Primero de todo, permitidme decir que LO SIENTO MUCHO MUCHÍSISISISISISIMO T_T En febrero empecé las clases y las prácticas en la empresa y el tiempo se me fue de las manos, cuando quería escribir no me salía nada... Pero esto no podía continuar así que poco a poco me obligué a mi misma a seguir escribiendo y por fin aquí está el nuevo capítulo.

Espero que os guste, como dije es tranquilo y calmado pero ha salido más largo de lo que esperaba xD

Capítulo 9.-

La última semana de Harry en Londres pasó tan rápido que Harry empezó a dudar si tal percepción no habría sido fruto de algún hechizo o encantamiento.

El día después de fin de año lo pasó en casa, durmiendo hasta pasada la hora de comer y después con Luna, acurrucado en el sofá viendo capítulos de Dr. Who. No fue hasta que volvió a la cama para dormir de nuevo, que recordó las últimas palabras de Draco; "puedes venir a la cafetería cuando quieras". Y con ellas también vino el recuerdo de Draco acercándose, sus ojos fijos en los de Harry y rozando sus labios en su mejilla. Harry se llevó la mano a la cara, acariciando la piel ligeramente seca que empezaba a zumbar con el toque fantasma de esos labios imaginarios. Harry suspiró y sonrió, había sido una noche demasiado surrealista, sacada de entre las páginas del más desquiciado libro que adornara la más loca de las estanterías de la sección romántica de una abandonada librería. Pero había sido divertido, y por primera vez en años Harry se había sentido bien consigo mismo y con todo lo que le rodeaba, se había sentido vivo y normal. Y su parte Griffyndor quería tomar parte de la acción, aceptar el desafío que la vida le había presentado en aquella bandeja de plata. Puestos a pensar, había sido Draco el que le había besado primero, eso tenía que decir algo ¿cierto? Con aquello en la mente, la idea de ir a visitar al chico rubio en cuanto pudiera, y una sonrisa en los labios, Harry se durmió.

Pero al parecer, el mismo que había estado tramando todas las desgracias de su vida había decidido que sus vacaciones habían acabado e iba a continuar en su afán de hacerle la existencia imposible a Harry Potter. A la mañana siguiente Harry recibió una lechuza del Ministro de Magia para reunirse con él aquella tarde, haciendo así que todas las tareas del día tuvieran que ser hechas en la mañana, todas menos ir a visitar a Draco, claro. Que tendría que ser aplazada hasta el día siguiente no, el otro ya que Harry había quedado con Andrómeda y Teddy. Mientras fregaba la cocina, se le ocurrió que Draco y Teddy —y Andrómeda también por consiguiente— eran familia, lo que le hizo pensar si se conocerían, si el chico rubio habría ido a visitar el bebé fruto de dos personas que habían recibido tan solo malas miradas e insultos de su familia. Harry pensó que, si la conversación iba bien, quizá podría dejar caer algún comentario y actuar en consecuencia de las acciones de Draco.

El Ministro le hizo pasar a su despacho y le ofreció un té y unas pastas de chocolate que Harry aceptó con una sonrisa educada pero no probó hasta que se dio cuenta de que la "reunión informal entre dos viejos amigos" iba para largo. Kingsley le preguntó sobre su vida en Menorca, lo que hacía y si le gustaba, sobre sus estancias en Londres y cómo no era necesario que utilizara el avión, que harían todo lo posible para que pudiera aparecerse de forma segura. Pero Harry declinó la oferta, le contó lo bien que estaba viviendo su tranquila vida en la pequeña isla y no nombró en ningún momento los subversivos pensamientos que habían ido apareciendo durante los últimos días sobre volver una vez más y definitivamente, si no a Londres mismo, a Inglaterra. Por qué era eso lo que el Ministro quería, saber si volvería, si se quedaría allí en medio del Mediterráneo o volvería a cambiar de ubicación, y por mucho que le dijera a Harry que nada sucedía, que era simplemente para mantenerse informados y poder actuar en caso de que su propia seguridad fuera puesta en peligro, Harry se sentía atrapado, perseguido y enjaulado. Como si nada hubiera cambiado tras haber derrotado a Voldemort. Cuando Harry llegó finalmente a casa, Luna le calentó la cena y le preguntó si se encontraba bien. Harry asintió y le sonrió. Sí, todo estaba bien, simplemente se acercaba la hora de irse y les echaría de menos a todos.

Pasó el día con Andromeda y Teddy paseando por Sant James Park y observando a las ardillas corretear y acercarse a turistas que les daban de comer extasiados. Ver al pequeño correr también detrás de los animalillos, caerse y reír, volver a levantarse y seguir con su exploración de los árboles y arbustos, con las mejillas y la nariz rojas a causa del frío y el gorro morado que le tapaba el cabello multicolor, Harry se preguntó como podría Draco no querer acercarse a aquella parte de la familia. Era de locos. A media tarde, cuando estaban los tres tomando un té cerca de Picadilly, con Teddy reposando la cabeza sobre la mesa, cansado y medio dormido, sonó el móvil de Harry; Hermione le invitaba a la excursión que habían programado para el día siguiente; acercarse a Oxford, pasar el día tan solo ellos tres, Harry, Ron y Hermione, como en los viejos tiempos. Y Harry sintió que se le caía el alma a los pies cuando tuvo que aceptar, posponiendo una vez más su visita a Draco, por la falta de una escusa creíble que le permitiera no asistir y el sentimiento de culpa que le ahogaría de todas formas si decía que no. Cuando llegó a casa Luna estaba enfrascada en uno de los gruesos libros que había recibido para Navidad y Harry se ofreció a hacer la cena, durante la cual Luna volvió a preguntarle cómo se encontraba y en la que Harry volvió a contestar que bien, aunque con menos ánimos que el día anterior. Y mientras Harry se lavaba los dientes antes de ir a dormir se le ocurrió que a Luna podía contarle lo que le estaba sucediendo, que ella le escucharía y no le juzgaría, que la chica siempre le había comprendido y apoyado. Puestos a pensar en ello, era la única que sabía de una posible existencia, remota, de sus sentimientos amorosos hacia Draco. Pero era tarde y estaba cansado, mañana iría con Ron y Hermione y se lo pasaría bien, al día siguiente visitaría a Draco aunque el cielo se tiñera con la marca oscura, y al otro día… se prepararía para marchar.


Sorprendentemente, la excursión a Oxford consiguió relajar a Harry. Tal y como había dicho Hermione por teléfono, hacía mucho, quizá demasiado, que no salían ellos tres solos a la aventura, a visitar algún sitio bonito y recordar viejas vivencias, bromas y recuerdos que les hacían reír y suspirar, mirar al pasado con una nostalgia agradable y no con pena ni temor. Harry quería mucho a Neville, a Ginny y a Luna, pero con ellos tres nunca era lo mismo. Consiguió desconectar tanto de lo que le bullía en la cabeza últimamente que casi ni pensó en Draco —y por suerte ninguno de sus amigos quiso hablar del tema. Bien pensado aquello era lo mejor, porqué de otro modo hubiera acabado contándolo todo y aun no estaba preparado. Ni para salir del armario —aunque fuera tan solo medio pie, pues Draco le gustaba pero por ello no dejaban de gustarle las mujeres también— ni para confesar que aquello era a causa del joven Malfoy.

Cuando empezó a anochecer y los tres iban de vuelta al bar por el que habían llegado a Oxford, Harry sintió los pies arrastrarse ligeramente por el camino empedrado, el corazón hundirse en su pecho; en dos días volvía a Menorca e iba a echar de menos a sus amigos, a Inglaterra, el té y el frío… Pero tenía que volver, allí tenía su piso, las clases de cocina, el gimnasio, incluso otros amigos a los que había cogido cariño también. Quizá, se dijo, al acabar el verano, podía volver definitivamente. Irse a Cardiff, Bristol o Liverpool, al mismo Oxford o incluso más al norte, cerca de Hogwarts, en Escocia. Seguro que allí también había pisos a los que mudarse, clases de cocina y gimnasios a los que apuntarse. Y sus amigos ya estaban allí. Draco… no podía contar con ello, era una estupidez, al menos no antes de encontrarse con él tras fin de año, tras una discusión y un beso del que Harry aun ignoraba el sentido completo.

Llegaron al Caldero Chorreante y salieron a la calle muggle para despedirse, demasiado tarde y demasiado cansados como para tomar algo en una cafetería y provocar un encuentro casual que ayudara a Harry a abordar el tema de Malfoy con sus amigos.

- Harry, espero que siga todo bien por Menorca —dijo Hermione con las manos en los bolsillos de su abrigo y una sonrisa triste— Sabes que te echaremos de menos.

- Lo sé, yo también a vosotros.

- Recuerda que iremos a verte para Pascua ¿de acuerdo? — dijo Ron dándole un par de palmaditas en el hombro.

- Lo recordaré, y limpiaré el apartamento y prepararé la cama de invitados —dijo Harry con una sonrisa— y pensaré en un recorrido turístico para amenizar la semana.

Hermione se tiró a sus brazos y le abrazó fuertemente, una vez se separó de él Ron le tendió la mano y se la estrechó con fuerza. Se dijeron adiós una vez más y Harry se fue hacia la estación de metro más cercana mientras ellos volvían al Caldero Chorreante para irse a casa también.


Cuando Harry llegó al piso no había rastro ni de Luna ni de la cena, así que Harry fue a la habitación a dejar el abrigo, los guantes y la bufanda y entró en la cocina para ver una nota de su amiga colgando de la nevera avisándole de que llegaría tarde y de que se hiciera lo que quisiera para cenar sin preocuparse de ella o que pidiera una pizza. Harry abrió la nevera y se decidió por un sándwich de jamón y queso y un yogurt, no tenía mucha hambre.

Se dejó caer en el sofá e hizo zapping hasta que encontró una película que apenas acababa de empezar, una comedia romántica de las típicas que por alguna extraña razón le convenció para que no volviera a cambiar de canal. Pocos minutos antes de que acabara, Luna llegó, con las mejillas rojas por el frío y una sonrisa de oreja a oreja.

- Vaya Luna ¿y esa sonrisa? —dijo el chico sonriendo también.

- Hola Harry ¿todo bien? —respondió la chica.

- Sí, todo bien —y por primera vez en los últimos días la respuesta fue completamente honesta— ¿y tú? ¿Con quién has ido a cenar? —La chica se ruborizó y fue hacia su habitación para quitarse el abrigo. Harry, detrás de ella, se quedó en el umbral de la puerta.

- ¿Recuerdas antes de Navidad, la reunión que tuve con el periódico para repasar los especiales sobre plantas medicinales y animales salvajes? —Harry asintió, algo de aquello le sonaba vagamente familiar— Pues allí conocí a Rolf, y tras un par de conversaciones telefónicas y reuniones de trabajo… Me pidió para salir.

- ¡Luna eso es genial! —dijo Harry con una amplia sonrisa— tienes que contármelo todo, ¿la cita ha ido bien verdad? No te querrá solo para que le sigas publicando sus artículos o estudios o…

- Harry, ha ido bien —dijo la chica acercándose a él— No tienes de qué preocuparte.

- Claro que sí —exclamó el chico siguiendo a su amiga hacia la cocina. Nunca había visto a Luna salir con nadie, ni tan siquiera estaba seguro de que la chica hubiera tenido un novio antes, y sabiendo lo que mucha gente pensaba de ella y de las bromas de las que había sido víctima en Hogwarts, Harry no podía más que preocuparse por ella.

- Hagamos un trato —dijo Luna de repente, con la cabeza en la nevera buscando el zumo de zanahoria— Yo te cuento todo lo que quieras saber, si tu me cuentas lo que yo quiero saber.

Harry sintió cómo palidecía ante aquello. No hacía ni veinticuatro horas había pensado en eso mismo, contarle a Luna todo lo que pensaba sobre su situación amorosa, sus complicados sentimientos sobre quedarse en Inglaterra o en Menorca, pero de pensar en ello a hablar de ello, había un paso gigantesco que Harry temía avanzar. Ni él mismo estaba seguro de qué era lo que sentía hacia la mitad de todos sus problemas. Luna se sirvió un vaso y ofreció otro a Harry, pero el chico negó con la cabeza. Luna guardó el zumo de nuevo en la nevera y alzó las cejas, esperando la respuesta de Harry.

- Está bien. Pero sabes que nada sale de estas cuatro paredes —cedió con un suspiro.

Así fue como Harry se encontró vertiendo palabra tras palabra y acontecimiento tras acontecimiento sobre la mesa de la cocina, con Luna escuchándole atenta y asintiendo a intervalos aleatorios, sonriendo cuando Harry se ruborizó mientras contaba cómo Draco le había besado en fin de año y cómo él mismo había correspondido el gesto sin saber exactamente qué había querido decir el chico rubio con aquello. Pero lo más importante fue que la chica no estaba enfadada porqué Harry quisiera ser amigo de Malfoy, ni tan siquiera porqué al parecer Harry se había enamorado de la comadreja.

- Siempre tuvisteis una relación muy importante, un lazo que os unía con fuerza. Eso no se puede negar, vínculos así tienen un poder del que muy pocos son conscientes —dijo Luna finalmente, con las campanas anunciando la media noche de fondo— Ha pasado el tiempo y el hilo que fue cortado tras la guerra con tu marcha a Menorca siente su otra mitad —y ante aquella palabra Harry no pudo más que estremecerse. Draco no era su media naranja, ni su otra mitad, ni su mejor parte, ni ninguna de aquellas moñerías que la gente decía sobre sus parejas. Sobre todo porqué Draco no era su pareja, y nunca lo sería. Ahora que lo había soltado todo, Harry era consciente de lo ridícula que era la situación en la que se había metido. Surrealista y ridícula. Seguro que si en vez de en la cocina con su amiga estuviera en la consulta de un psicólogo, éste le hubiera dicho a Harry que simplemente estaba proyectando en Draco sus ansias de volver a la acción, que finalmente su cuerpo se había cansado de la tranquilidad y la inactividad, y su cerebro había buscado la situación más complicada para Harry con la que sentirse de nuevo alerta y en peligro. Algo que le hiciera vibrar, bullir la sangre y sentirse vivo. Siete años viviendo en peligro constante tenían que pasar factura de una forma u otra. Pero de fondo Luna seguía hablando y Harry se obligó a escucharla, era su turno— y quiere unirse a ella, quiere volver a sentirse vivo, volver a sentir aquella energía fluir a través de él. Quizá solo echas de menos las peleas, quizá lo que sientes no es atracción romántica. Pero no pierdes nada visitándole mañana antes de que te vayas y comprobándolo, ¿cierto?

Harry asintió, pensando que Luna bien podía tener razón, que quizá más que añorar el estar en alerta constante, lo que su mente echaba de menos eran las peleas infantiles de antaño. Como había dicho Luna, su relación con Draco había sido larga e importante en su vida, aunque siempre había creído que una vez el rubio desapareciera de su vida todo sería mucho mejor.

continuará...


No puedo creer que después de meses sin escribir lo deje aquí, vais a matarme T_T

Pero aun y así quiero decir que MUCHAS GRACIAS a todos los que habéis comentado y favoriteado la historia, incluso los que solo leen sin decir nada, puesto que sin vosotros este capítulo no hubiera visto la luz. Así pues, os dedico el capítulo, el fic entero, vuestra escena o frase favorita, lo que queráis, es vuestro ;)

Niea.