Twilight no me pertenece, solo la historia.
Beteado por Silvana Olvera
Betas FFAD
www . facebook groups / betasffaddiction /
Psicópata
Capítulo II
"Celos enfermizos"
BPV
Hoy era 25 de diciembre, Navidad. Edward había dormido en mi habitación, mientras que Rob y yo en la habitación de este último.
Me levanté y fui a la cocina a prepararles el desayuno, pero, para mi sorpresa, Edward ya lo estaba preparando. Cuando estuvo listo, fui a levantar a Rob y los tres nos sentamos a la mesa, comimos entre charlas sin gran importancia, terminamos y limpiamos todo.
Por alguna extraña razón, tener a Edward merodeando por toda la casa se sentía muy bien, hacía que me sintiera segura, protegida, en paz; era como si mis padres estuvieran de regreso aquí con nosotros. No podía negar que los echaba de menos, pero la presencia de Edward, por más extraño que pareciera, me brindaba una sensación de seguridad, confianza y... otro sentimiento que apenas empezaba a brotar y que no podía describir.
—Elwal, ¿tú te vas a quedal aquí con mi nanita y comigo? —preguntó Rob. Para mí fue algo muy raro escuchar que le preguntara eso a Edward, Rob, aunque era muy cariñoso, era algo huraño en un principio y le costaba encariñarse con las personas.
—No, Rob, debo volver a donde pertenezco —dijo con algo que sonaba como a tristeza. No quería que se fuera, pero él seguramente debía tener a alguien que estuviera esperándolo en casa. Y no los abandonaría por...por Rob, y mucho menos por mí. Unos desconocidos.
— ¡Pelo mi nanita quiele que te queles! — ¡Mierda! Ayer le había mencionado algo así, pero no creí que se acordaría.
— ¿Enserio, Bella?, ¿quieres que me quede aquí?, ¿con ustedes? —preguntó, volteó a verme y me dedicó una gran sonrisa, provocando que mi corazón latiera más rápido. No sabía si estaba refiriéndose a quedarse solo unos días más, o a vivir aquí para siempre; no sabía si tenía novia, familia, un hogar. No sabía nada de él y, aún así, confié; esperando no arrepentirme en un futuro.
—Claro, Edward, me encantaría que te quedaras aquí —respondí. Aunque sonara muy tonto, no podía desconfiar de él, tenía alguna clase de aura que hacía que yo no pensara mal de él…. Edward era fácil de querer.
—A mí también me encantaría, pero no creo que sea correcto. Rob y tú, hasta donde he podido ver, viven solos, y no estaría bien que yo me quedara aquí. La gente hablaría sobre eso y no de una buena manera, y no quisiera causarles ningún tipo de problema. Por eso creo que lo mejor es que me vaya —dijo. Que tratara de protegerme incluso de personas que no tenían que meterse en nuestras vidas era reconfortante, pero aún así, tenía la sensación de que no podía dejar que se fuera.
Se dio la vuelta para irse, pero Rob corrió hacia él y lo abrazó de la pierna con sus pequeños pero fuertes bracitos.
— ¡No, no, Elwald, no te vayas! No nos dejes solitos como mami y papi, ellos están en el cielo con Diosito, pero tú estás aquí y puedes quelalte a vivil con nosotlos, ¡pol favol! —le pidió Rob, comenzando a llorar.
—Pe…pero, Rob, ustedes no me conocen. ¿Cómo es que quieren que me quede con ustedes? —dijo, tratando de que Rob soltara su pierna. Pero él seguía aferrándose, cada vez con más fuerza… Era como cuando papá murió.
—Déjalo, Rob, tiene razón. Además su novia debe estar esperándolo —obviamente alguien como él tendría una hermosa novia, y yo aquí tratando de agradarle.
¡Tonta! Eso era… ¿Cómo esperaba que él estuviera solo?
—No, no, pol favol. ¡Tú no nos dejes, pol favol!, si quieles te legalo mis videojuegos, pelo no te vayas —le volvió a pedir mientras ponía sus manos frente a él y juntaba las palmas, como si estuviera rezando, eso siempre le funcionaba. Al menos conmigo.
—Ya, Rob, deja que se vaya con quien sea que esté esperándolo. Vamos a jugar a la pelota —le dije mientras lo tomaba en brazos, pero empezó a patalear y llorar.
—Está bien, está bien, me quedo. Pero ya no llores Rob, vamos a jugar —dijo mientras abrazaba a Rob y lo llevaba al patio.
Y así fue como es que, de una manera totalmente abrupta, Edward empezó a vivir con nosotros.
Pero nada era para siempre, las vacaciones de invierno terminaron y regresé al instituto. Este era mi último año y estaba feliz por ello.
Preparé el desayuno para Edward y Rob.
—Buenos días, princesa —dijo Edward mientras se me acercaba y me daba un casto beso. Sí, Edward había comenzado a llamarme así unos días después de que comenzó a vivir con nosotros; era difícil no comenzar a enamorarme de él.
— ¡Yuck!—exclamó una vocecita. Volteamos a ver y Rob se estaba tapando la cara con sus manos, evitando ver.
—Siéntense, guapos —les dije mientras me giraba para servirles su desayuno—. Apúrate, Rob, tengo que ir a dejarte a la guardería.
Terminamos de comer y Rob fue a lavarse los dientes.
—Bueno, cariño, me voy al instituto —le dije a Edward. Nunca nos habíamos separado desde que habíamos empezado nuestra rápida e inesperada relación. Lo peor era que aún no me iba y ya lo extrañaba. Tomé mi mochila, pero Edward me jaló suavemente y me sentó en su regazo.
—No, no, Bella. No te vayas, no me dejes, por favor —pidió mientras me apretaba fuertemente contra él. Puse mi cabeza en su cuello—. Por favor, Bella, por favor.
—Tengo que ir, Edward, es mi último año y tengo que hacerlo lo mejor posible —le dije mientras trataba de hacer que me soltara; pero desde que habíamos empezado nuestra relación, jamás había dejado solo a Edward, y al simple hecho de mencionarle la idea, él se ponía como loco. No sabía por qué, pero a veces creía que Edward actuaba de una manera muy posesiva.
— ¿Prefieres ir allá que quedarte conmigo?, juraste que no me ibas a dejar —me gritó mientras me soltaba. Me enojé muchísimo, ¿no podía entender que mis estudios iban primero?
—Es mi último año, Edward, así que tienes que entender que es muy importante. No siempre voy a vivir de la herencia de mis padres y del mísero sueldo que me pagan en la cafetería, quiero poder tener un mejor futuro. Adiós —le grité, dirigiéndome a la puerta a esperar a Rob, pero él me acorraló.
—Perdón, perdón, Bella, es que no sé por qué no me gusta la idea de alejarme de ti, siento que me faltará algo —dijo mientras me besaba con mucho cuidado y ternura. Quería quedarme, pero no podía, no quería perder el año en el instituto.
—Amor, volveré tan pronto que no me extrañarás —dije, uniendo nuestras frentes para calmarlo. El me veía incrédulo.
—Eso es imposible, es como si te estuvieras llevando una parte de mí, pero ve, mientras más pronto te vayas, más pronto volverás. Te extrañaré —dijo él, alejándose de mí.
