Aquí está el siguiente capi~ Por fin, la conversación de Harry y Draco! Espero que os guste, se me fueron un poco los dedos y ha quedado todo bastante más largo de lo que esperaba xD

NOTA: Por si acaso, que nadie se ofenda, no tengo nada en contra de la música country. Es más, hay muchas canciones de este estilo que me gustan. Pero simplemente fue el primer estilo de música en el que pensé que a Draco no le gustaría. Aunk tmb culpo a Leverage y a Christian Kane XD

10.-

Cuando Harry despertó aquella mañana, esperaba haber recibido un mensaje durante la noche diciéndole que se le necesitaba en algún sitio muy importante, incluso dentro de la ducha esperaba que de repente sonara el teléfono con alguien al otro lado de la línea invitándole a un gran evento que no podía perderse. Cuando salió de casa, se pasó el trayecto des del edificio hasta el metro mirando el cielo en busca de la marca oscura que le obligara a volar hacia Hogwarts, una vez bajo tierra creyó que el metro se estropearía y le dejaría allí tirado, en medio de la oscuridad y rodeado de extraños. Algo iba a pasar para que Harry no pudiera ver a Draco. Pero nada sucedió, y ahora el chico estaba frente a la cafetería tratando de relajarse y pensar en una escusa mejor que "dijiste que podía venir. Y quería hablar contigo" con la que enfrentarse a Draco. Tras largos minutos de reflexión y aun con la mente en blanco, Harry se adentró en el establecimiento con paso decidido. Pasara lo que pasara, trató de convencerse, no importaba. Mañana volvía a Menorca y no vería a Draco en mucho tiempo.

Se sentó en una de las sillas del fondo tal y como le gustaba hacer cuando el local no estaba demasiado lleno y tras un rápido vistazo a la carta —a estas alturas se la sabía casi de memoria— se decidió por un chocolate caliente y una magdalena. El chico asiático que había visto el día que Draco tenía fiesta se le acercó para tomarle nota, Harry le comunicó su pedido y antes de que el chico se fuera le paró.

- Perdona, ¿está Mary?

- No, hoy es su día de fiesta.

- Ah, vale —Harry había querido despedirse de la chica, le había caído bien. Entonces, de golpe y casi preso del pánico preguntó— ¿Y Draco?

- Está en la trastienda hablando por teléfono —le contestó con la misma voz monótona pero educada. Harry creyó que tantas preguntas podían levantar sospechas en el chico y quizá mostrar a Harry como a un acosador loco, por lo que decidió presentarse.

- Soy Harry, un amigo.

- Yuki —le dijo el chico, y tras asentir casi imperceptiblemente se giró y se fue hacia la barra para preparar el pedido de Harry y seguir atendiendo a los clientes.

Harry se quedó mirando la puerta que debía de dar a la trastienda, pues estaba marcada con la típica placa de "sólo personal autorizado", e imaginó a Draco hablando por teléfono. Recordó a Arthur Weasley y todas las extrañas conversaciones que habían tenido sobre aparatos y tecnología muggle, lo mucho que le había costado al hombre entender algunos aspectos de lo que había sido hasta entonces la vida cotidiana y monótona de Harry, ¿había tenido los mismos problemas Draco? ¿Quién le había enseñado a utilizar el móvil? ¿e Internet? La televisión, el cine, el metro, los aparatos de cocina, el lavadora, el patito de goma… Ante aquello Harry tuvo que contener una carcajada; la imagen de Draco en la bañera con un patito de goma era por lo menos ridícula. Aunque bien mirado, Draco en la bañera, toda aquella piel pálida perlada por el agua, el cabello rubio ligeramente oscurecido por la humedad pegándosele a la frente y al cuello… Yuki llegó justo entonces para salvarle de sus propios pensamientos y de las fantasías que jamás creyó tener.

- Gracias.

- De nada.

Vio marchar al chico y justo cuando iba a dar el primer sorbo al chocolate hirviendo la puerta de la trastienda se abrió, llamando su atención. Draco salió por ella con una expresión poco amigable. La puerta se cerró tras él y Harry le vio murmurar algo entre dientes mientras se pasaba la mano por el cabello, despeinándole ligeramente. No sabía si saludarle y darse a conocer o esperar a que Draco le viera, se decidió por lo segundo. Era mejor esperar a que el rubio se calmara, y así Harry podría aprovechar el tiempo para armarse de valor y pensar algún tipo de conversación inofensiva que mantener. Pero el cabello del chico había quedado revuelto por detrás, varios mechones de de la nuca dispersos en todas direcciones y Harry no pudo más que sonreír ante aquello y recordar los diferentes cortes de pelo que Draco había llevado durante los años de colegio. Engominado hacia atrás —como el vampiro ese de la serie muggle que tanto le había gustado a Nuria— durante los primeros años, suelto y algo largo después, con la ralla a un lado todo serio, y ahora un poco más corto y con algo de cera para que quedara elegantemente despeinado. No como su pelo, pensó Harry, que seguía indomable. Lo gracioso era que siempre había pensado que Draco acabaría dejándose crecer el cabello como su padre, Harry trató de imaginárselo y negó con la cabeza, Draco estaba mucho mejor así.

Dio un nuevo sorbo al chocolate y quitó el envoltorio de papel blanco a la magdalena antes de morderla. Como siempre, estaba deliciosa, y Harry sintió como añoraba sus clases y todos los instrumentos de pastelería que tenía en el piso. Suspiró y se dijo que no pensara en ello, que ahora tenía que procurar hablar con Draco, partir hacia Menorca habiendo hecho todo lo posible por establecer una amistosa y educada relación con el chico, y después ya tendría tiempo para decidir qué quería hacer con su vida y su recientemente descubierto interés por el sexo masculino. Alzó la mirada y vio a Draco dirigirse hacia él. Tragó saliva y los restos de magdalena que aun tenía en la boca y respiró hondo.

- Hola —dijo

- Hola —Draco se sentó, con la espalda recta y las manos reposando encima de la mesa una encima de la otra. Harry percibió su nerviosismo y junto a él cómo había algo que el chico quería añadir pero por algún extraño motivo estaba callando.

- ¿Quieres que siga con las protocolarias preguntas de qué tal y cómo estás, o quieres decirme lo que realmente estás pensando? —El único signo que indicó a Harry que había acertado fueron los ojos de Draco, abriéndose ligeramente más de lo normal junto a un gracioso movimiento de las aletas de la nariz. Harry sonrió e hizo un ademán con la mano indicándole al chico que se decidiera.

- Bueno, digamos que… Supongo que al gran Harry Potter le gusta hacerse esperar. Alargar la tensión y el dramatismo, no sé como no pensé que tardarías una semana en venir.

- ¡Han sido tres días! —Había muchas más cosas que Harry quisiera haber dicho, pero no creía que fueran las adecuadas dadas las circunstancias. ¿Draco le había estado esperando? —Eres un exagerado. Y es a ti a quien le gusta el drama.

- Lo que tú digas… ¿qué te ha hecho decidirte a visitar nuestra humilde cafetería, entonces?

- ¿Quieres decir además de que como quien dice me invitaste tú? Oh bueno, pues ya sabes, el chocolate, las pastas, Mary… aunque el otro chico me ha dicho que hoy tiene fiesta.

- ¡Yo no te invité! —Harry se le quedó mirando unos segundo hasta que Draco desvió la mirada y cogió una de las servilletas de papel para que sus dedos nerviosos tuvieran algo con lo que juguetear.

- Y supongo que despedirme de ti estaría en alguno de los primeros sitios en la lista.

- Así que vuelves al calor del Mediterráneo —Harry asintió y atrajo la taza de chocolate hacia él, dejándola reposar junto a sus labios pero sin beber— No puedo decir que no te entienda. Estoy empezando a echar de menos las vacaciones en Hawai, la verdad.

- ¿Hawai? ¡uau! Tiene que ser precioso.

- La verdad es que sí.

- ¿Nunca te quemaste con tanto sol? —y antes de que Draco pudiera decir nada más. dio un largo sorbo al chocolate y sonrió.

- Hay hechizos para eso… —pero Harry notó que el rubio se había ruborizado ligeramente.

- ¿Surfeas? —y aunque la pregunta había sonado de lo más insignificante en su cabeza, algo de lo más normal que uno pudiera preguntarle a la persona a quien está tratando de conocer, Harry se dio cuenta rápidamente de que aquello, con Draco, había resultado ser todo lo contrario.

- No —fue todo lo que contestó, dejando la servilleta arrugada encima de la mesa y enderezándose de nuevo, recto y formal. Harry estuvo tentado de disculparse, seguramente surfear no era algo que los Malfoy, o los magos en general, creyeran era algo digno de aprender.

El silencio se hizo presa de ellos, incomodo y pesado, provocando en Harry ganas de darse cabezazos contra la pared. Quizá si hacía eso Draco se animaría y sonreiría y olvidaría lo que quisiera Merlín estaba en esos momentos en sus pensamientos.

- Puedes venir a verme si quieres —dijo finalmente sin saber cómo ni por qué y dudando que fuera más saludable que darse de cabeza contra la pared— A Menorca digo, disfrutar de la calma durante un fin de semana si quieres.

- Vaya —contestó Draco con una risa amarga— Gracias, pero no puedo. No se me permite salir del país ¿sabes? Realmente ni tan siquiera de la ciudad… —Harry quiso decir algo, las ganas de disculparse de nuevo en la punta de la lengua (maldito hábito nacido con los años de tiranía Dursley) pero Draco volvía a murmurar por lo bajo, algo sobre su madre y Milán.

- ¿Draco? —estaba a punto de posar su mano sobre la del chico cuando este pareció volver a la realidad y clavó su mirada fría como el acero en él. Harry cerró la mano que tenía a medio camino y tras unos segundos cogió una de las migas de magdalena que tenía sobre el plato y se la llevó a la boca.

- Sabes, Potter, no entiendo qué coño es lo que estamos haciendo aquí. Tú y yo. Tú tendrías que estar con la Weasley planeando la nueva manada de niños pelirrojos que asolarán Hogwarts, o en el Ministerio de Magia, rompiendo récords por ser el Auror más joven jamás graduado de la academia o yo qué sé. Empezando una religión o hasta apareciendo drogado y borracho en las noticias por qué ya no tienes la fama de antaño y harías cualquier cosa por volver a ver tu cara rajada en los periódicos. Yo tendría que estar en prisión, odiándote, o muerto, o mejor aun, en mi mansión lejos de aquí, con muchísimo dinero que me abriera las puertas que yo quisiera y me diera todo lo que deseara. Pero no, tú vives como un muggle en una isla a kilómetros de aquí para que nadie te moleste, alejado de todo, y por alguna extraña razón que sólo Morgana puede entender, te portas bien conmigo después de todo lo que hemos vivido y yo estoy consintiéndolo, igual que acepto que controlen cada hechizo que sale de mi varita y cada paso que doy más allá de los límites de la ciudad. ¡Estoy trabajando con un sueldo poco más que decente y viviendo en un piso casi más pequeño que mi baño en la mansión! —Draco cogió aire, dejándolo todo en silencio por unos cortos segundos y Harry no dijo nada, sospechando que aun habían muchas más palabras esperando ver la luz— Yo lo soporto, y todo para que pasen los cinco años y nos dejen en paz, nos devuelvan la parte de nuestro dinero que no se quedó el Ministerio y podamos recuperar parte de nuestra libertad. ¿Y qué hace ella? Decide que quiere ir a Milán, ¡que quiere ser diseñadora de zapatos! ¡Los zapatos no merecen ser vigilada las veinticuatro horas y que te quiten la varita!

Finalmente Draco calló, respirando erráticamente y con las mejillas rojas debido a la excitación y al enfado. Los hombros caídos y el respaldo de la silla soportando el peso de su cuerpo. El chico se pasó una mano por el cabello y respiró profundamente un par de veces. Parecía que estaba calmándose, Harry vio como se pasaba la lengua por los labios, y sin pensar en otra cosa, le acercó la taza de chocolate tibio.

- No me gusta el chocolate a la taza —dijo con voz cansada— ¿Qué pasa? Hay mucha gente a quién no le gusta… —contestó ante la cara de asombro de Harry, poniéndose a la defensiva.

- Vale, vale… —se disculpó el chico alzando las manos a modo de rendición. ¿Y ahora qué decía? ¿Qué podía salir de sus labios que mejorara esa situación? Tenía que decir algo o Draco era capaz de levantarse y dar por acabada la conversación, y si eso ocurría Harry nunca se lo perdonaría a si mismo— Es normal que no quieras que tu madre pase por… tantas dificultades, Draco. Pero tienes que entenderla, si es lo que realmente quiere hacer ¿qué mejor manera de tratar de olvidar todo lo que ha sucedido?

- El chico no contestó en seguida, ni enfadado, ni gritando, ni marchándose corriendo de la mesa. Siguió con la mirada clavada en algún punto a la derecha de Harry, o quizá mucho más lejos en el espacio y el tiempo. Finalmente, Draco cogió aire y contestó.

- Ya lo sé Harry, ya lo sé —el aludido pestañeó un par de veces al oír su nombre sin ser acompañado por su apellido, era extraño, oírlo con esa voz— Yo solo… quería ser yo quien arreglara las cosas de la familia. Quien recuperara el honor y el buen nombre. Hacer algo bien por una vez en la vida…

Harry se sintió enrojecer, vergonzoso y culpable por haber hecho salir aquella faceta vulnerable y tan humana del chico.

- Aun puedes. Seguro que hay miles de cosas que puedes hacer sin quebrantar el acuerdo con el Ministerio. Ir a clases muggles de economía o organización de empresas, no sé, lo que sea que te gustaría estudiar… Ser el primero de la clase, ligarte a la chica más guapa de clase y volver a ser la envidia de todo el mundo, seguro que incluso meterte con los demás estudiantes te está permitido. Aunque no te lo recomiendo.

Ahora Draco le miraba a él, con una fina ceja rubia levantada y expresión escéptica.

- Pues estudia baile, lígate a un modelo de ropa interior, adopta tres niñas y crea un grupo de country, ¡yo que sé!

- Ceja levantada y mirada escéptica fueron borradas de la cara de Draco por la carcajada más sincera, clara y contagiosa que Harry jamás hubiera escuchado.

- ¿Country? En serio Potter… ¿no podías haber escogido algo peor? —Harry se encogió de hombros y se aclaró la garganta.

- ¿Qué ha pasado con Harry? Creía que después de tanto tiempo habíamos olvidado nuestro pasado tormentoso y empezado de nuevo —De acuerdo, se dijo, quizá Malfoy no era el único a quien le gustaba dramatizar.

- Hm... no, no lo creo Potter.

- Como quieras, pero seguro que el sombrero vaquero te queda muy bien, Malfoy.

- ¿Cómo osas dudarlo? En mi todo queda bien, incluso si es sólo el sombrero vaquero.

Cuando las palabras del chico fueron registradas por ambos cerebros, los dos chicos callaron y sintieron cómo enrojecían, y aun más al ver en el otro su propia reacción. De repente Draco se sacó el móvil del bolsillo y se levantó.

- Mejor sigo trabajando…

- Eh, un momento D-, Malfoy —Harry se levantó también y le miró a los ojos, grises como un cielo tormentoso— Todo lo que he dicho todos estos días va en serio. Yo tampoco entiendo muy bien por qué… hablo contigo. Y di lo que quieras y métete conmigo si así lo deseas, pero siento que has cambiado, sigues siendo un creído y un borde, pero creo que si los dos lo intentamos puede salir algo decente de aquí. Y si quieres salir de la ciudad o del país para ver a tu madre, o para pasar las vacaciones, me lo dices y hablaré con el Ministerio, si quieres venir a verme hasta dormiré en el sofá para que su majestad no se queje. No querías tener mala suerte este año, y yo tampoco quiero que la tengas. Que vaya muy bien —acabó Harry, tendiéndole la mano para que la estrechara y tirando por la borda cualquier esperanza que hubiese tenido de que Draco creyera que su rubor aun se debía al comentario anterior.

- Te das cuenta de que si ahora rechazara tu mano el mundo viviría una gran escena de venganza e ironía, ¿cierto? —Pero el chico estrechó la mano de Harry de todas formas.

- Lo dicho, sigues siendo un insoportable.

- Y sé que no querrías que fuera de otro modo —dijo Draco mientras Harry se ponía la chaqueta y sacaba la cartera de uno de los bolsillos. Uno junto al otro se dirigieron hacia la caja.

- No tientes a la suerte, Malfoy.

- Que vaya bien, Harry —se despidió Malfoy, dejando al chico frente a Yuki y con los ojos como platos. Una pareja de adolescentes acababan de sentarse y fue a atenderles.

Yuki le dijo a Harry cuánto era su cuenta y Harry le tendió un billete.

- ¿Oye, tienes una hoja de papel? ¿Se lo das a Mary cuando venga mañana de acuerdo? —El chico asintió, y tras darle el cambio le acercó el bloc de notas y el bolígrafo con los que apuntaba los pedidos. Harry escribió una pequeña carta despidiéndose de Mary y dejándole su e-mail por si acaso— Muchas gracias. Adiós.

Harry se puso los guantes y se dirigió a casa de Luna para hacer el equipaje y pasar su último día en Londres durante lo que sería, seguramente, mucho tiempo. Pero por algún extraño motivo aquello no le apenaba tanto como los días anteriores. Seguramente por qué había hablado con Draco, y comprobado que el chico había cambiado y madurado, que tenía sentimientos y que algunos de ellos eran extraños y complicados como los del mismo Harry. El chico sentía, por increíble que pareciera, que los dos estaban más cerca de lo que jamás habían estado.


Draco volvió a la barra cinco minutos después de oír como Harry se despedía de Yuki. Aun no podía creer que aquella conversación hubiera sucedido después de tantos días que, incluso bajo amenaza de tortura negaría había estado esperando, que hubiera abierto parte —por suerte— de su corazón al maldito Harry Potter. Con sus ojos verdes refulgentes detrás de aquellas gafas que le animaban a confesar, que le prometían sinceridad y amabilidad, con su cabello negro despeinado aniñándole la cara pálida y aun ligeramente redondeada, con los labios finos y rosados que sonreían ante la más mínima broma. Tenía que aceptarlo, el niño de oro era realmente una buena persona, nada de falsedades ni máscaras. Y también estaba loco, hablando con Draco y prometiéndole ayuda. Quizá era debido a la exposición solar a la que había estado sometido. O su nuevo cometido como salvador del mundo...

- Así que este es tu famoso Harry. Pobre Mary, se lo ha perdido —Draco se giró bruscamente ante las palabras de su compañero.

- No es mi Harry, ¿cuántas veces le tengo que decir a la cotilla esta que no hay nada entre nosotros?

- Nadie ha dicho que haya algo entre vosotros —dijo Yuki colocando bien los últimos cruasanes que quedaban en el expositor— Sólo que a ti te gustaría que fuera tuyo. Y dudo que él se opusiera, la verdad.

- De acuerdo…Pero lo que no entendéis ninguno de los dos, es que no somos amigos, siempre nos hemos odiado y encima Potter no es gay —Yuki se encogió de hombros.

- Primero, más morbo y segundo, eso nunca se sabe. Tendrías que haberle invitando a comer, o a cenar mejor, y besarle al despediros, y así verías de una vez que Mary y yo tenemos razón —ante las palabras de su compañero Draco recordó el beso de fin de año y el fuerte impulso que había tenido que retener para que sus labios no se fueran de la ruta marcada hacia la mejilla de Harry— ¡Lo has hecho! Le has besado.

- ¡¿Cómo? No, yo no…

- No lo niegues, lo has hecho, se te nota en los ojos.

- No pienso hablar de eso… —Draco cogió uno de los trapos que había debajo de la máquina registradora y se fue a limpiar mesas, aunque no hubiera ninguna sucia.

Se había obligado a si mismo a no pensar en la noche de fin de año. La locura de la que había sido preso y que le hizo ir a la fiesta de los Weasley, ver a Potter aparecer en el balcón y que no le reconociera, la conversación corta y tranquila que habían mantenido, y el beso. Algo que había nacido de lo más profundo de entre sus entrañas y a lo que no había podido resistirse, una escusa perfecta para poder sentir la piel del chico bajo sus labios, algo con lo que convencerse a si mismo de que ese encaprichamiento con Harry Potter era una mala idea. Pero el Gryffindor había decidido corresponderle el gesto, sonreírle y alimentar sus fantasías. No podía creer cómo el mundo y la vida podían ser tan crueles. Si algún día sus sentimientos salían a la luz, todos reirían con ganas ante ellos, nombrando a la ironía y al karma, diciendo lo mucho que se lo merecía por haber sido siempre tan cabrón. Y lo peor, era que Potter se portaba bien con él, realmente no se le veía con segundas intenciones, ¿cómo podía ser tan inocente? La gente no cambiaba tan fácilmente… y si lo hacía nadie le creía, seguían mirándole por encima del hombro, con el ceño fruncido esperando a que hiciera un paso en falso y cometiera un error que demostrara que siempre habían estado en lo correcto.

Draco estrujó con fuerza el trapo y siguió limpiando las mesas.

continuará...


Bueeeeno, hasta aquí XD

Espero que os haya gustado! :3 Muchas gracias a todos por comentar y favoritear! soys los mejores ;)

Niea.