que te preocupaba era que la notícia saliera en los periódicos, que alguien se hubiera aprovechado de ti. Y como eso no sucedió...
— ¿Y por qué tengo que recordarlo ahora? —dijo Harry poniéndose nervioso de nuevo.
— Quizá al pensar en la fiesta de este año… Ya te he dicho que los yumeguiri actúan cuando el sujeto ha recogido suficientes estímulos.
— No, no puede ser —Harry negó con la cabeza y zafándose de las manos de Luna se llevó las suyas a la cabeza. Imágenes de Ian besándole en aquel pasillo volvieron a aparecer en su mente, también estaban en una habitación iluminada con varias velas, en una cama de sábanas azules y blancas… Como sus ojos, su piel, su cabello rubio, tan parecido al de Drac- —Oh no, no, no, no esto si que no —Dijo Harry alzándose del sofá al darse cuenta de qué era lo que había estado pensando. No, Ian no se parecía a Draco. No, Draco no le parecía guapo y no, por supuesto que no pensaba en besarse con él… —No…
Harry se dejó caer en el sofá de nuevo y notó la mirada de Luna sobre él, paciente y curiosa. Le faltaba el aire, no podía respirar, la cabeza le daba vueltas y estaba seguro que de un momento a otro iba a despertar de aquella pesadilla macabramente larga y real. Tenía la boca seca y no podía tragar saliva, no le salía la voz y su lengua pesaba y parecía no querer ayudarle a articular palabra. Sintió unos dedos fríos cerrarse entorno a su muñeca y estirarle el brazo hasta que sus dedos entraron en contacto con la lisa superficie de un vaso lleno de agua. Harry alzó la vista y vio a Luna de pie frente a él con la mirada azul teñida de preocupación. Atrajo el vaso hacia sí y dio un largo sorbo, y otro hasta acabarlo. Luna sacó la varita y lo rellenó. Harry dio otro sorbo y finalmente respiró hondo y dejó el vaso en el suelo.
— ¿Quieres ir a dar una vuelta? ¿tumbarte en la cama un rato? —Harry miró fijamente a la chica durante largo rato y finalmente contestó.
— Luna… No sé qué hacer.
Espero que os haya gusado, aunque Draco no salga XD pero en el capi que viene sí que hará su aparición, no sufráis XD
Por si a alguien le interesan, las referencias hechas en el cpítulo son a Doofenshmirtz (el malvado doctor de Phineas y Ferb) y el libro es "Los cristales soñadores" de Theodore Sturgeon, un libro muy recomendable XD
Muchas gracias por todos los comentarios! siempre me hacen sonreír feliz :3
Niea.
