Por fiiiin! siento el retraso T_T empezaron a acumulárseme cosas y dejé el fic desatendido T_T pero ya está! por fin he podido ponerme a ello y aquí está el siguiente capítulo!
Espero que os guste ^_^
15.-
Igual que la mañana anterior, la estridente alarma de Draco sonó demasiado pronto para el gusto de Harry. Pero al contrario que la mañana anterior, el rubio no la dejó sonar hasta que llegara a desear arrancarse las orejas. Cuando el silencio volvió a caer sobre la habitación Harry sonrió, dio las gracias en un murmullo silencioso y decidió seguir durmiendo cinco minutos más girándose hacia el otro lado, dándose de narices con una superficie cálida, suave y que olía a… ¿Draco? Harry abrió los ojos y, efectivamente, Draco se encontraba junto a él, sus ojos grises mirándole desde detrás de rebeldes mechones rubios que le caían por la frente. Poco a poco el recuerdo de lo sucedido la noche anterior fue filtrándose en su mente y Harry se sintió enrojecer, más aun cuando Draco le sonrió seductoramente, como si supiera qué estaba pensando.
-Me voy a la ducha, cuando salga espero que no te hayas vuelto a dormir…
El chico rubio le besó en la frente, junto a la cicatriz cubierta por el flequillo, y se levantó en dirección al armario para coger la ropa que iba a llevar ese día. La habitación estaba en penumbra, con las persianas y las cortinas del balcón cerradas casi por completo, pero la poca luz que lograba entrar en la habitación ayudó a Harry a observar a Draco con tranquilidad; elegantes músculos moviéndose bajo pálida piel que por fin había podido acariciar y besar. Harry no sabía cómo les dejaba aquello, si ahora ya se consideraban mutuamente amigos, amigos con derecho a roce o más que amigos… pero el sueño aun no se había disipado del todo y sus neuronas trabajaban con lentitud, así que simplemente siguió observando a Draco con una sonrisa tonta hasta que el chico pasó delante suyo y entró en el baño. ¿Por qué llevaba él calzoncillos y Harry no? El moreno se incorporó y miró a cada lado de la cama, donde pequeños montones de ropa descansaban a derecha e izquierda. Harry suspiró y decidió ordenar un poco la habitación antes de que acabara durmiéndose de nuevo.
Mientras desayunaban, Draco le había dado a escoger qué hacer durante aquella mañana; visitar el Museo del Louvre o ir al Campo de Marte y visitar también la Torre Eiffel. Harry había dudado durante unos segundos, el arte no le entusiasmaba, y aunque tenía curiosidad por ir a tan famoso museo no quería que se volviera a repetir la ya demasiado común escena de Draco hablando y hablando sobre lo que fuera que les rodeaba y él simplemente escuchando y asintiendo. Aunque si era eso lo que al chico le gustaba… Pero pasear por el parque también sería interesante y la Torre Eiffel también era uno de los emplazamientos turísticos obligado por todo aquel que visitara París, y hacía un día espléndido como para no aprovecharlo. Así pues, finalmente, Harry se había decidido por la segundo opción y allí estaban, en el enorme jardín dedicado al dios romano de la guerra.
Habían bajado en la parada de la Escuela Militar, al sureste del parque, para así atravesarlo por completo antes de llegar a la Torre. Harry nunca había prestado atención a aquella inmensa explanada verde cuando había visto fotos del monumento, así que cuando empezaron el paseo se quedó pasmado, sobre todo por qué Draco continuó con las explicaciones históricas pertinentes.
-Draco, en serio, sabes un montón sobre esta ciudad. Pareces Hermione cuando se pone a contar cosas sobre Hogwarts —dijo Harry inconscientemente mientras hacía un par de fotos. Cuando el chico rubio no contestó fue cuando percibió que algo iba mal— Lo… ¿siento?
-No, no pasa nada. Es solo que he pasado mucho tiempo aquí, nunca me había dado cuenta de que realmente sabía tanto de la ciudad — le contestó con la mirada perdida. Harry no pudo contenerse y le sacó una foto.
-Eh! ¿Se puede saber qué haces?
-Es solo una foto… estabas tan mono con esa carita de nostalgia —dijo Harry siendo completamente sincero.
-Espero que la borres
-¿Por qué? ¡Si has salido la mar de bien!
-Potter… —el tono serio en la voz de Draco hizo que la sonrisa divertida se esfumara de la cara de Harry.
-¿Qué?
Pero el chico rubio no le contestó, tan solo miró a un lado y al otro y le besó. Fue un simple roce de labios, un beso rápido y casto que sorprendió a Harry más que si hubiera visto a Voldemort bailando el hula-hula allí en medio.
-Deja de decir tonterías, y si quieres una fotografía sólo tienes que decírmelo —Harry volvió a sonreír, feliz de que Draco le hubiera besado, de ver que lo que había pasado la noche anterior podía repetirse sin problemas. Se sintió ligero de repente, un peso del que no había sido consciente hasta ese momento había volado de sus hombros.
-Entonces ¿quiere su majestad sentarse un momento para que le saque una bella fotografía? —se burló.
-Solo si después tú haces lo mismo.
El camino hacia la Torre Eiffel fue tan divertido y relajante como Harry había esperado, y tan interesante y educativo como podría haber sido la visita al Louvre, pero en vez de aprender sobre arte, lo hizo sobre historia. Una vez llegaron a los pies de la Torre se sentaron en el césped a descansar un momento, observando la gente que paseaba o que también estaba allí sentada. A Harry le hubiera gustado imitar a alguna de las parejas que había por allí, abrazadas o tumbadas con las manos entrelazadas, pero el par de agentes del Ministerio seguían vigilándoles y Harry no sabía hasta qué grado Draco se sentiría a gusto mostrando cariño en público.
-¿Sabes? Una vez, cuando tenía trece años, mis padres estaban en una subasta y me dejaron solo en el hotel —empezó a contar Draco de repente, la vista perdida en el horizonte y acariciando la hierba bajo sus manos con delicadeza— Por supuesto me escapé y me dediqué a pasear por París a mis anchas. Durante mucho tiempo ese fue el mejor día de mi vida.
Harry le miraba con atención, dudando si preguntarle sobre aquel día o esperar a que el chico continuara por él mismo. Finalmente, en un susurró que no había planeado, preguntó.
-¿Y eso? ¿Qué hiciste?
-Nada —contestó Draco dirigiendo la vista hacia el chico— Simplemente me dediqué a recorrer las calles de la ciudad. Las muggles, como hemos hecho nosotros estos días, entrar en las tiendas que quería mirar todos los libros de los que había oído hablar pero nunca podría comprar por ser escritos por muggles... Recuerdo la sensación de libertad que me invadió, de poder ir a donde quisiera sin preocuparme por lo que pensarían de mi, por que allí nadie me conocía. De poder relajarme y comportarme como el niño que era. Aunque como nunca tuve la oportunidad dudo que lo consiguiera —ante aquello Harry rió sin poderlo evitar. Era verdad, no imaginaba a Draco emocionado por una bolsa de caramelos o por pasar un día en un parque de atracciones.
-¡Por las barbas de Merlín! —exclamó de repente— Draco, dime que durante todos estos años que has estado en Francia has ido al menos una vez a Disneyland. —el chico le miró confuso por un momento hasta que pareció entender a qué se refería Harry.
-No, no he ido.
-¿Y qué estamos haciendo aquí? —preguntó alzando la voz a causa del asombro y los ojos abiertos exageradamente.
-Potter, no grites —recriminó el rubio entre dientes.
-Esto no puede ser, en verano tenemos que volver e ir al parque de atracciones. No te preocupes por nada, ya lo arreglaré de algún modo, le prometeré a Kingsley lo que sea para que te deje ir, volveré a Londres de por vida…—empezó a decir Harry sin ser consciente de lo que salía de sus labios— Pero tenemos que ir, el castillo de la Bella Durmiente ¡y el Pato Donald! —Draco le agarró la muñeca y Harry calló de repente, fijando sus ojos verdes, brillantes de la emoción, en los grises del otro chico que le observaban curiosos y con una pizca de incredulidad divertida— ¿Qué?
Pero Draco no contestó, tan solo se le quedó mirando unos segundos más en silencio y empezó a reír. Primero disimuladamente, tratando de reprimir el ataque, ojos cerrados y hombros temblando, para finalmente dejar salir las claras carcajadas que habían ido acumulándose en su pecho.
-Lo estás diciendo en serio… —fue lo que dijo cuando logró calmarse, su mano aun entorno a la muñeca de Harry.
-Claro que sí —contestó el moreno, separándose durante una milésima de segundo para poder entrelazar sus dedos con los de Draco.
-No sabes lo que estás diciendo, pero gracias.
-Draco…
Harry quería abrazarle, besarle y hacerle entender que sí sabía lo que estaba diciendo. Quizá no lo había hecho conscientemente, pero había sentido cada una de las cosas que había dicho minutos antes. Por Draco volvería a Londres ¿No lo iba a hacer de todos modos? Si era por Draco hasta se iría a París a vivir, con sus museos, sus avenidas, sus galerías de arte e iglesias, su historia , su moda, su literatura… ¿Qué más le daba? Nunca había querido nada con tanta fuerza como quería a Draco Malfoy.
Por un momento su mente quedó en blanco y una especie de frío sobrenatural se apoderó de él, la fuerza de lo que acababa de descubrir dejándole casi sin aliento. Quería a Draco, no era solo una obsesión que fuera a diluirse con el tiempo, no era solo curiosidad que pudiera ser saciada charlando un rato con el chico, era algo mucho mayor. Harry tragó saliva y respiró hondo, recordando dónde estaba y por qué.
-¿Vamos a la Torre? —dijo finalmente.
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Las vistas de la Torre eran preciosas; la ciudad de París, kilómetros y kilómetros de ella, a sus pies y a todo su alrededor. Nivel a nivel habían ido subiendo, Draco contando la historia de la estructura y varias anécdotas sobre su construcción mientras Harry hacía fotos sin parar e imaginaba lanzarse desde lo alto con su escoba, sentir el aire frío con toda su fuerza en la cara, el cabello revolvérsele libre y el corazón latirle violentamente en el pecho, las venas llenas de adrenalina… Echaba tanto de menos el Quidditch. Le hizo fotos a Draco y le dijo que le hiciera algunas a él también, después trató de autoretratarse a los dos; estirando tanto como podía el brazo y aguantando las críticas del rubio, hasta que un par de chicas se apiadaron de ellos y les ofrecieron su ayuda con una sonrisa tímida. Harry se lo agradeció de todo corazón.
Mientras bajaban, con el estómago empezando a pedir alimento, Draco hizo un comentario que sorprendió a Harry y le hizo estar seguro de que no, ahora que había empezado a conocer al verdadero Draco Malfoy, nunca se cansaría de él.
-Me han venido ganas de volver a mirar Panorama para matar —Harry no pudo más que mirarle sorprendido— ¿James Bond?
-Sí Draco, ya lo sé… Es solo que, bueno no sabía que conocías a James Bond.
-Harry, llevo años viviendo como muggle, creo que hay pocas cosas que podrían escapárseme sobre su cultura popular —dijo con ese tono altivo que tanto había odiado Harry durante sus años en Hogwarts. Ahora, pero, le hizo sonreír y le dio una perfecta idea con la que seguir conversando animadamente con Draco.
-¿Ah si? Bien entonces, ¿quién es tu James Bond favorito?
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Draco decidió ir a comer a un restaurante japonés que conocía cerca de la zona, y Harry tuvo serios problemas para concentrarse en la comida y la conversación; cada vez que veía a Draco utilizar los palillos o sorber los fideos, su mente conjuraba un seguido de imágenes que, en la intimidad de su habitación o ducha, hubieran sido más que bienvenidas, pero en un restaurante lleno de gente y con Draco comentando los extravagantes vestidos de Lady Gaga, solo conseguían ponerle nervioso y aumentar la frustración que poco a poco iba apoderándose de él.
-No sé por qué, que te guste Lady Gaga es lo más lógico del mundo y a la vez algo tan surrealista que no sé como reaccionar —dijo Harry tras un largo sorbo de agua.
-¿Por?
-Supongo que aun no me hago a la idea de que… No quiero que te lo tomes a mal, de verdad, pero supongo que lo entenderás, que hablar contigo de este tipo de cosas es, por lo menos, algo que nadie hubiera imaginado nunca. No solo por qué seamos tu y yo, si no por ser cosas muggles y… No sé, pero me alegro, me lo estoy pasando muy bien —añadió con una sonrisa. Draco le contestó el gesto y cogió su vaso de agua, Harry iba a acabarse la última brocheta de pollo teriyaki cuando notó como algo le rozaba el tobillo y poco a poco iba subiendo por su pierna hasta la rodilla. Era Draco, aunque nada en su expresión pudiera demostrarlo, Harry lo sabía. Sintió como enrojecía y sin decir nada ni apartarse de aquel pie juguetón, empezó a comer el último trozo de carne.
Al salir del restaurante habían empezado a andar calle abajo sin prestar atención hacia donde iban. Las películas y la música dando paso a la literatura; Draco hablando apasionadamente sobre sus autores magos favoritos y los escritores muggles que le habían llamado la atención desde pequeño, Harry siguiendo el hilo de la conversación y a la vez convenciéndose a si mismo y a su cuerpo de que, con suerte, aquella noche volvería a estar con Draco, los dos juntos en la misma cama, besándose y tocándose, pero que primero tenía que acabar la tarde y, lo más importante de todo, el desfile de Pansy. Y la fiesta después de eso. Harry suspiró, cansado y frustrado, y enfadado consigo mismo por haber dejado que su libido tomara el control de sus pensamientos.
-¿Estás cansado? —preguntó Draco mirándole preocupado— Estamos a dos minutos del hotel, no te preocupes. Podemos descansar un rato antes de prepararnos para el desfile.
-Sí, creo que será lo mejor. Quizá hasta me de otra ducha…
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Llegaron al hotel poco después y subieron en silencio a la habitación, limpia y ordenada tras haber pasado el equipo de la limpieza. Draco se dejó caer sobre su cama y Harry hizo lo mismo, dejando su bandolera con cuidado en el suelo. Cerró los ojos y respiró hondo, estaba cansado sí, pero en el fondo de todo de su mente había una especie de ruido estático que le hizo abrir los ojos y mirar hacia su derecha, donde se encontró con los ojos grises de Draco mirándole fijamente.
-¿Ocurre algo? —preguntó Harry sintiendo como enrojecía y se le secaba la boca de repente, el calor y el deseo que desprendían los ojos del chico haciéndole temblar de anticipación.
Draco no contestó. Se levantó y, descalzo, se acercó a la cama de Harry, quien se incorporó quedando sentado en medio del colchón, con los pies cayéndole por uno de los lados para no ensuciar las sábanas blancas. Draco paró justo frente suyo y aun en silencio se sentó a ahorcajadas sobre él y le besó; con dulzura y tranquilidad primero, las manos a cada lado de su cara, para pasar a un beso apasionado y desesperado después, haciendo caer hacia atrás a Harry, los dos en diagonal sobre la cama. Draco tenía sus manos enredadas en el pelo de Harry y su lengua exploraba cada rincón de su boca sin tregua, utilizando los dientes aquí y allí y gruñendo enfadado cuando Harry le hizo parar para que pudiera dejar las gafas en la mesilla de noche.
-Ya está, no pasa nada —dijo Harry con la voz ronca y la respiración entrecortada, mirando fijamente los ojos grises de Draco que ahora eran casi por completo negros.
Tras cortos segundos de silencio el momento acabó y volvieron a besarse, Harry colando las manos por dentro de la camisa de Draco y acercándole más, instándole a dejar caer todo su peso sobre él. La fricción de ambas erecciones rozándose le hizo gemir y arquear la espalda, deseando mucho más. Draco empezó a repartir besos por su cuello, seguidos de precisos lametones y cuidadosos mordisquitos, y sus manos se dirigieron hacia el botón de los tejanos de Harry, deshaciéndolo y bajando la cremallera para poder así acariciarle por encima de los calzoncillos. Por fin, sentir de nuevo aquel deseo dirigido a él, aquella pasión, pero no iba a estarse quieto y dejar que Draco hiciera todo el trabajo. Harry colocó sus manos en la cintura de Draco, abrió los ojos, inspiró profundamente para calmar su mente durante un par de segundos y volcó a Draco hacia la izquierda para poder ponerse sobre él con una sonrisa satisfecha que el chico le devolvió mientras alzaba sus piernas y las colocaba alrededor de Harry, obligándole a recostarse sobre él para que sus cuerpos volvieran a estar pegados uno contra el otro.
-Llevo todo el día pensando en esto —dijo Draco entre cortos besos, sus manos en los bajos de la camiseta de Harry— Esta mañana quería invitarte a que te ducharas conmigo, pero se te veía tan inocente con el pelo revuelto y la cara de sueño… —el chico tiraba hacia arriba de la camiseta y finalmente Harry alzó los brazos y le ayudó a quitársela. Draco la tiró al suelo y acto seguido dirigió sus manos al amplio pecho frente a él, moreno y musculoso.
-Podrías haberlo hecho —contestó Harry, un escalofrío recorriéndole la espalda solo de imaginarlo— O podemos hacerlo ahora. Yo llevo desde la comida pensando en tus labios, rojos de tantos besos, alrededor de mi polla, chupando y lamiendo.
Aunque Harry estaba seguro de que su cara ya llevaba rato de color escarlata, sintió como una nueva oleada de calor se apoderaba de él, nunca había dicho nada igual en voz alta y no sabía como se lo iba a tomar Draco. Pero al parecer esa era una idea perfecta, pues el chico atacó sus labios con fuerza una vez más, besándole y bajándole los pantalones y calzoncillos mientras Harry se dejaba llevar por las sensaciones. Cuando por fin los largos dedos de Draco se cerraron entorno a su pene no pudo contener el gemido que se le escapó, apretando los ojos con fuerza y las manos a cada lado de la cara de Draco cerrándose en puños.
-Harry, túmbate —le susurró a la oreja con una voz grave y seductora que volvió a estremecerle de los pies a la cabeza.
-Espera, quiero… no es justo —Draco alzó una ceja, curioso, pero en vez de seguir diciendo frases sin acabar Harry se incorporó, sentándose entre las piernas del chico, para poder desabotonarle la camisa. Draco le siguió, acabando él también sentado sobre la cama revuelta y quitándose la camisa una vez Harry hubo acabado con los botones.
Pero en vez de de tumbarse como le había dicho Draco, el chico empezó a besarle por el cuello y el pecho, acariciándole mientras los costados para momentos después dirigir sus manos a la bragueta abultada del pantalón del chico rubio, que dejó de mover su propia mano cuando sintió a Harry rodear su erección y empezar a masturbarle.
-Si de verdad quieres que te la chupe túmbate, o no me hago responsable si te corres antes.
Harry soltó una risita y besó al chico, una vez en los labios y una vez en cada mejilla. Se echó sobre la cama, tratando de calmar su respiración y sus nervios y fijó la vista en Draco, con el pecho al aire y los pantalones y calzoncillos bajados a medio muslo, su pene erecto y oscuro con la punta húmeda por el líquido pre-seminal. Sin desviar sus ojos de los brillantes orbes verdes se pasó la lengua por los labios y avanzó hacia Harry hasta quedar entre sus piernas, a pocos palmos de su erección. Sonrió y cerró los dedos de la mano derecha entorno a ella antes de besar la punta con delicadeza. Todo el cuerpo de Harry tembló, ansioso de más, esperando la magnífica sensación que sabía que se acercaba y que, solo por ser Draco el causante, sería mil veces mejor de lo que jamás había sido sentir una boca cerrarse cálida y húmeda entorno a él, los labios presionando, una mano moviéndose en la base mientras la otra se colocaba en su abdomen acariciando y evitando que alzara las caderas. Las manos de Harry apretaron fuerte las sábanas que tenía entre los dedos y se mordió el labio inferior con fuerza para no empezar a gemir y gritar que así se hacía, que así le gustaba.
Abrió los ojos, no recordando haberlos cerrado, y miró hacia abajo, hacia la cabeza de Draco que subía y bajaba al ritmo que succionaba, lamía y besaba el pulsante pene que tenía frente a él, el cabello le caía por la frente y parte de él estaba pegado su piel por el sudor, que le cubría toda la piel y le hacía brillar con la luz de la tarde que se colaba por el balcón.
-Draco… —dijo sin saber cómo seguir la frase, pero no pareció importar, el chico alzó los ojos y Harry sintió que empezaba a perder el control; la familiar sensación del orgasmo apoderándose de él, el calor del éxtasis acumulándose en su bajo vientre. Los ojos grises, casi negros por el deseo, no se separaron de los suyos, Draco lamió de abajo arriba toda la erección de Harry, capturando un par de gotitas blancas que empezaban a caer de la punta y después volvió a bajar, envolviendo de nuevo el pene del Harry en una magnífica sensación de placer que se hizo con el control de todo su cuerpo— Draco… voy a…
Fue lo único que logró decir antes de que la fuerza del orgasmo le impidiera continuar, cerrando los ojos y dejándose embriagar por aquella sensación indescriptible de euforia que le envolvía como lenguas de fuego quemando entorno a él y le alzaba a lo más alto, dejándole sin respiración y frente a un paisaje blanco e infinito con puntitos negros que iban apareciendo poco a poco, tornando el interior de sus párpados del negro acostumbrado.
Cuando abrió los ojos se encontró con Draco de rodillas en la cama, una mano manchada de semen apretando fuertemente las sábanas, la cabeza caída y la otra mano entre sus piernas moviéndose ágilmente de arriba a bajo. Se le debió de escapar algún gemido o quizá susurrar de nuevo el nombre del chico, pues éste alzó la vista, labios y mejillas rojas, la barbilla manchada de blanco. El cuerpo de Harry pareció tomar el control sin consultar con su cerebro y cuando el chico se dio cuenta, estaba besando a Draco, una mano entrelazada con la del chico, siguiéndole el ritmo y la otra en su cuello. Sintió que Draco se tensaba y el semen cálido empezó a escurrirse entre sus manos. Respirando con dificultad se separó de él y se dejó caer de nuevo sobre la cama, limpiándose la mano descuidadamente sobre la sábana y esperando a que el rubio se recuperara también.
Recordaba que Draco se había recostado a su lado, sonrisa satisfecha en los labios y mechones rubios y sudados cayéndole por la frente, recordaba haberle besado y empezar a acariciarle la espalda. No recordaba haberse quedado dormido, pero al parecer eso era lo que había sucedido, pues de repente abrió los ojos y pasaban cinco minutos de las cinco y media.
-Mierda —dijo entre dientes. El desfile empezaba a las siete, pero tenían que estar en el instituto como muy tarde a las seis y media… —Draco, levanta… ¡Draco, tenemos que ducharnos y vestirnos o llegaremos tarde!
Aquello pareció funcionar, Draco abrió los ojos de repente y se incorporó mirando confuso a un lado y a otro.
-¿Harry?
-Sí, nos hemos quedado dormidos, y si no nos damos prisa llegaremos tarde y Pansy nos matará…
Aix, parece que nunca me acostumbraré a escribir escenas como estas... espero que no haya sido nada demasiado horroroso ^^'
Espero que os haya gustado! y en el próximo capítulo tendremos el desfile de Pansy y poco a poco el fic irá llegando su fin... oooohhhhh xDDD
MUCHÍSIMAS GRACIAS por todos los comentarios, los favoritos, etc! significa muchísimo para mi!
Niea.
