Y aquí el nuevo capítulo! ^^
16.-
Sin saber muy bien como, Harry y Draco se las habían apañado para llegar al Instituto antes de las seis y media. Duchados, peinados, aseados y bien vestidos. Lo último sobre todo gracias a Draco, que le había ayudado a hacerse el nudo de la corbata mientras esperaban el ascensor y luego bajaban en él, ignorando con todas sus fuerzas las miradas cotillas que los demás huéspedes les dirigían. Salieron del hotel justo cuando daban las seis y cogieron un taxi hasta el edificio, donde por suerte pudieron mezclarse con otros invitados al evento y no llamar la atención por su retraso.
Cuando llegaron a la sala del desfile, la misma en la que habían estado poco más de veinticuatro horas antes, quedaron sorprendidos de lo irreconocible que estaba. Llena de gente elegante, glamorosa y refinada, sentada en las ordenadas sillas o de pie en los pasillos, hablando, riendo y sobre todo, esperando el gran evento. Harry no se dio cuenta de que se había quedado parado a medio camino, observando todo lo que le rodeaba y sintiéndose como un intruso y total inepto, hasta que Draco le agarró de la muñeca y le guió hasta un par de asientos vacíos y ligeramente bien ubicados. Seguro que él se sentía tan a gusto como en una de las fiestas que los Malfoy solían dar en su buena época, se dijo Harry observándole. Draco había decidido peinarse como en sexto curso, el cabello diligentemente engominado y con la ralla al lado, y aunque a Harry le gustaba más cuando lo lucía libre o con algo de cera, no podía negar que ese estilo sobrio, acompañado del traje negro y camisa gris, le sentaba a la perfección; resaltando sus finos rasgos, su cabello rubio y sus ojos plateados.
Se sentaron junto a una pareja de mediana edad muy elegante que les saludó con una sonrisa y una educada inclinación de cabeza, y se dispusieron a esperar; viendo como poco a poco los invitados iban ocupando sus puestos y la sala se llenaba del murmullo expectante de todos ellos.
-Espero que Pansy se haya tomado cuatro tilas o que haya conseguido lanzarse un hechizo tranquilizador —le susurró Draco a la oreja.
-Yo también, tiene que disfrutar de su gran día. Solo con que salga tan bien como ayer ya será un éxito seguro.
-No le digas eso que se enfadará. Me estuvo enumerando los múltiples errores que había encontrado en tan solo los primeros cinco modelos y te diré que hubiera necesitado un par de manos más…—Harry sonrió ante aquello, Slytherins y sus ansias de perfección— Por Merlín Potter, por qué te he visto peinarte, —dijo de repente Draco mirándole incrédulamente— que si no creería que te habías olvidado de usar el peine en esa mata de pelo que tienes —Draco alzó una mano y trató de domar dicha mata de pelo— No sé como nadie no te ha dicho nada, yo no te hubiera dejado ni entrar…
-Déjame, lo estás empeorando —se quejó apartándose del chico— Además, la gente creerá que es una nueva moda o algo —se defendió. Draco bajó el brazo y le miró con una ceja alzada, anunciando con ella su más sincero sentimiento de duda— Oh, mira allí está Armand.
Harry lo dijo sin pensar, reconociendo al chico que había conocido el día anterior por la cámara frente a sus ojos y su peinado extravagante; corto por los laterales, ligeramente más largo por el centro y el flequillo de lado casi tapándole un ojo. Era posible que Armand hubiera querido algo de Harry que éste no le iba a dar, pero le había caído bien. A Draco, al parecer, no tanto. El rubio se había tensado en su silla y miraba al fotógrafo con el ceño fruncido. Harry le iba a preguntar, con una sonrisa satisfecha en los labios, si estaba celoso, cuando las luces se apagaron y una suave música empezó a sonar por los altavoces que llenaban el lugar. Todo el mundo calló al instante, las luces del escenario se encendieron, la música adoptó un ritmo mucho más seco y rápido, y el desfile comenzó.
Las manos le dolían de tanto aplaudir pero no importaba. Sus labios formaban una sonrisa de oreja a oreja y, como todo el público, estaba de pie maravillado del espectáculo que acababa de presenciar. Podía no entender de moda, ni de tendencias, telas, tiros, caídas o sisas, pero el desfile le había dejado con la boca abierta y una palpitante necesidad en su interior de aprender sobre moda, culturizarse en ese aspecto y, quizá, llegar a ser tan elegante como Draco. Aunque eso era mucho pedir.
El chico rubio le miraba, sonriendo también aun cuando los aplausos iban cediendo. Le brillaban los ojos de satisfacción y asombro y su cabello había perdido algo de su engominada rigidez inicial.
-¿Qué te ha parecido? —preguntó mientras volvían a sentarse, esperando a que los diferentes diseñadores salieran al escenario para saludar.
-Increíble —contestó Harry— nunca creí que esto me gustara tanto.
-Me alegro —Draco dio un par de palmaditas al muslo de Harry antes de apretar ligeramente y separarse una vez más.
Pansy, rodeada de sus compañeros, hizo su aparición en el escenario y Harry y Draco volvieron a aplaudir con fervor. La chica iba preciosa; con un vestido largo de color verde oscuro —cómo no, pensó Harry— de tirantes y un escote en V que le realzaba los pechos de una forma sutil y elegante, y unas sencillas sandalias negras con un tacón de vértigo. El cabello oscuro lo llevaba recogido en un moño del que parecían haberse escapado — aunque Harry apostaría que estaba hecho todo a propósito, seguro— algunos mechones ligeramente rizados. El maquillaje era natural y sobrio, y en cuanto a complementos se había decidido por un fino collar de plata con una piedra de ónix reposando en su escote.
-Está guapísima ¿verdad? —oyó que decía Draco, y él solo pudo asentir, observando a los demás chicos y chicas que la acompañaban, quienes aun y vestir todo tipo de trajes y vestidos rebosantes de estilo y originalidad, no acababan de tener el mismo porte grácil que Pansy parecía desprender. Seguro que la chica se enorgullecería si Harry se lo comentaba.
El grupo de alumnos fue alabado y elogiado por varios profesores y luego éstos hicieron entrega de un cuidado ramo de flores para cada uno de los estudiantes.
-Y ahora, estimado público —dijo el hombre que había sido presentado como el director del Instituto— les invitamos a salir al jardín, donde hemos preparado un pequeño aperitivo con el que puedan acabar esta maravillosa tarde. Muchas gracias una vez más por su asistencia —el público aplaudió de nuevo y esperó a que profesores y alumnos bajaran del escenario para empezar a levantarse y dirigirse hacia el patio para disfrutar del piscolabis.
Por supuesto, de "pequeño aperitivo" aquello no tenía nada. Decenas de pequeñas mesas redondas adornaban el jardín, con sus manteles negros, sus velas de decoración encendidas y sus numerosos platos de canapés y aperitivos preparados de tal manera que pudieran ser comidos de forma elegante con las manos y sin acabar ensuciándote ni la ropa ni los dedos. A la izquierda de todo, una larga mesa rectangular hacía de barra de bebidas, donde cinco camareros uniformados servían champán, vino y todo tipo de cócteles que se les pidiera.
-Tendrás que ayudarme con todo esto —le dijo a Draco de repente, cogiéndole de la mano y hablando en susurros— No solo no tengo ni idea de francés, tampoco sé qué es lo que me están dando de comer ni la manera apropiada de comerlo. Ni lo que debo pedir para beber que no me haga parecer ordinario y vulgar.
-Harry, —dijo Draco con una sonrisa y tono paciente, como si estuviera hablando con un niño pequeño— no te preocupes de nada. Tú haz lo mismo que yo y no habrá ningún problema.
-Pero no quiero comer caracoles. Y no me gusta la mayonesa… —de repente, toda aquella situación parecía mucho más aterradora que cualquier enfrentamiento con Voldemort. Draco se puso frente a él y le colocó bien el nudo de la corbata, apretándolo un poco.
-Lo tendré en cuenta ¿Algo más su majestad? —Harry pensó en ello y negó con la cabeza, por el momento no se le ocurría qué más alimentos no eran de su gusto. Draco rió por debajo de la nariz y le dio un rápido beso en los labios— Entonces, adelante y disfruta.
Eso era más fácil decirlo que hacerlo, pero tras descubrir que comer todas aquellas pijadas y delicatessen no era tan asqueroso ni difícil, y con un par de copas de cava nadando en su sangre, Harry consiguió relajarse lo suficiente como para sentirse a gusto. Draco, por supuesto, se desenvolvía como pez en el agua, hablando con extraños en aquel francés tan sexy que salía de sus labios sin esfuerzo, piropeando a hombres y mujeres con una sonrisa tranquilizadora y riendo educadamente ante comentarios ingeniosos y bromas sin gracia. Harry empezó a pensar si aquello podía convertirse en algo usual para él, algo con lo que en un futuro pudiera sentirse cómodo. Tan solo tenía experiencia en actos y eventos organizados por el Ministerio y en todos y cada uno de ellos él había sido el protagonista, sintiendo el peso y la responsabilidad del éxito en sus hombros, la luz de la fama cegándole y haciéndole sudar. No había disfrutado de ninguno de ellos y nunca lo haría. Pero ser un invitado más, con Draco a su lado… De repente negó con la cabeza y parpadeó un par de veces en rápida sucesión, por suerte nadie le prestaba atención. No podía pensar en aquello, toda esa fantasía se sustentaba en que él y Draco tuvieran un futuro juntos, en que Draco recuperara algo de su fama, dinero y posición, y la tranquilidad del anonimato nunca sería algo de lo que pudieran disfrutar aunque consiguieran estar juntos cien años en el mundo muggle. Suspiró con pesar y decidió ir a buscar algo más fuerte que media copa de champán.
Justo entonces, sintió como un par de dedos le picaban en la espalda pidiendo su atención.
-¡Bonsoir Haggy! Me alegro de vegte
-Armand, lo mismo digo…
Harry estrechó la mano que Armand le ofrecía y sonrió con algo de nerviosismo. Draco seguía hablando con la pareja que había estado sentada a su lado durante el desfile, Señor y Señora Belacour, y parecía no haberse dado cuenta de la llegada del chico.
-¿Te ha gustado el desfile? —preguntó Armand con una sonrisa.
-Sí, mucho. Ha sido impresionante —Harry dio un sorbo a lo que quedaba de su champán para disimular su incomodidad. El chico le caía bien pero no sabía cómo reaccionaría Draco si el francés trataba de ligar con él de nuevo. Una sensación cálida se extendió por su estómago ante aquello, Draco celoso… Al ver que había desconectado de la conversación, Harry se aclaró la garganta, dejó la copa vacía en la mesa y ahondó en su comentario— Nunca había asistido a un evento igual. ¿Has hecho muchas fotos?
-Oh oui, y espego que hayan quedado muy bien —dijo el chico orgulloso— Qué pena que haya dejado la cámaga en el coche, podgía habeg hecho alguna foto más. Quizá una visión más humana de los diseñadores, de alguno de los invitados… —ante aquello su sonrisa se ensanchó y le guiñó un ojo a Harry, quien se ruborizó y sintió la necesidad de parar la conversación.
-Ehm… Armand, me halaga mucho que… pero verás…
-Oh, no sufras Haggy. Os he visto —explicó acercándose a él sonriendo de forma divertida— Aunque me duele, ayeg digiste que solo égais amigos…
-Oh, bueno, verás… —¿Por qué le pasaba todo aquello a él? Justo entonces, Harry sintió un brazo rodearle la cintura y a Draco decir:
-¿Todo bien por aquí Harry? —para acto seguido besarle en la mejilla.
-Très bien —dijo Armand separándose unos pasos de la pareja— Tan solo le decía a Haggy lo buena pareja que hacéis. ¿Segugo que no os gustaría posag paga moi?
Los chicos se miraron, Harry nervioso y ligeramente incómodo, Draco dudando entre negarse educadamente o empezar a rociar a Armand con críticas e insultos vedados. ¿Quién se creía que era para ligar con su Harry aun y sabiendo que su pareja estaba frente a él? Por suerte, Pansy les ahorró tomar una decisión.
-¡Draco, Harry! ¡Armand! Cuánto me alegro de poder veros por fin —dijo la chica acercándose con una sonrisa.
Se la veía cansada y quizá el peinado había perdido algo de su elegante confección, pero era innegable que la chica era feliz y lo estaba pasando maravillosamente.
-Pansy, ha sido increíble —dijo Draco besándola en una mejilla.
-Sé que no estarás de acuerdo, pero ha salido perfecto —comentó Harry con una sonrisa.
-Oh Harry, casi tienes razón. Y por supuesto que ha sido increíble, Draco, ayer estuvimos hasta las tantas de la noche puliendo detalles. ¡Hasta tuvimos que recoser varias costuras de uno de los vestidos finales! Pero no importa, ya ha pasado todo, y nunca creeríais la de tarjetas de diseñadores y gente rica que llevo en el bolso —exclamó alzando el pequeño rectángulo negro que llevaba en las manos— ¿Alguien puede darme algo de beber? Tanta emoción me da sed.
Los chicos rieron y aprovecharon que pasaba un camarero por su lado para coger cada uno una copa de champán.
-Por la moda —dijo Draco— por todo lo bueno que hace por nosotros.
Los cuatro alzaron su copa hacia el centro, haciendo que chocara muy suavemente contra la de los otros, y dieron un largo sorbo.
-Espero que hayas hecho muchas fotos Armand, no puedo esperar a verlas. Periódicos, revistas, páginas web, mi portafolio…
La noche siguió sin más percances, Draco y Pansy se pusieron a hablar sobre una de las fiestas a las que habían ido de niños, siendo el anfitrión algún Lord o Conde importante que Harry suponía había sido mago, y él se quedó con Armand, quien una vez dejaba de ligar y piropear, era tan o más simpático como Harry había creído. Hablaron de futbol —deporte al que Harry se había aficionado al vivir entre muggles—, lo que Harry y Draco habían visitado durante su estancia, sus respectivos sitios favoritos de Londres… En conjunto, la noche fue todo un éxito. Harry no pensó ni por un segundo en los dos agentes del Ministerio que debía de tener siguiéndoles, y aunque le hubiera gustado bailar con Draco en el pequeño espacio habilitado para ello, sentir su calor a su lado y jugar distraídamente con sus dedos mientras cada uno hablaba de una cosa completamente distinta, no estaba nada mal.
Finalmente, pasadas de largo las doce de la noche, cuando el patio estaba ya medio desierto y los aperitivos y canapés hacía mucho que habían sido retirados, los chicos se despidieron. Harry intercambió con Armand su dirección de e-mail con la promesa de enviarle las mejores fotos del desfile y quedar la próxima vez que los dos estuvieran en Londres, y Draco y Pansy se desearon suerte a borbotones, un buen futuro y volver a verse pronto —y aunque Harry no pudo oírlo bien, estaba seguro que la chica también le animó a portarse bien con Harry y no estropear la relación. Él y Pansy estrecharon la mano, se desearon suerte con una sonrisa ligeramente incómoda y finalmente, antes de separarse, la chica le abrazó fuertemente susurrándole al oído que lo sentía. Harry supuso que por todo lo que había hecho durante sus años de Hogwarts, así que tan solo se encogió de hombros, retiró uno de los mechones que se le habían escapado del moño —esta vez sí sin querer— y le dijo que no se preocupara.
Volvieron al hotel andando, disfrutando de la fresca brisa y el romántico ambiente que les ayudaron a bajar el alcohol que habían ingerido, el uno muy cerca del otro pero sin llegar a darse la mano. Ahora no había una muchedumbre de invitados que les tapara. Llegaron al hotel felices pero exhaustos, así que nada más abrir la puerta de la habitación se tiraron a la cama, la de Harry, y soltaron un placentero gemido al poder descansar por primera vez tras horas de estar de pie. Harry giró el cuello para quedar frente a Draco y sonrió con cansancio.
-¿Ha estado bien, verdad? — el chico rubio asintió y se acercó más a él, rodeándole la cintura con un brazo.
-Te agradezco tanto que hayas hecho esto por mi, Harry. Significa mucho para mi y para Pansy. Prometo compensártelo algún día, pero hoy no puedo, estoy taaaaan cansado —Harry rió suavemente. Draco ya tenía los ojos cerrados y las palabras tropezaban las unas con las otras entre sus labios debido al cansancio. Harry estiró el cuello y le besó la punta de la nariz.
-No te preocupes. Pero tendríamos que desvestirnos ¿me oyes? O mañana vas a estar de un humor de perros por qué el traje se te ha arrugado…
-Hmm… varita, recuerdas… —creyó entender Harry, quien sacó su varita del bolsillo interior de la americana y murmuró un hechizo para dejarles a los dos en calzoncillos y luego uno para que la ropa estuviera bien doblada sobre la otra cama y los zapatos bien colocados a sus pies.
Harry dejó la varita sobre la mesita de noche y se disponía a dormir él también cuando el recuerdo de aquella tarde le vino a la memoria; había sido tan solo horas atrás pero parecían años; la pasión, el calor, el deseo… que le habían cegado y habían hecho que olvidara colocar el hechizo de camuflaje que había utilizado la noche anterior. De repente toda la calidez que le había recorrido el cuerpo, la calma y la comodidad de descansar junto a Draco, desaparecieron y fueron sustituidas por un frío polar de desasosiego.
-Draco… —dijo tras murmurar el hechizo, pero el chico no contestaba— ¡Draco!
-¿Qué? —preguntó el rubio enfadado.
-¿Sabes esta tarde, cuando hemos vuelto del hotel? —Harry calló para que Draco contestara, pero no lo hizo— Bueno, pues que no había hechizo camuflador en la habitación, así que… los agentes que nos vigilan deben de haberlo oído todo…
-Harry, no creo que estén veinticuatro horas sobre nosotros —contestó finalmente Draco con lentitud— Seguro que tienen un detector de palabras clave, como los muggles con el terrorismo.
-¿De verdad lo crees?
-Sí, y si no ¿qué le vas a hacer? Ahora déjame dormir, estoy cansado…
Harry asintió, la respuesta de Draco no le había tranquilizado mucho pero estaba tan cansado… Y además, no era como si Kinglsey fuera a filtrarlo al Profeta ¿cierto? Seguramente antes querría hablar con él, asegurarse de que Malfoy no le había hechizado… Empezó a agobiarse y se negó a seguir pensando en eso, mejor se centraba en la acompasada respiración de Draco, en su mano acariciando su costado, dibujando pequeños círculos, su cuerpo cálido junto a él… Finalmente, Harry cayó dormido también.
Lo primero que su cerebro procesó al dar el primer paso hacia la consciencia, fue que algo muy suave le rozaba el cuello. Lo segundo fue el cálido cuerpo junto a él y lo tercero el nombre de Draco susurrado en su voz, ronca y grave. Acercó más el pálido cuerpo junto a él y empezó a acariciar la espalda en la que reposaban sus manos. Sintió como el chico despertaba también, el cambio en la respiración, la tensión de los músculos, unos labios besándole el pecho…
-Buenos días… —saludó
-Buenos días —contestó Draco para seguir besando todo lo que sus labios encontraban frente a ellos.
Harry aun no estaba despierto del todo, no quería, pero al parecer su pene sí pues estaba empezando a erguirse entre sus piernas. Trató de comprobar la hora en su reloj de muñeca, alzando el brazo tras Draco, pero sin gafas era una tarea imposible.
-¿Draco, qué hora es?
Oyó al rubio refunfuñar, y como respuesta el chico le empujó hasta quedar boca arriba en la cama, con Draco colocado ahorcajas sobre él, atrapando sus piernas entre las suyas y mostrándole a la incipiente erección de Harry una de propia. Finalmente Draco agarró el brazo de Harry y se lo acercó a los ojos.
-Las nueve —dijo con el ceño fruncido.
-Mierda… —se quejó Harry dejando caer el brazo sobre la cama— Tenemos que dejar la habitación antes de las diez… y el desayuno es hasta y media…
-Siempre podemos pedir al servicio de habitaciones que nos lo suba… —propuso Draco curvándose sobre él y besándole el cuello.
-Tienes razón… —aceptó Harry con un suspiro satisfecho— pero también tenemos que ducharnos, vestirnos, hacer las maletas…
-Potter —le interrumpió Draco— uno creería que querrías estar en cualquier otro sitio que aquí conmigo —a lo que el rubio mordió sin mucha delicadeza la clavícula que tenía frente a él e hizo un movimiento de caderas que provocó que ambas erecciones se rozaran y Harry gimiera sorprendido.
-Créeme, ese no es el caso —le aseguró con una sonrisa y un nuevo movimiento de caderas por su parte. Apartó el cabello de la cara de Draco, y continuó— Pero tengo una idea mejor, qué te parece si llamas al servicio de habitaciones y pides el desayuno, nos vamos a la ducha y nos hacemos cargo de un par de cosillas, para al salir tener la comida esperándonos…
-Me parece perfecto —contestó Draco incorporándose y acariciando el amplio pecho de Harry— excepto que esto —dijo señalando hacia su entrepiernas— no es una cosilla.
-Perdone su majestad, tiene razón.
Los chicos rieron y tras unos segundos Draco se apartó de encima de Harry, alargando un brazo para coger el teléfono. Mientras hacía el pedido para el desayuno Harry sacó la maleta del armario y la abrió en un rincón de la habitación, colocándolo todo de la mejor manera posible con ayuda de la magia. Finalmente, fuera solo quedaba el conjunto que iba a ponerse ese día y su mochila con la cámara de fotos.
Desayunaron en el pequeño escritorio de la habitación, saciados, duchados, vestidos, y sobre todo agradecidos a la magia por haberles ayudado a hacer las maletas con eficiencia y rapidez. Comían en silencio, cada uno pensando en sus cosas, cuando de repente Harry tuvo que preguntarlo.
-Oye, Draco… —el chico alzó la vista hacia él y Harry tuvo que tragar saliva con fuerza— Ayer, por la mañana, dijiste que el día más feliz de tu vida fue cuando te escapaste de tus padres y pasaste el día solo recorriendo las calles de París… Ehm… ¿sigue siendo ese, el día más feliz de tu vida? —sabía que sus mejillas, y seguramente toda su cara, cuello y cuerpo entero, estaban teñidas de un rojo brillante y que parecía un idiota preguntando aquello. Pero algo dentro de él quería saberlo, saber si Draco lo había pasado bien con él allí, si había conseguido dejar atrás las malas experiencias y vivencias de su juventud, al menos en su mayoría, como Harry lo había logrado, como Harry había disfrutado de aquellos tres días como hacía mucho, demasiado, tiempo que no lo hacía. Draco dejó ir una risilla seca y corta que hizo que se le encogiera el corazón, pero cuando volvió a mirar a Harry sus ojos eran cálidos y brillantes como nunca los había visto.
-Sí, Harry. Ese sigue siendo uno de los días más felices de mi vida. Y yo también lo he pasado bien estos días —dijo como si pudiera leerle la mente— Me alegro que pasara todo lo que ha pasado estos últimos meses. Y espero que los agentes del Ministerio también lo hayan pasado bien —añadió con un tono de voz más alto y una sonrisa socarrona que hizo a Harry estallar en un ataque de risa.
El camino de vuelta al café donde habían quedado con los agentes del Ministerio pasó demasiado rápido para los dos. Tan solo les dio tiempo de dar una vuelta, comprar alguna postal, hacer unas fotos más, y coger el metro. No hablaron mucho durante aquel corto rato, tan solo comentando pequeños detalles aquí y allí, compartiendo su intranquilidad a través de las manos que tenían entrelazadas. No fue hasta que quedaban un par de paradas para su destinación, que Harry empezó a explicar todos sus planes de futuro; Como iba a volver a Londres una vez el contrato de su piso acabara y arreglara los pocos trámites que tenía en curso en Menorca, como hablaría con Kingsley sobre mantener su privacidad y sus apariciones en público a un mínimo, como le diría también que desistiera en su empeño de convencerle de que se convirtiera en Auror, como había pensado en seguir estudiando pastelería y poder llegar, algún día, en montar una pequeña tiendecita, como compraría un piso en el Londres muggle, y sobretodo, como Draco era más que bienvenido a él, a formar parte de todo aquel incierto futuro que quería ver crecer.
Draco permaneció en silencio durante todo aquello, observando a Harry, sus ojos verdes tan sinceros, sus mejillas morenas pero aun así fácilmente delatoras de la vergüenza que confesar todo aquello hacía sentir a Harry, sus manos fuertes y ágiles tensándose y relajándose en su falda, nerviosas. Draco permaneció en silencio hasta que salieron a la calle, al aire fresco de primavera y al bullicio de la población parisina.
No sabía qué contestar, él había esperado que su relación con Harry permaneciera en la distancia durante un tiempo más, permitiéndole acostumbrarse a ello, aclarar sus pensamientos y sentimientos, ¿y no eran casi seis meses suficientes? Si el estar juntos en Londres no funcionaba… siempre podía decir que lo había intentado, pero que nunca habían sido precisamente indicados el uno para el otro, no ellos dos. Aunque no fuera verdad. Y así, Draco Malfoy aceptó intentar mantener una relación con Harry Potter aunque ninguno de los dos supiera como.
Cuando llegaron al café, los dos agentes del Ministerios ya estaban allí. Se acercaron a ellos y les saludaron con un tono más amable y simpático de lo que Harry había esperado, cuando la mujer les dirigió un par de miradas curiosas y les dijo que, si querían unos minutos para despedirse, podían hacerlo, Harry supo con toda seguridad, que la idea de Draco de que no habían estado bajo vigilancia veinticuatro horas era mentira. Al parecer, por el rojo de sus mejillas, Draco también lo creía. Agradecieron la consideración pero tan solo estrecharon la mano, con una sonrisa y una mirada de aprecio. Los agentes informaron a Harry de que recibiría noticias de Kingsley esa misma tarde o al día siguiente y procedieron a guiar a Draco hacia la chimenea. Harry siguiéndoles minutos después.
TBC...
Sí, esto va llegando al final! Quién lo iba a decir, yo seguro que no XD
MUCHÍSIMAS GRACIAS a todos los que comentáis, leéis, favoriteáis y, sobre todo, no habéis perdido la paciencia ni la esperanza conmigo y con el fic! me hace muuuy feliz :3
Niea.
