Nuevo capítulo!

Espero que os guste, que ya se acerca el final T_T

17.-

Lo primero que había hecho al llegar a casa había sido dejarse caer en el sofá y respirar hondo. Nunca le había gustado viajar en polvos Flu y después de pasar tres días en París, donde había imperado un clima fresco y nublado, llegar a Menorca y recibir de lleno en la cara una bocanada de aire cálido y húmedo no le había sentado demasiado bien. Nunca lo hubiera creído posible, pero mientras recorría el camino hacia casa desde el único bar mágico que había en la ciudad, se dio cuenta de que una de las cosas que más echaba de menos de Londres, por extraño que pudiera parecer, era el clima. Era bonito disfrutar del sol, ir a la playa y empaparse de toda aquella vitalidad brillante, gozar de días enteros con un cielo despejado casi por completo, con nubes blancas y esponjosas que no amenazaban con tormenta día sí día también. Pero tras casi un año, se había cansado. Había conseguido reconciliarse consigo mismo, aceptar que todo lo que había sucedido durante la Guerra no era, exactamente, su culpa. Se había demostrado a sí mismo que era capaz de vivir una vida propia, sin que un loco psicópata asesino le dictara cada uno de los pasos a seguir. Y ahora era el momento de acomodar toda aquella nueva vida, aquellos conocimientos, a su pasado, a lo que había dejado a tras en Inglaterra. Quería volver al frío y al sombrío Londres y disfrutar de un buen té calentito, pasear por los parques tranquilamente, dar de comer a las ardillas, poder estar en un restaurante sin que al salir tuviera las orejas a punto de estallarle, los españoles eran muy ruidosos, desde luego. Y sobre todo, lo que quería, era comprobar si lo que había vivido con Draco aquellos tres días podía ser para siempre. Sintió como se ruborizaba, actuando como una colegiala de trece años con su príncipe azul. No, Draco no era el perfecto y romántico caballero que todas las madres sueñan para sus hijas —o hijos en ese caso, ¿no?— y Harry debía recordarlo. Podía haber cambiado, podía haberse despojado, hasta cierto punto, de varios de los prejuicios y odios que le caracterizaron en su juventud, pero seguía siendo un Malfoy, y Harry aun no estaba seguro de poder comprender hasta donde llegaba aquello.

Finalmente se levantó del sofá, llevó la maleta hacia la habitación y se dispuso a deshacerla, guardando todos los souvenirs para enviarlos al día siguiente a sus respectivos dueños. Menos los de Ron y Hermione, a quienes se los daría en persona cuando llegaran a Menorca dentro de tres días. Aprovecharía entonces para contarles que había llegado a una decisión; no más darle la espalda al mundo; volver y hacerle ver a esa gente que no les pertenecía, que después de todo lo que había hecho por ellos se merecía poder vivir su vida tranquilamente. Claro que, el hecho de que quisiera vivirla con Draco Malfoy no era un detalle fácil de revelar. Ni al mundo, ni a sus mejores amigos.


Buenos días, Draco

¿Cómo ha ido la vuelta a la rutina? Espero que bien, y que vaya todo también muy bien por el café. El otro día en el telediario dijeron que el sur de Inglaterra está sufriendo grandes lluvias y tormentas ¿todo bien por Londres? Aquí hace muy bueno, solecito por el día y una brisa marina fresquita por la noche. Hermione y Ron están muy contentos de haber esquivado el mal clima que parece haber en casa.

Sí, tal y como te dije Hermione y Ron han venido a pasar unos días durante las fiestas de Pascua. Llegaron ayer al mediodía —tuve que irles a buscar al único lugar mágico que hay en Menorca, es como el Caldero Chorreante pero mucho más pequeño, donde llegaron por Flu después de hacer transbordo en Andorra. ¿Qué complicado verdad? Cualquiera diría que con magia podríamos hacer lo que quisiéramos pero no es así, también tenemos unos límites— y después de que dejaran las maletas en su habitación (es la habitación de invitados, pero ellos son los que más la utilizan) fuimos a comer a un restaurante que hay en el puerto, es pequeñito y a veces si no sabes que está allí ni lo ves (¿tendrá algún tipo de magia envolviéndole? Nunca he notado que la hubiera, pero quien sabe…), aun y así no le faltan clientes y la comida que sirven está deliciosa. Seguro que te gustaría, si vienes algún día te llevaré.

Por la tarde dimos una vuelta por el paseo marítimo, Ron me contó que Eric, el novio de Ginny, va a pedirle que se casen en su cumpleaños. Aun falta mucho, es en agosto, pero supongo que si tiene que planear un viaje bonito y una cita perfecta… Creo que Ron aun cree que Ginny tendría que estar conmigo, aunque le haya repetido mil veces que solo somos amigos y que nunca íbamos a ser más que eso, buenos amigos. Sé que tengo que contarles que quizá no me gustan tanto las mujeres como creía, pero no sé si contárselo todo, básicamente lo referente a ti y lo sucedido en París. ¿Tú que crees? Después de todo, te incumbe también y no quiero que cuando vuelvan a Londres para vengarse te pillen por sorpresa... Es broma, espero.

Pero me estoy yendo por las ramas… Después del paseo volvimos a casa y les di los regalos (A Hermione le ha encantado el libro sobre Notre Dame, muchas gracias por ayudarme a escogerlo. ¿Ves? quizá si le digo que me ayudaste a comprar su regalo no se lo tomen a mal... o quizá no quiera abrir el libro nunca más por miedo a que esté maldito… ¡Esto es muy difícil! ¿Dónde hay un Señor Oscuro al que derrotar cuando se le necesita? Así no tendría que pensar en estas cosas.) Contemplamos la idea de salir a bailar o tomar algo por la noche, pero al final cenamos pronto y nos fuimos a dormir.

Ahora acabamos de desayunar y Hermione y Ron están acabando de vestirse para ir de excursión por el bosque, hay unas cuevas muy bonitas y un claro donde comer con unas vistas preciosas al mar. Ya te contaré cómo va todo.

Dale recuerdos a Mary y que vaya bien el día!

Harry.

PD: Bien pensado, Luna Lovegood sabe lo nuestro. Lo sabe des del principio, cuando pasé las Navidades en su casa, y tú y yo nos reencontramos y… ya podrás suponer lo demás. Pero no te preocupes, ella lo acepta y nos apoya, aunque creo que ahora está tan feliz con su relación con Rolf Salamander que apoyaría casi cualquier relación. Y por supuesto, guardará el secreto hasta que yo se lo diga.

Harry envió el correo justo cuando Ron y Hermione entraban en el comedor, Hermione cargando con una pequeña mochila que Harry sabía era mucho más grande de lo que aparentaba a primera vista.

-¿Ya estáis listos? —preguntó cerrando el ordenador. Sus amigos asintieron y él se levantó del sofá— ¡Pues allá vamos!

Harry cogió su mochila, se aseguró que llevaba la varita, y después de hacer pasar a Ron y Hermione, cerró la puerta del piso.


Harry alzó la botella de vino y vio que tan solo quedaban unas gotas. Se levantó, sintiéndose un poco mareado por el brusco cambio de posición y el alcohol, y se dirigió hacia la cocina.

-Voy a por otra botella ¿de acuerdo? —les dijo a sus amigos.

-Por mi no hace falta — dijo Hermione, quien aun tenía la copa llena y las mejillas sonrosadas.

-Por mi sí, está muy bueno Harry. Tendremos que llevarnos un par de botellas antes de irnos —dijo Ron desde el sofá en el que estaba sentado cómodamente junto a su novia.

-Os llevaré a la bodega donde lo compré, entonces —contestó Harry desde la cocina, dejando la botella vacía en una esquina para echarla al día siguiente al contenedor de reciclaje— ¡Oh, por cierto! Las fotos de París están en la estantería si queréis cotillear, el sobre blanco y verde.

-¡Es verdad, fotos! —oyó que decía Hermione animada.

Harry sonrió, les había dicho que iba a París por qué le había tocado como premio en un concurso de aquellos de las tapas de yogures. Una escusa pobre, sí, pero Hermione había estado tan ocupada explicándole a Ron en qué consistían ese tipo de concursos que no había hecho demasiadas preguntas. Por supuesto, había escondido todas las fotos en las que salía Draco. Sabía que tenía que contarles la verdad, y aunque Draco no le hubiera contestado el correo opinando sobre el tema, Harry tenía pensado un plan infalible. Esperar hasta la última noche, y entonces, gracias a copiosas cantidades de alcohol tanto en su cuerpo como en el de sus amigos, darles la gran noticia. Así, si no era demasiado de su agrado, podían pensar sobre ello en la distancia, cada uno en su casa sin sentir sus miradas dolidas y de reproche. Sí, no era un plan demasiado Gryffindor, más bien de un cobarde Slytherin. Pero por algo había duda el sombrero ese primer día en Hogwarts ¿cierto?

Finalmente, Harry pudo sacar el corcho de la nueva botella y se dirigió hacia el comedor, notando solo entonces que las risitas y comentarios de sus amigos habían cesado y como el piso había quedado completamente en silencio; el típico silencio sofocante y total que precede a grandes revelaciones. Grandes y aterradoras.

Ron y Hermione le miraban con los ojos abiertos de asombro e incredulidad, y a la vez, unas pequeñas arrugas de sospecha se habían formado a su alrededor. Harry paró justo en la entrada del comedor, botella en mano y mirada clavada en el dorso blanco del montón de fotografías que Hermione tenía entre sus manos. Sintió como todo su cuerpo se congelaba, el corazón se le aceleraba, la boca se le secaba y el cuello de la botella resbalaba de su agarre. Apretó fuerte el cristal, sin temer que pudiera llegar a romperlo, el dolor que el cristal provocaría al clavársele no sería mayor que el que iba a hacerse presa de él de acabar mal todo aquello.

No dijo nada, no podía. Sabía por qué sus amigos le dirigían aquellas miradas recelosas, pero no podía ser el primero en aceptarlo o decirlo en voz alta.

Tras largos instantes; Harry no podía decir si segundos, minutos, o como le había parecido a él, horas, Hermione habló.

-¿Harry…? —el chico quiso responder, un simple "¿si?", hacerle ver que estaba con ellos, que les escuchaba, pero tenía la boca como papel de lija y su lengua se negaba a moverse. Lo peor de todo era que podía ver a Hermione luchar consigo misma por encontrar cuál era la forma correcta de traducir sus convulsos pensamientos en palabras, cuál era la mejor manera de pronunciar sus dudas sin herir a Harry. Ron, al parecer, había decidido lanzar toda precaución por la ventana junto con su paciencia.

-¡¿Qué coño haces abrazado a Malfoy en lo alto de la Torre Eiffel?

Harry se maldijo internamente por décima vez. Por un desquiciado momento había pensado que, si en la fotografía tan solo salía Draco, podía decirles que se trataba de un chico al que había visto paseando por París, y que como se parecía tanto a Malfoy, le había hecho una foto para enseñársela a sus amigos y reír un rato. Pero no era ese el caso.

Hermione dejó el montoncito sobre la mesa que tenía en frente, la fotografía que lo había estropeado todo boca arriba para que Harry la pudiera ver. El chico se acercó a la mesa, tratando de respirar hondo y encontrar aquel coraje que todos los Gryffindors supuestamente tenían a borbotones. Dejó la botella de vino y cogió la fotografía, observándola y recordando el momento en la que había sido hecha. Efectivamente, en ella salían Draco y él, sonriendo en lo alto de la Torre Eiffiel. No estaban abrazados, como había exagerado Ron, Harry tenía un brazo alrededor del chico rubio, nada más. Pero para el caso, lo mismo. Ni tan siquiera era una buena foto; la chica que la había hecho les había cortado medio pecho y había dejado demasiado aire por arriba de sus cabezas, pero por eso mismo a Harry le había gustado y la había querido rebelar: tras ellos se veía una vista preciosa de la ciudad, alejándose hasta el infinito. Cogió una última y profunda bocanada de aire y tras expulsarla poco a poco, empezó a contárselo todo. Allí de pie, frente a sus amigos, recordando su juicio en quinto año tras salvarle la vida a Dudley. Aquello, ahora, era mucho más aterrador que todo el Wizengamot escudriñándole atentamente.

Les contó cómo se había topado con Draco por casualidad en la cafetería de Londres tantos meses atrás, como había ido hablando poco a poco con él, como había empezado a tener unos sueños extraños que acabaron siendo recuerdos de la noche del fin de año pasado. Como, pensándolo bien, aquella tensión que siempre había existido entre él y Draco no podía haber sido simplemente odio y nada más, como Draco había cambiado, y como, finalmente, había decidido ayudarle para que pudiera ir a París a ver el desfile de Pansy.

A lo lejos habían ido sonando diversas campanas, pero Harry no sabía exactamente qué hora era ni le interesaba. Se sentía agotado, vacío por dentro. Había acabado sentándose en el suelo, bebiendo de la copa de Hermione cada vez que se le secaba la lengua y después de la botella recién abierta que tenía en frente. No sabía por qué sus amigos le habían dejado beber tanto, quizá creían que lo necesitaba, quizá no se habían dado cuenta, quizá no habían querido interrumpirle. Y Harry se lo agradecía.

-Y eso es todo. Siento haberos mentido, pero no sabía cómo decíroslo ¡Aunque os lo iba a contar! Antes de iros, tenía un plan pensado y todo… —Harry suspiró y, por primera vez desde que había empezado a contar su historia, alzó la mirada y la fijó en sus amigos.

Hermione se mordía ligeramente el labio inferior, pensando sobre toda aquella montaña de información que acababa de recibir, ponderando qué hacer exactamente con ella y cómo tomársela. Ron tenía la boca abierta de asombro, y jugaba distraídamente con os bajos de su camiseta. La palidez de su rostro no era buena señal, pero quizá sí era mejor que una cara hinchada y roja de rabia, ira y odio.

-Vaya, esto es algo que… —dijo Hermione— no esperaba oír nunca, la verdad.

-¡Pero Harry! ¡Tú no eres gay, saliste con mi hermana! —Harry suspiró, cansado.

-Ya bueno… pero estas cosas a veces… ya sabes, uno no se da cuenta hasta tarde. Y con Voldemort tras mis talones durante años nunca pude pensar demasiado en estas cosas. Tu hermana estaba allí, me caía bien, era guapa… es guapa, aun —se corrigió— Así que, supongo, que creí que lo que sentía por ella era amor y atracción…

-¿Y sientes eso hacia Malfoy? —dijo Ron con asombro. Hermione se le quedó mirando, asustada igual que Harry de lo que pudiera decir a continuación. Estiró un brazo y posó su mano sobre la de Ron, apretando ligeramente para recordarle que se calmara y no dijera nada de lo que pudiera arrepentirse — ese… ese hurón que nos ha hecho la vida imposible durante años y que… que… ¡Su familia casi mata a mi hermana!

-Ya lo sé, Ron —contestó Harry en un susurro— Ya lo sé. Pero, estando con él, ahora, no pienso en todo aquello. Ya pasó, nos salvó la vida cuando estábamos en su casa, su madre mintió a Voldemort por mí…

-¡Y una mierda, fue para salvar a su hijo!

-Pues me da igual porqué lo hizo. Me salvó la vida y se lo agradezco. Sé que no son la mejor familia del mundo ni mucho menos, pero… —Harry se encogió de hombros y negó con la cabeza, tratando de encontrar las palabras apropiadas y sin conseguirlo— Draco sigue-

-¿Draco? —Harry clavó su mirada dolida en Ron.

-Draco, sigue siendo un arrogante y un creído, es verdad. Pero… no me importa. Es divertido, inteligente, gracioso… En los tres días que hemos estado juntos nunca se metió con vosotros, ni conmigo de una manera que no fuera en broma o de forma cariñosa. Me ayudó a elegir tu libro Hermione, dijo "Mejor este si es para Granger, hay más hechos históricos verificables que leyendas estúpidas. Además, seguro que al haber vivido entre muggles muchas de estas anécdotas las habrá oído alguna vez", nada de sangre sucia ni de empollona ni de nada. Siempre fuisteis Granger y Weasley. Sería estúpido para él hacer algún tipo de comentario sobre el estado financiero de tu familia Ron, cuando con la tienda ahora sois vosotros más ricos que él. Se lo han quitado todo y vive como un muggle. Quizá tendrías que ir y hablar con él antes de decir nada más.

Harry cruzó los brazos frente a él y soltó el aire por la nariz, enfadado. No esperaba que fuera fácil para sus amigos aceptar lo suyo con Draco, pero estaba empezando a perder la paciencia. Ron le miraba con el ceño fruncido y podía ver como farfullaba algo entre dientes, hasta le pareció oír la palabra maldición. O quizá había sido maldito hurón…

-Y ni que ni se os ocurra pensar que me ha echado algún tipo de hechizo o maldición. Tuvimos agentes del Ministerio vigilándonos las veinticuatro horas.

-Pero si dices que os habéis visto desde Navidades…

-Hermione, ¿tú también?

-¿Qué quieres, Harry? Tengo que pensar en ello, no es… Nunca…

-¿No es normal? ¿Nunca lo hubieras podido imaginar? Yo tampoco, Hermione, yo tampoco. Y espero que lo de normal sea por el hecho de que somos Draco y yo y no por el hecho de que seamos dos chicos…

-¡No! ¡Claro que no es por eso! O sea sí, es por eso, porqué sois tú y Malfoy. Quiero decir, entiendo que desde tu punto de vista creas que esa tensión que había entre vosotros pudiera ser debida al deseo y las hormonas más que al odio simplemente,

-¡Hermione! —exclamó Ron sorprendido y mirando a la chica con ojos dolidos, decepcionado.

-Solo estoy diciendo, Ron —continuó Hermione, manteniendo la mirada fija en su novio, calmándole y haciéndole escuchar— que objetivamente, puedo entender como tanto Harry o Malfoy, hubieran podido llegar a esta conclusión. Pero como espectadora de todos estos años de mal avenencias y percances varios, peligrosos la mayoría de ellos he de añadir, no creo que realmente se tratara de eso Harry. Creo que estás pasando por-

-¡Como digas que estoy pasando por una fase…! —le cortó Harry sintiendo como enrojecía de rabia y se le hinchaban las alteas de la nariz al tratar de calmarse— No es ninguna fase, de acuerdo. Aun me gustan las mujeres pero creo que me gustan más los hombres. Y no solo Draco ¿vale? Quizá no me haya follado a ninguno de ellos, o se me hayan follado o como quiera Merlín que tenga que ir el asunto —dijo de repente, sintiéndose orgulloso del rubor y la incomodidad que asaltó a sus amigos ante aquello— Pero es así. Y lo que siento por Draco no lo he sentido nunca por nadie. Quiero estar con él, aunque a veces me gustaría darle un buen puñetazo por ser un engreído y borrarle de la cara esa sonrisa socarrona. Quiero conocerle, saber realmente cómo fue su vida, entenderle y comprenderle, los dos sabéis como era Lucius, ¿de verdad creéis que de allí podía salir algo que no fuera el Draco que conocimos? —Hermione abrió la boca para hablar pero Harry supo lo que iba a decir— Y no, Hermione, no digas tampoco que es mi complejo de héroe, de querer salvarlo o asegurarme de que realmente ha cambiado y es una buena persona. Por qué tampoco es eso. Simplemente le quiero. Le quiero conmigo por todo lo que me hace sentir, lo bueno y lo malo. Y como mis amigos, a los que también quiero y aprecio, espero que podáis entenderlo.

Esta vez Hermione no dijo nada. Tenía la mirada perdida entre sus pensamientos, la mano aun sobre la de Ron, sus dedos entrelazados con los de él. De repente, Ron alzó la mirada, que había tenido fija en el suelo, se deshizo de la mano de Hermione y se levantó.

-No me importa que seas gay, Harry, en serio —dijo mirándole a los ojos— Pero aun no puedo comprender como puedes creer que con Malfoy serás feliz.

Tras aquello, el chico se dirigió al pasillo y pocos segundos después se oyó como se cerraba una puerta. Hermione se levantó también, mirando a Harry con preocupación.

-Harry yo…

-No te preocupes ya recogeré yo —contestó Harry levantándose también y empezando a apilar los platos vacíos.

-Harry… —repitió Hermione, agarrándole del brazo y obligándole a mirarla a la cara— sé que sabes que resulta difícil de entender cómo… ha ocurrido todo esto. Pero… si realmente crees que vale la pena, si estás seguro del todo, si dentro de ti lo sientes cierto, entonces supongo que por difícil que ahora parezca, tendremos que entenderlo y aceptarlo.

-Díselo a Ron —respondió zafándose de la chica y dirigiéndose a la cocina con la pila de paltos sucios.

-Se lo diré. Buenas noches Harry.

-Buenas noches… —susurró, sin saber o importarle si Hermione le oía.

Acabó de recoger la mesa y arreglar el comedor. Estaba agotado, física y mentalmente, la cabeza le dolía de pensar demasiado y por el alcohol, pero no quería dormir. Tenía miedo de levantarse y afrontar un nuevo día donde sus mejores amigos no aceptaban que, por primera vez en la vida, había encontrado a alguien sólo para él. Era cierto que con los años pasados en Hogwarts, todos aquellos huecos en su interior que estando con los Dursley nunca imaginó pudieran llenarse, habían encontrado su pareja; amigos, figuras paternas y maternas, amor, amistad, cariño… pero siempre había habido un pequeño agujero que se había resistido a encontrar la pieza que encajara con él a la perfección. Y ahora, tras hacer las paces con sus sentimientos hacia Draco, aquel agujero parecía no haber existido jamás. Solo esperaba que, al encajar una nueva pieza en su puzzle, ésta no provocara la caída de otras, afianzadas ya tras muchos años en su corazón.

TBC...


Ohhhhh se ha descubierto el pastel! xanan xaaaaaaan xaaaaaaan ò.ó xDDDDDDDDDDDDDD

Espero que os haya gustado, técnicamente el próximo capítulo es el último y digo técnicamente porqué aun no está acabado y dependiendo de lo que me ocupe puede que lo divida en dos... Aun y así este es el fic más largo que he escrito nunca, jamás pensé que llegaría el día en que tendría un documento word de más de 100 páginas XD y todo esto, una vez más, os lo debo a vosotros! MUCHÍSIMAS GRACIAS por todo ^^

Nos vemos en el siguiente capítulo~

Niea.