Como pasa el tiempo... casi se me olvida subir el capi T_T
Pero por suerte aquí está! cortito pero dejando las cosas a punto de caramelo para que se vayan poniendo interesantes. Espero que os guste!
7.-
Los tres días hasta Navidad pasaron con calma y tranquilidad. Harry tenía comprados todos los regalos des de hacía días y dudaba tener el ánimo para encontrar un regalo ingenioso si no hubiera sido el caso. La pelea con Malfoy aun circulaba por su mente, cada día con menos fuerza pero empeñada en no dejarle descansar. A veces soñaba con él, con recuerdos de sus años a Hogwarts, y a veces simplemente creía verle por la calle, pero nunca era él. Y aunque lo hubiera sido ¿qué hubiera hecho Harry? No podía saludarle, no podía hablarle, no podía hacer nada.
El día de noche buena Harry se despertó de una pesadilla horrible, el recuerdo de su encuentro con Draco en los baños de sexto año, cuando había descubierto con terror el poder del hechizo Sectumsempra. Pero en el sueño no había llegado Snpae corriendo y con la furia brillándole en los ojos, nadie había oído sus gritos de socorro y Myrtle no había aparecido por ningún lugar para ayudarle, nadie había acudido a su rescate y Draco había muerto en sus brazos, con el pecho rojo de sangre, los ojos grises como el acero sin el brillo de la vida que siempre refulgía en ellos.
-¿Te encuentras bien Harry? —preguntó Luna al verle entrar esa mañana.
-He tenido una pesadilla —le dijo simplemente, vertiendo el café en una taza.
-¿Quieres hablar de ello?
Harry se giró hacia ella y dio un largo sorbo, sospesando las posibilidades. Igual que Luna le había ayudado aquella tarde al descubrir que no era tan heterosexual como siempre había creído, quizá la chica también podría ayudarle ahora. ¿Pero qué le decía? Tendría que contarle cómo se había encontrado con Draco, y como había querido seguir viéndole sin razón alguna, y cómo finalmente todo había acabado explotando como era previsible y ahora por algún extraño motivo Harry se sentía triste, vacío y decepcionado.
-Ahora no… quizá. Tengo que aclarar las cosas conmigo mismo primero.
Luna asintió y se levantó, dejando su taza sobre la mesa. Observó a Harry durante unos segundos, con los ojos bien abiertos y el rostro inescrutable, y finalmente se acercó a Harry y le abrazó. El chico se sorprendió ante el inesperado gesto, pero rápidamente alzó sus brazos y rodeó la fina figura de Luna. Dejando ir un suspiro y apoyando la cabeza en el hombro de la chica.
-Pase lo que pase, tu puedes solucionarlo.
-Gracias Luna.
Estuvieron así un par de segundos más hasta que completamente coordinados, se separaron.
-Vaya, me encuentro mejor —dijo Harry con una sonrisa.
-Me alegro. Por cierto —dijo para cambiar de tema— Hermione ha llamado y dice que como nos presentemos antes de las cuatro y media nos maldice a todos.
-De acuerdo —dijo Harry con una sonrisa— Entonces mejor que me vaya a lavar y empiece a hacer las galletas.
El año anterior había preparado un bizcocho de chocolate para la cena de Noche Buena en casa de Hermione que había sido un éxito y para la comida de navidad en la Madriguera se decidió por unas pastas de té que deleitaron a todos los presentes, este año Harry tenía en mente varias hornadas de galletas de jengibre y un pastel de frutas. Sonrió y se puso a ello; observando la masa cobrar color y cuerpo, leyendo El Profeta mientras ésta reposaba en la nevera y el horno se calentaba, crear diferentes figuras y formas y finalmente hornearlas y decorarlas. Era un proceso laborioso que a Harry le gustaba hacer sin magia, todo a mano, manchándose el delantal y hasta el pelo, quemándose si no iba con cuidado… Quién lo hubiera dicho, el elegido había salido pastelero.
Comió con Luna mientras las galletas se enfriaban y el delicioso aroma de canela aun impregnaba la cocina.
-Tienen muy buena pinta Harry. Seguro que están riquísimas.
-Eso espero, he probado una y realmente creo que han salido buenas.
Después de comer limpiaron la cocina para que Harry pudiera empezar a preparar el pastel para el día siguiente. Las horas pasaron con alarmante rapidez y eran poco más de las cuatro cuando Luna asomó la cabeza por el quicio de la puerta y avisó a Harry que sería mejor ir preparándose. El chico asintió y lo acabó de preparar todo, el bizcocho que haría la base de la tarta ya listo y todos los ingredientes e instrumentos necesarios para el siguiente paso bien alineados y preparados para ser usados. Se duchó y se vistió, trató de peinarse, pero como siempre resultó inútil, por distintos cortes de pelo que probara, su cabello restaba indomable.
Llegaron a casa de Ron y Hermione poco antes de las cinco y Ginny y Neville ya estaban allí. Se saludaron todos y se desearon Feliz Navidad iban a sentarse ya todos en la sala de estar cuando llegó el novio de Ginny y volvió a empezar la ronda de saludos. Harry tan solo le conocía de todo lo que Ginny y los demás le habían contado y de alguna fotografía que la chica le había enviado en verano de sus vacaciones en Berlín, pero si se hubiera cruzado con él por la calle no le hubiera reconocido. Se llamaba Eric y por suerte no reaccionó de manera exagerada al ser presentado a Harry.
-Vaya, es un honor conocerte al fin —dijo con una sonrisa, estrechó la mano de Harry y con tan solo una fugaz mirada a la cicatriz pasó a saludar a Luna.
-Harry, estás muy guapo ¿es nueva la camisa? —preguntó Hermione. Harry sintió que enrojecía y asintió. Era una camisa negra ligeramente ceñida y con unos pequeños bordados en plateado en los puños.
-Tú también estás muy guapa —la chica sonrió y se apartó un mechón de cabello que le tapaba los ojos.
-Dame las galletas, que las pondremos en una bandeja que he preparado—Harry le tendió las galletas, que había colocado en un gran plato que había encontrado y que había tapado con papel de seda blanco, y observó como se dirigía hacia la cocina.
-¿Vamos hacia a sentarnos? —preguntó Ron, y todos asintieron y le siguieron hasta la sala de estar.
-¿Todo bien Harry? —le preguntó su amigo sentándose a su lado.
-Claro ¿y tú?
-Genial, cansado con todo esto de cenas, comidas, regalos y fiestas pero oye, nos estamos haciendo adultos —Harry rió ante aquello y recorrió la estancia con la mirada.
-¡Ei, ese cuadro es nuevo! —dijo señalando la pintura que colgaba junto a la estantería y que mostraba un bonito faro al anochecer.
-Lo ha pintado Eric —dijo Ginny sonriendo orgullosa.
-Fue un regalo para el cumpleaños de Ron —dijo Hermione, que acababa de llegar de la cocina y traía la tetera, las tazas y las galletas de Harry flotando tras ella —a ver, haced sitio.
Luna se levantó de su sitio y dejó pasar a Hermione, pero la chica no volvió a sentarse, se fue hacia el cuadro de Eric, a observarlo desde muy cerca.
Así empezó la tarde, con el grupo de amigos tomando el té y rememorando viejos tiempos, Eric contando anécdotas de su trabajo como fotógrafo de bodas, bautizos y comuniones, y Luna haciendo sus extraños comentarios sobre los más dispares de los temas. Harry se sentía bien, aquellos a los que más quería, a los que consideraba su familia eran felices, que Ginny tuviera novio y se la viera la mar de enamorada no le dolía como había pensado que haría y estaba orgulloso de que Neville hubiera entrado en el instituto de herbología de Gales. Quizá por eso, por qué se sentía completamente relajado y feliz como no recordaba haberlo estado nunca, bebió un poco más de lo necesario.
Habían acabado de cenar y los restos del helado que había habido de postres iba derritiéndose poco a poco, Luna estaba jugando con la servilleta haciendo que se doblara en distintas formas y Ginny estaba medio dormida con la cabeza apoyada en el hombro de Eric. La conversación había llegado a un stop y no conseguía volver a arrancar, Harry no quería aquello, quería seguir hablando con sus amigos, así que decidió empezar un nuevo tema de conversación.
-El otro día me encontré con Draco —fue lo que dijo. Y no era eso lo que había planeado, si no más bien algo relacionado con el Quidditch o con que quizá volviera a Londres en verano para quedarse ya de una vez por todas. Las reacciones fueron instantáneas, todos le miraron, Ginny despierta de golpe y Luna haciendo aterrar al pegaso que había formado con la servilleta.
-¿Dónde?
-¿Qué le dijiste?
-¿Te dijo algo?
-Trabaja en una cafetería —contestó encogiéndose de hombros y sintiendo como enrojecía. No tenía que haber dicho nada.
-Vaya…
-Se lo tiene merecido. Suerte tuvo de no ir a la cárcel.
-Draco… Os referís a Draco Malfoy ¿no? —preguntó Eric, que no había ido a la escuela en Canadá.
-¿Le conoces? —preguntó Ginny asombrada.
-Bueno, cuando llegué a Londres quise saber un poco más de todo esto de la Gran Guerra y de Harry —dijo sonriendo tímidamente— Y en algunos libros sale mencionado él y su familia. No les pintaban demasiado bien. Pero si nombraban la gran enemistad que tenía con Harry.
-Animosidad es poco —dijo Neville— la de malas jugadas que le hizo a Harry...
-En esa familia son todos son escoria —dijo Ginny— ya te conté como su padre quiso matarme con el diario ese.
-Pijos, creídos… —murmuró Ron.
-Pues Draco parece haber cambiado de verdad —continuó Harry. Al parecer su cerebro había ido a dormir sin avisarle y no había nadie que censurara lo que salía por su boca.
-¿Entonces hablaste con él? —preguntó Hermione.
-Bueno, más o menos. No se le ve tan creído y si trabaja con muggles y vive como tal sin estar amargado digo yo que será porqué ha cambiado… Y no me ignoró, ni me maldijo, creo que solo me insultó una vez…
-Yo no me dejaría engañar —dijo Ron.
-Quizá no, pero no deja de ser curioso —dijo Harry con una leve sonrisa recordando como había acabado su última conversación con el rubio. Quizá éste había cambiado, pero eso no quería decir que fuera a llevarse bien con Harry así porque sí.
-Bueno, vamos a quitar la mesa —dijo Hermione levantándose de su silla. Harry se lo agradeció, si el silencio hubiera continuado solo Merlín sabía lo que podría haber añadido.
Harry llegó a casa cansado pero feliz. El incidente de la conversación sobre Malfoy flotando en algún lugar alejado de su memoria. Se puso el pijama, fue al baño y nada más tumbarse se durmió.
El día siguiente fue más de lo mismo; más comida, más bebida, más seres queridos rodeándole y sonriendo felices, más espíritu navideño rodeándolo todo. Por suerte no hubo más Malfoy.
Hacía tiempo que no pasaba unas Navidades tan agradables como aquellas, así que cuando llegó a casa después de comer decidió invitar a Luna a cenar, después irían a algún bar, a alguna fiesta navideña de las muchas que adornaban los pubs del Londres tanto muggle como mágico, Harry quería seguir pasándolo bien. Luna aceptó, pero con una condición.
-No te obligaré a que me contestes Harry, pero tengo que preguntarlo —Harry frunció el ceño ante el inusual pedido.
-Claro, ¿qué pasa?
-¿Qué opinas sobre Draco? ¿Te gusta?
Harry sintió que se le encogía el estómago, que el corazón empezaba a latirle con fuerza y que se le secaba la lengua. Había pensado sobre ello, pero se había dicho a si mismo que no era verdad. Ahora, escuchándolo de otra persona, con otra voz, Harry cayó en la cuenta que no podía negarlo más. Sin saber cómo, Draco se había hecho un sitio en su mente, apoderándose de ella y goteando, poco a poco, en su corazón.
Harry se encogió de hombros.
-No hay nada que pueda hacer, así que no importa.
Espero que os haya gustado!
Muchas gracias por comentar y favoritear :3 Todos los mensajes me alegran el día!
Niea.
