FELICES FIESTAS :3
Aquí está el nuevo capítulo! esta vez con un poco de angst, pero no os preocupéis xD
Capítulo 6.-
Harry salió de la parada del metro alzándose el cuello de la chaqueta contra el gélido viento que soplaba. La calma que había conseguido el domingo con la visita a Andrómeda y Teddy y al gimnasio de la esquina el día anterior, había desaparecido por completo; la sola idea de ir a visitar a Draco a la cafetería le aterrorizaba y quedarse en casa había resultado una agonía peor. Había pensado llamar a Hermione, incluso a Ron y hasta Ginny, pero no sabía por donde empezar a contar sus problemas. ¿Les contaba primero que el año pasado se había liado con un chico? ¿O mejor que había descubierto que Draco trabajaba en una cafetería y que sin poder evitarlo había ido a verle ya un par o tres de veces? Y entonces les decía que el chico ese se parecía extrañamente a Draco y que empezaba a pensar que no era tan heterosexual como hasta ahora hubiera podido parecer y que muy probablemente su cerebro por fin había cedido ante la locura que le rodeaba des de que nació y había decidido jugárselo todo y susurrarle a Harry que fuera a por Draco. Draco Malfoy. No, mejor seguía calladito, al menos hasta que descubriera si todas aquellas revelaciones eran el inicio de algo serio o tan solo una fase como solía decir la gente.
Llegó frente a la cafetería y respiró hondo, repasando mentalmente el plan de acción que había diseñado por el camino. Entraría, pediría ver a Draco unos minutos, le daría un par de panfletos de la fiesta de George y después de decirle que hiciera lo que quisiera con ellos, se iría para no volver nunca más. Pero como no podía ser de otra manera, nada más entrar todo su meticuloso plan se fue al garete.
— ¡Harry! —saludó Mary con una sonrisa— Pensaba que ya no vendrías… —el aludido se sintió enrojecer y no supo qué contestar— Draco está en el cuarto de al lado del baño, puedes entrar y hablar con él, no te preocupes.
— Eh… no, creo que mejor esperaré en una mesa. Me traes un capuccino cuando puedas ¿vale?
— Como quieras —Mary sonrió y le guiñó un ojo antes de ir a servir las tazas de té que tenía preparadas en una bandeja.
Harry respiró hondo un par de veces y se dirigió hacia el final de la cafetería, se sentó en una de las mesas que había en un rincón, justo debajo de una gran fotografía del cruce de Shibuya, en Tokio, y esperó a que Mary le sirviera. Cuando vio que Draco salía de la habitación que Mary le había señalado se le giró el estómago, más cuando oyó como Mary le decía a Draco que llevara el café a "su amigo". Sí, las comillas podían ser oídas por todo Londres.
— Aquí tiene su café —dijo Draco dejando la taza frente a Harry antes de girarse para irse.
— ¡Espera!
Harry no había querido decir eso, y mucho menos alzando la voz provocando que los pocos clientes que había en el establecimiento se giraran hacia él.
— ¿Si, Potter? —preguntó el chico rubio con una sonrisa falsa y un tono que denotaba las ganas que tenía de sacar su varita de allí donde estuviera escondida y hacerle desaparecer.
— Lo siento… Cuando puedas, —dijo casi en susurros— siéntate un momento ¿vale? Quiero darte una cosa. —Harry oyó más que vio, como Draco suspiraba y se resignaba.
— En cinco minutos tengo mi descanso —Harry alzó la mirada y sonrió.
Draco se fue sin decir nada más y Harry dio un sorbo a su café, delicioso como siempre. Tendría que explicarle a Draco rápidamente por qué había venido, darle las invitaciones y aceptar que el chico no quisiera ir, que le dijera que estaba loco, que ya le había dicho que no quería saber nada de él, que le importaba una mierda que quisiera hacer las paces después de tantos años, que no iba a volver a tenderle la mano. ¿Y quién había dicho que quería ser su amigo? Vale, sí, puede que realmente toda esa curiosidad y esas visitas a la cafetería fueran producto de esas ganas de conocer, aunque tarde, qué se había perdido. Eso lo podía aceptar, nada más.
Tal como había venido se sentó. En silencio y con la expresión seria.
— ¿Se puede saber qué quieres Potter?
— Eh… —Harry se quedó callado por unos segundos y después puso la mano en el bolsillo de la chaqueta— Verás, George Weasley, el hermano de Ron, está preparando una fiesta de fin de año y bueno… Pensé que quizá e apeteciera ir. Esar rodeado de magia de nuevo y eso —Harry dejó los dos panfletos encima de la mesa y observó a Draco, que le miraba con los ojos como platos y una ceja alzada.
— Quita esto de aquí, no ves que las imágenes se mueven —le reprochó en un susurro de repente. Harry vio como el chico cogía los papeles y los guardaba en el bolsillo de sus pantalones, arrugándolos en el proceso. Al menos los había cogido— ¿Y qué te hace pensar que querría ir a la patética fiesta de esos pobretones? —Harry suspiró y con cara seria y algo enojado dijo.
— Sabes perfectamente que los Weasley tienen, gracias a esa tienda, más dinero del que quizá hasta tú tienes Malfoy. No me mires así, sabes que es verdad. Y si te molesta no hubieras dicho nada —Draco cerró la boa y frunció los labios— Y la fiesta no va a ser patética. Seguro que cuando estábamos en Hogwarts oíste lo divertidas que eran las fiestas que Fred y George organizaban —Draco no dijo nada, Harry tenía razón pero no iba a decírselo— Tan solo quería decirte que podías venir, pensé que quizá te haría gracia, o ilusión o yo qué sé que. Pero veo que me he equivocado y que sigues siendo un idiota engreído.
— Ya te dije que nunca seríamos amigos.
— Y no te he dicho que quiera serlo. Tan solo que pensé en invitarte a una fiesta, a estar entre varios de tus conocidos.
— Claro —dijo Draco alzando los brazos con una sonrisa despectiva— Conocidos, que quieren verme muerto.
— No es verdad.
— Potter… déjame en paz. No sé por qué has vuelto a mi vida y has decidido seguir atormentándome, pero déjalo. Vete, no quiero volver a verte ¿de acuerdo? Si vuelves a pisar esta cafetería te denunciaré a la policía de acoso —añadió en un susurro amenazante. Pero Harry no lo oyó, su mente se había quedado procesando el "decidido seguir atormentándome"
— ¿Qué yo te atormento a ti? —dijo— ¿Te estás oyendo? ¿Quién fue el que pasó los primeros años en Hogwarts jodiéndome la vida, haciendo que me castigaran y me impidieran jugar a Quidditch para luego decidir que sería tan genial como su maldito padre? Haciéndose mortífago y atacando y torturando a pobres inocentes…
Los chicos no se habían percatado de ello pero, aunque hablaran en susurros tensos y llenos de rabio y enfado, toda la cafetería estaba observándoles, pues se habían puesto de pie y se miraban intensamente a tan solo pocos centímetros de distancia.
— No hables de lo que no tienes ni idea, Potter.
— Claro que tengo idea Malfoy. Eres un cobarde y un rastrero y siempre lo has sido. No sé por qué creí que habías cambiado, pero claramente no lo has hecho así que-
— Chicos… —les interrumpió una voz. Era Mary, con una mano en el hombro de cada uno y mirada preocupada—salid a fuera a calmaros un rato.
— No necesito calmarme —dijo Harry—Ya me iba.
— Yo estoy la mar de bien.
— Chicos… —volvió a decir Mary con una mirada que daba miedo—salid a fuera o me enfadaré. Estáis asustando a los clientes. O dándoles un espectáculo que os avergonzará dentro de unos minutos.
— Aquí tienes —Harry dejó sobre la mesa unas monedas y con la chaqueta en un brazo se fue. Draco seguía allí de pie, respirando con dificultad y las mejillas ligeramente ruborizadas.
— Draco, tú también —El chico bufó enfadado y siguió a Harry, que estaba frente al escaparate abotonándose la chaqueta.
El chico le miró unos segundos pero no dijo nada, apartó la mirada y se puso los guantes. Draco cruzó los brazos fuertemente ante su pecho, hacía mucho frío en la calle y él tan solo llevaba una camisa con una camiseta debajo. Apretó los labios con fuerza para impedir que castañearan. Maldito Potter, era culpa suya, siempre era culpa suya, todo era culpa suya. El frío le había congelado el cerebro al parecer. Hasta que notó algo suave y cálido en el cuello y hombros. Alzó la mirada y se encontró los ojos verdes de Harry mirándole preocupados.
— Ves, esto sí puede ser, en parte, culpa mía —dijo sin más.
— En parte…—Draco observó de reojo qué era lo que Harry le había puesto sobre los hombros, su bufanda al parecer, aunque alargada y ensanchada.
— Mary nos está observando des de la caja. Creo que será mejor que hagamos ver que nos disculpamos.
— No pienso pedirte perdón.
— He dicho que lo hagamos ver —contestó Harry, con lo que sonrió y le tendió la mano. Draco sabía que todo eso era una farsa, pero el chico podría haberle engañado. Rió por debajo de la nariz y le estrechó la mano.
— No sé a que me recuerda esto…
— Ya, bueno. Supongo que ya puedes entrar en la tienda o vas a resfriarte —dijo Harry quitándole la bufanda. Draco esperó a que el chico se la colocara entorno a su cuello, empequeñeciéndola disimuladamente, para girarse hacia la puerta.
— No voy a ir a la fiesta. Solo para que lo sepas, y no estés esperando como una niña idiota —Harry suspiró.
— Haz lo que quieras Malfoy. Yo… no quiero que seamos amigos pero… Da igual, dile a Mary que siento el espectáculo. Adiós.
Harry empezó a andar calle abajo y Draco no dijo nada, tan solo se encogió de hombros y entró en la tienda, dispuesto a trabajar y a olvidar todo aquello.
Harry respiraba profundamente obligándose a si mismo a mantener la calma. Fuera lo que fuera que le había impulsado a tratar de hablar con Malfoy y hacerle ver que los dos podían llegar a ser amigos se había equivocado espectacularmente, esa escena en la cafetería lo mostraba claramente. Al menos ahora Harry lo sabía a ciencia cierta, aunque pudiera encontrar atractivo a Malfoy; esos ojos grises brillando con emoción esos labios rosados moviéndose frenéticamente, y esos dedos largos y pálidos estirándose y flexionándose… Nunca podría soportarle. Así que sería mejor volver a casa, acostarse en la cama y esperar hasta Navidad para salir de su habitación, quizá esos tres días le proporcionaban el tiempo que necesitaba para olvidar todas las absurdidades que había vivido esas semanas.
Mary no paraba de seguirle con la mirada y eso le ponía muy nervioso. Durante su descanso para comer estuvo a punto de llamar y decir que se encontraba mal, que se iba a casa a descansar, pero sabía que la chica no se lo creería y que no le dejaría hacerlo. Que le obligaría a ir a trabajar y encima le haría explicar todo lo que había sucedido con Harry. Quizá si hacía como que no había pasado nada, la chica no querría meter las narices. Y es que era imposible que Mary no hubiera visto la tensión entre ellos, esa conexión en sus miradas que indicaba que hacía años que se conocían, que quizá no había confianza precisamente entre ellos, pero sí una historia pasada conjunta que tenía mucho peso en sus vidas aun ahora.
Finalmente llegó la hora de cerrar y Draco cogió rápidamente la chaqueta y se dirigió hacia la puerta entre cerrada.
— Draco… Sé que seguramente no quieras hablar de ello pero quiero que sepas que me tienes para lo que haga falta —Draco paró en medio de la cafetería a oscuras y asintió, sin saber realmente si la chica le habría visto— Sé que no es mi sitio, y que probablemente ya me he metido más de lo que debería y que tampoco hace tanto que nos conocemos así que no puedo pretender saberlo todo de ti…
— Mary…
— Lo siento. Solo era eso, si un día quieres explicarme quién es ese Harry Potter y de qué le conoces, te escucharé encantada. Pero por favor no vuelvas a montar una escenita así…
— No va a volver, tranquila.
— Ya me lo imaginaba… —dijo la chica acercándose a él— ¿vamos? ¿quieres parar a tomar algo? —Draco negó con la cabeza— Como quieras. Y no me pegues pero… hacéis muy buena pareja.
Espero que os haya gustado!
La semana que viene no creo que pueda actualizar, con fin de año y demases... así que el capítulo 7 lo colgaré el viernes siguiente, día 7 también xD
Niea.
