Aquí está el capi de esta semana!

Espero que os guste aunque sea cortito :3

Capítulo 5.-

Mary llegó a su piso y al no sentir la calidez de la calefacción al entrar, supo que su compañera aun no había llegado. Fue hacia su habitación y se quitó la chaqueta, los guantes y la bufanda, los guardó en el armario y volvió a la entrada para encender la calefacción y comprobar que nadie había llamado y dejado un mensaje. Al ver el teléfono pensó en llamar a Draco y contarle lo que había sucedido esa mañana en la cafetería; sonrió, cogió el teléfono y volvió a la habitación en busca del número que Draco le había dado hacía ya meses y que nunca había utilizado. Marcó y se acercó el aparato a la oreja, oyendo los pitidos pasar. Quizá aun no había vuelto de visitar a su padre… Mary se sentó en el sofá pensando en colgar y volver a llamar más tarde cuando finalmente Draco contestó.

— Eh… ¿diga?

— Draco, soy Mary. De la cafetería —añadió por si a caso.

— Sí, ya. Hola.

— Esto… —sin saber muy bien por qué, ahora Mary se sentía intimidada, una ola de timidez se había apoderado de ella y no creía que fuera buena idea contarle al chico que Harry había ido a la cafetería preguntando por él.

— ¿Si, sigues ahí? puñeteros aparatos muggles… —refunfuñó por lo bajo. Por suerte, Mary no lo oyó.

— Sí, sí es que… bueno verás, estaba hoy en la cafetería y ¿a que no sabes quién ha venido preguntando por ti?

— Que no sea Potter…

— Si Potter es el apellido de tu Harry, entonces sí.

— Él no es mi Harry, Mary.

— Pero te gustaría…

— No Mary, no me gustaría.

— Pues es una lástima, por qué creo que a él si le gustaría ser tuyo. O que tú fueras suyo… Ya me entiendes —Ahora Mary sonreía de oreja a oreja. Chinchar a Draco podía acabar muy mal, pero a veces era tan divertido. Draco suspiró al otro lado de la línea telefónica.

— ¿Y que quería?

— Ah… no lo sé. La verdad es que me ha dicho que no te dijera que había preguntando por ti. Creo que quería darte algo.

— ¿No quería que me lo dijeras? ¿Entonces por qué me llamas? —preguntó el chico divertido.

— Pues por qué creí que te alegrarías. Se le veía nervioso, creo que le gustas de verdad. Puede que te mintiera con lo de la novia, o que la deje por ti… ¡Quizá era eso lo que quería decirte!

— Mary, no te embales…

— De todas formas le he dicho que volviera el martes.

— Vale… ¿Le has dicho por qué no he ido a trabajar?

— Sí… ¿por?

— No, por nada… —Los dos se quedaron en silencio durante unos segundos. Cuando Draco iba a despedirse, con la cabeza llena de ideas sobre lo que quería Potter, lo que pensaría de la visita a Lucius, o de lo que fuera que quisiera de él mismo, Mary volvió a hablar; contándole como había ido el día en el trabajo. Draco respiró hondo y le siguió la conversación lo mejor que pudo.

Draco colgó el teléfono y se dejó caer de lado sobre los cojines del sofá. Se acomodó boca arriba y dejó el teléfono en el suelo con un suspiro. Maldito Potter. Cuando la noticia de que el héroe del mundo mágico se marchaba de Londres llegó a sus oídos Draco simplemente se había encogido de hombros, no le dio muchas vueltas, no tenía importancia, "otro truco para que la prensa siga hablando de él, para hacerse notar" había dicho. Pero resulto que tras aquello los artículos dedicados a la figura del niño que vivió y revivió fueron desapareciendo poco a poco hasta que ya nadie se preguntaba qué hacía, qué comía o con quién se besaba el gran Harry Potter. Draco había llegado a pasar semanas sin pensar en él y eso no había ocurrido nunca en los últimos ocho años. No des de que se conocieron. Su mente siempre había encontrado al menos unos minutos cada día, para pensar en él; cómo hacerle pagar por sus humillaciones, cómo ganarle a Quidditch, cómo agradecerle que hubieran enviado a su padre a Azkaban, ¿por qué no le quitaba los ojos de encima, sabría lo que se llevaba entre manos? ¡Casi le había matado! ¿Dónde estaría?, ¿le delataba o le salvaba la vida?, ¿cómo se atrevía a llevase su varita?, ¿por qué no le había dejado morir?, ¿por qué había declarado a su favor?, ¿qué estaría haciendo allí en aquella isla? A veces pensaba en Harry tumbado en la playa, tomando el sol y sin hacer nada y el estómago se le revolvía, el muy suertudo llevaba una vida de lujo sin preocupaciones, haciendo lo que le daba la gana cuando más quería sin tener que responder ante nadie. Y Draco vivía en un pequeño apartamento en medio del Londres muggle trabajando como camarero y pidiendo permiso cada vez que quería sacar dinero de su cuenta, visitar a su padre o salir del perímetro establecido en el juicio. No importaba que Harry, quizá y sólo quizá, se merecía esa clama y tranquilidad, y Draco, quizá y sólo muy quizá, era feliz con su nueva vida. Pero ahora Harry Potter había vuelto a la ciudad y aunque los periódicos no habían hecho un gran revuelo por ello, Draco veía aparecer esos ojos verdes en su mente cada vez que cerraba los ojos. ¿Por qué no podía dejarle en paz? ¿Disfrutaba torturándole psicológicamente? Perturbando sus horas de trabajo, apareciendo en sueños diciéndole "te he salvado la vida, agradécemelo" y riendo con aires de superioridad antes de pasar a besarse con Ginny y alzar la mirada hacia él y le susurrarle "nunca serás feliz…"

Draco negó con la cabeza violentamente para borrar esas imágenes de su cabeza, se levantó y se fue al baño a mojarse la cara con agua bien fría. Ese había sido el sueño de la noche anterior y aun no entendía qué significaba. Draco sabía que era una persona difícil con la que estar, que tenía problemas de confianza, y que si la gente se acercaba a él era por su físico y no por su encantadora forma de ser, por qué no había ni rastro de ella mirases por donde mirases. Draco sabía que el verdadero amor no se presentaría ante su puerta con una sonrisa y le diría "Hola, aquí estoy, soy para ti y siempre seremos felices" y era algo que había aceptado a temprana edad. No le importaba, cuando llegara el día, dentro de unos años, una vez hubiera abandonado Inglaterra y recuperado parte de su estatus en la sociedad, se casaría con alguna bella heredera de otra gran fortuna por el bien de los dos negocios y trataría de ser un buen padre, el que él nunca tuvo. No esperaba nada más, no hacía falta que el jodido Harry Potter se lo recordara y mucho menos mientras acariciaba esa melena pelirroja o esa piel pálida plagada de pecas.

Volvió al comedor y encendió el televisor. Pensar en Potter siempre acababa poniéndole de mal humor. Cuando viniera el martes le diría que había cambiado de idea, que no quería volver a verle ese despeinado cabello suyo nunca más. Fue pasando los canales hasta que se topó con un capítulo de Dr. Who, una serie que tenía a media Inglaterra muggle loca y enganchada. No estaba mal, la verdad. Dejó el mando en la mesa y vio e teléfono aun en el suelo, lo recogió y lo puso en su sitio, en la estantería junto a una fotografía del día antes de empezar su primer año en Hogwarts. Su padre y su madre sonreían alegres y orgullosos de él, que posaba con su uniforme nuevo y su varita. Echaba de menos esos días en los que su visión del mundo era tan clara y sencilla, el era el mejor y siempre lo sería por qué tenía dinero y un apellido con poder. Ver a su padre tan joven y lleno de vitalidad hizo que se le encogiera el corazón. Aunque no hubiera ya dementores en las cárceles, Lucius estaba más pálido de lo normal, su cabello rubio había perdido brillo y fuerza y sus ojos quedaban nublados de repente, a media frase, por qué habían recordado alguna cosa horrible. Era duro verle así, pero tenía que ir, asegurarse que su padre no cometía una estupidez, hacerle ver que la vida no era tan mala… Aunque a veces era difícil apreciarlo. Acarició el cristal de la fotografía con la yema de los dedos y volvió al sofá. Si el pudiera coger una máquina del tiempo y cambiar las cosas…


Harry despertó el domingo por la mañana en mejor estado que el día anterior pero con los ojos rojos y llenos de legañas. Tras su conversación con Luna había ido a dar una vuelta por el barrio y había acabado en Hide Park viendo pasar a la gente. Finalmente, una vez en casa, había cenado un poco de sopa que había preparado Luna especialmente para él, para calmarle los nervios y ayudarle a conciliar el sueño. Harry se duchó, quedándose largo rato bajo el agua ardiente y respirando profundamente, pero se le hacía tarde y había quedado con Andrómeda para comer con ella y Teddy. Se vistió y fue a la cocina a desayunar aunque fuera un poco de café y una tostada. Luna estaba allí leyendo un libro de tapas desgastadas sobre aromaterapia.

— Buenos días ¿Has dormido bien?

— Sí, la verdad es que sí. Muchas gracias Luna —Harry le dio un beso en la mejilla y se sirvió el café— Eres la mejor. Y tú, ¿has dormido bien?

— También. Vas a comer con Andromeda y Teddy ¿cierto?

— Sí, ¿quieres venir?

— Agradezco la oferta pero será mejor que estés tú solo con ellos. Así podrás relajarte completamente —Harry frunció el ceño pero no dijo nada. Se acabó el café y dejó la taza en el fregadero.

— Pues que vaya muy bien. Nos vemos por la noche.

— Adiós Harry.


Por muchas veces que fuera a visitarles, Harry nunca se acostumbraba a ver el número doce de Grimmauld Place al descubierto. Cuando Harry había decidido darles la casa a Andrómeda y Teddy —después de limpiarla a fondo con la ayuda de Hermione, Ron, Ginny y Luna— la mujer aunque con reticencia, acabó aceptando tan solo si la casa ocupaba su lugar en la calle, tenía que ser visible y accesible para todos. Ese no era el único cambio, por supuesto, la casa era reconocible desde fuera pero no desde dentro. El aire lóbrego y decadente que la había envuelto durante tantos años había desaparecido tras la limpieza a fondo, varias capas de pintura, y las risas del pequeño Teddy. El chico estaba creciendo a pasos agigantados. Con poco más de año y medio ya correteaba por la casa pasillo arriba y abajo y hablaba con palabras sueltas que iba oyendo a su alrededor.

Siempre que pasaba un día con ellos, Harry llegaba a casa descansado —aunque a Teddy le gustara quitarle las gafas, tirarle del pelo y morderle los dedos— y con una sonrisa de oreja a oreja. Un sentimiento cálido le inundaba el pecho al ver que la memoria de Remus y Tonks seguía viva, vibrante y bella. Y otra sensación algo más complicada y profunda acariciaba su corazón; ¿llegaría él a tener hijos? ¿un niño o una niña a los que educar, amar y ver crecer con una sonrisa orgullosa? Tan sólo tenía dieciocho años y muchos dirían que era pronto, pero cuando pensaba en ello Harry tan solo podía desear que el momento de encontrar a la persona ideal llegara, aquella que le ayudara a cumplir ese sueño tan especial. Cuando la cara de Draco se le apareció, justo antes de caer rendido a los brazos de Morfeo, Harry no entró en pánico, su mente estaba demasiado lejos de allí para decirle que esa imagen no podría, nunca, corresponderse con el ansia de Harry de tener hijos. Lo único que pensó el chico fue "vale, pero él será la madre…" y se durmió.


Os ha gustado? espero que si! XD

Aunque el final pueda parecer decir lo contrario no habrá mpreg en este fic , ni en ninguno que vaya a escribir... XD

Muchas gracias a todos los que comentan favoritean, etc! Me hace muuuuuuy feliiiiiiiz!

Niea.