Nuevo capítulo! Por fin nuestros chicos se van a la capital francesa!
Notas: Sólo he ido una vez a París y tenía 5 años así que no me acuerdo de nada XD Todo lo que sale/saldrá nombrado en el fic está sacado de wikipedia y google, así que si hay algún tipo de error lo siento y por favor! decídmelo. Gracias :)
Capítulo 13.-
Aterrizó en suelo firme y su cabeza aminoró la velocidad de sus vueltas, hacía demasiado tiempo que no viajaba a través de la Red Flu. Salió de la chimenea sin prestar atención al servicial camarero que le tendía la mano, agradeciéndole el gesto con un tímido merci y cogiendo la maleta que había enviado antes de partir él. Harry miró a su alrededor, divisando a Draco en la lejanía junto a los dos agentes del ministerio sentados en su mesa. Aquel sitio no se parecía en nada al Caldero Chorreante; las paredes de color salmón estaban decoradas con una elegante cenefa negra a la altura de las pequeñas mesas de madera oscura, todas con una pequeña vela blanca en medio esperando a ser encendida cuando se sentara su ocupante. Las amplias ventanas que otro día hubieran dejado entrar la luz del sol ahora estaban todas salpicadas de gotas de agua. ¿Había traído el paraguas?
Harry llegó a la mesa de Draco y saludó a los presentes, el chico rubio tan solo alzó una ceja y siguió sorbiendo su café.
-Potter, le dejamos en sus manos —dijo uno de los hombres mientras se alzaba. Tenía un fuerte acento francés.
-Si necesita cualquier cosa háganoslo saber —añadió el otro en perfecto inglés mientras le tendía una tarjetita de color gris.
-Muchas gracias —dijo Harry aceptándola. Siguió con la mirada a los hombres, que se salieron de la cafetería y se internaron bajo la lluvia. Sólo entonces se sentó— Hola Draco ¿ha ido todo bien?
-Por supuesto, Potter —contestó dirigiéndole la mirada por primera vez des de que había llegado.
-¿Tengo tiempo de desayunar yo también?
-Claro.
Harry cogió la pequeña carta que había frente a él y miró por encima lo que ofrecía, el camarero que se había brindado a ayudarle cuando había llegado se acercó y Harry pidió un café solo.
El silencio no era incómodo pero tampoco era del todo agradable, Harry sentía las ansias de hablar bullirle en el interior pero, por alguna extraña razón, a la vez se sentía incapaz de articular palabra. Cuando el camarero le trajo el café se lo agradeció internamente, así al menos, tenía algo en lo que fijarse que no fuera el otro chico. Finalmente, tras largos minutos, Draco suspiró y empezó a hablar.
-Tenemos que coger el metro para ir al hotel. Seguramente vamos a utilizarlo bastante así que sería buena idea sacarnos cada uno un bono de tres días. Como no vamos a estar todo el día con Pansy me he tomado la libertad de preparar una pequeña ruta turística, espero que no te importe.
-Claro que no, perfecto. Completamente de acuerdo.
-Bien —Draco se levantó, al ver que Harry iba a hacer lo mismo le puso la mano en el hombro y dijo— Ahora vuelvo.
Harry había creído que se dirigiría al baño, pero el chico fue directo a la caja a pagar por los pedidos de los dos.
-¿Por qué has pagado también mi café? —le preguntó una vez Draco volvió.
-Es lo mínimo que puedo hacer, después de todo estás aquí por mi —el chico cogió su maleta y empezó a andar hacia la puerta. Harry le siguió— Eso sí, el hotel nos lo partimos.
Dicho hotel, a los ojos no entrenados de Harry, era una maravilla. Estaba en un barrio llamado Saint-Germain-des-Prés y era un pequeño edificio blanco de cuatro pisos con sencillos balcones de hierro colado en la fachada. Por dentro, las paredes eran también blancas y los techos bajos, todo decorado con la elegante sencillez que el mismo Draco desprendía a cada paso. El chico se había acercado a recepción y hablaba tranquilamente con la joven que allí había, todo sonrisas y encanto. Harry rió por debajo de la nariz, el rubio tenía a la recepcionista en el bote y seguro que a partir de entonces la pobre haría lo que le pidiera. ¿Y quien no lo haría? Durante el silencioso viaje hacia el hotel, Harry había caído en la cuenta de que des del día del juicio de los Malfoy, no había vuelto a ver a Draco en algo que no fueran pantalones negros y camisa blanca debajo de un delantal. Ahora, el chico vestía unos tejanos rectos algo desgastados en las pantorrillas, un fino jersey azul marino de cuello de pico y una chupa de cuero negra, todo ayudando a resaltar el blanco de su piel, el rubio de su cabello y el gris de sus ojos. Cómo si fuera necesario. Tan ensimismado estaba en la figura del chico, que no se dio cuenta de que Draco había acabado de hablar con la recepcionista y se le había acercado hasta que notó su mano en el bajo de la espalda y la voz del chico diciéndole ¿Vamos?
La habitación era otra maravilla; pequeña y cuadrada, el papel de pared blanco con un elegante motivo gris que se repetía en las cortinas que daban paso al balcón. Frente a él se encontraba un pequeño escritorio en el que reposaban un espejo y un ramo de flores rosas. A su izquierda había una cómoda de madera oscura con una lámpara sobre la resplandeciente superficie. A su derecha un armario empotrado de pared a pared de la misma madera que la cómoda, y en medio de todo ello, con la cabecera pegada a la pared derecha, dos amplias camas cubiertas con sábanas blancas y mullidos almohadones.
-¿Draco? —preguntó Harry mientras se dirigía hacia la cama más alejada a la puerta y cercana al baño. El chico se giró hacia él y esperó a que dijera lo que fuera que estaba pensando— Esto… ¿seguro que nos lo podemos permitir? —Era imposible pronunciar aquellas palabras y no enrojecer.
-Claro, ninguno de los dos es pobre, y encima a ti no te han quitado más de la mitad de tu dinero —Draco se sentó a los pies de su cama y empezó a descordarse los zapatos— Entiendo que habiendo pasado la vida durmiendo en armarios o en casa de los Weasley esto te pueda parecer tan espacioso como un campo de futbol…
Harry estuvo tentado de coger el panfleto que había en su mesilla de noche, arrugarlo convirtiéndolo en una bola y lanzárselo a la cabeza, pero se contuvo. Se sentó él también en la cama y se quitó las Converse húmedas a causa de la lluvia.
-¿Qué vamos a hacer hoy? —preguntó mientras abría la maleta para sacar la ropa y empezar a colgarla del armario.
-He pensado que podíamos ir a dar una vuelta por el barrio y después dirigirnos a Montmartre, comer algo por allí, pasar la tarde y volver al anochecer para cambiarnos e ir a cenar con Pansy —Draco estaba ocupado en colgar él también sus prendas, por lo que no vio el ceño fruncido de Harry.
-¿Qué…? ¿Qué le has contado? De mí digo, de por qué estoy aquí.
-La verdad —dijo colgando su último par de pantalones.
-¿La verdad? —rió Harry incrédulo— Que nos hemos hecho amigos y para que pudie-
-No somos amigos, Potter. Ya te lo he dicho.
Harry iba a contestar, pero cuando se dio cuenta de que no sabía qué decir que tuviera sentido o que no le fuera a dejar en ridículo, cerró la boca y se dirigió hacia el armario para colocar finalmente su ropa. Draco cogió su neceser y se dirigió al baño.
¿Qué le pasaba a Draco? Vale, quizá no eran amigos pero… Ese estira y afloja que se llevaba entre manos no le gustaba, ahora soy simpático contigo y te llamo Harry y te llevo hacia el ascensor con la mano en la espalda y ahora no te dirijo la palabra, ni tan siquiera te miro y por supuesto ni me hables. A Harry no le gustaban esos cambios repentinos de personalidad y se iba a asegurar de que una vez acabado el viaje Draco le considerara su amigo como se llamaba Harry James Potter, si no algo más.
El paseo por Saint-Germain fue mucho más agradable de lo que Harry hubiera esperado. La lluvia había cesado por el momento y los débiles rayos de sol iban apareciendo de vez en cuando a través de las nubes grises. Quizá por que era miércoles a las once de la mañana no había mucha gente paseando y Draco no dejaba de comentar pequeños detalles sobre tal o cual calle, ese u otro bar.
-Por aquí han paseado filósofos, escritores, músicos y artistas famosos en todo el mundo: Jean-Paul Sartre, Jean-Luc Godard, Truffaut, Miles Davis, Charlie Parker… —Draco tenía la mirada perdida en algún punto invisible de la calle y Harry le miraba confuso.
-Pero… Todos ellos fueron muggles ¿no? —preguntó en un susurro.
-Algunos de ellos, sí —Harry iba a preguntar a qué se refería con eso, quién de todos ellos había sido realmente mago y por qué no lo había sabido nunca, por qué Draco tenía un conocimiento tan amplio sobre la cultura muggle que tanto había proclamado despreciar. Pero el chico se había detenido frente el cartel de una galería de arte, una sonrisa casi imperceptible en sus labios, y no quiso molestarle.
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La iglesia de Saint-Sulpice dejó a Harry con la boca abierta y un sentimiento de vacío en el estómago. Sus altas paredes de piedra gris le habían recordado, por un momento, a Hogwarts y toda la añoranza que había sentido durante el último año le había asaltó de golpe y sin avisar. Debajo de la chaqueta y el jersey tenía la piel de los brazos de gallina y no era por el frío, las orejas le zumbaban mientras Draco seguía con sus comentarios, y era una pena por qué Harry nunca le había oído hablar así, en susurros tranquilos que rezumaban asombro y paz interior. Las piernas aun le temblaban ligeramente cuando se dirigieron a la iglesia de Saint-Germain-des-Prés, donde Harry consiguió reponerse del súbito ataque de nostalgia para poder disfrutar de las vistas y las explicaciones de Draco, que parecían no tener fin ni perder fuelle aunque Harry no interviniera. Quizá el chico le tomaba por estúpido y tampoco esperaba nada de él.
Poco antes de la una del mediodía, con el estómago quejándose por la falta de alimento y los pies cansados de tanto andar, Draco anunció que era hora de dirigirse hacia Montmartre para comer.
Durante el trayecto Harry trató de arreglar la errónea impresión que podía haberle dado a Draco con su silencio, preguntando todo aquello que le intrigaba y comentando pequeños datos o rumores que había oído durante su corta estancia entre muggles con más cultura que los Dursley.
Era tan nueva aquella experiencia, tan surrealista, si se pensaba fría y objetivamente. Harry Potter y Draco Malfoy juntos en un metro de París charlando tranquilamente mientras se dirigen a Montmartre, apareció en forma de titular de El Profeta en la mente de Harry, y éste tuvo que suprimir un escalofrío mientras miraba disimuladamente a su alrededor en busca de cualquiera que pudiera parecer un periodista al acecho. Tan solo halló a la pareja de agentes del Ministerio que disimulaban tras una guía turística. Pero no les hizo caso, se sentía relajado y tranquilo, a gusto en medio de completos desconocidos, así que dejó que el tiempo y el destino siguieran su curso sin prestar atención a nada que no fuera Draco Malfoy y el sentimiento que florecía con fuerza en su interior. Lo lógico y sensato hubiera sido aplacarlo e ignorarlo, pero Harry se sentía tan seguro en aquella ciudad alejada de cualquier tipo de malos recuerdos, que era incapaz de pensar que nada pudiera salir mal. Después de todo, algo le susurraba a la oreja que Draco sentía si no lo mismo, algo parecido, pues no había hecho ningún tipo de comentario despectivo hacia Harry ni ninguno de sus amigos y tampoco había dejado de sonreír ni una vez.
Llegaron de vuelta al hotel con las campanas anunciando las nueve de la noche y Draco maldiciendo por lo bajo el espíritu consumista del maldito Potter. Tenían media hora para ducharse y arreglarse antes de que Pansy les llamara des de recepción.
-Por Merlín Potter, pareces una mujer queriendo entrar en todas y cada una de las tiendas —soltó el chico rubio dejando su única bolsa encima de la cama— Y por haberme hecho esperar como si fuera tu sufrido marido y hacerme correr para poder estar presentables a la hora, me ducho yo primero.
El chico se quitó los zapatos y entró en el baño, cerrando la puerta tras él con aire indignado.
-Reina del drama —murmuró Harry una vez se encontró solo en la habitación. ¿Y se había oído a si mismo? "tu sufrido marido" ¿de dónde había salido aquello? Había sido Malfoy quién había empezado a parar en cada pequeña y decrépita tiendecita de arte. Harry solo había seguido su ejemplo parándose allí donde pudiera haber algún souvenir digno de sus amigos. Y si Draco no hubiera decidido tomar un café en uno de los bares antiguamente frecuentados por famosos bohemios, hubieran llegado con tiempo de sobras. ¿Y qué pintaba Draco con los bohemios? Aquello era una imposibilidad mayor aun que la amistad entre ellos dos— Pijo…
Harry puso todos los souvenirs en una misma bolsa y los guardó dentro de la maleta. Como Draco aun tardaría un buen rato decidió comprobar las fotografías que había ido haciendo durante el día. Claro que parezco un guiri, le había dicho a Draco cuando el rubio le había visto sacando la cámara de su bolsa. Soy, un guiri.
Como todo aquel día, la cena con Pansy había resultado mucho mejor de lo que Harry esperaba. Quizá tenía que repensarse el pesimismo a través del que miraba su vida.
Sin saber muy bien cómo, habían conseguido adecentarse antes de que la chica llegara, pudieron esperarla en la pequeña cafetería tal y como Draco había querido des del principio. Los saludos iniciales habían sido fríos y distantes; un educado y formal "hola" sin besos ni manos estrechadas, ¿pero qué se podía esperar del chico que vivió y la chica que quiso venderle al Señor Oscuro? Draco parecía estar disfrutando de la situación, haciéndoles permanecer el uno junto al otro, hablándole sólo a Pansy pero dirigiendo fugaces miradas socarronas a Harry.
Una vez en el restaurante que la chica había escogido no muy lejos del hotel, el encargado les dirigió a su mesa, hacia el fondo y junto a una ventana, y poco a poco, gracias a la buena comida, la tranquila música y el copioso vino, la conversación empezó a fluir por las tres bandas; comentando sobre la vida en las diferentes ciudades, sus trabajos y experiencias en la vida muggle, lo que Draco y Harry habían hecho durante aquel primer día en la capital francesa y, sobre todo, el desfile de Pansy.
-No creí que fuera a decirlo jamás, y escúchame por qué no lo volveré a repetir Potter, —dijo Pansy de golpe cuando el camarero recogía los platos para traerles el postre— me alegro de que hayas ayudado a Draco a venir —el aludido quiso intervenir, ofendido, pero la chica no le dejó— Creía que seguirías siendo el creído Gryffindor de siempre, sintiéndote superior a todos y haciendo que Draco se sintiera como una mierda y en deuda contigo. Pero la verdad es que eres tan bonachón, tan normal y simple que hasta das pena.
-Eh… gracias, supongo —dijo Harry sintiéndose enrojecer. El camarero les trajo los postres y preguntó si querían cafés.
-¿Harry, café? —dijo Draco para asegurarse de que el chico entendía lo que les estaba pidiendo el hombre.
-No, gracias —el rubio contestó algo en francés al camarero y Harry sintió un escalofrío recorrerle la espalda. Era tan extraño oírle con ese acento tan… Llevaba todo el día tratando de encontrar un adjetivo que no fuera sexy o sensual.
-Veo que no has perdido la práctica con el idioma.
-Bien sûr non.
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-Entonces, mañana a las doce en la puerta trasera del instituto ¿de acuerdo? Todo recto y ya veréis señalizado el teatro —les dijo Pansy mientras le tendía un mapa a Draco con el lugar de dicha puerta marcado en bolígrafo rojo— No creo que os diga nada nadie, y si lo hacen les decís que sois modelos —la chica rió por debajo de la nariz y dirigió una larga y penetrante mirada a cada uno— Dais el pego a la perfección, sobre todo tu Potter.
-¿Qué? ¡¿Potter? —dijo Draco con cara de incredulidad señalando al otro chico, quien abría y cerraba la boca sin saber qué decir.
-Sí, sí, Draco tu eres perfecto y guapísimo y estás como un tren, eso lo sabe todo el mundo —dijo la chica con tono cansado pero con una sonrisa— Pero Potter… con ese pelo despeinado y esos ojos verdes tan brillantes y la piel morena por el sol del Mediterráneo, esos brazos musculosos… —la sonrisa tranquilizadora de la chica se tornó en una sonrisa predatoria que hizo a Harry sentir el miedo empezar a correrle por las venas.
-Pansy, has bebido demasiado no sabes lo que estás diciendo. Vamos al hotel a pedirte un taxi.
-No he bebido tanto. Sólo estás celoso por qué he dicho que Potter está más bueno que tu —de repente la chica calló y frunció el ceño, pensativa— Quizá tienes razón, no puedo creer que haya dicho eso. ¿Tú que opinas Potter? —Harry, que había intentado fundirse con el paisaje y pasar desapercibido al menos hasta que se cambiara el tema de conversación, enrojeció de golpe y se aclaró la garganta sin saber qué decir.
-Potter no opina nada —dijo Draco cruzando hacia la puerta del hotel. Pocos metros más abajo había un taxi, los tres chicos se acercaron y el rubio le dio la dirección de Pansy— Buenas noches, hasta mañana.
-Bonsoir chéri —contestó la chica dándole un beso en la mejilla— ¡Adiós Potter! —se despidió antes de entrar en el taxi y cerrar la puerta.
-Lo siento mucho. Cuando bebe, por poco que sea, se vuelve un poco…hm, ya lo has visto —dijo Draco mientras sus ojos seguían el coche hacia el final de la calle.
-No pasa nada —le aseguró Harry— Seguro que los agentes del Ministerio se lo han pasado en grande —le susurró a la oreja— ¿Entramos?
-Claro —contestó Draco sonriendo y observando por el rabillo del ojo a las dos chicas que les habían estado siguiendo des de que habían salido del restaurante.
Espero que os haya gustado! Creo que es algo distinto a los demás capítulos, pero yo personalmente me lo he pasado en grande escribiéndolo e imaginándome a Harry y Draco paseando por allí. Nunca me ha llamado muho la atención París (no como Londres, Tokyo o NY XD) pero la verdad es que después de investigar un poco para el fic, me ha entrado la curiosidad XDDD
PD: Guiri, es una palabra coloquial (y con connotaciones algo negatives) que sería algo parecido a turista. Sorry por dar por hecho que todo el mundo lo entendería -.-'
Niea.
