Aquí está el capítulo 14!

Para todos aquellos que querían un capítulo largo... aquí está! Para todos aquellos que querían acción entre Harr y Draco... aquí está! xD

Espero que os guste! yo me lo he pasado muy bien escribiéndolo, la verdad, y seguramente por eso ha acabado siendo tan largo XD

Notas: He subido el rating del fic a causa de las escenas subiditas de tono que a partir de este capítulo vayan a haber (aunque eso no quiere decir que a partir de ahora en cada capi haya eh! XD) Si tales cosas te incomodan, puedes saltarte la escena sin perder nada importante de la trama.

Como ya dije en el capi anterior, todo lo relacionado con la ciudad de París lo he sacado de wikipedia y las frases en francés del google y del wordreference, espero que no haya ningún error garrafal!

Y por si hay alguien a quien le interesan este tipo de cosas (como a mi xD) mientras iba escribiendo todo esto, he escuchado básicamente Vices&Vertues de Panic! at the disco e Illuminated de Miami Horror. Ahora sí, enjoy!

Capítulo 14.-

Levantarse pronto y compaginar su rutina matinal con la de Draco sí fue algo tan complicado como había imaginado. Si no más. El chico había puesto el despertador del móvil a las ocho y media de la mañana y aunque él se había despertado segundos antes de que éste sonara dejó que la estridente melodía llegara hasta el cerebro de Harry para que el chico despertara completamente. Draco, mientras, había preparado lo que iba a ponerse aquel día y una vez estuvo convencido de que el Gryffindor no volvería a dormirse se dirigió hacia el baño para darse una ducha antes de bajar a desayunar. Durante los años en Hogwarts, Harry y sus amigos habían especulado largas horas sobre el tipo de cuidados dignos de la más delicada princesita que el chico rubio necesitaría para su cabello y su piel, pero Harry nunca había acabado de creer en ellos. Hasta ese momento, en el que había tenido tiempo de desperezarse, preparar su propia ropa y esperar pacientemente hasta que el chico dejara libre el baño. Estaba seguro que, si hubiese querido, hubiese podido dar los buenos días a cada uno de los clientes hospedados en el hotel. Cuando finalmente entró en la ducha, pero, tan solo había los típicos botes de champú, acondicionador y gel para el cuerpo. Ningún tipo de cuidado especial, ni cremas en las estanterías, ni tan siquiera un ligero aroma a pétalos de rosa.

El desayuno fue tranquilo, Harry empezaba a recuperar el control de su cuerpo y Draco parecía más concentrado en untar de forma perfectamente uniforme la mermelada en sus tostadas que en hablar sobre cualquier cosa. Tan solo había dos parejas más en el restaurante en aquellos momentos y Harry se sintió enrojecer cuando el significado de aquello logró derribar la última muralla de sueño que cercaba su cerebro. Draco debió percatarse de que algo le ocurría y se le quedó mirando en silencio, tan solo con una ceja alzada y la taza de café frente a él.

-Esto… es muy bonito. París, digo. Nunca había estado y bueno, me ha gustado mucho —dijo Harry, sintiendo que tenía que hablar o aun se ruborizaría más. Draco sonrió y dio un largo sorbo.

-París es la ciudad más bonita del mundo. —Harry quería preguntarle sobre todas las otras ciudades que había visitado, qué le habían parecido y qué hacía de la capital francesa un lugar tan especial, pero no dijo nada. Recordaba lo que había sucedido cuando hablaron de Hawai y no quería que se repitiera, quería que Draco siguiera de tan buen humor como el día anterior. Aunque si seguía despertándole de aquella forma tal cruel, quizá al día siguiente tuviera que hacer algo para vengarse.

-¿Qué vamos ha hacer después de visitar a Parkinson? —preguntó finalmente

-Notre Dame, el Sena… Y con suerte visitar alguno de los locales que Pansy me recomendó.

Tras desayunar volvieron a la habitación, se lavaron los dientes uno junto al otro frente al espejo y el lavamanos, "Como me salpiques de pasta Potter, te enteras" había dicho el rubio con una mirada asesina. O eso creyó Harry, por qué con el cepillo en la boca todo lo que entendió fue cmomslpksdpstpotrtntras. Estaba escupiendo el enjuague bucal cuando por el rabillo del ojo vio a Draco abrir su neceser, guardar el cepillo y la pasta de dientes y sacar de ella un peine y un botecito de color verde y naranja. Harry se le quedó mirando, con la toalla en las manos. No podía creer que fuera a presenciar ese momento; Draco Malfoy peinándose. No sería lo mismo ahora que no lo llevaba hacia atrás con quilos de gomina, pero para Harry aquella escena seguía siendo igual de surrealista. El chico se había vuelto a peinar, aunque no tuviera ni un pelo fuera de sitio, y ahora se aplicaba lo que parecía ser cera para el cabello en las palmas de las manos, se llevó una de ellas hacia la frente e internando los dedos entre las rubias hebras se peinó el flequillo hacia un lado. Los mechones volvieron a su sitio pero algo en ellos había cambiado, se les veía más estilizados e inmóviles. Acabó de peinarse con la otra mano y justo entonces se percató de que Harry le había estado observando.

-¿Qué pasa Potter, celoso de mi pelo?

-Pues sí, la verdad —aceptó encogiéndose de hombros y dejando finalmente la toalla en su sitio.

-No me extraña, he podido comprobar que los rumores son ciertos, aunque nadie lo diría conoces la mecánica de un peine —le contestó Draco con la atención fija en su propio reflejo.

-También conozco la mecánica de las collejas —dijo entre dientes saliendo del baño.

-Te he oído, Potter.

-Felicidades ¿Nos vamos ya?


El edificio donde se iba a celebrar el desfile de moda estaba a tan solo dos paradas de metro, viaje que de nuevo pasaron en silencio. Draco con la vista perdida pensando en Merlín sabía qué y Harry observando a los pasajeros que viajaban con él, arrepintiéndose de no haber traído consigo su iPod.

El instituto era un edificio nuevo, no muy alto pero sí de grandes dimensiones, con un patio interior de césped bien cuidado y bancos de madera. Draco sacó el mapa que Pansy le había dibujado la noche anterior y siguió avanzando hasta llegar a la puerta trasera, que como había dicho la chica estaba abierta de par en par, con un chico frente a ella despidiéndose por teléfono.

-Oh oui, vous devez être des modèles —dijo el chico acercándose a ellos. Les miró de arriba a bajo y les dedicó una sonrisa de amplios dientes blancos. Harry miró a Draco asustado, sin estar seguro de haber entendido lo que el chico había dicho.

-Cree que somos modelos —le susurró a Harry con una sonrisa altanera e hinchando pecho, orgulloso. Ambas cosas desaparecieron de su ser cuando el desconocido se acercó, cogió a Harry del brazo y le hizo entrar al instituto.

-Ah pardon, ¿sois ingleses? No os preocupéis. Venid, venid, estamos con la pgueba de vestuagio —dijo guiándole por un pasillo poco iluminado.

-No, verás, nosotros no somos modelos —trató de explicar Harry, sin saber muy bien cómo zafarse del chico sin ser demasiado maleducado.

-Somos amigos de Pansy Parkinson, ella nos invitó.

Ça alors! Pardon, os había confundido. Lo siento —se disculpó el chico mientras soltaba el brazo de Harry. Aun y así no se separó mucho.

-No pasa nada —le aseguró Harry apartándose un poco de él.

-¡Draco, Potter! Veo que habéis conocido a Armand —dijo Pansy acercándose a ellos con una sonrisa— Armand, mis amigos Draco Malfoy y Harry Potter.

-Enchanté —saludó con una sonrisa.

-Estamos con la prueba de vestuario, algunos modelos ya están en maquillaje y peluquería así que podréis ver todo el proceso.

Los chicos la siguieron, con Armand tras ellos, y de la pequeña sala en la que se habían encontrado con Pansy llegaron a una habitación enorme, blanca y demasiado brillante y ruidosa para la mente no prevenida de Harry. Cuando su vista se acostumbró a los espejos rodeados de bombillas, y su oído al ruido de secadores y gente dando órdenes en francés, Harry tuvo que contenerse para no quedarse con la boca abierta. Había muchísima gente allí, cada uno concentrado en su tarea; maquillando, secando, rizando y retocando, gente yendo de un sitio a otro cargada de telas brillantes y sombreros con plumas y lazos.

-¿Qué os parece? —preguntó Pansy aun con su gran sonrisa en los labios— En diez minutos empezará el ensayo general de la primera tanda. Mis diseños están en la segunda —añadió señalando a la esquina de su izquierda— ¿Vamos? Tengo que asegurarme de que mis instrucciones se siguen al pie de la letra. Daneel quería cambiar el tono de sombra de ojos de Pascal.

El grupo se acercó hacia el sitio reservado para el equipo de Pansy y ésta siguió con sus explicaciones.

-En este desfile no solo se muestra lo que ha aprendido la gente del curso de diseño de moda, los que hacen maquillaje y peluquería colaboran con nosotros también, a principio de curso los profesores crean los grupos y a partir de allí cada uno tiene que apañárselas —dijo mientras observaba como una chica de larga cabellera negra y uñas naranjas convertía el lacio pelo castaño de la chica frente a ella en elegantes bucles— Por suerte, como jefa de grupo he podido decidir y hacer que todo saliera como yo quería.

Harry rió ante aquel último comentario, claro que Parkinson quería mandar y que todo saliera como ella quería, seguro que siempre era así. Draco y Pansy le miraron con el ceño fruncido y él tan solo negó con la cabeza, restándole importancia. Draco se acercó a la chica, señalando a una modelo tres asientos de donde estaban ellos y preguntó algo que hizo sonreír de nuevo a Pansy, quien empezó a hablarle sobre telas y modistos, nada de lo que Harry pudiera entender. El chico iba a dar una vuelta por la habitación, dispuesto a curiosear qué hacían los demás, cuando se dio cuenta de que Armand seguía junto a él.

-Ehm… ¿y tú qué haces? —le preguntó.

-Je suis fotógafo. Me ha invitado una amiga paga hacegle fotos hoy y mañana —Harry asintió, preguntándose donde estaría dicha cámara y por qué Armand seguiría con ellos y no con su amiga.

-¿Y tu qué haces? ¿Estudias aquí en París? —continuó Armand con una sonrisa.

-Oh no, no. Yo… —¿qué le contaba a ese chico? —Soy de Inglaterra, Londres. Estoy aquí por qué Parkinson, digo Pansy, nos invitó.

-Ah… vous et lui… —dijo Armand dirigiendo su mirada hacia Draco, que seguía conversando animadamente con Pansy. Y aunque Harry no tuviera ni idea de francés, aquel tono de voz y aquella mirada eran inconfundibles.

-No, no, no… qué va —negó Harry sonrojándose y mirando nerviosamente hacia donde estaban Draco y la chica, preocupado por si habían oído algo de aquello. Los chicos tan solo les miraron un segundo y volvieron a su conversación— Sólo amigos. Del colegio.

-Ah, c'est très bien —contestó Armand con una sonrisa. Justo entonces le sonó el teléfono y disculpándose se marchó de la sala para contestar. Harry, por alguna razón que no quería analizar demasiado, respiró aliviado.

-Así que haciéndote amigo de los fotógrafos, eh Potter… —oyó que le decía una voz muy cerca del oído. Un escalofrío le recorrió la espalda y no tuvo que girarse para saber que era Draco— ¿pensando en abandonar ese pueblecito y probar suerte en el mundo de la moda?

-Pues no, puedes dormir tranquilo que no voy a tratar de quitarte el puesto —le contestó, girándose hacia él.

-¿Seguro que no? Sé que hechas de menos que te adulen y te persigan pidiéndote autógrafos…

-Chicos, chicos, que no estamos en el patio del colegio —intervino Pansy— ¿Os llevo hacia el teatro de acuerdo? El día que los dos protagonicéis la portada de una revista, el mundo no lo soportará.

-Por cierto —dijo Draco al salir de la sala de maquillaje—¿has cogido la llave de la habitación como te dije Potter?

-Sí, Draco —contestó el chico con voz cansada—me lo has repetido cincuenta veces…

-¿Compartís habitación? —preguntó la chica sorprendida.

-Eh… sí

-Pansy, el Ministerio no quiere que este solo ¿recuerdas? Y cada uno tiene una cama para él solito… —dijo Draco con un hilo de voz, pero ahora, sin el bullicio de los secadores, se le oyó perfectamente.

-Hm... vaya.

Harry les miró sorprendido, ahora a uno ahora al otro, ¿a qué había venido aquello?

Llegaron a lo que Pansy había llamado teatro, una habitación con una larga pasarela en medio y sillas plegables a cada lado. Grandes altavoces decoraban las paredes y múltiples luces de colores colgaban de una intrincada red negra en el techo.

-Sentaos donde queráis, yo me tengo que ir ¿vale? —se despidió con la mano y volvió por donde habían venido con paso rápido.

Ya había varia gente sentada alrededor de la pasarela, así que los chicos escogieron un par de sillas hacia el centro y se dispusieron a esperar.

-Parkinson debe estar de los nervios —dijo Harry de forma casual para tratar de entablar una conversación con Draco.

-No te creas, ella es así, bajo presión es cuando más brilla y mejor se desenvuelve.

-¿Realmente nunca has pensado en hacerte modelo? —preguntó Harry con una sonrisa, entre el comentario del día anterior y la actitud de Armand, el chico sentía curiosidad— Seguro que no te faltaría trabajo.

Draco le miró fijamente durante largos segundos y Harry tuvo que hacer acopio de todas sus fuerzas para no apartar la mirada. Era un piropo, sí, pero a la vez un comentario completamente objetivo con el que coincidiría cualquiera que no fuera ciego, no había razón para ruborizarse.

-Pues no, Potter, no lo he pensado nunca. Al contrario que tu yo no necesito atención y adulación constante —dijo con una sonrisa orgullosa.

-¿Perdona? Recuerdo perfectamente cómo en Hogwarts tenías dos matones que hacían todo lo que querías y todo Slytherin comiendo de tu mano. Casi besaban el suelo que pisabas… —contestó Harry sorprendido. Draco frunció el ceño, y se le oscurecieron los ojos.

-Eso no quiere decir que lo quisiera, ¿de acuerdo? Irónicamente tú tendrías que entenderlo mejor que nadie.

Harry iba a preguntar a qué se refería exactamente, si esa atención era debida solo a quien era su padre y no él, como la suya había sido fruto de su milagrosa victoria siendo tan solo un bebé, cuando sintió una mano posarse sobre su hombro derecho. Se giró y se encontró con Armand, sonriendo y sentándose junto a él, la cámara de fotos colgándole del cuello.

-¿No integumpo nada, vegdad?

-Por supuesto que no —contestó Draco con tono tajante, girándose para mirar hacia la pasarela y cruzándose de brazos.

Justo entonces se apagaron las luces y el ensayo empezó.


Harry nunca había presenciado nada parecido, por supuesto. Como mucho había visto algunas imágenes por televisión durante las noticias, pero no se parecían en absoluto a aquello. Ni cuando había tenido su propio dinero para gastar, había prestado especial atención a la ropa que compraba y ahora, Harry se veía rodeado de elegantes trajes y vestidos, finísimas camisas a cuadros y finas cenefas, chalecos de todos los colores, zapatos, pantalones largos, cortos, a media pierna, faldas, sombreros, corbatas, gafas, plumas, purpurina, estampados de toda clase… Luces, colores y música. Era alucinante. Chicos y chicas perfectamente maquillados y peinados paseaban frente a él con la espalda recta, la mirada al infinito, una leve sonrisa en los labios y el paso seguro. Iban y venían, iban y venían, y tan hipnotizado le tenían que ni tan siquiera el incesante flash de la cámara de Armand consiguió distraerle por un segundo. Y de repente, como si alguien hubiera chasqueado los dedos y el embrujo hubiera acabado, se encontró de pie, con las luces encendidas y aplaudiendo con entusiasmo. Pansy y cuatro alumnos más en el escenario sonriendo y agradeciéndoles su apoyo.

-Ha sido fantastique —dijo Armand cuando los aplausos cesaron y Pansy y sus compañeros salieron del escenario.

-Sí, la verdad. Nunca me ha impresionado mucho el mundo de la moda pero ha sido muy… impresionante.

-Espego que hayan salido bien las fotos. Así paga mañana saldrán mejoh.

-Seguro que sí —dijo Harry sin estar seguro de qué contestar a eso.

-¿Mañana vendgás también? —preguntó Armand acercándosele casi imperceptiblemente.

-Si, vendremos mañana también —intervino Draco desde detrás de Harry. Le puso una mano sobre el hombro y le dijo— Tendríamos que ir a ver a Pansy, decirle lo mucho que nos ha gustado y lo bien que le ha salido.

-Sí, claro, por supuesto —contestó Harry sin entender a qué venía aquella repentina actitud posesiva de Draco— Adiós Armand, hasta mañana.

Cuando vio el ceño fruncido del chico francés y su mirada clavada en Draco, lo entendió todo. Pero ¿sería verdad? Al parecer había bastantes probabilidades de que así fuera, puesto que Draco no le dejó ir hasta que llegaron a la sala de maquillaje, donde aun sin secadores a toda potencia seguía habiendo un bullicio ensordecedor. Encontraron a Pansy en su esquina, riñendo, por lo que parecía, a un chico alto y moreno. Cuando se acercaron más, Harry se dio cuenta de que el chico era, en realidad, una chica, que se fue con la cabeza gacha a desmaquillarse.

-Genial Pansy, ¡genial! —la felicitó Draco dándole un abrazo.

-Ha sido impresionante —repitió Harry, dándole la mano.

-Muchas gracias a los dos, pero no estoy muy de acuerdo. Espero que mañana sí salga perfecto.

-Seguro que sí —la animó Draco.

-Oye, lo siento mucho pero tengo que seguir con los comentarios para los modelos y estilistas, así que de nuevo muchísimas gracias por venir y nos vemos mañana ¿de acuerdo? ¡Estar puntuales para coger buen sitio! —la chica les dio dos besos a cada uno, para sorpresa de Harry y Draco, y se fue a hablar con una de las peluqueras.

-¿Vamos a comer?

Cogieron el metro y se acercaron al IV Distrito, donde tras dar un pequeño paseo y evaluar los diferentes restaurantes que había cerca del Centro Pompidou, Draco escogió un local sencillo especializado en pasta. Harry cayó en la cuenta, entonces, de que el día anterior el chico también había escogido un restaurante discreto y nada extravagante donde comer. ¿Sería para que Harry se sintiera cómodo y a gusto o por qué ese era también el gusto de Draco? Ese día empezaba a presentar demasiadas preguntas.

Pidieron una ensalada para compartir, espaguetis para Draco y raviolis para Harry junto un vino tinto que pasó la meticulosa inspección del rubio. Por suerte, el silencio entre ellos había desaparecido y comentaban animadamente lo que les había parecido el desfile.

-Vaya Potter, no creía que fuera a gustarte tanto.

-¿Y eso?

-Hombre, está claro que tu gusto en moda ha mejorado con los años —explicó el rubio señalándole con el tenedor que tenía en la mano— pero tampoco se puede decir que seas de lo más fashion.

-Bueno, que no me lo fuera a poner no quiere decir que no lo encuentre bonito —le contestó con una sonrisa.

-Por supuesto que no, aunque ¿te has fijado en la camisa esa negra con la corbata naranja fosforito? —dijo Draco tratando de contener la risa, justo en ese momento el móvil le avisó de que tenía un mensaje— Oh, de quién será… —Harry esperó en silencio a que lo leyera, mojando un trozo de pan en la salsa que quedaba en su plato. Eso sí, se fijó en el leve fruncimiento de cejas del chico y en el ligero rubor que atacó su cuello— Era Mary, envía recuerdos y espera que, ehem, lo pasemos bien.

-Oh sí, me envió un mensaje ayer a mí también, cuando volvíamos con Pansy al hotel.

-Vaya, Potter… robando amigos eh, quién lo iba a decir.

-Sabes que eso no es verdad —dijo Harry mientras la amable camarera que les había estado atendiendo durante la comida les retiraba los platos de la mesa— Además, tendrías que… aclararle que tú y yo somos amigos, o lo que quieras que… seamos —añadió antes de que el chico le contestara de nuevo que no eran amigos. No estaba seguro de si lo que iba a decir era lo correcto, pero empezaba a estar harto de ir de puntillas— pero que no hay nada entre nosotros. Creo que no le ha entrado en la cabeza.

Draco tardó, para Harry al menos, que esperaba su contestación con ansia, unos segundos más de lo normal en contestar. Mirando fijamente a Harry mientras jugaba con la servilleta en su regazo.

-No creas que no se lo he dicho. Pero no hace caso, como bien has visto.

La conversación murió allí, seguida de un silencio tenso y eléctrico que fue cortado por la camarera al pedirles qué querrían de postre y café, y extendido durante la tarde mediante miradas furtivas y movimientos nerviosos.

Pasaron de nuevo por el Centro Pompidou —donde se encontraban el Museo Nacional de Arte, el centro de investigación musical y acústica y una biblioteca, le dijo Draco— antes de dirigirse finalmente hacia Notre Dame, la impresionante catedral gótica con sus arcos y sus gárgolas.

-Espero que sepas, que no hay ningún jorobado tocando las campanas —dijo Draco con tono divertido. A lo que Harry le sacó la lengua y algo de tensión logró diluirse entre ellos.

Entraron en la Catedral tras hacer algo de cola y pasaron largas horas entre sus frías paredes, admirando las espléndidas vidrieras y por supuesto el impresionante órgano, curiosamente llamado François.

La muchedumbre se arremolinaba a su alrededor pero Harry no le prestaba atención, Draco había vuelto a proclamarse su guía particular e iba contándole todo lo que sabía y recordaba sobre cada uno de los recovecos de la catedral, rumores y anécdotas que habían sobrevivido a los siglos y que no salían en el panfleto de información que Harry había cogido al entrar. Al estar rodeados de tanta gente se encontraban constantemente chocando el uno contra el otro, sus manos rozándose y sintiendo, incluso, el aliento de uno en el cuello del otro. Cuando finalmente salieron, empezaba a anochecer.

-¿Dónde quieres cenar?

-Ni idea… Donde quieras tú, hasta ahora has hecho un buen trabajo escogiendo —dijo Harry con una sonrisa.

-Podemos dar una vuelta alrededor del Sena y veremos qué encontramos.

-De acuerdo.

Los chicos empezaron a andar, bordeando el río en silencio y observando a los pocos barcos que se veían a lo lejos.

-Si no tienes mucha hambre podemos ir bajando por aquí hasta llegar al Pont Neuf, podemos cruzarlo y dar hasta el hotel.

-Vale, por mi bien.

-Será una buena caminata eh —dijo Draco con una sonrisa desafiante.

-Podemos coger algo para cenar durante el viaje.

-¿Asustado de marearte sin tu ración de chocolate diaria Potter?

-Oh tranquilo, las magdalenas del desayuno llevaban chispitas de chocolate. Lo decía por ti… que por cierto, retiro lo dicho. No has hecho un buen trabajo, ¿dónde están las crepes? No puedo creer que lleve aquí dos días y ni las haya olido.

-De acuerdo, su majestad El Niño Mimado, cenaremos crepes mientras disfrutamos de un bonito paseo al anochecer ¿te parece bien? —Draco le miraba a los ojos, con un brillo curioso en los ojos y una sonrisa divertida.

-Mucho, eres tan considerado —contestó Harry tratando de no ruborizarse mientras le seguía el juego, fuera cual fuera. Ese paseo no era solo bonito, si no que por muchos hubiera sido considerado romántico.

Cerca del puente encontraron un restaurante casi invisible en el que servían crepes para llevar. Ambos pidieron una de jamón y queso y siguieron avanzando hasta llegar al puente, donde Harry quiso descansar, apoyado en la barandilla mientras contemplaba como se iluminaba la ciudad mientras el cielo oscurecía, Draco a su lado comiendo en silencio. La vista era muy bonita, Harry dio un último bocado a su crepe y decidió tomar algunas fotos.

-¿Puedes tirar esto a la basura? —le dijo a Draco tendiéndole la servilleta y el papel con el que había sujetado la crepe.

El chico rubio le miró sorprendido, igual que el mismo Harry, que no había sido consciente de lo que iba a decir hasta que lo había hecho y ahora esperaba oír algún comentario hiriente negándose. Aun más sorprendentemente Draco no dijo nada, cogió los papeles y se dirigió hacia la papelera más cercana. Harry no pudo contenerse y le sacó un par de fotos. El rubio volvió y retomó su lugar junto a Harry, en silencio y con la mirada perdida.

-A veces puedes ser un poco insoportable, pero esto es precioso. Me alegro de haber venido —dijo tras guardar la cámara en su mochila y sorprendiendo a Draco, que había estado perdido en sus pensamientos. Éste se giró para mirarle, expresión completamente en blanco.

-Lo mismo te digo —contestó casi en un susurro, sus ojos grises aun fijos en los verdes de Harry, tan cerca el uno del otro que podían sentir el mutuo calor corporal.

De repente y sin avisar, el recuerdo de la noche de fin de año se presentó con toda su fuerza y esplendor frente a Harry, como un eco de la situación en la que ahora mismo se encontraba; frente a Draco, con el cielo lleno de estrellas y un cosquilleo incontrolable en la boca del estómago. Y tal y como no había hecho aquella vez meses atrás, ahora sí se dejó llevar, estirando el cuello y entreabriendo los labios repentinamente secos. Sabía que Draco era perfectamente consciente de lo que estaba sucediendo y una voz interior empezó a animarle, sus ojos seguían fijos en los grises frente a él, sus labios sentían el aliento del otro chico… Y de repente las risas alegres de un grupo de chicas pasando junto a ellos rompieron la burbuja que habían creado a su alrededor.

Harry se aclaró la garganta, timidez y vergüenza coloreándole de un rojo brillante. Draco le miraba de reojo, sus manos apretando con fuerza el borde de la barandilla de piedra.

-¿Quieres ir a tomar algo? —preguntó Draco finalmente— Pansy me recomendó un par de sitios que están de moda.

-Claro, por supuesto.

Harry no sabía si aquello era una pregunta trampa, codificada para saber si Harry realmente había querido besarle y lo iba a hacer dado un ambiente propicio, así que aceptó. ¿Qué era lo peor que podía pasar? Que los dos hicieran como si nada y pasaran una noche agradable bebiendo un poco para después volver al hotel y dormir. De repente sintió como se le hundía el estómago, no quería aquello. Quería besar a Draco, cogerle de la chaqueta y atraerle a él, sentir su cuerpo junto al suyo y no dejarle ir…


Volvieron al hotel para cambiarse y Harry agradeció mentalmente a Luna por haberle ayudado a hacer la maleta —y escribió una nota mental para comprarle algún souvenir más para agradecérselo— si no hubiera sido por ella solo hubiera traído consigo camisetas y tejanos, nada suficientemente elegante como para que le hubieran dejado entrar en aquel local. A parte del traje para el desfile de Pansy. Y si bien es cierto que seguía vistiendo un par de tejanos, la camisa gris algo ceñida y el chaleco negro que Luna le había recomendado le quedaban estupendamente y le permitían pasar completamente desapercibido entre la multitud. O lo hubieran hecho de no ir con Draco, quien despertaba las miradas de todos los presentes, por supuesto. El chico rubio vestía unos pantalones gris oscuro rectos y estrechos con una camisa negra arremangada a la altura de los codos y los dos primeros botones desabrochados, su chaqueta de cuero descansando junto a la de Harry en el respaldo del sofá en el que se habían sentado. El mueble iba de una punta del local hasta la otra, con varias mesas frente a él donde la gente podía sentarse y tomar algo mientras los demás bailaban, hablaban, se besaban y sobaban.

-¿Qué quieres beber? —preguntó de golpe Draco levantándose y sacándose la cartera del bolsillo trasero.

-No sé… lo que sea —contestó Harry pensando qué le apetecía— ¿¡Eh, no me vas a dejar solo!

-Potter, van a ser cinco minutos, además tus queridos guardaespaldas de la otra punta se asegurarán de que nadie te viole.

Harry miró disimuladamente hacia donde había señalado Draco con la cabeza y vio a los dos agentes, un chico y una chica con una cerveza en la mano pero sin la más mínima apariencia de estar pasándolo bien. Por alguna razón aquello alegró a Harry, se lo tenían merecido, aunque realmente toda aquella situación no fuera su culpa.

-Bonjour beau —oyó que alguien decía junto a él, y no era Draco. Harry se giró y se encontró con una chica morena, de grandes ojos castaños maquillados de negro y un generoso escote.

-Eh… je ne, je no… Ah… mierda, je sui… —trató de decir Harry mientras la chica no hacía más que ampliar su sonrisa carmesí. ¿Por qué tardaba tanto Draco?

-¿Anglais?

-Sí, eso es —dijo Harry asintiendo con fuerza— Y no… estoy aquí con alguien. —añadió dirigiendo la mirada de nuevo hacia la barra a ver si encontraba al rubio.

-¿Y seguro que no estarás mejor conmigo? —susurró en un inglés casi perfecto, acercándosele más sin llegar a rozarle— Estoy segura de que puedo hacer lo mismo que ella tres veces mejor. Y más aun.

-Lo dudo mucho, la verdad—intervino Draco con tono seco. Un vaso en cada mano y la mirada gélida clavada en la desconocida.

-Oh —hizo la chica mirando ahora a Draco ahora a Harry— Pardon.

La chica se levantó, cogió el pequeño bolso que había dejado en la mesa y se fue con la cabeza bien alta murmurando algo en francés que Harry no entendió y Draco no quiso comentar.

-Parece que ya no se puede confiar en el Ministerio, eh… —dijo el rubio con tono burlón mientras le tendía un vaso lleno de un líquido claro y mucho hielo.

-¿Qué es? —preguntó Harry aceptando la bebida.

-Oh Potter, qué es la vida sin un poco de emoción —le contestó Draco antes de dar un sorbo a su propio vaso, al parecer igual que el de Harry.

-Espero que esos dos sí actúen si resulta que me has envenenado —Harry probó la bebida sin saber qué esperar, el resultado fue agradablemente dulce— Está bueno, gracias.

-De nada.

-Lo que he dicho antes era cierto, me lo estoy pasando muy bien. Nunca había ido de viaje con nadie.

-Oh Potter ¿dos sorbos y ya vas borracho? —dijo Draco. Pero no sonreía y sus ojos estaban clavados en su bebida, su tono burlón muriendo a media frase.

-Lo digo en serio Draco, nunca me lo hubiera esperado pero puedes llegar a ser un buen amigo —le contestó con voz seria pero amable, una sonrisa soñadora en sus labios.

-No somos amigos.

-Bueno, pues para mi sí lo somos. O el equivalente a dos personas que se han odiado durante ocho años y que ahora interactúan pacífica y amistosamente a intervalos regulares.

Draco dio un sorbo a su bebida y desvió la mirada de Harry hacia la masa de gente que bailaba frente a ellos. Harry suspiró, regañándose internamente por no haber besado al chico cuando había tenido la oportunidad y por ser un cobarde y no atreverse ni a dar de nuevo el primer paso ni a sacar el tema a conversación.

-De acuerdo, se puede decir que ahora somos amigos ¿qué cambia eso? —dijo finalmente Draco encogiéndose de hombros.

-Bueno…a parte de ser información que protagonizaría la portada de todos los periódicos mágicos alrededor del mundo y haría que la gente creyera que me has hechizado —dijo Harry sonriendo divertido— No cambia nada supongo, pero es algo que me alegra.

-Te alegra ser amigo mío.

-Sí —afirmó Harry sintiendo como se le erizaba el vello de la nuca de repente, como si el aire estuviera electrizándose.

-¿Seguro que no estás borracho?

Harry respiró hondo ¿cómo se lo hacía entender? Alzó los ojos y se encontró con los grises orbes a pocos centímetros de él, incredulidad y asombro mezclándose con algo parecido al aprecio. Harry sonrió, seguro por una vez de qué era lo que tenía que hacer, y cerró la corta distancia que les separaba besando a Draco.

-No, no estoy borracho —le contestó en un susurro sin casi mover los labios— coge tu chaqueta y vamos a bailar.

-¿A bailar?

Harry no contestó, le guiñó un ojo e hizo él mismo lo que le había dicho al rubio, coger su chaqueta y dirigirse hacia la pista de baile. Draco le seguía en silencio, avanzando tras él hasta llegar al sitio más concurrido de la pista.

-Aquí no se puede bailar —dijo Draco con fastidio arrimándose a Harry para dejar pasar un grupo de chicas.

-Ya lo sé —contestó Harry con una sonrisa, sus labios rozando la oreja del rubio y sus manos rodeándole las muñecas.

Draco se apartó lo poco que pudo y le miró a los ojos, procesando la información que se acumulaba en su cerebro. Milésimas de segundo después, sonrió y fue él quien besó a Harry, igualmente un simple roce de labios pero informando de que el mensaje había sido recibido y aceptado.

-Tenía que perder a nuestros queridos agentes —explicó Harry lamiéndose los labios— Aunque sería genial ver su reacción. —Draco sonrió, el deseo brillante en sus ojos, y Harry tuvo que dejar de hablar. Durante largo rato.


La gente bailaba a su alrededor sin prestarles atención, incluso les empujaban a veces, pisaban y clavaban algún que otro codazo, pero el besar aquellos labios que tanto llevaban deseando y poder rozar aquella piel con la que tanto habían soñado hacía que todo lo que no fuera Harry y Draco quedara relegando al fondo de sus mentes. Draco tenía una mano en la nuca de Harry, enterrada entre las fuertes hebras azabache y la otra en un costado de su espalda, acariciando con el pulgar la morena piel bajo la camisa. Sus pechos se rozaban con cada bocanada de aire que tomaban y las manos de Harry recorrían electrizantes caminos por la espalda de Draco, colándose por debajo de la camisa una vez llegaban a su fin.

-Llevo meses imaginando esto —susurró Harry para acto seguido morderle el lóbulo de la oreja sin mucha delicadeza.

-Yo años —contestó Draco bajando sus manos hacia el culo del otro chico para acercarle aun más.

-¿En serio? —Harry le besaba el cuello, sonriendo.

-No te emociones, la mayoría de veces dudo que te hubiera gustado —dijo estirando el cuello para darle a Harry más territorio que besar.

-Pervertido…

-Draco gimió en aprobación y empezó él también a besar el cuello de Harry, dispuesto a volver a dar con aquellos labios dulces y rojos, pero el chico se apartó de golpe.

-Tenemos que irnos —dijo con la mirada fija en algún sitio a la derecha de Draco— ¿Quieres volver al hotel?

El rubio asintió, entendiendo que los agentes del Ministerio iban a encontrarles en pocos segundos y aceptando que de momento era mejor no dar ningún espectáculo.

Salieron del local asegurándose de pasar cerca de la pareja de magos para que estos les vieran marchar y pasaron el corto trayecto hasta el hotel en silencio nervioso. Una vez en el ascensor solo tuvieron tiempo de un corto e intenso beso que les dejó respirando con dificultad. Las manos de Draco temblaban ansiando volver a entrar en contacto con la suave piel de Harry, tanto como lo había imaginado. Y era increíble, le decía su mente, que finalmente eso estuviera ocurriendo. Él y Harry, el maldito Potter al que tanto se había empeñado en odiar, pegados el uno contra el otro, besándose y desabrochándose las camisas…

-Un momento —interrumpió Harry cuando Draco acabó de desabotonarle la camisa. Y para calmarse, repitió— Un momento —se llevó un dedo a los labios para mostrarle al rubio que permaneciera en silencio y con la otra mano sacó su varita del bolsillo interior del chaleco que había dejado caer al suelo. Murmuró un hechizo que Draco no reconoció y dejó la varita en la mesilla de noche con una sonrisa satisfecha— Así nadie oirá nada de lo que digamos, creerán que estamos durmiendo.

-Creía que… Habrían protegido la habitación contra todo tipo de hechizos —dijo Draco mientras observaba a Harry quitarse los zapatos y decidía hacer lo mismo.

-Lo han hecho, pero el hechizo que he usado no es muy conocido, lo descubrió Hermione mientras investigaba durante… nuestro año sabático —acabó Harry con sarcasmo.

El chico moreno se giró, descalzo y con la camisa abierta dejando su pecho torneado y moreno al descubierto, las gafas ligeramente torcidas y el cabello completamente despeinado. Un leve rubor le cubría las mejillas y los ojos verdes brillaban tras los cristales, se mordió el labio nerviosamente y dijo:

-Yo no… no esperaba que nada de esto pasara así que… a no ser que tú…

-No, tampoco he traído condones Potter —dijo Draco riendo ante la cara que puso el aludido— Sabía que los del Ministerio meterían las narices en mi equipaje y no es como si hubiera podido ligar con alguien contigo vigilándome.

-No he estado vigilándote —contestó Harry ofendido.

-Ya lo sé, pero eso es lo que creen los del Ministerio. Y no podía decirles que si realmente quería los condones era para follarme a su querido niño de oro… —explicó Draco acercándose a él sobre la cama, los ojos fijos en los suyos y un brillo hambriento que le hizo estremecer.

Draco le quitó las gafas a Harry, dejándolas sobre la mesita, y sonrió al ver como el chico parpadeaba un par de veces en rápida sucesión acostumbrándose a su borroso entorno. Puso sus manos a cada lado de la cara del chico, acariciándole por unos segundos las mejillas antes de besarle dulcemente, instándole a que abriera los labios y diera paso a su lengua. Sus manos se movieron para acabar de quitarle la camisa y después se colocaron en sus hombros, indicándole que se dejara caer sobre la cama para tumbarse. Draco le besó en la comisura de los labios antes de empezar una tortuosa ruta hacia su pecho y su vientre, pasando por el cuello, la clavícula y los pezones. Harry gemía cada vez más fuerte y se estremecía cuando sus manos acariciaban los ya duros pezones o se posaban en los muslos aun cubiertos por los tejanos. Finalmente, el chico se cansó de de la inactividad y él también despojó a Draco de su camisa y empezó a juguetear con los pezones del chico, sus costados con las costillas que sobresalían ligeramente y su espalda larga y pálida en la que no pudo contenerse de dejar las finas marcas rojizas de sus uñas.

-Entonces… ¿Has hecho esto alguna vez? —preguntó Draco decidiéndose a deshacer el botón de los pantalones de Harry.

-Sí, después de todo tenía que asegurarme que no era solo… No sé, solo tú —dijo Harry doblando las piernas y alzando las caderas de la cama para que Draco pudiera quitarle los pantalones. El chico rubio le miró entonces, curiosidad y decepción mal disimulada mostrándose en sus facciones ruborizadas— Pero… aunque me haya sentido atraído hacia otros hombres —quiso explicar Harry— Y todo haya ido bien… Con nadie llegué, ya sabes, hasta el final.

Draco le besó por ello, una sonrisa dulce y más sincera de lo que Harry hubiera visto antes.

-Estás monísimo cuando te ruborizas… —Harry sonrió y se incorporó para poder acercarse al chico rubio, besarle en la mejilla y acariciarle la espalda para pillarle desprevenido cuando finalmente su mano acabara acariciando la erección que aun restringían los pantalones.

-Mira quien parece un tomate ahora… —le susurró Harry lamiéndole la oreja y acariciando lentamente al chico por encima del pantalón.

-Maldito Gryffindor, eso es jugar sucio.

Draco apartó la mano que Harry tenía en su entrepierna y se apresuró a quitarse los pantalones y, tras cortos segundos de reflexión, también los calzoncillos. Los dejó caer en el suelo, con al resto de ropa que había ido cayendo junto a la cama y volvió a empujar a Harry para que se tumbara y pudiera quitarle los calzoncillos.

-¿Te gusta lo que ves? —dijo Harry con tono gallito.

-Te vuelves chulillo cuando estás cachondo ¿no?—contestó Draco imitando el tono del otro chico. Y cuando éste fue a contestar, su mano se cerró entorno al pene de Harry callándole de golpe— Así está mejor…

Harry se recuperó de la intensa sensación rápidamente y estiró el brazo para imitar a Draco, que había adoptado un ritmo demasiado lento que empezaba a ser una tortura. Así estuvieron algún rato, sintiendo al otro en su mano y sus respiraciones entremezclándose, hasta que Draco paró de golpe y se levantó.

-Tranquilo, ahora vengo —le dijo antes de dirigirse hacia el baño. Segundos después salió frotándose las manos, un olor que hasta entonces Harry no había sido consciente de reconocer expandiéndose por la habitación— Crema hidratante.

Draco volvió a la cama e indicó a Harry que le imitara, cambiando de posición y quedando el uno frente al otro, tumbados de lado. Harry le besó mientras Draco le frotaba las manos para que él también pudiera aprovecharse de la crema.

A medida que el orgasmo se acercaba sus respiraciones se volvían más erráticas, también sus movimientos y sus besos, que habían ido diluyéndose hasta convertirse en gemidos y jadeos incoherentes que llenaban la habitación. Harry fue el primero en correrse, ahogando un grito de placer en el hombro de Draco que tenía frente a él y que mordió con demasiada fuerza. El dolor que pudiera haberle causado el mordisco atacó a Draco como un latigazo de placer que le hizo estremecer de arriba a bajo, corriéndose él también y manchando la mano de Harry y sus estómagos.

Tardaron largos segundos en poder formular algún tipo de comentario mínimamente inteligente, sus cerebros aun inundados por el placer y sus pechos subiendo y bajando con rapidez mientras tomaban profundas bocanadas de aire. Aun sin decir nada, Draco estiró una mano hacia la mesita de noche, cogió la varita de Harry y con un simple movimiento de muñeca limpió sus cuerpos y las sábanas de semen y crema.

-Echaba de menos estos hechizos tan simples —dijo en un susurro, los ojos clavados en el techo y una sonrisa nostálgica. Harry se le quedó mirando, observando por unos segundos la pálida mano entorno a su varita. Dejó escapar una risita ante el doble significado de aquella imagen y por el recuerdo que le envió su memoria de estar él mismo luchando con la varita de Draco dos años atrás— ¿Qué pasa?

-Nada —le contestó Harry aun con la sonrisa en los labios, sus ojos recorriéndole las aun ligeramente ruborizadas facciones, la elegante nariz puntiaguda y el cabello despeinado que le caía sobre la frente— Eres tan guapo.

Harry esperaba que el chico rubio contestara con algún comentario egocéntrico y altanero, pero en vez de aquello se giró hacia él, le pasó un brazo por la cintura y enterró su cara en el cuello de Harry. Susurró Nox, para apagar las luces y volvió a dejar la varita sobre la mesita.

-Buenas noches —fue lo único que dijo, sus labios rozando el cuello de Harry.

-Buenas noches.


Qué os ha parecido? Llevaba muuuucho sin escribir nada superior a un PG-13 así que espero que no os haya defraudado T_T

Muchísimas gracias a todos por vuestros comentarios!

Niea.