Sin más dilación aquí os dejo el siguiente capi! :3 notas y comentarios al final~
Capitulo 12.-
Draco cortaba el tomate a trozos con la mente absente, los ojos clavados en el cuchillo pero sin prestar atención a las rodajas; algunas demasiado gruesas y otras demasiado finas. Era un milagro que aun no se hubiera cortado un dedo. En todo lo que podía pensar era en la negativa actitud del Ministerio, que no había aceptado ni tan siquiera la propuesta de que Draco fuera a París y volviera a Londres el mismo día. No lo entendía, ¿tanto miedo tenían? ¿No era mejor dejarle hacer, que creyera que ya no le tenían vigilado, y esperar a que cometiera un error? Entendía que si alguien del mundo mágico le veía campar a sus anchas los rumores podían empezar a surgir y el Ministerio se vería en un aprieto, concediendo favores a todos los castigados por la guerra. Pero eso no era todo.
Draco respiró profundamente y empezó a cortar un poco de pepino. También tenía que pensar en el mail que le había enviado a Potter el día anterior. Ya mientras lo escribía se había arrepentido, pero una parte dentro de él quería que Harry supiera lo que le sucedía, aunque aun no estaba muy seguro de por qué. No para que le ayudara, eso seguro, más bien para que viera lo mal que lo estaba pasando, para que se regodeara. Pero eso ya no tenía sentido, ¿después de todo eran amigos no? O algo parecido. Y esa incertidumbre era otra preocupación más que añadir a la bulliciosa mente de Draco, que había estado todo el día despistado y de mal humor. Trabajando casi por completo detrás de la barra, limpiando y colocando bien las cajas de la trastienda, pues como le había comentado Mary, esa mirada asustaba a los clientes. La chica no le había quitado los ojos de encima durante las horas de trabajo pero tampoco se le había acercado para preguntarle nada, y Draco no sabía si alegrarse al menos por eso, o preocuparse aun más. Cogió el plato, le puso un poco de aceite y sal y se sentó en la mesita que tenía en una esquina de la cocina, dispuesto a comer en silencio, tratar de calmarse y poder dormir.
El móvil empezó a sonar. Refunfuñando entre dientes se levantó y se dirigió hacia la habitación, donde había dejado el teléfono cargándose. No reconoció el número en la pantalla y estuvo a punto de no cogerlo, pero el tono de llamada estridente empezaba a dañarle los oídos, así que con un suspiro cogió el aparato y contestó.
-¿Si?
-¿Draco Malfoy? —preguntó una voz conocida des del otro lado de la línea.
-¡¿Potter?
-Sí, soy yo…oye-
-¿Cómo has conseguido mi número? ¡Un momento! No contestes —dijo el chico mientras se sentaba en el borde de la cama y con la mano que tenía libre se masajeaba el puente de la nariz— Mary…
-Sí, no te enfades con ella. Fui yo quien le pidió el número… Verás, he hablado con Kingsley —dejó ir Harry, seguramente sin ganas de alargar innecesariamente la conversación. Draco no contestó y Harry tampoco dijo nada, seguramente esperando algún tipo de reacción por parte del chico rubio.
-Sabía que me arrepentiría de haber dicho lo que dije… —susurró finalmente.
-¡No! Draco, oye no quiero que pienses en esto como caridad o que me das pena o lo que sea que tu retorcida mente crea que impulsa mis acciones. Lo hago por qué quiero, y por qué creo que te lo mereces.
-¿En serio? Me lo merezco —repitió Draco con desdén— Potter, no merezco nada de esto, merezco lo que tengo y fui un estúpido por creer que podría ser diferente. Te doy las gracias, pero ha sido un esfuerzo en vano, no voy a ir —dijo levantándose, decidido.
-Y si te digo que no todo será perfecto para su majestad, que Kingsley sólo ha aceptado dejarte ir si yo te acompaño… ¿irás entonces? —la voz de Harry tenía un deje burlón, seguramente por qué creer que su presencia sería lo que acabara por convencer a Draco era tan absurdo que todo el asunto tenía que ser tomado a broma.
-¿Entonces me han hecho caso y te han dado las esposas homologadas del Ministerio para que no me pierdas de vista? —dijo Draco con una sonrisa altanera que se acrecentó al oír como Harry tosía, probablemente habiéndose atragantado con su propia lengua.
-Ehm… no, no ha llegado a ese extremo —Harry se aclaró la garganta una vez más y continuó— Sólo quería hacértelo saber, y por mail me parecía demasiado impersonal. Piénsatelo, ¿de acuerdo? Dime algo en cuanto te decidas y se lo haré saber a Kingsley.
-Potter… Harry. Dile que sí —Draco volvió a sentarse en la cama, de repente sintiéndose agotado, todas las fuerzas habían sido drenadas de su cuerpo, sin ganas de seguir discutiendo ni de hacerse el fuerte— Ya te enviaré las fechas y toda la información que puedan necesitar. Y por supuesto yo me encargo del hotel, no quiero acabar durmiendo en un armario.
-Ja ja ja, muy gracioso —le contestó el chico sin poder evitar reír por lo bajo— Me alegro de que confíes en mi, Draco.
-No te confundas, me aprovecho de tu buena fe para conseguir lo que quiero.
-Por supuesto, faltaría más. Que vaya bien Draco, ya hablaremos.
-Adiós Harry.
Draco oyó cómo se cortaba la línea al otro lado y colgó él también. Dejando el móvil de nuevo sobre la mesilla de noche y dejándose caer sobre la cama con los ojos cerrados. Sólo él podía meterse en esos problemas. Respiró hondo y se levantó, decidido a no pensar en lo que acababa de suceder. Se sentó de nuevo frente a la ensalada y empezó a comer. Alargó la mano hacia la encimera y encendió la radio, a la que no prestó atención. No iba a pensar en ello, lo contemplaría como un viaje de negocios; viajas con alguien a quien conoces pero no por ello te alegras de compartir tu tiempo con él. Compartir tu tiempo… ¡Perfecto! Ahora tenía que decirle a Pansy que le consiguiera otra entrada, ni más ni menos que para el mismísimo Harry Potter. ¿Cómo iba a contárselo? Apartó la ensalada y dejó el tenedor sobre la mesa, no tenía hambre.
Harry se había sentido culpable cuando había mentido a Ron y Hermione sobre las razones detrás de su escapada a París. Sabía que un día de estos tendría que contárselo, quizá la semana siguiente, durante las vacaciones de Pascua, cuando los chicos vinieran a pasar unos días con él. Tras una larga cena con mucho vino, un comentario simple e inocente que les pasara medio desapercibido.
A Luna sí le había contado toda la verdad, había estado toda una tarde hablando con ella por web-cam y gracias a Merlín la chica no se había enfadado con él, tan solo le había hecho sentirse culpable al recordarle que no podía seguir mintiendo a sus amigos. Luna también le había dicho que fuera con cuidado, que no se fiara al cien por cien de nada de lo que hiciera o dijera Malfoy, que no podía dejarse cegar por sus sentimientos. Por qué los había, de él hacia Draco y posiblemente no al revés. Si quería descubrirlo tenía que ir con pies de plomo. No solo por el potencial ridículo que pudiera hacer, si no por qué la suya era una situación pantanosa con la que no mucha gente iba a estar de acuerdo. Luna había tenido razón, por supuesto, por lo que no le había hecho sentir ni mejor ni tranquilo.
Harry comprobó una vez más que no se dejaba nada; ropa, pijama, neceser, zapatos y traje a petición expresa de Draco, indispensable para el cóctel final al que habían sido invitados. Bueno, se dijo Harry, Draco había sido invitado, él sería el lastre que el chico arrastraría durante los tres días. ¿Qué le había contado a Parkinson cuando le dijo que Harry iba a ir con él al desfile? Prefería no pensarlo. Puso el despertador y se fue a la cama. Mañana era el primero de tres días aterradoramente desconocidos.
Siento que sea tan cortito T_T pero tenía que cortarlo aquí ... espero que os haya gustado! Como podéis ver las cosas van preparándose para el final que todos estábamos esperando XD
Muchísimas gracias por vuestros comentarios! no sabéis lo que me animan ;)
Niea.
